La concepción materialista de la historia

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Importancia de la concepción materialista de la historia

La concepción materialista de la historia no es más que la aplicación de los principios del materialismo dialéctico en el campo de la misma. Igualmente que la dialéctica, la concepción materialista de la historia no es un medio de simple observación, sino un medio de acción. La teoría revolucionaria no es más que un instrumente para la práctica de la política revolucionaria. El materialismo histórico o dialéctico es para el revolucionario lo que el compás o el sextante para el navegante, o las leyes físicas para el técnico. La dialéctica es el instrumento universal, y la concepción materialista de la historia un instrumento especial que permite comprender las leyes del desarrollo de la sociedad. Sólo gracias al conocimiento de las leyes del movimiento se puede llegar a una previsión científica del porvenir, y sobre esta base desarrollar una acción revolucionaria justa. La considerable importancia de la concepción materialista de la historia reside en el hecho de ser la primera que nos permite prever el porvenir histórico en sus grandes líneas, ejercer una influencia oportuna sobre el mismo y aún dirigirlo, dentro de ciertas condiciones. No es, por tanto, solamente y en primer lugar una explicación de la historia, sino, sobretodo, la base teórica de la acción mediante la cual se hace la historia. La comprensión de las leyes de la naturaleza es indispensable para poder actuar sobre ella. La comprensión de las leyes de la historia abre el camino a la libertad humana. La concepción materialista de la historia, separada de la práctica revolucionaria, es una cosa sin vida. Ya se ha dicho que el que comprende la química solamente no puede comprender ni aún la química. Quien no se esfuerce por comprender el pasado de un modo materialista, no podría comprender ni el pasado.

 

Diferencia fundamental entre la concepción materialista y la concepción idealista de la historia

Ya formulamos anteriormente el principio fundamental del materialismo histórico, diciendo que es el modo que tienen los hombres de procurarse sus medios de subsistencia, cosa que determina todos los demás aspecto de la vida social. El modo que tienen los hombres de procurarse los medios de subsistencia determina, ante todo, sus concepciones, sus ideas o representaciones sociales; en pocas palabras, lo que vulgarmente se llama “la conciencia social”. Dicho de otra manera: la vida material determina la intelectual, o valiéndonos de una expresión de Marx: el ser social es el que determina la conciencia social.11 Sentada la base de que lo material determina lo espiritual, incluso en los asuntos sociales, esta enseñanza recibe el nombre de materialismo histórico. Después de lo dicho acerca de la dialéctica, vemos en seguida que esta enseñanza no es más que una aplicación particular de la dialéctica materialista a las condiciones sociales en que viven los hombres.

La concepción materialista de la historia y el sentido común

Desde el primer momento aparece bien clara esta enseñanza, pero es preciso no olvidar que es contraria al sentido común ordinario. Este se representa las cosas del modo siguiente: toda acción humana tiene su punto de partida en el cerebro y está inspirada en fines que se plantea el individuo. Éste obrará de una u otra forma, según los objetivos que se propone o los proyectos que se traza. De esta manera podemos decir que el sentido común ordinario es desfavorable a la concepción materialista de la historia. Pero si examinamos la cuestión más de cerca, nos daremos cuenta de que esta concepción corriente no ve sino la superficie, porque se pregunta inmediatamente el origen de los objetos y representaciones mediante los cuales actúan los hombres. ¿De donde proviene tal o cual contenido concreto? ¿Cuál es la causa de que el obrero de 1930 piense de distinto modo al obrero de 1830? O ¿Por qué causa el capitalista tiene sobre las huelgas y los sindicatos un punto de vista completamente diferente al del obrero? Tan pronto como planteamos estas cuestiones, nos salimos inmediatamente del campo de las ideas y nos vemos obligados a investigar las causas por las cuales hace algunos cientos o miles de años tenían los hombres distintas ideas que hoy y los obreros tienen puntos de vista diferentes a los de los capitalistas. Si estas diferentes cuestiones no las explicamos más que por otras concepciones, ello equivaldría en realidad a no explicar absolutamente nada e incluso a renunciar a toda clase de explicación. Para comprender cómo han desaparecido en el curso de la historia ciertas concepciones sociales, siendo reemplazadas por otras, o cómo en una misma sociedad las diferentes clases pueden tener diferentes puntos de vista acerca del bien o del mal, debemos remontarnos a las causas materiales que explican estos diferentes puntos de vista. Es decir, debemos remontarnos de la conciencia social al ser social. El materialismo histórico no excluye ni mucho menos la existencia y el papel del pensamiento y de la conciencia; no niega que los hombres tengan ideas en su cerebro ni que actúen según ciertas concepciones determinadas, sino que explica estas concepciones y estos fines por la estructura material de la sociedad. En oposición a todas las teorías idealistas, no considera la idea como el elemento esencial primario, sino como algo secundario, como la consecuencia de ciertas condiciones materiales.

¿Qué es el modo de producción?

Vamos a ver ahora en qué consiste el elemento esencial, es decir, los medios que tiene el hombre de procurarse sus medios de existencia, o como dice Marx, el modo de producción. ¿A qué se le llama modo de producción? El materialismo histórico entiende que son las relaciones que existen entre los hombres cuando producen o trabajan; más brevemente dicho: las relaciones mutuas de los hombres en el trabajo. En el fondo se reduce esto a la siguiente cuestión: ¿Cómo se agrupan los hombres alrededor de los medios de producción? ¿A quién pertenecen los medios de producción? ¿Cómo se los emplea?

El medio más eficaz de comprender lo que se entiende por modo de producción consiste en tomar cierta cantidad de estos modos de producción e investigar en ellos lo que tienen de fundamental y esencial. Tomemos por ejemplo el modo de producción capitalista, caracterizado por los siguientes medios de producción: las máquinas, las fábricas, las materias primas, etcétera. Los medios de producción no pertenecen a los que producen, los obreros. Tenemos, de una parte, una clase de hombres que poseen los medios de producción, pero no trabajan, y de otra parte, otra clase de hombres, los obreros, que no poseen ningún medio de producción, sino solamente su fuerza de trabajo, y que no pueden trabajar si esta fuerza de trabajo no es puesta al servicio de los poseedores de los medios de producción, es decir, de los capitalistas.

La segunda característica del modo de producción capitalista es que los obreros son jurídicamente hombres libres; la tercera es que los medios de producción, las máquinas, los instrumentos, las materias primas, son empleados socialmente, es decir, que siempre trabajan al mismo tiempo cierto número de obreros en las máquinas de una fábrica.

Comparemos ahora el modo de producción capitalista con el régimen de la simple producción de mercancías, tal como lo encontramos en el pequeño artesanado o en las pequeñas o medianas explotaciones agrícolas, y veremos que en éstas las relaciones mutuas de los hombres son distintas a las del modo de producción capitalista. El que trabaja es, al mismo tiempo, propietario de los medios de producción; el campesino lo es de la tierra, de las viviendas, de los arados, del ganado; el industrial o artesano, del lugar donde trabaja, de sus herramientas y de sus materias primas. Pero lo que más caracteriza a este régimen de simple producción de mercancías es que no se efectúa el trabajo en común en una misma empresa, como sucede en el modo de producción capitalista: aquí el productor trabaja aislado con ayuda de sus propias herramientas. Los medios de producción son de su propiedad individual, y de ellos se sirve individualmente. En la explotación campesina o artesana de este tipo el productor trabaja con ayuda de sus propios instrumentos, como hemos dicho; pero lo más característico de este modo de producción es que no existe la colaboración directa, metódica, entre los distintos productores y que la sociedad se divide en una considerable cantidad de ellos, trabajando independientes unos de otros. En la producción capitalista, la producción constante que realizan multitud de hombres tiene lugar en una fábrica o en un conjunto de fábricas agrupadas en una sola unidad económica. En la simple producción de mercancías, la colaboración consciente es, en todo caso, la del artesano con un limitado número de compañeros o la del campesino con los miembros de su familia.

Un tercer ejemplo característico nos lo proporciona el comunismo primitivo. La sociedad comunista primitiva es la única propietaria de los principales medios de producción. La posesión individual de los medios de producción desempeña solamente un papel muy restringido, el trabajo es directamente social. No es ni lo que en la simple producción de mercancías ni lo que en la economía capitalista.

Estos son algunos ejemplos de las relaciones existentes entre los hombres y los medios de producción que caracterizan los diferentes modos de esta.

La producción y el reparto

El modo de producción determina igualmente el modo de reparto. Este aserto se confirma claramente en el modo de producción capitalista. La clase poseedora de los medios de producción posee también los productos resultantes del trabajo, es decir, las mercancías. Por esto la clase obrera, que no posee los medios de producción, no tiene ningún derecho sobre los productos de su trabajo, y obtiene solamente una pequeña parte de la producción; tampoco recibe sus medios de subsistencia más que bajo la forma de salario, de manos de los poseedores de dichos medios de producción. Vemos en seguida que allí donde no existe propiedad privada de los medios de producción, es decir, en el comunismo primitivo, los productos del trabajo pertenecen a la colectividad y son consumidos en común o repartidos entre los individuos mediante ciertas reglas bien determinadas. De esta manera, el modo de producción determina el modo de reparto en la sociedad.

Diferencia entre el modo de producción y la técnica

Igualmente hay que distinguir entre el modo de producción y la técnica, con la que a menudo se le confunde. El modo de producción es una relación entre hombres, o sea una relación social. La técnica, por el contrario, es el modo que tienen los hombres de dominar la naturaleza. Por esto las expresiones como producción mecánica, etcétera, no caracterizan un modo de producción o una relación de producción. Lo mismo sucede al hablar de la edad de piedra, del cobre, del bronce, del hierro, que son épocas diferentes de la prehistoria y de la historia, en las que el hombre se servía de instrumentos de piedra, de cobre, de bronce, de hierro, lo que no es una división impuesta por el modo de producción, sino por la técnica.

¿Qué causas determinan el desarrollo del modo de producción?

Hemos visto que el modo de producción determina el carácter y desarrollo de todas las demás relaciones sociales, constituyendo la fuerza motriz que hace avanzar todo desarrollo social. Pero ahora cabe la siguiente pregunta: ¿Qué causas determinan a su vez el desarrollo del modo de producción? ¿Por qué motivo pasa la sociedad del comunismo primitivo a la economía esclavista, de ésta al feudalismo, del feudalismo al capitalismo y del capitalismo al socialismo? La ley general que rige las transformaciones del modo de producción es el desarrollo de la productividad del trabajo. Examinando la serie de diferentes modos de producción por los que ha pasado la humanidad, nos daremos cuenta de que la ley general que explica el paso de un modo de producción a otro es el aumento de las fuerzas productivas. Cada modo de producción tiene por base un nivel técnico determinado. La fuerza motriz que obliga a la sociedad a pasar de uno a otro modo de producción, que impulsa adelante todo el desarrollo, es la contradicción existente en el seno del modo de producción dado que entre éste y las fuerzas productivas, o sea las fuerzas mediante las cuales se fabrica cierta cantidad de productos. Cada modo de producción sólo permite el desarrollo de las fuerzas productivas o de rendimiento de trabajo hasta cierto límite, pasado el cual se convierte en un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas, no obstante habiendo sido hasta entonces un factor positivo de dicho desarrollo. Este obstáculo se suprime con el paso a un nuevo modo de producción, superior a aquél. Cuando la sociedad está dividida en clase dominada y clase dominante esta transición puede realizarse por medio de una revolución social.

Podemos explicar esto con ayuda de un ejemplo obtenido del desarrollo de la agricultura. Primitivamente se practicaba ésta en común. La agricultura primitiva atravesó una larga serie de fases de desarrollo técnico y económico hasta el momento en que el modo de explotación en común constituyó un obstáculo al progreso. Entonces se verifica el paso a una nueva forma de producción, que fue la explotación campesina individual, la de simple producción de mercancías. La propiedad colectiva del suelo ha dejado el paso a la propiedad individual del mismo y de los medios de producción agrícola. Ello permite un trabajo mucho más intenso y facilita el aumento de las fuerzas productivas. Pero esta clase de economía llega a su vez al límite y aparece atrasada desde el momento en que hacen su aparición métodos superiores y se introduce la maquinaria en la agricultura. En las condiciones de explotación agrícola individual de la tierra no es posible utilizar la fuerza del vapor, de la electricidad y demás invenciones de la técnica moderna. Esto supone ya el paso a la explotación capitalista, que se desarrolla y alcanza sus límites, determinados por las particularidades de dicho modo de producción capitalista. La etapa de progreso siguiente en este desarrollo la constituye el paso a la agricultura socialista. Vemos que lo que regula el paso de un modo de producción a otro en la agricultura, como igualmente en las distintas ramas de la producción, es el desarrollo de las fuerzas productivas.

Este paso de un modo a otro de producción no se produce por sí mismo, automáticamente, sino que es realizado por el hombre y por la parte o clases de la sociedad para las cuales el modo de producción existente se ha convertido en un obstáculo a su desarrollo y cuyo papel en la producción ha hecho ya nacer en ellas los gérmenes de un modo de producción superior.

Las clases

Esto nos conduce directamente a estudiar el papel desempeñado por las diferentes clases. Estas no han existido ni existirán siempre. La división de la sociedad en clases no apareció sino después de un desarrollo relativamente prolongado y después de la división del trabajo que se manifestó en la sociedad primitiva sin clases. Históricamente, la división de la sociedad en clases apareció a continuación de la descomposición del comunismo primitivo y se halla estrechamente unida a la aparición de la propiedad privada. La pertenencia de los hombres a una clase está determinada por las relaciones de éstos frente a los medios de producción. Si examinamos la sociedad capitalista actual, ¿qué clases principales distinguiremos y en qué se diferencian?

1) Los poseedores de los medios de producción, que no trabajan, y ponen estos medios de producción en movimiento mediante la fuerza de trabajo de otro; es decir, la clase capitalista.

2) Aquellos que no poseen ningún medio de producción y se ven obligados a poner su fuerza de trabajo a disposición de los capitalistas, es decir, los obreros. Estas dos primeras clases constituyen las principales de la sociedad capitalista actual.

3) La clase de los que poseen sus medios de producción trabajando ellos mismos; lo pequeños campesinos y pequeños industriales. Esta clase es precapitalista, pero se mantiene en el régimen capitalista.

En la antigüedad griega o romana se destacan, de una parte, los propietarios de esclavos, poseedores de los medios de producción y de los esclavos; después los esclavos mismos, que no poseían ningún medio de producción, ni su propia fuerza de trabajo. Igualmente había en la antigüedad pequeños artesanos y campesinos libres, es decir, simples productores de mercancías. Aquí también, por consiguiente, la pertenencia de clase, como el régimen capitalista, se determina por las relaciones de los hombres con los medios de producción.

 

Extraído del libro “Introducción al materialismo dialéctico” de August Thalheimer

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