¿Es la lucha nacional una manifestación cultural? ¿Es o no la lucha de liberación un fenómeno cultural?

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Creemos que la lucha organizada y consciente emprendida por un pueblo colonizado para restablecer la soberanía de la nación constituye la manifestación más plenamente cultural que existe. No es únicamente el triunfo de la lucha lo que da validez y vigor a la cultura, no hay amodorramiento de la cultura durante el combate. La lucha misma, en su desarrollo, en su proceso interno desarrolla las diferentes direcciones de la cultura y esboza otras nuevas. La lucha de liberación no restituye a la cultura nacional su valor y sus antiguos contornos. Esta lucha, que tiende a una redistribución fundamental de las relaciones entre los hombres, no puede dejar intactas ni las formas ni los contenidos culturales de ese pueblo. Después de la lucha no sólo desaparece el colonialismo, sino que también desapa-rece el colonizado.

Esta nueva humanidad, para sí y para los otros, no puede dejar de definir un nuevo humanismo. En los objetivos y los métodos de la lucha se prefigura ese nuevo humanismo. Una lucha que moviliza todas las capas del pueblo, que expresa las intenciones y las impaciencias del pueblo, que no teme apoyarse casi exclusivamente en ese pueblo, es necesariamente victoriosa. El valor de ese tipo de lucha es que realiza el máximo de condiciones para el desarrollo y la creación culturales. Después de la liberación nacional, obtenida en esas condiciones, no existe esa indecisión cultural tan dolorosa que se encuentra en ciertos países recién independizados. Es que la nación en su forma de advenimiento al mundo, en sus modalidades de existencia influye fundamentalmente en la cultura. Una nación surgida de la acción concertada del pueblo, que encarna las aspiraciones reales del pueblo, que modifica al Estado, no puede existir sino en medio de excepcionales formas de fecundidad cultural.

Los colonizados que se inquietan por la cultura de su país y quieren darle dimensión universal no deben confiar, pues, únicamente, en el principio de la independencia inevitable y sin arraigo, en la conciencia del pueblo para realizar esta tarea. La liberación nacional como objetivo es una cosa, los métodos y el contenido popular de la lucha son otra. Nos parece que el futuro de la cultura, la riqueza de una cultura nacional se dan igualmente en función de los valores que han rodeado a la lucha liberadora.

Y ha llegado el momento de denunciar el fariseísmo de algunos. La reivindicación nacional, se dice aquí y allá, es una fase que la humanidad ha superado. Ha llegado la hora de que los grandes conjuntos y los anticuados del nacionalismo deben corregir, en consecuencia, sus errores. Creemos, por el contrario, que el error, cargado de consecuencias, consistiría en querer salvar la etapa nacional. Si la cultura es la manifestación de la conciencia nacional, no vacilaría en afirmar, en el caso que nos ocupa, que la conciencia nacional es la forma más elaborada de la cultura.

La conciencia de sí no es cerrazón a la comunicación. La reflexión filosófica nos enseña, al contrario, que es su garantía. La conciencia nacional, que no es el nacionalismo, es la única que nos da dimensión internacional. Este problema de la conciencia nacional, de la cultura nacional adquiere en África dimensiones singulares. El surgimiento de la conciencia nacional en África sostiene con la conciencia africana relaciones de estricta contemporaneidad. La responsabilidad del africano frente a su cultura nacional es también responsabilidad frente a la cultura negro-africana. Esta responsabilidad conjunta no se debe a un principio metafísico, sino que es la conciencia de una ley trivial que postula que toda nación independiente, en África donde el colonialismo sigue aferrado, sea una nación sitiada, frágil, en peligro permanente.

Si el hombre es su obra, afirmaremos que lo más urgente actualmente para el intelectual africano es la construcción de su nación. Si esa construcción es verdadera, es decir, si traduce la voluntad manifiesta del pueblo, si revela, en su impaciencia, a los pueblos africanos, entonces la construcción nacional va acompañada necesariamente del descubrimiento y la promoción de valores universales. Lejos de alejarse, pues, de otras naciones, es la liberación nacional la que hace presente a la nación en el escenario de la historia. Es en el corazón de la conciencia nacional donde se eleva y se aviva la conciencia internacional. Y ese doble nacimiento no es, en definitiva, sino el núcleo de toda cultura.

Extracto del libro “Los condenados de la tierra” de Frantz Fanon

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