Discurso pronunciado por Mao Tse-Tung en la II Sesión Plenaria del VIII Comité Central del PCCh

 

15 de noviembre de 1956

(Dos meses después del VIII Congreso)

 

Voy a abordar cuatro problemas: el económico, el de la situación internacional, el de las relaciones de China con la Unión Soviética y el de democracia grande y democracia pequeña.

 

I

Para resolver en forma apropiada cualquier problema, debemos analizarlo en todos sus aspectos. La disyuntiva de avanzar o retroceder, de montar el caballo o apearse, debe decidirse con arreglo a la dialéctica. En el mundo, es cosa común tanto montar el caballo como apearse, tanto avanzar como retroceder. ¿Dónde se ha visto que uno cabalgue todo el día sin apearse? Al caminar, no echamos adelante los dos pies a la vez, sino alternativamente. Para dar el primer paso, avanzamos un pie dejando el otro atrás y, para dar el segundo, hacemos lo mismo con los pies contrarios. Cuando se proyecta una película, en la pantalla vemos a los personajes en continuo movimiento, pero si miramos la copia, hallaremos que son estáticos en cada cuadro del celuloide. En el capítulo “Bajo los cielos”, del libro Chuang Tsi, se dice: “La sombra de un pájaro en vuelo es inmóvil.” He aquí la dialéctica en el mundo: movimiento y a la vez inmovilidad. No hay inmovilidad exclusiva ni movimiento exclusivo. El movimiento es absoluto, mientras que el reposo es temporal y condicional.

Nuestra economía planificada conlleva tanto el equilibrio como el desequilibrio. El primero es temporal y condicional. El equilibrio que se establece en un momento dado tiende enseguida a sufrir cambios. Lo que está equilibrado en el primer semestre de un año deja de estarlo en el segundo, y lo que tiene equilibrio este año dejará de tenerlo el año próximo. Es imposible mantener un equilibrio permanente, libre de toda ruptura. Los marxistas sostenemos que el desequilibrio, la contradicción, la lucha y el desarrollo son absolutos, en tanto que el equilibrio y el reposo son relativos. Relativo significa temporal y condicional. Ahora bien, examinada con este enfoque, ¿está avanzando o retrocediendo nuestra economía? Debemos decir a los cuadros y a las amplias masas que en ella hay avance y también retroceso y que el aspecto principal lo constituye el avance, pero no un avance en línea recta sino en forma ondulante. Aunque hay momentos en que desmontamos el caballo, por lo general es más el tiempo que estamos montados. Los comités del Partido en sus distintas instancias, los departamentos centrales y los gobiernos a todos los niveles, ¿promueven el avance o promueven el retroceso? Lo que esencialmente hacen es promover el avance. La sociedad está siempre en avance. El avance – el desarrollo – constituye la tendencia general.

¿Es acertado o no el Primer Plan Quinquenal? Yo comparto la opinión de que es correcto en lo fundamental, como lo ha demostrado claramente su aplicación en estos primeros cuatro años. Errores, los tiene realmente, pero ellos son inevitables dada nuestra falta de experiencia. ¿Dejaremos de cometer errores cuando hayamos realizado varios planes quinquenales y adquirido experiencia? No, no dejaremos de cometerlos, pues nunca es suficiente la experiencia que adquirimos. Después de transcurridos diez mil años, ¿se podrá evitar todo error al elaborar un plan? No nos corresponde hacernos cargo de lo que ocurrirá dentro de diez mil años; sin embargo, podemos afirmar que aún entonces se cometerán errores. Los jóvenes cometen errores, ciertamente, pero ¿no sucede igual con las personas de edad avanzada? Confucio dijo que, teniendo setenta años de edad, todo lo que hacía él se compaginaba ya con las leyes objetivas(1). Yo no lo creo; eso no es más que fanfarronería. Algunas de las obras de construcción previstas en el Primer Plan Quinquenal y que requieren inversiones superiores a la norma, han sido diseñadas con la ayuda de la Unión Soviética, y la mayoría restante, por nosotros mismos. Vea usted: ¿Somos incapaces los chinos? No. Somos capaces. Con todo, debemos reconocer que en algo todavía no somos capaces, pues aún no podemos diseñar por nuestra propia cuenta una parte de esas obras. En nuestra labor de construcción de los últimos años se observa una falla, y es que, como han señalado algunos camaradas, sólo hemos prestado atención a la “osamenta”, dando poca importancia a la “carne”, es decir, hemos construido los talleres, montado las máquinas, etc., pero sin complementar esto con las correspondientes obras de urbanización y de servicios públicos, lo que deja una estela de problemas serios para el futuro. A mi parecer, las consecuencias de esa falla no se harán sentir durante este Primer Plan Quinquenal, pero sí en el Segundo, y probablemente en el Tercero. Respecto a si es correcto o no el Primer Plan Quinquenal, ahora se puede concluir algo y, el año que viene, concluir otro poco; pero una conclusión definitiva pienso que no será posible formularla sino hacia fines del segundo quinquenio. En la planificación es imposible evitar por completo el subjetivismo. Por otro lado, incurrir en algunos errores no es del todo malo. Los aciertos tienen un doble carácter, y lo mismo sucede con los errores. Los aciertos lo estimulan a uno y, al mismo tiempo, pueden inducirlo al engreimiento. Los errores le acarrean desgracias y lo desasosiegan; son sus enemigos y, a la vez, le sirven de excelentes maestros. En términos generales, hasta la fecha no se ha advertido en el Primer Plan Quinquenal ningún error grave, ningún error de carácter esencial.

Debemos salvaguardar el entusiasmo de los cuadros y de las masas populares, y no echarles baldes de agua fría. Antes hubo quienes les echaron baldes de agua fría en lo tocante a la transformación socialista de la agricultura. En ese entonces funcionó una especie de “comité de promoción del retroceso”. Más tarde, señalamos que no se debía echar baldes de agua fría y celebramos una reunión para promover el avance. Con anterioridad a ella, nos habíamos propuesto la meta de realizar básicamente en dieciocho años la transformación socialista de la propiedad; pero, con esa promoción del avance, se aceleró de manera considerable el ritmo. La tarea de crear cooperativas agrícolas de tipo superior, que, según se estipula en el proyecto de Programa Nacional para el Desarrollo Agrícola, debería quedar cumplida en 1958, se podrá terminar, por lo visto, en este invierno y la próxima primavera. Aunque subsisten no pocas deficiencias, todo marcha mejor ahora que cuando funcionaba ese “comité de promoción del retroceso”: Los campesinos se muestran complacidos y la producción agrícola ha aumentado. A no ser por la cooperativización, habría sido imposible que, frente a calamidades naturales tan desastrosas como las de este año, se incrementara la producción de cereales en más de 20.000 millones de jin. En las zonas afectadas, la existencia de las cooperativas facilitó la tarea de reparar los daños por medio de la producción. La crítica que hagamos a los defectos de los cuadros y de las masas populares y la que hagamos a nuestros propios defectos deben formularse partiendo de la premisa fundamental de salvaguardar el entusiasmo de los cuadros y de las masas populares. Esto los llenará de energías. Cuando no sea posible materializar de inmediato las demandas de las masas debernos y podemos explicarles claramente las razones.

El presupuesto anual del Estado sólo puede considerarse como definitivo luego de tres vueltas. Es decir, debe ser discutido, en el curso de tres reuniones, por los camaradas del Comité Central junto con algunos camaradas pertinentes, para llegar a una decisión final. Así, todos estaremos al tanto de su contenido. De otro modo, sólo los camaradas encargados del presupuesto tendrían un buen conocimiento de causa, mientras que nosotros no podríamos hacer otra cosa que levantar la mano en señal de aprobación. Pero ¿lo haríamos con conocimiento de causa? Sí y no, podría ser la respuesta, pues nuestro conocimiento del asunto sería muy vago. Ahora bien, ¿se puede asegurar un conocimiento perfecto del asunto con sólo aplicar el sistema de tres vueltas? No necesariamente. Aún habría una brecha entre nosotros y aquellos camaradas que son los responsables directos. Ellos son como los actores de ópera que actúan en el escenario; saben cantar, en tanto que nosotros, su público, no. Sin embargo, si asistimos con frecuencia al teatro, podremos juzgar con relativo acierto quiénes actúan bien y quiénes mal. Es al público al que corresponde juzgar la calidad de un actor. Para corregir las fallas de los actores, es imprescindible contar con el público. He aquí el valor del público. Obra, que a éste le gusta ver a menudo, pueden continuar presentándose, mientras que aquellas que no lo entusiasman mucho deben ser sustituidas por otras. Así, pues, en el seno de nuestro Comité Central existe una contradicción entre los expertos y los profanos. Los expertos tienen sus puntos fuertes, y también los suyos los profanos. Estos saben distinguir lo correcto de lo erróneo.

En el informe sobre el presupuesto estatal de 1956 se usó la expresión “garantizado y confiable”. Yo propongo que, en cambio de ella, usemos en adelante “suficientemente confiable”. Durante la Conferencia sobre el Problema de los Intelectuales celebrada en enero pasado, planteé la expresión “suficientemente confiable”. Garantizado y confiable se repiten por el sentido que expresan. Colocar “garantizado” al lado de “confiable” no pone ni quita. Aquí, la palabra modificante debe ser calificativa y, al mismo tiempo, restrictiva. En la expresión “suficientemente confiable” queda restringido, en su grado, el sentido de esta última palabra. Significa que se trata de algo confiable en grado suficiente y no en sentido general. No es fácil que una cosa llegue a ser suficientemente confiable. En junio pasado, cuando el presupuesto fue sometido, para su aprobación, a la Asamblea Popular Nacional, todos lo calificaron de confiable. Pero vemos ahora que cerca de un 10 por ciento de este presupuesto no lo es, pues incluye algunos rubros que no deberían figurar y asigna fondos excesivos a otros. Por eso, en adelante debemos velar porque todos los rubros sean adecuadamente planeados. Para establecer si lo han sido o no, los expertos, claro está, deben mantener ojos avizores, pero también nosotros, y muy especialmente los camaradas de la dirección a nivel provincial. Por supuesto, todo el mundo debe aguzar la vista.

Nosotros, así como los secretarios de los comités del Partido en las distintas provincias, municipios y regiones autónomas, debemos aprehender el trabajo financiero y el de planificación. En el pasado, hubo camaradas que no los aprehendieron firmemente. Espero que ustedes, camaradas, presten atención a problemas tales como el de los cereales, la carne de cerdo, los huevos y las hortalizas. Son problemas bastante serios. A partir del invierno pasado, concentramos durante algún tiempo nuestros esfuerzos en la producción de cereales y desatendimos las ocupaciones secundarias y los cultivos industriales. Luego, al corregir esta desviación, pasamos a dedicar más energías a las ocupaciones secundarias y a los cultivos industriales; particularmente desde que el Estado fijó la tabla comparativa de precios de acopio de los cereales respecto a otros veinte o treinta productos como el algodón, el aceite, la carne de cerdo y el tabaco, los campesinos han cobrado muchísimo apego a las ocupaciones secundarias y los cultivos industriales a expensas de la producción de cereales. Es decir, al principio se puso un énfasis excesivo en la producción de cereales y luego se pasó a poner un énfasis también excesivo en las ocupaciones secundarias y los cultivos industriales. Los bajos precios de los cereales perjudican a los campesinos. Ahora, cuando se han cotizado tan bajo los cereales, los campesinos se resisten a cultivarlos. Este problema merece seria atención.

Debemos construir el país con laboriosidad y economía, combatir el lujo y el despilfarro, del mismo modo que fomentar el estilo de trabajo arduo y vida sencilla y promover la disposición a compartir penas y alegrías con las masas. Algunos camaradas han planteado que los directores de fábricas y de centros docentes bien podrían vivir en chozas. Me parece que ésta es una buena idea, sobre todo en tiempos difíciles. En la Gran Marcha, cuando atravesábamos las estepas pantanosas, no teníamos ningún tipo de vivienda y dormíamos a la intemperie. Fue así como durmió también el Comandante en Jefe Chu Te durante los cuarenta días de marcha a lo largo de esas estepas. Todos nosotros pasamos esa prueba. Cuando se agotaban los víveres, nuestras tropas se alimentaban con cortezas y hojas de árboles. Si en el pasado compartimos desgracia y felicidad con el pueblo, ¿por qué no hemos de poder hacerlo hoy? Basta que procedamos de este modo para que no nos divorciemos de las masas.

Es preciso agarrar el trabajo periodístico. El Comité Central y los comités del Partido de los diversos niveles en los lugares donde se editan periódicos deben tomarlo como un asunto de gran importancia. En lo que va del año, los periódicos han hecho, unilateralmente y sin tener en cuenta las posibilidades reales, una propaganda sobre la necesidad de mejorar las condiciones de vida del pueblo, al tiempo que han contribuido muy poco a divulgar las ideas de construir el país con laboriosidad y economía, combatir el lujo y el despilfarro, fomentar el estilo de trabajo arduo y vida sencilla y promover la disposición a compartir penas y alegrías con las masas. En adelante, los periódicos deben trasladar el énfasis a la propaganda de estas ideas. Lo que difunde la radio proviene seguramente de los periódicos. Por eso, debemos convocar reuniones de reporteros y demás trabajadores de la prensa y la radio, para intercambiar opiniones con ellos y explicarles los principios que deben regir nuestra propaganda.

Aquí abordaré también el problema de la represión a los contrarrevolucionarios. ¿Era una necesidad o no ajusticiar a aquellos déspotas locales y shenshi malvados, tiranos locales y contrarrevolucionarios que habían cometido los peores crímenes? Claro que sí. Algunas personalidades democráticas opinan que hicimos mal en ejecutarlos; nosotros, en cambio, consideramos que hicimos bien. Son dos coros que desentonan entre sí, y nada más. En torno a este problema, ellas y nosotros nunca hemos cantado en el mismo tono. A quienes ejecutamos fue a unos “Chiang Kai-shek de poca monta”. De los “Chiang Kai-shek de alto coturno”, tales como el emperador Pu-yi, Wang Yao-wu y Tu Yu-ming, no hemos ajusticiado a ninguno. De no haber ejecutado a aquellos Chiang Kai-shek de poca monta, tendríamos todos los días “terremotos” bajo los pies y no habrían podido liberarse las fuerzas productivas, no habría podido liberarse el pueblo trabajador. Las fuerzas productivas se componen de dos elementos: los trabajadores y los instrumentos de trabajo. Si no hubiéramos reprimido a los contrarrevolucionarios, el pueblo trabajador se sentiría insatisfecho.

No se sentirían a gusto los bueyes y azadones, y la tierra tampoco; no podrían sentirse así, pues los campesinos, que son los que trabajan la tierra con los bueyes y los azadones, estarían descontentos. Era necesario, entonces, ejecutar a algunos contrarrevolucionarios, arrestar a otros y someter a vigilancia a otros más.

 

 

II

 

La situación internacional es buena en general. ¿Qué tienen de formidable unos cuantos países imperialistas? Aunque hubiera varias decenas más, no tendrían nada de temible.

En estos momentos se presentan problemas en dos regiones: Europa Oriental y el Medio Oriente. En Polonia y Hungría se han producido desórdenes(2), e Inglaterra y Francia han lanzado una agresión armada contra Egipto. Yo pienso que estas cosas malas son, al mismo tiempo, buenas. Para los marxistas, toda cosa mala tiene un doble carácter: Es mala y buena a la vez. Al detenerse en la palabra “mala”, agregada a la palabra “cosa”, muchos creen que ésta es mala y nada más. Nosotros, en cambio, sostenemos que una cosa así tiene también otro valor, que es a la vez buena; es esto lo que se expresa al decir que “el fracaso es madre del éxito”. En determinadas condiciones, todo fracaso, desgracia o error puede conducir a buenos resultados. Tanto en Polonia como en Hungría, dado que existía el fuego, tarde o temprano habían de alzarse las llamas. ¿Es mejor que se alcen las llamas o que no se alcen? Con una hoja de papel no se puede envolver el fuego. Ahora se han levantado las llamas, lo cual es bueno. Esta vez, la gran cantidad de contrarrevolucionarios que había en Hungría se han puesto al descubierto. Los acontecimientos de Hungría han educado al pueblo húngaro, al mismo tiempo que a algunos camaradas soviéticos, y lo han hecho también con nuestros camaradas en China. Cuando salió a la luz el caso Beria, parecía algo increíble: ¿Era posible que hubiera aparecido un Beria en un país socialista? El desenmascaramiento de Kao Kang fue otra gran sorpresa. Debemos sacar las debidas lecciones precisamente de estos casos, que son más que naturales y los habrá siempre.

En el futuro, cuando el imperialismo haya sido derrocado en el mundo entero y las clases hayan desaparecido, qué piensan ustedes, ¿habrá o no revolución? Yo pienso que sí. Seguirá siendo necesaria la transformación del sistema social y la palabra “revolución” se mantendrá en uso. Como es lógico, la revolución de ese entonces será distinta por su naturaleza de la revolución en la era de la lucha de clases. Entonces seguirán existiendo la contradicción entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas y la contradicción entre la superestructura y la base económica. Cuando las relaciones de producción queden fuera de lugar, serán subvertidas. Cuando la superestructura (comprendidas la ideología y la opinión pública) proteja unas relaciones de producción que desagraden al pueblo, éste la transformará. La superestructura es un tipo de relaciones sociales y está sentada sobre la base económica. Lo que se llama base económica son las relaciones de producción, principalmente el sistema de propiedad. Las fuerzas productivas constituyen el factor más revolucionario; su desarrollo conduce necesariamente a la revolución. Las fuerzas productivas están formadas por dos elementos: el hombre y los instrumentos de trabajo. Pero éstos son creados por el hombre. Cuando los instrumentos reclaman revolución, hacen uso de la palabra por intermedio del hombre, de los trabajadores, exigiendo la destrucción de las viejas relaciones de producción y de las viejas relaciones sociales en general. Para esa época valdrá el dicho “Un caballero acude a las palabras y no a los puños” y el mejor método será razonar. Pero, si las buenas razones son desoídas, se recurrirá al razonamiento de las armas. ¿Qué hacer si ya no existirán las armas? Los trabajadores tendrán instrumentos en sus manos. Los que no los tengan, podrán agarrar piedras; y si no encuentran ni siquiera piedras, les quedarán los dos puños.

Nuestros organismos estatales son organismos de la dictadura del proletariado. Los tribunales, por ejemplo, sirven para enfrentar a los contrarrevolucionarios; pero no sólo para eso, sino que también tienen que resolver gran cantidad de litigios que se presentan en el seno del pueblo. Por lo que parece, los tribunales seguirán siendo necesarios aun después de transcurridos diez mil años. Esto porque, incluso después de la desaparición de las clases, todavía existirá la contradicción entre lo avanzado y lo atrasado, habrá luchas y riñas entre unas personas y otras y posiblemente se seguirá produciendo una variedad de desórdenes. Si en ese entonces no hubiera tribunales, ¡quién sabe adónde irían a parar las cosas! Pero la lucha habrá cambiado de carácter y diferirá de la lucha de clases. Los tribunales habrán cambiado también de carácter. En ese tiempo podrán surgir todavía problemas en la superestructura. Por ejemplo, será posible que personas como nosotros cometan errores y que, no pudiendo vencer en la lucha, sean derrocadas por otros, de modo que algún Gomulka ascienda al Poder o se ponga en la dirección a un Yao Shu-shi. ¿No lo creen ustedes posible? A mi juicio, cosas semejantes podrán ocurrir aun luego de transcurridos mil o diez mil años.

 

III

Toda cosa en el mundo es una unidad de contrarios. Por unidad de contrarios se entiende la unidad de cosas opuestas, de cosas de diferente carácter. Por ejemplo, el agua se compone de dos elementos: el hidrógeno y el oxígeno. Si sólo hay hidrógeno y falta el oxígeno, o viceversa, no puede producirse el agua. Se dice que asciende a más de un millón el número de combinaciones químicas ya bautizadas, y no se sabe cuántas son las que carecen todavía de nombre. Cada combinación química es una unidad de cosas opuestas, de cosas de diferente carácter. Igual ocurre con los fenómenos de la sociedad. Las autoridades centrales y las locales constituyen una unidad de contrarios, y lo mismo sucede con un departamento respecto de otro.

Un país y otro constituyen, igualmente, una unidad de contrarios. Tanto China como la Unión Soviética llevan el nombre de países socialistas, pero, ¿hay o no diferencias entre ellas? Sí. Son diferentes en cuanto a su composición nacional. Además, allí la Revolución de Octubre tuvo lugar hace ya treinta y nueve años, en tanto que aquí sólo han pasado siete años desde que conquistamos el Poder a escala nacional. Son diferentes también muchas de las cosas que se hacen en uno y otro país. Por ejemplo, a diferencia de lo allí sucedido, nuestra colectivización agrícola se efectúa pasando por varias etapas; son asimismo distintas de las suyas nuestra política para con los capitalistas, nuestra política de precios en el mercado y nuestra manera de tratar la relación de la agricultura y la industria ligera con la industria pesada; finalmente, difieren de los suyos los sistemas que practicamos en nuestro Ejército y nuestro Partido. A ellos les hemos dicho: No estamos de acuerdo con ustedes en algunas de las cosas que hacen ni aprobamos algunas de sus maneras de proceder.

Cierto número de camaradas nuestros se desinteresan de la dialéctica y no hacen análisis. Creen que es bueno todo lo de la Unión Soviética y lo trasplantan mecánicamente. En realidad, todas las cosas, tanto chinas como extranjeras, son analizables; unas son buenas y otras, malas. Lo mismo sucede con el trabajo de cada provincia, el cual tiene éxitos y también defectos. Eso vale también para cada uno de nosotros como personas; siempre tenemos dos aspectos – virtudes y defectos -, y no sólo uno. La concepción del aspecto único, de igual modo que la de los dos aspectos, data de remotos tiempos. He aquí la metafísica y la dialéctica. Los chinos de la antigüedad decían: “El yin y el yang conforman el Tao.”(3) No es posible que sólo exista el yin, con exclusión del yang, y tampoco a la inversa. Es así como se presentaba la concepción de los dos aspectos en los tiempos antiguos. La metafísica es la concepción del aspecto único. Aún no han podido desprenderse de ella, hasta la fecha, un buen número de camaradas. Ellos enfocan los problemas de manera unilateral. Consideran bueno todo lo de la Unión Soviética y lo copian al calco, trasplantando acá mucho de lo que no debería ser imitado. Hay que rectificar todo lo que ha sido indebidamente imitado y que no corresponde a la realidad de esta tierra nuestra.

Me detendré ahora en el problema de las “relaciones ilícitas con el extranjero”. ¿Hay o no en China personas que trasmiten informaciones a extranjeros a espaldas del Comité Central? Creo que las hay. Kao Kang, por ejemplo. Esto lo confirman numerosos hechos.

El 24 de diciembre de 1953, en la reunión celebrada por la dirección central para poner al desnudo a Kao Kang, declaré que en Pekín había dos cuarteles generales: Uno era el nuestro, que daba origen a un viento y una llama francos, y el otro – llamémoslo cuartel general clandestino – también daba origen a un viento y una llama, pero soterrados. Lin Tai-yu, una muchacha de otros tiempos, fue quien dijo: “O el viento del Este prevalece sobre el viento del Oeste, o el viento del Oeste prevalece sobre el viento del Este.” Y ahora sucede lo mismo: O el viento y la llama francos prevalecen sobre el viento y la llama soterrados, o a la inversa. Al levantar el viento y la llama soterrados, ellos se proponían imponerse al viento franco y apagar la llama franca echando abajo a un gran número de personas.

Entre nuestros cuadros de niveles superior y medio hay algunos (no muchos) que mantienen relaciones ilícitas con el extranjero. Esto es malo. Espero que los camaradas aquí presentes hablen claramente de tal problema ante todos los grupos dirigentes del Partido y comités del Partido de los departamentos centrales y ante los comités del Partido a nivel de provincia, municipio y región autónoma, exigiendo que se deje de hacer esto. No estamos de acuerdo con algunas de las cosas que ha hecho la Unión Soviética, y sobre esto el Comité Central de nuestro Partido ya ha hablado en varias ocasiones con los soviéticos; de algunos problemas no les hemos hablado todavía, pero lo haremos en el futuro. Cuando se presente la necesidad, será el Comité Central el que hable. En cuanto a eso de pasar informaciones, hay que ponerle coto. Pasar informaciones no reporta ningún provecho, y lo único que trae es daño. Tal conducta mina las relaciones entre los dos Partidos y los dos países. Los que se han comprometido en este tipo de actividades se hallan en una situación muy embarazosa. Actuando como lo han hecho, a espaldas del Partido, no pueden sino sentirse culpables. Pero basta que digan todo lo que han hecho para cerrar este capítulo. Si no hablan, se efectuará una investigación y, si se comprueba el hecho, se les impondrá las sanciones merecidas.

Respecto al XX Congreso del PCUS, quisiera decir algo. A mi juicio, existen dos “espadas”: Una es Lenin y la otra, Stalin. Ahora, una de esas espadas, Stalin, ha sido abandonada por los rusos. Gomulka y algunos húngaros han echado mano de ella para caer sobre la Unión Soviética y combatir el llamado stalinismo. Los Partidos Comunistas de muchos países europeos también están criticando a la Unión Soviética, y es Togliatti quien va a la cabeza. Los imperialistas, a su vez, hacen uso de esta espada para matar a la gente. Dulles, por ejemplo, la blandió durante algún tiempo. Lo ocurrido con esta espada no es que haya sido dada en préstamo, sino simplemente botada. Los chinos no la hemos abandonado. Como primer punto, defendemos a Stalin y, como segundo, criticamos sus errores; es por eso que hemos escrito el artículo “Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado”. A diferencia de aquellas gentes que denigran y liquidan a Stalin, nosotros lo tratamos conforme a la realidad.

En cuanto a la otra espada, Lenin, ¿no habrá sido abandonada en cierta medida por algunos dirigentes soviéticos? Me parece que lo ha sido en medida considerable. ¿Tiene aún validez la Revolución de Octubre? ¿Puede todavía servir de ejemplo para los demás países? En su informe ante el XX Congreso del PCUS, Jruschov afirmó que era posible conquistar el Poder por la vía parlamentaria, lo que quiere decir que para los demás países ya no es necesario aprender de la Revolución de Octubre. Abierta esta compuerta, el leninismo ha sido prácticamente abandonado.

La doctrina leninista es un desarrollo del marxismo. ¿En qué aspectos lo es? Primero, en cuanto a la concepción del mundo, es decir, el materialismo y la dialéctica; segundo, en cuanto a la teoría y la táctica de la revolución y, sobre todo, en lo que se refiere a la lucha de clases, la dictadura del proletariado y el partido proletario. Lenin creó, además, la doctrina de la construcción socialista. Desde la Revolución de Octubre de 1917, hubo construcción en medio de la revolución, y al respecto Lenin tuvo siete años de práctica, la cual no tuvo Marx. Lo que nosotros estudiamos es precisamente estos principios fundamentales del marxismo-leninismo.

Tanto durante la revolución democrática como durante la revolución socialista, hemos movilizado a las masas populares para la lucha de clases y las hemos educado en el curso de la lucha. De la Revolución de Octubre aprendimos a desarrollar la lucha de clases. Durante esta revolución, lo mismo en las ciudades que en el campo, se movilizó plenamente a las masas para librar la lucha de clases. Esto lo han olvidado muchos de aquellos a quienes la Unión Soviética envía ahora como expertos a diversos países y que sólo tenían más o menos diez años de edad cuando se produjo la Revolución de Octubre. Camaradas de algunos países afirman que la línea de masas de China no es correcta, y de muy buena gana hacen suya la mentalidad de benefactor. Si ellos quieren hacerla suya, no hay manera de impedírselo. En todo caso, nosotros nos atendremos a los cinco principios de coexistencia pacífica, que incluyen la no intervención de uno en los asuntos internos del otro y la no agresión. No intentamos dirigir a ningún otro país; ejercemos nuestra dirección en un solo lugar, la República Popular China.

El problema fundamental de algunos países de Europa Oriental consiste precisamente en que no se ha conducido bien la lucha de clases: No se ha eliminado a esa cantidad de contrarrevolucionarios allí existentes, ni se ha entrenado en la lucha de clases al proletariado para que distinga al pueblo de sus enemigos, lo correcto de lo erróneo y el materialismo del idealismo. Ahora ellos han recogido los frutos de su propia siembra, y el fuego se ha extendido a sus propias barbas.

¿Cuánto capital tienen ustedes? Nada más que un Lenin y un Stalin. Pero han abandonado a Stalin y, en cuanto a Lenin, lo han abandonado casi por completo. A Lenin le han amputado los pies o le han quitado todo, menos la cabeza, o de sus dos manos le han cortado una. Nosotros, en cambio, insistimos en estudiar el marxismo-leninismo y aprender de la Revolución de Octubre. ¡Cuántas cosas no escribieron Marx y Lenin! De ellos es de quienes hemos aprendido a sustentarnos en las masas y a seguir la línea de masas. Es muy peligroso no sustentarse en las masas para librar la lucha de clases, ni hacer una clara distinción entre el pueblo y el enemigo.

 

 

IV

 

Algunos cuadros intelectuales con categoría de jefe de departamento se pronuncian en favor de la democracia grande, alegando que la democracia pequeña no satisface su apetito. La “democracia grande” que ellos ansían consiste en adoptar el sistema parlamentario burgués de Occidente e imitar esas baratijas occidentales como “democracia parlamentaria”, “libertad de prensa”, “libertad de expresión”. Este pronunciamiento carece de todo enfoque marxista, carece de todo enfoque de clase; es erróneo. Sin embargo, siendo “democracia grande” y “democracia pequeña” términos tan expresivos, podemos valernos de ellos.

La democracia es un medio; todo depende de a quién se aplica y con qué propósito. Nos gusta la democracia grande, pero una democracia grande bajo la dirección del proletariado. Movilizamos a las masas en la lucha contra Chiang Kai-shek y lo derribamos al cabo de veintitantos años de lucha; en el movimiento de reforma agraria, las masas campesinas se levantaron contra la clase terrateniente y, luego de tres años de lucha, obtuvieron la tierra. Todo esto significó democracia grande. La campaña contra los “tres males” tuvo como blanco a los funcionarios corrompidos por la burguesía, y la campaña contra los “cinco males”, a la burguesía; fueron duros golpes contra ellos. ‘Todas estas luchas constituyeron vigorosos movimientos de masas c implicaron democracia grande. Días atrás, las masas efectuaron manifestaciones frente a la Oficina del Encargado de Negocios de Inglaterra acreditado en China y centenares de miles de personas realizaron un gran mitin en la Plaza Tienanmen, de Pekín, como actos de apoyo a Egipto en su resistencia a la agresión anglo-francesa. Esto también significa democracia grande, dirigida contra el imperialismo. ¿Por qué no nos va a gustar una democracia grande como ésta? Nos gusta de veras. ¿Contra quiénes está dirigida esta democracia grande? Contra el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, así como contra el capitalismo. La transformación socialista de la industria y el comercio privados está dirigida contra el capitalismo. La transformación socialista de la agricultura tiene por objeto abolir la propiedad privada de los pequeños productores y, por su naturaleza, también está dirigida contra el capitalismo. La transformación socialista de la agricultura la efectuamos mediante el movimiento de masas, es decir, mediante la movilización del campesinado, siendo lo más importante hacer que primero se organizaran los campesinos pobres y los campesinos medios inferiores, de modo que luego los campesinos medios superiores no tuvieran otro remedio que dar su aprobación. En cuanto a la aprobación que a la transformación socialista dieron los capitalistas batiendo tambores y gongs, eso se explica porque no les quedaba otra alternativa ante el auge socialista en el campo y el empujón que desde abajo les propinaron las masas obreras.

Si ahora se pretende practicar nuevamente la democracia grande, también estoy de acuerdo. Puede ser que ustedes teman a que las masas se lancen a las calles, pero yo no; ni siquiera temo a que lo hagan centenares de miles de personas. “Quien no teme morir cortado en mil pedazos, se atreve a desmontar al emperador.” Esto lo dijo una mujer de los tiempos antiguos llamada Wang Si-feng, o Hermana Feng. Fue ella quien así habló. La democracia grande de que se vale el proletariado está dirigida contra los enemigos de clase. Los enemigos de la nación (no otros sino los imperialistas y la burguesía monopolista extranjera) son también enemigos de clase. La democracia grande puede servir, a su vez, para hacer frente a los burócratas. Acabo de decir que, incluso después de pasados diez mil años, habrá revolución; es posible que para entonces aún se recurra a la democracia grande. Si algunos, cansados de vivir, practican el burocratismo, reprendiendo a las masas cada vez que las ven, sin dirigirles nunca una palabra cariñosa ni resolver sus problemas, serán, indudablemente, derribados. En la actualidad existe este peligro. Dado el caso de que alguien se divorcie de las masas y se niegue a solucionar sus problemas, los campesinos lo golpearán con sus pértigas, los obreros se echarán a las calles y los estudiantes armarán alborotos. Cada vez que ocurra algo así, lo primero que se debe hacer es afirmar que se trata de una cosa buena. Es así como yo veo esto.

Hace unos pocos años, se decidió construir un aeropuerto en cierto lugar de la provincia de Jonán. Pero, se obligó a los campesinos del lugar a mudarse, sin antes haberlos acomodado debidamente ni haberles explicado con claridad las razones. Los campesinos protestaron: “Ni los mismos pájaros dejarían de lanzar unos chillidos si ustedes, armados de una vara, hurgaran y derribasen sus nidos.” También tú, Teng Siao-ping, tienes un nido; ¿no lanzarías gritos si yo te lo destruyera? Entonces, las masas de allí dispusieron tres cordones de defensa: el primero, formado por niños, el segundo, por mujeres y el tercero, por hombres jóvenes y de edad madura. Todos los agrimensores fueron expulsados y el problema terminó con el triunfo de los campesinos. Posteriormente, gracias a que se les habló con buenas razones y se los acomodó como era debido, aquéllos accedieron a mudarse y el aeropuerto pudo construirse. No son pocos los hechos como éste. Ahora, hay quienes consideran que, estando el Poder en sus manos, pueden echarse a dormir sobre los laureles y hacer y deshacer a su antojo. Si las masas se levantan contra ellos y los golpean con piedras y azadas, mi opinión será que lo tienen merecido y lo aplaudiré con todas mis ganas. Más aún, en algunos casos, los problemas no pueden resolverse sino a golpes. El Partido Comunista necesita ser aleccionado. Si los estudiantes se echan a las calles, si los obreros se echan a las calles, todas estas cosas, camaradas, ustedes deben considerarlas buenas. Más de cien estudiantes de Chengtú han querido venir a Pekín para presentar un reclamo. Pero no han logrado llegar, pues una parte de ellos, que viene en un tren, ha sido retenida en la estación de Kuangyuan, provincia de Sechuán, mientras que el resto, que viene en otro, no ha podido pasar de Luoyang. Mi opinión, así como la del Primer Ministro Chou En-lai, es que se les debe dejar llegar a Pekín y entrevistarse con los departamentos concernientes. Debemos permitir que los obreros se declaren en huelga y que las masas hagan manifestaciones. El derecho a realizar manifestaciones está estipulado en la Constitución. Propongo que, en el futuro, cuando se modifique la Constitución, se agregue la libertad de huelga, permitiendo así que los obreros se declaren en huelga. Esto facilitará la solución de las contradicciones del Estado y los directores de fábrica con las masas. Estas son contradicciones y nada más. El mundo está lleno de contradicciones. La revolución democrática resolvió aquellas que teníamos con el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático. Hoy, también se han resuelto en lo fundamental nuestras contradicciones con el capitalismo nacional y la pequeña producción en cuanto al sistema de propiedad, pero, al mismo tiempo, se ha puesto de relieve contradicciones distintas y han surgido otras nuevas. Tenemos centenares de miles de cuadros del nivel de comité distrital del Partido para arriba, y en sus manos está el destino del país. Si ellos no actúan bien, si se divorcian de las masas y no mantienen el estilo de vida sencilla y lucha dura, los obreros, los campesinos, los estudiantes tendrán razón para desaprobarlos. Debemos estar alerta para no fomentar el estilo burocrático ni convertirnos en una capa aristocrática, divorciada del pueblo. Al que practique el burocratismo, insultando y oprimiendo a las masas en lugar de resolver sus problemas, y rehuse enmendar tal conducta, las masas tendrán toda razón para derribarlo. Digo que está muy bien que lo derriben, que deben derribarlo.

Actualmente, los partidos democráticos y la burguesía se oponen a la democracia grande del proletariado. Si desplegáramos otra campaña contra los “cinco males”, ellos no estarían de acuerdo. Tienen mucho miedo de que, al ponerse en práctica la democracia grande, los partidos democráticos sean eliminados y no haya más coexistencia duradera. ¿Gusta a los profesores de cátedra la democracia grande? ¡Quién sabe! Creo que abrigan cierto recelo y también temen a la democracia grande del proletariado. Si ellos quieren practicar la democracia grande de la burguesía, nosotros les opondremos una campaña de rectificación, o sea, la remodelación ideológica. Movilizaremos a todos los estudiantes para que los critiquen. Instalaremos un “puesto de control” en cada universidad. No podrán cruzarlo sino luego de haber sido aprobados por las masas. Es por eso que, después de todo, los profesores de cátedra tienen miedo a la democracia grande del proletariado.

Paso ahora a referirme a otro problema, el de Dalai. Buda murió hace ya dos mil quinientos años, y ahora Dalai y sus allegados quieren ir de peregrinación a la India. ¿Permitiremos o no que Dalai vaya? El Comité Central considera que es mejor dejarlo ir, que no sería bueno impedírselo. Dalai se pondrá en camino dentro de unos días. Le aconsejamos que viajara en avión, pero él prefiere ir en coche, pasando por Kalimpong(4), donde pululan espías de diversos países y agentes secretos del Kuomintang. Debemos prever la posibilidad de que Dalai no vuelva, de que, no contento con ello, nos calumnie todos los días afirmando que “los comunistas han invadido el Tíbet” y cosas por el estilo, y de que incluso declare en la India la “independencia del Tíbet”. También existe la posibilidad de que haya dejado a los elementos reaccionarios de la camarilla gobernante del Tíbet la orden de lanzar un llamamiento destinado a provocar serios desórdenes para expulsarnos y así, de ocurrir esto, él podría alegar su ausencia para lavarse las manos. Se prevé tal posibilidad como la peor. Incluso una cosa tan mala como ésta, me alegraría. La Comisión de Trabajo del PCCh en el Tíbet y nuestras tropas allí acantonadas deben ponerse en guardia, construir fortificaciones y aumentar las reservas de cereales y de agua. Lo que tenemos allí no son más que unos pocos soldados. Como quiera que sea, cada parte goza de su propia libertad: Si ellos quieren combatir, estaremos listos para responder; si nos atacan, nos defenderemos. No seremos nunca los primeros en atacar; que lo hagan ellos primero. Si lo hacen, contraatacaremos, derrotando con duros golpes a los ofensores. ¿Me apesadumbrará que un Dalai huya? No, nada de eso; ni siquiera la huida de nueve más, es decir, de diez Dalai, me podrá acongojar. Una experiencia vivida por nosotros es que la deserción de Chang Kuo-tao no fue una cosa mala. Hombre y mujer atados no forman matrimonio. Ya que a Dalai no le gusta este lugar nuestro y quiere huir, dejémoslo que huya. ¿Qué mal nos traería su huida? Ninguno; sólo algunas maldiciones. Durante treinta y cinco años, los comunistas hemos sido objeto de difamaciones, y siempre en el sentido de que somos “feroces y siniestros”, que practicamos la “comunidad de los bienes y de las mujeres” y que somos “inhumanos”. ¿Qué nos importa que se agreguen a estas difamaciones las de un Dalai o de otro mengano? Aunque vengan treinta y cinco años más de calumnias, sólo serán setenta años en total. No me parece bien que uno tema ser difamado. Algunos temen que, con la huida de Dalai, trasciendan secretos. ¿Acaso Chang Kuo-tao no estaba al tanto de muchos secretos? Pero no hemos oído decir que la revelación de secretos por parte de Chang Kuo-tao haya echado a perder nuestros asuntos.

Nuestro Partido cuenta con millones de cuadros experimentados. La gran mayoría de ellos son buenos, se han formado enraizados en esta tierra, mantienen estrechos vínculos con las masas y han sido probados en una lucha prolongada. Tenemos todo un contingente de cuadros: los del período de la creación del Partido, los del período de la Expedición al Norte, los del período de la Guerra Revolucionaria Agraria, los del período de la Guerra de Resistencia contra el Japón, los del período de la Guerra de Liberación y los del período posterior a la liberación a escala nacional. Todos ellos constituyen un tesoro de nuestra nación. Una importante razón de la poca estabilidad en algunos países de Europa Oriental reside precisamente en la ausencia de un contingente de cuadros como el nuestro. Nosotros, en cambio, contando con esta multitud de cuadros probados en los distintos períodos revolucionarios, podemos “permanecer serenos en la barca de pesca frente al remolino desatado por el vendaval”. Debemos afirmarnos en esta convicción. Si ni siquiera tememos al imperialismo, ¿por qué hemos de tener miedo a la democracia grande y a que los estudiantes se echen a las calles? No obstante, una parte de nuestros militantes teme a la democracia grande; esto no es bueno. Los burócratas, que tanto la temen, deben estudiar con ahínco el marxismo y corregirse.

Nos proponemos desplegar una campaña de rectificación el año que viene. Rectificar tres estilos de trabajo, a saber, el subjetivismo, el sectarismo y el burocratismo. Una vez tomada la decisión, el CC emitirá una circular enunciando las manifestaciones de estos tres estilos. El burocratismo, por ejemplo, tiene muchas manifestaciones: no mantener contacto con los cuadros y las masas, no ir a las entidades de base para conocer la situación, no compartir penas y alegrías con las masas, además de fenómenos como la corrupción administrativa y el despilfarro. Si la circular se emite en el primer semestre, empezará la campaña de rectificación en el segundo, dejando así un intervalo de varios meses. Quienes hayan incurrido en casos de corrupción administrativa deben reconocer su culpa y, durante ese tiempo, reembolsar el dinero, aunque también pueden hacerlo más tarde y por cuotas. A aquellos que no tengan realmente cómo reembolsarlo ni por cuotas, podemos exonerarlos de esa obligación. Cada una de estas tres soluciones vale. Pero es indispensable que reconozcan su culpa y declaren por sí mismos la suma de la cual se apropiaron. Esto quiere decir que les pondremos una escalera para que puedan bajar escaño por escaño. En cuanto a los demás errores, debemos adoptar el mismo método. En lugar de recurrir al procedimiento de “castigar sin previa educación”, demos un aviso con anterioridad a la campaña de rectificación e iniciemos la campaña sólo cuando se haya vencido el plazo; éste es un método de democracia pequeña. Hay quienes dicen que, si lo adoptamos, quizá no haya nada que rectificar en el segundo semestre. Este es justamente el objetivo que deseamos conseguir; esperamos que, al iniciar formalmente la campaña de rectificación, hayan decrecido ya en gran medida el subjetivismo, el sectarismo y el burocratismo. La rectificación del estilo de trabajo ha sido un método eficaz en la historia de nuestro Partido. De hoy en adelante, siempre que se trate de asuntos en el seno del pueblo y en el seno del Partido, debemos resolverlos mediante el método de rectificación, el método de crítica y autocrítica, y no recurriendo a la fuerza. Abogamos por proceder con la suavidad de una brisa y, aunque es inevitable, por supuesto, que en tales o cuales casos se actúe en forma un poco violenta, nuestra intención general es curar la enfermedad y salvar al paciente, lograr de veras el propósito de curar y salvar, sin quedarse en las palabras. Primero, protegemos a la persona que ha cometido errores y, segundo, la criticamos. Lo primero es protegerla, ya que no se trata de un contrarrevolucionario. Esto significa partir del deseo de unidad y, a través de la crítica y autocrítica, alcanzar una nueva unidad sobre una base nueva. En el seno del pueblo, el método de protección y crítica para con los que han cometido errores nos permite ganarnos el corazón de la gente, unir a todo el pueblo y poner en juego todos los factores positivos existentes entre los seiscientos millones de habitantes, en bien de la edificación del socialismo.

Soy partidario de que, en tiempos de paz, se disminuya gradualmente la diferencia de sueldos entre los cuadros militares y los cuadros civiles, pero sin que esto suponga un igualitarismo total. He sostenido invariablemente que el Ejército debe mantener el estilo de vida sencilla y lucha dura y convertirse en un modelo para los demás. En 1949, en una reunión efectuada en este mismo lugar, uno de nuestros generales propuso un aumento de sueldos en el Ejército. Muchos camaradas apoyaron la proposición, pero yo la objeté. El argumento que él expuso fue que, en cada comida, un capitalista se hacía servir, junto con el arroz, cinco platos, mientras que en el Ejército de Liberación se lo acompañaba sólo con agua-sal y un poco de repollo vinagre, cosa que, según el, era inadmisible. Yo dije que esto era una cosa buena. Que el capitalista bien podía servirse sus cinco platos, mientras nosotros comíamos nuestro repollo vinagre. De este repollo nace la política y nace el ejemplo. El Ejército de Liberación se ha ganado el corazón de la gente precisamente gracias a este repollo vinagre, aparte de otras razones, naturalmente. Ahora, la alimentación de las tropas ha mejorado y es, en cierta medida, diferente de cuando no había más que repollo vinagre. Sin embargo, lo fundamental es que sigamos propugnando el estilo de vida sencilla y lucha dura, que es una cualidad política propia de nosotros. Chinchou está en una zona productora de manzanas. Era otoño cuando se libraba la campaña de Liaosi y, aunque los habitantes tenían en sus casas muchas manzanas, nuestros soldados no tocaron una sola. Quedé profundamente conmovido al leer esta noticia. Los combatientes tenían conciencia de que era noble dejar las manzanas donde estaban, e indigno comerlas, ya que ellas pertenecían al pueblo. Nuestra disciplina está cimentada en esta conciencia, que es resultado de la dirección y la educación de nuestro Partido. El hombre debe tener algo de espíritu; el espíritu revolucionario proletario viene precisamente de esta conciencia. ¿Murió alguien de hambre por no haber comido una manzana? No murió nadie, pues teníamos mijo y repollo vinagre. Los camaradas aquí presentes deben estar preparados para alojarse en chozas cuando sea necesario. Durante la Gran Marcha, cuando atravesábamos las estepas pantanosas, pudimos arreglárnoslas sin chozas siquiera. Hoy, cuando las tenemos, ¿por qué no hemos de poder vivir en ellas? En estos días, los camaradas del Ejército, en una reunión suya, han expresado ardientemente su deseo de practicar la austeridad. Si el Ejército puede proceder así, con mayor razón deben los demás trabajar duro y llevar una vida sencilla. De otra manera, se verán puestos en jaque por el Ejército. Entre los asistentes a esta sesión, hay tanto civiles como militares. Ponemos en jaque a los primeros con el ejemplo de los últimos. El Ejército de Liberación es un buen ejército; siento mucho cariño por él.

Es preciso reforzar el trabajo político. En todos los frentes, sea en lo civil o en lo militar, trátese de fábricas, zonas rurales, establecimientos comerciales, centros docentes, unidades militares, organismos del Partido y del gobierno u organizaciones populares, es necesario hacer el máximo por reforzar el trabajo político, a fin de elevar el nivel político de los cuadros y de las masas.

 

 

 

Notas:

(1) Se refiere a la siguiente afirmación de Confucio: “Desde que cumplí los setenta años de edad, ya puedo actuar a mis anchas sin transgredir nunca la ley de las cosas.” Véase Analectas de Confucio, “Para gobernar, parte II”.

(2) Se refiere al motín ocurrido en la ciudad de Poznan, Polonia, en junio de 1956, y a la revuelta contrarrevolucionaria que tuvo lugar en Hungría en octubre del mismo año.

(3) Citado de Chouyi, “Si Tsi, Y”.

(4) Ciudad fronteriza en el Noreste de la India, vecina del poblado chino de Yatung, en el Tíbet.

 

 

Extraído de las Obras Escogidas de Mao Tse-tung, ediciones en lenguas extranjeras Pekín, Tomo V, págs. 361-80.

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