En torno al problema de la educación comunista de la juventud

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En torno al problema de la educación comunista de la juventud

Krupskaya

 

Para enfocar cabalmente el problema de cuál debe ser la educación comunista de la juventud, hay que tener en cuenta, ante todo, que clase de hombre ha de ser el comunista, que debe saber, a que debe aspirar y cómo debe actuar.

El comunista es, ante todo, un hombre social, con instintos sociales muy desarrollados, deseoso de que todos los hombres vivan bien y sean felices.

Los comunistas pueden proceder de todas las clases de la sociedad, pero de donde salen más comunistas es de los medios obreros. ¿Por qué? Porque las condiciones de vida de los obreros fomentan en ellos instintos sociales: el trabajo colectivo, cuyo éxito depende de los esfuerzos comunes, el ambiente común de trabajo, las impresiones comunes y la lucha común por lograr condiciones humanas de existencia. Todo ello acerca a los obreros entre sí y los une con lazos de solidaridad de clase. Tomemos la clase de los capitalistas. Las condiciones de vida de esta clase son completamente distintas. La competencia hace que cada capitalista vea en otro capitalista un competidor al que debe ponerle la zancadilla; el capitalista ve en el obrero solamente “brazos” que deben trabajar para proporcionarle beneficio. La lucha común contra la clase trabajadora cohesiona a los capitalistas, pero no existe en la clase de los capitalistas esa unidad interior, esa fusión con la colectividad que vemos en los obreros -éstos no tiene nada que repartir entre ellos-, la solidaridad capitalista está corroída por la carcoma de la competencia. De ahí que en los medios obreros abunden los hombres con instintos sociales desarrollados, mientras que en los medios capitalistas son muy escasos.

El instinto social tiene mucha importancia y contribuye con frecuencia a encontrar intuitivamente una salida acertada de la situación, a hallar el verdadero camino. Por eso, al depurar las filas del Partido Comunistas Ruso, se miraba si los militantes pertenecían o no a los medios obreros. El que pertenece a los medios obreros se corrige más fácilmente. A finales de la década del 90 y a principios del siglo XX (1896-1908), la intelectualidad rusa -viendo la facilidad con que los obreros, gracias al instinto de clase, comprendían lo que a los intelectuales les costaba gran trabajoexageraba la importancia del instinto de clase. Rabóchaia misl (“Pensamiento obrero”), uno de los periódicos socialdemócratas clandestinos, llegó a decir que los socialistas sólo podían salir de los medios obreros…

El instinto de clase -en la clase obrera coincide con el social- es una condición indispensable para ser comunista. Es indispensable, pero no suficiente.

El comunista ha de saber muchas cosas. En primer lugar, debe comprender que ocurre a su alrededor y conocer el mecanismo del régimen existente. Cuando empezó a desarrollarse el movimiento obrero en Rusia, los socialdemócratas se preocuparon, ante todo, de difundir entre las masas folletos como “De que vive cada cual y Jornada de Trabajo“, de Dyksztajn(1). Pero no basta comprender el mecanismo del régimen capitalista. El comunista debe estudiar las leyes del desenvolvimiento de la sociedad humana. Ha de conocer la historia del desarrollo de las formas económicas, del desarrollo de las formas del Estado. Debe comprender su interdependencia y saber cómo surgen las concepciones religiosas y morales en determinado régimen social. Después de conocer las leyes del desenvolvimiento de la sociedad humana, el comunista debe tener una idea clara de hacia dónde se encamina el desarrollo social. Debe concebir el comunismo no sólo como un régimen deseable, donde la felicidad de unos no se edificará sobre la desgracia de otros, ha de comprender también que el comunismo es precisamente el régimen hacia el cual marcha inevitablemente la humanidad y que los comunistas deben desbrozar el camino a este régimen y contribuir a su rápida implantación.

En los círculos obreros que surgieron en los albores del movimiento proletario de Rusia, se estudiaba economía política con el fin de conocer la estructura de la sociedad moderna e historia de la cultura (la historia de la cultura se contraponía a la exposición habitual de la historia, que no era otra cosa que un conglomerado de hechos históricos de diversa significación). Por eso, en los círculos de aquel tiempo se leía el primer tomo de “El Capital“, de Karl Marx, y “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado“, de Friedrich Engels.

En 1919 me tropecé con el siguiente fenómeno en Rabotki, pueblo de la región de Nizhni Nóvgorod. Los maestros me contaron que en la escuela secundaria explicaban economía política e historia de la cultura, porque los alumnos habían exigido unánimemente que se incluyeran estas disciplinas en el programa de las escuelas secundarias.

¿Por qué había surgido ese deseo, tan precisamente formulado, en los adolescentes campesinos de un pueblo del Volga donde todos los vecinos se dedican exclusivamente al transporte fluvial y a la agricultura? No cabe duda que el interés por la economía política y la historia de la cultura fue llevado a Rabotki por algún obrero que había asistido en otro tiempo a un círculo y había explicado a los muchachos que debían aprender.

Sin embargo, en los momentos actuales, el comunista ruso no debe saber solamente eso. La Revolución de Octubre ha dado a Rusia la posibilidad de construir en gran escala con vistas al comunismo. Mas para aprovechar esta posibilidad es preciso saber lo que hay que hacer ahora para avanzar aunque sólo sea un paso hacia el comunismo; es preciso saber que se puede lograr ahora y que no se puede lograr; es preciso saber cómo se ha de construir la nueva vida, y, sobre todo, conocer a fondo la rama de trabajo a que uno se dedica, y dominar el método comunista de enfocar los problemas. Por ejemplo, para organizar bien la sanidad en el país hay que conocer, en primer lugar, el asunto y, en segundo lugar, saber cómo estaba organizada antes en Rusia, cómo lo está en otras naciones y, por fin, hay que abordar la cuestión al estilo comunista: hacer propaganda entre los trabajadores, interesarlos, incorporarlos a la labor sanitaria. Hay que saber cómo se hace esto y saber hacerlo. Resulta que el comunista, además de saber que es el comunismo y por qué es inevitable su advenimiento, tiene que conocer bien lo que hace, saber llegar a las masas, influir en ellas y convencerlas.

En su vida personal, el comunista debe guiarse siempre por los intereses del comunismo. Esto significa que si el éxito de la causa comunista requiere dejarlo todo y marchar al sitio de más peligro, el comunista lo hace, aunque no sienta ningún deseo de abandonar las comodidades de la casa. Esto significa que por muy difícil e importante que sea la misión que se le encomiende al comunista, éste procura cumplirla en la medida de sus fuerzas y aptitudes: va a combatir al frente, a trabajar durante los Domingos Rojos, a requisar valores, etc. Esto significa que el comunista supedita siempre sus intereses personales a los intereses generales. Esto significa que el comunista no observa con indiferencia lo que pasa a su alrededor, sino que lucha activamente contra lo que perjudica a la causa del comunismo, a los intereses de los trabajadores y, por otra parte, defiende activamente estos intereses, considerándolos como suyos.

Al depurar el Partido han sido expulsados:

a) los logreros, es decir, los que ponen sus intereses personales por encima de los intereses de la causa comunista;

b) los que ven con indiferencia el comunismo y no mueven un dedo para contribuir a implantarlo, los que se han aislado de las masas y no procuran acercarse a ellas;

c) los que no gozan del respeto y del cariño de las masas;

d) los groseros, los presuntuosos, los hipócritas, etc.

Para ser comunista:

1) se ha de saber que tiene de malo el régimen capitalista, hacia dónde se encamina el desarrollo social y cómo se ha de contribuir a la rápida implantación del régimen comunista;

2) se ha de saber aplicar los conocimientos a lo que se hace;

3) se ha de ser fiel, en cuerpo y alma, a los intereses de las masas trabajadoras y al comunismo.

Pasemos ahora al problema de la educación comunista de la juventud.

La Gran Revolución y la situación revolucionaria han despertado en la juventud fogosa y entusiasta un profundo interés por la vida social. Esto atañe tanto a la juventud obrera como a la campesina y a la intelectual. La juventud se siente atraída por el comunismo.

No se debe ahogar este afán, sino, al contrario, hay que alentar y desarrollar los instintos sociales de la juventud despertados por la revolución.

¿Cómo hay que alentarlos? En primer lugar, es indispensable que el Komsomol dé a cada uno de sus afiliados la posibilidad de trabajar de una forma u otra en pro de la causa del comunismo, de no ser un observador pasivo de la construcción del comunismo, sino un artífice activo de él. La causa por la que uno trabaja y en la que pone un pedacito de su yo se hace más querida. Para que todos puedan encontrar en las filas del Komsomol una labor en consonancia con sus fuerzas y deseos, éste debe tener la suficiente vitalidad y flexibilidad, estar unido por millares de hilos con la gigante labor creadora que ahora se realiza en el país. La participación en ella proporcionará destreza y hábitos de organización que tanto necesitamos los rusos.

El Komsomol debe enseñar a sus afiliados a trabajar colectivamente, llevando a cabo en todas las partes una inteligente división del trabajo, educando en ellos el sentido de la responsabilidad por su labor ante la colectividad, fomentando la disciplina laboral e inculcándoles una actitud comunista ante la construcción de una vida nueva. El éxito de esta labor educativa depende enteramente de las proporciones del trabajo del Komsomol, de su grado de organización y del acierto con que plantee todas las cuestiones.

El Komsomol debe estudiar tanto la educación del carácter y la entereza como el saber hablar y pronunciar discursos…

A la par que educa su carácter, los instintos sociales y adquiere hábitos prácticos de trabajo, el joven militante del Komsomol debe esforzarse por formar su concepción del mundo. En Rusia este trabajo se entrelaza con la autocapacitación. Nos encontramos en condiciones más ventajosas que la juventud de Europa Occidental en el sentido de que estamos menos influidos por concepciones y prejuicios burgueses, pero tropezamos con muchas más dificultades en el sentido de que la inmensa mayoría de los jóvenes obreros y, sobre todo, de los campesinos carece del mínimo de conocimientos generales. Y sin ellos es imposible dominar el marxismo. Nuestros jóvenes tienen que estudiar y estudiar aprovechando todos los momentos libres y todas las oportunidades para superar lo que les impide ser comunistas conscientes.

Es preciso también estudiar tenazmente para adquirir los conocimientos fundamentales del marxismo científico, que son necesarios para orientarse en los problemas complejos de la realidad y no desconcertarse ante situaciones a primera vista incomprensibles.

Notas:

(1)Dyksztajn: socialdemócrata polaco, autor del famoso De que vive cada cual en el que se explica el mecanismo de obtención de la plusvalía. Este libro era muy popular en los círculos clandestinos. (Nota de N. Krúpskaia.)

De un artículo aparecido en la revista “Yuni kommunist” (“Joven comunista”) Nº 8-9, año 1921.

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