El “Eclesiastés” o el libro del capitalista

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Este libro(1) ha circulado entre las manos de muchos capitalistas, que lo han leído y anotado. He aquí algunas de sus anotaciones:

No hay duda de que estos preceptos de la sabiduría divina serían mal interpretados por la inteligencia oculta de los asalariados. Opino que hay que traducirlos al volapük, o a cualquier otras lengua sagrada“. Jules Simon.

Sería conveniente imitar a los doctores judaicos, que prohibían a los profanos la lectura del “Eclesiastés” del Antiguo Testamento, y no comunicar el “Libro del Capitalista” más que a los iniciados que tuvieran un millón“. Bleichroeder

Un millón de francos o de marcos me parece una cantidad muy mezquina; propongo un millón de dólares“. Jay Gould

 

I – Naturaleza del Dios-Capital

1. Medita las palabras del Capital, tu Dios.

2. Yo soy el Dios que se alimenta de los hombres; me siento a la mesa en los talleres y consumo a los asalariados. Yo transformo en capital divino la vida miserable del trabajador. Yo soy el misterio infinito: mi sustancia eterna sólo es carne perecedera; mi omnipotencia sólo es debilidad humana. La fuerza inerte del Capital es la fuerza vital del asalariado.

3. Principio en los principios: por mí empieza toda producción, y en mí termina todo cambio.

4. Yo soy el Dios vivo, presente en todas partes: los ferrocarriles, los altos hornos, los granos de trigo, los buques, los viñedos, las monedas de oro y plata son los miembros dispersos del Capital universal.

5. Yo soy el alma inconmensurable del mundo civilizado, de cuerpo variado y múltiple hasta el infinito. Yo vivo en lo que se compra y se vende; yo intervengo en toda mercancía, y ni una sola existe fuera de mi unidad viva.

6. Yo resplandezco en el oro y apesto en el estiércol: yo alegro en el vino y abraso en el vitriolo.

7. Mi sustancia, acrecentada, incesantementem corre cual río invisible a través de la materia; dividida y subdividida hasta lo imposible, se encierra en las formas especiales adoptadas por cada mercancía y, sin cansarme, me transmito de una mercancía a otra; pan y carne hoy, mañana fuerza de trabajo del productor, pasado lingote de hierro, pieza de algodón, obra dramática, quintal de sebo, saco de estiércol. La transmigración del Capital no se detiene jamás. Mi sustancia no muere; pero sus formas son perecederas, acaban y pasan.

8. El hombre ve, toca, siente y paladea mi cuerpo; pero mi espíritu, más sutil que el éter, no está al alcance de los sentidos. Mi espíritu es el Crédito, y para manifestarse no necesita cuerpo.

9. Mi espíritu químico, más sabio que Berzelius y que Gerharot(2), transforma los campos extensos, las máquinas colosales, los metales pesados y los rebaños que mugen en acciones de papel; y más ligeros que bolas de saúco animadas por la electricidad, los canales y los altos hornos, las minas y las fábricas pasan de mano en mano en la Bolsa, mi templo sagrado.

10. Sin mí, no se acomete ni se termina nada en los países gobernados por la Banca. Yo fecundo el trabajo; domestico al servicio del homrbe las fuerzas ireesistibles de la Naturaleza, y pongo en sus manos la poderosa palanca de la ciencia acumulada.

11. Yo enlazo las sociedades en la red de oro del comercio y de la industria.

12. El hombre que no me posee, que no tiene Capital, recorre desnudo la vida, rodeado de enemigos feroces y armados de todos los instrumentos de tortura y de muerte.

13. Al hombre que no tiene Capital, si es fuerte como un toro, se le obliga a cargar fardos enormes; si es laborioso como la hormiga, se le dobla la tarea, y si es sobrio como el asno, se le reduce la ración.

14. ¿Qué son la ciencia, la virtud y el trabajo sin el Capital? Vanidad y pequeñez de espíritu.

15. Sin la gracia del Capital, la ciencia extravía al hombre en los senderos de la locura; el trabajo y la virtud le precipitan en el abismo de la miseria.

16. Ni la ciencia, ni la virtud, ni el trabajo satisfacen el espíritu del hombre; soy yo, el Capital, quien alimenta la hambrienta jauría de sus apetitos y de sus pasiones.

17. Yo me doy y me recobro, según mi capricho, y no doy cuentas a nadie. Yo soy el Omnipotente, que mando en las cosas que viven y en las que están muertas.

 

II – El elegido del Capital

 

1. El hombre, ese montón corrompido de materia, viene al mundo desnudo como un gusano, y metido en una caja, como un muñeco, va a pudrirse bajo tierra, fertilizando sus despojos, la hierba de los campos.

2. Y, sin embargo, yo he escogido este montón de basura y hediondez para que me represente, a mí, el Capital, la cosa mas sublime que existe bajo el sol.

3. Las ostras y los caracoles tienen cierto valor por las cualidades de su naturaleza bruta; el capitalista sólo vale porque yo le tomo por mi elegido, y no tiene otro valor sino el del Capital que representa.

4. Yo enriquezco al malvado a pesar de su maldad; yo empobrezco al justo a pesar de su justicia. Elijo a quien me agrada.

5. Yo no escojo al capitalista por su inteligencia, ni por su honradez, ni por su belleza, ni por su juventud. Su imbecilidad, sus vicios, su fealdad, y su decrepitud son otros tantos testigos de mi poder incalculable.

6. Por haber hecho de él mi elegido, el capitalista encarna la virtud, la belleza, el genio. Los hombres encuentran espiritual su estupidez, y afirman que su genio para nada necesita la ciencia de los pedantes; los poetas le piden inspiración, y los artistas oyen de rodillas sus críticas como las decisiones del buen gusto; las mujeres juran que es el Don Juan ideal; los filósofos erigen sus vicios en virtudes; los economistas descubren que su ociosidad es la fuerza motriz del mundo social.

7. Un rebaño de asalariados trabaja para el capitalista, que come, bebe, se dedica a la sensualidad y descansa de su trabajo del estómago y del bajo vientre.

8. El capitalista no trabaja ni con las manos ni con el cerebro.

9. Posee un rebaño macho y hembra para labrar la tierra, trabajar los metales y tejer las telas; tiene directores y capataces para dirigir los talleres, y sabios para pensar. El capitalista se consagra al trabajo de las letrinas; come y bebe para producir estiércol.

10. Yo rodeo al elegido de un bienestar perpetuo; porque ¿qué hay sobre la tierra mejor y más real que beber, comer, divertirse y gozar? Lo demás no es otra cosa que vanidad y estrechez de espíritu.

11. Yo calmo los pesares y disipo las penas para que la vida sea más fácil y agradable al elegido.

12. La vista tiene su órgano; el olfato, el tacto, el gusto, el oído, el amor, tienen también sus órganos. Yo no niego nada de lo que desean los ojos, la boca y los demás órganos del elegido.

13. La virtud tiene dos aspectos: la del capitalista consiste en estar satisfecho; la del asalariado en privarse de todo.

14. El capitalista toma de lo que hay en la tierra todo cuanto quiere; él es el dueño. Si se halla hastiado de mujeres, despertará sus sentidos con vírgenes adolescentes.

15. El capitalista es la ley. Los legisladores redactan los códigos de acuerdo con su conveniencia, y los filósofos acomodan la moral a sus costumbres. Sus acciones son justas y buenas. Cualquier acto que lastime sus intereses es crimen y será castigado.

16. Yo guardo para los elegidos una dicha única, ignorada por los asalariados: realizar beneficios es la suprema felicidad. Si el elegido que atesora beneficios pierde su mujer, su madre, sus hijos, su perro y su honor, se resigna. N realizar beneficios es la desgracia irreparable, de la que jamás se consuela el capitalista.

 

III – Deberes del capitalista

 

1. Muchos son los llamados y pocos los elegidos; todos los días reduzco el número de éstos.

2. Yo me doy a los capitalistas y me reparto entre ellos; cada elegido recibe en depóstio una parte del Capital único, y sólo conserva su disfrute si lo acrecienta y le hace engendrar. El Capital se retira de las manos del que no cumple la ley.

3. He escogido al capitalista para que extraiga pluvalía: acumular beneficios es su misión.

4. Con el fin de estar libre y tranquilo para buscar beneficios, el capitalista rompe los lazos de amistad y del amor; no conoce amigo, ni hermano, ni madre, ni mujer, ni hijos, allí donde hay una ganancia que obtener.

5. El capitalista se eleva sobre las vanas demarcaciones que encierran en una patria o en un partido: antes de ser ruso o polaco, francés o prusiano, inglés o irlandés, blanco o negro, el elegido es explotador; solamente es monárquico o republicano, conservador o radical, católico o librepensador, de forma secundaria. El oro tiene un color; pero antes él, las opiniones capitalistas no tienen color ninguno.

6. El capitalista se guarda con la misma indiferencia el dinero humedecido por las lágrimas que el manchado de sangre y salpicado de cieno.

7. No sacrifica nada a las preocupaciones vulgares. No fabrica para producir artículos de buena calidad, sino para producir mercancías que dejen enormes beneficios. No funda Sociedades de Crédito para distribuir dividendos, sino para apoderarse de los capitales de los accionistas; pues los pequeños capitales pertenecen a los grandes y, por encima de éstos, hay capitales mayores aún que los acechan para devorarlos con el tiempo. Tal es la ley del Capital.

8. Al elevar al hombre a la dignidad de capitalista, yo le transmito una parte de mi omnipotencia sobre los hombres y las cosas.

9. El capitalista debe decir: la sociedad soy yo; la moral son mis gustos y mis pasiones; la ley es mi interés.

10. Su un solo capitalista se siente lesionado en sus intereses, la sociedad entera padece; pues la imposibilidad de acrecentar el Capital es el mal de los males, el mal contra el que no existe remedio.

11. El capitalista hace producir y no produce; hace trabajar y no trabaja; toda ocupación manual o intelectual le está prohibida, pues le aparta de su misión sagrada, acumular beneficios.

12. El capitalista no se metamorfosea en ardilla ideológica, que hace girar una rueda que no muele más que el viento.

13. Se cuida muy poco de que los cielos cuenten la gloria de Dios; tampoco se preocupa de si la cigarra canta con el trasero o con las alas, y de si la hormiga es una capitalista(3).

14. Le tienen sin cuidado el principio y el fin de las cosas; sólo se ocupa de hacerles producir beneficios.

15. El capitalista deja que los teólogos de la economía oficial peroreen sobre el monometalismo y el bimetalismo; pero se guarda, sin distinción, cuantas monedas de oro y plata se encuentran a su alcance.

16. Deja a los sabios, que no sirven para otra cosa, el estudio de los fenómenos de la Naturaleza, y a los inventores la aplicación industrial de las fuerzas naturales; pero se apresura a acaparar sus descubrimientos en cuanto se convierten en explotables.

17. No se cansa el cerebro para saber si lo bello y lo bueno son una sola y la misma cosa; pero se regala con trufas, tan buenas al paladar y tan feas a la vista como los excrementos del cerdo.

18. Aplaude los discursos sobre las verdades eternas, pero gana dinero con las falsificaciones diarias.

19. No especula sobre la esencia de la virtud, de la conciencia y del amor, pero sí con su venta y con su compra.

20. No investiga si la Libertad es buena en sí; pero se apodera de todas las libertades para no dejar más que el nombre de ellas a los asalariados.

21. No discute si el derecho se antepone a la fuerza, porque sabe que tiene los derechos, puesto que posee el Capital.

22. No está a favor ni en contra del sufragio universal, ni del sufragio limitado, sino que se sirve de ambos: compra a los electores del sufragio limitado, y engaña a los del sufragio universal. Si tiene que elegir entre ellos, se pronuncia a favor de este último como más económico: porque si se ve obligado a comprar a los electores y a los elegidos del sufragio limitado le basta con comprar a los elegidos del sufragio universal.

23. No se mezcla en las discusiones sobre el librecambio y la protección; es sucesivamente librecambista y proteccionista, según las conveniencias de su comercio y de su industria.

24 . No tiene ningún principio; ni siquiera el principio de no tener principios.

25. El capitalista es en mi mano la vara de bronce con que guío el indócil rebaño de los asalariados.

26. El capitalista ahoga en su corazón todo sentimiento humano, y es despiadado; trata a su semejante con más dureza que a su bestia de carga. Los hombres, las mujeres y los niños no son para él más que máquinas que producen beneficios. Endurece su corazón para que no palpite cuando sus ojos contemplen las miserias de los asalariados y sus oídos oigan sus gritos de rabia y dolor.

27. De igual manera que una prensa hidráulica desciende de forma lenta e infatigable, reduciendo al menor volumen posible, a la desecación más completa, la pulpa puesta bajo su acción, así el capitalista, exprimiendo y estrujando al asalariado, extrae el trabajo que contienen sus músculos y sus nervios; cada gota de sudor que éste enjuga se transforma en capital. Cuando el asalariado se halla gastado y agotado hasta el punto de no poder extraer de él el exceso de trabajo que fabrica la plusvalía, el capitalista le arroja a la calle como a los desperdicios y basuras de la cocina.

28. El capitalista que ahorra trabajo al asalariado me hace traición y se la hace a sí mismo.

29. El capitalista mercantiliza al hombre, a la mujer y al niño, a fin de que todo el que no posea sebo, ni lana, ni cualquier otra mercancía, tenga al menos alguna cosa que vender: su fuerza muscular, su inteligencia, su conciencia. Para transformarse en capital, el hombre tiene que ser antes mercancía.

30. Yo soy el Capital, el dueño del universo, y el capitalista es mi representate: ante él los hombres son iguales, todos se someten igual a su explotación. El jornalero que alquila su fuerza, el ingeniero que ofrece su inteligencia, el cajero que vende su hostilidad, el diputado qur trafica con su conciencia, la mujer alegre que comercia con su cuerpo, so para el capitalista asalariados a quienes debe explotar.

31. El capitalista perfecciona al asalariado: le obliga a reproducir su fuerza de trabajo con una alimentación grosera y falsificada, para que la venda más barata, y le fuerza a adquirir el ascetismo del anacoreta, la paciencia del asno y la constancia en el trabajo del buey.

32. El asalariado pertenece al capitalista: es su bestia de trabajo, su propiedad, su cosa. En el taller, donde no se advierte la salida del sol ni la llegada de la noche, dirige sobre el obrero cien ojos vigilantes, para que no le distraigan de su tarea el menor gesto ni la más breve palabra.

33. El tiempo del asalariado es dinero: cada minuto que pierde es un robo que comete.

34. La opresión del capitalista sigue al asalariado como su sombra hasta en su buhardilla, porque no debe corromper su espíritu con lecturas y discursos socialistas, ni cansar su cuerpo con diversiones. Debe volver a su casa en cuanto sale del taller, comer y acostarse, a fin de llevar al día siguiente a su amo un cuerpo fresco y dispuesto para el trabajo y  un ánimo resignado.

35. El capitalista no reconoce al asalariado ningún derecho, ni siquiera el derecho a la esclavitud, que es el derecho al trabajo.

36. Despoja al asalariado de su inteligencia y de su destreza manual y las transporta a las máquinas que no se sublevan.

 

IV – Máximas de la Sabiduría Divina

 

1. El marinero es asaltado por la tempestad; el minero vive entre el grisú y los hundimientos; el obrero se mueve en medio de las ruedas y las correas de la máquina de hierro; la mutilación y la muerte se alzan ante el asalariado que trabaja; el capitalista, que no trabaja, está a cubierto de todo peligro.

2. El trabajo revienta, mata y no enriquece; la fortuna no se reúne trabajando, sino haciendo trabajar a los demás.

3. La propiedad es el fruto del trabajo y la recompensa de la pereza.

4. No se sace vino de una piedra ni beneficio de un cadáver; no se explota más que a los vivos. El verdugo que ejecuta a un criminal estafa al capitalista un animal que explotar(4).

5. El dinero y todo lo que éste trae consigo no tienen olor.

6. El dinero redime sus cualidades vergonzosas con su cantidad.

7. El dinero hace las veces de virtud para quien lo posee.

8. Una buena acción no es una buena inversión que produzca interés.

9. Más vale decir al acostarse: he hecho un buen negocio, que una buena acción.

10. El patrono que hace trabajar a sus asalariados catorce horas, de veinticuatro, no ha perdido el día.

11. Él explota al obrero bueno y al malo, porque el caballo bueno, lo mismo que el malo, necesita espuela.

12. El árbol que no produce frutos debe ser arrancado y quemado; el obrero que no deja beneficios, debe ser condenado al hambre.

13. Al obrero que se subleve, aliméntalo con plomo.

14. La hoja de la morera tarda más tiempo en transformarse en raso que el asalariado en Capital.

15. Robar mucho y restituir poco, esta es la filantropía.

16. Hacer cooperar a los obreros en la edificación de la riqueza de uno, esa es la cooperación.

17. Tomar la mayor parte de los frutos del trabajo, esa es la participación.

18. El capitalista, libertario fanático, no practica la limosna, porque esta quita al desempleado la libertad de morirse de hambre.

19. Lo hombres no son más que máquinas para producir y consumir; el capitalista compra unos y corre tras los otros.

20. El capitalista tiene dos lenguas en su boca, una para comprar y otra para vender.

21. La boca que miente da vida a la bolsa.

22. La delicadeza y la honradez son los venenos de los negocios.

23. Robar a todo el mundo no es robar a nadie.

24. Demuestra que el hombre es capaz de sacrificios como el perro sacrificándote en tu propio provecho.

25. Desconfía del hombre malvado, pero no te fíes del que es honrado.

26. Prometer demuestra benevolencia y urbanidad, pero cumplir la promesa denota debilidad mental.

27. Las monedas tienen grabada la efigie del soberano o de la república, porque, a imitación de los pájaros, sólo pertenecen a quien las atrapan.

28. Las monedas de plata se vuelven a levantar.

29. Te inquietas por muchas cosas, te creas muchos cuidados, te esfuerzas por ser honrado, ambicionas el saber, ansías los puestos elevados, buscas los honores; y todo esto no es más que vanidad y viento; una sola cosa es necesaria: el Capital, siempre el Capital.

30. La juventud se marchita, la belleza se aja, la inteligencia se oscurece; únicamente el oro no se arruga ni envejece.

31. El dinero es el alma del capitalista y el móvil de sus acciones.

32. En verdad os digo que es más glorioso ser una cartera llena de oro y billetes de banco, que un hombre más cargado de talentos y de virtudes que el asno lleva legumbres al mercado.

33. El genio, el talento, el pudor, la probidad, la belleza, no existen más que porque tienen un valor venal.

34. La virtud y el trabajo no son útiles más que para los demás.

35. Nada hay mejor para el capitalista que beber, comer y divertirse; esto es lo único cierto que le queda cuando haya terminado sus días.

36. Mientras vive entre los hombres a quienes alumbra y calienta el sol, el capitalismo debe gozar y divertirse, porque no se vive dos veces la misma hora y nadie se libra de la vil y perversa vejez, que acomete al hombre por la cabeza y lo arroja a la tumba.

37. Tus virtudes no te acompañarán al sepulcro: en él no encontrarás más que gusanos.

38. Todo lo que no sea un estómago repleto que digiera perfectamente, y de sentidos robustos y satisfechos, es vanidad y estrechez de espíritu.

 

V – Última verba

 

1. Yo soy el Capital, el rey del mundo.

2. Yo soy escoltado por la mentira, la envidia, la avaricia, el embrollo y el crimen. Yo llevo la desunión a la familia y la guerra a la ciudad. Por doquiera que paso siembro el odio, la desesperación, la miseria y las enfermedades.

3. Yo soy el Dios implacable. Me complazco en medio de discordias y los sufrimientos. Yo martirizo a los asalariados, y no perdono a los capitalistas, mis elegidos.

4. El asalariado no puede sustraerse a mi poder: si por huir de mí atraviesa las montañas, me encuentra al otro lado de ellas; si franquea los mares, yo le guardo en la orilla donde desembarque. El asalariado, es mi prisionero, y la tierra su prisión.

5. Yo lleno a los capitalistas de un bienestar pesado, estúpido y rico en enfermedades. Yo castro corporal e intelectualmente a mis elegidos: su raza se extingue en la imbecilidad y la impotencia.

6. Yo colmo a los capitalistas de todo lo que puede desearse y los privo de todo deseo. Yo inundo sus mesas de bocados apetitosos y suprimo el apetito.

7. Cuando me place, y sin que la razón de los hombres pueda sondear, hiero a mis elegidos, los precipito en la miseria, en el infierno de los asalariados.

8. Los capitalistas son mis instrumentos. Me sirvo de ellos como de un látigo de mil colas para azotar al estúpido rebaño de los asalariados. Elevo a mis elegidos a los mñas altos puestos de la sociedad, y los desprecio.

9. Yo soy el Dios que conduce a los hombres y confunde su razón.

10. El poeta de los tiempos antiguos ha anunciado la era del Capitalismo, ha dicho. “Ahora los males están mezclados con los bienes: pero llegará un día en que no habrá vínculos de familia, ni justicia, ni virtud. Aidos y Némesis subirán al cielo y el mal no tendrá remedio“(5). Los tiempos profetizados han llegado ya: al igual que los monstruos voraces de los mares y las bestias feroces de los bosques, los hombres se devoran entre sí salvajemente.

11. Yo me río de la sabiduría humana. “Trabaja, y la miseria huirá de ti, y tus graneros se llenarán de provisiones“, decía la sabiduría antigua. Yo he dicho: “Trabaja, y la penuria y la miseria serán tus fieles compañeras; trabaja, y vaciarás tu casa en el Monte de Piedad“.

12. Yo soy el Dios que destruye los imperios; los soberbios se inclinan ante mi yugo ogualitario; yo pulverizo la insolente y egoísta individualidad humana; yo moldeo a la Humanidad imbécil para la igualdad; yo emparejo a los asalariados y capitalistas y les hago trabajar en la elaboración del molde comunista de la sociedad futura.

13. Los hombres han desterrado de los cielos a Brahma, a Júpiter, a Jehová, a Jesús, a Alá; yo me suicidio.

14. Cuando el comunismo sea la ley de la sociedad, el reino del Capital, el Dios que encarna las generaciones del pasado y el presente, habrá concluido. El Capital no dominará más el mundo; obedecerá al trabajador, a quien aborrece. El hombre no se prosternará más ante la obra de sus manos y de su cerebro, sino que se levantará, y de pie, mirará la Naturaleza como su dueño.

15. El Capital será el último de los Dioses.

 

 

Notas:

(1) El Eclesiastés, uno de los libros del Antiguo Testamento, fue traducido al francés por Ernest Renan en 1881, poco antes de que Lafargue escribiera este texto.

(2)Jöns Jacob Berzelius (1779-1848), destacado científico sueco, que dio grandes aportes a la química como la separación entre química orgánica e inorgánica. Charles Gerharot (1816-1856) fue uno de los creadores de la notación atómica.

(3) El autor del Eclesiastés capitalista alude, sin duda, a aquellos economistas, fastidiosos narradores de chismes, que declaran que el capital es anterior al hombre, puesto que la hormiga, al acumular provisiones, actúa como un capitalista.

(4) El Eclesiastés nos da la razón capitalista de la campaña para abolición de la pena de muerte, sostenida con tanto ruido por Victor Hugo y demás charlatanes del humanitarismo.

(5) Esta predicción de los tiempos capitalistas, más verídica que la de los profetas que anunciaban la venida de Jesús, se encuentra en “Los trabajos y los días” de Hesíodo.

Extraído del libro “La religión del Capital” de Paul Lafargue

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