La Revolución China y las tareas de la Internacional Comunista

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STALIN
LA REVOLUCIÓN CHINA Y LAS TAREAS DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA

Discurso pronunciado en la X.ª Sesión del VIII Pleno del Comitê Executivo de la Internacional Comunista.

24 de Mayo de 1927

I. Algunas pequeñas cuestiones

Camaradas:

Debo excusarme por haber llegado tarde a la reunión de hoy y no haber podido escuchar entero el discurso que Trotski acaba de leer aquí, ante el Comité Ejecutivo.

Me parece, sin embargo, que Trotski ha enviado en estos últimos días al Comité Ejecutivo tal cantidad de escritos, de tesis y de cartas acerca del problema chino, que no podemos decir que carezcamos de material para criticar a la oposición.

Por eso, para la crítica de los errores de Trotski, me apoyaré en esos documentos, en la seguridad de que así haré, al mismo tiempo, la crítica de las bases del discurso que Trotski ha pronunciado hoy.

Procuraré, en la medida de lo posible, eludir el elemento personal en la polémica. Los ataques personales de Trotski y de Zinóviev contra algunos miembros del Buró Político del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y del Presídium del C.E. de la I.C. no son dignos de que nos detengamos en ellos.

Parece que Trotski querría hacerse pasar por un héroe en las reuniones del Comité Ejecutivo de la I.C. para convertir las labores del C.E. respecto a los problemas del peligro de guerra, de la revolución china, etc. en labores en torno al problema de Trotski. Opino que Trotski no merece tanta atención. (Una voz: “¡Bien dicho!”.) Sobre todo teniendo en cuenta que antes recuerda a un actor que a un héroe, y nunca debe confundirse a un actor con un héroe.

No me refiero ya a que no hay nada ofensivo para Bujarin o Stalin, si gentes como Trotski y Zinóviev, convictos ante el VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de desviación socialdemócrata, ponen de vuelta y media a los bolcheviques. Al contrario, sería para mí la mayor de las ofensas si semimencheviques del tipo de Trotski y Zinóviev me ensalzasen en vez de injuriarme.

No voy a extenderme tampoco en si la oposición ha faltado con sus intervenciones fraccionales de ahora a sus compromisos del 16 de octubre de 1926. Trotski afirma que, de acuerdo con la declaración de la oposición, del 16 de octubre de 1926, tiene derecho a defender sus puntos de vista. Eso es cierto, naturalmente. Pero si Trotski quiere afirmar que la declaración acaba ahí, esto no puede calificarse de otra manera más que de sofisma.

La declaración de la oposición, del 16 de octubre, no se refiere únicamente a los derechos de los oposicionistas a defender sus puntos de vista, sino también a que estos puntos de vista sólo pueden ser defendidos dentro del marco tolerado por el Partido; a que el fraccionalismo debe ser desechado y eliminado; a que la oposición debe “subordinarse incondicionalmente” a la voluntad del Partido y a las decisiones del C.C.; a que la oposición, además de subordinarse a estas decisiones, debe “cumplirlas” escrupulosamente.

¿Hace falta demostrar, después de todo esto, que la oposición no ha cumplido su declaración del 16 de octubre de 1926, que la ha hecho trizas del modo más grosero?

No voy a extenderme tampoco sobre las deformaciones desvergonzadas y burdamente calumniosas que de la posición del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y de la Internacional Comunista acerca del problema chino hacen los oposicionistas en un sinnúmero de tesis, artículos y discursos. Trotski y Zinóviev no dejan de afirmar que el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y la Internacional Comunista han defendido y defienden la política de “apoyo” a la burguesía nacional de China.

No creo que haga falta demostrar que esta afirmación de Trotski y Zinóviev es una invención, una calumnia, un falseamiento premeditado de la realidad. Y la realidad es que el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y la Internacional Comunista no defendieron la política de apoyo a la burguesía nacional, sino la política de utilización de la burguesía nacional mientras la revolución china fue una revolución del frente único nacional; y esta política la sustituyeron después por la de lucha armada contra la burguesía nacional, cuando la revolución china convirtióse en revolución agraria y la burguesía nacional empezó a apartarse de la revolución.

Merece la pena, para convencerse de ello, examinar documentos como la resolución del VII Pleno ampliado, el conocido llamamiento del Comité Ejecutivo de la I.C., las tesis de Stalin para los propagandistas y, finalmente, las tesis de Bujarin, presentadas hace unos días al Presídium del Comité Ejecutivo de la I.C.

La desgracia de la oposición consiste, precisamente, en que no puede prescindir de la calumnia y las falsedades.

Y ahora, al grano.

 

II. La revolución agrario-campesina como base de la revolución democrático-burguesa

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El error principal de Trotski consiste en que no comprende el sentido ni el carácter de la revolución china. La I.C. parte de que el factor predominante de la opresión en China, en el momento presente, factor que estimula la revolución agraria, reside en las supervivencias del feudalismo. La I.C. parte de que las supervivencias del feudalismo en el campo chino y toda la superestructura militarista burocrática que se levanta sobre esas supervivencias, con todos los tu-chün, los gobernadores, los generales, los Chang Tso-ling, etc., son la base sobre la que ha surgido y se desarrolla la actual revolución agraria.

Si el 70% de los ingresos de los campesinos va a parar en numerosas provincias al terrateniente y a la gentry (aristocracia rural), si los terratenientes, armados o sin armas, representan no sólo el poder económico, sino también el poder administrativo y judicial, si en bastantes provincias se practica hasta ahora la compraventa medieval de mujeres y de niños, no puede por menos de reconocerse que las supervivencias feudales son la forma principal de opresión en las provincias chinas.

Precisamente porque las supervivencias feudales, con su superestructura militarista burocrática, son ahora la forma principal de opresión en China, precisamente por eso vive ahora el país una revolución agraria de fuerza y proporciones inmensas.

¿Y qué es la revolución agraria? Es, precisamente, la base y el contenido de la revolución democrático burguesa.

Por eso, precisamente, dice la I.C. que China vive hoy día una revolución democrático-burguesa.

Pero la revolución democrático-burguesa de China no va sólo contra las supervivencias feudales. Va, al propio tiempo, contra el imperialismo. ¿Por qué? Porque el imperialismo, con todo el poderío financiero y militar que tiene en China, es la fuerza que apoya, alienta, cultiva y conserva las supervivencias feudales, con toda su superestructura burocrática militarista. Porque no es posible suprimir en China las supervivencias feudales sin mantener, al propio tiempo, en el país una lucha revolucionaria contra el imperialismo. Porque quien quiera eliminar las supervivencias feudales en China, deberá levantar necesariamente la mano contra el imperialismo y los grupos imperialistas existentes en el país. Porque sin sostener una lucha enérgica contra el imperialismo, no es posible rematar y suprimir las supervivencias feudales en China.

Por eso, precisamente, dice la I.C. que la revolución democrático-burguesa en China es, al propio tiempo, una revolución antiimperialista. La actual revolución en China es, pues, la confluencia de dos torrentes del movimiento revolucionario: el movimiento contra las supervivencias feudales y el movimiento contra el imperialismo.

La revolución democrático-burguesa en China es la conjugación de la lucha contra las supervivencias feudales y la lucha contra el imperialismo.

Tal es el punto de partida de toda la línea de la I.C. (y, por tanto, del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S.) en los problemas de la revolución china.

¿Y cuál es el punto de partida de la posición de Trotski en el problema chino? Es diametralmente opuesto al punto de vista de la I.C., que acabo de exponer. Trotski o no reconoce en absoluto la existencia de supervivencias feudales en China, o no les atribuye una importancia decisiva. Trotski (y la oposición, por tanto), que subestima la fuerza y la importancia de la opresión burocrática feudal en China, supone que la causa más importante de la revolución nacional china es la dependencia estatal y aduanera de China respecto de los países del imperialismo.

Permítaseme invocar las conocidas tesis de Trotski, enviadas hace unos días al C.C. del P .C.(b) de la U.R.S.S. y al Comité Ejecutivo de la I.C. Se titulan “La revolución china y las tesis de Stalin”.

Escribe Trotski en esas tesis:

“Es de todo punto inconsistente la tentativa de Bujarin de justificar la línea conciliadora oportunista invocando el papel preponderante que desempeñarían según él los “restos del feudalismo” en la economía china. Incluso si el juicio que a Bujarin le merece la economía china se basara en un análisis económico, y no en definiciones escolásticas, tampoco podrían los “restos del feudalismo” justificar la política que de manera tan clara facilitó el golpe de abril. La revolución china tiene un carácter burgués nacional por la fundamental razón de que el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo chino tropezó con el obstáculo de la dependencia estatal y aduanera* de China respecto de los países del imperialismo” (v. Trotski, “La revolución china y las tesis de Stalin”).

A primera vista, esta cita podría hacer pensar que Trotski no combate la línea de la I.C. acerca del carácter de la revolución china, sino la “política conciliadora” de Bujarin. Pero eso, claro está, no es cierto. En realidad, de lo que esta cita trata es de negar el “papel preponderante” de las supervivencias feudales en China. De lo que en realidad se trata, es de calificar de revolución de las altas esferas, de revolución antiaduanera, podríamos decir, la revolución agraria que ahora se desarrolla en China.

Trotski necesitaba de esta palabrería acerca de la “política conciliadora” de Bujarin para encubrir su desviación de la línea de la I.C. Se trata -lo diré claramente- de un método fraudulento habitual en Trotski.

Según Trotski, resulta, pues, que las supervivencias feudales, con toda su superestructura militarista y burocrática, no son la razón principal de la revolución china en el momento presente, sino una fuerza secundaria e insignificante, digna sólo de ser puesta entre comillas.

Según Trotski, resulta, pues, que la “razón fundamental” de la revolución nacional china es la dependencia aduanera en que el país se encuentra respecto de los imperialistas, lo cual la hace ser, principalmente, una revolución que podríamos llamar antiaduanera. Tal es el punto de partida de la concepción de Trotski. Tal es el punto de vista de Trotski acerca del carácter de la revolución china. Permitidme señalar que este punto de vista es el de un consejero de Estado de “su majestad” Chang Tso-ling.

Si el punto de vista de Trotski fuese acertado, debería admitirse que tienen razón Chang Tso-ling y Chang Kai-shek, ninguno de los cuales quiere ni revolución agraria ni revolución obrera, y únicamente desean abolir los tratados desiguales y establecer la autonomía aduanera de China.

Trotski se ha deslizado hasta el punto de vista de los oficinistas de Chang Tso-ling y Chang Kai-shek.

Si los restos del feudalismo hay que ponerlos entre comillas, si la I. C, no tiene razón al decir que los restos del feudalismo revisten una importancia predominante en esta fase de la revolución; si la base de la revolución china es la dependencia aduanera, y no la lucha contra las supervivencias feudales y contra el imperialismo, que las apoya, ¿qué queda entonces de la revolución agraria china?

¿De dónde ha salido la revolución agraria de China, con su reivindicación de que sean confiscadas las tierras de los terratenientes? ¿Qué motivo hay, en este caso, para calificarla de revolución democráticoburguesa? ¿No es, acaso, un hecho que la revolución agraria es la base de la revolución democráticoburguesa? ¿Acaso la revolución agraria podía caer del cielo?

¿No es, acaso, un hecho que decenas de millones de campesinos han sido incorporados a una grandiosa revolución agraria en provincias como Hu-nan, Hupe, Hupe, Ho-nan, etc., donde organizan su Poder, sus tribunales y sus grupos de defensa local, echando a los terratenientes y ajustándoles las cuentas “al estilo plebeyo”?

¿De dónde ha podido salir ese poderoso movimiento agrario, si la opresión feudal militarista no es la forma predominante de opresión en China?

¿Cómo ha podido este poderoso movimiento de decenas de millones de campesinos tomar, al mismo tiempo, un carácter antiimperialista, si no se admite que el imperialismo es el primer aliado de los opresores feudales militaristas del pueblo chino?

¿No es, acaso, un hecho que sólo en Hu-nan la Unión Campesina cuenta con más de dos millones y medio de afiliados? ¿Y cuántos hay ahora en Hu-pe, en Ho-nan y cuántos habrá muy pronto en las otras provincias de China?

¿Y las “picas rojas”, las “sociedades de cintos apretados”, etc.? ¿Acaso todo esto es una invención, y no una realidad?

¿Acaso se puede afirmar en serio que la revolución agraria de decenas de millones de campesinos, bajo la consigna de confiscación de las tierras de los terratenientes, no va contra las supervivencias reales e indudables del feudalismo, sino contra imaginarias supervivencias del feudalismo entre comillas?

¿No está claro, acaso, que Trotski ha descendido hasta él punto de vista de los oficinistas de “su majestad” Chang Tso-ling?

Así, pues, tenemos dos líneas fundamentales:

a) la línea de la I.C., que toma en consideración la existencia de vestigios feudales en China como forma predominante de la opresión, la importancia decisiva del poderoso movimiento agrario, los nexos de las supervivencias feudales con el imperialismo, el carácter democrático-burgués de la revolución china, con su lucha enfilada contra el imperialismo;

b) la línea de Trotski, que niega la importancia predominante de la opresión feudal militarista, no ve la significación decisiva del movimiento revolucionario agrario chino y afirma que el carácter antiimperialista de la revolución china se debe únicamente a los intereses del capitalismo chino, que exige la independencia aduanera del país.

El error principal de Trotski (y de la oposición, por tanto) consiste en que subestima la revolución agraria china, no comprende el carácter democráticoburgués de esta revolución, niega las premisas para un movimiento agrario de millones de campesinos en China y subestima el papel del campesinado en la revolución china.

Este error no es nuevo en Trotski. Es el rasgo más característico de toda la línea de Trotski en el período entero de su lucha contra el bolchevismo.

La subestimación del papel del campesinado en la revolución democrático-burguesa es un error que persigue a Trotski desde 1905; se manifestó en él con particular nitidez en vísperas de la revolución de febrero de 1917 y no le ha abandonado hasta el presente.

Permítaseme invocar ciertos hechos de la lucha de Trotski contra el leninismo, en vísperas de la revolución de febrero de 1917, por ejemplo, cuando en Rusia íbamos a la victoria de la revolución democrático-burguesa.

Trotski afirmaba entonces que, como entre el campesinado se había acentuado la diferenciación, como nos encontrábamos con la dominación del imperialismo y el proletariado se contraponía a la nación burguesa, el papel del campesinado decaería y la revolución agraria no tendría la importancia que se le concedió en 1905.

¿Qué respondió a esto Lenin? Permitidme que lea un fragmento de un artículo escrito por Lenin en 1915 acerca del papel del campesinado en la revolución democrático-burguesa de Rusia. Dice así:

“La original teoría de Trotski (se trata de la “revolución permanente” de Trotski. J. St.) toma de los bolcheviques el llamamiento a una decidida lucha revolucionaria del proletariado y a su conquista del Poder político, y de los mencheviques la “negación” del papel del campesinado. El campesinado, dice, se ha dividido en varias capas, se ha diferenciado; ha ido disminuyendo su posible papel revolucionario; en Rusia es imposible una revolución “nacional”: “vivimos en la época del imperialismo” y “el imperialismo no contrapone la nación burguesa al viejo régimen, sino el proletariado a la nación burguesa”.
¡Ahí tenéis un divertido ejemplo de “juegos malabares” con la palabra imperialismo! Si en Rusia el proletariado se contrapone ya “a la nación burguesa”, eso significa que Rusia se encuentra ¡¡ante la misma revolución socialista!! Entonces no es acertada la consigna de “confiscación de las tierras de los terratenientes” (repetida por Trotski en 1915, siguiendo a la Conferencia de Enero de 1912); entonces no hay que hablar de gobierno “obrero revolucionario”, sino de ¡¡gobierno “socialista obrero”!! A qué extremo llega la confusión de Trotski, lo evidencia su frase de que el ímpetu del proletariado arrastrará ¡¡”a las masas populares no proletarias” (!) (Nº 217)!! Trotski no ha pensado que si el proletariado arrastra a las masas no proletarias del campo a la confiscación de las tierras de los terratenientes y derroca la monarquía; ¡esto será el coronamiento de la “revolución burguesa nacional” de Rusia, esto será la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y del campesinado! Todo un decenio -el gran decenio de 1905 a 1915- ha probado que existen única y exclusivamente dos líneas de clase de la revolución rusa. La diferenciación del campesinado ha hecho crecer la lucha de clases en su seno, ha despertado a muchos elementos que dormían políticamente, ha aproximado al proletariado urbano el proletariado rural (en su organización particular insistieron los bolcheviques en 1906 y llevaron esta reivindicación a la resolución del Congreso de Estocolmo, donde dominaron los mencheviques). Pero el antagonismo entre el “campesinado” y los Márkov, los Románov y los Jvostov se ha acentuado, es mayor, más profundo. Es ésta una verdad tan evidente, que incluso miles de frases en decenas de artículos parisienses de Trotski no podrán “refutarla”. Trotski ayuda de hecho a los políticos obreros liberales de Rusia, quienes por “negación” del papel de los campesinos entienden ¡el no querer levantarlos a la revolución! Y ahí está ahora el quid de la cuestión” (v. t. XVIII, págs. 317-318).

 

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Esta particularidad del esquema de Trotski -que consiste en que ve a la burguesía y ve al proletariado, pero no advierte al campesinado y no comprende su papel en la revolución democrático-burguesa- es lo que constituye el error principal de los oposicionistas en el problema chino.

Ahí reside, precisamente, el “semimenchevismo” de Trotski y de la oposición en el problema relativo al carácter de la revolución china.
De este error principal dimanan todos los demás errores de la oposición, toda la confusión en sus tesis referentes al problema chino.

 

III. El kuomintang derechista de Nankin, que extermina a los comunistas, y el kuomintang izquierdista de Wu-Han, que apoya la alianza con los comunistas

Tomemos, por ejemplo, el problema de Wu-han. La orientación de la I.C. en cuanto al papel revolucionario de Wu-han es conocida y está clara. Por cuanto China vive una revolución agraria, por cuanto la victoria de la revolución agraria es la victoria de la revolución democrático-burguesa, la victoria de la dictadura revolucionaria del proletariado y del campesinado; por cuanto Nankín es el centro de la contrarrevolución nacional y Wuhan el centro del movimiento revolucionario chino, hay que apoyar al Kuomintang de Wu-han, es preciso que los comunistas participen en este Kuomintang y en su gobierno revolucionario, siempre que se asegure el papel dirigente del proletariado y de su Partido, tanto en el Kuomintang como fuera de él.

¿Es el actual gobierno de Wu-han órgano de la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y del campesinado? No, por ahora no lo es, y no lo será tan pronto. Pero tiene todas las posibilidades para llegar a ser dicho órgano, si la revolución sigue desarrollándose, si la revolución logra éxitos.

Tal es la orientación de la I.C.

Trotski mira las cosas de una manera completamente distinta. Cree que Wu-han es una “ficción”, y no el centro del movimiento revolucionario. A la pregunta de qué es ahora el Kuomintang de izquierda, Trotski responde: “Por ahora, nada o casi nada”.

Admitamos que Wu-han sea una ficción. Pero, en este caso, ¿por qué Trotski no plantea que se luche decididamente contra ella? ¿Desde cuándo los comunistas apoyan ficciones, participan en ficciones, dirigen ficciones, etc.? ¿No es un hecho, acaso, que los comunistas tienen el deber de combatir las ficciones? ¿No es un hecho, acaso, que si los comunistas se niegan a combatir las ficciones, engañan al proletariado y al campesinado? ¿Por qué, pues, no propone Trotski que los comunistas combatan esa ficción, siquiera sea retirándose inmediatamente del Kuomintang de Wu-han y de su gobierno? ¿Por qué Trotski propone seguir en esta ficción, no retirarse de ella? ¿Qué lógica hay en todo eso?

¿No se deberá esta incongruencia “lógica” a que Trotski, después de denostar contra Wu-han y de calificarlo de ficción, se ha acobardado y no se ha atrevido a extraer de sus tesis las conclusiones correspondientes?

O tomemos, por ejemplo, a Zinóviev, quien, en sus tesis, distribuidas entre los asistentes al Pleno del C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. de abril de este año, califica al Kuomintang,de Wu-han de gobierno kemalista del período de 1920. Pero gobierno kemalista es un gobierno de lucha contra los obreros y los campesinos, un gobierno en el que los comunistas no tienen ni pueden tener cabida. Hubiérase dicho que, después de calificar así al gobierno de Wu-han, la conclusión sólo podía ser una: lucha decidida contra Wu-han, derrocamiento del gobierno de Wu-han.

Pero así pueden pensar personas corrientes, con la lógica corriente del hombre.

Zinóviev no piensa así. Califica al gobierno de Wuhan en Han-kao de gobierno kemalista, pero, al propio tiempo, propone que se preste a este mismo gobierno el apoyo más enérgico, que los comunistas no salgan de él, que no abandonen el Kuomintang de Wu-han, etc. Dice bien a las claras:

“Es necesario prestar la ayuda más enérgica y completa a Han-kao, organizando desde allí la réplica a los Cavaignac. Es necesario concentrar cuanto antes los esfuerzos precisamente para ayudar que se organicen y consoliden en Hankao” (v. las tesis de Zinóviev).
¡Entiéndalo quien pueda! Trotski dice que Wu-han, o sea, Han-kao, es un ficción. Zinóviev, al contrario, afirma que Wu-han es un gobierno de kemalistas. De ahí se debía hacer una conclusión: lucha contra la ficción o lucha por el derrocamiento del gobierno de Wu-han. Pero tanto Trotski como Zinóviev no se atreven a hacer la deducción lógica de sus premisas; y Zinóviev va todavía más lejos, proponiendo “la ayuda más enérgica y completa a Han-kao”.

¿Qué nos dice todo esto? Que la oposición se ha enredado en sus contradicciones. Ha perdido la capacidad de pensar lógicamente y todas las perspectivas.

Confusión en las concepciones, pérdida de toda perspectiva en el problema de Wu-han: tal es la orientación de Trotski y de la oposición, sí es que puede llamarse orientación a esa maraña de confusiones.

 

IV. Sobre los soviets de diputados obreros y campesinos en China

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O tomemos también, por ejemplo, el problema de los Soviets de diputados obreros y campesinos en China.

Sobre la organización de Soviets tenemos tres resoluciones, aprobadas en el II Congreso de la Internacional Comunista: las tesis de Lenin sobre la formación de Soviets no proletarios, campesinos, en los países atrasados; las tesis de Roy sobre la formación de Soviets obreros y campesinos en países como China y la India, y las tesis especiales “Cuándo y en qué condiciones se pueden crear Soviets de diputados obreros”.

Las tesis de Lenin se refieren a la formación de Soviets “campesinos”, “populares”, no proletarios, en los países del tipo de los del Asia Central, donde no hay o casi no hay proletariado industrial. Las tesis de Lenin no dicen ni una palabra acerca de la formación de Soviets de diputados obreros en tales países. Además, estas tesis consideran que el apoyo directo del proletariado de la U.R.S.S. a la revolución en los países atrasados es una de las condiciones necesarias para el desarrollo y la formación en ellos de Soviets “campesinos”, “populares”. Está claro que estas tesis no se refieren a China o a la India, donde hay cierto mínimo de proletariado industrial y donde la creación de Soviets obreros es, en determinadas condiciones, premisa para la formación de Soviet campesinos; se refieren a otros países más atrasados, como lo son Persia, etc.

Las tesis de Roy se refieren, principalmente, a China y a la India, donde hay proletariado industrial. Estas tesis recomiendan la formación de Soviets de diputados obreros y campesinos en determinadas condiciones, en el período de paso de la revolución burguesa a la proletaria. Está claro que estas tesis guardan una relación directa con China.

Las tesis especiales del II Congreso tituladas “Cuándo y en qué condiciones se pueden crear Soviets de diputados obreros” hablan del papel de los Soviets de diputados obreros sobre la base de la experiencia de la revolución en Rusia y Alemania. Estas tesis afirman que “los Soviets, sin revolución proletaria, se convierten irremediablemente en una parodia de Soviets”. Está claro que, al examinar el problema de la formación inmediata de Soviets de diputados obreros y campesinos en China, debemos tomar también en consideración estas últimas tesis.

¿Cómo se plantea el problema de la formación inmediata de Soviets de diputados obreros y campesinos en China, si se tiene en cuenta la situación actual en el país y la existencia del Kuomintang de Wu-han como centro del movimiento revolucionario, de una parte, y, de otra, las indicaciones de las dos últimas tesis del II Congreso de la I.C.?

Formar Soviets de diputados obreros y campesinos ahora, por ejemplo, en la zona de acción del gobierno de Wu-han, significa crear una dualidad de poderes, lanzar la consigna de lucha por el derrocamiento del Kuomintang de izquierda y por la formación de un Poder nuevo, del Poder Soviético, en China.

Los Soviets de diputados obreros y campesinos son órganos de lucha por el derrocamiento del Poder existente, órganos de lucha por el nuevo Poder. La aparición de Soviets de diputados obreros y campesinos crea forzosamente la dualidad de poderes, y ésta no puede por menos de agudizar el problema de a quién debe pertenecer todo el Poder.

¿Cuál era la situación en Rusia en marzo, abril, mayo y junio de 1917? Entonces existía el Gobierno Provisional, que tenía en sus manos la mitad del Poder, pero quizás un Poder más efectivo, puesto que aun contaba con el apoyo de las tropas. A su lado existían los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, que también tenían en sus manos algo así como la mitad del Poder, aunque este Poder no era tan efectivo como el del Gobierno Provisional. Los bolcheviques defendían entonces la consigna de supresión del Gobierno Provisional y de entrega de todo el Poder a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Ningún bolchevique pensaba entonces en entrar en el Gobierno Provisional, pues es imposible formar parte de un gobierno contra el que se actúa para derribarlo.

¿Puede decirse que la situación en Rusia entre marzo y junio de 1917 fue análoga a la actual situación en China? No, no puede decirse. Y esto es así no sólo porque Rusia se encontraba entonces ante la revolución proletaria, mientras que China se ve frente a la revolución democrático-burguesa, sino también porque el Gobierno Provisional de Rusia era entonces un gobierno contrarrevolucionario e imperialista, mientras que el actual gobierno de Wuhan es antiimperialista y revolucionario en el sentido democrático-burgués de la palabra.

¿Qué nos propone a este respecto la oposición?

Propone la formación inmediata en China de Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados como centros de organización del movimiento revolucionario. Pero los Soviets de diputados obreros y campesinos no son únicamente centros de organización del movimiento revolucionario. Son, ante todo y sobre todo, órganos de insurrección contra el Poder existente, órganos de formación del Poder nuevo, revolucionario. La oposición no comprende que únicamente como órganos de insurrección, únicamente como órganos del nuevo Poder pueden los Soviets de diputados obreros y campesinos ser transformados en centros del movimiento revolucionario. De otro modo, los Soviets de diputados obreros se convierten en una ficción, en un apéndice del Poder existente, como ocurrió en Alemania en 1918 y en Rusia en julio de 1917.

¿Comprende la oposición que formar ahora Soviets de diputados obreros y campesinos en China significa crear una dualidad de poderes entre los Soviets y el gobierno de Wu-han y conduce forzosa e irremisiblemente a la consigna de derrocamiento del gobierno de Wu-han?

Dudo mucho de que Zinóviev haya comprendido cosa tan sencilla. Pero Trotski lo comprende muy bien, pues en sus tesis dice con toda claridad que:

“La consigna de los Soviets significa el llamamiento a la formación de órganos verdaderos de Poder a través de un régimen transitorio de dualidad de poderes” (v. las tesis de Trotski “La revolución china y las tesis de Stalin”).

Resulta, pues, que con la formación de Soviets en China creamos un “régimen de dualidad de poderes”, derrocamos el gobierno de Wu-han y constituimos un Poder nuevo, revolucionario. Evidentemente, Trotski toma por modelo los acontecimientos de la historia de la revolución rusa en vísperas de Octubre de 1917. En efecto, entonces había dualidad de poderes en nuestro país y, en efecto, entonces luchábamos para derrocar el Gobierno Provisional.

Pero ya he dicho que nadie pensaba a la sazón en entrar en el Gobierno Provisional. ¿Por qué, pues, no propone Trotski ahora que los comunistas salgan inmediatamente del Kuomintang y del gobierno de Wu-han? ¿Cómo es posible formar Soviets, crear un régimen de dualidad de poderes y, al mismo tiempo, seguir dentro del gobierno de Wu-han, al que se quiere derribar? Las tesis de Trotski no responden a esta pregunta.

Entretanto, está claro que Trotski se ha embrollado definitivamente en el laberinto de sus propias contradicciones. Ha confundido la revolución democrático-burguesa con la revolución proletaria. Ha “olvidado” que la revolución democráticoburguesa de China no sólo no ha terminado ni vencido todavía, sino que se encuentra únicamente en la primera fase de su desarrollo. Trotski no comprende que negar el apoyo al gobierno de Wuhan, lanzar la consigna de la dualidad de poderes y ponerse a derribar ese gobierno ahora, mediante la formación inmediata de los Soviets, significa prestar un apoyo directo e indudable a Chang Kai-shek y Chang Tso-ling.

Se nos dice: ¿cómo comprender, en este caso, la formación de los Soviets de diputados obreros en 1905, en Rusia? ¿Acaso entonces no nos encontrábamos en la revolución democrático-burguesa?

Pero, en primer lugar, entonces no había más que dos Soviets, el de Petersburgo y el de Moscú, y la existencia de dos Soviets no creaba aún un sistema de Poder Soviético en Rusia.

En segundo lugar, los Soviets de Petersburgo y Moscú eran entonces órganos de la insurrección contra el viejo Poder, contra el Poder zarista, lo que confirma una vez más que es imposible ver únicamente en los Soviets centros organizadores de la revolución, que los Soviets sólo pueden ser centros organizadores como órganos de insurrección y órganos del nuevo Poder.

En tercer lugar, la historia de los Soviets obreros dice que éstos pueden existir y desarrollarse únicamente en el caso de que haya condiciones favorables para el paso directo de la revolución democrático-burguesa a la revolución proletaria, si hay, por consiguiente, condiciones favorables para el paso, del Poder burgués, a la dictadura del proletariado.

¿No se debió la muerte de los Soviets obreros de Petersburgo y Moscú en 1905, lo mismo que de los Soviets obreros de Alemania en 1918, a que entonces no había esas condiciones favorables?

Posiblemente Rusia no habría tenido Soviets en 1905 si el país hubiese contado entonces con una vasta organización revolucionaria del tipo del actual Kuomintang de izquierda en China. Pero una organización así no podía existir entonces en Rusia, pues entre los obreros y los campesinos rusos no había elementos de opresión nacional, los propios rusos oprimían a otras nacionalidades, y una organización como el Kuomintang de izquierda sólo puede surgir en un ambiente de opresión nacional por parte de los imperialistas extranjeros, circunstancia que agrupa en una vasta organización a los elementos revolucionarios del país.

Únicamente los ciegos pueden negarle al Kuomintang de izquierda el papel de órgano de la lucha revolucionaria, el papel de órgano de la insurrección contra las supervivencias feudales y el imperialismo en China.

Pero ¿qué se desprende de esto?

De esto se desprende que el Kuomintang de izquierda cumple en la actual revolución democrático-burguesa de China el mismo papel, aproximadamente, que los Soviets cumplieron en 1905 en la revolución democrático-burguesa de Rusia.

Otra cosa sería si en China no existiera una organización democrático-revolucionaria tan popular como el Kuomintang de izquierda. Pero, existiendo esta organización revolucionaria específica, adaptada a las condiciones particulares de China y que ha demostrado su eficacia para seguir impulsando la revolución democrático-burguesa china, resultaría estúpido y absurdo destruir esta organización, fruto de años de trabajo, ahora, cuando la revolución democrático-burguesa acaba de empezar, no ha vencido todavía y tardará aún en vencer.

Partiendo de esto, ciertos camaradas llegan a la conclusión de que el Kuomintang podrá ser utilizado también en el futuro, cuando se pase a la revolución proletaria, como forma de organización estatal de la dictadura del proletariado, viendo en ello la posibilidad del paso pacífico de la revolución democrático-burguesa a la revolución proletaria.

No está excluida, por supuesto, hablando en términos generales, la posibilidad del desarrollo pacífico de la revolución. A principios de 1917, también en Rusia se habló de la posibilidad del desarrollo pacífico de la revolución a través de los Soviets.

Pero, en primer lugar, el Kuomintang no es lo mismo que los Soviets, y el que sea apropiado para desarrollar la revolución democrático-burguesa no significa todavía que pueda serlo para el desarrollo de la revolución proletaria, mientras que los Soviets de diputados obreros son la forma más apropiada de dictadura del proletariado.

En segundo lugar, aun con los Soviets, en Rusia quedó descartado de hecho en 1917 el paso pacífico a la revolución proletaria.

En tercer lugar, los centros proletarios de China son tan pocos, y los enemigos de la revolución china tan fuertes y tan numerosos, que cada avance de la revolución y cada acometida de los imperialistas irán acompañados inevitablemente de nuevas escisiones en el Kuomintang y de un nuevo fortalecimiento del Partido Comunista, a costa del prestigio del Kuomintang.

Yo estimo que debe considerarse excluida la vía pacífica de desarrollo de la revolución china.

Opino que los Soviets de diputados obreros y campesinos habrán de ser creados en China en el período de tránsito de la revolución democráticoburguesa a la revolución proletaria, pues en las condiciones de nuestros días, dicho tránsito es imposible sin Soviets de diputados obreros y campesinos.

Al principio hay que dejar que se desarrolle el movimiento agrario por toda China, hay que robustecer Wu-han y apoyado en la lucha contra el régimen feudal burocrático, hay que ayudar a Wuhan a lograr la victoria sobre la contrarrevolución, hay que impulsar ampliamente en todas partes las uniones campesinas, los sindicatos obreros y demás organizaciones revolucionarias como bases para la creación de los Soviets en el futuro, hay que dejar que el Partido Comunista de China fortalezca su influencia entre los campesinos y en el ejército, y únicamente después de todo esto podrán crearse los Soviets de diputados obreros y campesinos como órganos de lucha por el nuevo Poder, como factores de la dualidad de poderes, como factores que preparen el paso de la revolución democráticoburguesa a la revolución proletaria.

La formación de Soviets obreros en China no es una palabra huera, una huera declamación “revolucionaria”. No se puede tratar este problema con la ligereza con que lo hace Trotski.

Formar Soviets obreros y campesinos significa, ante todo, salir del Kuomintang, pues no es posible crear los Soviets y llevar adelante la dualidad de poderes, llamando a los obreros y campesinos a la formación del nuevo Poder, y permanecer, al mismo tiempo, en el Kuomintang y en su gobierno.

Formar Soviets de diputados obreros significa, también, sustituir el actual bloque dentro del Kuomintang por un bloque fuera del Kuomintang, por un bloque análogo al que los bolcheviques tenían en octubre de 1917 con los eseristas de izquierda. ¿Por qué? Porque si en la revolución democrático-burguesa se trata de implantar la dictadura revolucionaria del proletariado y del campesinado, a lo cual corresponde perfectamente la política de bloque dentro del Kuomintang, cuando se trata de la formación de Soviets y del paso a la revolución proletaria se planteará el problema de crear la dictadura del proletariado, de crear el Poder de los Soviets, y este Poder sólo se puede preparar y crear bajo la dirección de un solo partido, el Partido Comunista.

Además, los Soviets de diputados obreros imponen determinadas obligaciones. Los obreros perciben ahora en China de 8 a 15 rublos mensuales, viven en condiciones insoportables, trabajan lo indecible. Todo esto puede y debe terminarse ahora mismo, aumentando los salarios, implantando la jornada de ocho horas, mejorando las condiciones de vivienda de la clase obrera, etc. Pero cuando existan Soviets de diputados obreros, la cosa no parará ahí. Los obreros dirán a los comunistas (y con razón): si tenemos Soviets, y los Soviets son órganos de Poder, ¿no se podría estrechar a la burguesía y expropiarla “un poquito”? Los comunistas serán unos redomados charlatanes si no emprenden el camino de expropiación de la burguesía cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos.

¿Se puede y se debe, nos preguntamos, emprenderese camino ahora, en la actual fase de la revolución? No, no se debe. ¿Se puede y se debe renunciar a la expropiación de la burguesía en el futuro, cuando existan Soviets de diputados obreros y campesinos? No, no se debe. Pero pensar que, al propio tiempo, los comunistas podrán mantener el bloque dentro del Kuomintang, significa hacerse ilusiones y no comprender la mecánica de la lucha de las fuerzas de clase en el período de paso de la revolución burguesa a la revolución proletaria.

Eso es lo que puede decirse en cuanto al problema de la formación de Soviets de diputados obreros y campesinos en China.

Veis, pues, que no es tan sencillo como nos lo presentan ciertas gentes demasiado frívolas, del tipo de Trotski y Zinóviev.

¿Se puede, hablando en términos generales, admitir, desde el punto de vista de los principios, la participación de los marxistas y su colaboración con la burguesía revolucionaria en un partido democrático-revolucionario común o en un gobierno democrático-revolucionario común? Algunos oposicionistas piensan que no se puede admitir. Pero la historia del marxismo dice que, en ciertas condiciones y durante cierto tiempo, esa participación es perfectamente admisible.

Podría remitirme a un ejemplo como el del propio Marx en 1848 en Alemania, durante la revolución contra el absolutismo alemán, cuando Marx y sus correligionarios formaban parte de la coalición democrático-burguesa de la provincia del Rin y cuando la “Nueva Gaceta del Rin”, órgano de este partido demócrata revolucionario, estuvo bajo la dirección de Marx.

Marx y sus correligionarios, aun siendo elementos integrantes de esta coalición y empujando adelante a la burguesía revolucionaria, criticaban con toda aspereza la política de medias tintas de sus aliados de la derecha; de la misma manera, el Partido Comunista de China, parte integrante del Kuomintang, debe criticar con toda aspereza las vacilaciones y la política de medias tintas de sus aliados kuomintanistas de izquierda.

Como es sabido, Marx y sus correligionarios no abandonaron la coalición democrático-burguesa hasta la primavera de 1849, pasando a formar una organización independiente de la clase obrera, con una política de clase completamente independiente.

Ya veis que Marx fue más allá, incluso, que el Partido Comunista Chino, el cual figura en el Kuomintang como partido independiente, como el partido de clase del proletariado.

Se puede aceptar o no aceptar la conveniencia de que Marx y sus correligionarios entrasen en 1848 en esa coalición democrático-burguesa. Rosa Luxemburgo, por ejemplo, pensaba que Marx no debió hacerlo. Esto es una cuestión de táctica. Pero no puede haber ninguna duda de que, en el terreno de los principios, Marx y Engels admitían la posibilidad y la conveniencia de entrar en un partido revolucionario burgués en el período de la revolución democrático-burguesa, en ciertas condiciones y durante cierto tiempo. En cuanto a la participación de los marxistas en un gobierno democráticorevolucionario y su colaboración en él con la burguesía revolucionaria, en determinadas condiciones y en una situación determinada, tenemos las indicaciones de marxistas como Engels y Lenin. Como es sabido, en su folleto “Los bakuninistas en acción”, Engels se mostró en favor de dicha participación. Como es sabido, Lenin admitió también, en 1905, la posibilidad de esa participación en un gobierno revolucionario democrático-burgués.

 

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V. Dos líneas

Así, pues, ante nosotros hay dos líneas totalmente distintas acerca del problema chino: la línea de la I.C. y la línea de Trotski y Zinóviev.

Línea de la I.C. Las supervivencias feudales y la superestructura militarista burocrática en ellas asentada, que cuenta con el máximo apoyo de los imperialistas de todos los países, constituyen el fenómeno principal de la presente situación en China.

China atraviesa ahora una revolución agraria, que va tanto contra las supervivencias feudales como contra el imperialismo.

La revolución agraria da base y contenido a la revolución democrático-burguesa de China.

El Kuomintang de Wu-han y su gobierno son el centro del movimiento revolucionario democráticoburgués.

Nankín y el gobierno de Nankín son el centro de la contrarrevolución nacional.

La política de apoyo a Wu-han es, al propio tiempo, una política de desarrollo de la revolución democrático-burguesa, con todas las consecuencias que de ello se derivan. De ahí la participación de los comunistas en el Kuomintang de Wu-han y en su gobierno revolucionario, participación que, lejos de excluir, presupone la más acerba crítica de los comunistas a la política de medias tintas y a las vacilaciones de sus aliados del Kuomintang.

Esta participación de los comunistas debe utilizarse para facilitar al proletariado la hegemonía en la revolución democrático-burguesa china y para acercar el momento del paso a la revolución proletaria.

Para el momento en que la revolución democrático-burguesa se acerque a su victoria completa y cuando, en el curso de la revolución burguesa, se vaya perfilando la vía de paso a la revolución proletaria, para ese momento habrá que formar Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados como factores de la dualidad de poderes, como órganos de lucha por el Poder nuevo, como órganos del Poder nuevo, del Poder de los Soviets.

Para ese tiempo, los comunistas deberán sustituir el bloque dentro del Kuomintang por un bloque fuera del Kuomintang, y el Partido Comunista deberá convertirse en el dirigente único de la nueva revolución china.

Proponer ahora, como lo hacen Trotski y Zinóviev, la formación inmediata de Soviets de diputados obreros y campesinos y la creación inmediata de la dualidad de poderes, ahora, cuando la revolución democrático-burguesa se encuentra todavía en sus comienzos, cuando el Kuomintang es la forma de organización de la revolución democrática nacional que mejor se adapta a las peculiaridades específicas de China y mejor corresponde a ellas, significa desorganizar el movimiento revolucionario, debilitar Wu-han, facilitar su caída y prestar ayuda a Chang Tso-ling y Chang Kai-shek.

Línea de Trotski y Zinóviev. Las supervivencias del feudalismo en China son una invención de Bujarin. O no existen en absoluto, o son tan nsignificantes, que no pueden tener importancia digna de consideración.

Resulta que en China hay ahora una revolución agraria. Pero ni el mismo diablo sabe por dónde ha aparecido. (Risas.) Ahora bien, puesto que nos encontramos con esa revolución agraria, habrá, naturalmente, que apoyarla de un modo o de otro.

Lo principal no es ahora la revolución agraria, sino la revolución por la independencia aduanera de China, una revolución que se podría llamar antiaduanera.

El Kuomintang de Wu-han y el gobierno de Wuhan son o bien una “ficción” (Trotski), o bien kemalismo (Zinóviev). De una parte, hay que crear la dualidad de poderes para derrocar el gobierno de Wu-han mediante la formación inmediata de Soviets (Trotski). De otra parte, hay que fortalecer el gobierno de Wu-han, hace falta una ayuda enérgica y completa al gobierno de Wu-han, y, por lo que se ve, también mediante la formación inmediata de Soviets (Zinóviev).

Procediendo en rigor, los comunistas deberían retirarse inmediatamente de esa “ficción”, del gobierno y del Kuomintang de Wu-han. Aunque, por otra parte, sería mejor permanecer en esa “ficción”, es decir, en el gobierno y el Kuomintang de Wu-han. Mas ¿para qué deben seguir en Wu-han, si Wu-han es una “ficción”? Eso sólo Dios lo sabe. Y quien no está de acuerdo con ello, es un desleal y un traidor.

Tal es la “línea” de Trotski y Zinóviev.

Resulta difícil imaginarse algo más incongruente y confuso que esa “línea”.

Se obtiene la impresión de que no tratamos con marxistas, sino con unos covachuelistas apartados de la vida o, mejor aún, con turistas “revolucionarios” que hubiesen viajado por los Sujum y los Kislovodsk, que no se hubieran enterado del VII Pleno ampliado del Comité Ejecutivo de la I.C., donde se dio la orientación fundamental sobre la revolución china, que por los periódicos hubiesen sabido después que, en efecto, en China había estallado cierta revolución, puede ser que agraria, puede que antiaduanera, y hubieran llegado a la conclusión de que hacía falta escribir montones de tesis: en abril unas tesis, a principios de mayo otras tesis, a fines de mayo las terceras tesis, para, una vez escritas, inundar con ellas el Comité Ejecutivo de la I.C., suponiendo, por lo visto, que la abundancia de tesis confusas y contradictorias es el principal medio para salvar la revolución china.

Tales son, camaradas, las dos líneas en los problemas de la revolución china. Habréis de elegir entre una u otra.

Termino, camaradas.

Como conclusión, desearía decir unas palabras sobre el sentido político y la significación de las intervenciones fraccionales de Trotski y Zinóviev en estos momentos. Se quejan de que no se les concede la libertad suficiente para lanzar inauditas injurias e intolerables insultos contra el C.C. del P.C.(b) de la U.R.S.S. y el C.E. de la I.C. Se quejan del “régimen” existente en la Internacional Comunista y en el P.C.(b) de la U.R.S.S. En el fondo, lo que quieren es libertad para desorganizar la Internacional Comunista y el P.C.(b) de la U.R.S.S. En el fondo, lo que quieren es trasplantar a la Internacional Comunista y al P.C.(b) de la U.R.S.S. las costumbres de Maslow y Cía.

Debo decir, camaradas, que Trotski ha escogido un momento muy inoportuno para sus ataques al Partido y a la Internacional Comunista. Acabo de recibir la noticia de que el gobierno conservador inglés ha decidido romper las relaciones con la U.R.S.S. Huelga demostrar que ahora comenzará una cruzada general contra los comunistas. Esa cruzada ha empezado ya. Unos amenazan al P.C.(b) de la U.R.S.S. con la guerra y la intervención. Otros, con la escisión. Se forma una especie de frente único, que va desde Chamberlain hasta Trotski.

Es posible que nos quieran amedrentar con eso. Pero no hace falta probar que los bolcheviques no son unos chicos asustadizos. La historia del bolchevismo conoce buen número de “frentes” de ese género. La historia del bolchevismo muestra que esos “frentes” han sido destrozados siempre, gracias a la energía revolucionaria y a la intrepidez sin par de los bolcheviques.

Podéis tener la seguridad de que sabremos destrozar también este nuevo “frente”. (Aplausos.)

 

 

Extraído de “Obras Completas, Tomo IX, (1926-1927), pág. 97, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras,1953.”

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