Educación de hábitos culturales

Imagen

Incurren en un craso error los padres que piensan que la formación cultural es una obligación que incumbe solamente a la escuela y a la sociedad, y que la familia nada puede hacer en este sentido. Todos conocemos familias que dedican mucha atención a la alimentación del niño, su vestimenta y juegos, y están convencidas de que en la edad preescolar no debe hacer otra cosa que jugar, acopiar fuerza y salud, y que sólo en la escuela se pondrá en contacto con la naturaleza.

En realidad, la familia no está sólo obligada a comenzar la formación cultural lo antes posible, sino que dispone con ese fin de muchas posibilidades que deben utilizar en la mejor forma.

No se trata de un problema difícil, siempre que los padres no crean que su labor pedagógica se reduce a formar hábitos culturales en el niño y que podrán cumplirlas sin cultivarse ellos mismos. Cuando los padres no leen diarios ni libros, nunca concurren al teatro o al cine, no se interesan por las exposiciones y museos, les resultará muy difícil dirigir la formación cultural de sus hijos. En este caso, por más que se empeñen, mucho de sinceroy poco de artificioso, que el niño notará, lo que le hará pensar que no es una cuestión importante.

En la inversa, en la familia en que los padres hacen una vida cultura activa, en que el diario y el libro constituyen una necesidad, en que los problemas del teatro y del cine interesan a todos, la formación cultural tendrá lugar incluso cuando pareciera que los padres ni piensan en ella. No se debe inferir de ahí que la formación de hábitos culturales puede producirse espontáneamente, que es ésta la mejor forma de lograrlos. El automatismo en esta materia -como en otra cualquiera- puede reportar mucho daño, por cuanto desestima los efectos de la educación y ocasiona muchos errores. El automatismo suele ser, precisamente, la causa de situaciones en que los padres empiezan a preguntarse constarnados: ¿De dónde proviene eso? ¿Dónde adquirió el niño esas ideas, esos hábitos?

La formación cultural es eficaz cuando se la organiza conscientemente, con un plan, con un método acertado y un control. Debe principiar cuanto antes, cuando el niño todavía está lejos de la etapa de la lectura, en el período de su desarrollo sensorial, cuando comenzó a ver y oir con claridad y balbucear algunas palabras.

Una cuento bien ralatado es ya un comienzo de formación cultural. Sería muy útil que en la biblioteca de cada familia hubiera una colección de cuentos. En los últimos tiempos se han editado muchas colecciones interesantes. Desde luego que no todos pueden ser narrados tal cual, es necesario abreviarlos y adaptar su lenguaje a la comprensión infantil. Lo mismo cabe decir de los cuentos que los padres recuerden de su niñez.

Ante todo debemos prescindir de aquellos en cuya trama interviene el diablo, brujas, ondinas, o cosas por el estilo, aptos solamente para niños de una edad en que están ya bien a cubierto de esas viejas y tenebrosas invenciones y en contradicciones de percibir en el cuento solamente la ficción artística, de entender que detrás de las imágenes de los diversos monstruos hay generalmente algo hostíl y malévolo para el hombre. Durante la primera infancia la imágenes malignas pueden ser percibidas por el niño como reales y orientar su imaginación hacia una música tenebrosa, intimidatoria.

Los mejores cuentos para pequeños son siempre los relativos a los animales. En el acervo literario ruso de este género existen muchos y muy  buenos. Lo mismo ocurre en los demás pueblos de la URSS; todos poseen un rico caudal de cuentos. En el momento oportuno se pasará a aquellos cuyo argumento se basa en las relaciones humanas. Existen muchos relatos interesantes sobre “Juan el tonto“, pero hay que evitar los que destacan la necesidad humana y califican irónicamente a Juan de tonto. Como ejemplo recomendable podemos citar el hermosos cuento de Erschov “El caballito jorobado“. El género es más serio cuando la trama del cuento refleja la lucha entre pobres y ricos, la lucha de clases. Ene ste sentido recomendamos a los padres cierto cuidado: evitar los cuentos sombríos que relatan y describen la muerte de seres humanos.

En general, se dará preferencia al cuento que despierta la energía y la confianza en las propias fuerzas, con un enfoque optimista de la vida, que inspire la esperanza en la victoria. La simpatía hacia los oprimidos no debe asociarse a una idea de una predestinación sin posible cambio. Los cuadros afligentes que se refieren a formas sombrías de violencia y explotación pueden ser exhibidos solamente a los niños mayores.

La observación de ilustraciones es muy útil para el desarrollo de la imaginación y de nociones amplias sobre la vida. Además de las revistas infantiles se pueden utilizar con ese objeto cualquier reproducción de cuadros, grabados o fotografías cuyo contenido sea adecuado. Son elementos que despiertan y encauzan la atención hacia los distintos detalles, hacia las relaciones entre las cosas observadas y sus causas, y sugieren a los niños muchas preguntas. Estas preguntas siempre deben ser respondidas en forma comprensible para la mentalidad infantil. Si por cualquier circunstancia resulta difícil responder en forma adecuada, conviene decir: -No lo comprenderás, cuando seas mayor los sabrás. Semejantes respuestas no son perjudiciales, habitúan al niño a aquilatar sus posibilidades cuando formula preguntas y le prometen un futuro serio e interesante. Se pueden encontrar estampas de este género en distintos periódicos y en revistas.

El teatro y el cine son aptos para el niño exclusivamente cuando se trata de temas especiales, destinados a la edad correspondiente. En general, tratándose de la primera infancia es mejor abstenerse del teatro y del cine, por cuanto el número de espectáculos es insignificante. Por ejemplo, la pieza del simbolista Maeterlinck “El pájaro azul“, es inapropiada para los más pequeños. Algunos padres piensan que por tratarse de un cuento no ofrece inconvenientes. Pero en realidad se trata de una obra totalmente inaccesible para niños de corta edad y, en algunas de sus partes, incluso para los de edad mediana. La pieza es de un simbolismo complicado y tenso, las cosas y los animales poseen caracteres complejos y contiene muchas imágenes rebuscadas e irreales (“terrores”).

La enseñanza de la lectura constituye un momento de transición importante en la tarea de formación de hábitos culturales. Por lo común esa transición se produce en la escuela y ejerce gran influencia en la vida del niño, que ingresa en el campo de la palabra impresa y del libro -a veces con desgana- superando con esfuerzo las dificultades técnicas que le plantean la letra y el proceso de la lectura. La iniciación debe realizarse con habilidad, evitando toda violencia a los niños, sin que ello signifique estimular cierta pereza que surge de la lucha con las dificultades.

Conviene que los libros sean accesible por su contenido, impresos en tipos grandes y con muchas ilustraciones. Aunque el niño no esté aún en condiciones de leerlos son útiles, por cuanto despiertan su interés por la lectura y la aspiración a superar sus dificultades.

Una vez aprendida la lectura comienza la etapa del estudio y de la adquisición de conocimientos. La escuela adquiere entonces una importancia primordial en la vida del niño, sin que ellos signifique, claro está, que los padres olviden sus obligaciones y dejen todo a cargo de aquella. No olvidemos que la eficacia de todos los aspectos de la educación durante la escolaridad depende mucho de la colaboración entre el hogar y la escuela, entre los que debe haber siempre entendimiento y acción solidaria. Precisamente el clima cultural de la familia influye mucho en el trabajo escolar del niño, en la calidad y la intensidad de su estudio, en la formación de relaciones correctas con los maestros, los compañeros y toda la organización escolar. Es entonces cuando adquieren gran importancia el diario, el libro, el teatro, el cine, el museo, las exposiciones y los demás elementos de la formación cultural. Los examinaremos por separado.

El diario

Aun cuando el niño no sepa leer ni escribir y solamente escuhe una lectura, el diario ya debe ocupar un lugar destacado entre sus impresiones. En todo hogar debe haber un diario, que no deben leer los padres cada uno para sí, lejos del niño. Todos contienen material apropiado para ser leído en voz alta y comentando, y aunque no lo sea especialmente para el niño, conviene hacerlo en su presencia y en forma tal que parezca que se prescinde de él. De todo modos el niño escuchará, y lo hará con tanta más atención cuanto más natural sea la actitud de los adultos. Cualquier diario contiene material relativo a sucesos internacionales, a demostraciones de los trabajadores en ocasión de festejos, episodios fronterizos, logros stajanovistas, distintos actos heróicos y valerosos, construcción y ornamentación de ciudades, nuevas leyes, etc.

Cuando el niño ya sabe leer, el diario adquiere una importancia cada vez mayor. Desde luego que es muy útil cuando el niño es suscriptor del periódico de alguna organización juvenil, pero si existiera alguna dificultad para ello, no será una mal irreparable: los diarios soviéticos están escritos en un idioma asequible a cualquier persona alfabetizada y siempre contienen algún material interesante también para el niño. Naturalmente, hay que procurar que él mismo lo lea, que se convierta para él en un elemento indispensable. Pero es también necesario el comentario familiar de lo leído. o por lo menos una conversación al respecto. Ese comentario no debe hacerse de una manera formal, consagrándole una determinada hora y, desde luego, no debe ser extenso. Es conveniente que parezca una charla libre, mejor aún si parece ocasional, surgida por casualidad con motivo de alguna cuestión doméstica o de una opinión emitida por alguien. Si no se presentan oportunidades de esa índole, se puede preguntar simplemente qué hay de interesante en el diario.

Durante la adolescencia, la lectura de diario debe ser un hábito generalizado de la cultura soviética, una manifestación de interés activo y cálido de los niños por la vida de su patria.

El libro

El contacto con el libro debe comenzar también con la lectura en voz alta, actividad que debe convertirse luego en habitual en el ambiente familiar, cualquier que sea el grado de instrucción que haya alcanzado el niño. Al principio actuarán como lectores los padres, pero más adelante lo harán los niños. Siempre es útil que esa lectura no se haga especialmente para el niño, sino para el círculo familiar, con el propósito de provocar intercambios de opiniones y juicios colectivos. Estas formas de lectura orientan los gustos del niño y lo habitúan a encarar lo leído con sentido crítico.

Independientemente de la lectura en voz alta, es necesario inculcar en forma gradual en el niño la afición a la lectura silenciosa. Aunque esto lo hace y dirige con preferencia la escuela, sobre todo con los niños mayores, ello no obsta para que los padres puedan hacer mucho en ese sentido, cumpliendo los siguientes requisitos:

a)Controlar la selección de lecturas, pues aun ahora vemos muchas veces a los niños con libros cuya procedencia ignoramos.

b) Saber cómo lee el niño; hay que enseñarle que no devore en forma mecánica página tras página y sin quererlo siga solamente el interés externo del libro, el episodio anecdótico, lo que se llama la fábula.

c)Habituar al niño a cuidar el libro.

Muchos padres que la solución del problema exige un estudio especial, la preparación de un bibliógrafo. Craso error. La experiencia cuenta que los escritos soviéticos saben orientarse perfectamente en la literatura y muchas veces lo hacen tan bien como los críticos literarios. De cualquier manera, siempre cabe una consulta a personas capacitadas, como los maestros bibliotecarios.

El cine

En nuestro tiempo es un poderoso factor educativo, tanto para los niños como para los adultos. En la Unión Soviética, todas las películas se filman exclusivamente en estudios estatales, y aun en el caso de su fracaso artístico no pueden ocasionar daño al niño. En su gran mayoría sirven de excelente medio educativo. No obstante, el cine no debe brindarse a los niños en forma ilimitada y sin control.

En primer término, hay que conocer la reacción anímica del niño frente al cine. Cuando este último lo absorve apasionadamente y se convierte en el principal contenido de su vida, le hace olvidar todas sus obligaciones y el trabajo escolar, estamos frente a una situación incoveniente. El niño quiere ver todas las películas, gasta para ello todo su dinero y empieza incluso a hurtarlo en su casa con el mismo propósito. Por lo común, semejante entusiasmo trae aparejados también otros aspectos de valor negativo. El niño se acostumbra al placer pasivo que no va más allá de una simple impresión visual; se limita a mirar, sus impresiones artísticas son superficiales, no llegan a su personalidad, no le sugieren ideas o problemas. La utilidad de estos espectáculos es insignificante y más de una vez producen daño. Es un producto que requiere una vigilancia constante. Recomendamos que no se permita al niño ir al cine más de dos veces por mes. Hasta los 14 o 15 años conviene que lo acompañen los padres o los hermanos mayores; así, además del control de su conducta, será provechoso para los objetivos de la lectura colectiva que hemos recomendado. Cada película será objeto de un breve comentario en la famiilia, tratando que el niño emita su opinión y refiera sus impresiones agradables y desagradabales, y las cosas que más hayan despertado su interés. Si los padres comrpueban que no repara más que en los elementos externos de la película -el aspecto episódico del argumento, las aventuras de los héroes-, conviene sugerirle lo aspectos más importantes y profundos, ya sea mediante preguntas, o simplemente emitiendo la propia opinión.

En cierta medida conviene que los padres elijan las películas, para lo cual no les resultará difícil obtener previamente las referencias necesarias. Las películas cuyos temas ofrecen dificultades para la comprensión infantil deben ser evitadas, del mismo modo que las que pueden provocar reacciones incovenientes por cualquier circunstancia. Los temas de amor y medicina también deben evtarse cuando son prematuros. Desde luego que al hacer la elección se debe tener en cuenta el estado del niño, su trabajo en la escuela y su conducta. La postergación de la concurrencia al cine puede ser usada como sanción por mala conducta o por incumplimiento de los deberes escolares. Pero a veces también la vista de una buena película contribuye a corregir al niño en su actuación escolar y en el trabajo.

Teatro

Todo lo dicho con respecto al cine puede aplicarse también al teatro, con la diferencia de que en este caso se trata con más frecuencia de temas inaccesibles para la inteligencia y la sensibilidad infantiles. Espectáculos como “Otelo” o “Anna Karenina” son completamente inadecuados para adolescentes. También debe procederse con mucho cuidado con respecto a ciertos ballets. Esa es la razón por la que se prohíbe la entrada a los espectáculos teatrales nocturnos antes de determinada edad.

La elección de la pieza teatral no ofrece dificultades, por cuanto en muchas de nuestras ciudades existen salas especiales para niños, con repertorios adecuados. La asistencia a esos teatros es muy útil. La obra teatral exige atención seria y prolongada. En este sentido el teatro difiere del cine. El hehco de que la obra se represente con intervalos provoca en el espectador una atención mayor hacia las particularidades del tema y contribuye a que se haga un análisis más intenso. La concurrencia al teatro constituye en cierta medida un acontecimiento en la vida del niño, circunstancia que los padres deben aprovechar bien.

La obra teatral debe ser comentada en la familia en forma más amplia que la película.

Museos y Exposiciones

Casi todas nuestras ciudades poseen museos o galerías. Los padres no los visitan con la debida frecuencia, no obstante se trata de un medio educativo muy valioso. Es una actividad que exige del niño una atención seria; aspecto puramente recreativo es insignificante, en cambio moviliza la actividad intelectual y emotiva sugiriendo ideas y provocando sentimientos intensos y profundos. Hay que procurar que las visitas a los museos no se conviertan en observaciones superficiales, rápidas, a las que nos referimos al hablar del cine. Por eso nunca se debe recorrer un museo grande en una sola visita. A la Galería Tretiakov, por ejemplo, hay que dedicarle varios días; al Museo de la Revolución, dos o tres.

Otras Formas de Educación Cultural

Nos hemos referido a las principales formas de educación cultural, entre ellas las que organiza el Estado. En realidad, es poco lo que tienen que inventar los padres en este sentido: basta con que utilicen en la mejor forma posible todos los bienes culturales de nuestro país.

Si aprovechan en forma amplia el diario, el libro, el cine, el teatro y el museo, brindarán mucho a sus hijos en el campo del conocimiento y en materia de educación del carácter.

Sin embargo, pueden agregar bastante. Las formas de educación cultural son más variadas de lo que parece a primera vista. Tomemos por ejemplo un día común de salida, ya sea en invierno o verano. El paseo a las afueras de la ciudad, el contacto con la naturaleza, con una aldea, con la gente, con temas tan magníficos como la reconstrucción, la construcción de viviendas, caminos y fábricas, son todos motivos fecundos para aprovechar el día de descanso. Se sobreentiende que esos temas no deben traducirse en conferencias o relatos interminables. Un paseo debe ser un paseo, fundamentalmente un descanso, y no se debe forzar la atención del niño y obligarlo a escuchar enseñanzas. Su atención se detiene involuntariamente en las cosas que ve, y algunas palabras que refuercen sus impresiones -aunque sean dichas en broma-, alguna narración que trace un paralelo con el pasado, un relato humorístico, todo eso ejerce imperciptiblemente una influencia de gran valor educativo.

El interés hacia el deporte debe ser estimulado, teniendo cuidado de que el niño no se convierta simplemente en un partidario apasionado de un deporte o de un equipo. Si se limita a concurrir con entusiasmo a todos los partidos de fútbol, conoce el nombre de todos los jugadores y sus récords, pero no participa en ningún círculo de cultura física, no patina, no esquía, no sabe en qué consiste el voleibol, su interés en el deporte es poco útil, y más de una vez perjudicial. Lo mismo ocurre cuando demuestra interés por el ajedrez y no lo practica. Desde el punto de vista educativo importa que el niño no se limite sólo a la atracción que ejerce el espectáculo deportivo, sino que se convierta en deportista de hecho, que practique un deporte. Ello se logra en forma más eficiente cuando los padres comparten esa actividad. Desde luego que esto es difícil para los padres maduros, pero los padres jóvenes tienen la posibilidad de hacerlo, facilitando con ello la iniciación y la práctica deportiva de sus hijos. En este sentido se puede afirmar que los padres demuestran ya cierto inclinación al deporte, pero no ocurre lo propio con las madres, no obstante la gran utilidad que su práctica reporta a las madres jóvenes. Desde el mismo modo puede afirmarse que nuestras niñas son menos deportivas que los muchachos, de donde surge la conveniencia de orientar a la mujer cada vez más hacia el deporte.

Además de las actividades expuestas se pueden practicar también, en el seno familiar, ciertas formas de educación cultural, como la preparación de espectáculos domésticos, la confección de un periódico mural, de una agenda diaria, la correspondencia con los amigos, la participación de los hijos en campañas políticas, en el arreglo de la casa, organización de grupos infatiles, de encuentros,  juegos, paseos, etc.

En todos los aspectos de la formación cultural de la familia se deben tener en cuenta tanto el contenido como la forma. En cada tarea se procurará lograr la mayor actividad; no basta con formar la capacidad de ver, de escuchar, sino también de desarrollar la voluntad, la aspiración al triunfo, a superar obstáculos, el deseo de atraer a los compañeros y a los menores. Por otra parte, dentro del marco de ese método activo, la actitud del niño hacia los compañeros debe ser atenta y modesta, evitando toda ostentación o jactancia.

Puede ocurrir que el primer éxito en un trabajo provoque en el niño una sobreestimación de sus fuerzas, desdén por los demás, la costumbre de los triunfos rápidos, que puede traducirse en el futuro en incapacidad para superar dificultades prolongadas. De ahí que sea siempre útil que los padres tracen con el niño un plan para el futuro inmediato y lo interesen en su realización, que vigilarán en forma discreta. Ese plan puede comprender los distintos aspectos de la formación cultural a que nos hemos referido.

En las distintas actividades de la formación cultural conviene cuidar muy especialmente que no empiece a predominar en el niño el interés por la simple distracción, por pasar el tiempo. Claro está que cada iniciación cultural debe proporcionarle un placer, más el éxito será real si consigue combinar ese placer con el mayor provecho educativo posible. Esto requiere una inventiva que está dentro de las posiblidades de la mayoría de los padres, con tal de que mediten sificientemente lo que al respecto hemos dicho.

Hasta en la lectura de diarios se pueden introducir muchos elementos interesantes y entretenidos para el niño. Se le puede incitar, por ejemplo, a que reúna recortes sobre determinados temas; enseñarle cómo se confecciona un mapa doméstico con la demarcación de todos sus límites. Más tarde se pueden confeccionar álbumes y colecciones de recortes de periódicos y de dibujos de revistas diferentes a determinados temas.

Valiéndose de distintos métodos, el trabajo cultural en la familia puede convertirse en muy interesante y valioso, desde el punto de vista educativo. Pero es siempre necesario que en todo tema cultural, en cualquier cuestión, padres y niños recuerden al pueblo soviético y nuestra construcción socialista. La actividad cultural debe orientarse constantemente hacia la actividad política. El niño debe sentirse cada vez más ciudadano de nuestro país, conocer las hazañas de sus héroes, saber quiénes son sus enemigos, y saber también a quién debe consagrar su vida cultural consciente.

Extraído de “La educación infatil” de A. Makarenko. Editorial Nuestra Cultura, Madrid, 1978.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s