Con motivo de la aparición de “El Comunista”

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Desde hacía tiempo, el Comité Central proyectaba publicar una revista interna del Partido, y ahora esto se ha hecho ya realidad. Tal revista es necesaria para construir un Partido Comunista de China bolchevizado que abarque todo el país, tenga un amplio carácter de masas y esté plenamente consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo. Esta necesidad se torna aún más evidente en la situación actual, que se caracteriza, de un lado, por el creciente peligro de capitulación, de ruptura y de retroceso en el seno del frente único nacional antijaponés, y, del otro, por el hecho de que nuestro Partido ha salido de sus estrechos límites para convertirse en un gran partido de envergadura nacional. El deber del Partido consiste en movilizar a las masas para superar el peligro de capitulación, de ruptura y de retroceso, y en prepararse para hacer frente a cualquier brusco cambio eventual, de modo que si éste llega a producirse, el Partido y la revolución no sufran pérdidas imprevistas. En estas circunstancias, la edición de una revista interna del Partido como la presente es en verdad muy necesaria.

Esta revista interna del Partido se denomina El Comunista. ¿Cuál es su propósito? ¿De qué tratará? ¿En qué se diferenciará de otras publicaciones del Partido?

Su propósito es ayudar a construir un Partido Comunista de China bolchevizado que abarque todo el país, tenga un amplio carácter de masas y esté plenamente consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo. Es imperioso para la victoria de la revolución china construir tal Partido, y ya están dadas, en lo fundamental, las condiciones subjetivas y objetivas para ello; esta gran empresa se encuentra ahora en marcha. Su realización requiere una ayuda que sobrepasa las posibilidades de las publicaciones ordinarias del Partido; así se hace necesaria una publicación especial, razón por la cual aparece El Comunista.

En cierta medida, el nuestro ya es un partido de envergadura nacional y un partido con carácter de masas; y, si se considera su núcleo dirigente, una parte de sus militantes, su línea general y su labor revolucionaria, ya es un partido bolchevizado y consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo.

¿Por qué, entonces, se plantea ahora la nueva tarea?

He aquí las razones. En la actualidad, tenemos muchas organizaciones recién formadas en que militan gran número de nuevos miembros del Partido, las cuales no pueden ser consideradas todavía como organizaciones con un amplio carácter de masas, no están aún consolidadas en los terrenos ideológico, político y organizativo y no están aún bolchevizadas. Al mismo tiempo, surgen la cuestión de elevar el nivel de los viejos militantes del Partido y la cuestión de avanzar aún más en la consolidación, en esos tres terrenos, de las viejas organizaciones y en su bolchevización. Las circunstancias en que se encuentra el Partido y las tareas que le incumben, difieren mucho de las de los períodos de las guerras civiles revolucionarias; las circunstancias son ahora mucho más complejas, y las tareas, mucho más arduas.

El presente período es el del frente único nacional, y hemos formado un frente único con la burguesía; es el período de la Guerra de Resistencia contra el Japón, y las fuerzas armadas de nuestro Partido, coordinándose con los ejércitos amigos, sostienen en el campo de batalla una encarnizada guerra contra el enemigo; es el período en que nuestro Partido se ha transformado en un gran partido de amplitud nacional, y ya no es lo que era antes. Si examinamos estas circunstancias en su interconexión, comprenderemos cuán gloriosa y seria es la tarea que nos hemos propuesto: “Construir un Partido Comunista de China bolchevizado que abarque todo el país, tenga un amplio carácter de masas y esté plenamente consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo“.

Este es el tipo de partido que queremos construir, pero ¿cómo debemos proceder? No podemos resolver esta cuestión al margen de la historia de nuestro Partido, de la historia de sus dieciocho años de lucha. Desde que nuestro Partido celebró su I Congreso Nacional en 1921, han transcurrido exactamente dieciocho años. Durante este tiempo, el Partido ha pasado por numerosas grandes luchas. En ellas  se han templado sus miembros, sus cuadros y sus organizaciones. Han vivido grandes victorias de la revolución y también serias derrotas. El Partido formó un frente único nacional con la burguesía y luego, a raíz de la ruptura de este frente, llevó a cabo una dura lucha armada contra la gran burguesía y sus aliados. Desde hace tres años se halla de nuevo en un período de frente único nacional con la burguesía. La revolución china y el Partido Comunista de China se han desarrollado precisamente a través de esta compleja relación con la burguesía. Esto constituye una particularidad histórica, que es propia del proceso revolucionario en una colonia o semicolonia y no existe en la historia de la revolución de ningún país capitalista. Además, el hecho de que China sea un país semicolonial y semifeudal, de desigual desarrollo político, económico y cultural, con una economía predominantemente semifeudal y un inmenso territorio, no sólo determina que en su etapa actual la revolución china sea por su carácter una revolución democrático-burguesa, que los blancos principales de la revolución sean el imperialismo y el feudalismo, que las fuerzas motrices fundamentales de la revolución sean el proletariado, el campesinado y la pequeña burguesía urbana, y que, en ciertos períodos y hasta cierto punto, la burguesía nacional se sume a la revolución, sino que determina también que la forma principal de lucha en la revolución china sea la lucha armada. Puede decirse que la historia de nuestro Partido es una historia de lucha armada. El camarada Stalin ha dicho: “En China, la revolución armada combate a la contrarrevolución armada. Tal es una de las peculiaridades y una de las ventajas de la revolución china“. Esta observación es muy justa. Dicha peculiaridad, propia de la China semicolonial, no existe, o no se presenta de la misma manera, en la historia de las revoluciones dirigidas por los Partidos Comunistas en los países capitalistas. Así, pues, la revolución democrático-burguesa de China tiene dos características fundamentales: 1) el proletariado o bien establece un frente único nacional revolucionario con la burguesía, o lo rompe cuando se ve obligado a ello, y 2) la lucha armada es la Forma principal de la revolución. No consideramos aquí como característica fundamental la relación del Partido con el campesinado y su relación con la pequeña burguesía urbana, pues, primero, estas relaciones son en principio las mismas que tienen todos los Partidos Comunistas del mundo, y segundo, en China, cuando hablamos de la lucha armada, nos referimos en el fondo a la guerra campesina, y la estrecha relación del Partido con la guerra campesina y su relación con el campesinado son una y la misma cosa.

Debido a estas dos características fundamentales, y precisamente a ellas, la construcción de nuestro Partido y su bolchevización se efectúan en circunstancias particulares. Los fracasos o triunfos del Partirlo, sus retrocesos o avances, su reducción o ampliación, su desarrollo y consolidación, están todos necesariamente ligados a la relación del Partido con la burguesía y a su relación con la lucha armada. Cuando nuestro Partido adopta una línea política correcta respecto al establecimiento del frente único con la burguesía, o a la ruptura de dicho frente al verse obligado a ella, da un paso adelante en su desarrollo, consolidación y bolchevización; en cambio, da un paso atrás en estos mismos aspectos si adopta una línea incorrecta en su relación con la burguesía. Del mismo modo, nuestro Partido avanza en su desarrollo, consolidación y bolchevización cuando trata en forma correcta la cuestión de la lucha armada revolucionaria; en cambio, si la trata en forma incorrecta, da un paso atrás. Así, durante estos dieciocho años, la construcción del Partido y su bolchevización han estado estrechamente ligadas a su línea política, a su manera acertada o incorrecta de tratar las cuestiones del frente único y de la lucha armada. Esta conclusión queda palmariamente confirmada por los dieciocho años de historia del Partido. Y viceversa: cuanto más se bolcheviza el Partido, más capacitado está para elaborar correctamente su línea política y resolver de manera acertada las cuestiones del frente único y de la lucha armada. También esta conclusión queda corroborada por los dieciocho años de historia del Partido.

Por consiguiente, el frente único, la lucha armada y la construcción del Partido constituyen las tres cuestiones fundamentales que enfrenta nuestro Partido en la revolución china. Comprender correctamente estas tres cuestiones y su interconexión equivale a dirigir de manera acertada toda la revolución china. Gracias a la rica experiencia acumulada en los dieciocho años de existencia de nuestro Partido, profunda y rica experiencia de fracasos y triunfos, de retrocesos y avances, de reducción y desarrollo, estamos ya en condiciones de sacar conclusiones justas en cuanto a las tres cuestiones. Esto significa que ya estamos en condiciones de resolverlas correctamente. Quiere decir también que la experiencia de estos dieciocho años nos ha permitido comprender que el frente único, la lucha armada y la construcción del Partido son nuestras tres “armas mágicas”, las tres principales armas del Partido Comunista de China para vencer al enemigo en la revolución. Este es un gran éxito del Partido Comunista de China y también de nuestra revolución.

Examinemos ahora sucintamente cada una de estas tres “armas mágicas”, cada una de estas tres cuestiones.

El frente único del proletariado chino con la burguesía y otras clases se ha desarrollado durante estos dieciocho años en tres situaciones o fases diferentes: la Primera Gran Revolución de 1924-1927, la Guerra Revolucionaria Agraria de 1927-1937 y la actual Guerra de Resistencia contra el Japón. La historia de estas tres fases ha confirmado las leyes siguientes:

1) Debido a que la mayor opresión en China es la opresión extranjera, la burguesía nacional puede, en ciertos períodos y hasta cierto punto, participar en la lucha contra el imperialismo y los caudillos militares feudales. Por ello, en tales períodos, el proletariado debe establecer un frente único con la burguesía nacional y mantenerlo hasta donde sea posible.

2) Dada su debilidad económica y política, la burguesía nacional china puede, en otras circunstancias históricas, vacilar y claudicar. Por ello, la composición del frente único revolucionario de China no puede ser inmutable del comienzo al fin, sino que está sujeta a cambios. En algunos períodos, la burguesía nacional participa en él, y en otros, no.

3) La gran burguesía compradora china es una clase al servicio directo del imperialismo y sustentada por él. En consecuencia, ha sido siempre un blanco de la revolución. Sin embargo, como detrás de los diferentes grupos de esta gran burguesía están las distintas potencias imperialistas, cuando se agudizan las contradicciones entre éstas, y cuando el filo de la revolución se dirige principalmente contra una de ellas, es posible que los grupos de la gran burguesía que dependen de otras participen, hasta cierto punto y en determinados períodos, en la lucha contra esa potencia imperialista. En tales períodos, a fin de debilitar al enemigo y robustecer sus propias fuerzas de reserva, el proletariado chino puede establecer con estos grupos de la gran burguesía un frente único y, a condición de que sea útil para la revolución, debe mantenerlo en la medida de lo posible.

4) La gran burguesía compradora continúa siendo muy reaccionaria incluso cuando participa en el frente único y lucha junto al proletariado contra el enemigo común. Se opone obstinadamente al desarrollo ideológico, político y organizativo del proletariado y de su partido y trata de restringirlo, y adopta una política de zapa recurriendo al engaño, el soborno, la “dilución” los ataques, etc.; con esta política prepara el terreno para capitular ante el enemigo y romper el frente único.

5) El firme aliado del proletariado es el campesinado.

6) La pequeña burguesía urbana es asimismo un aliado digno de confianza.

La justeza de estas leyes ha sido confirmada durante la Primera Gran Revolución y la Revolución Agraria, y también lo está siendo en la presente Guerra de Resistencia contra el Japón. Por lo tanto, en el problema de la formación de un frente único con la burguesía (sobre todo con la gran burguesía), el partido del proletariado debe mantener una decidida y rigurosa lucha en dos frentes. Por un lado, hay que combatir el error de desatender la posibilidad de que la burguesía participe, en ciertos períodos y hasta cierto punto, en la lucha revolucionaria. Este error consiste en identificar a la burguesía china con la de los países capitalistas y, por ello, ignorar la política de formar un frente único con la burguesía y mantenerlo en la medida de lo posible; ésta es una actitud “izquierdista” de “puertas cerradas”. Por otro lado, hay que luchar contra el error de identificar el programa, la política, la ideología, la práctica, etc., del proletariado con los de la burguesía, pasando por alto las diferencias de principio entre unos y otros. Este error consiste en no tener en cuenta el hecho de que la burguesía (sobre todo la gran burguesía) recurre a todos los medios para influir no sólo sobre la pequeña burguesía y los campesinos, sino también sobre el proletariado y el Partido Comunista, y se esfuerza por liquidar la independencia ideológica, política y organizativa del proletariado y del Partido Comunista, por transformarlos en apéndices de ella y su partido, y por conseguir que los frutos de la revolución caigan en sus manos y en las de su partido; consiste igualmente en desatender el hecho de que la burguesía (sobre todo la gran burguesía) traiciona a la revolución tan pronto como ésta choca con los intereses egoístas de ella y su partido. No prestar atención a estos aspectos es oportunismo de derecha. El rasgo característico del oportunismo de derecha de Chen Tu-siu consistía precisamente en llevar al proletariado a adaptarse a los intereses egoístas de la burguesía y su partido, lo cual fue la causa subjetiva del Fracaso de la Primera Gran Revolución. Este doble carácter de la burguesía china en la revolución democrático-burguesa ejerce una influencia extraordinariamente grande sobre la línea política del Partido Comunista de China y sobre su construcción. Es imposible entender la línea política y la construcción del Partido sin comprender ese doble carácter de la burguesía china. Una parte importante de la línea política del Partido Comunista de China es la alianza y la lucha con la burguesía. Una parte importante de la construcción del Partido Comunista de China la constituye el hecho de que éste crezca y se forje precisamente en la alianza y en la lucha con la burguesía. Por alianza se entiende en este caso el frente único con la burguesía. Por lucha se entiende la lucha “pacífica” e “incruenta” en los terrenos ideológico, político y organizativo, cuando el Partido mantiene la alianza con la burguesía, y la lucha armada, cuando el Partido se ve obligado a romper con la burguesía. Si el Partido no sabe aliarse en ciertos períodos con la burguesía, no podrá avanzar, y la revolución no podrá desarrollarse. Si, durante su alianza con la burguesía, no sabe sostener al mismo tiempo una decidida y seria lucha “pacífica” contra ella, el Partido se desintegrará ideológica, política y organizativamente, y la revolución fracasará; asimismo, si cuando se ve obligado a romper con la burguesía, el Partido no entabla una decidida y seria lucha armada contra ella, se desintegrará también, y la revolución fracasará. Todo esto ha sido confirmado por la historia de los últimos dieciocho años.

La lucha armada del Partido Comunista de China es una guerra campesina bajo la dirección del proletariado. Su historia puede igualmente dividirse en tres fases. La primera es la fase de la participación en la Expedición al Norte. Por entonces, aunque nuestro Partido había comenzado a adquirir conciencia de la importancia de la lucha armada, todavía no la comprendía a fondo, no comprendía que la lucha armada era la principal forma de lucha en la revolución china. La segunda es la fase de la Guerra Revolucionaria Agraria. En ese tiempo, nuestro Partido creó sus propias fuerzas armadas, aprendió el arte de hacer la guerra independientemente y estableció el Poder popular y bases de apoyo. Nuestro Partido sabía ya coordinar directa o indirectamente con la lucha armada, forma principal, las muchas otras formas de lucha necesarias; es decir, sabía ya coordinar con la lucha armada, directa o indirectamente en escala nacional, la lucha de los obreros, la de los campesinos (que es lo principal), la de los jóvenes, de las mujeres y otros sectores del pueblo, la lucha por el establecimiento de órganos de Poder, la lucha en el frente económico, en el frente del contraespionaje y en el frente ideológico, etc. Y esa lucha armada era  la revolución agraria que realizaban los campesinos bajo la dirección del proletariado. La tercera es la fase de la presente Guerra de Resistencia contra el Japón. En esta fase, nos hallamos en condiciones de aprovechar la experiencia de lucha armada adquirida en la primera fase y sobre todo en la segunda, así como la experiencia referente a la coordinación entre la lucha armada y las otras formas de lucha necesarias. En líneas generales, nuestra lucha armada puede definirse actualmente como guerra de guerrillas. ¿Qué es esta guerra de guerrillas? Es la forma de lucha indispensable, y por lo tanto la mejor, que en un país atrasado, en un vasto país semicolonial, deben adoptar por largo tiempo las fuerzas armadas populares a fin de vencer al enemigo armado y crear sus propias bases. Hasta el presente, la línea política de nuestro Partido y su construcción han estado estrechamente ligadas a esta forma de lucha. Separadamente de la lucha armada, de la guerra de guerrillas, no se podrá comprender nuestra línea política ni, por consiguiente, la construcción de nuestro Partido. Una parte importante de nuestra línea política es precisamente la lucha armada. Durante estos dieciocho años, nuestro Partido ha aprendido gradualmente a hacer la lucha armada y ha perseverado en ella. Estamos conscientes de que, sin lucha armada, en China no habrá lugar para el proletariado, ni para el pueblo, ni para el Partido Comunista, y la revolución no podrá triunfar. Es en medio de guerras revolucionarias como nuestro Partido se ha desarrollado, consolidado y bolchevizado en los dieciocho años pasados; sin la lucha armada, el Partido Comunista no habría llegado a ser lo que es hoy. Ningún camarada del Partido debe olvidar jamás esta experiencia que hemos pagado con sangre.

El proceso de la construcción del Partido, el proceso de su desarrollo, consolidación y bolchevización, presenta también tres Fases.

La primera es la fase de la infancia del Partido. A comienzos ya mediados de esta fase, la línea del Partido era justa, y el entusiasmo revolucionario de sus militantes y cuadros rayaba a extraordinaria altura; de ahí las victorias en la Primera Gran Revolución. Con todo, en aquel tiempo, el Partido estaba todavía en su infancia, no tenía experiencia en las tres cuestiones Fundamentales: frente único, lucha armada y construcción del Partido, no conocía bien las condiciones históricas y sociales de China, ni las características y leyes de la revolución china, y carecía todavía de una comprensión cabal de la unidad entre la teoría marxista-leninista y la práctica de la revolución china. Por ello, en las postrimerías de esta fase, en el momento crítico, los que ocupaban las posiciones predominantes en los organismos dirigentes del Partido, no supieron conducirlo a la consolidación de las victorias de la revolución, sino que se dejaron engañar por la burguesía, llevando así la revolución al fracaso. Durante esta fase, el Partido creció, pero no supo consolidar sus organizaciones ni ayudar a los militantes y cuadros a fortalecerse ideológica y políticamente. Los nuevos miembros eran muy numerosos, pero no se les dio la necesaria educación marxista-leninista. Las experiencias en el trabajo eran abundantes, pero no fueron sintetizadas debidamente. Muchos arribistas se infiltraron en el Partido, pero no fueron excluidos. El Partido se encontraba rodeado de conspiraciones e intrigas tanto de enemigos como de aliados, pero carecía de vigilancia. Surgió un gran número de militantes activos, pero no se alcanzó a formar una sólida armazón del Partido. El Partido disponía de cierta cantidad de fuerzas armadas revolucionarias, pero no fue capaz de conservarlas. Todo esto se explica porque carecía de experiencia, no tenía un conocimiento profundo de la revolución ni sabía integrar la teoría marxista-leninista con la práctica de la revolución china. Tal fue la primera fase de la construcción del Partido.

La segunda es la fase de la Guerra Revolucionaria Agraria. Gracias a la experiencia adquirida durante la primera fase, a una mejor comprensión de las condiciones históricas y sociales de China y de las características y leyes de la revolución china, y también a que nuestros cuadros habían asimilado mejor la teoría marxista-leninista y sabían mejor cómo integrarla con la práctica de la revolución china, nuestro Partido pudo llevar adelante con éxito, durante diez años, la lucha revolucionaria agraria. La burguesía había traicionado, pero el Partido supo apoyarse firmemente en los campesinos. Las organizaciones del Partido no sólo volvieron a crecer, sino que se consolidaron. El enemigo efectuaba una diaria labor de sabotaje contra nuestro Partido, pero éste expulsó de su seno a los saboteadoras. Surgieron de nuevo numerosos cuadros y se convirtieron en una sólida armazón del Partido. El Partido abrió el camino del Poder popular, y así aprendió el arte de gobernar. Creó potentes fuerzas armadas, y así aprendió el arte de la guerra. Todos éstos fueron grandes progresos y éxitos del Partido. Sin embargo, en el curso de esta gran lucha, una parte de nuestros camaradas se hundieron para siempre o permanecieron por un tiempo en el cenagal del oportunismo. Esto se debió nuevamente a que no aprendieron con modestia de las experiencias del pasado, a que no comprendieron las condiciones históricas y sociales de China, ni las características y leyes de la revolución china, ni la unidad entre la teoría marxista-leninista y la práctica de la revolución china. Por eso, a lo largo de esta fase, ciertos cuadros de los organismos dirigentes del Partido no supieron seguir una justa línea política y organizativa. El Partido y la revolución fueron perjudicados, durante un tiempo, por el oportunismo de “izquierda” del camarada Li Li-san, y durante otro, por el oportunismo de “izquierda” en la guerra revolucionaria y en el trabajo en las zonas blancas. Sólo luego de la Reunión de Tsunyi (reunión del Buró Político del Comité Central celebrada en enero de 1935 en Tsunyi, provincia de Kuichou), el Partido emprendió definitivamente el camino de su bolchevización, y sentó los cimientos para su ulterior victoria sobre el oportunismo de derecha de Chang Kuo-tao y para el establecimiento del frente único nacional antijaponés. Tal fue la segunda fase del desarrollo del Partido.

La tercera es la fase del frente único nacional antijaponés. Dura ya tres años, y la lucha en este lapso reviste una significación excepcional. Valido de la experiencia adquirida en las dos fases precedentes de la revolución, del poderío de su organización y de sus fuerzas armadas, de su elevado prestigio político entre todo el pueblo, y de una comprensión más profunda de la unidad entre la teoría marxista-leninista y la práctica de la revolución china, el Partido no sólo ha establecido el frente único nacional antijaponés, sino que ha venido sosteniendo la gran Guerra de Resistencia contra el Japón. Organizativamente, ha salido de sus estrechos límites para convertirse en un gran partido de amplitud nacional. Sus fuerzas armadas se han incrementado de nuevo y se han fortalecido en la lucha contra el invasor japonés. Ha crecido su influencia entre todo el pueblo. Todos éstos son enormes éxitos. Sin embargo, gran número de nuevos militantes no han recibido todavía la educación necesaria, y muchas nuevas organizaciones no están aún consolidadas; sigue existiendo una gran diferencia entre ellos y los viejos miembros y organizaciones del Partido. Gran número de nuevos militantes y cuadros no tienen suficiente experiencia revolucionaria. Es nula o escasa su comprensión de las condiciones históricas y sociales de China y de las características  y leyes de la revolución china. Están muy lejos todavía de tener una comprensión cabal de la unidad entre la teoría marxista-leninista y la práctica de la revolución china. En el curso de la ampliación de las organizaciones del Partido, a pesar de que el Comité Central ha recalcado la consigna de “Ampliar con audacia el Partido, pero no dejar penetrar en él ni un solo individuo nocivo“, en realidad, se han infiltrado en el Partido numerosos arribistas, así como saboteadores enviados por el enemigo. Aunque el frente único fue creado hace tres años y se ha mantenido desde entonces, la burguesía, particularmente la gran burguesía, trata constantemente de destruir a nuestro Partido. Los capituladores y los recalcitrantes de la gran burguesía provocan en diversos lugares del país serios “roces”, y no cesan en sus clamores anticomunistas. Pretenden preparar con ello el terreno para la capitulación ante el imperialismo japonés, romper el frente único y hacer retroceder a China. Ideológicamente, la gran burguesía trata de “diluir” el comunismo y, en los planos político y organizativo, de liquidar al Partido Comunista, la Región Fronteriza y las fuerzas armadas del Partido. En esta situación, nuestro deber es, sin duda alguna, superar el peligro de capitulación, de ruptura y de retroceso, mantener en la medida de lo posible el frente único nacional y la cooperación entre el Kuomintang y el Partido Comunista, y luchar porque continúen la resistencia, la unidad y el progreso, y, al mismo tiempo, prepararnos para hacer frente a cualquier brusco cambio eventual, de modo que si éste llega a producirse, el Partido y la revolución no sufran pérdidas imprevistas. Para alcanzar estos objetivos es necesario consolidar las organizaciones y las fuerzas armadas del Partido y movilizar al pueblo entero en una decidida lucha contra la capitulación, la ruptura y el retroceso. El cumplimiento de este deber depende de los esfuerzos de todo el Partido, de la lucha inflexible y tenaz de todos sus miembros, cuadros y organizaciones de los diversos niveles en todo el país. Estamos convencidos de que el Partido Comunista de China, con sus dieciocho años de experiencia, podrá alcanzar estos objetivos mediante los esfuerzos coordinados de sus militantes y cuadros, tanto de los viejos y experimentados como de los nuevos, llenos de juventud y vigor, mediante los esfuerzos coordinados de su Comité Central, bolchevizado y bien probado, y de sus organizaciones locales, y mediante los esfuerzos coordinados de sus potentes fuerzas armadas y de las progresistas masas populares.

Tales son las experiencias y problemas principales vividos por nuestro Partido en sus dieciocho años de historia.

La experiencia del estos dieciocho años nos dice que el frente único y la lucha armada son las dos armas básicas para vencer al enemigo. El Frente único sirve para llevar adelante la lucha armada. Y el Partido es el heroico combatiente que utiliza estas dos armas para asaltar y destruir las posiciones del enemigo. Tal es la interconexión entre Partido, frente único y lucha armada.

¿Cómo vamos a construir hoy nuestro Partido? ¿Cómo podemos construir un “Partido Comunista de China bolchevizado que abarque todo el país, tenga un amplio carácter de masas y esté plenamente consolidado en los terrenos ideológico, político y organizativo“? Para contestar a esta pregunta basta estudiar la historia de nuestro Partido, basta examinar la cuestión de la construcción del Partido en ligazón con las del frente único y de la lucha armada, en ligazón con la cuestión de la alianza y la lucha con la burguesía y la cuestión de la guerra de guerrillas antijaponesa sostenida por el VIII Ejército y el Nuevo IV Cuerpo de Ejército y del establecimiento de bases de apoyo antijaponesas.

Hacer el balance de la experiencia de los últimos dieciocho años y de la fresca experiencia actual, partiendo de nuestra comprensión de la unidad entre la teoría marxista-leninista y la práctica de la revolución china, y difundir el resultado en todo el Partido para que éste se convierta en un partido sólido como el acero y evite la repetición de los errores del pasado: ésta es nuestra tarea.

 

 

 

Extraído de “Obras Escogidas de Mao Tse-tung”, Ed. Lenguas Extranjeras, Pekín, 1976, Tomo II.

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