Historias y lecciones de Jack London

Jack London

 

Jack London es, sin exagerar, uno de los escritores americanos más importantes de todos los tiempos. Considerado uno de los mayores narradores de aventuras, su influencia traspasó las fronteras de su país y de su época. Hoy, es leído en cualquier parte del mundo, como hace cien años, con el mismo interés.

Nacido en San Francisco, California, el 12/01/1876, Jack London es hijo ilegítimo de William Chaney, astrólogo y periodista, y de Flora Wellman, que se llamaba espiritista y vidente. Tenía ocho meses de edad cuando su madre se casó con John London, que lo adoptó. Su educación era precaria, sin embargo, al ser un lector voraz, el autodidactismo de Jack hizo posible su entrada en Berkeley. Sin embargo, abandonó la universidad después de un semestre, ya que decía que ésta no tenía vida.

Dotado de una personalidad inusual, buscando ansiosamente nuevas experiencias, el escritor tuvo la existencia muy bien caracterizada por uno de sus biógrafos como “Vida de aventuras”. Fue contrabandista de ostras, marinero, obrero, maquinista, minero, vagabundo, ganadero, etc. Como periodista, cubrió la guerra ruso-japonesa (1905) y la Revolución Mexicana (1914).

London llegó a ser el escritor estadounidense mejor pagado de su época. Vió publicados más de cincuenta libros y un sin número de otros que salieron a título póstumo. Obras como “La llamada de la selva” (1903), “La gente del abismo” (1903), “El lobo de mar” (1904), “Colmillo Blanco” (1906), “Memorias de un alcohólico” (1906), “El crucero del Snark” (1907), “Martin Eden” (1909 ), etc,. Han sido traducidos a varios idiomas y se han convertido en clásicos de la literatura universal. Toda su obra refleja el compromiso social y revolucionario, el materialismo y el socialismo. Por esas razones, muchos años después de su muerte, Jack London entró en el índice del macarthismo. La implacable persecución promovida en los años 50 por la burguesía archireaccionaria de los EE.UU. contra cualquier expresión socialista.

Además, no sólo se limitó a difundir las ideas socialistas a través de la literatura. Recorrió los Estados Unidos dando conferencias donde divulgaba el socialismo. Se presentó varias veces a la alcaldía de Oakland, por el Partido Socialista, pero nunca fue elegido. Por desgracia, Jack London murió el 22/11/1916, por lo tanto, antes de la Gran Revolución, que sin duda habría aplaudido y aclamado como el acontecimiento más importante de la historia.

Jack London tiene en su extensa bibliografía una obra en aparente contradicción con sus ideas materialistas y socialistas: “El vagabundo de las estrellas” (The Star Rover), escrita en 1913 y publicada después de su muerte. En este libro, sorprendentemente, nuestro autor parece defender la inmortalidad del alma y la reencarnación.

 

El vagabundo de las estrellas
Los espiritualistas en general -espiritistas, ocultistas, etc- son los grandes propagandistas de “El vagabundo de las estrellas“. Transportando la mentalidad mágica e infantil que los tipifica, llegan incluso a la falta de honestidad intelectual, presentándola como una historia real, concreta, ocultando el hecho de que se trataba simplemente de una obra de ficción.

¿Se habrá transformado Jack London antes de morir? ¡No! Jack London murió materialista convencido y socialista apasionado. Por más que “El vagabundo de las estrellas” sea divulgado como un texto espiritualista, en verdad, la obra revela el más puro materialismo y la más lacerante denuncia de la injusticia.

Haciendo un homenaje a su madre, aprovecha la teoría de la reencarnación para pasar revista a la historia humana, exponiendo la injusticia y la explotación. Así, la supuesta inmortalidad del alma y la reencarnación se resumen en un “gancho” de la novela; un recurso literario del que hizo uso Jack London y nada más.

En resumen, la narración comienza con la cadena perpetua -más tarde convertida en pena de muerte- del profesor de agronomía Darrel Standing, bajo el cual pesaba una acusación de asesinato. En los primeros capítulos, nos describe el estúpido sistema penitenciario estadounidense. Su ineficiencia, los abusos y torturas brutales a los que son sometidos los presos, la brutalidad y la imbecilidad de los funcionarios, empezando por el director de la cárcel, el más imbécil de todos. Todo narrado con el más animado y sorprendente realismo. Un marco sólo imaginable en un país capitalista. Darrel fue encarcelado con un chaleco de acero, un instrumento perverso con el que los carceleros rodean el tronco de los presos, hasta casi hacer insoportable la angustia y la respiración, abandonándolos en las celdas. En esta obra, Jack explica la técnica de autohipnosis, aplicada al personaje central que, con todos los miembros maniatados, permitió el dominio del cuerpo a través de la mente y su fuga a un mundo de ensueño, pero lo que el profesor ve son recuerdos de vidas anteriores.

Durante la supuesta regresión, el recluso revive innumerable vidas: un conde francés del antiguo régimen, que muere en un duelo en contra de los intereses del Vaticano; un niño de ocho años, en una caravana del viejo oeste, masacrada por los mormones; un inglés que, tras un período de generosidad, vive miserablemente en la Corea del siglo XVI; un legionario romano en Palestina, que fue testigo de la tragedia de Cristo; un náufrago en una isla desierta, a principios del siglo XIX, y muchas más. En una palabra, todas estas vidas ficticias están dirigidas a demostrar la perenne injusticia bajo el dominio de la propiedad privada de los medios de producción, y la lucha entre las clases, unas para mantener, otras para liberarse de los sistemas de explotación. Como se puede ver, no se trata de una novela de tesis espiritual, sino de una innegable inclinación socialista.

Si los espiritualistas leyesen el libro con cuidado, y no superficialmente, percibirían la falta de corolario fundamental de la teoría de la reencarnación: la reparación, la redención, el karma, la ley de retorno, o el nombre que se le quiera dar. Es decir, la tesis de que los infortunios por los cuales pasa el hombre, son el resultado de sus malas acciones en vidas anteriores. Ahora, no se encuentra este supuesto en cualquier parte de la narrativa de Londres. Al contrario, las acciones sufridas son una consecuencia de las relaciones sociales y económicas vigentes en los diferentes períodos históricos abordados.

Incluso en los sencillos límites de reseñas como esa, es necesario devolver a la literatura proletaria una obra incorrectamente exiliada y maltratada por los esotéricos. El libro “El vagabundo de las estrellas” es sólo una novela que puede y debe ser leída con gran provecho por los socialistas.

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de anovademocracia.com.br

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