Tres importantes luchas en el frente filosófico de China (1949-1964)

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1976. Ediciones de Lenguas Extranjeras.

Escritos por el Grupo Redactor de Artículos para la Crítica Masiva Revolucionaria de la Escuela del Partido subordinada al Comité Central del Partido Comunista de China, salieron por primera vez por separado en Renmin Ribao (Diario del Pueblo), Hongqi (Bandera Roja) y Guangming Ribao (Diario de Kwangming). Basamos la traducción en las versiones en español del primero, tercero y cuarto artículos de Pekín Informa: “La lucha en filosofía y la lucha de clases” (No. 5, 3 de febrero de 1971); “Seria lucha en torno a la cuestión de la identidad entre el pensar y el ser” (No. 16, 21 de abril de 1971) y “La teoría de `integrar dos en uno’ es una filosofía reaccionaria para restaurar el capitalismo” (No. 19, 12 de mayo de 1971), respectivamente.

La filosofía del Partido Comunista es la filosofía de lucha”. “El marxismo sólo puede desarrollarse en la lucha; esto es cierto no sólo para el pasado y el presente, también es necesariamente cierto para el futuro“.

Entre 1949 y 1964, se libraron tres importantes luchas de principios en el frente filosófico de nuestro país, a saber: la lucha en torno a la cuestión de la base económica y la superestructura, la lucha en torno a la cuestión de si existe identidad entre el pensar y el ser, y la lucha en torno a la cuestión de que “uno se divide en dos” y “dos se integran en uno”. Las tres luchas fueron provocadas, una tras otra, por Yang Sien-chen, agente del renegado, traidor oculto y vendeobreros Liu Shao-chi en los círculos filosóficos, en coyunturas cruciales de la lucha entre las dos clases (el proletariado y la burguesía), los dos caminos (el socialismo y el capitalismo) y las dos líneas (la marxista y la revisionista). Se trataba de recias batallas entre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por una parte, y el idealismo y la metafísica, por la otra. Fueron un reflejo, en el frente filosófico, de la aguda lucha de clases nacional e internacional.

I

Con la fundación de la República Popular China en 1949, se terminó en lo fundamental la etapa de la revolución de nueva democracia de nuestro país y se inició la etapa de la revolución socialista. En su informe ante la II Sesión Plenaria del VII Comité Central del Partido Comunista de China, celebrada en marzo de 1949, el gran líder el Presidente Mao señaló que, después de conquistada la victoria de la revolución en todo el país, la contradicción principal en la sociedad china era la “contradicción entre la clase obrera y la burguesía“, y llamó al pueblo a continuar haciendo la revolución, fortalecer la dictadura democrática popular, es decir, la dictadura del proletariado y “construir un gran Estado socialista“. A fines de 1952, el Presidente Mao dio un paso más formulando la línea general para el período de transición: llevar a cabo gradualmente la industrialización socialista y efectuar gradualmente la transformación socialista de la agricultura, la artesanía, y la industria y comercio capitalistas.

Por el contrario, Liu Shao-chi, en descarada oposición al espíritu de la II Sesión Plenaria del VII Comité Central del Partido, predicó desesperadamente desde 1949 que “la explotación tiene sus méritos” y abogó por el desarrollo del capitalismo. Blandiendo la andrajosa bandera de “la teoría de las fuerzas productivas”, cocinó, luego de la liberación del país, un siniestro programa para desenvolver el capitalismo, programa que propugnaba la “cooperación entre los cinco sectores de la economía [Los cinco sectores de la economía fueron: la economía estatal, la economía cooperativa, la economía individual de los campesinos y artesanos, la economía capitalista privada y la economía capitalista estatal.] para consolidar el sistema de la nueva democracia”. Se opuso sin escrúpulos a la línea general del Partido para el período de transición.

Precisamente en el momento en que se desarrollaba una intensa lucha entre la línea revolucionaria proletaria del Presidente Mao y la línea revisionista contrarrevolucionaria de Liu Shao-chi, Yang Sien-chen, a las órdenes de éste, fraguó la supuesta teoría de la “base económica sintetizada”, provocando de esta manera la primera lucha importante en el frente filosófico.

Yang Sien-chen declaró que la base económica en el período de transición era “de carácter sintetizado”, “que abarcaba tanto el sector socialista como el sector capitalista de la economía”, los cuales “pueden desarrollarse en forma equilibrada y coordinada”, y que la superestructura socialista debía, sin discriminación alguna, “servir a la base económica en su conjunto”, incluido el sector capitalista de la economía, y “servir también a la burguesía”. He aquí la tristemente famosa teoría de la “base económica sintetizada”.

Al plantear estos absurdos reaccionarios, Yang Sien-chen negó que la economía socialista y la capitalista eran diametralmente opuestas y luchaban entre sí. Negó la naturaleza de clase de la superestructura, intentando recurrir a la total colaboración y capitulación de clase en todas las esferas, desde la base económica hasta la superestructura. Su objetivo era cambiar la naturaleza de la dictadura del proletariado en nuestro país, oponerse al establecimiento de una base económica socialista y perpetuar el capitalismo en China.

La teoría de la “base económica sintetizada”, que clamaba por el desarrollo del capitalismo, no es otra cosa que una variedad de la teoría de que “la teoría de las fuerzas productivas”. De acuerdo con esta última, altamente apreciada durante varios decenios por los nuevos y viejos revisionistas de dentro y fuera del país, China, con sus fuerzas productivas atrasadas sin un capitalismo desarrollado, no puede efectuar la transformación socialista de la propiedad privada de los medios de producción ni realizar el socialismo, sino que sólo puede dejar cundir libremente el capitalismo.

Tan pronto como saliera esta falacia reaccionaria de Yang Sien-chen, el proletariado le propinó un golpe contundente. Yang Sien-chen, que no se resignaba a su derrota, volvió a pregonar su teoría de la “base económica sintetizada” en 1955, de manera incluso más sistemática, en el artículo “Sobre la base y la superestructura durante el período de transición en la República Popular China”. A recibir el artículo, Liu Shao-chi, brindándole un abierto respaldo, dijo: “Usted tiene razón”. Agregó que el capitalismo privado “forma parte de la base”.

El Presidente Mao criticó severamente el programa reaccionario de Liu Shao-chi acerca de la “cooperación entre los cinco sectores de la economía para consolidar el sistema de la nueva democracia” y señaló que la reaccionaria esencia de este programa consistía en desenvolver el capitalismo. Bajo la guía del pensamiento Mao Tsetung, la transformación socialista de la propiedad de los medios de producción se completó en lo fundamental en 1956 y la línea general del Partido para el período de transición fue cumplida victoriosamente. La teoría de Yang Sien-chen de la “base económica sintetizada” no sólo cayó en bancarrota en lo teórico, sino que resultó totalmente destrozada por la práctica revolucionaria.

II

“La revolución quiere decir liberar las fuerzas productivas”. La transformación socialista de la propiedad de los medios de producción ha fomentado bastante el crecimiento de las fuerzas productivas. El Presidente Mao formuló en 1958 la línea general de “poner en tensión todas las fuerzas y pugnar por marchar siempre adelante para construir el socialismo según la norma de cantidad, rapidez, calidad y economía”. Una vez que las masas aprehendan el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung, éste se convierte en una fuerza material capaz de transformar el mundo, una fuerza bajo cuyo impacto se vienen abajo toda la vieja superestructura e ideología. Las masas populares, “tan animadas y tan llenas de audacia y combatividad”, pusieron en pleno juego su actividad subjetiva e iniciativa revolucionaria, crearon la nueva situación caracterizada por el gran salto adelante en la construcción del socialismo y establecieron las comunas populares, que son de gran significación histórica.

El rápido y pujante desarrollo de la revolución y construcción socialistas sacó de quicio al puñado de oportunistas de derecha. Liu Shao-chi y sus congéneres salieron a lanzar frenéticos ataques contra la línea general, el gran salto adelante y las comunas populares e impugnar el movimiento revolucionario de masas. Acusaron al Partido de practicar un “idealismo subjetivo” que “exageraba el papel activo y consciente del hombre”. Yang Sien-chen, al dictado de Liu Shao-chi, aprovechó el momento para provocar una nueva batalla en el frente filosófico elaborando la teoría de “la falta de identidad entre el pensar y el ser”.

Yang Sien-chen declaró arbitrariamente: “La identidad entre el pensar y el ser es un tema idealista”. Dijo el disparate de que la “identidad entre el pensar y el ser” y la “identidad dialéctica” no son la misma cosa y que pertenecen a “dos categorías diferentes”. Distorsionando malignamente el marxismo-leninismo, trató de contraponer la identidad entre el pensar y el ser a la teoría materialista del reflejo, afirmando que, con respecto al problema de la relación entre el pensar y el ser, “el materialismo lo resuelve con la teoría del reflejo, y el idealismo, con la identidad”.

La dialéctica materialista nos enseña que la ley de la unidad de los contrarios es universal. La identidad de los contrarios, o sea, su dependencia mutua para la existencia y su transformación recíproca en determinadas condiciones, es aplicable, sin duda alguna, a la relación entre el pensar y el ser. Al negar la identidad entre el pensar y el ser, Yang Sien-chen estaba negando el hecho de que los dos aspectos opuestos de la contradicción –el pensar y el ser– dependen el uno del otro para su existencia y se transforman mutuamente en condiciones determinadas. Si la afirmación de Yang Sien-chen fuera verdad, la ley dialéctica de la unidad de los contrarios carecería de sentido universal.

Yang Sien-chen negó con su metafísica la interrelación entre el pensar y el ser, los consideró como contrarios absolutos. Así, se cayó en el dualismo y, en adelante, en el idealismo subjetivo. Se opuso al papel activo de la teoría revolucionaria y al movimiento revolucionario de masas. Exageró desmedidamente los aspectos secundarios y no esenciales de dicho movimiento. Atacó un punto sin considerar todo lo demás. Cerrando los ojos ante la esencia y los aspectos principales del movimiento revolucionario de masas, llegó al extremo de tomar sus propias percepciones subjetivas contrarrevolucionarias por realidad objetiva, con la vana intención de derrocar la dictadura del proletariado y restaurar el capitalismo.

Al negar la identidad dialéctica entre el pensar y el ser, Yang Sien-chen estaba oponiéndose, en fin de cuentas, a que se armara a las masas con el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung y a que éstas lo utilizaran para transformar activamente el mundo, o sea, quería embaucar a las masas con ideas revisionistas contrarrevolucionarias e intentar transformar el mundo de acuerdo a la reaccionaria concepción burguesa del mundo. Tal teoría reaccionaria de Yang Sien-chen era precisamente la “base teórica” de la filosofía del servilismo ante lo extranjero y la teoría de avance rastrero impulsadas por Liu Shao-chi.

Con el respaldo de Liu Shao-chi, en 1955 Yang Sien-chen comenzó a pregonar esta reaccionaria teoría. En 1957, hasta exigió de manera descarada que se tachara de “derechistas” a quienes se oponían a sus disparates y defendían con firmeza la identidad entre el pensar y el ser. En 1958, confeccionó el siniestro artículo “Breve exposición sobre las dos categorías de `identidad'”, en que tilda de “idealismo subjetivo” la tesis científica de la identidad entre el pensar y el ser; luego, mandó que sus consocios escribieran artículos para propagar tal teoría reaccionaria. En octubre del mismo año, el Presidente Mao denunció claramente la reaccionaria esencia de la falacia de Yang Sien-chen, pero éste se resistió férreamente. Mientras daba conferencias en noviembre de 1958, Yang Sien-chen vilipendió la teoría de la identidad entre el pensar y el ser como “puras tonterías y una teoría netamente reaccionaria”. Entre 1959 y 1964, en estrecha coordinación con las actividades contrarrevolucionarias de Liu Shao-chi a favor de la restauración capitalista, desató reiterados ataques contra el pensamiento Mao Tsetung sobre esta cuestión. Todas estas estratagemas se vinieron a pedazos, una tras otra, bajo los demoledores golpes del proletariado.

El Presidente Mao escribió en 1963 el conocido artículo ¿De dónde provienen las ideas correctas?. En este artículo expuso penetrantemente la gran verdad de que la materia puede transformarse en conciencia y la conciencia en materia, desarrolló de manera creadora la teoría marxista del conocimiento, criticó a fondo el idealismo y la metafísica burgueses de Liu Shao-chi, Yang Sien-chen y sus semejantes e hizo una síntesis científica de la lucha que se libraba en torno a la cuestión de la identidad entre el pensar y el ser.

III

Liu Shao-chi y sus secuaces no se resignaron a la derrota y armaron una última batalla. En 1964, Liu Shao-chi mandó a Yang Sien-chen tramar la teoría reaccionaria de que “dos se integran en uno”, en abierta oposición a la dialéctica revolucionaria del Presidente Mao de que “uno se divide en dos”, desatando así una lucha todavía más amplia.

Ese año, se dio una lucha de clases muy aguda y compleja en el país y en el mundo. En colusión con los enemigos de clase en el exterior y sus descaradas actividades antichinas, Liu Shao-chi y sus secuaces trabajaron a toda máquina por una restauración capitalista en China. Guiado por la teoría del Presidente Mao sobre la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado, el pueblo chino libró medida por medida una lucha contra los enemigos de clase de dentro y fuera del país. Iniciaron un movimiento de educación socialista dentro del país y, en la arena internacional, desplegó una polémica pública con el revisionismo contemporáneo. La reaccionaria teoría de que “dos se integran en uno” apareció en tal momento precisamente para satisfacer las necesidades contrarrevolucionarias de los enemigos de clase en el país y en el mundo.

El Presidente Mao ha señalado: “Toda cosa se divide en dos“. “En la sociedad humana, al igual que en la naturaleza, cada entidad invariablemente se divide en sus diferentes partes; sólo hay diferencias en el contenido y la forma bajo condiciones concretas diversas“. La magistral tesis del Presidente Mao de que “uno se divide en dos” es una síntesis penetrante y concisa de la ley de la unidad de los contrarios, es un gran desarrollo de la dialéctica materialista.

Reconocer que “uno se divide en dos” significa reconocer que en la sociedad socialista aún existen clases, contradicciones de clase y la lucha de clases, existen la lucha entre el camino socialista y el capitalista, el peligro de restauración del capitalismo y la amenaza de la agresión y subversión de parte del imperialismo y el socialimperialismo. Para resolver estas contradicciones es imperativo continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado.

Sin embargo, la reaccionaria teoría de que “dos se integran en uno” predica que, “en el caso de cualquier cosa, `dos se integran en uno'” y que la identidad de los contrarios significa que éstos tienen una “ligazón inseparable”, un “punto común” y “demanda común”. Esta falacia reaccionaria, que intenta conciliar las contradicciones, liquidar la lucha, negar la transformación y oponerse a la revolución, es ciento por ciento metafísica e idealismo burgués. En esencia tiene por objetivo “integrar” en uno al proletariado y la burguesía, la revolución y la contrarrevolución; se opone a la continuación de la revolución bajo la dictadura del proletariado y trata de restaurar el capitalismo. Constituye la base de la teoría de la “extinción de la lucha de clases” de Liu Shao-chi.

Para abrir cancha con sus ideas reaccionarias, Yang Sien-chen y compañía pregonaron que “ya se ha dicho demasiado acerca de `uno se divide en dos’ y muy poco acerca de `dos se integran en uno'”. Trabajaron tiempo extra para atacar el principio de “uno se divide en dos” del Presidente Mao, calumniándolo como “la filosofía de atacar a la gente”. Pero los recios ataques de la reacción sólo aceleraron su hundimiento general. Tan pronto como hiciera su aparición, la teoría de que “dos se integran en uno” encontró demoledores golpes del cuartel general proletario y de las masas revolucionarias. El Presidente Mao dirigió personalmente la lucha de crítica a esta teoría reaccionaria y dio en el clavo al puntualizar que el núcleo de esta teoría revisionista es la conciliación de clases, condenándola así a muerte.

IV

Las tres importantes luchas en el frente filosófico muestran que la confrontación entre los dos bandos opuestos en este frente siempre ha sido un reflejo de la lucha de clases y de la lucha entre las dos líneas, que sirve a estas luchas y que no debemos considerar la lucha en filosofía como solamente “controversia académica”. Liu Shao-chi, Yang Sien-chen y sus congéneres atacaban frenéticamente el materialismo dialéctico y materialismo histórico, difundían el reaccionario idealismo y metafísica y provocaban una lucha tras otra precisamente con el vil afán de sacudir la base filosófica de la línea revolucionaria proletaria del Presidente Mao y crear una “base teórica” para la línea revisionista contrarrevolucionaria que trataba de restaurar el capitalismo.

Las tres importantes luchas en el frente filosófico nos enseñan además que la lucha entre las dos líneas es, a fin de cuentas, la lucha entre las dos concepciones del mundo, la proletaria y la burguesa. La concepción del mundo de uno decide qué línea defiende y sigue. El que Liu Shao-chi, Yang Sien-chen y compañía impulsaran la línea revisionista contrarrevolucionaria fue decidido, como causa fundamental, por su concepción del mundo, su idealismo y metafísica burgueses. Para aplicar a conciencia la línea revolucionaria proletaria, es imperativo que estudiemos concienzudamente el materialismo dialéctico y materialismo histórico de la mano con los tres grandes movimientos revolucionarios de la lucha de clases, la lucha por la producción y la experimentación científica, superemos el idealismo y la metafísica en nuestra mente y remodelemos a conciencia nuestra concepción del mundo. Debemos aprender a distinguir el genuino marxismo del falso, la línea correcta de la errónea.

Las tres importantes luchas en el frente filosófico terminaron en la contundente victoria del pensamiento filosófico del Presidente Mao. Pero la lucha de clases no ha finalizado todavía. La lucha entre el materialismo y el idealismo y la lucha entre la dialéctica y la metafísica nunca tendrán fin. Debemos llevar a cabo una profunda crítica revolucionaria de masas al idealismo y metafísica pregonados por Liu Shao-chi y otros estafadores políticos y arrancar de raíz lo que quede de su influencia venenosa.

Extraído de acgcr.org

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