Algunos autores a favor y en contra de Stalin

Algunos autores a favor y en contra de Stalin

 

En este breve capítulo, analizaremos algunas de las críticas que se lanzaron contra Stalin, por parte de ex-comunistas, revisionistas, traidores y tránsfugas en las épocas negras del dominio revisionista. También veremos algunos escritores más equilibrados.

Winston Churchill, primer ministro británico durante la II Guerra  Mundial

Churchill, el famoso ministro británico durante la II Guerra Mundial, fue un hábil político y un personaje muy importante del siglo XX. Tuvo la oportunidad de conocer muy de cerca a Stalin y tratar con él en momentos cruciales de la II Guerra Mundial y por lo tanto, siendo un anti-comunista convencido y confeso, sus opiniones tienen un gran valor para aquilatar objetivamente la personalidad de Stalin.

Churchill negoció con Stalin una cantidad muy grande de problemas derivados de la guerra y de la alianza estratégica entre Gran Bretaña y la Unión Soviética. Sostuvo conversaciones y tratativas muy complejas con Stalin en tres conferencias internacionales: Teherán, Yalta y en parte Postdam. Sus criterios no pueden, de modo alguno, ser interpretados como una concesión, por el contrario, el hecho mismo de haber sido enemigos irreconciliables a partir de la guerra fría, muestran su honestidad y equidad.

Churchill escribió lo siguiente de Stalin:

La suerte para Rusia fue que durante los años de la grandes pruebas fue dirigida por ese estratega inflexible que fue José V. Stalin. Fue una personalidad importante, señalada e incuestionable. Stalin estaba dotado de una energía extraordinaria, era un erudito con una voluntad fuerte, inflexible, implacable tanto en el trabajo como en las discusiones y yo mismo, a pesar de toda mí ciencia del Parlamento inglés, no hubiera podido contradecirle en nada. La fuerza activa de su trabajo era tan grande en él que constituía un caso único entre todos los Jefes de Estado de todos los tiempos y de todos los pueblos.  Stalin producía impresiones muy fuertes sobre cada uno de nosotros. Su Influencia sobre el pueblo era incuestionable. Cuando entraba en la sala de la Conferencia de Yalta, cada uno de nosotros, como sí nos lo hubieran pedido, se levantaba y, de manera sorprendente, ponía las manos en las costuras de los pantalones permaneciendo inmóvil. Poseía una inteligencia profunda. Era un maestro inigualable para descubrir soluciones a los problemas más arduos, incluso en los casos en que parecía que no había solución posible. Había creado y mandaba un país colosal. Era una persona que habría podido eliminar a sus enemigos con la ayuda de las manos de sus enemigos y logró incluso hacernos combatir contra los imperialistas, a nosotros que también nos consideraba abiertamente como tales. Stalin era tan grande que era incomparable en el mundo. Había salido de la nada y dejó tras de sí una Rusia equipada de armas nucleares […] No, no importa lo que se diga de él, ni la historia ni los pueblos lo olvidarán…” (Subrayado nuestro)

Además, Churchill citado por Nina Andreieva, dice refiriéndose a Stalin:

Uno de mis más peligrosos adversarios políticos. Él fue una figura destacada que se impuso a nuestro tiempo en aquel período en que transcurrió su vida. Stalin fue un hombre con erudición y energía no comunes, con una fuerza de voluntad inquebrantable, brutal, áspero, implacable tanto en el trabajo como en las conversaciones; inclusive yo, educado en el parlamento inglés, nunca pude contradecirlo en nada. En sus obras se sentía una fuerza colosal. Esta fuerza era tan grande en Stalin que parece que él es inigualable entre los dirigentes de todos los tiempos y pueblos (sic). Su influencia sobre las personas era incontestable. Cuando entró en la sala de la Conferencia de Yalta, todos nosotros, como respondiendo a un comando, nos pusimos de pie. Y sorprendentemente manteníamos las manos en la cintura. Stalin tenía una inteligencia profunda, lógica y razón privada de todo pánico. El era un maestro perfecto para encontrar en los momentos difíciles los caminos para salir de las situaciones más difíciles. El era un hombre que liquidaba a sus enemigos con las manos de sus enemigos, él nos obligó a nosotros, que él llamaba abiertamente imperialistas, a enfrentarnos con los imperialistas. El encontró a Rusia con arado y la dejó equipada con armas atómicas….“.

Parecería que los anteriores conceptos proceden de un comunista de tendencia francamente estalinista, no es así, se trata del anti-comunista más destacado del siglo pasado.

¿Qué más claridad podemos pedir de un destacado estadista capitalista opinando sobre su peor enemigo político?

Fernando Claudín y sus calumnias contra Stalin

Este escritor español, ex-comunista y luego traidor a la causa, ha escrito un voluminoso texto denominado “La Crisis del Movimiento Comunista (De la Komintern a la Kominform).

No conocemos una obra más contradictoria, especulativa, subjetiva y tendenciosa que la que comentamos. Según Claudín, Stalin tiene la culpa de todos los errores (reales o supuestos) cometidos por la Internacional Comunista en sus relaciones con los partidos nacionales. La Internacional Comunista, sería un objeto inerte en las manos de Stalin, si se hacía porque se hacía y si no se hacía porque no se hacía.

Algunos breves ejemplos al respecto. Claudín critica a Stalin haber firmado el pacto anti-nazi con Francia en 1935, Stalin-Laval, como una traición al proletariado francés; después critica a Stalin de haber determinado la derrota del Partido Comunista Alemán y el ascenso de Hitler al poder por sus errores de considerar a la SocialDemocracia como social fascista; luego critica a Stalin de haber firmado el pacto Molotov-Ribentrop, como una traición a los luchadores anti-fascistas; después critica a Stalin de haber sostenido una alianza con occidente contra Hitler; después critica a Stalin de que los comunistas occidentales no hubieran tomado el poder en Francia e Italia; después critica a Stalin haber disuelto la Internacional Comunista, como paso táctico y una verdadera condición para la alianza anti-Hitler, en fin…..

Claudín lo critica todo y no se da cuenta que la crítica por la crítica no conduce sino a la contradicción, pues no se puede criticar al mismo tiempo y en la misma cuestión, las dos alternativas posibles. Por ejemplo: la cuestión alemana.

Es una ingenuidad muy grande pensar que Stalin tuvo toda (sic) la culpa del ascenso de Hitler y la derrota del partido alemán. La I.C. y el Partido discutían interminablemente y usando una serie enorme de argumentos, para determinar cuál debía ser la política de contención del nazismo alemán, cuando se veía venir una dictadura terrorista. La alianza con la SocialDemocracia, sostenida como un argumento, tenía al frente muchos opositores que comprendían la conducta ambivalente y traidora de los dirigentes social-demócratas, recuérdese que fueron precisamente ellos los asesinos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

Claudín presenta el problema como si todos hubieran estado rogando por la alianza en tanto que el testarudo Stalin, se oponía a ella porque quería “aniquilar” al Partido Alemán; así de disparatada es la conclusión a que llega Claudin.

La verdad es que con Stalin o sin Stalin, con Partido o sin Partido, el ascenso fascista se hacía incontenible debido a razones profundas de la estructura y la política mundiales y, en ese contexto, la voluntad de Stalin -que era importante- no tenía el peso totalmente determinante ni siquiera en la I. C., como lo sugiere Claudín.

Pero el siguiente ejemplo, nos mostrará al verdadero Claudín, esta vez no es la crítica a una situación, a una política o a un punto de vista sea correcto o equivocado, aquí se trata de la falsedad más grande y de la deshonestidad llevada a los más grandes extremos.

En su obra referida, Claudín dice refiriéndose a la insurrección húngara de octubre-noviembre de 1956:

Pero a partir de los acontecimientos de 1953-56 (denuncia de Beria y primeras revelaciones de los métodos de la policía secreta, levantamiento de los obreros berlineses, ‘rehabilitación’ de Yugoslavia, ‘informe secreto’, octubre polaco Y OCTUBRE HUNGARO, PRIMERA INTERVENCION ARMADA DEL IMPERIALISMO ESTALINIANO CONTRA UN PUEBLO INSURRECTO); a partir de esos acontecimientos…. etc.“. (Mayúsculas nuestras)

Como se puede apreciar, la deshonestidad histórica del Sr.Claudín es asombrosa. Como el párrafo está escondido en una larga serie de acontecimientos, piensa que puede pasar desapercibida su falta infame de lealtad con la verdad evidente. Stalin había muerto en 1953 y la intervención soviética a Hungría se realizó, por órdenes de Nikita Jruschov en noviembre de 1956. ¿¡Se puede, entonces, hablar de la “intervención estalinista” contra un pueblo insurrecto!? Señor Claudín, no se puede mentir impunemente todo el tiempo.

La obra de Claudín es una muestra de los extremos absurdos y ridículos a los que llegó el anti-stalinismo en su apogeo.

Jean Elleinstein

Elleinstein, el escritor francés, publicó un libro cuyo título es: “El Fenómeno Estaliniano“, en el cual pretende desentrañar las causas del “fenómeno” como una degeneración del socialismo. La obra es mucho mejor que la de Claudín, por su equilibrio y una cierta honestidad, no tiene las contradicciones de aquel, pero, en síntesis, no capta lo esencial del problema. Inicia su análisis de la siguiente forma:

Estudiar el fenómeno estaliniano en sus realidades contradictorias es un objeto más difícil de lo que pueda parecer a primera vista. Comprender sus causas y, en consecuencia su naturaleza es un segundo objetivo, cuyo interés tendrá en cuenta todo aquel que piense en nuestro porvenir. Nadie puede inhibirse ante este dilema trágico: o el fenómeno estaliniano se explica por las condiciones históricas de la primera revolución socialista de la Historia, y en este caso es un accidente del comunismo o es su producto natural inevitable. A lo largo de estas páginas que siguen intentaremos dar una respuesta a esta cuestión fundamental…“.

Elleinstein supone que el stalinismo es un “fenómeno” que, por una parte puede ser un accidente del socialismo, una desviación, una patología del socialismo, o, por el contrario, algo inherente a él mismo, algo inevitable. Se podría objetar a Elleinstein, diciendo que no es ni lo uno, ni lo otro.

El stalinismo, es decir la etapa socialista soviética dominada por el pensamiento y la obra de Stalin, constituyen una experiencia específica de construcción socialista que no podía guiarse ni por un modelo previo, ni por una determinación necesaria e ineludible. En efecto, ni Stalin ni Lenin, tenían un manual que les indicara lo que había que hacer en cada momento. Ambos y sobre todo, Stalin, tuvieron que trabajar en un terreno completamente inédito y desconocido. Eran muchos los obstáculos internos y externos a la nación y al propio Partido, así como al proceso mismo. Stalin puso siempre en primer lugar, la adhesión a los principios de la revolución, del socialismo y el comunismo, y esto era precisamente lo fundamental.

Un análisis sobre estos supuestos nos lleva, pues, a considerar el stalinismo como una forma inicial de superar el capitalismo. Futuras experiencias podrán, naturalmente, servirse del ejemplo para superarlo por su histórica validez. En cambio el punto de vista de Elleinstein nos lleva a descartar la experiencia como patológica en cuyo caso habría que rechazarla en bloque, o, por el contrario, no volver a intentar una aventura cuya esencia sería negativa, mayor razón para descartarla.

Haciendo una serie de concesiones a Stalin, Elleinstein, sin embargo, sostiene que:

La revolución soviética y la política de Stalin, dieron lugar a una economía y a una sociedad socialista. Esto debe tenerse en cuenta si no se quiere cometer un contrasentido en el mundo contemporáneo….“.

Acá, debemos dar la razón a Elleinstein, pero su conclusión de que el “fenómeno” no puede repetirse es un otro contrasentido, esta vez suyo, ya que invalida lo que realmente es sustancial en beneficio de yerros secundarios. Nadie, por otra parte, podría sostener que la experiencia estalinista debe repetirse exactamente, porque eso es imposible, empero las enseñanzas y sobre todo el heroísmo, la entrega, la honestidad que Stalin puso en el proyecto, lo elevan a la categoría de héroe mundial de la revolución a pesar de todos sus detractores.

Alejandro Vicuña

Vicuña es un biógrafo de Stalin que nos ha parecido bastante ecuánime en sus consideraciones y por ello mismo citaremos algunos de sus juicios.

En verdad, Koba era un bolchevique antes de nacer el Bolchevismo en el Congreso de Londres de 1903…

Su dedicación en cuerpo y alma a la revolución social; su desprecio absoluto por las cosas ajenas a ese fin, y su odio a cuanto fuese un obstáculo para conseguirlo; su distinción entre las cosas buenas y malas, según ellas pudiesen contribuir o no al triunfo revolucionario; su perfecta indiferencia ante las preocupaciones del orden ético establecido; toda su envergadura mental y emocional hacía de él un perfecto bolchevique…..

Efectivamente, este juicio de Vicuña parece ser un perfil bastante cercano a la verdadera personalidad de Stalin. Su fin último, su única vocación fue la revolución y subordinó toda su vida a conseguirla. Stalin es el líder que estuvo más cerca de lograr implantar el comunismo en todo el planeta.

Gyorgy Lukacs y sus opiniones sobre Stalin

El conocido filósofo húngaro es vastamente conocido por su independencia y por su honestidad intelectual, lo cual lo ha colocado en sitial muy apropiado para opinar sobre la valoración de la contribución de Stalin en la guerra, la construcción del socialismo y otros aspectos relativos.

En una última entrevista dada a un compatriota suyo, István Eörsi, nos explica sus opiniones en torno a Stalin:

La idea de que Stalin había dicho solamente cosas erradas y anti-marxistas es un pre-concepto. Recuerdo esto ahora a propósito de que, en 1930, durante mi primera estadía prolongada en la Unión Soviética, se desarrollaba un así llamado debate sobre la filosofía, abierto por Stalin contra Deborín y su escuela. Naturalmente en este debate vieron la luz también muchos trazos estalinistas subsecuentes, entretanto Stalin asumió una posición extremadamente importante que tuvo un papel bastante positivo en mi evolución. Él atacó la llamada ortodoxia plejanoviana que tenía un gran peso en la Rusia de entonces. Él se pronunciaba contra la idea de que era necesario considerar a Plejanov un gran teórico que funcionaba como mediador de Marx. Stalin afirmó, al contrario, que era la línea Marx-Lenin, la válida para el marxismo….“.

Sigue Lukacs refiriéndose, esta vez, al carácter que él asigna al stalinismo:

La verdadera esencia del stalinismo, a mi entender, consiste en el hecho de que, conservando teóricamente el carácter práctico del movimiento obrero y del marxismo, en la praxis la actuación no estaba regulada por la más profunda inteligencia de las cosas, al contrario, esa más profunda inteligencia es construida en función de la táctica a seguir…..“.

El criterio de Lukacs está muy difundido en el sentido de otorgar a Stalin el beneficio de ser un excelente táctico. Pero nuestro autor va mucho más allá y sostiene que Stalin construía su estrategia en base a la táctica que, efectivamente es mucho más serio, es decir una explicación filosófica adversa a aquel dicho vulgar y corriente de que el fin justifica los medios. Ciertamente Stalin, sacrificó bastante de su propio prestigio para asegurar la estrategia fundamental.

Si la táctica de Stalin era correcta, la estrategia que consistía en construir el socialismo, era también enteramente correcta. De todos modos acá se trata del pensamiento lukacsiano y eso es lo que seguiremos haciendo.

Cuando Eörsi, le interroga sobre los procesos de mediados de los treinta y la agresión alemana a la Unión Soviética, Lukacs explica la situación en la siguiente forma:

Juzgué los procesos una monstruosidad y me consolaba diciéndome a mi mismo: ‘hoy estamos en el papel de Robespierre’, sin embargo, el proceso contra Danton, analizado en términos jurídicos, no fue mucho mejor que el proceso contra Bujarin. Mi otra consolación, y este fue un punto decisivo, era que en aquel período la cuestión más importante consistía en el aniquilamiento de Hitler. El aniquilamiento de Hitler no era de esperarse de parte de occidente, solamente de los soviéticos. Stalin era la única fuerza anti-Hitler existente…..“.

No se puede exigir a Lukacs una claridad más meridiana, pues, reconociendo toda una serie de defectos de carácter teórico en Stalin, creía sinceramente que solamente Stalin podía acabar con Hitler. Lukacs tuvo pues una clarividencia realmente genial al poner todas sus esperanzas en Stalin para derrotar a Hitler. Esta vez la “historia” le dio plena razón.

Stalin visto por Trotski

Como se sabe, León Trotski escribió como su última obra una biografía de Stalin. Parecería un contrasentido que un hombre que se autovaloraba muy por encima de Stalin, que consideraba a Stalin como un personaje insignificante en la historia de la revolución de octubre y que, por otra parte, carecía del nivel histórico que requiere una personalidad para ser digna de una biografía de un autor como Trotski que se consideraba a si mismo como el actor principal de Octubre, se hubiera decidido a escribir una biografía de un hombre tan anodino y secundario (en su criterio); pero la verdad es que Trotski tenía tal vanidad que lo único que consiguió fue demostrar su enorme e inocultable resentimiento con el hombre que le había “quitado” el puesto de Lenin que según él era de su propiedad.

El “Stalin” de Trotski es una obra que no se puede dejar de considerar en este recuento de la enemistad política más importante del siglo XX. Trotski comienza su obra, diciendo:

Stalin representa un fenómeno sumamente excepcional. No es un pensador, ni un escritor, ni un orador. Tomó posesión del poder antes de que las masas aprendiesen a distinguir su figura de otras (naturalmente Trotski se refiere a su persona) durante las triunfales procesiones a través de la Plaza Roja; Stalin tomó posesión del poder, no valiéndose de sus cualidades personales, sino con ayuda de una máquina impersonal. Y no fue él quien creó la máquina, sino la máquina quién lo creó…. la primera cualidad de Stalin era una actitud despectiva hacia las ideas….” (Paréntesis nuestro).

Vamos a copiar, una serie de párrafos de la obra citada  que muestra, más que a Stalin, al propio Trotski,  sus frustraciones y sus resentimientos contra Stalin:

“Koba no está en la lista”, “tampoco figura Koba aquí”. (Pág. 65), “Koba sólo está entre los que no menciona”. (Pág. 65), “No hace mención alguna de Stalin” (Pág. 65.), “el nombre de Stalin no aparece ni una sola vez en el curso de las cincuenta páginas nutridas” (Pág. 65), “Koba no figura para nada entre los corresponsales de Lenin y Krupskaya” (Pág. 67), “Ninguna de las tres aptitudes puede contarse entre las aptitudes de Stalin; su voz es tan débil como su imaginación; el don de improvisar es ajeno a este pensador de torpe mente, que avanza a tientas” (Pág. 76), “Koba permaneció al margen de todo el mundo y de sí mismo” (Pág. 76), “Krupskaya no nombra a Ivanovich; no se acordaba de él” (Pág. 79),”Koba vino a la revolución como demócrata plebeyo, provinciano y empirista” (Pág. 86), “La disciplina del trabajo intelectual le era extraña” (Pág. 95), “Stalin conoció a Trotski. Pero éste apenas reparó en él” (Pág. 102), “Ivanovich no figuraba entre los 302 delegados con derecho a voto” (Pág. 103), “En cuanto a Koba, no sabía francés ni alemán” (Pág. 129),”Koba, por el contrario, “siempre se exhibía con rufianes, chantajistas y andaba entre los rateros”. “Se sentía en pie de igualdad con ellos”. “Siempre le hacían impresión la gente expedita en los ‘negocios’. Y la política era para él un “negocio en que convenía saber a ciencia cierta hacer y deshacer”. (Pág. 135), “el de Koba figura en último lugar” (Pág. 170), “Stalin ocupa siempre el segundo lugar” (Pág. 170). “Un natural del Cáucaso, con sus docenas de nacionalidades semicultas y primitivas” (Pág. 172)…..“.

Hay párrafos que llaman mucho la atención porque contradicen absolutamente lo antes aseverado, por ejemplo:

“La figura gris del ex-seminarista picado de viruela, proyectaba una sombra cada vez más siniestra” (137). “Grosero, imprudente, irrespetuoso con sus superiores”. “La irrespetuosidad era atributo común de todos los revolucionarios; la grosería, el suyo personal”” (138).

“Las masas obreras de Petrogrado no conocían apenas a Stalin entonces. Ni él buscaba tampoco la aclamación popular» (Pág. 243); recordemos aquello de la propensión según Trotski de Stalin de “alardear” y, “Stalin tenía más libertad que otros, y no era tan conocido de la Policía…” (Pág.242)

En qué quedamos, ¿acaso Stalin no era, precisamente según Trotski un agente de la policía? Por un lado se dice que la policía no lo conocía, pero por otro que era precisamente agente de policía, ¿Quién puede creer a Trotski, obsesionado con denigrar a Stalin?

La visión de Trotski respecto a Stalin no puede ser más subjetiva y negativa y naturalmente no puede ser de otra manera, Stalin constituyó el único obstáculo en la desesperada carrera de Trotski para usurpar la dirección de la revolución bolchevique. Trotski vio su vida truncada, su más grande aspiración destruida y todo esto por causa de un hombre, dedicando el resto de su vida a vituperarlo, insultarlo y desprestigiarlo precisamente con ayuda de los más grandes enemigos de la revolución. Así se explica el “prestigio” de Trotski en los círculos intelectuales de la falsa izquierda, de la social democracia, del oportunismo teórico y de la reacción occidental.

Pero seguimos citando a Trotski y su increíble libro sobre la vida y milagros de Stalin:

Stalin conocía la vida del pueblo aborigen del Cáucaso íntimamente, como sólo un nativo podía conocerlo. Llevaba aquel primitivismo en la sangre. Le gustaba la sociedad de aquella gente, encontraba un lenguaje común para conversar con ellos, no recelaba que pudieran superarlo en nada, y , por consiguiente, los trataba con aire democrático, amistoso” (Pág. 291).

Puede seguirse en varios de sus artículos y discursos. Indudablemente, el interés de Stalin por el Este revestía en gran medida carácter personal. El mismo era natural del Este. Si ante representantes del Oeste, desconocedor como era de la vida occidental y de sus lenguas, se encontraba siempre apurado, con representantes de las naciones atrasadas del Este, cuya suerte dependía en considerable proporción de él en calidad de comisario, se hallaba incomparablemente más a gusto y pisaba terreno más firme“. (292)

No se puede encontrar en estos párrafos,  una manifestación más clara del eurocentrismo acomplejado de Trotski que desprecia a su propio pueblo como “oriental”, acusando a Stalin de sentirse a gusto entre sus compatriotas. Le preguntamos al cosmopolita Trotski, ¿qué persona no se siente a gusto entre sus compatriotas? Naturalmente él, se siente a gusto con la burguesía occidental que siempre lo ha ponderado incluso en sus días de dirigente “bolchevique”.

Empero veamos este tipo de “acusaciones” trotskistas contra Stalin que son francamente ridículas:

No conocía Alemania, su vida, ni su lengua, y otros escribían sobre ello con mucho más conocimiento de causa. Stalin se concentraba sobre el Este“.

¡Qué pecado más grande el de Stalin de no conocer Alemania, ni su lengua, ni su vida!

Es imposible comprender a Stalin y su éxito de última hora sin comprender la fuente principal de su personalidad; ansia de poder, ambición, envidia, una envidia activa, jamás adormecida, a todos los mejor dotados, más poderosos, a cuantos destacan sobre él” (Pág. 374). “Su ambición adquirió un tinte de asiática incultura (sic)” (Pág. 434).

Se necesita ser cretino e imbécil para calificar al Asia como inculta, ¡¡pero si es la cuna de la cultura de la humanidad!!

Pobre Trotski, su ignorancia atrevida e insolente lo ha condenado al ostracismo de la revolución y ninguno de sus seguidores puede sacarlo del escarnio.

Finalmente el broche de oro que constituye esta calumnia contra Lenin:

Los populistas consideraban a todos los obreros y campesinos como “trabajadores” y “explotados” sencillamente, unos y otros interesados en igual proporción por el socialismo, mientras que para los marxistas un campesino era un pequeño burgués, capaz de convertirse en socialista sólo en la medida en que cesara de ser material o espiritualmente campesino. Con un sentimentalismo característico de ellos, los populistas veían en esa caracterización un terrible insulto al campesino. Sobre esa pauta se libró durante generaciones la batalla principal entre las tendencias revolucionarias dentro de Rusia. Para comprender el ulterior conflicto entre estalinismo y trotskismo es necesario subrayar que, de conformidad con toda la tradición marxistas, Lenin nunca miró al campesino como un aliado socialista del proletariado; por el contrario, la enorme preponderancia del campesinado era lo que había conducido a Lenin a la conclusión de que en Rusia era imposible una revolución socialista. Esta idea se reitera una y otra vez en todos sus artículos que directa o indirectamente tocan la cuestión agraria” (Pág. 475)

El gran “teórico marxista”, tiene la desvergüenza de calificar al campesino pobre como pequeño burgués sin comprender mínimamente que el campesino parcelario corresponde al mercantilismo simple, es decir al pre-capitalismo y por ello mismo es incluso más explotado que el proletario. Por otra parte Lenin jamás dijo que en Rusia era imposible una revolución socialista. Esta es una calumnia digna del canalla Trotski.

No hacen falta más pruebas para terminar con un sujeto despreciable que no llega ni a los zapatos del gran camarada Stalin.

Stalin visto por Barbusse

Henry Barbusse, el gran escritor revolucionario y marxista francés, tiene un retrato de Stalin que es clásico, en el sentido de haber sido una de las más tempranas biografías del líder bolchevique. En la época de la biografía de Barbusse, Stalin se encontraba en la cima de su popularidad, eran los días del triunfo frente a la oposición unificada, del triunfo de la colectivización. Estos son los criterios de Barbusse con relación a la oposición Stalin-Trotski.

Stalin y Trotski se yerguen aquí en verdad como la contradicción el uno del otro. Son dos tipos de hombres situados cada uno a un extremo de la fauna contemporánea. Stalin se apoya con todo su peso en la razón, en el sentido práctico. Está armado de un impecable e inexorable método. Sabe. Comprende íntegramente el leninismo, el papel dirigente de la clase obrera, el papel dirigente del partido. No pretende hacerse valer, no se siente turbado por un deseo de originalidad. Unicamente procura hacer todo lo que se puede hacer. No es el hombre de la elocuencia: es el hombre de la situación (porque escudriña al auditorio) y hace hincapié en las mismas palabras, cual un predicador antiguo. Y es infalible para ponernos ante los ojos los puntos fuertes y los puntos débiles. Tampoco tiene igual para descubrir la complacencia reformista, el contrabando oportunista. “Sea el que fuere -dice Radek- el velo con que el oportunismo encubra su miserable cuerpo, Stalin le descubre. (“¡Tu, que te llamas ortodoxo, no eres más que un derechista con disfraz de izquierdismo! “)…

Barbusse prosigue pintando la personalidad de Stalin y su íntima relación con la verdadera y auténtica construcción de un mundo nuevo:

Este hombre claro y luminoso es, como hemos visto, un hombre sencillo. No es difícil abordarle sino porque siempre está trabajando. Cuando se va a verle a una de las salas del Kremlin, no se tropieza uno con más de tres o cuatro personas al pie de una escalera y en los vestíbulos. Esta sencillez orgánica no tiene nada de común con la sencillez aparatosa de algún monarca escandinavo que se digna salir a pie a las calles, o de un Hitler que hace pregonar a sus propagandistas que no fuma ni bebe vino. Stalin se acuesta por lo regular a las cuatro de la mañana. No tiene treinta y dos secretarios, como Loyd George: solo tiene uno, el camarada Proskrobigtchev. No firma lo que escriben otros. Se le facilita el material y él lo hace todo. Todo pasa por sus manos. Y esto no impide que conteste o haga contestar todas las cartas que recibe. Cuando se le encuentra se muestra cordial, familiar. Su “franca cordialidad”, dice Serafina Gopner; “su bondad”, “su delicadeza”, dice Bárbara Djaparidzé que ha luchado a su lado en Georgia; “su jovialidad”, dice Orajelachvili. ” Se rie como un niño..”..

Para quiénes siempre hemos recibido la imagen de un Stalin autoritario, tiránico y brutal, parecería que los términos usados por Barbusse que cita a algunos camaradas próximos a Stalin, parece incluso exagerada, pero si tenemos en cuenta que Stalin puede ser un acero contra los enemigos de clase, puede ser muy humano con los camaradas, con el pueblo humilde, con los trabajadores y los campesinos. De ahí que el testimonio de Barbusse sea pues muy importante, porque proviene del punto de vista de simple pueblo trabajador ruso.

Stalin visto por Fidel Castro

Una opinión muy actual e importante es la que vierte Fidel Castro sobre Stalin cuando el ex-dirigente sandinista y actual periodista Tomás Borge, haciendo gala de una ignorancia supina lo entrevista para su libro “Un grano de maíz“. Efectivamente, el tercer capítulo del libro trata específicamente el problema de Stalin y comienza con una pregunta muy sugestiva:

Borge: Para la mayoría de los dirigentes revolucionarios de América Latina, la crisis actual del socialismo tiene un autor intelectual: José Stalin. ¿Qué opina usted?

Fidel: No se puede afirmar eso así, no me atrevería a afirmarlo de esa forma. Creo que Stalin cometió errores muy grandes, pero también tuvo aciertos grandes. Creo que Stalin tuvo un papel importante en la Revolución de Octubre y en la guerra contra la intervención extranjera después de la revolución, eso es conocido históricamente. Stalin desempeñó un papel importante en la industrialización de la Unión Soviética, y en la gran guerra patria y la reconstrucción del país. Esos son hechos objetivos.

Borge: Algunos dicen que la Unión Soviética ganó la guerra a pesar de Stalin… (sic)

Fidel: Tomás, yo tenía opiniones críticas desde hace muchos años sobre Stalin en muchos terrenos, por eso creo que me siento con cierta autoridad para tratar de ser objetivo en todo esto. A mí me parece que equivale a un simplismo atribuirle a Stalin la culpa de los fenómenos que han pasado en la Unión Soviética, porque ningún hombre podía, unipersonalmente, crear determinadas condiciones. Es como atribuirle a Stalin los méritos de lo que fue la URSS, ¡¡imposible!! Creo que fue el esfuerzo de millones y millones de gente heroica lo que hizo posible que la URSS surgiera…

Creo que Stalin, en la política agraria durante mucho tiempo confió en los minifundios y en la forma de propiedad privada; es decir, no desarrolló un proceso progresivo de socialización de la tierra… Pienso que el proceso de socialización de la tierra debió haberse iniciado antes y debió desarrollarse progresivamente. Me parece que fue costoso, en el orden económico y en el orden humano, el intento de socialización de la tierra en un brevísimo período histórico y mediante la violencia. Ese fue un error cometido durante la dirección de Stalin…

Creo que la política de Stalin en vísperas de la guerra fue una política totalmente errónea… Claro, eso estimuló el expansionismo de Hitler y el temor de Stalin, que lo lleva a algo que yo toda mi vida criticaré, porque pienso que fue realmente una violación flagrante de principio: buscar a toda costa la paz con Hitler para ganar tiempo… pero él cae en aquel famoso Pacto Molotov-Ribbentrop, cuando ya los alemanes empezaban a exigir la entrega del corredor de Dantzig…. Toda mi vida, al analizar esos hechos, me pareció un enorme error cometido por la política exterior soviética… Creo que la guerrita contra Finlandia fue otro error garrafal, lo he pensado toda mi vida… Fue cometiendo sucesivos errores que le granjearon la antipatía a la Unión Soviética en grandes sectores de la opinión pública mundial, que pusieron en todo el mundo a los comunistas, que eran muy solidarios y muy amigos de la Unión Soviética, en situaciones sumamente difíciles al tener que defender ante la opinión pública de esos países cada uno de aquellos episodios, porque tuvieron que hacerse una especie de harakiri los comunistas en todo el mundo por defender a la URSS. Y yo diría que fue correcto defender a la URSS… Si Hitler va a la guerra en 1939 contra la URSS, te digo que hubiera hecho menos destrucción que la que hizo en junio de 1941…. Otro error gravísimo fue en junio de 1941, cuando los alemanes habían concentrado millones de hombres, miles y miles de aviones, decenas de miles de tanques y carros blindados, cientos de divisiones en las fronteras –divisiones alemanas, rumanas, húngaras, finlandesas, incluso– que, frente a la evidente agresión–, se empecina en la teoría de que era una provocación, de que todo lo que le decían y todo lo que le informaban de eso era una provocación, y adopta una política de avestruz, mete la cabeza en un hueco. No movilizó las tropas…., adopta una posición, a mi juicio, absurda, demasiado cautelosa…..

Creo que la historia del mundo sería otra, incluso, y la Segunda Guerra Mundial, si hubiera hecho la Unión Soviética lo que tenía que haber hecho en vísperas de la agresión alemana, la guerra no termina en Berlín, sino en Portugal si los alemanes no se rendían… Entonces, si luchan hasta el final, digo que la guerra terminaba en Portugal, no habría habido ni siquiera Segundo Frente, no habrían desembarcado las tropas norteamericanas en Europa. Tengo la más absoluta seguridad, la tuve siempre, cuando hacía el análisis de todos estos acontecimientos.

Con esto te he enumerado los grandes errores de Stalin, y, por supuesto, te incluí entre ellos los abusos de poder, las violaciones de la legalidad, y los actos de crueldad que realmente cometió Stalin…

 Borge: Y, ¿cuáles fueron, a su juicio, los méritos de Stalin?

Fidel: Creo que en la guerra, una vez iniciada, supo dirigir a la Unión Soviética. Tiene unos primeros momentos de gran desconcierto; eso es históricamente comprobado, eso me lo contó Mikoyan: cómo fueron las primeras horas de Stalin….hasta que reacciona y se convierte en un lider militar capaz, porque nadie tenía la autoridad, el prestigio, el poder que tenía él para llevar a cabo ese papel….

¿Cómo empezar una crítica de puntos de vista tan contradictorios, faltos de lógica y de juicios a posteriori que desvalorizan totalmente otros que se acercan más a la verdad histórica?

Sin embargo, hay que hacerla para bien del sentido común y la lealtad con quien no puede defenderse de criterios en realidad absurdos.

En primer lugar resalta la enorme mala fe de Tomás Borge que da por sentado que la “actual” crisis del socialismo tiene como autor intelectual a José Stalin. Felizmente y con mucha cautela, Fidel Castro deshecha ese punto de vista atrabiliario que efectivamente lo esgrimió el revisionismo latinoamericano y no así la intelectualidad responsable. Otro rechazo pleno recibe Borge cuando pretende poner en boca de Castro la estupidez de sostener que la Unión Soviética ganó la guerra “a pesar” de Stalin.

Pero, mejor comencemos con los juicios de Fidel Castro sobre Stalin, dejando de lado el anti-stalinismo visceral de Borge.

Inicialmente tenemos la cuestión agraria introducida por Castro para señalar los errores de Stalin. Dice que se debió superar la propiedad privada pequeña y pasar rápidamente a la socialización de la tierra. Muy discutible, pero en el mejor de los casos y de acuerdo a la lógica más elemental esa crítica si se tiene un poco de sentido común debió dirigirse contra Lenin que fue quien dictó la ley de la tierra inmediatamente después del triunfo de octubre-17. El jefe del Partido y del Estado era Vladimir Ilich Lenin, de modo que se debe tener el valor civil de criticar a Lenin.

Seguidamente, viene la crítica respecto a lo tardío de la colectivización. Efectivamente, dicha medida dictada a partir del gran viraje, como bien lo sabemos, no podía hacerse, según indicación de Lenin, sino después del período de la NEP que pretendía restablecer sobre bases mercantiles la economía arrasada de la URSS. En la misma posición de Trotski, Fidel Castro critica la tardanza y la violencia de la medida. Existen muchas pruebas del esfuerzo de Stalin para evitar una aplicación administrativa y autoritaria de la colectivización de la tierra, empero lo que no se tiene en cuenta es la resistencia de las clases dominantes del campo, los terratenientes y la monarquía zarista que se opusieron militante y militarmente a la colectivización. La crítica de Fidel no desborda el simplismo de los críticos a posteriori que no comprenden los enormes obstáculos que tuvo que vencer para implantar la colectivización. En fin, como siempre, se copia los supuestos “errores” cometidos por un gigante en una titánica lucha por parte de pigmeos que ni siquiera intuyen la magnitud de los problemas.

Empero, donde la falta de proporciones raya en lo absurdo, es en las apreciaciones de Castro sobre la guerra antifascista. Sostiene el dirigente cubano que Stalin no debió firmar el pacto de no-agresión con Hitler. Ningún crítico puede salir del enredo que significa pretender lo contrario, es decir, rechazar la propuesta alemana y precipitar la agresión hitleriana, entonces, con seguridad, se habría acusado a Stalin de haber provocado la guerra. Occidente pretendía exactamente lo que desea a posteriori Castro, es decir, una guerra sovieto-alemana y una abstención occidental. No se tiene en cuenta un hecho fundamental que consiste en haber logrado antes de la agresión, una incorporación de Gran Bretaña y Francia en el conflicto. De lo contrario se obtenía precisamente la estrategia de Churchill: dejar que Alemania y la Unión Soviética peleen hasta el agotamiento para intervenir recién como ganadores de guerra ajena. Stalin, a través del pacto de no-agresión consiguió que Hitler atacara primero a Francia y se enfrentara en una amplia guerra aérea con Inglaterra, en una palabra la guerra de tres frentes: La Alianza occidental, Alemania y sus aliados y finalmente la URSS.

Cuando en 1941, finalmente atacó Hitler, se aseguraba por lo menos un frente, en los hechos con la alianza occidental: ese es el significado de la estrategia staliniana que probó, en la práctica, ser victoriosa. No permitió un frente unido occidental y alemán contra la URSS.

En lo concerniente a la propia guerra, Castro sostiene la conocida tesis del error de la cautela de Stalin. Claro que debía actuarse con cautela. Castro debe saber que las informaciones que recibía Stalin eran de muy variada naturaleza, no solamente existían realmente, grandes indicios de una inminente agresión, también existían informaciones en contrario. En una palabra, no se puede, si se es sincero comparar las “guerritas” de la Sierra Maestra con la gran conflagración mundial. La sola comparación ya es un despropósito.

Sin embargo, la última parte toca los extremos de la más peregrina ingenuidad. Se pretende que un adelantamiento intencionado de la guerra, habría conseguido un triunfo soviético inmediato que habría llevado el socialismo hasta Portugal. No habría sido necesario un segundo frente, tampoco un desembarco aliado y Hitler habría sido vencido inmediatamente por la URSS. Solamente leer esos párrafos nos hace pensar seriamente en las verdaderas capacidades militares de un jefe como Fidel Castro. En realidad, Occidente, que ya tenía como otro aliado a los Estados Unidos, con su poder económico y militar intacto y presto a la acción, esperaba detener a Hitler al otro lado del Canal de la Mancha y empujarlo contra la URSS. Pretendía un desgaste total de ambos bandos, lo que consiguió en gran manera, alentando a Hitler para aplastar a la URSS y alentando a la URSS para enfrentar a Hitler. No entender esa estrategia es conocer muy poco o nada de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando se hizo evidente que la URSS, efectivamente, podía imponerse después de una guerra enormemente destructiva que requirió el sacrificio de 20 millones de ciudadanos soviéticos, la mayor parte civiles asesinados por Hitler, la alianza occidental invade Francia, no solamente sin el permiso de Stalin, sino con su exigencia, para aliviar la enorme presión hitleriana. De dónde pretende Castro que la URSS saque fuerzas para tomar o invadir toda Europa con la mirada indiferente de la alianza occidental. ¡Qué absurdo más grande! Por algo Stalin exigía con gran vehemencia la apertura del segundo frente. Por otro lado existió siempre la posibilidad de una paz separada de Alemania con la alianza occidental, tal como lo sugirió muchas veces Hitler y su enviado especial Rudolf Hess, preso en Inglaterra.

En realidad, en este tema, Castro aparece como un crítico a destiempo, con soluciones a posteriori y poniendo en cuestión algo que una razón correcta ha señalado ya como inamovible: el carácter histórico del grande y heroico sacrificio y triunfo de la Unión Soviética estalinista sobre la Alemania hitleriana y la constitución del campo socialista victorioso en 1945. La estrategia de Fidel formulada a Tomás Borge es tan absurda en cuanto a la guerra mundial que es mejor dejarla de lado.

Stalin y el stalinismo vistos por Deutscher

El conocido escritor de clara y proclamada tendencia trotskista, autor de una trilogía adulatoria de Trotski y una biografía de Stalin, tiene los siguientes conceptos sobre Stalin.

Stalin fue el descendiente de Cromwell y Robespierre. Su terror fue mucho más cruel que el de éstos, pues él ejerció el poder durante un período mucho más largo, en circunstancias más sobrecogedoras y en un país acostumbrado a lo largo de los siglos a la bárbara brutalidad de sus gobernantes. Stalin, debemos recordar, fue también el descendiente de Iván el Terrible, Pedro el Grande, Nicolás I y Alejandro III. El stalinismo, en efecto, puede describirse como la amalgama del marxismo con el primordial y salvaje atraso de Rusia. En todo caso, en Rusia las aspiraciones de la revolución y sus realidades se hallaban mucho más apartadas que en cualquier otro lugar; y por ello hicieron falta mucha sangre y mucha más hipocresía para ocultar la terrible discrepancia…. (Págs. 43-44. La Revolución Inconclusa)

El revisionismo es estalinista en su origen: se remonta a los años veinte y al socialismo en un solo país. De entonces acá la política soviética ha tratado de evitar a toda costa cualquier implicación profunda y arriesgada en las luchas de clases y en los conflictos sociales y políticos del mundo exterior…

En la Unión Soviética la crisis moral de los años post-estalinianos consiste en una profunda conturbación de la conciencia histórica y política de la nación. A partir del XX Congreso la gente ha cobrado conciencia de que una gran parte de las cosas en que una vez creyó eran falsificaciones y mitos. Los soviéticos quieren enterarse de la verdad, pero se les niega el acceso a ella. Sus gobernantes les han dicho que virtualmente todo el historial de la revolución ha sido falsificado, pero no han revelado el verdadero historial. Demos, una vez más, unos cuantos ejemplos: el último gran escándalo de la era de Stalin, la llamada conjura de los médicos, ha sido denunciada oficialmente como una invención. Pero, ¿una invención de quién? ¿Fue Stalin el único responsable? ,¿y qué finalidad perseguía? Estas preguntas todavía guardan respuestas. Jruschov ha sugerido que la Unión Soviética podría haberse evitado las enormes pérdidas que sufrió en la última guerra a no ser por los errores y los cálculos fallidos de Stalin. Pero esos “errores” no han sido objeto de un debate abierto. El pacto nazi-soviético de 1939 sigue siendo un tabú. Se han dado a conocer los horrores de los campos de concentración, las falsas acusaciones y las confesiones arrancadas por la fuerza mediante las cuales se llevaron a cabo las grandes purgas. Pero las víctimas de las purgas aparte unas cuantas excepciones, no han sido rehabilitadas. Nadie sabe exactamente cuántas personas fueron deportadas a los campos, cuántas murieron, cuántas fueron asesinadas y cuántas sobrevivieron. Una conspiración de silencio similar rodea las circunstancias de la colectivización forzosa. Todas estas preguntas han sido planteadas; ninguna ha recibido respuesta. Aun en este año de aniversario, la mayoría de los dirigentes de 1917 siguen siendo no-personas; los nombres de la mayoría de los miembros del Comité Central, que dirigieron la insurrección de Octubre, siguen siendo inmencionables. Al pueblo soviético se le pide que celebre el gran aniversario, pero no se le permite leer una sola descripción más o menos digna de confianza de los acontecimientos que celebra. El edificio ideológico del stalinismo ha sido dinamitado; pero, con sus cimientos despedazados, su techo volado y sus paredes chamuscadas y a punto de venirse abajo estrepitosamente, el edificio aún se mantiene en pie; y al pueblo se le pide que viva en él….

Como se sabe, Deutscher es uno de los mejores biógrafos de Trotski y es un trotskista conocido. Sus opiniones tienen un valor relativo, pero los consignamos porque revelan de un modo meridiano el extravío trotskista en cuanto a Stalin y más aún en cuanto al stalinismo. La persona de Stalin es presentada como se lo hace en Occidente, es decir un dictador y un tirano brutal y sanguinario, en cuanto al stalinismo no podemos menos que señalar las evidentes contradicciones y falsedades. El revisionismo es un fenómeno ideológico que tiene que ver con aquel conocido de Bernstein y Kautski, fustigado por Lenin que parece ignorar por completo el biógrafo de Trotski. El socialismo en un solo país lo planteó originalmente Lenin y bien harían los trotskistas de atacar a Lenin en este asunto.

Sin embargo, donde y cuanto Deutscher cae en la más pura de las contradicciones es en la valoración de la etapa estalinista. No puede negar el avance vertiginoso de la construcción socialista, sí, socialista como el mismo lo reconoce, pero por otro lado se pone de parte del más grande de los revisionismos, el de Jruschov que denunció al stalinismo, pero que condujo directamente, como bien se sabe, a la restauración capitalista completa de la Unión Soviética. De modo que todas las “virtudes” de la denuncia a la “brutalidad” estalinista, se reducen a la restauración capitalista. Deutscher no se puede zafar de tan terrible conclusión que no puede ser otra: con todos los defectos y errores que se pueden admitir de Stalin y el stalinismo, ellos eran SOCIALISTAS, en cambio con todas las “ventajas” y “democratizaciones” del jruschovismo defendido por Deutscher fue y es RESTAURADOR DEL CAPITALISMO.

Stalin visto por el Che Guevara

Si bien Ernesto Guevara La Serna no puede ser calificado como un estalinista militante, tiene un criterio libre, no alienado ni influido agresivamente, como casi todos los “comunistas” oficiales y sus seguidores intelectuales, en torno a la figura y la acción de José Stalin. En su primera estancia en la URSS, depositó un ramillete de flores en la tumba de Stalin, ante el asombro y el rechazo del embajador cubano Faure Chamón que se escandalizó por la audacia del Che de rendir homenaje al líder bolchevique, anatemizado por las autoridades soviéticas de la época.

Pero aquel episodio que puede reputarse como anecdótico, se completa con el hecho de que Che cita frecuentemente a Stalin como autoridad en lo que se  refiere a la economía de transición. También, y para que no quepa la menor duda y cierren la boca todos los anti-estalinistas y admiradores interesados del Che, transcribimos el párrafo correspondiente de una última carta escrita por el Che y dirigida a Armando Hart Dávalos desde Tanzanía después del desastre del Congo en la que califica a Stalin como “un gran marxista” subrayado, por si acaso. De otro lado el Che califica a Trotski y Jruschov como revisionistas, con toda claridad para que no quepa tampoco duda alguna.

Aquí sería necesario publicar las obras completas de Marx y Engels, Lenin, Stalin y otros grandes marxistas….” (la negrilla viene en el original del Che)

Finalmente hemos conocido este singular párrafo del Che, en el cual se demuestra definitivamente y ya no cabe duda alguna sobre el criterio ampliamente positivo del héroe latinoamericano sobre Stalin.

En los llamados errores de Stalin está la diferencia entre una actitud revolucionaria y una actitud revisionista. Se debe ver a Stalin en el contexto histórico en el que se desarrolló, no se debe ver como una especie de bruto, sino que se le debe apreciar en ese contexto histórico particular… Yo he llegado al comunismo por papá Stalin y nadie puede decirme que no lea su obra. Lo he leído aún cuando era considerado muy malo leerlo, pero ese era otro tiempo. Y como soy una persona no demasiado brillante y además testaruda, continuaré leyéndolo“.  (negrillas nuestras)

Paradójicamente, son precisamente los enemigos de Stalin, los trotskistas, los que mal que les pese tienen que revelar estas manifestaciones de Ernesto Guevara tan favorables a Stalin. Estas consideraciones tienen que ver mucho con la lealtad que debemos observar todos con el auténtico y verdadero pensamiento revolucionario del Che, de modo que estas constataciones en torno a su auténtico pensamiento no pueden ser ocultadas y adulteradas por algunos “guevaristas” de clara tendencia trotskista que a fuerza de tergiversaciones pretenden apoderarse de su herencia para fines que no fueron los del Che, un marxista-leninista convencido y admirador ferviente de Stalin y Mao Tse-tung. Nos referimos concretamente a las versiones de un tal Néstor Kohan de la Argentina y la cátedra “Che Guevara” de  Rebelión.Org.

Stalin visto por John Reed

Richard O´Connor y Dale L.Walker son dos biógrafos del conocido autor de “Diez días que conmovieron al mundo“, un verdadero documento histórico sobre la Revolución de octubre. En su biografía de John Reed que, por otra parte parece ser muy honesta y leal con el biografiado, aparecen algunas referencias a Stalin que son muy singulares dado el hecho de que en la obra, Stalin es nombrado solamente dos veces lo cual podría hacer suponer que él no vio en Stalin una figura importante de los acontecimientos que describía.

La obra tiene como un mérito innegable que desnuda completamente las personalidades de tres líderes bolcheviques (Zinoviev, Kamenev y Radek), que finalmente causan una profunda decepción en Reed, la misma que precipita su muerte, fuera de la virulenta enfermedad que sufre en el Cáucaso luego de su prisión violenta en Finlandia.

Lo importante de la obra consiste en las siguientes citas sobre Stalin:

Sin embargo, el relato de Rubin se presta a algunas dudas, ya que también dice que Reed hablaba de Stalin como su mejor amigo, e incluso de marcharse al Cáucaso con éste para recuperarse de los meses pasados en la prisión de Finlandia, Reed y Stalin sin duda que se conocieron, pero nunca fueron amigos. No obstante, Rubín cuenta que según Reed, Stalin llegaría a hacerse con todo el poder en el Kremlin: “Tiene la fuerza de voluntad necesaria, y algún día se pondrá al frente de todos”…

Al margen de la duda que pudieran tener los autores, la visión de Reed es realmente sorprendente, pues logra visualizar el vigor, la energía y la voluntad revolucionarias de Stalin que además es un dirigente muy diferente a los que dirigían la KOMINTERN y tuvieron estrecha relación con Reed.

 

 

Extraído del libro “Stalin, el comunista de acero” de Jorge Echazú Alvarado y Luís Alberto Echazú Alvarado.

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3 pensamientos en “Algunos autores a favor y en contra de Stalin

  1. ismi

    Fue Stalin precursor del restablecimiento del Capitalismo en la URSS,con su teoría de no clases antagónicas en el socialismo.

    Responder
    1. Gustavo

      A Ismi.
      Inexacto que fuera José Stalin, fue Nikita Jruschev el que lanzó esa tesis. Stalin indicó que cuando más se acercaba a la sociedad sin clases, más se agudizaba la lucha de clases.
      ___________

      Del británico Bill Bland en, https://www.marxists.org/espanol/bland/1991/mayo.htm
      “Los fabianos británicos Sidney y Beatrice Webb, rechazan enérgicamente la acusación de que Stalin ejerciera el poder de manera dictatorial: “A veces se afirma que… el Estado entero es gobernado por la voluntad de una sola persona, Josef Stalin. Primeramente debemos señalar que, a diferencia de Mussolini, Hitler y otros dictadores modernos, Stalin no está investido legalmente de ninguna autoridad sobre sus conciudadanos. No tiene ni siquiera el extenso poder que la Constitución Americana otorga durante cuatro años a cada sucesivo presidente… Stalin no es y nunca ha sido el Presidente de la URSS … No es ni siquiera un Comisario del Pueblo, o un miembro del Gabinete… El es el Secretario General del Partido… No pensamos que el Partido esté gobernado por la voluntad de una persona sola, o que Stalin sea la clase de persona capaz de reclamar o desear tal posición. Él ha negado de manera muy explicita cualquier dictadura personal, en términos que coinciden exactamente con nuestra propia impresión de los hechos. El Partido Comunista de la URSS ha adoptado para su propia organización el modelo que hemos descrito…. En este modelo, la dictadura individual no tiene lugar alguno. Desconfian de las decisiones personales, y se protegen escrupulosamente contra ellas. Con el fin de evitar los errores debidos al prejuicio, la ira, la envidia, la vanidad y otros males… es deseable que la decisión individual sea siempre compensada por la necesidad de lograr el asentimiento de los colegas e iguales, que éstos discutan con sinceridad el asunto y se hagan conjuntamente responsables de la decisión… Stalin ha señalado con frecuencia que él realmente no toma las decisiones del Comité Central del Partido Comunista… La sencilla verdad es que, inspeccionando la administración de la URSS durante la década pasada bajo la presunta dictadura de Stalin, las decisiones principales no han mostrado ni la prontitud, ni la azarosidad, ni aun la obstinación intrépida que a menudo se reclaman como ventajas de una dictadura. Al contrario, la acción del Partido con frecuencia se Ilevaba a cabo tras una deliberación muy prolongada, y como resultado de discusiones a veces tan acaloradas y ásperas, que llevaban en su formulación las señales de la vacilación y la carencia de seguridad… Esta politica revela… el estigma del control por parte del comité’. (S. y B. Webb: Soviet Communism: A New Civilisation; Londres; 19; p. 4231, 432, 433, 435).´´

      Salud.

      Responder
      1. Gustavo

        Al final de mi comentario hay errores en la última línea, después de Londres debe ponerse 1935; y en página 4231, deberá ser 431.
        Disculpas.

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