Entrevista con Kurt Gossweiler

kurt Gossweiler Junge welt

 

Entrevista de Arnold Schölzel “Junge Welt”, 3 de Noviembre de 2007

 

Ellos conocen la importancia de los revolucionarios mejor que nosotros

 

Sobre las causas de la derrota del socialismo y las razones del rechazo de sus perspectivas. Los motivos que llevaron a Kurt Gossweiler a abandonar el estudio del fascismo y a centrarse en la investigación del revisionismo.

Nacido en 1917, Kurt Gossweiler es historiador y vive en Berlín. Es autor de obras como “Großbanken Industriemonopole Staat. Ökonomie und Politik des staatsmonopolistischen Kapitalismus in Deutschland 1914–1932” (1975), “Die Strasser-Legende” (1994); “Wider den Revisionismus” (1997), “Die Taubenfuß-Chronik oder Die Chruschtschowiade” (2002).

Junge Welt (JW) – Usted se ha manifestado principalmente como historiador del fascismo alemán. Sin embargo, en los últimos años ha centrado su trabajo de investigación en estudiar las causas de la derrota del socialismo. ¿Por qué?

Kurt Gossweiler – Por la misma razón por la que me convertí en historiador. En mi vida he tenido dos grandes decepciones. Después de 1930, como joven comunista, tenía muchas esperanzas de que la crisis final del capitalismo llegaría a Alemania, y que rapidamente la bandera roja con la hoz y el martillo sería izada por todo el país. Por eso, el 30 de enero 1933 representó para mí una derrota horrible. Me asaltaron muchas preguntas: ¿cómo fue esto posible? ¿Cuáles son las causas de este desastre? ¿Cómo podemos superar esto? Sólo pude iniciar el estudio científico de este problema después de irme voluntariamente como soldado a las tropas soviéticas, el 14 de marzo de 1943. Desde octubre de 1943 hasta abril de 1944 asistí a la Escuela Antifascista en Taliza, donde me convertí en maestro entre el verano de 1944 hasta el verano de 1947. La búsqueda de las causas de nuestra derrota determinó la elección de mi profesión y me convertí en investigador del fascismo. Las preocupaciones iniciales se unieron una con otra: ¿qué debemos hacer para evitar un nuevo fascismo?

Hubiera seguido investigando el fascismo si nosotros -el mundo del socialismo- no hubiéramos sufrido una derrota aún más pesada. Sin exagerar, fue un desastre que amenaza la vida de la humanidad. Llegó mucho más inesperadamente que la de 1933 porque, hasta el final, se consideraba imposible que sucediese. Esta requiere investigar sus causas, incluso más que la primera. La victoria de la contrarrevolución me impuso la transición casi obligatoria a la investigación del revisionismo. Sin embargo, debo decir que desde 1956 me interesé “casualmente” por la aparición del revisionismo en los países socialistas (mi principal tarea en esa época era la disertación sobre el caso Röhm). Determinados acontecimientos en la URSS me preocupaban y me llevaron a redactar un diario político, cuyas notas hasta el año 1975 fueron publicadas bajo el título de “Die Taubenfuß-Chronik oder Die Chruschtschowiade“.

JW – En su opinión, ¿cuáles fueron las causas de la derrota del socialismo? ¿Qué entiende usted por revisionismo?

KG – La respuesta más corta sería: el socialismo en la Unión Soviética y en Europa fue aniquilado por la combinación de la contrarrevolución externa e interna. Sin embargo esta es una respuesta demasiado generalista, ya que estos dos factores actúan conjuntamente desde 1917 y, no en tanto, la Unión Soviética se convirtió en una potencia mundial invencible. Tuvo que ser desarrollada en la URSS y en los países socialistas, esta es mi conclusión, una fuerza que impidió un mayor fortalecimiento y condujo a un debilitamiento continuo. En mi opinión esta fuerza existió, fue identificada a tiempo y llamada por el nombre de: revisionismo. Por su naturaleza era la misma fuerza que ya había corrompido la socialdemocracia revolucionaria, y contra la cual Marx y Engels, en su famosa circular de 1879, ya habían escrito que no podían, de manera alguna, asociarse con personas que querían prohibir la lucha de clases del movimiento. En 1957, la Conferencia Mundial de Partidos Comunistas y Obreros de Moscú declaró el revisionismo moderno como el mayor peligro para el movimiento comunista. En 1960, la Conferencia Mundial reafirmó y condenó, en particular, las posiciones del partido yugoslavo.

El núcleo del revisionismo es la sustitución de la lucha de clases por la ideología y la praxis de la convivencia de las clases. Desde mi perspectiva, el revisionismo caracterizó la dirección política del PCUS bajo Khrushchev, de menor forma con Brezhnev y mayor con Gorbachov y su perestroika, desde 1985. Tras la muerte de Stalin, el nuevo curso más moderado de la dirección soviética fue inmediatamente observado y seguido atentamente de cerca por el Oeste, que respondió haciendo evolucionar su propio curso de confrontación a una política más cuidadosa de distensión. Churchill ya lo había anunciado en mayo de 1953 en la Cámara de los Comunes. Se trataba del concepto de “cambio a través del acercamiento”. En 1956, el Ministro de Relaciones Exteriores de los EE.UU., John Forster Dulles, declaró que la dirección soviética, con su campaña anti-Stalin, había desencadenado una reacción en cadena que, a largo plazo, sería imposible de detener. Con Gorbachov quedó también demostrado que no era su deseo detenerla.

JW – ¿Cómo se puede imponer esa política?

KG – Es necesario tener en cuenta diferentes aspectos. La victoria sobre el fascismo fue una confirmación de la justa política marxista-leninista, pero simultaneamente la coalición anti-Hitler debilitó la conciencia de un sinnúmero de comunistas de la contradicción insoluble entre el socialismo y el imperialismo. A partir de la experiencia de los frentes populares contra el fascismo, algunos partidos comunistas, en los EE.UU. y Yugoslavia, por ejemplo, llegaron a la conclusión de que el Partido debía integrarse en el frente popular o incluso disolverse completamente. Después de los sacrificios y privaciones de la Segunda Guerra Mundial, un demagogo como Khrushchev encontró eco también en la URSS para priorizar en la economía la industria de los bienes de consumo. Pero esto comprometió la capacidad de responder a la revolución científico-técnica y alcanzar nuevas metas de productividad. Pero además de eso, después del final de la guerra, cientos de miles de soviéticos conocian las condiciones de vida en los países capitalistas y se dieron cuenta del gran desnivel en la URSS en términos de confort, calidad de la vivienda, acceso a electrodomésticos, incluso en relación a una Alemania en escombros. Hasta entonces habían comparado sus condiciones de vida con las de 1917, ahora, vencedores de la guerra, constataban que vivían peor que aquellos que habían destruido su país. Por lo tanto, la idea de que una aproximación al capitalismo contribuiría para aumentar el nivel de vida encontró terreno fértil. Por último, tuvo un significado especial el hecho de que el mundo entrara en la era atómica. Esto, en mi opinión, ha sido utilizado por los revisionistas como Tito, Kruschev y Gorbachov para convencer a los movimientos de liberación nacional a poner fin a la lucha armada o por menos a debilitarla, con el argumento hipócrita de que por detrás de cada conflicto local acechaba el peligro de propagación de una guerra atómica. La amenaza de una guerra nuclear sirvió para eliminar a la lucha mundial por la paz su orientación antiimperialista. En este sentido, por ejemplo, los EE.UU. comenzaron a ser presentados como socios comprensivos y no ya como la principal fuente de amenaza de guerra. Además de eso, aquellos que gobernaban las áreas de la cultura y de la ideología en los países socialistas mostraron una predisposición especial para el modo de vida occidental. Los periodistas, los diplomáticos y los creadores de la cultura eran partidarios de la “conversión de valores” de Jruschov. Esto se refiere esencialmente a las generaciones nacidas después de la Revolución de Octubre.

Existieron, así, condiciones que permitieron que el desvío de los principios leninistas no fueran reconocidos como tales, pero podían aparecer como la evolución del marxismo-leninismo. Por otra parte, las fuerzas leninistas intervinieron de forma abstracta y anónima en vez de conducir un debate concreto y público, esto es válido para Molotov y Kaganovich en la URSS o para Walter Ulbrich en la RDA. Khrushchev, por ejemplo, fue derrocado en 1957 en una reunión del Presidium del Comité Central del PCUS, pero sus amigos trataron de convocar inmediatamente una reunión plenaria del Comité Central, en donde tenían la mayoría. Esta plenaria de julio de 1957 repuso a Khrushchev y retiró a Molotov y a Kaganovich de sus cargos. Lo mismo es válido para las declaraciones de los partidos comunistas y obreros  que ya he mencionado. La condena del revisionismo fue mantenida en un nivel abstracto, sin que sus representantes fuesen denunciados. Hacia fuera se mantenía la imagen de la unidad sellada en las reuniones con besos de hermanos. Sólo puedo hacer suposiciones sobre los motivos que llevaron a leninistas a comportarse de esta manera. Probablemente, en ellos se incluye el temor de una guerra civil o una intervención militar de Occidente. El caso de Beria mostró, luego en 1953, que Khrushchev tenía de su lado`parte de las fuerzas armadas. Los riesgos eran enormes. El revisionismo tiene una fuerza prestada que refleja la fuerza del imperialismo. El revisionismo es un ablandamiento. Incluso un representante del Pizza Hut como Gorbachov o un borracho como Yeltsin tuvieron suficiente poder para arruinar un partido como el PCUS. Según Lenin, el Estado socialista es fuerte cuando las masas lo saben todo, pueden juzgarlo todo y hacer todo de manera consciente. El hecho de no tener actuado siempre en ese sentido de forma consecuente es, en mi opinión, una de las causas decisivas para la derrota del socialismo. Actuar en el futuro y en todas las condiciones siempre de acuerdo a Lenin es una de las lecciones más importantes de nuestra derrota.

 

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JW – Esto significa que los principales dirigentes de los partidos comunistas contribuyeron a su propia desaparición. ¿Cuál fue su papel concreto en esta derrota?

KG – Dado el papel vergonzoso que Gorbachov desempeñó, y antes de él Khrushchev, es comprensible que la caída de los estados socialistas sea vista como obra de ellos. Este constatación tiene razón de ser, pero no explica cómo su traición pudo dar lugar a aquel resultado. En este sentido, podemos recordar lo que Engels escribió hace más de 150 años en “Revolución y contrarrevolución en Alemania“:

Cuando se indagan las causas de los éxitos de la contrarrevolución, se ve por doquier la respuesta preparada de que fue por la «traición» del señor Fulano de Tal o del ciudadano Mengano de Cual al pueblo. Respuesta que, según las circunstancias, puede estar o no muy en lo cierto, pero en modo alguno explica nada, ni tan siquiera muestra cómo pudo ocurrir que el «pueblo» sa dejara traicionar de esa manera“.

Sobre las causas, Engels escribió:

No deben buscarse ni en los móviles accidentales, ni en los méritos, ni en las faltas, ni en los errores o traiciones de algunos dirigentes, sino en todo el régimen social y en las condiciones de existencia de cada país afectado por la conmoción“.(1)

Mientras, los marxistas-leninistas sabemos que no son los hombres quienes hacen la historia, pero que esta es la historia de la lucha de clases. Las personalidades sólo pueden tener una importancia histórica como representantes de las clases o estratos de la sociedad, no como individuos. Por eso, la caída del socialismo en la URSS y en la Europa del Este no puede ser atribuida a un Stalin, un Khrushchev o un Gorbachov como personas individuales. Para determinar el papel que cada uno de ellos desempeñó tenemos que descubrir que intereses de clase o estrato representaban, que corrientes sociales encarnaban. Pero también es preciso ver otra cosa. Cuando Stalin murió el 5 de marzo de 1953, yo trabajaba entonces en el aparato del partido, escuché más de una vez durante el funeral la pregunta desesperada: ¿qué pasará ahora? ¿Cómo continuar? Me pregunté, y dije: ¿cómo puede un marxista hacer esta pregunta? Otros ocuparán su lugar. Pero rápidamente me dí cuenta de que estaba equivocado.

Aún no tenía muy claro que en el socialismo el papel de la personalidad tiene mucha más importancia que en el capitalismo. Ningún político puede transformar el capitalismo paso a paso en socialismo. En el socialismo, sin embargo, se puede alterar la paz social mediante una política de traición de clase, como la que fue iniciada por Khrushchev y terminada por Gorbachov. La explicación es que el capitalismo es un sistema que se autoregula, el socialismo es, en la teoría y en la práctica una ciencia, y sus políticos tienen que tomar un enfoque científico para su construcción. Dicho de otra manera, el capitalismo comienza a desarrollarse espontáneamente, mientras que el socialismo comienza de manera consciente y organizada. De sus personalidades dirigentes depende mucho más que en el capitalismo, y eso significa también que los políticos imperialistas tienen más posibilidades de influir en el socialismo que al contrario. El sistema socialista puede ser paralizado y destruido por medio de agentes y de corrupción, el capitalismo sólo puede ser eliminado a través de la lucha de masas. La burguesía conoce la importancia de la personalidad revolucionaria claramente mejor que nosotros. Los planes de asesinatos de dirigentes especialmente populares e incorruptibles de los partidos comunistas y de los movimientos anti-imperialistas son parte de la rutina de los servicios secretos y son un elemento clave en la disgregación de la parte interior de los movimientos revolucionarios y antiimperialistas. La muerte de revolucionarios populares suscita siempre grandes “esperanzas” del capitalismo, que cuenta así poder influir en la elección del sucesor. No es una coincidencia que los líderes comunistas fueron y continúan siendo divididos en “palomas” y “halcones”, en anti-stalinistas o reformistas y stalinistas o “cabezas de hormigón”.

JW – ¿Cómo explica que muchos comunistas experimentados no compartan su punto de vista sobre el papel del revisionismo en los estados socialistas?

KG – Esto se debe a muchas y muy diferentes razones respecto a las personas. La razón principal, según mi experiencia, reside en la imagen generalizada de Stalin como un asesino de masas por pura ambición del poder y crueldad. No existen medios más eficaces para provocar repulsión, desprecio, odio contra una persona que lanzar esta acusación y hacer que sea creíble. Si bien sólo es el enemigo de clase el que lo hace, esta imagen de Stalin nunca tuvo influencia en los comunistas, que no veían en él más de lo que demostraban los resultados de su acción. Fue el sucesor de Lenin que concretó su orientación y enseñanza, conviertiendo a la URSS en una gran potencia, que ayudó solidariamente a todos los pueblos y naciones oprimidas y desempeñó un papel decisivo en la liberación del fascismo. Había de llegar su sucesor, Khrushchev, para declarar como ciertos los alegatos de que los enemigos mortales del socialismo habían lanzado sobre Stalin, validando en particular la imagen aterradora de un Stalin bebedor de sangre que por la locura del poder envió a la muerte a millones de inocentes. Para esto recurrieron al periodo de las purgas, que fueron decididas por la dirección del partido en un momento en que el país estaba enfrentado a la amenaza inminente de una invasión fascista, en la que muchas personas inocentes también fueron enviadas a campos o condenados a muerte injustamente. Khrushchev y los suyos apelaron consciente a los más nobles sentimientos humanos, a la repulsa de la injusticia, de la crueldad y el abuso de poder. Sólo puedo esperar que los comunistas que se entregaban al anti-stalinismo constaten que, cuanto mayor ha sido la agitación de EE.UU. y de la UE en contra de los líderes de los pueblos de América Latina, Chávez o Morales, más confianza se han ganado de su pueblo.

La mayoría de los comunistas que reniegan de mi punto de vista, lo hacen porque ha interiorizado la imagen de Stalin dada por Khrushchev y Gorbachov. Piensan, por tanto, que los que encuentran algo positivo en un asesino de masas como Stalin no pueden ser normales ni tener razón, y que por lo tanto nadie debe perder el tiempo con él. Algunos camaradas se niegan incluso a admitir que pueden llegar a la cúpula de los partidos comunistas personas que simplemente son enemigos del socialismo o que se transforman en tales.

Y finalmente una explicación más por la negativa de mi punto de vista: a ella se llega sólo a través de un enorme y riguroso conocimiento de los hechos. Sin embargo, mis trabajos continúan todavía inaccesibles para muchos. Incluso en el Junge Welt, al contrario de la gran disponibilidad para publicar puntos de vista trotskistas, hasta ahora sólo se interesaron por el Gossweiler investigador del fascismo, y no por el investigador del revisionismo que es considerado stalinista. Tal vez eso cambiará, creo que ahora es cuestión de tiempo. Pero quiero decir que mis trabajos se pueden leer en internet.

Notas:

(1) Cita sacada de “Marx Engels, Obras Escogidas en Tres Tomos“, Ediciones «¡Avante!», Lisboa, 1982, pág. 311 (nota del editor).

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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