El país de las bibliotecas

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Uno de los mayores éxitos de la Rusia revolucionaria fue la drástica reducción, lograda en pocos años, del número de analfabetos en el país. A partir de las victorias de Lenin y del Partido Bolchevique a finales de 1917, innumerables campañas fueron desarrolladas en varios frentes -en particular en las zonas rurales- para enseñar a los pueblos soviéticos a leer y escribir. Hasta entonces, millones de personas vegetaban en la ignorancia y en el atraso, privadas de conocimientos elementales ya constituidos por la humanidad.

Todo este trabajo de instrucción pública, que contó con la participación de amplios sectores sociales de la joven república soviética, se llevó a cabo bajo la concepción de que, para que la revolución allí realizada se desarrollase, era necesario elevar constantemente el nivel cultural y espiritual de las masas trabajadoras, proporcionándoles con esto la posibilidad de asumir, cada vez más activamente, la tarea de la construcción socialista.

Alcanzados los primeros éxitos de esta cruzada contra el analfabetismo en la URSS, se formó un cuadro hasta entonces desconocido para la humanidad: cada día, más y más personas iban en busca de conocimiento y cultura. La sed de conocimiento despertado por la Revolución de Octubre asombró al mundo, que observaba a los obreros y campesinos estudiando, asistiendo a los teatros y a las salas de cine, participando en la producción y, ante el asombro de muchos, leyendo varios libros. La gigantesca cantidad de obras publicadas, y el tamaño de las tiradas de cada libreto en la Unión Soviética eran síntomas claros de que algo realmente nuevo y progresivo se desarrollaba allí.

 

Librerías Obreras

 

El volumen de libros publicados por los soviéticos era realmente increíble. Teniendo en cuenta que antes de la revolución de octubre el porcentaje de analfabetos alcanzaba el 66% en las ciudades y el 89,2% en el campo, el número de obras vendidas en el país en los primeros años de la construcción socialista planificada ya se equiparaba a los índices de los países más avanzados.

En 1932, 15 años después de la toma del poder por los bolcheviques, la tasa de analfabetos había bajado a menos del 10%, según la publicación británica “Statesman Year Book“, en su edición de 1933. Cuanto mayor era el número de personas instruídas, más libros, revistas y publicaciones se necesitaban para satisfacer la creciente demanda. De este período de florecimiento de la cultura y la vida soviética existen diversos informes, motivados por el espectáculo profundamente humano que representaba la elevación espiritual de millones de hombres y mujeres trabajadores, que con trabajo y con estudio construían una sociedad superior. Transcribimos algunos de estos pasajes, piezas bastante ilustrativas de tres momentos diferentes de la vida en la Unión Soviética.

 

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En 1934, el entonces joven Caio Prado Júnior escribió el libro “URSS, un mundo nuevo” relatando su viaje por Rusia, en la que conoció los logros soviéticos en los diversos campos de la actividad humana. Se encontró, no sin sorpresa, con un gran número de establecimientos de lectura en lugares poco comunes para los países capitalistas, como en las puertas de las fábricas y cooperativas agrícolas.

No tengo la intención de alinear números, que pueden ser facilmente obtenidos por aquellos que estén particularmente interesados en el tema. Incluso no los preciso para afirmar que la Unión Soviética es hoy un país altamente alfabetizado. No hay fábrica, planta, granja, sindicato, club o cualquier otra organización que no cuente con su biblioteca y no disponga de una pequeña librería propia. Estas están colocadas en la entrada de las fábricas y, como asistí innumerables veces, a la salida del trabajo, pude observar que siempre una gran parte de los trabajadores se detenía ante ellas y adquiría algunas obras. En el campo, el mismo espectáculo. Sovkhozes(1) y Kolkhozes(2) poseen sus propios periódicos, que se ven por todas partes. Durante el trabajo en los campos, en las horas de descanso, llegan camiones con montones de periódicos, y se distribuyen entre los trabajadores. Se agrega a esto, la increíble tirada de los grandes diarios soviéticos (más de un millón de copias algunos de ellos) y no exagero cuando digo que aquí se lee mucho. Este interés tan generalizado por la lectura, que es patente y no trae el sello de las estadísticas oficiales, que para muchos podrían ser sospechosas, sólo se explica en un país de población alfabetizada (…) “. (3)

 

 

Estudiando y luchando

 

En plena Segunda Guerra Mundial, el poderoso Ejército Rojo -mientras que se enfrentaba a las hordas nazi-fascistas- no descuidaba la educación y la cultura de sus soldados y oficiales. Al otro lado de las líneas de combate, Hitler proclamaba que “si nuestros soldados comprendiesen por qué están luchando, sería imposible continuar nuestra guerra“.

En el Ejército Rojo, sin embargo, el estudio era obligatorio para todos: intenso, sistemático y eficientemente organizado durante los años de servicio, hacía que los soldados supieran por qué luchaban, y realizaban sus tareas con más vigor. De esta gran escuela en que se convirtió el frente de combate soviético, surgieron varios escritores de gran prestigio, que relataban en grandes caracteres las escenas más importantes de la guerra de liberación de los pueblos soviéticos al mismo tiempo que portaban un rifle en las batallas.

La escritora y periodista norteamericana Anna Louise Strong, que vivió durante 20 años en la Unión Soviética, es autora de varios libros sobre la vida, las luchas y los hábitos de los soviéticos. En uno de ellos, “Rusia en la paz y en la guerra“, se retratan acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, vistos desde el frente germano-soviético de este conflicto. Veamos lo que dice ella: “Cada destacamento del ejército posee su propia biblioteca. Estas bibliotecas, que se encuentran en todos los rincones de la URSS, comprenden un total de 25 millones de libros. El movimiento total de las mismas es de 2 millones de volúmenes“. (4)

 

Librería ambulante

 

Bajo el fuego de los combates contra los nazis, sustentando las líneas de defensa de la patria, los soldados necesitaban estudiar y tenían sus bibliotecas en el frente, que eran bastante frecuentadas: “(…) De ese hospital de campaña nos llevaron a uno subterráneo donde había sido instalado un club para suboficiales y soldados. Nos llevaron a través de un túnel a la biblioteca. Los libros en las estanterías eran flanqueados, naturalmente, por las obras completas de Lenin, pero también ví novelas de Tolstoi, Dostoievski y Sholokhov, además de las piezas de Ibsen y de los poemas de Heinrich Heine. Este debía de ser el escritor favorito de los rusos, porque, más tarde, encontré un ejemplar de sus poemas con evidentes signos de intensa manipulación en la biblioteca de una granja colectiva, en las proximidades de Moscú. (…)“.

Me dijeron que había miles de estos clubes a lo largo de todo el frente de batalla. De hecho, antes de la guerra, ya Voroshilov había proclamado que el Ejército disponía de 1.900 de estos clubes y una biblioteca que contaba con 25 millones de volúmenes. Desde los primeros días de la revolución, los bolcheviques lanzaron el slogan: “¡Todos los soldados del Ejército Rojo saben leer y escribir!” Y, mientras combatían, obligaban a los soldados a aprender el alfabeto y, poco después, a leer y escribir“. (5)

 

 

El mejor de la cultura mundial

 

La contra-propaganda imperialista no se rinde. Sin dejar de reconocer el gran logro de la lucha contra el analfabetismo y la elevación cultural de las masas, difunde la idea de que este logro del socialismo fue el fruto de una imposición de la lectura sólo de escritos doctrinarios, que la literatura no era libre en la Unión Soviética, etc. La verdad es que, en Rusia, surgió un nuevo tipo de realismo artístico/literario, el socialista, que presuponía la conexión de las artes con las masas, que declaraba su explícito carácter de clase. Esta manera de ver el arte incendió los debates culturales en los países capitalistas. Los intelectuales y artistas burgueses decían que esa era una manera de limitar el arte.

El entonces militante y politizado escritor Jorge Amado, viajó por la Unión Soviética en el invierno de 1948/1949, entre la euforia de haber derrotado al nazi-fascismo y el esfuerzo de la reconstrucción del país, que exigió muchos esfuerzos y sacrificios del pueblo ruso. Emitió, en su renegado libro “La paz mundial“, sus impresiones sobre muchos de los logros económicos, sociales y culturales de la URSS. Contribuyó también a acabar con el mito de que los récords batidos por la URSS, en cuanto a edición de libros, eran sólo de obras marxistas.

 

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Cifras impresionantes

 

Si los libros de Marx, Engels, Lenin y Stalin, además de otros teóricos marxistas, ocuparon un lugar destacado en la producción editorial Soviética, también fueron publicadas obras de todo el mundo, entre ellas de Brasil, en tiradas inimaginables para las editoriales capitalistas. El siguiente pasaje describe la antigua Biblioteca Lenin en Moscú, hoy Biblioteca Nacional Rusia:

Para tener una idea de cómo toda la cultura del mundo está a disposición del pueblo ruso, a través de las ediciones grandes y de bajo costo, citaré algunas cifras relativas a los escritores más conocidos. Alrededor de 3 millones de copias de los libros de Charles Dickens fueron publicados en la Unión Soviética después de 1917. De Victor Hugo, más de 4 millones, al igual que de Maupassant.

De Shakespeare, más de 2 millones. De Wells, más de 3 millones y medio. De Jack London (muy popular en la URSS), más de 11 millones. De Heine, alrededor de un millón y medio. De Goethe, casi un millón. De Balzac y de Romain Rolland, más de 2 millones de cada, y de Zola, más de dos millones y medio. De los escritores contemporáneos han sido publicados por decenas, y a veces por cientos de miles, libros de Fuchik Julius, de Thomas y Heinrich Mann, de Anna Seghers, de Andersen-Nexo, de Upton Sinclair, de Pirandello, de Stoianov, de Bernard Shaw, de Aragon, de Priestley, de García Lorca, de Sinclair Lewis, de Jorge Amado, de Rafael Alberti, de Pablo Neruda, y de Howard Fast, entre otros. (6)

Además de esta, que era la mayor biblioteca de la URSS, había otras miles: “(…)Pero eso no es todo, porque todavía es necesario ver algo más: que esa biblioteca Lenin, con sus 13 millones de volúmenes y 5.000 lectores diarios, siendo la más grande y la más frecuentada, no es la única de Moscú. En Moscú existen decenas, cientos de bibliotecas generales o especializadas, abiertos diariamente al público. Biblioteca de la Universidad, también importante, bibliotecas especializadas de las diversas facultades, bibliotecas de barrio, bibliotecas de los parques, bibliotecas de los clubes de cultura, bibliotecas de las organizaciones de mujeres, de jóvenes, de niños, de las organizaciones del Partido y de los sindicatos, de las escuelas y de las fábricas, además de las estanterías con más o menos libros que, inevitablemente, se encuentran en todos los hogares“. (7)

 

 

País de libros y lectores

 

Otro consagrado escritor, Graciliano Ramos, también visitó la Unión Soviética en 1952. De sus notas de viaje se publicó una obra póstuma llamada “Viaje: Checoslovaquia y la URSS“. Sobrias, sus notas no se pierden en chovinismos. En los últimos capítulos hay sólo pequeñas notas sin escribir sobre el Palacio de la Cultura de los Trabajadores, en Leningrado. “Biblioteca: 145.000 volúmenes, 10.500 lectores inscritos para préstamos. Biblioteca infantil: 32.000 volúmenes, 4.500 lectores inscritos. Obreros que leen, por año, 120, 150, a veces 200 volúmenes. Media: 40 Volúmenes por año“. (8)

No son necesarias más palabras para describir el mar de letras, ideas y transformaciones que han hecho de la URSS -durante los años que estuvo bajo la dictadura del proletariado- un país socialista, libre y revolucionario.

 

 

Notas:

(1) Sovkhozes – (explotación agrícola estatal) Gran empresa agrícola en la URSS, cuya existencia fue posible gracias al hecho de que la tierra y los medios de producción pertenecen al Estado. Los primeros sovkhozes aparecieron en 1918. Desempeñaron un papel considerable en la transformación socialista de la agricultura, pues fueron, para los campesinos, una escuela de gestión colectiva de la agricultura.

(2) Kolkhozes – (explotación colectiva) Organización cooperativa de los campesinos libremente asociados con el fin de formar una gran empresa agrícola socialista, basada en la propiedad común de los medios de producción y en el trabajo colectivo. Junto con los Sovkhozes, representaban los mayores productores de productos agrícolas de la URSS.

(3) Caio Prado Júnior – “URSS, un mundo nuevo” – Publishing Company, St. Paul, 1935.

(4) Lucien Zacharoff – “Nos hemos equivocado“- citado por Anna Louise Strong en “Rusia en la paz y en la guerra“, Editorial Calvin Limited, 1945.

(5) Wallace Carroll – “Were in this vith Russia” – citado por Anna Louise Strong en “Rusia en la paz y en la guerra“, Editorial Calvin Limited, 1945.

(6) Jorge Amado – “La Paz Mundial: la Unión Soviética y las democracias populares“, Editorial Victoria, 1953.

(7) Idem.

(8) Graciliano Ramos – “Viaje: Checoslovaquia y la URSS” – Librería Martins Editora S.A, São Paulo, 1970.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de anovademocracia.com.br/

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