La acción individual

Este es un artículo que escribió Anton Pannekoek en Marzo de 1933

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Incendio del Reichstag

El incendio del Reichstag por parte de Van Der Lubbe revela las más divergentes posiciones. En los órganos de la izquierda comunista (Spartacus, De Radencommunist ), el incendio fue aprobado como la acción de un revolucionario comunista.  Aprobar y aplaudir tal acto significa abogar por su repetición. Por lo tanto, se vuelve necesario apreciar plenamente su utilidad.

Tal vez el significado del incendio podría afectar o debilitar a la clase dominante, la burguesía. En esto no puede haber dudas. La burguesía no fue ni un poco afectada por el incendio del Reichstag, de forma alguna su dominación fue debilitado. Por el contrario, para el gobierno, fue una oportunidad para fortalecer considerablemente su terror contra el movimiento obrero. No obstante, las consecuencias indirectas deben ser enfatizadas.

Incluso que tal acción afecte o debilite a la burguesía, la única consecuencia es desarrollar en los obreros la convicción de que solamente acciones individuales como esta pueden liberarlos. La verdad que los obreros deben asimilar es que sólo la acción de masas de la clase obrera en su conjunto puede derrotar a la burguesía. Este principio básico del comunismo revolucionario permanecerá, en este caso, oculto para ellos. Su acción independiente como clase se perderá. En lugar de concentrar todas sus fuerzas en la propaganda entre las masas trabajadoras, las minorías revolucionarias dispersarán sus fuerzas en acciones individuales que, incluso cuando tales acciones sean realizadas por un grupo dedicado y con muchos miembros, son incapaces de romper la dominación de clase. Con sus considerables fuerzas de represión, la burguesía podría perseguir fácilmente este grupo. Rara vez existió un grupo revolucionario minoritario que llevase a cabo acciones con más devoción, sacrificio y energía que los nihilistas rusos hace medio siglo. En algunos momentos, hasta parecía que mediante una serie de ataques bien organizados, los nihilistas podrían derrumbar al zarismo.  Pero un detective francés, contratado para asumir la lucha antiterrorista en el lugar de la incompetente policía rusa, tuvo éxito en destruir el nihilismo en pocos años por medio de su energía personal y organización occidental. Solamente cuando se desarrolló un movimiento de masas el zarismo fue finalmente derrumbado.

¿Es posible, sin embargo, que este tipo de acciones individuales tengan valor como forma de protesta contra el electoralismo abyecto, que desvía a los obreros de su verdadera lucha?

Una protesta sólo tiene valor si surge de la convicción, produce una fuerte impresión o se desarrolla la conciencia. ¿Pero quién cree que un obrero que defiende sus intereses votando a los socialdemócratas o a los comunistas dudará del electoralismo porque alguien incendió el Reichstag? Este es un argumento totalmente ridículo, similar al que la burguesía hace para liberar a los obreros de sus ilusiones, haciendo el Reichstag totalmente impotente, decidiendo disolverlo, dejándolo al margen del proceso de decisión. Los camaradas alemanes dijeron que esto sólo podría ser positivo ya que la confianza de los obreros en el parlamentarismo recibiría un gran golpe. Sin duda, ¿pero esta no es una manera muy simplista de encarar las cosas? En este caso, las ilusiones democráticas serán redirigidas a otra ruta. Por lo tanto, donde no existe el derecho al sufragio universal o donde el Parlamento es débil, la conquista de la verdadera democracia es un objetivo avanzado y los obreros se convencen de que solamente llegarán a este logro por medio de su acción colectiva. En verdad, la propaganda sistemática dirigida a explicar cada evento desde el principio y a entender el verdadero significado del parlamento y de la lucha de clases, siempre permanece como el punto principal.

¿La acción individual puede ser una señal, dando el empujón final que inicie, por medio del ejemplo radical, esta inmensa lucha?

Existe un cierto momento en la historia en que las acciones individuales, en momentos de tensión, son como chispas en un barril de pólvora. Pero la revolución proletaria no se parece en nada a la explosión de un barril de pólvora. Incluso que el Partido Comunista luche por convencerse a sí mismo y al mundo que la revolución puede explotar en cualquier momento, sabemos que el proletariado aún debe darse una nueva forma para luchar como masa. Un cierto romanticismo burgués todavía puede ser percibido en estas visiones. En las revoluciones burguesas del pasado, la burguesía ascendió con el pueblo detrás y se enfrentaron contra los soberanos y su opresión arbitraria. Un ataque contra el rey o el ministro podía ser el signo de la revuelta. Hoy, la visión según la cual una acción individual podría colocar a las masas en movimiento se revela como una concepción burguesa de jefe. No un líder de un partido electo, sino un jefe que se autodesigna y que, por sus acciones, lidera a las masas pasivas. La revolución proletaria no nada encuentra en este anacrónico romanticismo del líder. Una clase, impulsada por fuerzas sociales masivas, debe ser la fuente de toda la iniciativa.

Con todo, la masa se compone de individuos, y las acciones de la masa contienen una serie de acciones individuales. Ciertamente, aquí se encuentra el verdadero valor de la acción individual. Separada de la acción de masas, la acción de un individuo que piensa que puede lograr algo grande por sí solo es inútil. Pero como parte de un movimiento de masas, la acción individual adquiere una mayor importancia. Los obreros en lucha no son un regimiento de marionetas idénticas en coraje, pero están compuestos por fuerzas de diferentes naturalezas concentradas en el mismo objetivo, su irresistible movimiento. En este cuerpo, la audacia de los valientes encuentra tiempo y lugar para expresarse en acciones personales de coraje, cuando la clara comprensión de los demás los llevan a un objetivo adecuado para no perder lo conquistado. De la misma manera, en un movimiento en ascensión, esta interacción de fuerzas y acciones es de gran valor cuando orientada por una comprensión clara que anima a los obreros en este momento, es necesaria para desarrollar su combatividad. Pero en este caso se exigirá la tenacidad, la audacia y el coraje, por eso no será necesario quemar un parlamento.

Traducido por “Cultura Proletaria” de “Libcom.org”

 

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