Qué se debe hablar de Lenin a los escolares y cómo

Lenin's Speech at the IIIrd Congress of the KomSoMol

 

 

Algunos piensan que sólo se debe hablar a los niños de la infancia de Lenin, que únicamente eso les interesa. No es cierto. A nuestros niños les interesa toda la vida de Lenin. Los guías del Museo de Lenin son testigos fehacientes de ello.

Hay que hablarles, naturalmente, de la infancia de Lenin, pero ¿cómo? No hay nada peor que presentar a Ilich, y eso estuvo de moda en algún tiempo, como un chico modelo, afable, aplicado, que no hacía travesuras, es decir, como sobresaliente en el estudio. Otros añadían que Ilich era un niño especialmente dotado. Hay que hablar de otro modo de la infancia de Lenin. Es preciso hablar del padre de Ilich, de que procedía de una familia pobre y de que fue director de las escuelas primarias. Hay que recordar que aquellos tiempos eran muy duros, que la vida de los campesinos era muy penosa, que en la aldea reinaba la ignorancia y que en todo se advertían las consecuencias del régimen de servidumbre. El padre de Ilich odiaba a este régimen. Quería que la vida mejorara y dedicó todo su tiempo y energías a la organización de escuelas para hijos de campesinos. Ilich oyó hablar mucho de la dura suerte de los campesinos a la niñera, mujer a quien quería mucho y a la que le limpiaba cuidadosamente los lentes. Ilich escuchaba con atención las conversaciones de su padre con los demás maestros. A Iliá Nikoláievich le entusiasmaban las poesías de Nekrásov y de los poetas de la Iskra que censuraban con acritud al régimen y a la intelectualidad de aquella época. Hay que hablar de lo que se escribía entonces en los libros para los niños, de La cabaña del tío Tom, de América, de la guerra de los Estados del Norte contra los del Sur por la liquidación de la esclavitud de los negros y de cómo resaltaba sobre este fondo la opresión de los “no rusos” por el zarismo. Iliá Nikoláievich se preocupaba de los niños chuvashios y morduanos y de su instrucción. Ilich se comportaba muy bien en la escuela con los muchachos de otras nacionalidades. Es preciso hablar de la sublevación polaca y de la represión que desencadenó el gobierno zarista contra los polacos sublevados. Hay que hablar de la sensación que produjo en 1881 el asesinato de Alejandro II, de que Ilich escuchaba atentamente las conversaciones del hermano mayor y la hermana, de que decidió con firmeza ser revolucionario, de la impresión que le produjo el encarcelamiento y la ejecución de su querido hermano mayor y de la claridad con que vio que había que seguir otro camino: el de la lucha de masas de la clase obrera.

Los niños deben saber cómo se preparó para ser revolucionario, dedicando cada instante libre a leer libros sobre la lucha de la clase obrera y la revolución, en vez de patinar y estudiar latín, idioma que tanto le gustaba, de cómo creció y se educó el Ilich pensador y revolucionario, que sabía observar la vida.

Hay que hablar también de la madre de Ilich, de su solicitud por el marido al que rodeaba de un ambiente propicio para trabajar y descansar, de su preocupación por los hijos, de su arte para crear una familia unida y organizar a los niños con ayuda de la música. Es conveniente recordar su conversación con los gendarmes, con su querido hijo mayor condenado a muerte, su valentía y el infinito cariño que todos sus hijos sentían por ella.

Ilich fue un organizador desde su edad más temprana: organizaba los juegos, sabía tratar a los pequeños y ayudaba a sus compañeros de liceo. Se debe hablar de los liceos de aquel tiempo, del odio que sentía Lenin por la enseñanza “oficial”, y de su desprecio por la ciencia divorciada de la vida.

Sobre el fondo de este relato acerca de la infancia de Ilich destacará con toda claridad su actividad posterior, su afición temprana al estudio de las obras de Marx y Engels, su participación en los círculos de Kazán, en el movimiento estudiantil y en la labor de los círculos de Samara.

Al hablar de Ilich como impulsor de la organización socialdemócrata de Petersburgo y de su labor en los círculos hay que explicar detalladamente la importancia del movimiento obrero, por qué la clase obrera había de ponerse forzosamente a la cabeza del movimiento revolucionario, por qué Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en ella, y por qué Ilich estaba tan seguro de su victoria. Hay que referirse también al socialismo.

Más adelante se debe hablar de que Lenin aprovechaba su permanencia en la cárcel para estudiar y fomentar la organización. Cuando se habla del destierro es preciso hacer más hincapié en el trabajo con los campesinos y en la correspondencia con los camaradas que en la caza o los paseos en patines.

En los relatos de la vida de Ilich en el extranjero se debe explicar a los niños la importancia del periódico ilegal de toda la Rusia que decía la verdad a los obreros sobre el movimiento obrero de todo el mundo, sobre la Internacional, sobre los bolcheviques que creían en el triunfo de los trabajadores y sobre los mencheviques que no tenían fe en el movimiento obrero y lo traicionaban. No hay que detenerse, naturalmente, en los detalles de las discrepancias.

Hay que hablar también del año 1905, de los años de la reacción, de la emigración rusa, de la fe en la victoria, de la guerra de 1914, de la Revolución de octubre y de la guerra civil. Hay que detenerse en la lucha contra los terratenientes y los capitalistas, en el desarrollo de la vida económica y cultural del país, en la alianza con los campesinos, en el paso de la mejor parte de la intelectualidad al lado del Poder soviético, en la muerte de Lenin y en el 20 aniversario de la existencia del Poder soviético…

Hay que hablar únicamente de lo más esencial, de lo más importante. Pocas consignas y muchos relatos sencillos y comprensibles.

Naturalmente, hay que tener en cuenta la edad de los niños y los conocimientos que poseen. Es preciso hablar de un modo a los alumnos de la escuela primaria y, de otro, a los alumnos de los grados superiores, mas para los unos y para los otros debe aparecer con toda claridad la figura de Lenin como luchador contra toda clase de explotación, por una vida holgada, sana y culta para todos los trabajadores, o sea como luchador por el socialismo. No cabe duda de que los niños comprenderán eso.

No se debe presentar a Ilich como un mentor que repetía a los niños: “Hay que estudiar, estudiar y estudiar” (a propósito, esta frase no iba dirigida a los niños, sino a los mayores). Los niños no deben tener la idea de que el amor de Ilich por ellos se manifestaba únicamente en la organización de distracciones: árboles de Año Nuevo, regalos, etc. No tenía nada en contra de los árboles de Año Nuevo, pero se preocupó de enviar regalos a los niños en el Año Nuevo de 1918 porque en esa época se alimentaban muy mal, no veían ningún dulce y no comían más que “patatas fritas con agua”, como me decía un muchacho de la escuela donde se organizó la fiesta de Año Nuevo de la que hemos hablado. La fiesta en Gorki no fue organizada por iniciativa de Ilich, lo llevaron allí cuando estaba enfermo.

A Lenin le gustaba hablar con los niños. Se preocupaba de su alimentación, de su salud, del envío de ropa y calzado a los hijos de padres menesterosos, de la organización de casas de niños, de la protección del trabajo de los adolescentes y de la organización del cuidado social de los niños. Hijo de un maestro, director de las escuelas primarias, Lenin se preocupaba de la instrucción general y de crear una verdadera escuela soviética. Estudiaba cuidadosamente todo lo que había escrito Marx y Engels sobre la escuela y la educación. Era partidario de una escuela nueva, socialista. Lenin, alumno de un liceo clásico, prototipo de la vieja escuela secundaria, odiaba a esta escuela divorciada de la vida, donde imperaba el estudio de memoria. Sabía que esta escuela imbuía a los alumnos conocimientos, inútiles en sus nueve décimas partes y tergiversados en la décima parte restante. Exigía que la escuela soviética proporcionara a los educandos lo más necesario y esencial, los fundamentos de las ciencias, que la teoría estuviese estrechamente unida con la práctica y se enseñara a los niños el trabajo manual y el intelectual. Exigía que la escuela soviética no se divorciara de la vida, de la construcción socialista. Lenin deseaba que los alumnos formasen en la escuela una colectividad unida que llevara a cabo trabajo social. De todo ello habló Lenin en el III Congreso del Komsomol en 1920. Todos los escolares de los grados superiores y todos los guías de pioneros y organizadores del Komsomol deben conocer este discurso no de una manera formal, sino para que les sirva de guía para la acción.

Es preciso decir a los escolares de todas las edades que Lenin deseaba que todos los niños fuesen con el tiempo comunistas conscientes, que prosiguieran la causa de sus padres y supieran defenderla con las armas en la mano…

Artículo de Nadezhda Krúpskaya publicado en “Uchitelskaia Gazeta” (“Gaceta del magisterio”) del 22 de enero de 1938.

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