La vida del bolchevique Serguéi Kirov

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Infancia y Adolescencia

 

 

En una lejana y oscura ciudad del distrito de Vyatka, nacía en 1886, hace, por lo tanto, medio siglo, un hombre que más tarde se convertiría en uno de los más notables y brillantes de nuestro tiempo: el auxiliar, el colaborador y amigo de Stalin.

Esta vida surgió entre las capas miserables de la vieja sociedad, en un rincón de la ciudad y rodeada de oscura pobreza.

El distrito de Vyatka, situado en los confines septentrionales del Imperio, era muy conocido por los deportados políticos. Por la carretera de Vyatka pasaban los decembristas escoltados por guardias y, después, Herzen y Saltykov-Chetchedrine e los insurgentes polacos. Por allí pasaban también, hacia el exilio, los tejedores de Morezov. Los habitantes de Urjum todavía recuerdan el ruido que producían los grilletes de los exiliados al pasar por la carretera.

Urjum, donde nació Kirov, era una de las ciudades más abandonadas de la región de los Urales, situada entre pantanos y bosques y alejada de cualquier estación de ferrocarril. Sus habitantes estaban condenados a una vida pobre y eran muchos los que partían para ganarse el pan en el Ural o en Siberia.

Durante muchos años, Miron Kostrikov, padre de Kirov, trató en vano salir de la pobreza. Sólo le quedaba un recurso: buscar trabajo en el Ural. Y allá se fue solo, sin la familia, desapareciendo sin volver a dar señales de vida.

En aquella época, el hijo de Kostrikov, Serguéi, tenía sólo cuatro años de edad. Tenía dos hermanas, una mayor y otra más joven que él. Los niños fueron entregados a la madre, Catalina Kuzminitichna o Kusmovna, como la llamaban los vecinos. La pobre mujer se deslomaba para alimentar, apenas, a los tres niños. En aquel pequeño pueblo perdido, se dedicaba a cualquier trabajo que le apareciese; lo mismo lavaba rápidamente la ropa, que limpiaba los baños o cosía de casa en casa. Este duro trabajo, unido a las perpetuas privaciones que soportaba, terminaron matándola. Serguéi tenía siete años, cuando Catalina Kuzminitichna murió de tuberculosis.

Los niños quedaron a cargo de la abuela, que en aquella época trabajaba de niñera en Urjum y tuvo que dejar el trabajo para dedicarse a criar a los huérfanos. Pero le faltaban las fuerzas y la irrisoria pensión que recibía, como viuda de un soldado, muerto en el Cáucaso, no era suficiente para mantener en casa a sus nietos. No le quedaba otro remedio que llevar a los chicos a un orfanato. La abuela Melania Avdeevna tuvo que inclinarse muchas veces ante los ricos de Urjum; pero estos aceptaron sólo a Serguéi en el orfanato.

En ese inhóspito asilo de huérfanos de edad temprana hacía frío y se pasaba hambre, y durante mucho tiempo el pequeño Serguéi no pudo acostumbrarse a esta vida oscura y triste. Se alimentaba mal, iba vestido mal, era obligado a recitar oraciones durante horas enteras y rara veces le permitían ver a la abuela. Así pasó ocho años en el orfanato. Esa fue la infancia de Kirov.

Cuando todavía estaba en el orfanato, fue trasladado a la escuela. Era buen alumno, conseguía premios en todas las clases. Una buena recomendación le abrió las puertas de la escuela técnica de Kazan.

A los quince años se fue a Kazan, donde no conocía a nadie. Gracias a una recomendación que llevaba de Urjum, se instaló en una esquina de un pasillo. Tenía que dormir encima de un baúl y sólo podía estudiar y dibujar por la noche en la cocina, cuando había acabado de fregar los platos.

Los alumnos de la escuela técnica eran, en su mayoría, hijos de pobres; pero, entre ellos, Kirov era uno de los más necesitados.

Sus tres años de estudios en Kazan fueron para él tres años de duras privaciones. A un lado de una solicitud de ayuda, un empleado escribió la siguiente respuesta: “Conceder mensualmente cinco rublos durante tres meses“. Un día, Kirov fue excluido temporalmente de la escuela por no poder satisfacer sus gastos de estudios.

Pero esta gran miseria no hizo que Kirov se desanimase. Durante aquellos tres años, fue siempre uno de los primeros de la escuela de Kazan, estudiando duro durante largas horas con el mismo entusiasmo, tanto en los talleres de la escuela, como en clase.

Gracias a los recuerdos conservados por sus compañeros y profesores, se puede observar como se va formando el carácter de Kirov durante esos años. En aquella época, ya se manifiestaban en él la firmeza, la obstinación, la independencia y, al mismo tiempo, una gran cordialidad con sus compañeros y con todos aquellos aquellos a los que la miseria y la penuria los acercaban a él, así como la admirable nobleza de carácter que distinguiría a Kirov en todos los períodos de su vida y de su lucha.

Una vez, después de un trabajo largo y paciente, Kirov logró construir un pequeño motor. El triunfo de este trabajo causó gran admiración entre sus amigos. Pero una cosa muy triste le sucedió a uno de sus colegas: no podía asistir más a clases porque tenía los pantalones completamente desgarrados. Sin dudarlo, Kirov vendió en el mercado el motor que tanto tiempo le había llevado construir, y con el producto de su venta, inmediatamente le compró unos pantalones nuevos.

En otra ocasión, delante de todo el mundo, Kirov advirtió abiertamente al inspector de la escuela -un individuo grosero y prepotente- aconsejándole que modificase su actitud hacia los estudiantes. La firmeza y la dignidad de Kirov desconcertaron al viejo empleado zarista, que no se atrevió a volver a maltratar a los estudiantes. Este acto de Kirov ya revela algo más que una osadía juvenil.

Durante su estancia en Kazan, comenzó a formar su conciencia política. En esta ciudad estaba ubicada la gran fábrica Krestovnikov, que suministraba jabón y velas a toda Rusia, y cuyo propietario era uno de los mayores explotadores del país. La fábrica era como una prisión para los trabajadores. Kirov observaba cómo vivían, y, en una carta que escribió a uno de sus familiares, con una letra temblorosa de indignación, dijo:

¿Por qué unos se exhiben sin hacer nada, mientras que otros no saben lo que es el descanso y viven en una espantosa miseria?“.

Durante sus vacaciones en Urjum, Kirov mantuvo estrechas relaciones con los deportados políticos. De niño aprendió con ellos canciones revolucionarias. Ahora, pasaba las horas muertas hablando con los deportados y adquiriendo cultura revolucionaria. Puso, entonces, en práctica, sus primeros conocimientos técnicos para confeccionar una copiadora con la que imprimía, a escondidas, folletos revolucionarios, que luego distribuía en la plaza del mercado, donde se reunían los campesinos de los pueblos vecinos.

En Kazan, entró en contacto con las organizaciones clandestinas de estudiantes.

En 1904, Serguéi Mironovitch Kirov terminó su curso en la escuela técnica y se fue a Tomsk, Siberia. En aquella época ya era un muchacho de espíritu revolucionario, que se lanzaba, con la más firme resolución, a la lucha contra el régimen de violencia que imperaba entonces.

En Tomsk, trabajó como diseñador en la administración municipal, y se preparó para ingresar en el Instituto tecnológico. En la clase de cultura general, trabó amistad con los grafistas, a través de los cuales entró en los círculos revolucionarios, siendo luego nombrado miembro de la organización socialdemócrata de Tomsk. En el círculo socialdemócrata clandestino, Kirov leyó por primera vez el folleto de Lenin: “¿Qué hacer?“. Los que conocían a Kirov en aquella época recuerdan la fuerte impresión que le causó esta lectura.

Serguéi Mironovitch, miembro del “subcomité”, comenzó a trabajar enérgicamente, imprimiendo  y divulgando proclamas y panfletos, haciendo propaganda entre los obreros y defendiendo ardientemente la posición de Lenin.

Llegó el año 1905. El “Domingo Sangriento” tuvo uno enorme repercusión en todo el país. En Tomsk también se preparaban para actuar. Kirov insistía en una protesta armada. Es cierto que tenían sólo diez o doce revólveres y estaban en mal estado, pero, a pesar de eso, se llevó a cabo la protesta armada. Al frente de los que llevaban armas, Kirov protegía al porta banderas, Komonov, grafista y amigo.

En la calle principal de la ciudad, los guardias y los policías disparaban contra los manifestantes. Komonov cayó mortalmente herido. La protesta se rompió a golpes de sable. Este fue el bautismo de fuego de Kirov, soportado con honor. Por la noche, escondiéndose entre las patrullas de la policía, llegó al depósito, donde encontró el cadáver de Komonov, y se apoderó de la bandera que su amigo muerto aún tenía apretada contra su pecho. De este modo, Kirov salvó de las manos de la policía la bandera revolucionaria de los trabajadores de Tomsk.

En el funeral de Komonov, que tuvo lugar pocos días después, asistieron varios miles de personas. La actitud de la procesión fúnebre era de una firmeza tan amenante, que la policía no se atrevió a intervenir en la manifestación.

Los que seguían el ataúd de Komonov leían, a lo largo del camino, el artículo titulado “A la memoria del camarada asesinado“. Este artículo fue enviado al extranjero, donde Lenin lo hizo público en el periódico bolchevique “Vperiod” (Adelante). Kirov y sus compañeros fueron quienes lo escribieron.

Unos días más tarde, la policía detuvo a Kirov por primera vez. Los agentes informaron a sus jefes que Kirov, tanto en la cárcel como en los interrogatorios, se comportaba de la manera más independiente y sin ajustarse a las demandas de sus carceleros.

Estas características son exactas. El camarada Kirov ya era un firme revolucionario bolchevique.

La primera detención de Kirov duró dos meses. Todos los que habían sido detenidos con él también se negaron a prestar la más mínima declaración. La policía, careciendo de pruebas, tuvo que soltarlos. Nada más salir de la cárcel, Kirov volvió inmediatamente a dedicarse al trabajo revolucionario. Dirigía la prensa clandestina del Comité de Tomsk del Partido Socialdemócrata y de algunos círculos de trabajadores. También fue elegido miembro del Comité de Tomsk del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia).

 

Киров выступает на XVII съезде ВКП(б)

 
La ola revolucionaria iba creciendo día a día. Terminó el verano de 1905. En el otoño, comenzó la huelga general ferroviaria. Por encargo de la Comisión de Tomsk, Kirov, con diecinueve años, dirigía la huelga ferroviaria en la estación de Taiga. Más de una vez fue salvado de los guardias por los trabajadores. Hablaba sin cesar a los trabajadores sobre la necesidad ineludible de una lucha decisiva contra la autocracia. Formó un destacamento de combate formado por trabajadores ferroviarios, les proporcionó armas y aprendió con ellos a manejarlas.

Octubre de 1905. La autocracia entraba en el camino de las concesiones. El 17 de octubre, el zar publicó un “manifiesto”. La inmensa mayoría del Comité de Tomsk del partido socialdemócrata había adoptado la posición de los mencheviques, que afirmaban que ya había pasado la época de huelgas y levantamientos armados y era necesario pensar en las elecciones “democráticas” de la Duma de la ciudad. Kirov, que defendía la posición de Lenin, es decir, la preparación de la insurrección armada, fue casi el único en sostener este punto de vista ante el Comité. El 20 de octubre, sólo tres días después de la publicación del “graciosísimo” manifiesto, las Centurias Negras organizaron, bajo la dirección del gobernador y con la bendición del arzobispo, un programa feroz: incendiar las oficinas de la administración de los ferrocarriles, donde se habían refugiado los participantes de una manifestación que tuvo lugar en el barrio. Hubo más de 150 víctimas, entre muertos y heridos, y estas víctimas habrían sido aún más numerosas si Kirov y otros compañeros no hubiesen organizado la resistencia armada contra las Centurias Negras .

Bajo la presión de los trabajadores que seguían a los bolcheviques, el Comité socialdemócrata desarrolló de manera significativa la organización de los destacamentos de combate. Las Centurias Negras y la polícia, llenas de miedo, cambiaron de actitud, sin atreverse a intentar nuevos ataques.

Pero, en Moscú, la insurrección de diciembre estaba siendo aplastada y la reacción levantaba la cabeza. En todo el país continuaban las detenciones y la destrucción de las organizaciones revolucionarias. A lo largo del Transiberiano (que antes se encontraba, de hecho, en manos de los trabajadores), avanzaban los generales zaristas al frente de expediciones disciplinarias. Derrotados por los japoneses, empleaban ahora su “valor militar” en colgar y fusilar a trabajadores desarmados. En Tomsk, las detenciones se producían a diestro y siniestro. El propio Kirov fue detenido en el momento en el que estaba a punto de partir hacia Moscú, a donde la organización lo enviaba con el fin de adquirir el material tipográfico necesario para la “técnica” clandestina. Esto ocurrió en enero de 1906. Algunos meses más tarde, Kirov fue puesto en libertad condicional, gracias a la fianza que depositó un abogado liberal, a petición del Comité de Tomsk. Kirov salió entonces de la prisión.

Por orden del Comité, organizó con otros camaradas una gran imprenta clandestina. Con este objetivo se cavó, bajo una casa situada en una de las calles más alejadas de Tomsk, un túnel cuya entrada estaba ingeniosamente tapada por una caja llena de tierra, que se movía sobre ruedas. Los guardias que, como consecuencia de una denuncia fueron a revisar la casa en la que se encontraba la imprenta, no pudieron descubrirla.

Kirov fue arrestado de nuevo. Fue denunciado por una “vieja” cuestión. Los guardias ajustaron cuentas con el revolucionario, que fue condenado a prisión en una fortaleza durante un año y cuatro meses. La victoria de la reacción también se hacía sentir en la cárcel. Los carceleros dieron rienda suelta a su barbarie, favorecidos por una ley según la cual, en las cárceles, los castigos corporales eran también aplicados a los presos políticos.

Kirov preparó la fuga, pero fracasó y tuvo que pasar dos años (contando con la libertad condicional) en la prisión de Tomsk.

Frecuentemente se producían choques entre los prisioneros y los guardias. Al menor atisbo de protesta, los soldados disparaban contra las ventanas de las celdas. Muchas veces se hería, e incluso se asesinaba, a algún detenido.

Por la noche, Kirov escuchaba el adiós de los condenados a muerte que eran llevados al lugar de ejecución.

Él, sin embargo, se mantenía firme, preparándose para la futura lucha sin perder un solo día. Leía mucho, y así terminó su educación con firmeza y perseverancia.

En el verano de 1908, expiró la condena de Kirov, que regresó a Irkutsk, donde reanudó sus antiguas relaciones con los trabajadores, restableciendo, poco a poco, la organización destruida. Sin embargo, no podía permanecer mucho tiempo en Irkutsk, porque la policía había descubierto finalmente la imprenta que había organizado en Tomsk, y los estaban buscando por todas partes.

Kirov abandonó Irkutsk, yéndose a la ciudad perdida y distante de Vladicáucaso (hoy Ordzhonikidze), en el Cáucaso Norte.

 

 

En el Cáucaso Norte

 

 

Vladicáucaso era una ciudad de militares y funcionarios. De cada grupo de dos vecinos, uno seguramente era militar. En las plazas públicas, se calentaban al sol viejos decrépitos, luciendo condecoraciones de la época de la conquista del Cáucaso y mandaban el toque de tambores y el sonido de las trompetas. La ciudad y la propia región eran administradas por el teniente de las tropas cosacas del Terek. La organización socialdemócrata había sido radicalmente destruida por la policía dos años antes de la llegada de Kirov. Algunos miembros de la organización se encontraban en prisión y otros deportados. Los que habían permanecido indemnes, se habían convertido en pacíficos ciudadanos.

Una vez llegado a Vladicáucaso, Kirov entabló relaciones con los trabajadores de los talleres ferroviarios y con los trabajadores de la fábrica de zinc. De Gronzy, Mineralnye, Vody y Pyatigorsk, venían trabajadores a consultarle y recibir instrucciones.

Poco a poco, y en circunstancias extremadamente difíciles, Kirov volvió a levantar la organización clandestina. En el otoño de 1910, consiguió realizar una primera reunión obrera clandestina en un bosque de los alrededores. Sólo asistieron 15 hombres, que no estaba mal para empezar.

Mientras tanto, los guardias seguían buscando a Kirov, que había huido de Irkutsk. Esta persecución se prolongó durante dos años. Finalmente, lo encontraron en Vladicáucaso, y volvieron a llevarlo a Tomsk, por el mismo camino que había seguido para huír de Siberia, pero esta vez escoltado y haciendo paradas en todas las prisiones escalonadas a lo largo del camino.

Pasó cinco meses en prisión provisional, más tarde, se fechó el juicio para marzo 1912.

La declaración del comisario de policía que lo había detenido cinco años antes, cuando se llevó a cabo la investigación policial fallida en la casa donde estaba la imprenta clandestina, debía constituir la acusación más grave contra Kirov. Pero el comisario no lo reconoció y el tribunal no se atrevió a condenarlo. Si les faltó decisión al tribunal y a los testigos, fue porque, en aquel momento, la reacción ya no se sentía dueña de la situación. Un nuevo auge revolucionario comenzaba a dibujarse en el país.

Absuelto por el tribunal, Kirov regresó a Vladicáucaso, donde continuó su actividad clandestina. Una vez allí, se dedicó a estudiar la región a la que el accidente le había llevado, pero no se limitó a estudiarla sólo en los libros. Salía con frecuencia de la ciudad, trababa amistad con los montañeses, conversaba mucho con ellos y les explicaba muchas cosas con ese lenguaje simple con el que sabía hablar de los más complicados temas.

Este aspecto clandestino es el más importante de la vida de Kirov. En su aspecto legal, se nos presenta trabajando como revisor de pruebas, y luego, como colaborador del periódico local Terek. Pero su trabajo en un periódico legal también asustó a las autoridades. Con la firma de S. Kirov, el Terek publicaba artículos sobre la Duma municipal en los que se atacaba con ardor y pasión esa asamblea de terratenientes y capitalistas de las Centurias Negras, que se hacían llamar representantes del pueblo. El fiscal abrió una investigación. El número del Terek que contenía el artículo de Kirov titulado: “La simplicidad de las costumbres” fue confiscado. Se llevó a cabo un nuevo proceso y solamente gracias a la oportuna publicación del manifiesto editado con motivo del tricentenario de la dinastía Romanov, Kirov consiguió librarse de un nuevo proceso y de la cárcel.

Durante la guerra imperialista, el camarada Kirov defendió con firmeza la palabra de orden leninista de transformación de la guerra imperialista en guerra civil.

En los primeros días de la revolución de febrero, Kirov organizó en la región de Terek un numeroso grupo de bolcheviques y libró una feroz lucha contra los mencheviques y los social revolucionarios. Intervino en todas partes, en comicios y asambleas, arrastrando a las masas a la lucha, con su lenguaje feroz e inspirador. Los mencheviques, los social revolucionarios y los cadetes lanzaban contra él sus mejores oradores, pero en vano: en esas luchas, la victoria siempre era de Kirov.

Desde la conquista del Cáucaso, los colonizadores zaristas no cesaron de fomentar la enemistad existente entre cosacos y montañeros. Las mejores tierras habían sido distribuidas a los cosacos, y a los chechenos, ingushes y ossetes sólo les quedaban terrenos estériles y rocosos, situados en los desfiladeros de la montaña. Se sucedían enfrentamientos sangrientos entre los montañeros y los cosacos. Los campesinos rusos establecidos en el Cáucaso Norte no poseían tierra, por lo que, o se las alquilaban a los cosacos o trabajaban para ellos. Los cosacos les llamaban “extranjeros”. Crecía un odio tenaz de estos “extranjeros” a las capas superiores de los kulaks cosacos. Entre ellos, había también muchos campesinos pobres.

Después de la revolución de febrero, los oficiales cosacos contrarrevolucionarios, en perfecto acuerdo con los príncipes, los kulaks y los mulás de la montaña, se esforzaban en provocar la guerra entre las nacionalidades con el fin de alejar a los campesinos pobres, los rusos y los montañeros, de su lucha por la tierra y el pan. A partir del verano de 1917, en el propio Vladicáucaso y en los pequeños pueblos y aldeas vecinas, se organizaban provocadores ataques y asesinatos, a veces contra los ingushes, los ossetes o los cosacos.

 

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El correo verbal -que en la montaña se llama “Khabar“, es decir, “La noticia“- dirigido por los mulás, hacía llegar a los poblados noticias fabulosas, exagerando la importancia del menor choque. En el Vladicáucaso, los contrarrevolucionarios provocaban ataques a los ingushes. Estos se armaron, decididos a marchar sobre Vladicáucaso, para vengarse de manera sangrienta. La guerra entre las nacionalidades significaba la derrota de la revolución. Solamente los bolcheviques tenían el coraje de luchar contra esas odiosas provocaciones.

Kirov visitó a los ingushes, arriesgando su propia vida. La agitación contrarrevolucionaria de los mulás y de los kulaks no dejaba producir resultados, pero, a su vez, los discursos elocuentes de Kirov y especialmente su audacia y su firmeza, producían sus frutos. Kirov consiguió evitar la guerra entre las nacionalidades, que estaba a punto de estallar, y convenció a los campesinos pobres de Ingushetia y a los montañeros revolucionarios. Les faltaba mucho para ser bolcheviques, pero una dirección bolchevique los llevaba por un camino político justo. Kirov aplicó con firmeza la política nacional de Lenin y Stalin; apoyó a los montañeros, animados por sentimientos revolucionarios, así como a los campesinos pobres de cobardía, en los cuales se encontraba al frente Betal Kalmykov. Apoyó al partido revolucionario de los campesinos pobres de Ossetia, “Kermen”, que más tarde ingresaría en las filas del Partido Comunista.

El trabajo tenaz de los bolcheviques del Vladicáucaso produjo sus frutos: a principios de octubre, los bolcheviques conquistaron la mayoría en los soviets y la defensa de la ciudad pasó a su poder. Kirov fue a Petrogrado en calidad de delegado del soviet de Vladicáucaso para asistir al II Congreso Panruso de los Soviets y tomó parte directa en la insurrección de octubre.

Las capas superiores de los cosacos y la burguesía montañesa reunieron sus fuerzas consiguiendo que las tropas de la “división salvaje” entrasen en Vladicáucaso dispersando el soviet bolchevique.

Al mismo tiempo, los oficiales cosacos continuaban su política de provocaciones, preparándose para iniciar la guerra contra los ingushes y los chechenos. Los dirigentes cosacos convocaron un congreso de cosacos y de una parte de las tribus de las montañas en Mozdoc, un pequeño poblado de la región de Terek.

Apoyando habilmente una política de frente único para luchar contra la contrarrevolución, que había pasado a la ofensiva, Kirov, al frente de un pequeño grupo de bolcheviques, consiguió impedir que se celebrase en Mozdoc la reunión del congreso diseñada por los oficiales cosacos, y poner fin a la guerra que acababa de estallar entre las diferentes nacionalidades. En el congreso de los pueblos de la región de Terek, que se celebró poco después bajo la bandera de Lenin, Kirov supo ganarse las simpatías de los campesinos pobres de los pueblos montañosos y de los pequeños poblados y aldeas rusas para la revolución e hizo reconocer el poder de los soviets.

Una vez más, la política energética y hábil de Kirov iniutilizó los planes de la contrarrevolución cosaca.

En marzo de 1938, Kirov volvió a Vladicáucaso con todos los delegados del congreso de los pueblos de la región de Terek.

Pero la contrarrevolución renovó sus provocaciones, volviendo a darse encuentros sangrientos entre los ingushes y los osettes.

Los pueblos vecinos se rodearon de trincheras. Estalló una verdadera guerra entre los pueblos de Bazorkino y Olguino, a un kilómetro de distancia el uno del otro. Una vez más, la energía y el coraje de Kirov destruyeron los planes de la contrarrevolución.

Encargado por el congreso de los pueblos de la región de Terek, Kirov recorrió las aldeas destrozadas por una guerra intestina. Bajo las balas, corría a las trincheras. El camarada que lo acompañaba, Balkare Kaiebékov fue asesinado. Como siempre, la energía y el coraje de Kirov produjeron una irresistible impresión a los montañeros pobres. Serguéi Mironovitch habló con ellos, les mostró los designios provocadores de los contrarrevolucionarios rusos y montañeros y logró reconciliar a los pueblos enemigos.

 

 

En Astrakhan

 

 

Verano de 1918. La contrarrevolución cosaca movilizaba abiertamente sus fuerzas. En el Cáucaso Norte, los oficiales blancos acudían de todas partes al campamento de Denikin, que determinó la ofensiva. Se hacía evidente que no se podría evitar una encarnizada y sangrienta guerra contra el Ejército Blanco.

Para defenderse de la embestida de los guardias blancos, era necesario el apoyo de los centros proletarios. Kirov se marcha a Moscú. Intenta, por dos veces, volver a Vladicáucaso con un porte de armas, pero ya era demasiado tarde. La ruta del Cáucaso Norte estaba ocupada por los blancos.

Kirov se detiene en Astrakhan y organiza la heroica defensa de este importante punto estratégico, llave del mar Caspio. Kolchak y Denikin tienen los ojos fijos en él; se esfuerzan en conquistar Astracán y Tsaritsyn y consiguen la unión de sus ejércitos en el Volga.

El XI Ejército Rojo, bajo la presión de Denikin, evacua el Cáucaso y se dirige a Astrakhan, a través de las estepas desérticas. Los soldados rojos estaban mal vestidos y debilitados por el hambre, por las enfermedades y por los combates contra un enemigo superior en número y en armamento. El ejército también estaba debilitado por la traición de su antiguo comandante, Sorotkin. Necesita descanso; necesita reorganizarse.

Los guardias blancos, operando de acuerdo con el plan de los estados mayores de los antiguos “aliados” de Rusia, comienzan a poner en prática un amplio movimiento envolvente para asediar el país de los soviets por el sur, por el oeste y por el noreste, al mismo tiempo. Los ingleses son los dueños del mar Caspio.

El plan de los intervencionistas y de los guardias blancos consistía en aislar el Volga. Bakú es conquistado. Amenazado con seguir la misma suerte que los veintiséis comisarios de Bakú, Mikoyan llega en secreto a Astrakhan, en barco, por el mar Caspio. Así es como llegan también Serguéi Ordzhonikidze y otros camaradas a Tbilisi.

El país carece de petróleo. Sólo gracias a la abnegación de los trabajadores de Bakú y de los marineros del mar Caspio, se consigue transportar, de contrabando a Astrakhan, algunos minerales.

Las máquinas de la región soviética del Caspio sólo pueden quemar, como único combustible, pescado seco. De este modo, en pocos meses, consume hasta un millón y medio de libras de pescado en los hornos de las locomotoras. Sólo gracias a esta medida desesperada se puede mantener el tráfico de los ferrocarriles.

Los intervencionistas y guardias blancos concentran sus refuerzos para marchar contra Astrakhan. Kirov se encuentra en esta ciudad. Es miembro del Consejo Militar Revolucionario del XI Ejército, donde sustituyó al famoso Chliapnikov, que, por sus tretas y su inactividad, había desorganizado a las filas comunistas y al ejército.

Los barcos de los intervencionistas se aproximaron a la desembocadura del Volga, mientras que, por el Este, los destacamentos de Tolstov, General del Ejército de Kolchak, avanzaban sobre Astrakhan.

En Astrakhan se pasa hambre. Es necesario reducir al mínimo la ración de pan. La fiebre tifoidea, traída por el XI Ejército en su retirada, causa devastación. En la misma ciudad, los guardias blancos provocan un levantamiento. La presencia del ánimo de Kirov, unido a su energía y a su firmeza inquebrantable, contiene al enemigo. En dos días, el levantamiento es aplastado.

Sin embargo, el enemigo está convencido de la inminente caída de Astrakhan. Trotski da la orden de evacuarla. Kirov y el comando del XI Ejército protestan contra semejante decisión ante Lenin y este responde: “Defender Astrakhan hasta la última consecuencia“.

En la conferencia de la organización de Astrakhan del Partido Comunista, Kirov declara:

…mientras se encuentre un comunista en la región de Astrakhan, la desembocadura del Volga permanecerá siendo soviética“.

Kirov interviene en las reuniones ampliadas del Soviet de Astrakhan, en las fábricas y ante las tropas del Ejército Rojo y de los marineros de la flotilla fluvial. Exhorta a todo el mundo a luchar, forma destacamentos de voluntarios y organiza la resistencia contra los guardias blancos, que continúan atacando.

Durante todo el verano de 1919, se desarrolla una intensa labor con el fin de fortalecer el XI Ejército. Se crean nuevas tropas con nuevos comandantes; se nombran nuevos comisarios. El primer fruto de este trabajo es la creación de una fuerte y bien organizada 33ª división. Pero es necesario enviarla a otro frente, de donde reclaman refuerzos urgentes. La situación de Astrakhan es desesperada; pero Kirov no se desanima. Para ayudar a las escasas unidades del Ejército Rojo, crea constantemente nuevos destacamentos de voluntarios, que él mismo dirige a la lucha en los momentos difíciles.

Los aviadores de las tropas de intervención vuelan impunemente sobre la ciudad, matando a sus habitantes con bombardeos e incendiando las casas. Es preciso dar una lección a estos bandidos del aire, pero el XI Ejército sólo dispone de algunos viejos equipos de la época de la Segunda Guerra Mundial, los “ataúdes”, como les llamaban nuestros aviadores. Kirov manda llamar a los aviadores Chtchekin y Korotkov, les habla, y éstos, convencido por sus argumentos, aceptan la responsabilidad de dar una lección a los intervencionistas. Estos héroes mantienen un combate aéreo contra un enemigo cuyas fuerzas son infinitamente superiores. Un avión enemigo se ve obligado a aterrizar en el sector ocupado por nuestras fuerzas, y otros emprenden la huída.

La defensa de Astrakhan, en su totalidad, pesa sobre los hombros de Kirov. Los correos que llegan de los bolcheviques que trabajan clandestinamente en la retaguardia de los blancos en el Cáucaso Norte o en Transcaucasia, se recogen en Astrakhan, en la casa de Kirov y también en Astrakhan y por medio de Kirov, se crean los vínculos con Moscú y se reciben instrucciones y ayuda. Camaradas de Petrovsk y de Bakú llegan por mar a Astrakhan. Kirov les proporciona propaganda, armas, dinero, etc., y luego los envía al Cáucaso. Delante incluso de las tropas de intervención, los heroicos obreros de Bakú y los marineros del Caspio, llevan a Astrakhan barcos cargados de gasolina para los aviones y los vehículos del Ejército Rojo.

En el otoño de 1919, la amenaza que pesaba directamente sobre Astrakhan desaparece. El IX Ejército, reforzado por nuevas formaciones, pasa a la ofensiva, de acuerdo al plan diseñado por Kirov. Las tropas cosacas blancas del general Tolstov son derrotadas. Son capturados valiosos botines.

Denikin recibe duros golpes en Orei y Castornaia. El 3 de enero de 1920, las tropas rojas expulsan a los blancos de Tzaritzina.

El IX Ejército marcha sobre el Cáucaso a través de las mismas estepas kalmikes que ya había recorrido un año antes, cuando se batía en retirada hacia el Volga.

 

 

En Tiflis y en Bakú

 

 

A finales de febrero, el IX Ejército ocupa Stavropol. La ofensiva se desarrolla bajo la dirección de Kirov y Serguei Ordzhonikidze. Las tropas rojas ocupan Vladicáucaso. Se desarrolla con éxito la ofensiva contra Denikin, elaborada de acuerdo con el plan y las instrucciones directas del camarada Stalin. Las tropas de Denikin son derrotadas. El 28 de abril, el primer tren blindado rojo se abre camino hasta Bakú para auxiliar a los trabajadores insurgentes en su lucha con los musavatistas. Kirov, Ordzhonikidze y Mikoyan llegan a Bakú. El 5 de mayo, Kirov declara lo siguiente ante la asamblea de los bolcheviques de Bakú:

Especialmente ante Azerbaiyán y los codiciosos países de Europa Occidental, se debe colocar el emblema de los obreros y de los campesinos; el emblema soviético, comunista“.

Poco tiempo después, Kirov parte a Tiflis, en calidad de representante plenipotenciario de la R.S.F.S.R., en la Georgia menchevique con la que acaba de ser establecido un tratado de paz.

En sus cartas, enviadas desde Tiflis a Lenin y a Stalin, Kirov relata cómo lo recibió el gobierno menchevique. Los mencheviques rinden homenajes al representante del país de los soviets, pero también lo rodean de espías que no lo pierden de vista.

Los dirigentes mencheviques detienen a todos los que van a la embajada y los mencheviques intentan arrancar la bandera soviética de la representación comercial.

No se permite la entrada en Georgia de los representantes de la Comisión de Comercio Exterior, los correos diplomáticos son retenidos y fichados, aunque se presenten, después, disculpas por haberlo hecho bajo pretextos miserables. Los mencheviques violan diariamente el tratado. Revenden a Wrangel gasolina comprada en Bakú y permiten que las tropas de Denikin, que se encuentran en Batum, embarquen hacia Crimea, proporcionando de esta manera ayuda a Wrangel.

En la fortaleza de Metekh y en las prisiones de otras ciudades, violando el tratado establecido con la R.S.F.S.R., gimen cientos de comunistas georgianos encarcelados sin previa acusación de culpabilidad ni ningún tipo de proceso. Después de la sangrienta revuelta campesina de Ossetia del Sur, los agentes del gobierno menchevique repelen miles de ossetios a la frontera soviética.

Kirov protesta enérgica y firmemente contra la violación de los derechos reconocidos al país de los Soviets, en virtud del tratado.

Las notas diplomáticas enviadas por Kirov al gobierno de Noé Jordan denuncian decidida y coherentemente la bajeza y la cobardía de los mencheviques, de esos califas que tratan de mantenerse en el poder por la fuerza que ejercen sobre los trabajadores y los campesinos.

En Tiflis, Kirov se comporta como un hábil diplomático. Entre muchas otras, tiene una entrevista con el representante de Italia.

Junto a él, trabaja para obtener un cambio de las opiniones respecto a la posibilidad de establecer relaciones entre el país de los soviets e Italia.

El tratado celebrado dos años más tarde, fue prepado en gran medida por la hábil diplomacia de Kirov.

En septiembre de 1920, Kirov recibe otra importante misión diplomática: es enviado a Riga, como miembro de la delegación encargada de entablar negociaciones con Polonia.

Concluido el tratado de paz con Polonia, Kirov regresa al Cáucaso Norte. Como miembro del Comité Central del Partido, se dedica por entero a la labor intensa y difícil de la organización del poder soviético, y la instauración de la paz y de la amistad entre las diferentes nacionalidades y múltiples pueblos del Cáucaso.

El Congreso de los pueblos de la región de Terek se reúne en noviembre de 1920. Es una fecha histórica para los pueblos del Cáucaso Norte. En este Congreso, el camarada Stalin hace una declaración sobre la formación de la República autónoma de los montañeros. Después de Stalin, interviene Kirov. En una breve pero significativa resolución, el Congreso expresa su agradecimiento al gobierno soviético.

Se extingue en Georgia el poder de los mencheviques. Las masas trabajadoras y campesinas se levantan de nuevo para luchar contra ellos y contra los intervencionistas. Estalla un nuevo levantamiento que los mencheviques no consiguen sofocar. Desde Vladicáucaso, Kirov envía ayuda a los insurgentes y organiza el heroico paso de una brigada de caballería a través de los desfiladeros nevados de la cordillera del Cáucaso.

En el Cáucaso Norte, Kirov trabaja sin descanso para la cohesión de las filas del Partido y la educación bolchevique de sus miembros. Se continúa una encarnizada lucha con los trotskistas que trabajan contra Lenin y contra el Partido. Resultado: en la conferencia regional del Partido, celebrada en Vladicáucaso, los trotskistas obtienen 3 votos contra 175. En el X Congreso del Partido, Kirov fue nombrado delegado por unanimidad, y también elegido como miembro suplente del Comité Central.

En abril de 1921, Kirov dirige el congreso constitutivo de los Soviets de la República de los montañeros.

Por indicación del camarada Stalin y bajo la inmediata dirección de Kirov, se crea la República de los montañeros, que une a los pueblos del Cáucaso Norte. Sus brillantes discursos pronunciados en el Congreso constituyente de los Soviets de la nueva República, en los que explica a los montañeros los principios de la nueva política nacional de Lenin y Stalin, demuestran una profunda comprensión de la vida y de las aspiraciones de los pueblos montañeros.

En la primavera de 1921, Kirov tuvo que intervenir en la lucha contra los mencheviques, en Transcaucasia. Pero en ese momento, los mencheviques ya no están en el gobierno, y están refugiados en algunos sindicatos georgianos, donde intentan sabotear el poder de los Soviets. En la primera conferencia de los sindicatos de Georgia, Kirov, desde la tribuna, denuncia la traición y la hipocresía de los mencheviques, esos “defensores” de la clase obrera.

En julio de 1921, Kirov llega a Bakú y es elegido Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Azerbaiyán. Las tareas que el Partido encarga a Kirov no son de las más simples. La primera es: poner fin a las crueles disensiones que dividen las filas de la organización de Bakú, en relación a las cuestiones de política nacional; asegurar en Azerbaiyán la aplicación de la línea justa de Lenin y Stalin en la cuestión nacional y restaurar la unidad en el seno de la más fuerte organización proletaria del Partido, en Transcaucasia.

La segunda misión es: dar a luz a la industria del petróleo, restableciendo las explotaciones petrolíferas de Bakú, completamente arruinadas por la explotación económica llena de codicia y avaricia de los intervencionistas y de los musavatistas.

Kirov, con mucha cautela, pero enérgica y consecuentemente, corrige las erróneas desviaciones nacionalistas turquistanas. Al mismo tiempo contiene a los jóvenes camaradas excesivamente celosos que, en su lucha contra los nacionalistas, se olvidan de las condiciones particulares de Azerbaiyán y de sus numerosas nacionalidades.

Con el camarada Ordzhonikidze, Kirov sostiene en Transcaucasia una lucha tenaz y victoriosa contra el chovinismo ruso de gran poder y contra el nacionalismo local de Azerbaiyán, de Georgia y de Armenia. Esta lucha termina con la derrota de los nacionalistas.

De manera decisiva y audaz, Kirov enfrenta la cuestión de la mejora económica de las regiones rurales atrasadas, de Azerbaiyán (grandes obras de riego, introducción del cultivo del algodón, etc.); lucha por la difusión de la educación y por la elevación del nivel cultural del campo turquistano y presta gran atención a la formación de nuevos cuadros nacionales.

La tierra se escapa bajo los pies de los nacionalistas desviados, que ya no encuentran apoyo en el Partido.

 

estatuas

 
Aproximadamente seis meses después, haciendo un informe relativo a su actividad en el IV Congreso del Partido Comunista de Azerbaiyán, Kirov declara que la lucha interna que había dividido durante tanto tiempo a las filas de los comunistas azerbaiyanos estaba liquidada.

La aplicación de una política nacional justa y la derrota de los que estaban fuera de la línea, en Azerbaiyán, habían creado las condiciones necesarias para el cumplimiento de las instrucciones de Lenin y Stalin sobre la unión de las Repúblicas transcaucásicas en una Federación transcaucásica.

La situación de este importante problema permitió la liquidación del nacionalismo local y el establecimiento de una cooperación realmente fraternal entre los pueblos de Transcaucasia, en la construcción del socialismo.

El camarada Kirov fue uno de los fundadores de la Federación de Transcaucasia, en cuya formación trabajó codo a codo con con Serguei Ordzhonikidze, y bajo su dirección inmediata.

La fructífera labor realizada por Kirov en Bakú, produce resultados:

El Partido Comunista de Azerbaiyán, liderado por el camarada Kirov, aplasta rápidamente a los nacionalistas que estaban fuera de lugar. El proletariado de Bakú, fiel a la bandera internacionalista de Lenin y de Stalin, se batió en el frente por la formación y la consolidación de la Federación Transcaucásica“. (L. Beria).

No es casualidad que el primer Congreso de los Soviets de Transcaucasia, a finales de 1922, se haya celebrado precisamente en Bakú. Ante este Congreso, Kirov hizo un informe respecto a la situación internacional y nacional. Fue elegido, entonces, el primer Comité Ejecutivo Central de Transcaucasia.

Quedaba, por lo tanto, abierto el camino para el florecimiento socialista de Transcaucasia, creándose las principales premisas para la posterior transformación de las Repúblicas de la federación transcaucásica en Repúblicas federales, en base a la nueva Constitución estalinista.

Serguei Ordzhonikidze, con la colaboración inmediata y estrecha del camarada Kirov, llevó a cabo la decisiva primera parte de este sabio plan de Lenin y de Stalin.

Kirov fue uno de los dirigentes de la Federación de Transcaucasia hasta su salida de Bakú, en diciembre de 1925.

De 1923 a 1924, Kirov y el camarada Ordzhonikidze luchan con éxito, encarnizadamente, contra el trotskismo; la organización de Bakú adopta decididamente una posición leninista, rechazando todas las tretas de los trotskistas, enemigos del Partido.

Sobre la cuestión del petróleo, Kirov tropezaba con las mayores dificultades. Sin petróleo, no se podía soñar con restaurar la economía nacional. Lenin exigía que se estableciese un control permanente sobre el trabajo de las explotaciones petrolíferas de Bakú.

Desde los primeros días de su llegada a Bakú, Kirov se encarga de este enorme trabajo. Todos los días, acompañado por el camarada Serebrobski, director del “Azneft“, visita las explotaciones, asiste a las fábricas de destilación de gasolina y a los talleres; examina, estudia, se hace cargo inmediatamente de lo esencial y se pone manos a la obra, con toda la energía que lo caracteriza.

Se reúnen y se agrupan los cuadros de los antiguos trabajadores petroleros. Kirov conversa larga y francamente con los ingenieros y los trabajadores, eleva la moral de todos y los anima a luchar por la victoria.

De forma lenta, pero sin pausa, se van reanimando las explotaciones. A mediados de 1922, Bakú ya comienza a exportar petróleo con regularidad. Se aumenta la producción anual en varios millones de toneladas. La cuestión del petróleo estaba ganada. El número de pozos actualmente en funcionamiento es exactamente el doble; así es que en el Congreso de los Soviets de Azerbaiyán, Kirov, puede decir con razón:

…Si os acordáis de los cementerios de pozos de petróleo que nos habían dejado los musavatistas después de su dominio, tendréis que reconocer, sin duda alguna, que conseguimos enormes triunfos…

El camarada Stalin propone entonces, a los trabajadores de Bakú, un atrevido plan para el empleo de nuevo material técnico en las explotaciones. El antiguo sistema de perforación de los pozos -testigo del periodo de esclavitud- ya está atrasado; hay que reemplazarlo por bombas de profundidad. La perforación lenta por percusión, introducida por los capitalistas del siglo pasado, debe ser sustituida por la perforación rotatoria.

Kirov también resuelve esta cuestión: con la colaboración de los mejores equipos proletarios de Bakú, vence la resistencia de los rotativos, revive el coraje de los que desaniman, arrastra a los escépticos y ocupa siempre el primer lugar en la lucha que habrá que llevar a cabo hasta la asimilación de la nueva técnica.

Bajo las reiteradas indicaciones de Kirov, se consigue poner en marcha nuevos yacimientos de petróleo, se procede al secado de la bahía de Ilitch y se organizan nuevas explotaciones en el campo “Solbaz” (Bazar del Soldado), donde se crea, bajo la dirección inmediata y diaria de Kirov, y de acuerdo a un plan determinado, la primera explotación soviética, que recibe el nombre del camarada Kirov.

Durante sus años de trabajo en Azerbaiyán, Kirov conquistó el amor sincero de los trabajadores comunistas, de los “sin partido” y de todos los trabajadores en general. Sus intervenciones, sus conmovedores discursos, profundos, claros y comprensibles, quedaron grabados en la memoria de los miles y miles de hombres. Los trabajadores de Turkestán, que apenas conocían el ruso, decían que cuando Kirov hablaba no necesitaban intérpretes; comprendían bien a Kirov, sin necesidad intérpretes, porque sus encendidos discursos reflejaban su experiencia y su talento como organizador, líder perspicaz y sabio y porque era un camarada y un amigo de los mejores y más dedicados.

Kirov fue el iniciador de la construcción de casas, erigidas en Bakú, a gran escala. Supervisaba personalmente la construcción de las nuevas viviendas para los trabajadores, interesándose en todas sus minucias, meditando y examinando todo. Con su plan se crearon también nuevas líneas de tranvías en Bakú y bajo su dirección se transformaron rápidamente los barrios obreros sucios y desordenados.

La magnitud del trabajo que realizaba, los audaces proyectos socialistas, etc., no impedían que Kirov siempre se mantuviera cerca de los que los realizaban. Kirov veía claramente y realizaba firmemente la misión principal a la que consagraba todos sus esfuerzos, pero, por muy ocupado que estuviese, siempre encontraba en el medio de este enorme trabajo, tiempo para escuchar las quejas de los trabajadores petroleros, relativas a la deficiente distribución de alojamientos, o para responder la carta de una joven comunista que le pedía consejos sobre cómo elegir una universidad.

Así era Kirov, siempre y en todas partes. Poseía hasta la perfección ese estilo de trabajo stalinista, que distingue a los mejores trabajadores bolcheviques.

Cuando Kirov partió, los comunistas de Bakú escribieron a Leningrado:

Camaradas comunistas de Leningrado: Vuestra organización ganó, en la persona del camarada Kirov, a un viejo bolchevique leninista enérgico y consecuente y a uno de sus mejores y más experimentados líderes“.

El trabajo de Kirov en Bakú fue la preparación del primer plan quinquenal, en uno de los sectores más importantes de la frente económico.

 

 

En Leningrado

 

 

Queridos camaradas –escribió Kirov en Leningrado a los trabajadores de Bakú, en febrero de 1926– hace ya varios días que terminó la conferencia provincial extraordinaria del Partido, en la que se hizo balance del trabajo de la organización de Leningrado, después del XIV Congreso del Partido. Quedó comprobado que en las seis semanas siguientes al Congreso, los ciento y tantos miles de comunistas de Leningrado llevaron a cabo plenamente las tareas que les habían sido impuestas. Apreciaron, como leninistas, la esencia de la nueva oposición al Partido y, como era de esperar, defendieron resueltamente todas las resoluciones adoptadas en el Congreso, después de haber desautorizado políticamente a su delegación en el mismo“.

Kirov escribía este un mes y medio después de su llegada a Leningrado. No era la primera vez que se encontraba en la ciudad de Lenin. Ocho años antes, como delegado del II Congreso panruso de los Soviets, se batió al lado de los obreros de Petrogrado, para lograr la victoria en la gran Revolución de Octubre. Allí estaba nuevamente, para convertirse en poco tiempo, en jefe y líder de la organización del Partido.

Diciembre de 1925. XIV Congreso del Partido. Los enemigos del Partido, Zinoviev, Kamenev y toda su pandilla, dirigen el ataque contra el Comité Central e intentan frustrar el plan leninista para la edificación del socialismo en nuestro país.

Pero las acusaciones hechas por la nueva oposición contra el Comité Central y la dirección del Partido, son reducidas a cero, y las proposiciones alarmistas son repelidas por una abrumadora mayoría en el Congreso.

Todo el Partido se agrupa en torno a su Comité Central, en torno al camarada Stalin. La causa de Lenin y de Stalin se mantuvo incólume.

Se impone al Partido, con urgencia, una tarea de las más importantes: reorganizar las filas bolcheviques de Leningrado, de las cuales una parte caerá en la red de la demagogia, del engaño y de la calumnia de Zinoviev y sus satélites.

El Comité Central envía a Leningrado a varios de sus miembros, Molotov, Voroshilov, Kalinin, Petrovski y Kirov. Los zinovievistas, enemigos del Partido, los reciben con la mayor hostilidad, tratan de sabotear las reuniones en las que los miembros del Comité Central toman la palabra; interrumpen sus intervenciones con silbidos y aullidos, y tratar de modificar, a su manera, la composición de esas reuniones, con el fin de falsificar las decisiones tomadas por las organizaciones del Partido. Pero los miembros del Comité Central cumplen enérgicamente la misión que les fue encomendada. Participan diariamente en las fábricas, denunciando las calumnias y las mentiras de Zinoviev contra el Comité Central y el Partido, exhibiendo, ante los proletarios de Leningrado, la esencia burguesa de las “teorías” de la oposición, y desenmascaran la actividad criminal de los individuos de esta oposición, que reavivan las fuerzas de la contrarrevolución.

Kirov toma la palabra en el “Tejido Rojo“, en la fábrica “Electrosila“, en la reunión general de las organizaciones comunistas de las fábricas “El Clavel Rojo“. “El Electroaparato“, en la fábrica “Putilov Rojo“, etc., en las reuniones sindicales y delante de la Juventud Comunista.

Somos 138 millones de hombres que marchamos siempre hacia adelante –dice Kirov el 6 de febrero, en la IX Conferencia extraordinaria del distrito Petrogradski-, dirigimos un estado enorme y somos considerados como el principal pilar de todo el movimiento revolucionario mundial. Esto no es charlatanería, es un hecho. Nuestra gran Partido Comunista de la URSS es el eje principal de la Internacional Comunista, y cada uno de nuestros pasos es observado y medido en todos los lugares donde se desarrolla la lucha revolucionaria, y ahora hay quienes nos dirán que, hace ocho años, en octubre, nos metimos en un laberinto del que aún no pudimos salir.

Pero, camaradas, no existen palabras para calificar, adecuadamente, semejante argumento. Supongamos que hoy, todo lo que estamos aquí, adoptamos una resolución declarando que durante la Revolución de Octubre marchamos hacia el frente, que continuamos actualmente marchando hacia adelante; y que estamos edificando el socialismo, pero que no podremos pronunciarnos sobre la cuestión de si llegamos o no a realizarlo plenamente, ¿qué nombre daríais a esto?

Esto sería, en realidad, según creemos, abandonar las posiciones, batirnos en retirada. En octubre hicimos algo, es decir, pensamos en conseguir algo. Hicimos todo tipo de esfuerzos en este sentido; soportamos una guerra civil; derrotamos a nuestros enemigos, a todos nuestros enemigos; hoy estamos construyendo el socialismo y ahora, cuando nada nos impide alcanzar nuestros objetivos, declaramos:

-¡No sabemos qué va a pasar, sólo el diablo lo sabe!

Esta es la psicología y la filosofía de nuestros camaradas de la oposición“.

Las explicaciones de Kirov convencían; no se podía dejar de estar de acuerdo con sus razonamientos. En sus discursos, las más complejas cuestiones de la política del Partido se vuelven claras para todos y no permiten albergar la menor duda.

Bajo la aparente tranquilidad de todos los discursos de Kirov, se precibe, sin embargo, el fuego de la pasión bolchevique, la más decidida energía y la más completa lealtad al Partido.

En las reuniones del Partido, los provocadores zinovievistas intentan organizar un sabotaje directo, dando la bienvenida a Kirov y a los demás fieles defensores de la línea del Comité Central con gritos insolentes y silbidos; pero cuando Kirov empieza a hablar, se ven obligados a guardar silencio. Todos escuchan con gran atención los discursos tan brillantes y persuasivos de Kirov. En un instante conquista a su público. Cuando termina, todos, llenos de entusiasmo, se ponen dee pie para saludar a aquel que supo explicar lo esencial, lo indispensable, en términos sencillos, accesibles a todos, y acaba eliminando todas las dudas y restaurando la fe en la causa de la clase obrera, en la causa del Partido de Lenin y de Stalin. Después de cada una de sus intervenciones, ya sea en las reuniones en las fábricas, en los sindicatos, en las organizaciones de la Juventud Comunista o en las conferencias regionales o provinciales, Kirov, que poco antes nadie lo conocía en Leningrado, es constantemente objeto de ovaciones frenéticas y entusiastas. Su autoridad aumenta sin cesar. Se vuelve indispensable, cercano y querido para todos los trabajadores de la ciudad de Lenin, tan indispensable, cercano y querido como todo el Partido de Lenin y de Stalin.

La organización del Partido Comunista de Leningrado está en vísperas de decisivas transformaciones. El 10 de febrero de 1926, se celebra la conferencia provincial extraordinaria del Partido, durante la cual los bolcheviques de Leningrado denuncian definitivamente las mentiras y los engaños de la oposición zinovievista y se declaran totalmente dispuestos a luchar hasta el final por la causa del socialismo, bajo la dirección probada del Comité Central leninista y de su jefe, el camarada Stalin.

Kirov, secretario del Buró Noroccidental del Comité Central y primer secretario del Comité Provincial de Leningrado, se convierte en el líder de los bolcheviques de Leningrado, de los proletarios de la ciudad de Lenin.

El año 1926 no fue un año fácil para la organización de Leningrado, ya que tienen que organizar, de arriba a abajo, las filas del Partido. En los barrios, en las fábricas, en los talleres, en los sindicatos, en la Juventud Comunista, etc., los zinovievistas, esos políticos fracasados, son, por petición unánime de las masas del Partido, expulsados de la organización, siendo asignados para los puestos responsables cientos de miles de nuevos camaradas.

Durante esta extensa reorganización, se encuentra siempre y en todas partes, la mano guía de Kirov y su visión penetrante. Observando a la gente, él reconoce rápidamente y sin equivocarse, cuales son aquellos con los que se puede contar firmemente y hasta el final. Habla con unos y otros; reconforta con sus consejos y con su sonrisa amable y complaciente; corrige amablemente los defectos inevitables en todo comienzo, comunica a toda su seguridad desbordante; levanta el ánimo de todos con su ejemplo personal, con sus palabras, con sus consejos, y asegura su lealtad incondicional al Partido y a la gran causa de la revolución proletaria.

El excepcional talento de Kirov, como organizador, se muestra en toda su magnitud durante este difícil período. Los hechos desmienten las profecías de la oposición sobre el supuesto e inevitable desorden del trabajo, así como las insolentes declaraciones de los zinovievistas afirmando que la organización de Leningrado no podía prescindir de ellos.

El alejamiento de los acólitos de Zinoviev, que dedican todos sus esfuerzos a sabotear la gran obra de la edificación socialista, sofocando la actividad y la iniciativa de las grandes masas y sustituyendo la política leninista por una política de tretas contra el Partido; la sustitución de zinovievistas por un grupo de nuevos elementos, salidos de las filas del partido, etc., crea por todas partes animación, vigor, una renovación del interés, un auge de trabajo.

En enero de 1927, exactamente un año después de su llegada a Leningrado, Kirov mostraba los innegables progresos logrados en todos los sectores de trabajo, y de hecho podría declarar, con pleno derecho y en nombre de la organización provincial del Partido en Leningrado:

Camaradas. Ya podemos decir firmemente que las indecisiones, las dudas y las incertidumbres que se observaban en ciertas esferas del Partido, hoy han desaparecido. Entre nosotros, ya no hay nadie que dude, ni por un momento, de que hemos conseguido el triunfo de la gran causa de cuya victoria nos batimos en las barricadas hace más de nueve años. Edificaremos la sociedad socialista en nuestro país, a pesar de todos los que dudan, vacilan y pierden la perspectiva leninista“.

Durante los años que siguen, Kirov mantiene sin cesar una lucha encarnizada, resuelta y consecuente con los que trabajan contra el Partido leninista: los delegados de la derecha, los “izquierdistas” y los degenerados y derecho-izquierdistas. En sus brillantes discursos, pronunciados en la tribuna del Congreso ante los bolcheviques de Leningrado y ante todo el Partido, condena sin descanso la esencia contrarrevolucionaria de las oposiciones de todos los colores.

En el XV Congreso del Partido, al terminar su discurso profundo y lleno de sarcasmo corrosivo contra la oposición, Kirov declaraba:

Creo que corresponde al actual Congreso terminar realmente con lo que no fue completado en el XIV Congreso: es necesario expulsar de nuestras filas a la oposición, de la forma más enérgica, más firme y más implacable. Es lo que esperan de nosotros nuestro Partido y la clase trabajadora: esto, camaradas, es también lo que espera de nosotros el proletariado mundial. A todos los que están confundidos, a todos los que vacilan y dudan, es necesario dejar que se hundan en el abismo, ya que la historia los relegará. En cuanto a nosotros, nuestro camino es aquel que nos lleva con vosotros: ¡siempre hacia adelante, hasta la victoria segura!

En el XVI Congreso del Partido, Kirov arrasa a los delegados derechistas con el peso de sus argumentos perentorios:

…Debéis -dice Kirov a los líderes derechistas de la oposición- calificar como antibolchevique vuestro programa y, sin entrar en profundas disertaciones teóricas, decir francamente que vuestro programa, en el fondo, no pasa de un programa de kulaks, cuya aplicación llevaría, a fin de cuentas, a la derrota de la dictadura del proletariado y a la restauración del capitalismo“.

En el XVII Congreso del Partido, Kirov habla del inmenso triunfo alcanzado por el Partido Comunista y por la Unión Soviética. No deja, sin embargo, de hacer la siguiente advertencia:

…Pero existe un peligro: el de comenzar a escuchar todo tipo de música y dejar de entender, de esta manera, lo que está sucediendo a nuestro alrededor“.

Kirov menciona, una vez más, a los miembros de la oposición que “intentan por todos los medios adaptarse a nuestras victorias” y habla de la “lucha intransigente contra el oportunismo en todos sus matices“. “La lucha no ha terminado, la lucha continúa“-enfatiza nuevamente Kirov.

Colocado por el Partido al frente de la organización de Leningrado, Kirov se orienta rápidamente en su nueva situación. Con energía y firmeza, trata las cuestiones cuya solución depende en gran medida el futuro de la industria de Leningrado y de la propia Leningrado, como gran centro industrial proletario de la Unión Soviética.

El camarada Kirov indica que es necesario:

…Dirigir el desarrollo de la industria de Leningrado, con el fin de asegurar, realmente, los medios para llevar a cabo las instrucciones generales del Partido sobre la industrialización del país, para que nuestras plantas puedan efectivamente y de modo verdaderamente nuevo, en el sentido industrial, resolver la cuestión relativa a la construcción de maquinaria y de máquinas-herramienta“.

Kirov inspecciona diariamente el trabajo de las grandes fábricas de Leningrado. En los momentos más difíciles y de mayor escasez de materias primas, combustible y todo tipo de materiales, Kirov contribuye diariamente para animar el trabajo de los gigantes de la industria de Leningrado, organizando, personalmente, los transportes de carbón, de hierro fundido y de petróleo, y estableciendo, él mismo, el “cuadro de distribución” -fábrica por fábrica- de las materias primas que escasean.

En las conferencias de los distritos de Moskovski y de Narvskiv, Kirov habla, con legítimo orgullo, de la adaptación en nuestras fábricas, de las ramas de producción inexistentes, antes de la Revolución; de la construcción de turbinas de vapor en los talleres de la fábrica mecánica (hoy fábrica Stalin); de la organización de la producción de tractores en las fábricas Putilov; tratando, finalmente, de la creación, en Leningrado, de una rama importante de la industria, ante la cual se abrió con seguridad un gigantesco futuro en un país como el nuestro, de millones de habitantes: la construcción de maquinaria textil.

La industria de Leningrado siempre utilizó combustible y materias primas procedentes de otras regiones; pero en los primeros años del período de restauración, ciertos “creadores de planes” animados por los trotskistas y zinovietistas alarmistas, se habían dedicado a profetizar la “parálisis” de Leningrado intentando demostrar la necesidad de detener el desarrollo de la industria en esta ciudad, como si no estuviese claramente restablecida.

Durante el primer año del desarrollo de su actividad en Leningrado, Kirov ya planteaba, con decisión y con fuerza, la cuestión referente a la creación de una base energética propia, alimentada por los distintos combustibles locales, y también la cuestión de la búsqueda de nuevas fuentes y nuevas clases de las materias primas para la industria.

Kirov consigue, finalmente, hacer que, en diciembre de 1926, sea completada la construcción de la central hidroeléctrica de Volkhov, que se había estado alargando interminablemente. En su inauguración, Kirov dijo:

La central hidroeléctrica creada por el proletariado proporcionará nuevas fuerzas a nuestra industria. Pero todo esto sigue siendo poco para nuestro país. Acabamos de pasar el primer examen. Después de haber sido aprobados, tenemos que seguir adelante con paso firme y audaz“.

Kirov toma parte directa en la solución del problema de la construcción de una poderosa central hidroeléctrica sobre el Svir y sigue de cerca el avance de las obras.

Para disipar las dudas de numerosas “manos expertas” propone audazmente que se construya en el río Niva (más allá del círculo polar) la estación hidroeléctrica más septentrional del mundo; y otra estación más al norte, en el río Tuloma.

En nuestros días, ¡la estación eléctrica del Niva asegura la electrificación del sector septentrional! de la línea de Murmansk (hoy línea Hirovski) y se convirtió en la base de un potente desarrollo en toda la parte meridional de la península de Kola.

Se debe, también, a la iniciativa de Kirov, la creación de una nueva y poderosa estación eléctrica en Dubrovski (turboalimentada), que proporciona energía eléctrica a Leningrado.

Por la insistencia de Kirov, bajo su control permanente y con su ayuda, se reconstruyen ciertas estaciones eléctricas en Leningrado, con el fin de aumentar considerablemente su potencia energética.

La energía y la perseverancia de Kirov se debe al hecho de que, durante el invierno de 1934 -el último de su vida- la industria de Leningrado haya sido definitivamente garantizada con respecto a la energía eléctrica.

Imponiéndose a sí mismo la tarea de reemplazar el carbón y el petróleo -que tenían que ser importados- por el combustible local, Kirov fue obligado a sostener una lucha perseverante para aumentar la extracción de turba y utilizarla a gran escala. También aquí venció a la gran resistencia ofrecida por los líderes irresponsables, que no querían dejar de trabajar para aprender a utilizar este combustible que, sin duda, requiere de cuidados especiales, debido a las condiciones climáticas de Leningrado.

El camarada Kirov se ocupó también, con interés, de la industria de la pizarra; visitó las minas de pizarra de Gdov donde, por escaleras mojadas y resbaladizas, descendió a un pozo, y, sobre la base de sus propias observaciones, concluyó que era no sólo posible, sino también necesaria, la explotación de pizarra, lo que constituiría un importante fuente de combustible y de materias primas específicas para Leningrado.

Lo mismo ocurrió cuando se puso en duda la posibilidad de extraer la apatita de la tundra fría, más allá del círculo polar. Serguéi Kirov se presentó en Khibin, donde examinó, comprobó y afirmó que se podía y que se debía proceder inmediatamente a la extracción de apatita. Esto es una prueba del estilo de trabajo peculiar de Kirov. Bajo su iniciativa, se llevó a cabo la explotación de bauxita en Tikhvin, y bajo su dirección inmediata, se creó la primera fábrica de aluminio de la Unión Soviética, que fue la de Volkhov.

El papel desempeñado por Kirov en la explotación de las riquezas del norte fue importantísimo. Bajo sus indicaciones se desarrollaron la pesca, la poderosa flota pesquera y el puerto de Murmansk, cuyas aguas nunca están congeladas; los ferrocarriles y la propia ciudad de Murmansk, que se convirtió en un importante centro industrial y cultural del norte remoto e inhóspito.

En el informe que presenta en la IV Conferencia del Partido de la región de Leningrado, en enero de 1932, Kirov habla con legítimo orgullo de los éxitos de la industrialización de esta región:

Lejos de Leningrado, más allá del círculo polar, la inmensa mezcla de apatita en Khibin, se desarrolló durante los últimos dos años.

Una nueva rama de la producción se desarrolla allí, y sobre esa base se crea, alrededor de toda la mezcla de Khibin, una nueva ciudad de 30.000 habitantes. En un futuro muy próximo, entrará en actividad la mezcla de aluminio; los trabajos progresan en las minas de bauxita y la extracción de combustibles de toda clase aumenta en gran medida.

El ejemplo de Khibin es especialmente útil para el futuro desarrollo de las fuerzas productivas de nuestro país. En él se encuentra la prueba más evidente de que, gracias a la incapacidad del sistema capitalista, las fuerzas productivas se desarrollan con una amplitud sin precedentes. ¡Demostraremos, durante el segundo plan quinquenal, que no existe en la tierra, un lugar que no pueda ser puesto a servicio del socialismo!

Por insistencia de Kirov y bajo sus instrucciones directas, se procede a un exhaustivo estudio de las riquezas del subsuelo de la península de Kola, estudios que han dado grandes resultados, incluyendo: el descubrimiento de yacimientos de cobre y de níquel (hoy en funcionamiento), de hierro, de plomo, de materiales raros. Se crea, con la participación de Kirov, con la rapidez asombrosa que todos conocemos, el canal Stalin, que une Leningrado y el Báltico hasta el Mar Blanco y el Océano Glacial Ártico.

Kirov también se preocupó mucho del desarrollo de la agricultura en la región de Leningrado, dedicándose con firmeza y decisión a convertir esta región, puramente de consumo, en una región productora, trabajando incansablemente por la mecanización de la agricultura y por ser el primero en proponer la introducción del cultivo a gran escala de trigo candeal, en las regiones del norte. Después de refutar las objeciones de muchos escépticos y oportunistas, consiguió, en este sentido, un éxito completo:

Es preciso dedicarse al cultivo de trigo candeal, con decisión y con coraje. Es falso, camaradas, que nuestro país sea un país de lagos, pobre y pantanoso. No existe tierra que, entre las manos expertas del poder soviético, no pueda . convertirse en beneficios para la humanidad. Ya hemos comenzado a trabajar más allá del círculo polar, donde estamos logrando convertir en cultivable un suelo helado; por lo que sería para nosotros una vergüenza no poder convertir en cultivables nuestras tierras aquí“.

Tampoco perdía de vista los importantes trabajos realizados en los numerosos institutos de investigación científica de Leningrado y, a menudo en los momentos difíciles, ayudaba a los atrevidos investigadores. Con su cooperación, precisamente, el profesor Lebedev pudo resolver el problema del caucho sintético.

Kirov consagró gran parte de su energía y de sus fuerzas a la defensa de Leningrado y de toda la Unión Soviética. Serguéi Mironovítch visitaba con frecuencia a los soldados rojos y casi todos los años, acompañado por el camarada Voroshilov, asistía a las maniobras de la flota del Báltico.

Dedicó, también, especial cuidado y atención a la reconstrucción de la ciudad de Leningrado; a la construcción de nuevas viviendas; al trazado de nuevas calles, etc., así como a todos los asuntos relacionados con la urbanización de Leningrado y su transformación en una verdadera ciudad socialista.

No podrían ser enumeradas aquí todas las cuestiones, incluso las más importantes, que sucesivamente surgían y se iban resolviendo, parcial o totalmente, con la participación de Kirov, por sus indicaciones y consejos, e incluso a veces bajo su dirección inmediata.

De hecho, no existe en Leningrado ni en toda su región una sola actividad en la cual Kirov no haya influido con mano firme y visión aguda, así como con sus instrucciones precisas y profundamente meditadas.

Miembro del Buró Político y secretario del Comité Central de nuestro Partido, alumno, compañero de lucha y amigo del camarada Stalin, Kirov tomó parte efectiva y directa en la solución de todas las cuestiones importantes de la política interior y exterior de la Unión Soviética. Y dando una gran importancia a las cuestiones de la teoría revolucionaria, participó en la elaboración de una serie de importantes problemas teóricos (enseñanza de la Historia del Partido, etc.)

Pero, ante todo y por encima todo, Kirov presta especial atención al elemento humano. La oferta de trabajadores, sus viviendas y la de los expertos, las cuestiones relativas a la vida de obreros, de los koljosianos y de los intelectuales soviéticos, las aspiraciones culturales de los trabajadores del campo y de la ciudad, siempre han ocupado un lugar destacado en la actividad de Kirov. Esto dijo Kirov en 1930:

La clase obrera comienza realmente a conquistar las cumbres de la cultura y no pasará mucho tiempo sin que todo el arsenal de la cultura moderna esté en sus manos“.

Una de las principales iniciativas de Kirov consistió en la creación de un inmenso parque cultural y de descanso para los trabajadores de Leningrado. Convertirles la vida en algo hermoso y feliz a miles y miles de hombres fue el pensamiento constante y el gran sueño de Kirov.

Su preocupaba por la juventud, los niños, las escuelas, su inmenso amor por los más pequeños se hizo muy popular. Los niños corrían junto a Serguéi Mironovitch para contarle sus necesidades y le exponían sus problemas y él respondía a sus cartas y les dana consejos prácticos con la máxima ternura:

Aprender bajo la dirección de vuestro maestros -escribía a los pioneros y estudiantes de Leningrado-. Rivalizar entre vosotros en los estudios; ayudar a los más atrasados; aprender, con la perseverancia y tenacidad de los pioneros, las matemáticas, la física, la química, la sociología, la historia, la lengua materna y las lenguas extranjeras; estudiar nuestra gran construcción socialista.

Fortalecer la disciplina en la escuela, velar por ella y cuidar de los libros“.

Serguéi Kirov amonestaba gravemente a “los perezosos que llegan tarde a clase, estropean los bancos, las carteras, las paredes y los techos“. Y aconsejaba:

Solamente el pionero y la pionera que sean buenos alumnos serán más tarde verdaderos luchadores comunistas“.

Con alegría profunda y verdadera emoción, Kirov veía como iba aumentando el número de alumnos aplicados, algunos de los cuales demostraban verdadero talento y llegaban, a veces, a guiar personalmente sus primeros pasos en la vida.

Desde su más tierna infancia, Kirov amaba la música y el canto. Asistir a un buen espectáculo de ópera era, para él, una gran alegría. Por el contrario, no podía soportar una actuación mala y banal.

Leía muchos periódicos, revistas y libros de actualidad. Estaba informado de todas las novedades literarias y artísticas y de los descubrimientos científicos y técnicos.

Amaba apasionadamente la naturaleza. Cuando vivía en el Cáucaso, le gustaba pasear por los desfiladeros de las montañas, por los atajos y abruptos y por los picos nevados. En los días de descanso, Kirov iba, encantado, a cazar a las espesuras de los bosques y a los terrenos pantanosos, recorriendo kilómetros y kilómetros. Dotado de una fuerza invencible, cansaba hasta el agotamiento al más fuerte de sus camaradas, de los que, después, se burlaba de forma amistosa.

Kirov era el verdadero líder de los bolcheviques y de los proletarios de Leningrado. Sabía mejor que nadie reunir en torno a él no solamente a los miembros del Partido, sino también a los sin Partido, para unirlos y capacitarlos en la lucha por la causa de Lenin y de Stalin.

 

Kirov Stalin

 
Tenía el gran don de atraer a todos aquellos con quienes estaba en contacto, aunque sólo fuera una vez en la vida. El origen de este don emanaba de su incondicional lealtad a la causa de la revolución proletaria; su profundo compromiso con los principios; su extraordinario dominio de sí mismo; su decisión y firmeza en el cumplimiento de las tareas asignadas por el Partido; su perspicacia y su clarividencia, rasgos, todos ellos, que caracterizan al verdadero líder. En la larga cadena de misiones a ser realizadas, Kirov sabía apoderarse siempre con acierto del punto principal por donde debía empezar. Llevaba a cabo con exactitud la agenda del día, las tareas cuyos logros victoriosos nos proporcionan nuevos triunfos. Ante aquellos que siempre tenían miedo de que “los asuntos fracasen”, Kirov resolvía audazmente grandes problemas nuevos y triunfaba sobre la indecisión de algunos, de la rutina y el tradicionalismo de otros, se rodeaba de colaboradores serios, enérgicos y tenaces, con los cuales alcanzaba los objetivos deseados sin retroceder ante cualquier tipo de obstáculo.

La mesa de trabajo de Kirov, en su oficina de Smolny, parecía un laboratorio. Allí se podían encontrar: nuevas pinturas para pintar tejados o casas; artículos de plástico; objetos de hierro fundido con coque de petróleo; muestras de aluminio y de minerales raros, originarios de la península de Kola. También se podía encontrar, a veces, una botella de alcohol etílico, obtenido por primera vez con el serrín de la madera, o toda una colección de pequeñas muestras que demostraban los componentes y las diversas etapas de la fabricación del caucho sintético.

La oficina de Kirov era el puesto de comando de un ardiente almirante de la Revolución y el centro donde se concentraban todo los hilos de la gigantesca edifición que se estaba llevando a cabo en Leningrado y en toda su región.

Kirov sabía perfectamente formar bolcheviques y plantear las preguntas referentes a la existencia y a la educación del Partido, de manera firme y categórica:

La educación leninista de los miembros de nuestro Partido debe ser, para todo bolchevique, lo más querido, más precioso y más íntimo“.

El camarada Kirov recordaba constantemente que la actividad educativa no debía limitarse solamente a los círculos del Partido y a la red de escuelas del mismo:

…Toda la vida del Partido, todo su trabajo es una gran escuela del marxismo-leninismo. Así se hace y así debería ser. Debemos colocar la cuestión de forma que todas las medidas, decisiones, resoluciones y decretos estén saturados de un contenido popular leninista, accesible a las grandes masas y a los grandes sectores del Partido y de los trabajadores sin partido“.

Kirov sabía orientarse con gran seguridad por el camino del leninismo, y marchar firme e infaliblemente por el camino trazado por el camarada Stalin, digno discípulo y continuador de la obra de Marx y de Lenin, gran estratega de la Revolución y líder de los pueblos.

Kirov decía:

Cada miembro del Partido debe pensar como un verdadero leninista. Esta es la base más sólida, la condición principal para que el Partido mantenga esa unidad que le permita soportar todas las provocaciones, salir de todas las dificultades y ser un Partido realmente leninista; un Partido de hierro verdaderamente unido, capaz de llevar a nuestro país a la victoria“.

De este modo se expresaba Kirov en la reunión de secretarios de las organizaciones de base del Partido, celebrada en Leningrado en 1926, repitiendo ese mismo pensamiento en todos los discursos pronunciados posteriormente.

Serguéi Kirov educaba a la Juventud Comunista, inculcándole un espíritu de lealtad ilimitada al comunismo e incitándola a estar siempre preparada para luchar por la pureza de la doctrina leninista:

La misión principal de la Juventud Comunista, en la actualidad, es estudiar el comunismo, poseer toda la suma de conocimientos acumulados por la humanidad, y luchar en todo y para todo, de forma consecuente por el comunismo, por la pureza del leninismo y por la revolución proletaria mundial“.

Kirov tenía un profundo afecto por el camarada Stalin y se identificaba plenamente con el gran líder, maestro y amigo de los trabajadores, a quien dedicaba su incondicional lealtad. Este gran afecto y esta ilimitada lealtad se extendía a todos los bolcheviques y a todos los trabajadores de Leningrado.

Hablando del camarada Stalin, Kirov decía con gran fervor y profunda emoción:

Durante estos últimos años, desde que trabajamos sin Lenin, no hubo ni una sola modificación en nuestro trabajo, ni se tomó una única iniciativa importante, ni se dio una orden ni una orientación a nuestra política sin que el autor de ésta hubiese sido el camarada Stalin. Todo el trabajo fundamental -y esto lo debe saber todo el Partido- se hace obedeciendo sus instrucciones, por iniciativa y bajo la dirección del camarada Stalin“.

El camarada Stalin es un modelo de bolchevique en toda la extensión de la palabra. No es de extrañar, por tanto, que nuestros enemigos dirijan especialmente sus ataques contra él, que encarna la invencibilidad y la grandeza del partido bolchevique“.

Inmensa, ilimitada, era la abnegación con la que Kirov servía a la causa de Lenin y de Stalin, la causa de la revolución proletaria mundial, la causa de la edificación del socialismo.

Como líder de los bolcheviques de Leningrado, discípulo, compañero de lucha y amigo del gran Stalin, Kirov era verdaderamente amado por todo el Partido: lo rodeaba el amor inmenso y sin límites de los adultos y de los niños, de los bolcheviques del Partido y de los bolcheviques sin partido, de los trabajadores, de los koljosianos, de los intelectuales soviéticos y de todos los trabajadores, no sólo en Leningrado, sino en toda la Unión Soviética.

Fue Kirov quien organizó la derrota del bando trotskista-zinovievista en Leningrado, privando de tropas a los “generales” de la oposición. Siempre estaba al frente de los que luchaban por la unidad del Partido, denunciando sin piedad a los que se desviaban de la línea, los opositores de cualquier clase, y sustentando una lucha encarnizada contra los enemigos del Partido de Lenin. Era el compañero de armas y el amigo del gran Stalin; uno de los líderes de la gran edificación socialista y uno de los que habían sentado las bases de una vida feliz y alegre para el pueblo soviético. Por todo eso, los bandidos zinovietistas, enemigos del pueblo, lo odiaban, y también por eso, los cobardes mercenarios de la Gestapo dirigieron su primer ataque contra Serguéi Mironovitch Kirov.

La terrible noticia del monstruoso asesinato de Kirov el 1 de diciembre de 1934 se propagó con la rapidez del rayo por las ciudades y pueblos, por las fábricas, por las izbas koljosianas, por los laboratorios científicos, por las escuelas y por los cuarteles del Ejército Rojo. Esta noticia llenó de profundo dolor nuestro país y de inmensa angustia los corazones de los trabajadores del mundo entero.

En el dolor y en la angustia causadas por esta pérdida irreparable, y llenos de un odio y de una ira sin límites contra los asesinos fascistas -enemigos del pueblo-, se unieron todos los que habían roto con el mundo de la violencia, de la miseria y de la opresión, todos los que, bajo la bandera de Lenin y de Stalin, marchan siempre hacia adelante, al camino del socialismo, al camino de una vida feliz y alegre.

Nuestro gran pueblo respondió con firmeza al golpe perpetrado por los degenerados contrarrevolucionarios que querían restaurar la esclavitud asalariada en nuestro afortunado país.

En apretadas filas, nuestro pueblo se unió aún más estrechamente que nunca en torno a nuestro Partido y a nuestro jefe y amigo, nuestro muy amado Stalin, demostrando por el impulso extraordinario y por la importancia sin precedentes del movimiento stajanovista, su firme y decidida voluntad de completar con éxito la construcción del socialismo, la gran causa de Lenin y de Stalin y del proletariado mundial, a la que el camarada Kirov había dedicado toda su vida. El brillante ejemplo de Kirov, intrépido luchador, elocuente y verdadero líder proletario, vivirá en la memoria de las generaciones futuras, aumentando el entusiasmo generador de nuevas victorias en la lucha por una vida próspera y feliz.

 

Muerte Kirov

 
En el discurso pronunciado ante la Asamblea de cuadros del Partido de la organización de Leningrado, el camarada Zhdanov expresó claramente el pensamiento y los sentimientos de todo el Partido y de todo nuestro gran pueblo:

Nuestro camarada Kirov nos fue arrebatado por la bala traicionera un criminal, cuando sus fuerzas creativas estaban en pleno florecimiento; florecimiento estrechamente unido al desarrollo impetuoso del socialismo en nuestro país, especialmente en Leningrado, puesto avanzado del comunismo.

Ante este luto nacional, el Partido, la clase obrera y el país entero están, en estos días, sumidos en un profundo dolor que les oprime el corazón. Y el pueblo, el Partido y la clase obrera, juraron sobre la tumba del camarada Kirov vengarse de los bandidos que lo asesinaron; juraron acabar con los satélites restantes, con los resíduos de la contrarrevolución en nuestro país, para de él, barrer toda esa basura compuesta por aquellos que se esfuerzan en hacer retroceder la rueda de la historia, y asesinan a los hombres nuevos de la moderna sociedad que estamos creando. Juraron, finalmente, proseguir hasta la victoria final, la obra del comunismo en nuestro país, por la que luchó tan ardientemente el camarada Kirov.

Todo el Partido, la clase obrera y el pueblo soviético, venera piadosamente la memoria del camarada Kirov, manteniéndola como un tesoro, y nuestro pueblo levantará un gran monumento.

Su memoria se perpetuará no sólo por el hecho de utilizar el nombre de Kirov en varias ciudades, fábricas y talleres.

EL MONUMENTO QUE NOSOTROS, PARTIDO Y CLASE OBRERA, LEVANTAREMOS A SERGUÉI MIRONOVITCH, SERÁ LA REPRESENTACIÓN DEL PROGRESO DEL SOCIALISMO Y DE LA MARCHA TRIUNFAL, SIEMPRE ADELANTE, DEL COMUNISMO…“.

 

 

Por B.P. Pozen

 

 

Traducido por “CulturaProletaria” de la revista “Problemas”, Nº14, Octubre de 1948.

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