“Black like Mao” – La China Roja & La Revolución Negra (4º Y ÚLTIMA PARTE)

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La Gran Revolución Cultural (Negra) Proletaria

 
Un año antes de la Revolución Cultural, Robert Williams publicó un artículo en “Crusader” titulado “Reconstituir el arte afroamericano para reformar las almas negras“. Mientras que la llamada de Mao para una revolución cultural significaba deshacerse de los vestigios (entre otros, culturales) del viejo orden, Williams -no a diferencia de otros miembros del movimiento de las Artes Negras en los Estados Unidos- hablaba de librar a la cultura negra de una “mentalidad esclava“. Aunque adoptando algunas palabras del manifiesto del CCP (la “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China en relación a la Gran Revolución Cultural Proletaria“, publicada el 12 de agosto de 1966, en “Pekín Review“), el ensayo de Williams buscaba construir sobre la idea, no sobre la ideología de la Revolución Cultural. Como Mao, llamó a los artistas negros a abandonar los grilletes de las antiguas tradiciones y hacer arte sólo al servicio de la revolución. “El artista afroamericano debe hacer un esfuerzo decidido y consciente para reconstituir nuestra forma de arte y remodelar la nueva alma negra orgullosa y revolucionaria… Deben crear una nueva teoría y dirección y preparar a nuestro pueblo para la lucha más amarga, sangrienta y prolongada contra la tiranía racista y la explotación. El arte negra debe servir a los mejores intereses del pueblo negro. Debe convertirse en un arma poderosa en el arsenal de la revolución negra”. Los líderes del RAM coincidían. Un documento interno del RAM en 1967, titulado “Algunas cuestiones sobre el período actual“, clamaba por una revolución cultural negra a gran escala en los Estados Unidos cuyo objetivo sería “destruir los hábitos, actitudes, maneras, costumbres, filosofías, etc. opresivos condicionados por los blancos, que el opresor nos enseñó y nos capacitó para tener. Esto significa una nueva cultura revolucionaria a gran escala“. También significaba el fin del pelo procesado, el blanqueamiento de la piel, y otros símbolos que se repiten como un loro de la cultura dominante. Por supuesto, la revolución tenía como objetivo no sólo a los negros burgueses, sino también a los peluqueros y esteticistas.

La promoción consciente del arte como arma de la liberación negra no es nada nuevo, se puede encontrar, al menos, en la izquierda del Renacimiento de Harlem, si no antes. Y el movimiento de las Artes Negras en los Estados Unidos, por no hablar de prácticamente todos los otros movimientos contemporáneos de la liberación nacional, tomaba esta idea muy en serio. Fanon lo dice en “Los condenados de la Tierra“, traducción al inglés de lo que estaba en llamas durante la época. Sin embargo, la Revolución Cultural en China tenía gran influencia. Después de todo, muchos, si no la mayoría de los nacionalistas negros estaban familiarizados con China y Mao, e incluso si no reconociesen o no mostrasen las influencias de las ideas maoístas en la necesidad del arte revolucionario o de la naturaleza prolongada de la Revolución Cultural, las comparaciones son todavía impresionantes. Considere el manifiesto de 1968 “Nacionalismo Cultural Negro” de Maulana (Ron) Karenga. Publicado por primera vez en la “Negro Digest“, el ensayo tomó muchas de sus ideas del “Conversaciones en el foro de Yenán sobre Literatura y Arte” de Mao. Como Mao, Karenga insistía en que todo arte debe ser juzgado por dos criterios: “artístico” y “social” (“político”); que todo arte revolucionario debe ser para las masas; y que, en palabras de Karenga, el arte “debe ser funcional, esto es útil, ya que no podemos aceptar la falsa doctrina de “el arte por el arte“. Definitivamente podemos ver la influencia del maoísmo en los esfuerzos de Karenga por crear una cultura alternativa revolucionaria. Está claro, los siete principios de unidad Kwanzaa (el día de fiesta afroamericano que Karenga inventó y celebró por primera vez en 1967), la autodeterminación, el trabajo colectivo y la responsabilidad, la economía colectiva (socialismo), la creatividad, el propósito y hasta incluso la fe, son casi tan armónicos como las ideas de Mao en cuanto a la cultura “tradicional” africana. Y no es coincidencia que al menos uno de los principios, Ujamaa, o la “economía cooperativa,” fuese la base de la famosa “Declaración de Arusha” de 1964 del presidente de Tanzania Julius Nyerere, siendo Tanzania el primer y más importante aliado de China en África.

Aunque la deuda de Karenga con Mao pasase desapercibida, el PLP fue consciente de ella. El periódico del PLP, “Challenge“, publicó un artículo mordaz que atacaba al conjunto del movimiento de las Artes Negras y sus teóricos. Bajo el título “La Agitación [LeRoi] Jones-Karenga: Los “rebeldes” culturales nos engañan“, el artículo caracterizaba a Karenga como un “pseudo-intelectual” que “había leído completamente las “Conversaciones sobre Literatura y Arte” de Mao”. “En realidad, puede citar este trabajo como si lo hubiera escrito. Lo que hizo con este clásico marxista fue tirar su espíritu -la lucha de clases- y sustituirlo por ninguna lucha. Además, coloca el “arte” sobre la política y HACE DEL ARTE LA REVOLUCIÓN“. “El nacionalismo cultural“, continuaba el artículo, “no sólo es idolatrar los aspectos más reaccionarios de la historia africana. ¡Va tan lejos como para medir el compromiso revolucionario de alguien por la ropa que usa! Eso es parte de la “conciencia negra“.

Sin duda, la revolución se convirtió en un tipo de arte, o más precisamente, en un estilo distinto. Si eran afros o dashikis o chaquetas de cuero y pañuelos, la mayoría de los revolucionarios negros en los Estados Unidos desarrollaron su propio criterio estético. En el mundo editorial, “El Pequeño Libro Rojo de Mao” causó un tremendo impacto en los estilos literarios de los círculos radicales negros. La idea de que un libro de bolsillo de citas enérgicas y aforismos pudiese contener una variedad de asuntos de comportamiento ético, pensamiento y práctica revolucionaria, desarrollo económico, filosofía, etc, era atractivo para muchos activistas negros, independientemente de las alianzas políticas. El Pequeño Libro Rojo impulsó una industria artesanal de libros en miniatura expresamente para militantes negros. “El Libro Negro“, editado por Earl Ofari Hutchison (con ayuda de Judy Davis), es uno de los casos. Publicado por el Proyecto de Educación Radical (en 1970), “El Libro Negro” es una compilación de breves citas de W.E.B. Du Bois, Malcolm X y Frantz Fanon que se refieren a una variedad de asuntos relacionados con la revolución nacional y mundial. Las similitudes con las citas del Presidente Mao son impresionantes: los títulos de los capítulos son: “Cultura y Arte Negra“, “Política“, “Imperialismo“, “Socialismo“, “Capitalismo“, “Juventud“, “El Tercer Mundo“, “África“, “Acerca de América“, y “Unidad Negra“. La introducción de Earl Ofari Hutchison coloca la lucha en un contexto global y clama por las éticas revolucionarias y la “unificación tanto espiritual como física del Tercer Mundo“. “La verdadera negritud“, añade, “es un estilo de vida colectivo, un conjunto colectivo de valores y una visión del mundo común” que crece de las diferentes experiencias en el Oeste. El Libro Negro no fue escrito en defensa del nacionalismo negro contra la invasión del maoísmo. Más bien, Earl Ofari Hutchison cierra diciendo “luchadores por la libertad en todas partes, continúan leyendo su libro rojo, pero ponen al lado del revolucionario LIBRO NEGRO. Para ganar la batalla a continuación, ambos son necesarios“.

Otro texto de tradición popular era “Los Axiomas de Kwame Nkrumah: Edición Luchadores por la Libertad“. Encuadernado en cuero negro con letras doradas, el texto comienza con una línea de la cara destacando la importancia de la voluntad revolucionaria: “El secreto de la vida es no tener miedo“. Y con excepción de su enfoque africano, los capítulos son prácticamente indistinguibles del Libro Rojo. Los temas incluyen la “Revolución Africana“, “Ejército“, “Poder Negro“, “Capitalismo“, “Imperialismo“, “Militancia Popular“, “El Pueblo“, “Propaganda“, “Socialismo” y “Mujeres“. Muchas de las citas son, o vagas, o no logran trascender la propaganda obvia (“La mierda intelectual más delicada inventada por el hombre, fue la de la superioridad o inferioridad racial“, o “Un revolucionario sólo fracasa cuando se rinde“). Más importante aún, muchos de los pasajes de Nkrumah podrían haber salido directamente de la pluma de Mao, en particular las citas relativas a la necesidad de la movilización popular, la relación dialéctica entre pensamiento y acción, y las cuestiones relacionadas con la guerra, la paz y el imperialismo.

En cuanto al tema de la cultura, la mayoría de los grupos maoístas y antirrevisionistas en los Estados Unidos estaban menos preocupados con la creación de una nueva cultura revolucionaria que con destruir los vestigios de la antigua, o atacar lo que ellos consideraban, una cultura retrógrada, comercial burguesa. En este sentido, estaban a la par con la Gran Revolución Cultural Proletaria. En una crítica fascinante de la película Superfly publicada en el periódico del CP (ML) “The Call“, el escritor aprovecha la ocasión para criticar la contracultura tanto como el papel de los capitalistas en la promoción del uso de drogas en la comunidad negra. “Mirando a su alrededor, todo el mundo tiene sobredosis de drogas, son asesinados en tiroteos entre sí, y provocan “altos” accidentes industriales en el trabajo. Es evidente que la droga es un asesino tan grande como cualquier policía armado“. ¿Por qué una película comercializada para negros glorifica la cultura de las drogas? Porque “¡los imperialistas saben la verdad -si es adicto a las drogas, no tendrá tiempo para pensar en la revolución- están demasiado ocupados preocupándose por donde vendrá la próxima dosis!” La crítica también incluía un poco de historia de China: “Los ingleses hicieron todo lo que pudieron para viciar a los chinos [en el opio]. Era común que los obreros recibieran parte de sus salarios en opio, convirtiéndolos en adictos aún más rápido. Fue sólo la revolución la que deshizo la causa de esta miseria. Tomando su país de nuevo, y transformando su sociedad en una que realmente servía a la gente, no había necesidad de escapar de las drogas“.

Los ataques maoístas no se limitaron a los aspectos más reaccionarios de la cultura comercial de masas. El movimiento de las Artes Negras -un movimiento que, irónicamente, incluía figuras muy inspiradas por los desarrollos en China y Cuba- estaba bajo el análisis minucioso de la izquierda antirrevisionista. Grupos como el PLP y el CP (ML), a pesar de sus muchos desacuerdos sobre la cuestión nacional, coincidían en que el movimiento de las Artes Negras y su atracción a la cultura africana estaban mal formados, si no eran directamente contrarrevolucionarios. El PLP se refería a los nacionalistas culturales negros como empresarios pequeño-burgueses que vendían los aspectos más retrógrados de la cultura africana a las masas y “explotaban a las mujeres negras en nombre de la “cultura africana” y de la “revolución“. La misma editorial del PLP fustigaba al movimiento de las Artes Negras por “enseñar acerca de reyes y reinas de África e ‘imperios’ africanos. No existe aproximación de clases sin aviso previo de que estos reyes, etc, estaban oprimiendo a las masas africanas“. De la misma manera, una editorial en “The Call” en 1973, criticaba mordazmente el movimiento de las Artes Negras por “deslegitimar las genuinas aspiraciones nacionales de los negros en los Estados Unidos y sustituir la contracultura africana por la lucha antiimperialista“.

 

 

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Estos ataques era generalmente injustos, sobre todo por la forma en que colocaron una gran variedad de artistas, un puñado de artistas negros que habían llegado a conclusiones similares acerca de la dirección del movimiento de las Artes Negras. Para el novelista John Oliver Killens, la Revolución Cultural China ofrecía un modelo de transformación del nacionalismo cultural negro en fuerza revolucionaria. Como resultado de sus viajes a China a principios de los años 70, Killens publicó un importante ensayo en el “The Black World” (reeditado más tarde por la Asociación Popular de Amistad entre EEUU y China como un panfleto titulado “Hombre negro en la nueva China“) alabando la Revolución Cultural por ser, a su juicio, un suceso deslumbrante. De hecho, fue a propósito a China para averiguar por qué su revolución había prosperado “mientras que nuestra propia revolución cultural negra, tan florecida en los años sesenta, parece estar muriendo de pie“. En la época en que Killens estaba listo para regresar a los Estados Unidos, llegó a algunas conclusiones acerca de las limitaciones de la revolución cultural negra y de la fortaleza del modelo maoísta. En primer lugar, reconoció que todas las revoluciones exitosas deben ser permanente contínuas y prolongadas. En segundo lugar, el activismo cultural y el activismo político no son dos estrategias diferentes para la liberación, sino dos caras de la misma de moneda. En tercer lugar, un movimiento revolucionario debe ser independiente; debe crear instituciones culturales autosostenibles. Por supuesto, la mayoría de los radicales nacionalistas en el movimiento de las Artes Negras encontraron la mayor parte de esto independientemente y el artículo de Killens sólo reforzaba las lecciones. De todos modos, China enseñó a Killens otra lección de la que pocos hombres en el movimiento se dieron cuenta en la época: “Las mujeres sostienen la mitad del mundo“. “En algunas facciones muy vitales y militantes de la revolución cultural negra, las mujeres eran requeridas para “sentarse en el fondo del autobús“. …Esto es un pensamiento retrógrado y divisivo. Muchas mujeres se pusieron de pie y se fueron a por la Liberación Femenina. Y algunos de los hermanos parecían molestos y sorprendidos. Les hicimos sentirse así“.

El otro gran crítico negro del movimiento de las Artes Negras que acabó abrazando el maoísmo fue Amiri Baraka, fue una figura importante en la revolución cultural negra y objetivo precoz del abuso maoísta. Como fundador y líder del PAC y más tarde del RCL, Baraka hizo más de una crítica; en cambio, construyó un movimiento que pretendía sintetizar las innovaciones estilísticas y estéticas del movimiento de las Artes Negras con el pensamiento y la práctica del Marxismo-Leninismo-Maoísmo. Así como su odisea en el mundo de los Beats al mundo de Bandung ofrecía una visión del impacto de Mao en el radicalismo negro en los Estados Unidos, también lo hizo su transición de nacionalista cultural a comunista comprometido. Más que cualquier otro maoísta o antirrevisionista, Baraka y el RCL sintetizaron el esfuerzo más consciente y perdurable para llevar a cabo la Gran Revolución Cultural Proletaria en las ciudades interiores de América y transformarla de una forma que pudiese conversar con la clase obrera negra.

Habiendo dejado el Movimiento de las Artes Negras en Harlem y la Spirit House en Newark, Baraka era por encima de todo un profesional de la cultura. Mientras que él y el Congreso de los Pueblos Africanos habían cambiado del nacionalismo cultural al marxismo, este profundo cambio ideológico se manifestó a través de cambios en las prácticas culturales. Tratando el “nacionalismo cultural primitivista pequeño-burgués negro” como no científico y metafísico, advirtió a sus camaradas contra el “sesgo cultural que puede hacernos pensar que podemos volver a la África pre-esclavista, y al romance de feudalismo“. Por otra parte, el PAC cambió el nombre de su publicación “Black Newark” por “Unidad y Lucha” para reflejar su transición desde una perspectiva nacionalista cultural a la comprensión más profunda de los “requisitos dialécticos de la revolución“. La “Spirit House Movers” (grupo de teatro del CAP) era ahora llamada “Afrikan Revolutionar Movers” (ARM), y un grupo de profesionales de la cultura asociado a la Spirit House formó un grupo musical llamado “Cantantes Antiimperialistas” (Anti-imperialis Singers). Abandonaron las túnicas africanas así como “las charlatanas prácticas masculinas que eran tomadas como parte del “tradicionalismo africano”, como la separación de la educación política de hombres y mujeres“. Y la fiesta oficial del PAC, conocida como “Leo Baraka” por el cumpleaños de Baraka, se convirtió en un día dedicado enteramente al estudio del pensamiento Marxista-Leninista-Maoísta, la “cuestión femenina”, y los problemas del desarrollo del núcleo.

En 1976, el año en que el PAC se conviertió en la Liga Comunista Revolucionaria, Baraka había recorrido un largo camino desde su alianza con Ron Karenga. En un poema titulado “Hoy“, publicado en un pequeño libro de poesías llamado “Hechos Concretos” (Hard Facts -1976), la posición de Baraka en cuanto al nacionalismo cultural face-to-face a la lucha de clases es inequívoca:

Fraudes en piel de leopardo, traficantes de turbante
exploraciones del color de la piel, capitalistas de color, negros
exploradores, jugadores de la Embajada Americana
que acechan en las embajadas africanas luchando por
billetes de avión, cócteles guerrilleros, cuya
única conexión con un partido es el estilo de
Frankie Crocker.
¿Dónde están los hermanos y hermanas de la revolución?
¿Dónde está la movilización de las masas liderada
por el sector avanzado de la clase obrera?
¿Dónde está la unidad-crítica-unidad. La autocrítica
y la crítica? ¿Dónde están el trabajo y el estudio?. ¿La
claridad ideológica? ¿Por qué sólo poses y
actitudes y no teorías unilaterales subjetivas
describiendo sólo su negro educado
pequeño-burgués diciendo que podrá dar
una conferencia, ‘listillo’, pero no hará
solito la revolución.

Baraka trató de poner este manifiesto en práctica a través del trabajo cultural intensivo basado en las comunidades. Uno de los procesos más exitosos del RCL fue la Unión Cultural Antiimperialista (AICU), una organización obrera cultural multinacional con sede en Nueva York y fundada a finales de los 70. En noviembre de 1978, la AICU patrocinó el Festival de la Cultura Popular, lo que atrajo a unas quinientas personas para escuchar poesía leída por Askia Toure, Miguel Algarín, y Sylvia Jones junto con algunas actuaciones musicales de un grupo creado por el RCL llamado Conjunto Proletario (Proletarian Ensemble). A través de grupos como Conjunto Proletario y Vanguardia Obrera (Advanced Workers – otro grupo musical formado por RCL), el RCL difundía su mensaje de la revolución proletaria, de la autodeterminación negra y de su crítica al capitalismo a los grupos comunitarios y escolares por la Newark Negra, Nueva York y otras ciudades de la costa este.

El teatro parecía ser la principal vía de Baraka para la Revolución Cultural Proletaria Negra. Entre los muchos proyectos de la AICU, el taller del Teatro Yenán proyectaba claramente la visión de Mao sobre el arte revolucionario. El Teatro Yenán produjo unas cuantas de sus de sus obras, incluyendo una actuación memorable de “¿Cuál era la relación del llanero solitario con los medios de producción?” En 1975-76, Baraka escribió dos piezas nuevas, “Motion of History” y “S-1“, que quizás representaba la expresión más clara de su cambio. Como él mismo dijo, “del radicalismo pequeño-burgués (y su punto más bajo del nacionalismo cultural burgués) para finalmente entender la ciencia de la revolución, el pensamiento Marxista-Leninista-Maoísta“. “Motion of History” es una larga pieza épica que trata de casi todo en la tierra, incluyendo la esclavitud y las revueltas de esclavos, el capitalismo industrial, los derechos civiles, el Black Power, la inmigración irlandesa y el racismo blanco. Prácticamente todo lo revolucionario o reformista que tenga algo que ver con la lucha por la libertad negra aparece en la obra, incluyendo a John Brown, H. Rap Brown, Lenin, Karenga, Harriet Tubman, Denmark Vesey y Nat Turner. A través de escenas de obreros discutiendo de política en la fábrica o en grupos de estudios marxistas, el público aprende sobre la historia de la esclavitud, el ascenso del capitalismo industrial, el imperialismo, la plusvalía, la sobreproducción relativa y la brutalidad racista del día a día al cual los afroamericanos y los latinos están sometidos. En el espíritu de la literatura proletaria, “Motion of History” termina con una nota optimista en un emocionante encuentro en el que los presentes se comprometen a la construcción de un partido revolucionario obrero multirracial, multiétnico y basado en el pensamiento Marxista-Leninista-Maoísta. “S-1” comparte muchas similitudes con “Motion of History”, aunque su enfoque es principalmente lo que Baraka y el RCL veían como el ascenso del fascismo en los Estados Unidos. Una obra sobre un grupo Marxista-Leninista-Maoísta que lucha contra una legislación anti-rebelión. Baraka la escribió en respuesta a la “Ley de Revisión y Reforma de la Codificación de la Justicia Penal” del Senador Bill, conocida como S-1, lo que permitiría al Estado adoptar medidas extremadamente represivas para combatir los movimientos radicales. El S-1 dio a la policía y al FBI mayor libertad para buscar y apropiarse de los materiales de los grupos radicales, así como el permiso para retener sospechosos durante cuarenta y ocho horas sin la aprobación del tribunal. La ley también proponía ejecuciones obligatorias por determinados delitos, y revivía la Ley Smith, sometiendo a cualquier grupo o persona, basándose en la “destrucción del gobierno“, a una pena de quince años y multas por más de 100.000$. El aspecto más llamativo de la ley era la disposición “Liderar una revuelta“, lo que permitía al tribunal sentenciar a una pena de prisión o una multa de 100.000$ a cualquier persona que promoviese una asamblea de cinco personas con la intención de causar “daños graves a la propiedad“.

No sabemos cómo los activistas y obreros respondieron a las obras de Baraka durante el periodo ultra-radical de la AICU y del RCL, y la mayoría de los críticos culturales actuaron como si estas obras no fuesen dignas de comentario. Independientemente de lo que alguien piense sobre estas obras, como arte, propaganda, o ambos, es relevante pensar que a finales de los años 70, un puñado de niños del interior de Newark podía ver actuaciones que defendían la revolución en América y trataban de exponer la codicia del capitalismo. Y todo esto sucedió en medio de la llamada generación del “yo“, cuando supuestamente no había izquierda radical para hablar de ello. (Por supuesto, la elección de Reagan en 1980 es citada como evidencia de la falta de desafío político de la izquierda, así como la razón para la corta resurrección de los partidos marxistas en los Estados Unidos entre 1980 y 1985).

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Adiós Mao, ¿La fiesta terminó?

 

Dependiendo de donde uno se posicione políticamente, y con quien, se puede fácilmente concluir que el maoísmo estadounidense murió cuando murió Mao en 1976. En China esto es verdad; la aniquilación de la viuda de Mao, Jian Quing, y el resto de la Banda de los Cuatro y el rápido ascenso de Deng Xiaoping sugiere que el maoísmo no tiene la menor posibilidad de retorno. Y mientras que algunos manifestantes en la Plaza de Tiananmen a mediados de los años 80 se vieron en la tradición de los estudiantes radicales de la Revolución Cultural, la gran mayoría ni invocaba el nombre de Mao al servicio de su propio movimiento democrático (algunos lo llaman burgués).

Pero decir que el maoísmo, de alguna manera, murió, es exagerar. Todavía existen organizaciones maoístas en los Estados Unidos, y algunos son muy activas en la escena política. El movimiento maoísta internacional mantiene un lugar, así como el PLP (aunque difícilmente pueden ser llamados “maoístas” en la actualidad), y el RCP están más omnipresentes que nunca. Por supuesto, existen algunas evidencias para sugerir que el RCP desempeñó un papel importante ayudando a redactar el manifiesto post-LA de la rebelión Blood and Crips, “Dadnos el martillo y los clavos y reconstruiremos la ciudad“. El antiguo CLP, ahora llamado Liga de los Revolucionarios, tiene una fuerte continuidad en Chicago así como en algunos radicales increíblemente talentosos, entre ellos General Baker y Abdul Alkalimat. Más importante, incluso si se reconoce que el número de activistas se ha reducido sustancialmente desde mediados de los años 70, es que las personas que se quedaron en esos movimientos seguían comprometidos con la liberación negra, incluso aunque sus estrategias y tácticas resultasen insensibles o mal encaminadas. Cualquiera que conozca un poco de política, sabe que la campaña presidencial de Jesse Jackson en 1984 fue invadida por un arco iris de coaliciones maoístas, o que una variedad de organizaciones maoístas estuvieron representadas en el Partido Político Independiente Nacional Negro. En otras palabras, ahora que tantos liberales estadounidenses se están uniendo a la reacción contraria de los negros pobres y a la acción afirmativa, ya sea por la participación activa o el silencio, algunos de estos revolucionarios autoproclamados todavía quieren “mover montañas” al servicio del pueblo negro. El ejemplo más trágico y heróico de esto viene de Greensboro, Carolina del Norte, donde cinco miembros del Partido Comunista Obrero (anteriormente Organización Perspectiva Obrera) fueron asesinados por miembros del Klan y por nazis durante una manifestación anti-Klan el 3 de noviembre de 1979.

Permanece el hecho, sin embargo, de que el auge del maoísmo pasó. Las razones son variadas, tiende a verse como el declive general del radicalismo negro, la naturaleza autodestructiva de las políticas sectarias, y las decisiones desastrosas de China en cuanto a la política exterior del cara-a-cara con África y el Tercer Mundo. Sin embargo, la mayoría de los maoístas negros autoproclamdaos en la historia -al menos los más honestos- probablemente deben su mayor deuda intelectual a Du Bois, Fanon, Malcolm X, Che Guevara, y Harold Cruse, por no hablar de Stalin y Lenin. Pero Mao Tse-Tung y la Revolución China dejaron una marca permanente en la política radical negra, una marca importante cuyo impacto sólo comenzamos a explorar en este artículo. En un momento en el que un grupo de países no alineados trataban de desafiar las políticas binarias creadas por la política de la Guerra Fría, cuando los nacionalistas africanos trataron de planificar un futuro postcolonial, cuando Fidel Castro y un puñado de militantes exhaustos hicieron lo imposible, cuando cafeterías del sur y guettos del norte se convirtieron en salas de cine de la nueva revolución, allí estaba China, la nación más poderosa de color de la tierra.

La China de Mao, con la Revolución Cubana y el nacionalismo africano, internacionalizaron la revolución negra de manera profunda. Mao dio a los radicales negros un modelo no occidental del marxismo que daba más énfasis a las condiciones locales y a las circunstancias históricas que los textos canónicos. El Gran Salto Adelante de China desafió la idea de que la marcha hacia el socialismo debería ocurrir en etapas, o que se debería esperar pacientemente por las propias condiciones objetivas para seguir adelante. Para muchos jóvenes radicales que estudiaron la democracia social y/o la política antirracista, la “concienciación” en el estilo maoísta de la crítica y la autocrítica era una poderosa alternativa a la democracia burguesa. Pero la concienciación era más que trabajo propagandista; era trabajo intelectual en el contexto de la práctica revolucionaria. “Todo conocimiento auténtico se origina de la experiencia directa“, dice Mao en su ensayo ampliamente leído “Sobre la práctica” (1937). Esta idea de conocimiento derivando dialécticamente de la práctica a la teoría dotó de poder a los radicales para cuestionar la habilidad de los sociólogos, psicólogos, economistas, etc, cuyos grandes pronunciamientos sobre las causas de la pobreza y del racismo pasaban sin oposición. Así que, en una época de tecnócratas liberales, los maoístas -desde círculos radicales negros hasta movimientos de liberación femenina- trataban de derrocar los conceptos políticos habilidosos. Desarrollaban análisis, participaban en debates, y publicaban revistas, periódicos, documentos de posición, folletos e incluso libros. Y aunque raramente coincidían unos con otros, se veían a sí mismos como productores de nuevos conocimientos. Creían, como dijo Mao, que “estas ideas se convierten en una fuerza material que transforma la sociedad y el mundo“.

Las ideas únicas no cambian el mundo, sin embargo, la gente cambia. Y tener la voluntad y la energía para cambiar el mundo requiere más que el análisis correcto y el compromiso directo con las masas: además, requiere fe y voluntad. En eso los maoístas tienen mucho en común con algunas tradiciones bíblicas muy antiguas. Al final, si el pequeño David puede derribar a Goliat con sólo una bala, sin duda, una “sola chispa puede incendiar toda por la pradera“.

 

 
Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Souls”, Vol.1, Nº4. Radicalism in Black America.

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