Los Procesos de Moscú

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El pacto de Hitler y Trotsky

La memoria de los Procesos de Moscú son un elemento esencial de la superestructura de nuestra época. A través de estos Procesos, por su contenido y por el momento en que se realizaron, se define el móvil de la mayor represión acaecida en el primer país socialista:

¿Fue el modo de acallar disidencias a un poder dictatorial? ¿O fue la obligada defensa a una amenaza que provenía nada menos que de la Alemania nazi?

El 90% de las penas capitales dictadas en toda la existencia del estado soviético, lo fue en las circunstancias que dieron lugar a esos célebres juicios. Sin conocerlos es imposible entender la historia de la URSS y esta imposibilidad, a su vez, afecta gravemente toda comprensión de la experiencia socialista, la historia en general y, por lo tanto, la sociedad misma.

Mientras el socialismo estuvo en ascenso, estos juicios gozaron de respetabilidad como acto de justicia, no sólo entre los comunistas, sino entre la opinión democrática y progresista del mundo. Luego, esa reputación fue progresivamente desbaratada desde la propia URSS con sucesivas rehabilitaciones de los condenados. Se trató del período de la esclerosis burocrática. Finalmente, un fallo de la Corte Suprema de la URSS virtualmente consideró nulas todas las condenas.

Eran los tiempos de la Perestroika, los prolegómenos del retorno al capitalismo.

Sin embargo, no fue éste el final de la historia. La publicidad de archivos de los servicios secretos soviéticos, que se anunció como la refutación definitiva de los Procesos de Moscú, en la letra chica de sus contenidos no hizo más que ratificarlos y aún ampliar sus denuncias. Mientras tanto, Stalin se consolidó largamente como la figura histórica preferida de los rusos, en tanto que sus detractores -Trotsky, Jruschov o Gorbachov- han desaparecido de cualquier encuesta de valoración positiva. El trotskismo en Rusia se reduce a algunas decenas de personas, en su mayoría extranjeros. El retrato de Stalin acompaña las pancartas de las movilizaciones comunistas,  así como sus campañas electorales.

Toda esta reversión del proceso de “desestalinización” culmina en una expresión orgánica:

El 21 de julio de 2001, el XXXII Congreso Extraordinario del UPC-PCUS, que reúne al Partido Comunista de la Federación Rusa y el grueso de los partidos y organizaciones del movimiento comunista en Rusia, rechazó el célebre informe “Sobre el culto a la personalidad y sus consecuencias” del XX Congreso del PCUS, así como la decisión del XXII Congreso de remover del mausoleo de Lenin los restos de Stalin.

¡21 de julio de 2001!

¿Por qué nadie ha informado de esto en la Argentina?

Lo que sigue es un aporte severamente documentado, a los fines de establecer objetivamente lo que fueron los Procesos de Moscú.

  I

La supervivencia del trotskismo dependió y depende del sostén social de una premisa desesperada: que las decenas de confesiones de los Procesos de Moscú (1936, 1937 y 1938), protagonizadas muchas de ellas por primeras figuras del bolchevismo,  fueron falsas y producto de la tortura.

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Trotsky

El proceso al trotskismo tenía curso en enero de 1937 y había arrojado al mundo la curiosa y terrible nueva: Trotsky había pactado con Rudolf Hess, el ministro sin cartera de Hitler, el apoyo nazi para un golpe de estado. El nuevo gobierno consentiría la cesión de Ucrania y la URSS, territorialmente mutilada, sería puesta al servicio del expansionismo alemán como fuente de materias primas. Los golpistas se componían de una alianza de derechistas (Bujarin), trotskistas y militares, pero esto se precisó un año más tarde en el Proceso al bloque derechista-trotskista.

Frente a esto, nazis y trotskistas, con calcada virulencia en el lenguaje, se manifestaron simultánea y coincidentemente. No se trataba de impugnar algún testigo o alguna prueba clave. Frente a la avalancha probatoria que mostraban los juicios, sólo cabía la impugnación entera del procedimiento judicial, presentándolo como el armado de una gran farsa.

Así, un cable desde Berlín para el New York Times del 30/1/37, cita un discurso del “Coronel General Hermann Goering, como Presidente del Reichstag,” atacando las “acusaciones de que Alemania está complotando con León Trotski”.

Yo puedo mostrar”, dijo, “con un ejemplo, cuán estúpidas y absurdas son estas mentiras. En los juicios de Moscú, para los cuales los periódicos del mundo entero pueden encontrar solamente la expresión “juicios teatrales,” cuando es aseverado que un Ministro responsable del Reich negoció con Trotski, no solamente nosotros, sino el mundo entero se ríe”.

Otro cable, de Asociated Press, del mismo día, el 30/1/37, publicado por el New York Times, reporta declaraciones todavía más descalificantes, si cabe, provenientes de Trotsky, desde Méjico: “Los acusados no existen como personalidades…Ellos fueron triturados antes del juicio…Ante los ojos del mundo entero ellos se arrojaron bajo el carro de guerra de una terrible divinidad, pero a diferencia de los devotos hindúes, ellos no lo hicieron así voluntariamente, en un exceso de fanatismo, o en éxtasis religioso,  sino a través de una acción a sangre fría para disminuirlos, bajo un garrote que los condujo a un estado de impasse”.

La prensa alemana, bajo el control del Ministro de Propaganda Paul Joseph Goebbels, ya se había expresado antes que Goering, según se resume enun radiograma desde Berlín para el New York Times del 25/1/37:

“Voceros oficiales germanos, tanto como los periódicos, ridiculizan los cargos de la fiscalía soviética, según los cuales trotskistas han supuestamente conspirado con Rudolf Hess, Canciller de Hitler y su primer lugarteniente. Estas acusaciones son calificadas como “descaradas e idióticas” y al desarrollar la refutación, avanzan para establecer que León Trotski y nueve de los acusados en Moscú son judíos”.

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Goebbels

En el New York Times del 21 de enero de 1937, se puede leer, aún antes de iniciarse las audiencias:

“Trotsky ve en el juicio una caza de brujas”.

“Planea comentar diariamente la información sobre las audiencias”.

Cable especial para el New York Times. Méjico DF 20 de enero de 1937:

“León Trotsky, el ex-lider Bolchevique exiliado, calificó hoy el juicio de los diecisiete presuntos trotskistas, previsto para mañana sábado en Moscú, como una nueva trampa de José Stalin, asegurando que los cuatro principales acusados fueron todos traidores políticos que abandonaron la causa del sr. Trotsky por la de Stalin durante 1928”.

“El Sr. Trotsky anunció su intención de hacer diariamente su comentario durante todo el juicio”.

“El que fuera co-líder de la revolución soviética asemejó el juicio a la caza de brujas de la inquisición medieval en el cual las confesiones fueron impuestas a las víctimas por la tortura”.

“Él afirma que solamente traidores han podido ser presentados en Moscú, en lugar de los genuinos trotskistas, y aquí remarcó: “en las prisiones hay cientos de verdaderos trotskistas”.

“Mencionando a los cuatro principales acusados –Karl Radek, Gregorio Piatakoff, Gregorio Sokolnikoff, ex embajador soviético en Londres, y L. Serebyakoff, ex Comisario Asistente para Comunicaciones- el sr. Trotsky citó su larga historia como líderes de la revolución soviética y entonces subrayó”:

“El buró político (comunista) entero y casi el comité central entero del heroico período de la revolución, excepto por Stalin, es proclamado agente de la restauración del capitalismo. ¿Quién creerá esto?”

Comentarios:

1) Sobre esta información preliminar, el lector verificará rápidamente, en nuestras reproducciones del New York Times, que mintió el líder nazi Goering cuando afirmó que “los periódicos del mundo entero pueden encontrar solamente la expresión “juicios teatrales” para los Procesos de Moscú. Este tipo de comentario provenía del fascismo, no de la opinión democrática. En la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires, puede encontrarse información del diario Crítica sobre estos procesos, en tono objetivo, sin comentarios despectivos acerca de sus conclusiones.

2) La aseveración de Trotsky respecto a que la dignidad de “casi el comité central entero del heroico período de la revolución” había sido aniquilada por la tortura del régimen, lleva a la insalvable paradoja de que la Revolución de Octubre estuvo liderada por dos sectores: uno, el de los asesinos y torturadores y otro, el de los quebrados. ¿Acaso fue aquélla una épica sin héroes? ¿Es posible que a la inteligencia de Trotsky no saltara a la vista este contrasentido? ¿Por qué incurrió en él? La observación atenta de los juicios mostrará palpablemente que todo esto es falso, reconstruyendo, aún en las propias confesiones de los inculpados, los caracteres de personalidades descollantes, acordes con la envergadura de ese suceso revolucionario. Naturalmente, para Trotsky todo esto fue una vivencia directa. ¿Por qué la desmintió?

3) Sugerimos tomar nota de la fecha, 20 de enero de 1937, y lo dicho por Trotsky ese día, esto es, bien entrada la década del 30, en tono acusatorio y no, por supuesto, en defensa de Stalin: “en las prisiones hay cientos de verdaderos trotskistas”. A doce años de la muerte de Lenin, o lo que es lo mismo, de gobierno “stalinista”: “cientos” de trotskistas presos. ¿Cómo se pudo llegar a los millones de trotskistas que, como algunos alcanzan a decir sin encender polémica, Stalin habría asesinado para consolidar su poder?

 II

Es comprensible que, para el observador poco avisado, cueste admitir que el “izquierdista” Trotsky acuerde secretamente con Rudolf Hess una virtual alianza que involucra horripilancias como realizar espionaje a favor del nazismo.

Y, precisamente, el clima de la refutación que Trotsky ensaya de los Procesos de Moscú se crea en lo fundamental con argumentos de este género:

¿Cómo revolucionarios como Trotsky, Bujarin, Piatakov, Rykov, etc. podrían haber pactado con Hitler?

¿Cómo creer semejante cosa si el que lo afirma es Stalin?

Sin embargo, ateniéndonos a un pensamiento riguroso, encontramos que el recurso de Trotsky contiene una falacia esencial: un pacto es un acto de táctica política, dictado por conveniencias mutuas de coyuntura, que no necesita de afinidades ideológicas entre los pactantes. El pacto Molotov-Ribbentrop no volvió nazi a Stalin, ni comunista a Hitler. Además, los Procesos de Moscú son bastante más que las acusaciones (¿“stalinistas”?) del fiscal: son las convincentes confesiones de destacados dirigentes  de algo tan frecuente en política como es una traición en masa de un determinado sector o tendencia, en circunstancias de cambios históricos trascendentes.

Pero un acuerdo secreto entre un Hitler bien nazi y un Trotsky igualmente trotskista, no sólo diluye su apariencia sorprendente, sino que se vuelve verdaderamente probable, en cuanto se observa que Trotsky, ya no en las sombras de una conspiración, sino en su actitud pública, a la vista del mundo entero, se comportaba como un izquierdista aliado objetivo del nazismo. Trotsky, como político experto, debió ser consciente de ello. Desde este punto de vista, los Procesos de Moscú son también perfectamente creíbles porque denuncian hechos que serían apenas un capítulo de una general actitud traidora de Trotsky que, por no ser secreta, es directamente comprobable.

Claro que, para apreciar esto, es menester distinguir entre la fraseología izquierdista de Trotsky y su significado concreto, práctico, en el contexto que se formula: año 1937, en plena guerra civil española, con la intervención del fascismo alemán e italiano, la agresión japonesa a China y los prolegómenos de la guerra mundial y de la invasión nazi a la Unión Soviética.

Las citas que siguen en apoyo de lo dicho, provienen todas del Tomo V de las obras de Trotsky, publicadas por el propio trotskismo. En cada cita se señala el número de página con la que puede ser hallada en http://es.scribd.com/doc/32478636/Trotsky-Escritos-Tomo-V

En orden a la brevedad, se seleccionan algunas citas representativas. Otras se acumulan al pie de este trabajo, como apéndice.

Trotsky borra las diferencias entre el fascismo y el antifascismo

La crucial necesidad de frenar al fascismo en el orden mundial obligaba, elementalmente, a inculcar en la opinión pública una apreciación de los valores democráticos y el consecuente señalamiento del fascismo como su negación inmediata. El empeño de Trotsky estaba puesto exactamente en lo contrario.

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Guernika

¿Cómo “aportaba” Trotsky a que la opinión diferenciara entre el fascismo y el antifascismo, distinguiera y valorara a las naciones y a las fuerzas que efectivamente, en el mundo, en mayor o menor medida, con mayor o menor consecuencia, podían constituirse en obstáculo del fascismo?

Frases como éstas lo ilustran:

Sobre el antifascismo:

“El “antifascismo” es una fórmula muy útil para la cháchara de sus excelencias los diputados, profesores, periodistas y charlatanes de salón. La fórmula desnuda del “antifascismo” no tiene ningún significado concreto para los obreros, desocupados, campesinos pobres, farmers arruinados, pequeños comerciantes en bancarrota, vale decir, la abrumadora mayoría de la población”. (p.254)

“…la democracia es la forma más aristocrática de gobierno. Solamente aquellos países del mundo que tienen esclavos son capaces de conservar la democracia, como Gran Bretaña, donde cada ciudadano tiene nueve esclavos; Francia, donde cada ciudadano tiene esclavo y medio, y Estados Unidos. No puedo calcular sus esclavos, pero es casi todo el mundo, comenzando por Latinoamérica. Los países más pobres como Italia renunciaron a su democracia”. (p.502)

Sobre el respeto a la legalidad internacional:

“Evidentemente, Francia, Inglaterra, o Rusia tenían bases “legales” para ayudar al gobierno legal de España, mucho mayores que las de Mussolini o Hitler para ayudar a un general insurrecto. Pero, como dijimos antes, la política de las grandes potencias no se basa en lo más mínimo en principios jurídicos o morales”. (p. 252)

Sobre los movimientos y personalidades pacifistas y progresistas:

“Hasta no hace mucho tiempo, los pacifistas de todo los colores creían, o fingían creer, que se podría impedir una nueva guerra con ayuda de la Liga de las Naciones, congresos aparatosos, referéndums y otros despliegues teatrales, la mayoría de los cuales fueron financiados con dinero de la URSS. ¿Qué ha sido de esas ilusiones?” (p.236)

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Romain Rolland

“Es preciso abrir los ojos de la opinión pública al hecho de que la propaganda melosa y falsa de mucho filósofos, moralistas, estetas, artistas, pacifistas, y “dirigentes” laborales,  en defensa del Kremlin, bajo el pretexto de “defensa de la Unión Soviética”, es pagada generosamente con el oro de Moscú. Debemos cubrir estos caballeros con la infamia que han ganado tan copiosamente”. (p.334)

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Henry Barbusse

“Escritores con la reputación de Romain Rolland, el difunto Barbusse, Malraux, Heinrich Mann o Feucht-wanger, son en realidad pensionistas de la GPU, la cual paga generosamente los servicios “morales” de estos amigos, a través de la Editorial del Estado”. (p. 333)

Sobre los países en oposición al bloque fascista de Alemania, Italia y Japón:

“Para justificar su política militarista y chovinista, las internacionales Segunda y Tercera difunden la idea de que la nueva guerra tendrá por misión defender la libertad y la cultura – representadas por los países “pacíficos”, encabezados por las grandes democracias del Nuevo y del Viejo Mundo- frente a los agresores fascistas: Alemania, Italia, Austria, Hungría, Polonia y Japón. Esta clasificación resulta dudosa, inclusive desde un punto de vista puramente formal. El estado yugoslavo no es menos “fascista” que el húngaro, Rumania no se encuentra más cerca de la democracia que Polonia. La dictadura militar impera no sólo en Japón, sino también en China. El sistema político de Stalin se aproxima cada vez más al de Hitler. En Francia, el fascismo está barriendo a la democracia cuando la guerra todavía no se ha declarado. Los gobiernos del “Frente Popular” hacen todo lo posible por facilitar la transición. Como vemos, ¡en el sistema mundial imperante no resulta fácil separar a los lobos de los corderos!”. (p.237)

Sobre los frentes populares antifascistas:

“…la política del llamado Frente Popular fluye totalmente de la negación de las leyes de la lucha de clases”. (p.416)

ImagenDimitrov

“En suma, el Frente Popular es un frente político de la burguesía y el proletariado. Cuando dos fuerzas tienden en direcciones opuestas, la diagonal del paralelogramo se aproxima a cero. Esta es exactamente la fórmula gráfica de un gobierno del Frente Popular”. (p. 389)

“La responsabilidad por el ascenso de Hitler recae sobre un nombre: Comintern.” (pag 607)

¿Cómo “contribuía” Trotsky a que la opinión pública viera a la República Española con ojos distintos al franquismo, a discernir allí entre democracia y fascismo?

Con expresiones de este tipo:

“Pero aun suponiendo que Negrín lograra la victoria sobre Franco, el resultado de una victoria puramente militar sería la instauración de una nueva dictadura militar que no sería muy distinta de la dictadura de Franco…”

“…Si la guerra civil en su forma actual se prolonga por un periodo largo ante la creciente indiferencia de las masas nacionales, la culminación podría ser la desmoralización de los dos bandos y un acuerdo entre generales con el fin de instaurar una dictadura militar conjunta”. (p.252)

¿Cómo “ayudaba” Trotsky a que la opinión pública viera a la Unión Soviética con ojos distintos a la Alemania Nazi?

Con frases como éstas:

“Es difícil encontrar en la historia un caso de reacción no teñido de antisemitismo. Esta peculiar ley histórica se corrobora hoy día completamente en la Unión Soviética”. (p. 402)

“La historia no conoce crímenes más horribles, tanto por su intención como por su ejecución, que los procesos de Moscú de Zinoviev-Kamenev y Piatakov-Radek”. (p.108)

“¿Cuándo y en qué lugar la personalidad del hombre se ha degradado tanto como en la URSS?” (p. 200)

“La época en que el imperialismo mundial sometió a la Unión Soviética a un asedio pertenece al pasado. El bloqueo actual es organizado por la misma burocracia soviética. De la revolución, tal como la entiende, solamente ha conservado el culto a la violencia policíaca. Cree que con la ayuda de perros policías se puede cambiar el curso de la historia. Lucha por su existencia con una furia conservadora que no ha sido demostrada por ninguna clase dirigente en toda la historia. Por este camino llegó en corto tiempo a cometer crímenes como no los ha cometido el fascismo”. (p.498)

¿Cuál es la respuesta que Trotsky propone ante el avance fascista?

¡El derrotismo!

Por eso propone ¡negarle financiación al Ejército Republicano Español!

En el Socialist Appeal del 1° de noviembre de 1936, en la primera página, en el editorial, encuentro la frase siguiente: “Los obreros revolucionarios deben proseguir su agitación para conseguir armas para los obreros y campesinos españoles, no para el gobierno democrático burgués español”.

ImagenEsto fue escrito en la época de Largo Caballero, antes de la sangrienta represión de los obreros revolucionarios. “Siendo así, ¿cómo pudimos votar (los trotskistas españoles) a favor del presupuesto militar para el gobierno de Negrin?” (p.285)

“…Llevar la lucha de clases a su forma más alta -la guerra civil- es la tarea del derrotismo. Pero esta tarea sólo puede ser resuelta por medio de la movilización revolucionaria de las masas, es decir, ampliando, profundizando y agudizando aquellos métodos revolucionarios que constituyen el contenido de la lucha de clases en “tiempos de paz”…”

“…El derrotismo revolucionario sólo significa que en la lucha de clases el partido proletario no se detiene ante ninguna consideración “patriótica”, porque la derrota de su propio gobierno imperialista, provocada o acelerada por el movimiento de masas revolucionario, es un mal incomparablemente menor que la victoria lograda al precio de la unidad nacional, es decir, por la postración política del proletariado. Allí radica el significado completo del derrotismo y este significado es totalmente suficiente”. (p. 535)

“Imaginémonos que en Checoslovaquia tenemos una política revolucionaria y que ésta conduce a la conquista del poder. Sería cientos de veces más peligroso para Hitler que el apoyo patriótico de Checoslovaquia. Es por esto que resulta absolutamente obligatorio que nuestros camaradas sigan una política derrotista”. (p.548)

Todas estas manifestaciones públicas de Trotsky, en que fascismo y antifascismo, Hitler y Stalin, se vuelven  variaciones de opresión indiferentes para los pueblos, revelan que no existía ninguna incompatibilidad principista en su pensamiento que pudiera impedirle, ideológicamente, concertar una alianza con Hitler con el fin de derribar a Stalin.

Pero ¿hacer espionaje para los nazis? ¿podría rebajarse a tanto?

A la luz de su pública promoción de la delación, Trotsky se muestra perfectamente capaz de eso:

“Es preciso establecer definitivamente y publicar los nombres de todos los stalinistas extranjeros que tuvieron o tienen cualquier cargo militar, policial o administrativo en España. Todos estos individuos son agentes de la GPU, implicados en los crímenes cometidos en ese país”. (p.334)

“Tenemos que publicar literatura apropiada y recoger fondos para su publicación. En cada país debería ser publicado un libro revelando completamente la sección respectiva de la Comintern”. (p.334)

 III

La confesión de Piatakov

La prensa, en la década del 30

La expresión “Juicios teatrales”, para referirse a los Procesos de Moscú, proviene del nazismo. Su vergonzante origen no impidió que se consagrara hoy mediáticamente en todo Occidente, sin ninguna discusión.

El prestigio inapelable conferido a esta “letra de molde”, desnudaría su artificio si, a la vista de la opinión, apareciera la cobertura viva que la prensa no fascista brindaba de los juicios, en el instante en que tenían lugar, reflejando un tremendo dramatismo que no cabría tras la banal etiqueta de “show”.

La noticia, dada por el New York Times:

“Complot en combinación con el Reich y Japón fueron confesados en el juicio soviético. Trotsky planeaba provocar la guerra, voltear el régimen y crear dos regiones de poder, dijo la acusación. La totalidad de los diecisiete admitieron toda su culpabilidad”.

Cable especial para el New York Times. Por Walter Duranty.

ImagenImagen del original del New York Times

Moscu, 23 de enero de 1937.- Con una clara y descolorida voz, tan precisa y desapasionada como la de un profesor dictando su clase, Gregorio Piatakov, ex Comisario Asistente de la industria pesada, liquidó su vida y la vida de sus dieciseis compañeros acusados, tan pronto comenzara su enjuiciamiento como conspiradores contra el régimen soviético.

Lució como un profesor, con su ancha frente de erudito, anteojos de armazón negro, barba corta y rojiza y cabello ondulado hacia atrás, todo salpicado por el gris de las canas. Pero lo que expuso fue un relato negro de traición, en acto y en intención.

Aquí, por cinco largas horas, no existió la histérica confesión de un fanático desesperado, pero sí un pormenorizado relato de acción conspirativa, poco menos terrible y más convincente que la acusación, cuya lectura ocupó la primera hora de esta sesión de apertura del juicio.

Muy breve y sumariamente, la acusación enunció cinco cargos: un intento de derribar el gobierno soviético y restaurar el capitalismo, un pacto con estados extranjeros enemigos –Alemania y Japón- para provocar la guerra, invasión y apoderamiento de territorio soviético, espionaje, sabotaje y el intento de cometer actos de terrorismo, incluídos el asesinato de líderes soviéticos.

Todos los acusados se declararon culpables de los cinco cargos de la acusación, cualquiera de los cuales sería suficiente en este país para fusilar siete, setenta o setecientas veces a los diecisiete conspiradores.

Solamente el sabotaje y el espionaje fueron hechos consumados, pero Piatakov dejó en claro que la voluntad por todo lo demás estaba presente, aunque su realización fue imposible. Todo esto, dijo, fue por órdenes directas de León Trotsky, y su exposición llegó al climax con la descripción de una visita secreta suya a Trotsky en Oslo, Noruega, en diciembre de 1935.

En este punto, la audiencia entera de 500 personas –diplomáticos extranjeros, reporteros y altos funcionarios rusos, con muchos oficiales uniformados pero pocas mujeres- se inclinó hacia adelante con concentrada atención.

El juicio se desarrolló en un pequeño hall del ex Club de Nobles, un largo salón bajo, con paredes de verde claro, rematado en un friso blanco como una calza de madera china. Es la primera vez en cualquier juicio al que este cronista haya asistido aquí, que el estrado de los jueces estuvo decorado en verde en lugar de rojo. El presidente del tribunal, Vassili M. Ulrich y sus dos colegas estaban uniformados, porque ésta es una suprema corte marcial, contra cuya decisión no existe apelación, y cada media hora, guardias de alta estatura, de uniforme caqui con sus bayonetas inmóviles y cascos con visera de lana azul oscuro se encuadraban en postura rígida como de estatuas al lado de la barra que rodeaba el escenario, donde los acusados estaban ubicados escuchando las palabras que significaban su muerte segura.

Piatakov estaba contando ahora que se había entrevistado con un emisario trotskista, a través del corresponsal del periódico Izvestia en Berlín, Bukhartsef, quien luego testificó en confirmación de esto y dió el nombre del emisario, al que identificó como Gustav Stimmer.
A la mañana siguiente, continuó Piatakov, se fué temprano al aeropuerto de Tempelhof, donde el emisario se encontró con él y le dió un pasaporte alemán, a nombre supuesto, con una visa noruega y a las tres en punto de la tarde se ubicó velozmente en un avión, en el cual él era el único pasajero, hasta el aeropuero de Oslo, desde donde raudamente se dirigió en auto hasta la residencia de Trotsky.

“¿Cómo fué arreglado todo esto?”, preguntó el fiscal Andrei Vishinsky.

Piatakov se encogió de hombros, pero Bukhartsef, quien también está bajo arresto y que ha admitido haber sido parte de la conspiración, señaló insipidamente sobre la misma cuestión: “Stimer conocía la gente capaz de arreglar las cosas para encausar esto”.

Aparece en escena el nombre de Hess.

La  entrevista, que se extendió por dos horas, fue asombrosa, a menos que Piatakov hubiera mentido, porque Trotsky, de acuerdo con Piatakov, comenzó por decir que se había reunido y realizado un pacto con Rudolf Hess, ministro alemán sin cartera y uno de los cancilleres de Adolfo Hitler, jefe de sus partidarios, quién garantizó el apoyo alemán al grupo zinovietista-trotskista.

Gregorio Zinoviev, León Kamenev y otros catorce fueron ejecutados el pasado agosto, como consecuencia de haberse declarado culpables de los cargos de conspiración para matar a José Stalin y derribar el régimen soviético.

En compensación, testificó Piatakov, los trotskistas, siempre y cuando ellos hubieran obtenido el poder, entregarían a Alemania la Ucrania –no quizá en forma absoluta , pero sí bajo la forma de un gobierno burgués semiautónomo, al estilo del de Hetman Skoropadsky en 1918- y todas las facilidades para las inversiones de capital germano en Rusia y para su acceso al oro, hierro, petroleo, carbón y manganeso y al mercado de demanda ruso, en resumen, una virtual alianza entre Hitler y Trotsky.

Además, de acuerdo con Piatakov, Trotsky dijo:

“Cuando la guerra comience –y esto, desde luego, es inevitable- nosotros debemos hacer lo máximo posible para coordinar nuestro esfuerzo con Alemania y quizá Japón para el sabotaje y la acción terrorista de todo tipo”.

“Nosotros debemos hacer esto incluso ahora, en el interregno, pues es el único camino para derribar el gobierno estalinista (aquí Piatakov hizo una pausa para explicar que Trotsky nunca se refirió al gobierno soviético como tal, sino al gobierno estalinista) y tomar el poder para nosotros”.

“¿Qué está usted significando?”, preguntó el Sr. Vishinsky en medio de un tenso silencio, “¿que este fue el programa que Vd. adoptó o el que simplemente Trotsky aconsejó?”

Piatakov vacila.

ImagenImagen del original del New York Times

Piatakov vaciló.

“Quiero significar”, dijo, “que estas fueron las instrucciones de Trotsky, sí, y que éste fue nuestro programa”.

“Trotsky explicó que cualquier intento de trabajo en las masas era imposible, porque éstas estaban hipnotizadas por el progreso soviético en la agricultura y la industria y por lo tanto nuestra única espectativa era una acción desde arriba, por pequeños grupos de altos dirigentes, que podría organizar el terrorismo, asesinatos y sabotaje en una gran escala, además de dar a los amigos extranjeros muy valiosa información”.

Piatakov agregó que él fue personalmente el responsable de la organización de la conspiración, porque su posición como Vice Comisario para la Industria Pesada y la posterior como presidente del complejo industrial químico, le permitía nombrar trotskistas en puestos claves para la preparación y el lanzamiento del sabotaje.

Testificó que Karl Radek, una opinión muy autorizada por sus artículos en el periódico Izvestia, y Gregorio Sokilnikov, ex Vice Comisario de Asuntos Extranjeros y Embajador en Londres, eran quienes entre los acusados tenían en sus manos lo referido al espionaje y el contacto con los amigos extranjeros, al comienzo con los alemanes y luego con los japoneses. Piatakov fue más lejos y declaró que Sokolnikov había tenido una conversación sobre la materia con un embajador extranjero aquí.

Ante la audiencia atónita, el juez Ulrich hizo sonar el timbre y dijo repentinamente “¡No mencione nombres!”, mientras el fiscal Vishinsky exclamó: “Esto será discutido en sesión cerrada”, la primera señal, que en éste como en otros casos anteriores similares, parte del juicio será conducido a puerta cerrada.

Una vez que Piatakov reiterara “todo esto fueron instrucciones de Trotsky, las cuales, dijo, habían sido elaboradas en coordinación con el Estado Mayor Alemán”, el juez Ulrich interrumpió diciendo “omita la cuestión internacional” y el Sr. Vishinsky lo cortó arremetiendo con esta severa pregunta, repicada con el sonido de un timbre funerario, “Vd. hizo esto, Vd. planeó esto, ¿no fué esto un crimen contra el Estado?”

En un primer momento, Piatakov perdió el dominio de sí mismo ante esta despiadada exclamación: “Vd. cometió sabotaje”. El fiscal lo apremió: “¿ No fué esto un crimen contra el Estado?”. “Y el espionaje, ¿no es eso un crimen?”. “Vd. planificó muertes. ¿No fué eso un crimen?” “Vd. ofreció a los enemigos parte de nuestra patria. ¿No es eso un crimen?”

Testifica repitiendo debilmente

Piatakov, abatido, se encogió como empequeñeciéndose. Con un hilo de voz repetía a cada pregunta: “Sí, yo lo hice, sí, eso fue un crimen”.

“¿Con qué objeto?”, el Sr. Vishinsky gritó. Pero entonces ya no hubo respuesta.

Este periodista cree que para un hombre como Piatakov, con una trayectoria exitosa y brillante, de quien Lenin habló tan elogiosamente, no podrá haber momento más amargo que este día, y de aquí en más sólo suspirará con alivio en el último segundo, cuando los rifles se alineen como lanzas frente a su pecho.

El veredicto de este juicio será mucho más convincente para la opinión extranjera que el del juzgamiento de Kamenev-Zinoviev.

El fiscal declaró que uno de los acusados, I.A. Kniazev, estaba comprobadamente en posesión de documentos que establecían más allá de toda duda una conexión con los militares japoneses del servicio de inteligencia. Esta prueba, presumiblemente, será realizada.

La fiscalía fue también afortunada en la capacidad de su “estrella” Piatakov, cuyas palabras aportaron convicción a los oyentes más incrédulos.

Uno de los más experimentados diplomáticos extranjeros dijo a este periodista, a la noche, “si esto es mentira, entonces yo jamás he visto una verdad”.

Por lo demás, los otros acusados nombrados por Piatakov, en lugar de negar lo que éste dijo, como ocurriría en cualquier juicio, confirmaron plenamente todo y sin alterarse.

Finalmente, habrá testigos, no muchos y no enteramente independientes, como Bukhartsev y Vladimir Romm, corresponsal de Izvestia en América, quien, según Radek dijo, trajo las primeras cartas de Trotsky para él y llevaba sus contestaciones.

Ellos están bajo arresto, o en cualquier caso, “retenidos como testigos materiales”. Pero ellos constituyen evidencia, sin embargo, que se suma a las confesiones.

La confesión de Piatakov en un informe al Departamento de Estado.

El carácter secreto del siguiente documento le quita la sospecha de “discurso para plaza pública”. Está destinado a orientar la política real del gobierno norteamericano y no a fines propagandísticos. Tratándose del informe de un funcionario a su superior, existe una obligación legal de decir la verdad.

“Moscú, febrero 17 de 1937.
“AL HONORABLE SECRETARIO DE ESTADO
“JUICIO RADEK POR TRAICIÓN  (Enero 23-30)
“Estrictamente confidencial

“Señor:
“Tengo el honor de informar lo siguiente con respecto a ciertos rasgos salientes e impresiones personales relacionadas con el llamado juicio Trotsky-Radek por traición…

…Los principales acusados eran Piatakov, Radek, Sokolnikov, Serebriakov y Muralov. Piatakov fue el primero en declarar y se situó ante el micrófono, de frente al fiscal, y se dirigió a él como un profesor que dicta su lección. Había sido Asistente del Comisario del Pueblo para la Industria Pesada; tenía la reputación de ser uno de los que lograron el triunfo del Plan Quinquenal y declaró que provenía de una antigua familia de fabricantes. En detalle, calmo y desapasionado, procedió a la narración de sus actividades criminales. A medida que continuaba (como se realizó también con los otros) su testimonio debió ser interrumpido por el fiscal, quien preguntó a varios de los otros acusados para corroborar ciertas afirmaciones específicas que el describía. En algunos casos modificaron o discutieron acerca de algunos hechos, pero en general, corroboraron el crimen cometido. Todo esto lo realizaban los acusados con el máximo de indiferencia…

…La declaración desapasionada, lógica y detallada de Piatakov y la expresión de sinceridad con que la emitió denotaban convicción…

…He hablado con muchos, sino con todos los miembros del Cuerpo Diplomático de ésta y, con posiblemente una sola excepción, todos eran de opinión que las actuaciones establecían claramente la existencia de un complot y conspiración política para derribar al gobierno.
En el Cuerpo Diplomático no existe unanimidad de opinión con respecto al testimonio cuando se refería al alegado acuerdo de Trotsky con Japón y Alemania. La argumentación de dicho plan, tan calmosamente discutido y defendido por Sokolnikov y también por Radek, era aceptada por algunos, que señalaban que el mismo estaba de acuerdo con la conducta de Lenin al conquistar el poder mediante el uso del militarismo germano en 1917 y la ascensión de los socialdemócratas en Alemania de las cenizas de la guerra. Para otros, esa parte de la prueba había que descartarla. Pero todos convenían en que el estado había probado un caso de conspiración contra el actual gobierno…”

Joseph E. Davies
Embajador de EEUU en la URSS
Fuente: Joseph Davies, Misión en Moscú,  Edit. Tor Bs.As. pag. 38 a  42

Las objeciones de Trotsky

Para Trotsky, deshacerse de la pesada carga que le representaban los procesos de Moscú y su difusión, equivalía a un grosero descalificarlo todo: no sólo a los protagonistas –acusadores y acusados (a éstos los presenta inocentes de los cargos, pero quebrados y traidores)-  sino también a la jerarquía del entorno de sus testigos presenciales. Dice en 1936: “¿Los extranjeros? Diplomáticos indiferentes que desconocen el idioma ruso, o periodistas como Duranty, que ya tienen sus opiniones preconcebidas”. (ob. cit.pag. 37)

Sin embargo, y exactamente al contrario de lo que allí asevera Trotsky, los procesos, como sucesos políticos de primera magnitud, acaparaban la atención de los diplomáticos acreditados en la URSS; así se acaba de ver en la anterior cita de “Misión en Moscú”, el célebre libro del embajador norteamericano Joseph Davies.

En cuanto a Duranty, que firma el despacho del New York Times arriba visto, no podría decirse, en 1936, que sus ideas sobre Rusia fueran preconcebidas: los archivos del periódico muestran que, por lo menos desde 1923, realiza una frondosa tarea periodística desde el país de los soviets. Este brillante periodista, escritor premiado (O. Henry 1928), fue galardonado con el Pulitzer (1932) precisamente por su trabajo en la Unión Soviética. Su huella es una espina que aun duele, no sólo al trotskismo, sino a la derecha norteamericana y mundial. En su momento, Trotsky lo catalogó como “amigo de la URSS”, lo que, en boca suya, equivalía a dura denostación. Pero a décadas de su fallecimiento, en tiempos de campaña por la reelección de Bush, los republicanos reclamaron se lo despoje post mortem del Pulitzer. El New York Times se negó a devolver la estatuilla. A la cruzada se agregó la embajada de Ucrania en la Argentina, que anunció la junta de firmas con igual propósito desde noviembre de 2008. Congresistas norteamericanos que se entrevistaron con Raul Castro fueron consiguientemente fustigados “por actuar en la isla a lo Duranty, ver lo que habían deseado ver”.

Las Actas Taquigráficas de los Procesos fueron publicadas en distintos idiomas y el contenido de esas actas pudo cotejarse con las crónicas periodísticas, así como con las memorias de Joseph Davies. El resultado es que nadie objetó la autenticidad de estas constancias. Ningún impugnador de los procesos ha podido negar que Bujarin o Piatakov dijeron lo que las actas dicen que dijeron.

De la confesión de Piatakov, en Actas Taquigráficas

El diálogo que sigue confirma y perfecciona el relato periodístico y contribuye a corroborar la espontaneidad que informa la crónica, dada la psicología sutil que acompaña las réplicas entre el fiscal y el acusado.

Vychinski: ¿Pero usted se daba cuenta de que todo cuanto hacía era un crimen de Estado muy grave?

Piatakov: No lo tenía claro en el transcurso de aquella conversación.

Vychinski: En 1931, cuando usted recibió la orden de emprender el camino del terrorismo, ¿era o no era éste uno de los más graves crímenes de Estado?

Piatakov: Sí, seguramente.

Vychinski: En 1932 le fue confirmada esta orden y usted se encargó de llevar a cabo esta tarea. ¿Era esto uno de los más graves crímenes de Estado?

Piatakov: Exactamente igual.

Vychinski: ¿Es decir?

Piatakov: Era uno de los más graves crímenes contra el Estado.

Vychinski: ¿La orden de sabotaje le fue transmitida por mediación de Radek o bien directamente?

Piatakov: Me la transmitieron a mí personalmente.

Vychinski: ¿Y la aceptó?

Piatakov: Sí.

Vychinski: ¿Cómo califica usted esto?

Piatakov: Exactamente igual.

Vychinski: ¿Es decir?

Piatakov: Como uno de los más graves crímenes contra el Estado.

Vychinski: ¿Recibió la orden de cometer actos de diversión?

Piatakov: Sí.

Vychinski: ¿Cómo califica usted esto?

Piatakov: Exactamente igual.

Vychinski: ¿Le dieron alguna orden sobre terrorismo?

Piatakov: Sí.

Vychinski: ¿Cómo califica usted esto?

Piatakov: Exactamente igual.

Vychinski: ¿Le dieron una orden sobre espionaje? ¿Cómo lo califica usted?

Piatakov: Exactamente igual.

Vychinski: ¿A favor de quién?

Piatakov: No voy a decir aquí a favor de quién.

Vychinski: ¿A nombre de quién y con qué finalidades políticas? Cuando aceptó en 1931 la orden sobre sabotaje, cuando aceptó la orden sobre los actos de diversión, cuando aceptó la orden sobre espionaje y las relaciones con los servicios de espionaje de ciertos Estados extranjeros, ¿estaba todo claro para usted o bien no sabía adónde conducía todo esto? ¿Cómo califica esta serie de hechos?

Piatakov: Si lo hubiera visto todo claro, es probable que las cosas hubiesen sucedido de otro modo.

Vychinski: Sin embargo, ya es usted un hombre mayor. Procedamos en sentido inverso. Al aceptar la orden sobre terrorismo, ¿no comprendió que se trataba del asesinato de los dirigentes de nuestro Partido?

Piatakov: Lo comprendí, por supuesto.

Vychinski: ¿Y no es esto uno de los mayores crímenes contra el Estado?

Piatakov: Evidentemente, claro está.

Vychinski: ¿Por qué dice entonces que esto no estaba claro para usted?

Piatakov: No se trata de este aspecto de la cuestión.

Vychinski: Es este aspecto el que me interesa como Fiscal. ¿Cómo puede decir que esto no estaba claro? ¿Qué hay en ello de oscuro: va a la U.R.S.S., organiza allí grupos terroristas, organiza el asesinato de los dirigentes del Partido y del Gobierno. ¿Está claro o no?

Piatakov: Evidentemente, está claro
.
Vychinski: ¿Qué es, pues, lo que no está claro para usted?

PIATAKOV calla.

Vychinski: Para mí está muy claro, igual que para todo nuestro pueblo y, probablemente, para usted también.

Piatakov: Pero ya le he dicho que lo vi claro más tarde.

Vychinski: Es lo que le pregunto: ¿está claro para usted?

Piatakov: Es evidente que está claro.

Vychinski: ¿Existía la orden de precipitar la guerra?

PIATAKOV calla.

Vychinski: Ayudar al agresor, ¿es ayudar al fascismo?

Piatakov: Sí.

Vychinski: ¿Quien ayuda al fascismo es un agente del fascismo?

Piatakov: No siempre.

Vychinski: ¿Y en este caso?

Piatakov: En este caso, completamente.

Vychinski: ¿Está, pues, esto claro? No tengo más preguntas que hacer.

Fuente: Pierre Broue, “Los Procesos de Moscu”, Editorial Anagrama, Web. El autor es uno de los más conocidos historiadores. trotskistas.

IV

¿Por qué la descalificación de los Procesos de Moscú está en el centro del relato ideológico dominante?

El talón de Aquiles de la estrategia guerrera norteamericana, abismalmente superior en la misilística y la aviación, es la infantería. La carne de cañón le escasea. Es el síntoma inequívoco del nulo entusiasmo épico que genera la perspectiva del capitalismo. Por eso mismo, ahora se ensaya la guerra con robots, sin la presencia de soldados siquiera mercenarios. Pero ello es el termómetro que mide mejor que cualquier encuesta, cual es el grado de adhesión positiva que cosecha el imperialismo en las masas populares. Por lo tanto, sembrar escepticismo sobre el socialismo, es la principal arma ideológica de la burguesía actual, que apenas se sostiene en la atomización individualista que presupone el consumismo y no en la firmeza de una convicción social.

El capitalismo ya no presume ser ético ni solidario; la desigualdad agravada es su naturaleza asumida. Pero, dice, su fuerte es la eficiencia económica y allí coloca su derecho a existir. Le ha robado letra al marxismo: si el “socialismo real” y su burocracia mostraron ser un freno al desarrollo de las fuerzas productivas, los capitalistas tienen el derecho histórico a existir y a ser como son.

Toman para ello el último período del socialismo europeo, cuando estaba precisamente en proceso de abandonar el socialismo y regresar al capitalismo. Anteriormente, los ritmos socialistas de progreso económico y social fueron siempre superiores a los del capitalismo.

Sin embargo, el argumento conservaría alguna apariencia convincente bajo el requisito de otro preciso olvido: que la Unión Soviética, en los años del período de Stalin, signó la época por asombrosos ritmos de desarrollo económico y dinámica social, absolutamente inalcanzables para el capitalismo, con niveles inéditos de igualdad social en la historia de la civilización y esto con elementos tan poco pragmáticos como la elevación moral y la eliminación del lucro como principio rector de la vida social. ¡Sin lucro y con máxima eficiencia! Para el sentido común capitalista, es como abolir la ley de la gravedad. Así fue como Stalin y su sociedad resultaron ser la inaceptable conciencia  del mundo presente, su fantasma en estado de perpetuo exorcismo.

Pero, ya se ha dicho, la descalificación del socialismo es el aire con que respira la hegemonía burguesa.

Por entonces, frente a la imponencia de su desarrollo material, la impugnación de la sociedad soviética se refugió en su “faceta espiritual”. En Rusia, dijeron, podrá haber pan y trabajo; lo que no podrá haber es libertad. Absurdo: no es posible edificar desde sus cimientos la más moderna de las sociedades sin grados superiores y masivos de libertad individual, en términos políticos, sin una gran iniciativa de las masas.

¿Entonces? ¿Cómo convertir el día en noche? ¿Qué hechos trajeron a colación?: las represiones de 1936-1938. Masivas ejecuciones, afirmaron, tuvieron lugar para acallar discordancias con el pensamiento único del dictador, Stalin. La especie fue utilizada hasta el día de la fecha como elemento central del pensamiento antisoviético, aunque con un progresivo aumento de las cantidades de muertos. Hace 50 años, el trotskismo hablaba de “decenas de miles de eliminados físicos o morales”, luego se pasó a millones de muertos bien muertos y ahora la cuota está en las decenas de millones.

La cantidad hace a la calidad. A medida que las instituciones del capitalismo se vacían de liberalismo real y la sociedad disuelve sus valores en el consumismo, se necesita que Stalin asesine ya no a la libertad y la democracia, sino a la población entera misma para provocar un efectivo rechazo.

ImagenVidkun Quisling-Noruega
Aliado de la ocupación nazi
Ejecutado en 1945

Se necesita que la población, incluidas sus capas cultas, ignore que en la URSS, la libertad de pensamiento estaba legalmente garantizada; que las represiones se justificaron, no medievalmente, por abstractas razones ideológicas, sino por una perentoria necesidad de defensa nacional.

Se necesita que se ignore que, frente a la inminente guerra, el gobierno soviético proclamó imprescindible deshacerse de la quinta columna, pro-alemana en lo fundamental.

Que aquella no fue una decisión arbitraria, adoptada sin más argumento que la voluntad de un poder despótico.

Que la existencia de la quinta columna fue probada en sede judicial, en juicios públicos, ante una audiencia nacional absolutamente movilizada y con la presencia del Cuerpo Diplomático extranjero y de los principales periódicos y agencias periodísticas del mundo, que desparramaban al instante los eventos del juicio oral al conjunto de los países.

Se necesita, en síntesis que se ignore qué fueron los Procesos de Moscú.

Al juzgarse allí a los máximos responsables políticos de la Quinta Columna,  los Procesos de Moscú definieron la naturaleza misma de la represión, su contenido, su finalidad, tan distinta a la de eliminar la libertad de pensamiento, como que constituía una acción concreta contra el fascismo.

Así llegamos al nudo del problema.

La cuestión es que los Procesos de Moscú demuestran que tales represiones no son adjudicables a una naturaleza intrínseca del sistema soviético, sino a la inminencia de una agresión externa, proveniente principalmente de Alemania.

ImagenJozef Tiso-Checoslovaquia
Aliado de los nazis
Ejecutado en 1947

Los Procesos de Moscú prueban, con los hechos, que la violencia política al interior de la Unión Soviética no es responsabilidad interna, del socialismo, sino externa, del capitalismo, inutilizan de este modo la última objeción que se le formula al socialismo.

Si el consenso social aceptara la verdad de los Procesos de Moscú, quedaría al descubierto el carácter flagrantemente reaccionario de su negación en la URSS (XX y XXII Congresos, las sucesivas rehabilitaciones de los condenados) y entonces se asociaría el postrero estancamiento y degradación soviéticos, no a un efecto inmanente del socialismo, sino a su abandono.

Así se volvió imprescindible para la burguesía mundial declarar, como lo hicieron a su turno Trotsky y Goebbels, que los Procesos de Moscú fueron, de cabo a rabo, una representación teatral.

La repitencia ininterrumpida, durante 75 años, de este mensaje esencial para la justificación del capitalismo, viene naturalizando en la conciencia social una versión insostenible de los hechos.

1) ¿La Quinta columna fue una “fantasía urdida por Stalin” como taparrabo de la eliminación de la oposición de trotskistas y aliados?

a) La historia posterior mostró que la quinta columna fue un modus operandi nazi aplicado a todos los países que invadió. Incluso fue descubierta en los propios EEUU.

“Era justamente tres días después de que Hitler había invadido a Rusia. Alguien en la reunión preguntó: “¿Qué hay sobre las quintas columnas en Rusia?” Inmediatamente respondí: “No existen; sus miembros fueron fusilados”.

“No hubo o no se produjo la tan mentada “agresión interna” en Rusia, cooperando con el Alto Mando Germano”.

“La marcha de Hitler sobre Praga, en 1939, fue seguida del activo apoyo militar que le prestaron las organizaciones de Henlein en Checoslovaquia. De la misma manera fue invadida Noruega”.

“En la vida interna de Rusia no hubo Henleins de los Sudetes, Tisos eslovacos, ni Degrelles belgas, ni Quislings noruegos…

“Ninguno de nosotros en Rusia en 1937 y 1938 paraba mientes sobre la significación de las actividades de la “Quinta Columna”. La frase no era corriente. Es relativamente reciente el empleo en nuestro idioma de frases tan descriptivas de la técnica nazi, tales como “Quinta Columna” y “Agresión Interna”…Únicamente en los últimos dos años, merced al Comité Dies y a la FBI, han sido descubiertas las actividades de las organizaciones germanas en este país y en la América del Sur…El gobierno soviético, aparece claro ahora, ya estaba entonces sutilmente atento con respecto a los planes…germanos…y del ‘trabajo interno” que se venía desarrollando en Rusia como preparatorio para el futuro ataque alemán…Los anuncios de los procesos y ejecuciones (purgas) sobre toda Rusia durante ese año (1938) imputaban invariablemente a los acusados el ser causantes de una actividad desleal y subversiva, en pro de una “potencia extranjera” que deseaba la caída del Estado Soviético…”

(Joseph Davies, op. cit. pag. 187)

b) Establecido que la Quinta columna pro-nazi era un fenómeno que se daba universalmente, ¿quiénes podían ser los quintacolumnistas en Rusia? No la burguesía, no la nobleza, que había sido alejada del poder. Los únicos candidatos para ejercer de quintacolumnistas en forma orgánica eran precisamente estos disidentes clandestinos que se ubicaban en posiciones prominentes del poder político y estatal. No se es quintacolumnista desde el llano, se lo es desde el propio poder.

c) Ningún traidor individual puede ejercer la quinta columna, que es una actividad organizada. La Quinta columna en Rusia solo pudo ser llevada adelante por sectores políticos disidentes con gente ubicada en posiciones de poder. Esto es precisamente lo que describen los Procesos de Moscú.

ImagenKonrad Heinlein-Checoslovaquia
Aliado de la ocupación de los Sudetes
Se suicidó en 1945

2) ¿Tenía Stalin motivos para organizar una farsa judicial en perjuicio de Trotsky, Bujarin y demás?

a) Nadie en su sano juicio podría hoy decir seriamente: “Para asegurar su continuidad en el poder, Cristina Kirchner (54% de los votos), proyecta armar una farsa judicial para procesar a Jorge Altamira (1% de los votos) y eliminarlo así como contendor en las próximas elecciones presidenciales”.

Pero así de descabellado resulta suponer que Stalin necesitaba de una farsa judicial para evitar confrontarse democráticamente con un Trotsky o un Bujarin, o que necesitara, en general, apelar a la violencia para combatir la presencia de tamañas disidencias, si éstas hubieran buscado expresarse en forma democrática y no en conspiraciones de cúpula en alianza con el nazismo. Alguien tan poco “stalinista” como Jruschov recuerda:

“¿Es cierto que los trotskistas en ese tiempo constituían un peligro para el Partido y el Estado Soviético? Debemos recordar que en 1927, en vísperas del XV Congreso del Partido, el movimiento trotskista-zinovievista de oposición sólo obtuvo 4.000 de los 724.000; votos emitidos”.

¡724.000 a 4.000! ¡Y esto en 1927! ¿Qué “peligrosa” oposición democrática podrían representar en 1936 estos sectores, cuando la popularidad de Stalin, con el éxito del primer plan quinquenal, llegaba a su apoteosis y la posibilidad del socialismo en un solo país demostraba su viabilidad, pulverizando las agorerías de los Trotsky y los Bujarin?

b) No obstante, estos guarismos partidarios de 1927 podrían no significar nada si fueran la manipulación de una dictadura terrorista, como se inclinarán a sospechar quienes sostienen prejuicios anticomunistas, o quienes entienden que una votación democrática nunca es demasiado categórica.

Stalin     724.000 votos
Trotsky      4.000 votos

Pero ¿imperaba en la URSS -1927- algo siquiera parecido a una dictadura?

El propio Jruschov, en el mismo documento que impulsa mundialmente la moderna campaña contra Stalin lo desmiente:

“Vale la pena destacar que aún durante el proceso de la furiosa lucha ideológica contra los trotskistas, los zinovievistas, los bujarinistas y otros, no se usaron extremas medidas represivas contra ellos; la lucha se realizó en un terreno ideológico”. (Jruschov, Informe secreto al XX Congreso del PCUS)

Alicia Dujovne Ortiz, columnista del diario La Nación, liberal de derecha, relata una entrevista de Stalin con Barbusse, reflejando un escenario distendido, impropio de un terror de estado:

“En 1927, hacía rato que Stalin era secretario general del Comité Central del Partido Bolchevique. Pero su oficina todavía no estaba en el Kremlin; el georgiano seguía juntando poder, matándolas callado y sin adoptar modales de jefe. Además, tal como un Carlos (Dujovne) aún programado por el disco interno lo escribió en sus papeles, “sólo se comenzaron a adoptar medidas extraordinarias de resguardo de su persona cuando la oposición trotskista pasó a la lucha conspirativa y a los atentados terroristas”.

“Así pues, los recibió en la sede del Comité Central, gran edificio moderno, de cemento, que daba a una callejuela tranquila, al frente de la muralla de Kitai Gorod. Mostrando su carnet, el último de los afiliados podía entrar allí como perico por su casa.” (Alicia Dujovne Ortiz, “El camarada Carlos”)

En su auto panegírico, “Mi Vida”, Trotsky califica el ascenso y consolidación de Stalin en el liderazgo soviético, como el resultado de una dictadura previamente instalada. Pero si se depura su relato de las adjetivaciones, los hechos desnudos, que él mismo pone en juego, lo desmienten.

ImagenLIBRO MI VIDA TROTSKY Propaganda en Página 12:
“Los medios sugieren a la juventud quién es el verdadero revolucionario

¿Cómo se coartaría concretamente la democracia en la vida soviética en aquella década del 20, que es el tiempo del ascenso de Stalin a la condición de primer dirigente comunista?

Así se expresa Trotski:

“A la campaña intelectual venía a sustituir la mecánica administrativa: orden telefónica de enviar la burocracia del partido a las reuniones de las células obreras, concentración de los automóviles de los burócratas delante de los locales en que las reuniones se celebran, pitidos de las sirenas, silbas y protestas clamorosas, magníficamente organizadas en cuanto aparecía en la tribuna algún representante de la oposición. La fracción gobernante se imponía por el terror, mediante su mecánica de poder, a fuerza de amenazas y represalias. Antes de que la masa del partido hubiera tenido tiempo a averiguar, comprender o decir algo, se la atemorizaba con la perspectiva de una escisión o de una catástrofe. La oposición no tuvo más remedio que emprender la retirada”. (Trotski, Mi Vida, Última fase de la lucha dentro del partido)

Abstrayendo del texto sus calificaciones, puede apreciarse que  “amenazas, represalias, temor a la escisión, silbidos…” habrían sido  el frugal menú represivo ante el cual la oposición “revolucionaria” “no tuvo más remedio que emprender la retirada”…

En sus dichos no se computan presos, no hay torturas, no hay crímenes políticos…no hay siquiera una escaramuza con algún golpe de puño.

Pero veamos, siempre a través de Trotski, hasta dónde habría llegado la represión cuando el enfrentamiento encuentra su climax.

“En varios lugares de Moscú y Leningrado se celebraban reuniones secretas de obreros, obreras y estudiantes, en que se congregaban de veinte a cien, y a veces doscientas personas, a oír la voz de un representante de nuestras filas. Yo solía asistir a dos o tres, y en ocasiones hasta a cuatro reuniones de estas, en un día. Generalmente, se celebraban en casas de obreros. Imagínense dos habitaciones pequeñas abarrotadas de gente y al orador dirigiendo la palabra desde la puerta por la que las dos habitaciones se comunicaban. A veces, los concurrentes se sentaban por los suelos, aunque lo frecuente era que estuviesen de pie, por falta de sitio. De vez en cuando, se presentaba un delegado de la Comisión de vigilancia e intimaba a los reunidos a que se disolviesen. En tales casos, lo que se hacía era invitarle a que tomase parte en la discusión. Y si molestaba, se le ponía de patitas en la calle”. (Op. Cit)

Reuniones “secretas” en presencia del “represor”, que “si molestaba, se le ponía de patitas en la calles”…

En el pico de la represión, que sería el destierro de Trotski, el relato de su arresto, a cargo de la mujer de Trotski, da una medida de lo poco contundente que habría sido ese “terror stalinista”:

“No abrimos. Dieron un mazazo a la puerta y un trozo de ella saltó hecho astillas. Asomó una manga de uniforme. -¡Dispare usted contra mí, camarada Trotsky, dispare usted! -gritaba, todo excitado, Kitchkin, un antiguo oficial que había acompañado a L. D. muchas veces en sus viajes al frente. -¡No diga usted tonterías, Kitchkin-le contestó serenamente L. D.-, que nadie pretende disparar contra usted, pues sabemos que no hace más que cumplir las órdenes que le dan! Abrieron la puerta y entraron al cuarto, todos excitados y confusos”. (Op.cit)

Tampoco el envío de Trotski a Siberia parecería haber inaugurado la noche totalitaria. Siguió haciendo política, empleando, por fuera de los métodos clandestinos, al propio correo oficial.

“Desde abril hasta octubre de 1928, expedimos desde Alma-Ata unas ochocientas cartas políticas, algunas de ellas con trabajos bastante extensos, y hacia quinientos cincuenta telegramas. Las cartas recibidas ascendieron a mil, en números redondos, incluyendo las grandes y las pequeñas, y los telegramas a setecientos, la mayoría de ellos colectivos. Esta correspondencia se cruzó, principalmente, dentro de la zona de los desterrados, pero éstos se encargaban de hacerla circular también por el país. En los períodos más favorables recibíamos a lo sumo la mitad de las cartas que se nos dirigían. Además, recibimos desde Moscú unas ocho o nueve veces, por medio de propios, envíos secretos; es decir, material y cartas clandestinas, y otras tantas veces hicimos nosotros envíos semejantes con destino a la capital. Estos envíos nos informaban de todo, y nos permitían adoptar una actitud frente a los sucesos más importantes, aunque con un retraso considerable muchas veces”. (Op. Cit)

ImagenPierre Laval-Francia
Colaboracionista de Alemania
Ejecutado en 1945

Finalmente llega el destierro. Trotsky se rasga las vestiduras como peregrino en el “planeta sin visado”. Lo que no dijo entonces, pero se le escapó años después, es que la “mano de hierro de Stalin” le entregó u$s 2.500 (algo así como u$s 250.000 actuales) para la subvención de él y su familia en el extranjero.

“…declaro categóricamente: la única suma que he recibido del tesoro soviético desde mi destierro de Rusia fueron 2.500 dólares que me fueron entregados por un agente de la GPU en Constantinopla para la sobrevivencia de mi familia y la mía. Dicha suma se me dio con toda legalidad y el agente obtuvo un recibo de mi parte”. (Trotsky, Tomo V ob.cit. pag. 458)

c) En esta autobiografía, Trotsky no denuncia fraude electoral, ni ha encontrado objeción alguna a la legalidad de su arresto, destierro y expulsión del país, tópicos todos que ignora por completo, a pesar de que serían centrales en su historia personal y esenciales a la hora de denunciar con hechos concretos una dictadura.

d) El aislamiento político de Trotsky por esos años se manifiesta también en el VI Congreso de la Internacional Comunista. Dice Trotsky: “Pero sabemos que de cada cien votos aproximadamente no se han pronunciado por las tesis de Preobrachensky más que unos tres…”  (Op. Cit)

e) Trotsky mismo, termina por desvanecer a ese paródico terror de estado que construye como causa de su caída, y reconoce de hecho que esta se opera por una pérdida de su crédito político en la sociedad.

¿Autocrítica? ¿Errores suyos? No. Las masas y el partido lo abandonan porque, según él, las masas y el partido abandonan la Revolución.

Dice Trotsky: “Muchas veces me han preguntado, y aun es hoy el día en que hay quien me pregunta: “¿Pero cómo dejó usted que se le fuese de las manos el Poder?” Y generalmente, parece como si detrás de esta pregunta se dibujase la representación simplista de un objeto material que se le resbala a uno de las manos; como si el perder el Poder fuese algo así como perder el reloj o un carnet de notas. Cuando un revolucionario que ha dirigido la conquista del Poder empieza, llegado un cierto momento, a perderlo -sea por vía “pacífica” o violentamente-, ello quiere decir, en realidad, que comienza a iniciarse la decadencia de las ideas y los sentimientos que animaran en una primera fase a los elementos directivos de la revolución, o que desciende de nivel el impulso revolucionario de las masas, o ambas cosas a la vez”. (Op. Cit., Muerte de Lenin y desplazamiento del poder)

f) Trotsky no los menciona, pero hay hechos históricos que no podrían obviarse en una composición de lugar sobre la correlación de fuerzas Stalin-Trotsky, en 1927, sobre sus respectivos arraigos partidarios y de masas:

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Stalin fue una de las figuras claves de la organización del partido bolchevique, que lideró la Revolución.

Trotsky combatió el liderazgo bolchevique hasta agosto de 1917.
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En el momento clave, Stalin votó por la inmediata toma del Palacio de Invierno, que dio comienzo a la Revolución.

Trotsky votó en contra. (1)
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Encargado de las Relaciones Exteriores, Trotsky, con su consigna “ni paz ni guerra”, provocó la  catástrofe diplomática de Brest-Litovsk, con cuantiosas pérdidas humanas, económicas y de territorio.

Sobre las negociaciones de Brest-Litovsk, Stalin apoyó la posición de Lenin, que los hechos demostraron ser la correcta, opuesta a la de Trotsky. (2)
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Los méritos militares de Stalin en la guerra civil generaron una iniciativa popular por la que se aplicó el nombre de Stalingrado a la ciudad de Tsaritsyn.

Al frente del Ejército Rojo en Polonia, Trotsky fue responsable de una ofensiva sobre Varsovia que terminó en un desastre histórico. En la política rusa, la expresión “ofensiva a Varsovia” se hizo habitual como sinónimo de iniciativa temeraria de funestos resultados. (3)
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Con motivo de un conflicto con los trabajadores del transporte, Trotsky planteó un grave recorte a la democracia socialista, la subordinación administrativa de los sindicatos al Estado, provocando una crisis política.

Stalin acompañó a Lenin en la denuncia de la propuesta, calificada de burocrática y autoritaria. Un repudio generalizado, expresado en categóricas votaciones obreras, obligó a Trotsky a retirar sus tesis. (4)
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No es extraño, con estos antecedentes, que el crédito partidario y popular se le negara a Trotsky, ante su pretensión rectora de la URSS y con esas proporciones:

1927
Stalin     724.000 votos
Trotsky      4.000 votos

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Notas:

(1)
a) “Trotsky, aunque en esta sesión (10-10-1917) no votó abiertamente contra la resolución de C.C., presentó una enmienda a ella que, de haberse aceptado, habría reducido a la nada y hecho fracasar la insurrección. Propuso que ésta no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets…” (“Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS”, Compendio, capítulo VII, punto 4)

b) “Esperar al Congreso de los Soviets sería una perfecta estupidez, pues significaría perder semanas en momentos en que semanas, y aun días, lo deciden todo”. (Lenin, “La crisis ha madurado”, punto VI.)

c) A horas del asalto al Palacio de Invierno, Trotsky mantenía su postura: “Lenin se había vuelto nuevamente apremiante, y el 6 de noviembre escribía: “Se hallan a la orden del día cuestiones que no pueden resolver conferencias ni congresos (aunque fuesen éstos congresos de los soviets), sino únicamente los pueblos, la masa, la lucha de las masas en armas”. No se podía esperar, en contra de la opinión de Trotsky, a que se reuniera el segundo congreso de los soviets”.  (Jean Bruhat, Lenin, Cap. III, 4 de noviembre)

d) No podemos encontrar en Trotsky, ni en su autobiografía (Mi Vida), ni en su Historia de la Revolución Rusa, cuál fue su voto personal sobre la insurrección propuesta por Lenin. Este silencio es sugestivo, por cuanto estos escritos de Trotsky son fuertemente anecdóticos, aluden sistemáticamente a la evolución de los posicionamientos individuales de los dirigentes y no escatiman la auto-mención personal.

(2) “Justo es que ahora reconozcamos que no éramos nosotros los que teníamos razón”. (Trotsky, Mi Vida, La Paz)

(3) “Es indudable que en nuestra ofensiva se cometió un error al avanzar con excesiva rapidez casi hasta Varsovia” (Lenin, “Informe al X Congreso del PC(b)R”, 8 de marzo de 1921)

(4) Lenin, “Los Sindicatos, la situación actual y los errores del camarada Trotsky”, discurso del 30 de diciembre de 1920;

“El error de Trotsky consiste…en que trata, al parecer por inercia, de trasladar los métodos militares del ejército a los sindicatos, a la clase obrera” (Stalin, Nuestras Discrepancias, Obras, 1921)

 V

El Primer Plan Quinquenal  y las confesiones de los Procesos de Moscú

Vychinski (fiscal): Lo que me interesa de momento no es la ideología sino la criminología.

Bujarin (acusado): Pero la ideología también puede ser criminal, los que actúan son los hombres que piensan.

Según fuimos estableciendo a lo largo de este trabajo, los Procesos de Moscú efectivamente demostraron, con el rigor probatorio del procedimiento judicial, la formación en la URSS de un bloque derechista-trotskista que, en combinación con una parte del generalato del Ejército Rojo, buscaba hacerse del poder soviético mediante un golpe de estado en alianza con Alemania y Japón. Como parte del espúreo acuerdo, promovía la acción de una quinta columna pro alemana y japonesa que aseguraría la derrota de la URSS ante la invasión nazi. El resultado final de la operación  implicaba cesiones territoriales de la URSS para Alemania y Japón, además de una política económica de concesiones que pondría las materias primas soviéticas al servicio del expansionismo germano.

La absoluta gravedad del acontecimiento, que ponía en tela de juicio la propia existencia del país soviético, su premioso carácter, dada la inminencia histórica de la invasión nazi, que entonces políticamente se descontaba, puso en movimiento un gigantesco y tumultuoso proceso represivo por los años 1937 y 1938 que, a través de penas capitales dictadas por tribunales sumarios, se cobró la vida de centenares de miles de personas, muchas de ellas inocentes según investigaciones gubernamentales inmediatamente posteriores, esto es, de la propia época de Stalin.

La tragedia es habitualmente presentada como sucedida en tiempos de paz, y aparece como volviendo inaceptable la organización social y política de la URSS. Entendiéndola, en cambio, como formando parte de un proceso de agresión germana que se cobró la vida de 25 millones de soviéticos, la mirada acusatoria se vuelve sobre el régimen social que ha generado sistemáticamente guerras en el mundo contemporáneo: el capitalismo en su fase imperialista.

Tanto la burguesía mundial como el trotskismo muestran sistemáticamente como falsos los Procesos de Moscú. La razón es simple: si aceptaran que los Procesos fueron auténticos y prepararon el desmantelamiento de una quinta columna pro nazi en Rusia, entonces legitimarían la gran represión de los años 1937-1938, desatada por elementales razones de defensa nacional ante una inminente invasión alemana. Con ello caería el principal argumento histórico que pretende presentar al socialismo como régimen negador de los derechos humanos.

Pero no, dicen, tales juicios no fueron más que una representación teatral, a cargo de las mismas conspicuas víctimas, dirigentes de primera línea, consistente en una larga lista de confesiones falsas. En consecuencia, lo que esos procesos habrían preparado sería la eliminación física de los disidentes y la instauración del terror como método de gobierno.

Esta versión burguesa de los Procesos, originariamente pergeñada por fascistas y trotskistas, es inverosímil, dada la cantidad y calidad de los testimonios en ellos presentados y otros elementos extrajudiciales que se recogen en “Evidence of Leon Trotsky’s Collaboration with Germany and Japan” de Grover Furr.

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“Los acusados no existen como personalidades…Ellos fueron triturados antes del juicio…”.

Trotsky lanzó la frase al mundo y abrió el espacio para que se desorbite hacia lo macabro la imaginación colectiva.

Pero los “triturados” se presentaron ante el mundo saludables y robustos, y entonces Trotsky dijo: “Pocas personas pueden imaginar las horrorosas torturas morales y semifísicas que sufren los acusados durante meses, inclusive durante años”. (ob.cit. Pag 70)

¿Qué tortura moral podría determinar a esos dirigentes bolcheviques, que no habían perdido su buen apetito ni su entereza psicológica, a declarar contra sí mismos, si no era una racional composición de lugar que no les dejara más salida que la confesión?

Ningún sentimiento de culpa podría ser jamás el resultado de un artilugio administrativo de la GPU en dirigentes de la talla de un Zinoviev, Kamenev, Bujarin, Rikov, Piatakov, Radek, Sokolnikov, Krestinsky, etc.

La experiencia universal y la lógica de la relación entre dirigentes y dirigidos muestra que la manipulación de los sentimientos opera en sentido vertical, de arriba hacia abajo, no de abajo hacia arriba, en la jerarquía social.

Descartada la tortura, queda la pregunta: ¿cuáles fueron los móviles que llevaron a primeras figuras de la Revolución Rusa a las confesiones en los Procesos de Moscú? ¿La conciencia de qué acabó por impulsarlos a un acto que los conducía con toda probabilidad al repudio popular y el pelotón de fusilamiento? ¿Cuál era el hecho de la realidad que imponía a sus conciencias la revisión que hacía emerger la existencia de una culpa real? ¿En qué consistía la culpa?

Ese hecho fue la realización, al final exitosa, del Primer Plan Quinquenal, la transformación efectiva de la sociedad soviética en sociedad socialista.

ImagenJoseph Davies
Embajador de EEUU en la URSS

El informe al Secretario de Estado, ya citado de Joseph Davies, nos introduce en esto: “Debe recordarse también que fue Stalin quien proyectó su Plan Quinquenal en 1929, después del destierro de Trotsky. Este implicaba tanto los programas de industrialización como los de colectivización agrícola. Durante 1931 y 1932, cuando surgió la acusación de conspiración, estos planes imponían terribles esfuerzos a la población. Las condiciones eran entonces definitivamente mucho peores que en 1935. Los resultados de los planes solamente comenzaron a dar muestras de su posible éxito en 1934 y en 1935. Se admite que el régimen de Stalin era mucho más fuerte en 1935 que en 1931. A este mejoramiento de la situación se alude frecuentemente en el curso de los testimonios de los principales acusados como justificación de sus cambios de opiniones y son las razones dadas para el arrepentimiento y la confesión final”. (ob.cit.pag.86)

¿Cuál es la relación entre el triunfo del Primer Plan Quinquenal y la actitud de arrepentimiento de los acusados en los Procesos?

Esos acusados estaban educados en la escuela revolucionaria, y como tales habían hecho suyos esta máxima de Plejanov:

“Cada principio democrático debe ser considerado no en sí mismo, en abstracto, sino en sus relaciones con el que puede ser llamado principio fundamental de la democracia, o sea, el principio que proclama que “salud populi suprema lex”. Traducido al lenguaje de un revolucionario esto significa que el éxito de la revolución es la ley suprema. Y si en aras del éxito de la revolución fuese necesario restringir transitoriamente la vigencia de uno u otro principio democrático, sería criminal detenerse ante tal restricción”. (Lenin, ob.compl. “Plejanov y el terror”)

Los acusados no podrían sentirse culpables por los hechos que se le imputaban, en sí mismos: la infracción de la legalidad y soberanía soviética; ni siquiera por los crímenes y sabotajes perpetrados. El sentimiento de culpa, aniquilante, provenía de la revelación de lo equivocado de la “razón superior” para la cual todos esos delitos habían sido cometidos.

La tortura moral, que indudablemente existió, la provocaba no una acción  de la GPU (¿cuál podría ser?), sino una realidad que a esa altura los abrumaba: el prodigioso éxito del primer plan quinquenal acababa de demostrar con la inapelable prueba de la práctica que el socialismo soviético era posible por sí mismo, sin el auxilio del proletariado europeo en el poder, sin la revolución en Europa.
La tesis del socialismo en un solo país, que ellos habían combatido, a veces abiertamente, otras a las calladas y, finalmente, con la conspiración, había probado por fin su veracidad en los hechos.

ImagenArtículo de Harold Denny sobre el
Proceso al Bloque Derechista-Trotskista
New York Times

La peculiaridad psicológica de los Procesos de Moscú, sus aspectos más llamativos, se explican por esto: para los acusados el contenido del enjuiciamiento, que representaba para ellos su muerte casi segura, a pesar de su profundo dramatismo, no pasaba en cierto modo los límites de un tedioso trámite burocrático. Para el fiscal y los jueces, se trataba  de la violación de la legalidad. Los acusados, en su conflicto interno, consideraban que eso era una trivialidad subalterna que ni merecería ser discutida. La legalidad es el techo espiritual de un proceso judicial. Pero este techo, aún tratándose de la legalidad soviética, era secundario para quienes se consideraban solamente subordinados a la suprema obligación de defender la Revolución tal cual era pensada por ellos.

Así, sigue informando Davies: “En algunos casos modificaron o discutieron acerca de algunos hechos, pero en general, corroboraron el crimen cometido. Todo esto lo realizaban estos acusados con el máximo grado de indiferencia. Observé particularmente que después que Serebriakov, que era un viejo obrero ferroviario, fue llamado a corroborar un particularmente horrible crimen (lo que hizo lacónicamente), se sentó completamente ausente y bostezó”.

Karl Radek

Es uno de los testigos principales, tan poco “triturado” como Bujarin. De él dice Joseph Davies, en su informe confidencial al Departamento de Estado del 17 de febrero de 1937:

“…bajo y rechoncho pero con una brillante y agresiva personalidad, casi dominaba a la corte. Estaba vestido como un campesino y su personalidad se acentuaba con un marco de barbas bajo su mentón. Su actitud fue la de que él era uno de los jefes políticos del complot y que, aunque no había participado personalmente en los crímenes, tenía conocimiento de los mismos y asumía, sin intentar evadirla, toda la responsabilidad de ello. Insistió continuamente, sin embargo, en que se trataba de crímenes “humanos” y constantemente trataba de justificarse alegando que eran crímenes de carácter político y realizados por una causa en la cual había creído anteriormente. Tuvo varios diálogos vivos con el fiscal y no quedó malparado en ellos. A través de su confesión dio pruebas de valor, pero al final de su alegato a la corte, pidió que recordaran que había sido él quien desenmascaró la conspiración trotskista, con la implicación de que, si no hubiera sido por él, el gobierno no hubiera podido descubrir la conspiración”.

ImagenKarl Radek

En las transcripcion de las actas taquigráficas de los Procesos, efectuadas por el trotskista Pierre Broue (“Los Procesos de Moscú”), encontramos una corroboración de lo dicho por el embajador norteamericano, a través precisamente de la palabra de Radek, respecto a la evolución del Plan Quinquenal y su vínculo con la evolución de la conciencia de los conspiradores.

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Vychinski: En consecuencia, ¿volvió usted al partido, manteniendo parte de sus antiguas convicciones trotskistas? ¿Y no lo dijo?

Radek: No. En la declaración firmada por mí, por Smilga y Preobrajenski aludíamos a esto. La dirección del Partido nos dijo entonces y nos indicó estas alusiones. Tienen ustedes aquí pequeñas ligaduras y, de no cortarlas, permanecerán atados a ellas. Se nos dijo literalmente esto. Para precisar, debo decir que estos vestigios subsistían, pero yo volvía sin intención de luchar contra el Partido.

Vychinski: ¿Hasta cuándo continuó esto así?

Radek: Al volver, cometí un error, que fue la base de todo lo que siguió. Una corriente de una suma de concepciones implica una serie de relaciones humanas, y no se puede romper con una corriente sin romper con los hombres junto a los cuales se ha combatido para lograr fines hostiles al Partido. Durante el período en que pertenecí al bloque trotskista, había entablado relaciones muy estrechas con un gran número de participantes en esta lucha; algunas de ellas se remontaban a un período mucho más antiguo, pero entonces se fortalecieron. Por ejemplo, mis relaciones con el acusado Piatakov. Después de nuestra vuelta al Partido, mantuvimos nuestras relaciones, sin ocultarlo a nadie; nunca las he negado; al contrario, íbamos constantemente uno a casa del otro y esto se transformó en una dificultad imprevista, pues gran número de trotskistas ingresados en el Partido trabajaban en los principales sectores y en las distintas regiones del país, en el momento en que la lucha por el plan quinquenal se había agravado y tomado -en ciertas partes del país- un carácter de conflicto agudo con los kulaks y con los elementos del campesinado que actuaban guiados por ellos; entonces me empezaron a llegar informes muy pesimistas, procedentes de mis antiguos compañeros de lucha, informes que repercutieron de un modo nefasto sobre mi apreciación de la situación del país.

Vychinski: ¿En qué año era esto?

Radek: Era en 1930, 1931. Y todos estos pecados, que habrían justificado mi procesamiento aunque no me hubiese adherido al bloque, contribuyeron a que, debido a las conversaciones sostenidas y al conocimiento que tenía de sus dudas -que ya eran más que dudas- no juzgase posible informar de ello a la dirección del Partido. Así, si me preguntan sobre mi responsabilidad, por ejemplo, en el asesinato de Serge Mironovich Kirov, debo decir que esta responsabilidad no empieza en el momento en que pasé a formar parte de la dirección del bloque, sino en el momento en que, en 1930, un hombre personalmente próximo a mí, Safarov, intentó convencerme, con cara compungida, de que el país caminaba hacia su perdición. Y no dije nada; ¿cuáles fueron las consecuencias? Safarov estaba ligado a Kotolynov; si yo hubiese dicho al Partido el estado de ánimo en que se hallaba Safarov, el Partido hubiera podido localizar al grupo de ex dirigentes de las juventudes comunistas de Leningrado, que más tarde se convirtieron en los instigadores del asesinato de Kirov. Afirmo, pues, que mi responsabilidad no se remonta sólo al momento en que me adherí al bloque, sino que este crimen tiene sus raíces en las concepciones trotskistas de las que no había podido librarme del todo y con las cuales volví al Partido; tiene sus raíces en las relaciones que conservé con los cuadros trotskistas-zinovievistas.

Vychinski: ¿Con qué trotskistas guardó relaciones?

Radek: Era amigo de Mrachkovski; una vieja amistad me ligaba a I. N. Smirnov; estaba ligado a Dreister y a su ayudante más cercano, Gaievski, sin hablar de mis viejos amigos personales: Piatakov, Preobrajenski, Smilga, Serebriakov. A los que más unido estaba era a los que, entre nosotros, en el centro trotskista, llamábamos -en el período 1924-1927- el “segundo piso”.

Vychinski: ¿Era en 1930, 1931?

Radek: Sí, era en 1930 y 1931. Yo veía la situación de la siguiente manera: las conquistas del plan quinquenal son enormes, se ha dado un paso muy serio hacia la industrialización, los koljoz son ya, en cierta medida, una realidad; pero, al mismo tiempo, basándome en las informaciones de que disponía y en la apreciación de la situación que había recibido a través de los economistas que me eran próximos -voy a citar a Smilga y Preobrajenski- consideraba que la ofensiva económica se llevaba a cabo en un frente excesivamente amplio, que las fuerzas materiales de que se disponía: número de tractores, etc., no permitirían una colectivización general; que si no se frenaba esta ofensiva general, sucedería lo que definíamos con una frase de moda: “esto acabará como la marcha sobre Varsovia”: la industrialización, emprendida a un ritmo rápido, no daría resultados, y ocasionaría enormes gastos. Ya en aquella época, 1931, creía que era necesario frenar la ofensiva, que era necesario concentrar los recursos sobre determinados sectores del frente económico. En una palabra, no estaba de acuerdo en la cuestión fundamental, es decir, en la continuación de la lucha para la realización del plan quinquenal. Si hay que dar a este desacuerdo una caracterización social, es evidente que la táctica que yo consideraba justa era la mejor táctica comunista. Pero si se me pide la explicación social de semejante fenómeno, debo decir que, por ironía de la historia, sobreestimaba la fuerza de resistencia y la capacidad de los kulaks, e incluso de los campesinos medios, para llevar a cabo una política independiente; tuve miedo de las dificultades, reflejando así la existencia de fuerzas hostiles al proletariado. Fue entonces cuando, en este terreno, se me planteó de cara el problema de la democracia interna en el partido. La gente sólo discute acerca de la democracia cuando no está de acuerdo sobre los puntos esenciales; es cuando se está en desacuerdo cuando se siente la necesidad de una democracia amplia, esto se entiende perfectamente.

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Nicolai Bujarin

La brillantez verbal de Bujarin, según Harold Denny “a menudo respondiendo al juez y el fiscal con su ingenio superior, porque él es un filósofo marxista y dialéctico con el agregado de una reacción pujante, rápida” permite que en las actas quede reflejada, en cambio, la exactitud de la reflexión del embajador norteamericano, Joseph Davies, en su informe al Departamento de Estado:

“Suponer que el procedimiento había sido inventado y representado como un ensayo de ficción política dramática era presuponer el genio creativo de Shakespeare y el genio de Belasco en la producción teatral”.
 
“La audiencia se lleva a cabo en decoroso estilo. Antes de que la sesión comience, las campanas convocan al público. Una  guardia de cuatro soldados uniformados, más la NKVD de civil, apoyados por varios oficiales, toma posición en torno al sector de los acusados”.

ImagenFragmento del artículo de Harold Denny
Imagen del original del New York Times

“En ese momento, las cortinas de terciopelo azul oscuro que cubren una de las dos puertas, detrás de la mesa del juez, se separan y aparece el lote de los prisioneros, en otros tiempos dictadores, antiguos comisarios y diplomáticos, ahora arruinados para siempre, sea cual sea su destino en este juicio.”

“Un oficial de la policía política, a la cabeza, enseña el camino, seguido por Nikolai Bujarin, que todavía, después de su año de prisión y bajo investigación, despliega su aire caprichoso de erudito y filósofo y guarda bajo el brazo izquierdo su copia del auto de procesamiento, voluminoso, cubierto ahora con notas marginales, que él usa de vez en cuando para desconcertar al señor Vishinsky.”

“De ese conjunto, la mayoría aparece indiferente y reconciliado a cualquier destino, pero Henry G. Yagoda, durante mucho tiempo el principal verdugo soviético, parece ser el más afectado de todos. Se sientan en sus lugares designados y en su mayoría ignoran las miradas fijas de los expectadores, aunque algunos de los ex grandes parecen resentirse de los plebeyos cuellos que se estiran en los asientos del público.”

“Entonces alguien grita: “El tribunal está llegando; ponerse de pie”, y todos lo hacen, incluyendo a los prisioneros…”

Harold Denny
Cable para el New York Times
6 de marzo de 1938

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Bujarin, en el juicio de 1938, alude también al Primer Plan Quinquenal al hacer una historia de los bujarinistas que participaron en la conspiración:

Bujarin: …Tomemos como ejemplo la industria. En primer lugar, nos quejamos de la super industrialización, de la excesiva tensión del presupuesto, etc. Y, en el fondo, se trataba de una reivindicación programática, el ideal de un país de kulaks, donde la industria sería tan sólo un apéndice. ¿Y en cuanto al punto de vista psicológico? Desde este punto de vista preconizamos, en nuestro tiempo, el industrialismo socialista; por otra parte considerábamos, primero con indiferencia, después con ironía y finalmente con cólera, nuestras inmensas fábricas en desarrollo como monstruos insaciables que todo lo devoraban, que privaban de objetos de consumo a las masas, y creíamos que representaban un cierto peligro.

En la práctica, mi plataforma programa, en lo relativo a la economía, sostenía lo siguiente: el capitalismo de Estado, el mujik acomodado, administrador de sus propios bienes, la reducción de los koljoz, las concesiones extranjeras, el abandono del monopolio del comercio exterior y, como resultado, la restauración del capitalismo en el país.

Vychinski: ¿A qué se reducían sus objetivos? ¿Qué pronóstico general daban ustedes?

Bujarin: Nuestro pronóstico se reducía a que el país daría un brusco viraje hacia el capitalismo.

Vychinski: ¿Y el resultado?

Bujarin: El resultado fue completamente distinto.

Vychinski: El resultado fue la completa victoria del socialismo.

Bujarin: Sí, la victoria total del socialismo…

Vychinski: Y el completo fracaso de su pronóstico.

Yury Piatakov

“El rostro de Piatakov era impenetrable. Ni Vishinsky, ni Krilenko ni la GPU fisurarían ese acero, ablandar ese espíritu; que, a pesar de su traición, en su inmovilidad representa el ideal aristotélico de hombre de altura de miras que, más allá de que haya caído en el barro, no puede ser realmente embarrado”. (Walter Duranty, cable para el New York Times, 28/1/1937)

ImagenYury Piatakov

Sin embargo, el éxito del Plan Quinquenal ya estaba cumplido en 1935. ¿Por qué la conspiración seguía? Piatakov, manifiesta al Tribunal, sobre su entrevista con Trotsky en Oslo, en 1935, que éste justificaba y apremiaba entonces la actividad sediciosa en función del contexto internacional:

Piatakov: “…(Trotsky) Declaró que era imposible edificar el socialismo en un solo país, y que el hundimiento del Estado stalinista era algo completamente inevitable. Por una parte, el capitalismo se reponía de la crisis, empezaba a fortalecerse, y naturalmente no podría tolerar por más tiempo la consolidación progresiva de la capacidad defensiva del Estado soviético, y sobre todo de su industria de guerra. Los conflictos militares serían inevitables; y si manteníamos una actitud pasiva a este respecto, la ruina del Estado stalinista arrastraría consigo a todos los cuadros trotskistas. Por este motivo, creía que el método de sabotaje no era simplemente un procedimiento de lucha aguda, que se puede aplicar o dejar de aplicar, sino una cosa absolutamente inevitable que se desprendía de la misma naturaleza de la situación. Se trataba de saber qué posición debían ocupar los cuadros trotskistas: ¿debían ligar su suerte a la del Estado stalinista, o pasar a la oposición y organizarse para llevar a cabo otras tareas, para tratar de derrocar al gobierno y preparar la subida al poder de otro gobierno, del gobierno trotskista?”

“…. La organización de la lucha de masas era imposible, en primer lugar porque las masas obreras y las masas campesinas, esencialmente, se encontraban en aquellos momentos hipnotizadas  por la prodigiosa transformación que se llevaba a cabo en el país, y que ellas consideraban como la edificación del socialismo”. (1)

“…Trotsky decía que la guerra estaba próxima; que sabía perfectamente que la cuestión no se resolvería en cinco años, sino en un breve espacio de tiempo. Entonces me dijo que ocurriría en el año 1937; era evidente que él no se había inventado esta información”.

“… En aquellos momentos las fuerzas reales estaban constituidas en primer lugar por los fascistas, y si teníamos la intención de llegar al poder, de todos modos tendríamos que entablar relaciones, de un modo u otro, con estas fuerzas, mantener estas relaciones y asegurarnos la actitud favorable de los demás países, llegado el caso de que consiguiéramos hacernos con el poder sin la guerra, y sobre todo en caso de guerra o de derrota de la U.R.S.S., cosa que Trotsky consideraba como segura”.

Notas:

(1) Por aberrante que parezca, el relato de Piatakov es enteramente creíble. La imposibilidad del trotskismo de contar con las masas obreras y campesinas para una sublevación y la decisión, por lo tanto, de obrar sediciosamente al margen de esas masas, era un pensamiento que Trotsky define clara, aunque un tanto abstrusamente, en “La Revolución Traicionada”, escrita para la fecha de esta entrevista con Piatakov, según documentamos en un apéndice de este artículo.

Walter Duranty, en Cable para el New York Times del 20 de enero de 1937, consigna:

“Es ahora conveniente aclarar que la conspiración -trotskista- fue de lejos más extendida que lo que las autoridades habían creído, aunque estuviera confinada a un comparativamente pequeño grupo de limitada influencia en el pueblo y desprovisto de apoyo popular. Esto se vió por los métodos usados”.

“Si hubiera habido en el pueblo un terreno fértil para el programa “trotskista”, los cargos en el juicio habrían concernido sobre reuniones secretas, imprentas clandestinas, distribución de panfletos, intentos de fomentar huelgas y apelaciones a la acción de masas. No hay nada de esto. Más, y por el contrario, el sabotaje desde arriba primaba sobre el atentado hecho desde abajo”.


Imagen
Walter Duranty

Corresponsal del New York Times
en la URSS

 

La admiración que despertaba en los liberales norteamericanos la personalidad de los enjuiciados, no obstante considerarlos culpables, tiene un aspecto constructivo que merece ser rescatado: estos hombres, fusilados con justicia según todas las evidencias, habían sido, sin embargo, protagonistas todos de la Revolución Rusa. Esa visión norteamericana conserva el honor del conjunto de la Revolución, porque muestra un piso ético que, aún en la pendiente de la desviación y la tragedia, se conserva por encima de los códigos del individualismo.  Esos liberales, capaces de ver de este modo las cosas, fueron los aliados burgueses mejores que tuvo la URSS en su confrontación con el nazismo. En cambio Trotsky, como se ha visto, el más firme aliado “izquierdista” de los nazis, fue coherente y descalificó a acusadores y acusados, esto es, al conjunto revolucionario.

No obstante, el sueño de “la Revolución Mundial” no exime a los acusados de sus responsabilidades éticas. Una de las claves del marxismo es que concede a las masas populares el primer lugar en el protagonismo histórico. El pueblo ruso, en particular su vanguardia obrera, había decidido apostar su esperanza y sacrificio al “socialismo en un solo país”. Los disidentes, aunque no fueran capaces de ver en ello el surgimiento de una tendencia objetiva de la historia, tenían el deber de respetar esa voluntad popular, ser solidarios con esa causa o, cuanto menos, no obstruirla con medios violentos, antidemocráticos. Ése es el componente ético, fundamental, que falló en esos grupos. Nada novedoso: el izquierdismo está poblado de experiencias nefastas, todas por la tendencia a obrar al margen de las masas, como si pudieran suplantar su acción consciente. Los Procesos de Moscú, también por esto, son perfectamente creíbles y debieran constituir una enseñanza, en lugar de permanecer ocultos o deformados.

El cambio radical de la estructura económica soviética, representado por el Primer Plan Quinquenal, se refleja en otro informe “estrictamente confidencial” de Joseph Davies al Departamento de Estado, un Memorandum sobre las regiones industriales de la Unión Soviética.

Memorandum del Embajador Norteamericano en la URSS al Departamento de Estado. 6 de junio de 1938.

 “Número de tractores en 1928 (antes del primer plan quinquenal): 26.700

“Número de tractores en 1934 (al fin del primer plan quinquenal): 276.400

“Número de tractores en 1938 (al momento del juicio de Bujarin): 483.500

“Generalmente se desconoce, pero es un hecho que la Unión Soviética produce mayor cantidad de maquinarias agrícolas que ningún otro país del mundo, aún incluyendo a Estados Unidos…”

“Trigo: en 1935 la Unión Soviética produjo aproximadamente un tercio de la cosecha total del mundo entero…más que los Estados Unidos, Canadá y la Argentina juntos”.

“Avena: Durante el mismo año la Unión Soviética produjo aproximadamente la mitad de la producción mundial de avena. Triplicaba la cosecha habida en Estados Unidos…”

“Centeno: Durante el mismo año la URSS produjo el 80% de la producción mundial de centeno…”

“Azúcar de remolacha: …ocupó el primer lugar en el mundo…”

Informa también cómo se recuperaban a fuerte ritmo (20% anual) las terribles pérdidas ocurridas por el sacrificio de ganado hecho por los kulaks con motivo de la colectivización.

Otras cifras dadas por Davies, comparan la situación antes y después del Primer Plan Quinquenal:

Antes    Después

Tonelaje flota mercante                 327.000   1.350.000

Millas de lineas telefónicas           556.100   1.343.750

Número de teléfonos                     880.000   2.100.000

Kilómetros líneas aéreas                15.000        52.000

Estaciones de radiodifusión             33               78

Correos rurales                                   6.924      123.000

Presupuesto para gasto social         6,4%           27%

El salario medio aumentó de 1427 rublos en 1932 a 2371 rublos en 1935

(Op. cit. Sumario e informe final sobre la Unión Soviética antes de mi retorno, 6 de junio de 1938, dirigido al Secretario de Estado, estrictamente confidencial)

¿Cómo los datos de esta transformación no habrían de horadar la conciencia de los conspiradores, descomponerla, disgregando su organización?

Bujarin y La Conciencia desdoblada

La forma reflexiva en que se desenvuelve la intervención de los confesantes, y que puede captarse a través de las actas taquigráficas de los procesos, es la que se corresponde a la autenticidad del episodio y constituye una refutación de su impugnación.
Corresponde a Bujarin explicitar acabadamente el gesto de la confesión.

ImagenBujarin

Dijo Lenin de él: “Entre las muchas excelentes cualidades del camarada Bujarin, figuran su capacidad teórica y su interés por llegar a la raíz teórica de cualquier problema. Es una cualidad muy valiosa, pues es imposible comprender bien un error cualquiera, y mucho menos uno político, si no se ahonda hasta llegar a sus raíces teóricas que están en determinadas premisas básicas concientemente aceptadas por quien lo comete”.

Las siguientes son palabras del último alegato de Bujarin, pronunciadas antes de la sentencia que lo llevaría, en 72 horas, ante el pelotón de fusilamiento.

Bujarin: …Me parece verosímil pensar que cada uno de los que estamos ahora sentados en este banquillo de los acusados tenía un extraño desdoblamiento de conciencia, una fe incompleta en su tarea contrarrevolucionaria. No digo que no existiera esta conciencia, sino que estaba incompleta. De ahí esa especie de semiparálisis de la voluntad, esa lentitud de reflejos. Me parece que somos unas personas cuyos reflejos son hasta cierto punto lentos. Esto no proviene de la ausencia de ideas consecuentes, sino de la grandeza objetiva de la edificación socialista. La contradicción entre la aceleración de nuestra degeneración y esa lentitud de reflejos traduce la situación del contrarrevolucionario, o, con más precisión, del contrarrevolucionario que se desenvuelve en el marco de la edificación socialista en progreso. Se crea entonces una doble psicología. Cada uno de nosotros puede comprobarlo en su fuero interno, pero no quiero entregarme aquí a profundos análisis psicológicos.

A veces, yo mismo me entusiasmaba al glorificar en mis escritos la edificación del socialismo; pero poco después cambiaba de actitud debido a mis acciones prácticas de carácter criminal. Se formó en mí lo que, en la filosofía de Hegel, se llama una conciencia desgraciada. Esta conciencia desgraciada difería de la conciencia ordinaria porque era al mismo tiempo una conciencia criminal.
Lo que constituye el poder del Estado proletario no es solamente el haber aplastado a las bandas contrarrevolucionarias, sino también el haber descompuesto interiormente a sus enemigos, el haber desorganizado su voluntad. Esto no ocurre en ningún otro sitio, y no podría existir en ningún país capitalista.

Me parece que, cuando empiezan a manifestarse dudas y vacilaciones en ciertos sectores intelectuales de Occidente y América, a propósito de los procesos que han tenido lugar en la U.R.S.S., es debido, en primer lugar, a que estas personas no tienen en cuenta una diferencia radical: en nuestro país, el adversario, el enemigo, posee al mismo tiempo esa doble conciencia, esa conciencia desdoblada. Y me parece que esto es lo que hay que comprender ante todo.

Si me permito detenerme en estos problemas, es a causa de que yo tenía en el extranjero considerables relaciones entre calificados intelectuales, principalmente con científicos. Y debo explicarles lo que cada pionero sabe en nuestro país, en la U.R.S.S.
A menudo se justifica el arrepentimiento mediante toda una serie de cosas absurdas como, por ejemplo, el polvo del Tibet, etcétera. En mi caso particular, diré que en la cárcel donde permanecí casi un año, trabajé, estuve ocupado, conservé la lucidez de espíritu. He aquí el mentís práctico a todas las tonterías, a todos los chismes contrarrevolucionarios.

Se habla asimismo de hipnosis. Pero en este proceso he asumido mi defensa jurídica, me he orientado sobre el terreno y he polemizado con el Fiscal. Y cualquier persona, aunque no tenga mucha experiencia en las diferentes especialidades de la medicina,. tendrá que reconocer que no ha existido hipnosis.

A menudo se explica el arrepentimiento por un estado de espíritu a lo Dostoievski, por las cualidades físicas del alma (el “alma eslava”). Esto es cierto, por ejemplo, para personajes como Aliocha Karamazov, para los personajes de novelas tales como el Idiota y otros tipos de Dostoievski. Ellos están dispuestos a exclamar en público: “Pegadme, ortodoxos, soy un criminal”.

Pero, no es ésta la cuestión. En nuestro país, el “alma eslava” y la psicología de los héroes de Dostoievski son cosas extinguidas desde hace tiempo: pertenecen al pluscuamperfecto. Estos tipos ya no existen en nuestro país, como no sea en los patios de las casas provincianas, ¡o quizá ni ahí! En cambio, esta psicología subsiste en Europa occidental. Ahora quiero hablar de mí mismo, de los motivos que me llevaron a arrepentirme. Ciertamente, hay que decir que las pruebas de mi culpabilidad juegan también un importante papel. Durante tres meses permanecí encerrado en mis negativas. Después inicié el camino de la confesión. ¿Por qué? El motivo estriba en que, durante mi encarcelamiento, pasé revista a todo mi pasado. En el momento en que uno se pregunta: “Si mueres, ¿en nombre de qué morirás?”, aparece de repente y con sorprendente claridad un abismo profundamente oscuro. No había nada por lo que mereciese la pena morir, si pretendía hacerlo sin confesar mis errores. Por el contrario, todos los hechos positivos que resplandecían en la Unión Soviética tomaban proporciones diferentes en mi conciencia. Esto fue lo que en definitiva me desarmó, lo que me obligó a doblar mis rodillas ante el Partido y ante el país. Cuando me pregunto: “Bien, no vas a morir. Si por cualquier milagro quedas con vida, ¿cuál será entonces tu objetivo? Aislado de todo el mundo, enemigo del pueblo, en una situación que no tiene nada de humana, totalmente alejado de lo que constituye la esencia de la vida…” Y en seguida recibo la misma contestación a esta pregunta. En estos momentos, ciudadanos jueces, todo personalismo, todo rencor, los restos de irritación, de amor propio y otras muchas cosas caen por sí mismas, todo desaparece. Y cuando llegan a nuestros oídos los ecos de la vasta lucha emprendida por el pueblo soviético, todo esto ejerce su acción, y nos encontramos ante la completa victoria moral de la U.R.S.S. sobre sus adversarios arrodillados. Una casualidad puso en mis manos un libro de la biblioteca de la cárcel, el de Feuchtwanger, donde se hablaba de los procesos de los trotskistas. Me produjo una gran impresión. Pero debo decir que Feuchtwanger no llegó al fondo de la cuestión, se detuvo a mitad de camino.

Para él no todo está claro, mientras que en la realidad todo lo está. La historia mundial es un tribunal universal. Los líderes trotskistas han fracasado y han sido arrojados al foso. Es justo. Pero no se puede proceder como lo hace Feuchtwanger, principalmente en lo relativo a Trotsky, cuando lo coloca en el mismo plano que Stalin. En este punto, sus planteamientos son totalmente erróneos, puesto que, en realidad, todo el país está detrás de Stalin. él es la esperanza del mundo, es el creador. Napoleón dijo en una ocasión: el destino es la política. El destino de Trotsky es la política contrarrevolucionaria.

Voy a acabar pronto. Estoy hablando, quizás, por última vez en mi vida. Quiero explicar cómo llegué a la necesidad de capitular ante el poder judicial y ante vosotros, ciudadanos jueces. Nos alzamos contra la alegría de la nueva vida, con métodos de lucha completamente criminales. Rechazo la acusación de haber atentado contra la vida de Vladimir Ilich, pero reconozco que mis cómplices de la contrarrevolución, conmigo al frente, intentaron acabar con la obra de Lenin, continuada por Stalin con un éxito prodigioso. La lógica de esta lucha, bajo una capa ideológica, nos hacía descender paso a paso hasta el más oscuro cenagal. Una vez más se ha probado que el abandono de la posición bolchevique señala el paso al bandidismo político contrarrevolucionario. Hoy el bandidismo contrarrevolucionario ha sido aplastado; hemos sido derrotados, nos hemos arrepentido de nuestros horribles crímenes.

En realidad, no se trata de arrepentirse, ni tampoco de mi arrepentimiento.

Incluso sin esto, el Tribunal puede dar su veredicto. Las confesiones de los acusados no son obligatorias. La confesión de los acusados es un principio jurídico medieval. Pero se ha producido la derrota interior de las fuerzas contrarrevolucionarias; y hay que ser Trotsky para no rendirse. Mi deber es demostrar aquí que, en el paralelogramo de fuerzas que ha trazado la táctica contrarrevolucionaria, Trotsky ha sido el primer motor del movimiento. Y sus más violentas manifestaciones -el terrorismo, el espionaje, el desmembramiento de la U.R.S.S. el sabotaje- provenían ante todo de esta fuente.

Nicolai Muralov

Vychinski: Si no nos detenemos en las palabras, al menos ¿cuál era su significado?

Muralov: El significado era que Kirov formaba parte de las cuatro personas señaladas por las directrices de Trotsky y que uno de los asesinatos que figuraba en el programa ya se había cometido.

Vychinsk (a Piatakov): ¿Era éste el significado?

Piatakov: Es exacto en cuanto al fondo.

ImagenNicolai Muralov

Muralov había comandado la guardia roja que tomó por asalto el Kremlin en 1917, el paralelo en Moscú de la toma del Palacio de Invierno en Petrogrado.

Hombre de acción, no revistaba en la primera línea de los dirigentes bolcheviques. Sin embargo, sus características morales lo convirtieron en líder de la trágica decisión colectiva de confesar.

Radek: “Formamos un grupo bastante unido, pero cuando Nikolai Ivanovich Muralov, el hombre más allegado a Trotsky, que yo creía dispuesto a morir en la cárcel sin decir una sola palabra, cuando este hombre hizo sus declaraciones y las justificó diciendo que no quería morir con la idea de que su nombre pudiera convertirse en la bandera de toda la chusma contrarrevolucionaria, entonces comenzó a manifestarse, a mi entender, el resultado más significativo de este proceso”. (Actas taquigráficas transcriptas por Pierre Broue, Los Procesos de Moscú, web)

Davies: “Muralov parecía un soldado, usaba perilla, tenía el cabello gris y hermosas facciones aquilinas. Su altura sobrepasaba fácilmente los seis pies y usaba una blusa rusa oscura, abotonada en el cuello. Se condujo con gran dignidad y se mostró viril y recto. Tuvo en una época una importante posición en el alto comando de las fuerzas militares de Moscú. Existían muchos indicios de verosimilitud en sus palabras naturales, cuando explicó las razones por las cuales apoyaba a Trotski como uno de sus más antiguos y mejores amigos y un gran hombre, que había sabido mantenerse virilmente donde otros “habían sido solamente lauchas”, y nuevamente pareció sincero cuando habló de sus razones para rehusarse a confesar y finalmente a retractarse.

Negó que se hubiera ejercido presión contra él; agregó que durante ocho meses había rehusado tercamente confesar; que estaba resentido por su arresto; al principio hubiera preferido morir como un héroe y que la causa siguiera delante de esa manera, pero que, cuando gradualmente comprendió que el gobierno de Stalin había realizado grandes progresos y estaba realizando una gran obra para el pueblo ruso y que él era el equivocado, comprendió que su deber consistía en reconocerlo”. (Id. Pag. 39)

La crónica del New York Times hace un comentario muy similar, y en términos igualmente admirativos:

“Una muestra de firmeza de carácter”

“Muralov es un pájaro de diferente plumaje, un hombre duro y resistente en sus poco más de cincuenta años, con un gris canoso perlando sus bigotes y cejas erizadas”.

“Es un viejo amigo y devoto admirador de León Trotski y alguna vez Gobernador Militar de Moscú, bajo la égida Trotskista. Hubo en él no una flaqueza que pudiera ser manipulada por los alemanes, pero sí un bravo hombre que pecó en tributo a su jefe”.

“Trotski permaneció firme, Muralov contó a la Corte, cuando Kamenev y Zinoviev echaban a correr como ratas. (Leon Kamenev y Gregorio Zinoviev fueron ejecutados el pasado agosto). Y Trotski fue mi amigo. Fui arrestado el pasado abril en Siberia y, naturalmente, soy culpable, he admitido todo alrededor de esto”.

“Pero no hube de confesar. No, por ocho meses no lo hube de hacer”.

“¿Por qué no?“, preguntó el fiscal, Andrei Vishinsky.

“Por dos razones personales, y una otra profunda, sincera, razón política, fue la respuesta”.

“En este punto, Muralov comenzó a excitarse y gesticulaba con sus manos hablando rápidamente, pero nunca dijo a la Corte cual fue la tercera razón”.

“Soy un hombre apasionado y no acepto ser arrestado. De modo que me hubiera agraviado el hecho de contarles nada, ciertamente. Segundo, Trotski fue mi amigo, ¿por qué habría de entregarlo?, no, por cierto”.

“¿Ellos lo hicieron objeto de malos tratos a Vd. luego de su arresto?”, preguntó el fiscal.

Niega malos tratos

“Por su puesto que no, dijo Muralov indignado. Fueron todo lo corteses que se  podría serlo, pero me habían arrestado y me hubiera humillado confesarles nada”.

“¿Entonces, por qué finalmente Vd. confesó?”, le observó suavemente el Sr. Vishinsky.

“Sobre esto, bueno, comencé a pensar que había estado equivocado y que era Stalin quien había estado en lo cierto, y eso fue todo”.

“Sus palabras sonaron verdaderas como el oro”. (Walter Duranty, New York Times, 26/1/37)

Estas crónicas son consistentes con el retrato que Trotski hacía de Muralov en “Mi vida” (1929), en la que queda sentada su filiación trotskista:

 “Todavía me acuerdo -y recordándolo, siento gran satisfacción- del calor y la gratitud con que me acompañó la fracción en aquel discurso. “Fuera de Lenin, ausente del movimiento -decía Muralov-, el único que no ha perdido la cabeza es Trotsky”…

…Muralov es un viejo bolchevique que luchó por la revolución de 1905 en las calles de Moscú. En las inmediaciones de Moscú, en un lugar llamado Serpuchovo, vióse envuelto en un pogromo organizado por los “Cien Negros” y amparado como siempre, por la policía. Muralov es un gigante, a cuyo arrojo temerario sólo iguala su magnífica bondad. Los enemigos le tenían cercado con otras gentes de izquierda en el edificio del “zemstvo”. Salió del local y avanzó, revólver en mano, hacia la multitud sitiadora, haciéndola retroceder. Pero un puñado de pogromistas combativos le cerró el paso. Los cocheros de punto empezaron a vociferar su júbilo. ¡Paso! -gritaba el gigante sin detenerse, blandiendo el revólver-. Saltaron a él. Muralov dejó a uno muerto en el sitio e hirió a otro. La multitud dió un salto atrás. Y nuestro hombre, sin apresurar el paso, hendiendo la muchedumbre como una quilla, siguió andando a pie hasta Moscú. Su proceso duró más de dos años y, a pesar de la furibunda reacción desencadenada, acabó con una absolución. Muralov, que era agrónomo de profesión y había sido durante la guerra imperialista soldado de una compañía de automóviles, luchó en Moscú a la cabeza de las masas en las jornadas de Octubre, y después de la victoria fué nombrado Comandante primero de aquella zona militar. Fue el mariscal indomable de la guerra revolucionaria, siempre en su puesto, cumpliendo sencillamente con su deber, sin afectación. Durante las campañas, llevaba a todas partes una propaganda incansable por el hecho; daba consejos agrícolas, segaba la mies y, descansando entre labor y labor, curaba a los hombres y a las vacas. En las situaciones más difíciles, aquel hombre irradiaba serenidad, objetividad y ardor. Cuando hubo terminado la guerra, los dos ambicionábamos pasar juntos las horas libres”. (Trotski, Mi Vida, De Julio a Octubre)

La lealtad de Muralov lo llevó a mantenerse al lado de Trotsky hasta el propio momento de su destierro, según surge de una carta de Rakovsky a Trotski en Alma Ata.

Llegué a tu casa a la media hora de haberte sacado. En el recibimiento encontré a un grupo de amigos, mujeres la mayoría de ellos, entre los que se encontraba Muralov”.

-“¿Quién es aquí el ciudadano Rakovsky?” – preguntó estentóreamente una voz.

-“Yo soy ¿qué se desea de mí?”

-“¡Sígame usted!”

Me llevaron por un pasillo a un cuarto pequeño. Delante de la puerta me ordenaron:

-“¡Manos arriba!”

“Y después de cachearme, me hicieron preso. No me soltaron hasta eso de las cinco. A Muralov le sometieron a los mismos métodos y le tuvieron preso hasta tarde de la noche… ¡Esta gente ha perdido la cabeza! -dije para mí, y no fue cólera lo que sentí, sino vergüenza por nuestros camaradas”. (Trotski, Mi Vida, El destierro)

Acaso Muralov, fusilado por seguir a Trotski hasta las últimas consecuencias, nunca llegó a enterarse que éste declaraba al mundo que “solamente traidores han podido ser presentados en Moscú, en lugar de los genuinos trotskistas”.  (Cable especial para el New York Times Méjico DF 20 de enero de 1937)

¿Qué sería un “genuino trotskista” para Trotsky?

Apéndice

A confesión de parte…

Lo que traemos es una cita de la Revolución Traicionada, lo suficientemente extensa como para que no se pierda el contexto de cada frase, pero pequeña, acotada, en cuanto no nos interesa aquí analizar la ideología, ni la visión general de Trotski y sus juicios de valor sobre la situación rusa. Ponemos la mira en estas manifestaciones suyas, en función de corroborar lo que las pruebas de los Juicios de Moscú en sus imputaciones describen: su liderazgo de una conspiración de palacio, de una acción por la toma del poder “al margen de las masas”.

Dice Trotski sobre los medios para derribar la “burocracia stalinista”:

“(Los obreros) …Sin hacerse ilusiones sobre la casta dirigente, y menos sobre las capas de esta casta a las que conocen un poco de cerca, la consideran, por el momento, como la guardiana de una parte de sus propias conquistas. No dejarán de expulsar a la guardiana deshonesta, insolente y sospechosa, tan pronto como vean otra posibilidad. Para esto, es necesario que estalle una revolución en Occidente o en Oriente.

La supresión de toda lucha política visible es presentada por los agentes y los amigos del Kremlin como una “estabilización” del régimen. En realidad, no significa más que una estabilización momentánea de la burocracia. La joven generación, sobre todo, sufre con el yugo del “absolutismo ilustrado”, mucho más absoluto que ilustrado… La vigilancia cada vez más temible que ejerce la burocracia ante toda chispa de pensamiento, así como la insoportable adulación del “jefe” providencial, demuestran el divorcio entre el Estado y la sociedad, así como la agravación de las contradicciones interiores, que al hacer presión sobre las paredes del Estado buscan una salida, e inevitablemente la encontrarán.

Los atentados cometidos en contra de los representantes del poder tienen con frecuencia una gran importancia sintomática que permite juzgar la situación de un país. El más sonado fue el asesinato de Kirov, dictador hábil y sin escrúpulos de Leningrado, personalidad típica de su corporación.

Los actos terroristas son incapaces por sí mismos, de derribar a la oligarquía burocrática. El burócrata considerado individualmente, puede temer al revólver; el conjunto de la burocracia explota con éxito el terrorismo para justificar sus propias violencias, no sin acusar a sus adversarios políticos (el asunto Zinóviev, Kámenev y demás). El terrorismo individual es el arma de los aislados, impacientes o desesperados, especialmente de la joven generación de la burocracia. Pero, como sucedió en tiempos del zarismo, los crímenes políticos indican que el aire se carga de electricidad y anuncian el principio de una crisis política abierta. Al promulgar la nueva Constitución, la burocracia demuestra que ha olfateado el peligro y que trata de defenderse. Pero más de una vez ha sucedido que la dictadura burocrática, buscando la salvación con reformas “liberales”, no ha hecho más que debilitarse. Al revelar el bonapartismo la nueva Constitución ofrece, al mismo tiempo, un arma semilegal para combatirlo. La rivalidad electoral de las camarillas puede ser el punto de partida de las luchas políticas. El látigo dirigido contra los “órganos del poder que funcionan mal” puede transformarse en un látigo contra el bonapartismo. Todos los indicios nos hacen creer que los acontecimientos provocarán infaliblemente un conflicto entre las fuerzas populares y desarrolladas por el crecimiento de la cultura y la oligarquía burocrática.

No hay una salida pacífica de esta crisis. Nunca se ha visto que el diablo se corte de buen grado sus propias garras. La burocracia soviética no abandonará sus posiciones sin combate; el país se encamina evidentemente hacia una revolución.

Ante una presión enérgica de las  masas, y la inevitable desintegración en tales circunstancias del aparato gubernamental, la resistencia de los gobernantes puede ser mucho más débil de lo que parece.

Es indudable que en este asunto sólo podemos entregarnos a las conjeturas.

Sea como fuere, la burocracia sólo podrá ser suprimida revolucionariamente y, como siempre sucede, esto exigirá menos sacrificios cuanto más enérgico y decidido sea el ataque.

Preparar esta acción y colocarse a la cabeza de las masas en una situación histórica favorable, es la misión de la sección soviética de la IV Internacional, aún débil y reducida a la existencia clandestina.

Pero la ilegalidad de un partido no quiere decir su inexistencia. No es más que una forma penosa de existencia. La represión puede tener magníficos resultados aplicada contra una clase que abandona la escena; la dictadura revolucionaria de 1917-1923 lo demostró plenamente; pero recurrir a la violencia contra la vanguardia revolucionaria no salvará a una casta que ha sobrevivido demasiado tiempo, si es que la URSS tiene un porvenir”. (Trotski, La Revolución Traicionada, La inevitabilidad de una nueva revolución)

¿Qué observamos en estas consideraciones, hechas públicas en 1936, poco antes del enjuiciamiento y fusilamiento de Zinoviev y Kamenev, esto es, en el medio de los acontecimientos que se juzgarán en los Juicios de Moscú?

Primero:  La impugnación del régimen es total. El cuadro que presenta es el de un descalificado sistema de gobierno, que no puede ser mejorado y ante el cual la única alternativa posible de superación es su derribamiento.

Segundo: Trotski reconoce que hay una estabilización del régimen, que se explicaría básicamente porque los obreros consideran a “la burocracia”, así sea provisoriamente, “la guardiana de una parte de sus propias conquistas”.

No se trata de una adhesión obrera fervorosa, sino de una actitud de realismo. Esa adhesión se transformará en rechazo, apenas la clase obrera se encuentre en situación de ir por más.

Esta caracterización sería consistente con la idea de que, en caso de pretender la lucha para el poder, Trotski desesperaría de poder contar, como principal y prioritario recurso, con una acción de masas. Esto confirmaría el relato de Piatakov, según el cual Trotski justamente había desestimado la apelación a la acción de masas porque la clase obrera estaba “hipnotizada” por los logros de la industrialización.

Tercero: El derribamiento del régimen sólo se puede operar por medios violentos: “No hay una salida pacífica de esta crisis. Nunca se ha visto que el diablo se corte de buen grado sus propias garras”.

Cuarto: Trotski no hace ninguna condena moral de los atentados terroristas ocurridos en la URSS, ejemplificados en el asesinato de Kirov, “dictador sin escrúpulos de Leningrado”. Por el contrario, sólo discurre sobre su validez como táctica: “Los actos terroristas son incapaces por sí mismos, de derribar a la oligarquía burocrática”.

Obsérvese, la expresión “incapaces por sí mismos” significa que esos actos terroristas, articulados con otros elementos, podrían servir a la causa y deberían ser aprobados.

Quinto: La acción de masas como arma de debilitamiento del poder gubernamental, es una mera posibilidad futura, “es indudable que en este asunto sólo podemos entregarnos a las conjeturas”, pero aún esta eventualidad no aparta a Trotski del camino violento: “Sea como fuere, la burocracia sólo podrá ser suprimida revolucionariamente y, como siempre sucede, esto exigirá menos sacrificios cuanto más enérgico y decidido sea el ataque”.

Y aquí llegamos al punto: “esto exigirá menos sacrificios cuánto más enérgico y decidido sea el ataque”.

Es ineludible preguntarse ¿Quién puede decidir sobre una cosa así, sino una minoría organizada y armada de poder militar suficiente? Si se tratara de apelar al levantamiento de las masas para el derrocamiento violento del gobierno, un proceso como ése, que dependería en alto grado del componente espontáneo que tiene una sublevación popular, no daría margen a una disquisición como la que hace Trotski, menos cuando el estado de ánimo presente de la clase obrera propende a la conservación y no al derribamiento del gobierno.

¿Y cuál podría ser esa minoría y como actuaría?

Aquí viene la respuesta:

“Preparar esta acción y colocarse a la cabeza de las masas en una situación histórica favorable, es la misión de la sección soviética de la IV Internacional, aún débil y reducida a la existencia clandestina”.

La minoría organizada debía ser la Sección soviética de la IV Internacional, que por lo visto existía y no era un invento de la NKVD y Stalin, como han sostenido la Corte Suprema de la URSS y el buró político del PCUS en 1989.

Si bien es “aún débil y clandestina”, “la ilegalidad de un partido no quiere decir su inexistencia. No es más que una forma penosa de existencia”. Además, esa debilidad es lo que determina la necesidad de las alianzas, una prueba más de la existencia del bloque derechista-trotskista, operando en combinación con un grupo de altos jefes del Ejército Rojo.

Su actuación consistiría en preparar el enérgico y decidido ataque y colocarse a la cabeza de las masas. Obsérvese el orden: primero es el ataque y luego ponerse en la posición de liderazgo de masas, y no al revés ponerse al frente de las masas y luego atacar. ¿Cómo se hace eso sin la conspiración de un grupo dentro del ejército, no de cualquier grupo, sino de un grupo de altos jefes militares para asaltar el gobierno?

En todo este discurso, la fuerza de la acción de masas es permanentemente relegada, puesta como simple reflejo de la acción de la minoría organizada. ¿Qué otra interpretación cabe de todo esto, sino que Trotski busca justificar la comisión de un futuro golpe de estado?

No podría exigírsele a Trotski mayor claridad. Incluso hay que reconocer que ha sido demasiado claro, teniendo en cuenta que ningún conspirador de palacio anuncia sus intenciones.

Pero si la lectura de estas líneas aisladas resultan oscuras a la generalidad de los lectores desprevenidos, las apariencias abstractas toman cuerpo cuando, de otro lado, tenemos pruebas de que en el preciso momento en que Trotski escribía esto, existían grupos de militares de alta graduación que estaban haciendo precisamente eso, preparar un golpe de estado en combinación con trotskistas y derechistas.

Pero volvamos nuevamente a la frase:

“Preparar esta acción y colocarse a la cabeza de las masas en una situación histórica favorable, es la misión de la sección soviética de la IV Internacional, aún débil y reducida a la existencia clandestina”.

¿Cuál sería la “situación histórica favorable” que podría dar lugar más o menos abruptamente a una acción tan audaz como la que plantea Trotski?

No hay duda de que la derrota del Ejército Rojo frente a una invasión germana era en ese momento la más clara de las posibilidades. Primero, porque la invasión nazi era ya entonces el hecho que se descontaba que iba a producirse. Segundo, porque la derrota militar es el medio por excelencia para quitarle apoyo popular y provocar la caída de un gobierno. La quinta columna que  denuncian los Juicios de Moscú, ayudando a la materialización de esa posibilidad, es coherente, no contradictoria con el planteo de Trotski.

Ciertamente que un acuerdo de Trotski, un “izquierdista”,  con Hitler, el jefe del nazismo, es algo que choca a cierto sentido común, que confunde acuerdo político con acercamiento ideológico; pero la manera en que Trotski presenta la situación es compatible con semejante alianza: por un lado, la “burocracia” soviética es un engendro incompatible con el socialismo que sólo puede ser eliminado violentamente; por el otro, la clase obrera no está dispuesta a deshacerse de esa burocracia.

Esto que hemos citado no puede tomarse como un exabrupto, algo que podría tomar por sorpresa y desconcertar a los trotskistas, si tenemos en cuenta antecedentes en el pensamiento de Trotski, claramente entrelazados con esto, a saber:

1) La clase obrera rusa es una suerte de tullido que no puede sobrevivir en su rol de clase dirigente, sin determinantes ayudas desde fuera.

2) El socialismo en la URSS no podrá ser construido sin el soporte del socialismo instaurado en Europa.

3) La defensa de la URSS, que era una consigna sagrada para los partidos del KOMINTERN, a Trotski le suscita no pocos comentarios despectivos.

Pero Trotski no estaba solo en este tipo de posiciones que relativizaban la consigna de la defensa de la URSS a partir de considerar escépticamente las posibilidades rusas, como país atrasado, de construir el socialismo. Ya en 1918 el Buró Regional de Moscú, donde Bujarin llevaba la voz cantante, se oponía a que los soviets se retiraran de la guerra, aún cuando eso significara la caída del poder soviético: “En interés de la revolución mundial, consideramos conveniente aceptar la posibilidad de perder el poder soviético, que ahora se está convirtiendo en algo puramente formal. Sostenemos como antes que nuestra tarea fundamental es difundir las ideas de la revolución socialista a todos los otros países, promover decididamente la dictadura obrera, y aplastar implacablemente la contrarrevolución burguesa en Rusia”. (Citado por Lenin en su artículo “Extraño y monstruoso” publicado en Pravda el 28 de febrero de 1918)

Esta posición, aliada a la postura de Trotski “ni paz ni guerra”, llevó al desastre de Brest-Litovst, que ya comentamos, y fue duramente combatida por Lenin con el apoyo de Stalin. Por eso, el bloque derechista-trotskista confrontando con Stalin a riesgo de hacer desaparecer la URSS, aparece no como un invento estrafalario de la NKVD, sino como la reedición de una alianza que ya había representado un importantísimo atentado contra la soberanía soviética. Pero si trotskistas y derechistas no habían revisado en esencia sus posiciones de 1918, ¿por qué no creer que volverían a repetir, bajo nuevas circunstancias, sus conductas antipatrióticas de entonces?

Apéndice 2

Citas de Trotsky, a propósito de su política funcional al fascismo.

Sobre los países en oposición al bloque fascista de Alemania, Italia y Japón:

“La política internacional de Stalin, basada en la opresión al pueblo de la URSS, coincide o busca coincidir en todo con las políticas de las democracias imperialistas. Stalin mira hacia un acercamiento con los actuales gobiernos de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Con este fin, ha transformado las secciones correspondientes de la Comintern en partidos social imperialistas”. (p.593)

“Por consideraciones de carácter político interno o diplomático, León Blum, León Jouhaux, Vandervelde, y sus compañeros de otros países, han organizado en el sentido exacto de la palabra, una conspiración de silencio alrededor de los crímenes de la burocracia stalinista en la Unión Soviética y en el resto del mundo. Negrín y Prieto, son cómplices directos de la GPU. ¡Hacen todo esto bajo el pretexto de defender la “democracia”!” (p. 333)

“Podemos partir de la afirmación de que, en todo caso, el futuro conflicto militar no se producirá entre las naciones “democráticas” y las fascistas. En la actualidad podría parecer que no es así: de un lado tenemos a Italia, Alemania, Japón y Polonia. (Es absolutamente erróneo decir que Japón es fascista, pero, por el momento, podemos aceptar esta caracterización vulgar que hace Moscú.) En el otro bando están Inglaterra, Francia, la Unión Soviética. No sé si este último es un país “democrático”, pero podemos aceptar esta caracterización en aras de la simplificación. Estados Unidos colabora con esta combinación”. (p.292)

“Creo que la derrota de España que ahora se aproxima -la deserción del gobierno ocurrirá en las próximas semanas-, producirá la más grande impresión, que se dirigirá directamente contra los stalinistas. Después de la derrota, las partes comprometidas se acusarán unas a otras. El odio de los socialistas en España es terrible. Luego regresarán los voluntarios y tendremos cientos de Beattys porque la guerra civil es una gran escuela. Además el Frente Popular en Francia es un fracaso total. Hoy los informes muestran que el mercado de la bolsa norteamericana está de nuevo nervioso, ha caído. Estas son las últimas convulsiones de la política del New Deal con todas sus ilusiones. Estos tres factores -la derrota en España, la derrota del Frente Popular en Francia y, con vuestro permiso, la bancarrota del New Deal- significan un golpe mortal para los demócratas. Naturalmente que también depende de nuestra actividad”. (p.518)

¿Cómo “contribuía” Trotsky a que la opinión pública viera a la República Española con ojos distintos al franquismo, a discernir allí entre democracia y fascismo?

“La GPU es el verdadero gobierno de la llamada España Republicana. Tanto el ejército como la policía del gobierno de Valencia están en sus manos”.

Ante tal declaración, preguntan a Trotsky si la GPU ejerce su influencia por intermedio de alguna agencia española que colabora con Moscú.

“No -exclama Trotsky enfáticamente- es la verdadera GPU, la rusa, actuando bajo las órdenes directas de Stalin”. (p 318)

“En España, donde el llamado gobierno republicano, sirve como escudo legal a las bandas criminales de Stalin, la GPU encontró el campo más favorable para realizar las instrucciones del plenum de abril”. (p. 331)

“La democracia ideada por la burguesía no es, como pensaron Bernstein y Kautsky, un saco vacío que se puede llenar indiferentemente con cualquier clase de contenido. La democracia burguesa puede servir solamente a la burguesía. Un gobierno del “Frente Popular”, ya sea encabezado por Blum o Chautemps, Caballero o Negrín, es solamente “un comité para el manejo de los negocios comunes de toda la burguesía”. Siempre que este “comité” maneja mal los negocios, la burguesía lo expulsa de una patada”. (p.324)

“…sostuve que no había esperanzas de una verdadera victoria militar de los llamados republicanos, porque tienen el mismo programa que Franco. Un campesino español ve las grandes propiedades terratenientes y se pregunta: ¿Por qué debo luchar por la democracia? Vio la democracia en el pasado, pero en la Guerra Civil no existe democracia. Existe una fuerte censura militar y los obreros o los campesinos no ven ninguna diferencia. Para ambos bandos es un régimen militar. Por eso los campesinos y los obreros se han vuelto indiferentes a la Guerra Civil. Yo no voy a ser indiferente; estoy por la victoria del ejército republicano, pero mi opinión no tiene importancia. La victoria estará determinada por los sentimientos de millones de trabajadores pobres y oprimidos de que ésta es la revolución, y yo afirmo que los republicanos hicieron todo lo posible por garantizar su propia derrota”. (AunqueTrotsky pareciera, por momentos, hablar de la República como si ya no existiera, esto está dicho el 27 de julio de 1937, p. 228)

¿Cómo “ayudaba” Trotsky a que la opinión pública viera a la Unión Soviética con ojos distintos a la Alemania Nazi?

De una entrevista concedida al Jewish Daily Forward, el 18 de enero de 1937: “…el proceso de Moscú es el fraude judicial más grande de toda la historia política mundial. Otros juicios que han pasado a la historia, tales como el de Beilis en Rusia zarista, el de Dreyfus en Francia y el del incendio del Reichstag en Alemania son un juego de niños al lado del proceso de los dieciséis…”

“…En 1927, Stalin ya escribía en los documentos oficiales -en tono sumamente discreto, pero con intenciones claras- que la mayoría de los militantes de la Oposición eran judíos. Decía: no lucharnos contra Trotsky, Zinoviev, Kamenev y los demás porque son judíos sino porque militan en la Oposición. La intención es, evidentemente, señalar que los dirigentes de la Oposición son judíos…
“Stalin es el organizador de los crímenes políticos más grandes de la historia universal”.  (p.83)

“Los experimentos electorales totalitarios atestiguan solamente que, una vez que todos los partidos han sido aplastados, incluyendo el propio, que los sindicatos han sido estrangulados, que la prensa, la radio y el cine han sido subordinados a la Gestapo o a la GPU, si pan y trabajo se dan solamente a los dóciles o los silenciosos, mientras un revólver se coloca en la sien de todo sufragante, entonces es posible alcanzar elecciones“unánimes”. (p.403)

“Hitler combate la alianza franco-soviética, no por hostilidad principista hacia el comunismo (¡ninguna persona seria cree ya en el papel revolucionario de Stalin!)”. 235

¿Cuál es la respuesta que Trotsky propone ante el avance fascista?

¡El derrotismo!

“Si usted no quiere apoyar a los gobiernos aliados de la Unión Soviética, usted es prácticamente un derrotista.”… Contesté aclarando que desarrollamos nuestra política no a través de los gobiernos, sino a través de las masas y mientras continuamos en oposición irreconciliable hacia los gobiernos burgueses aliados de la Unión Soviética, como Francia; en la aplicación práctica de nuestra línea general, hacemos todo – todo lo posible – por proteger los intereses de la defensa de la Unión Soviética, o China, etcétera.” (p.397)

Extraído de urrutial.blogspot.com.es

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Un pensamiento en “Los Procesos de Moscú

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