Sobre la Bulgaria Socialista

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Extractos del libro del periodista australiano Wilfred Burchett, de 1983, sobre la Bulgaria socialista:

“¿Por qué debería escribir un libro sobre Bulgaria? Mientras escribía, me preguntaba por qué no lo había hecho antes. Entre los casi cuarenta países de Europa, América, Asia, Oceanía y África en los que trabajé, incluyendo una docena en los cuales fijé mi residencia semi-permanente, Bulgaria es el país que visité con más frecuencia y con más regularidad. El motivo de que Bulgaria no haya inspirado uno de mis muchos libros es que he estado ocupado sobre todo haciendo reportajes en las zonas más conflictivas del mundo. Bulgaria era el refugio donde me retiraba entre tormenta y tormenta. ¡Descansar sobre la arena del mar Negro y pescar algunos de sus peces tiene un extraordinario efecto terapéutico! En el ajetreado mundo en el que era obligado trabajar para los editores y directores de periódicos, la tranquilidad de Bulgaria se revestía con una cualidad poco común, que, sin duda, merecía una investigación y reflexión propias”.

“Con los años se ha hecho evidente -prácticamente bajo mis propios ojos- que una nueva generación, con nuevos ideales, estaba forjando el futuro del país. Niños cuyas cabezas estaba acostumbrado a acariciar y cuyos padres eran, en su mayoría, de origen muy humilde, se habían convertido en jefes de departamentos del gobierno, diplomáticos, médicos, científicos nucleares, expertos en cibernética. Los pueblos y más tarde las ciudades se volvieron irreconocibles. El antiguo axioma marxista sobre los trabajadores de que “no tenían nada que perder, salvo sus cadenas” había perdido su significado. Es cierto que esto también vale para la mayoría de los países desarrollados. Sin embargo, cuando visité por primera vez Bulgaria, el país era de los menos desarrollados entre los países reconocidamente subdesarrollados de la península balcánica. Los “grilletes” fueron reemplazados gradualmente por los privilegios de una vida digna, civilizada y refinada. Había muchas razones para investigar más a fondo que en las arenas y en las aguas del Mar Negro”.

“Bulgaria, que en su parte del mundo, permaneció durante largos siglos en el “ojo del ciclón”, devastada por un sin número de guerras e invasiones, ahora disfruta de la paz y la estabilidad. Tomó muchas iniciativas para neutralizar lo que solía ser llamado el “polvorín de Europa”. Si ahora el pueblo no tiene más “grilletes que perder,” podría haber perdido todo aquello que sus manos y sus mentes habían construido después de haber espantado a sus invasores en 1878, y especialmente después del derrocamiento del gobierno monárquico-fascista 66 años más tarde, si llegase a haber otra guerra. En Bulgaria, “Paz y Amistad” no sólo otro lema sin sentido. Es una condición de supervivencia, basado en el legado de una trágica historia que vió varias veces a la nación al borde de la extinción. Y fue el pueblo el que aguantó las consecuencias de las aventuras militares que gobernantes búlgaros y extranjeros llevaron a cabo entre sí, en interés de las grandes potencias imperialistas. El hecho es que ahora, la gente común, el pueblo, está gestionando sus propios asuntos en todos los niveles, en lugar de una clase alta cristalizada y eternamente en el poder, parece ser un factor de estabilidad percibida por cualquier visitante, y al mismo tiempo el legítimo espíritu de internacionalismo. Hoy Bulgaria tiene un pueblo altamente instruído y bien formado. En mi primera visita en 1948, había 20.000 inscritos en los institutos de educación superior. Hoy esa cifra se ha multiplicado por cinco y hay diez veces más personal científico-técnico construyendo un estado próspero y progresista. Prácticamente todos son de origen humilde, como he mencionado, y con un interés fuerte y legítimo de mantener la calma y la estabilidad que todos los años atraen a Bulgaria unos cuantos millones de turistas”.

“Es lícito preguntarse por qué el autor, normalmente asociado con los problemas de Asia y las luchas por la liberación nacional, llegó a visitar con tanta frecuencia Bulgaria. En cuestiones de conciencia política alcancé mi “madurez” en Australia, cuando el fascismo y el nazismo estaban ascendiendo en Europa. Parecía entonces que barrería todo lo que estuviese frente a él. Fue entonces cuando surgió aquel que uno de mis amigos políticos definió como “un hombre que es una montaña”, un búlgaro llamado Georgi Dimitrov. Con toda la potencia de la máquina política nazi formada contra él, este hombre denunció la verdadera naturaleza de los nazis, conquistando una extraordinaria victoria legal, moral y política. Los resumidos relatos de su magnífica defensa en el incendio del Reichstag que llegaron hasta Australia, su triunfal duelo oratorio con el matón nazi Hermann Goering, fueron rayos de pura luz en un mundo que se estaba oscureciendo. Posteriormente, la iniciativa de Dimitrov en favor de un frente unido contra el fascismo y la guerra se hizo eco en todos los corazones y mentes progresistas. Para decenas de millones de jóvenes de mi generación en todo el mundo -como percibí más tarde a través de mis lecturas y viajes- Georgi Dimitrov era el modelo de militante internacional y audaz. Comencé a interesarme por el país y por el pueblo que había producido este “hombre que era una montaña”. Ni soñaba que muchos años después habría de estrechar su mano en la capital de Bulgaria. La mayor impresión, como siempre sucede con los que son realmente grandes, fue su personalidad sencilla y humilde”.

“Cuando conocí el pueblo búlgaro, descubrí que Dimitrov reunía las cualidades especiales de valentía, laboriosidad, perspectiva internacional y también humildad y sencillez”.

“Un año después de aquel memorable encuentro yo estaba una vez más en Sofía, para el entierro de Dimitrov. En la calle el pueblo lloraba abiertamente en una demostración tan unánime del dolor como nunca había visto en ningún otro lugar…”

“Además de mi interés inicial en la Bulgaria de Dimitrov, estaba profundamente impresionado al ver cómo un país económicamente atrasado y su pueblo oprimido habían luchado por ponerse de pie y estaban lanzandos en la ambiciosa tarea de construir una sociedad socialista desarrollada”.

“En cuanto absorví lo que estaba sucediendo en términos humanos, tuve el privilegio de casarme con una periodista e historiadora de arte búlgara que me acompañó habitualmente durante los 34 años de frecuentes viajes a su tierra natal. Los capítulos siguientes representan una síntesis de observaciones durante este período, acabado por una intensiva serie de visitas en el verano de 1981 y también en la primavera de 1982, incluyendo muchas entrevistas con líderes de sectores vitales de desarrollo económico y social del país”.

 

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“En menos de cuatro décadas Bulgaria, que había sido uno de los estados económicamente más atrasados de Europa, se convirtió en un estado industrializado moderno, sin duda el más exitoso de los Balcanes. Antiguamente el producto nacional era generado en un 80% para la agricultura y un 20% para la industria. Esta proporción ahora está invertida, y el 80% del producto nacional es generado por la industria. Fue llevada a cabo una revolución industrial sin los golpes y las fracturas sociales de la revolución industrial clásica que sacudió Inglaterra durante casi 80 años, en la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. Obviamente, una de las diferencias más importantes está en el hecho de que Bulgaria tenía un sistema socio-político que podía dirigir el proceso de forma científica, absorber los choques y proteger los intereses de los que eran directamente afectados por la transformación. Como resultado, Bulgaria está alcanzando rápidamente a los países occidentales desarrollados, superando por mucho sus tasas de crecimiento económico sin inflación, equiparándose a estos en muchos campos de la tecnología sofisticada y desafiándolos con el nivel de vida de los ciudadanos comúnes”.

“Un factor ventajoso para Bulgaria y otros países socialistas es que su revolución industrial de ayer y su revolución científico-tecnológica de hoy son efectivas y esto todavía se está desarrollando en el marco de un sistema socialista internacional garantizado por el poder económico de la Unión Soviética. Considerando que, desde hace cuatro décadas, un país como Bulgaria comenzó prácticamente desde cero en términos de industria, su base industrial es moderna y muy sofisticada en comparación con muchos sectores de los países que lideraron la revolución industrial hace dos siglos. Y teniendo en cuenta que Bulgaria está integrada en un sistema internacional cuyos componentes están cooperando -y no compitiendo- en conjunto, se puede lograr una especialización de diferentes sectores de la economía entre los estados miembros, proporcionando una producción a gran escala de ciertos artículos. Esto permite una constante renovación de equipos, acompañando los más recientes avances tecnológicos hasta el punto de que pocas empresas privadas, de las que compiten entre sí en el área nacional o internacional, podrían igualar”.

“Con el pleno empleo, un programa económico y de producción planificado de antemano para unos cinco años, mercados garantizados y un nivel de vida en constante aumento, Bulgaria logró evitar las distorsiones sociales que afligen a los países industrializados occidentales cuando se sumergen cada vez más en el caos económico y la crisis. (En los diez países de la Comunidad Económica Europea la estimación oficial de desempleo era, a finales de marzo de 1982, de 10,7 millones, o aproximadamente 9.7% de un total de 110 millones de trabajadores. Se calculaba que esta tasa se elevaría al 11,5% a finales de 1982. Con la tasa prevista de crecimiento económico del 1,5% -en lugar de una estimación anterior de un 2%- no hay esperanza de mejora. Entre los sub-empleados el desempleo ya ha alcanzado aproximadamente el 20%.) Para los estándares occidentales, en Bulgaria prácticamente no existe la prostitución, el consumo de drogas y el crimen. Contrastando profundamente con los países de la CEE y los Estados Unidos, los presupuestos para la atención social, el cuidado de niños, la educación, la salud pública, la cultura, los deportes y los campamentos de verano están en constante crecimiento. En términos de acceso a los bienes de consumo, el nivel de vida de los trabajadores con empleo total de Occidente sigue siendo más alto que el de los correspondientes en Bulgaria, aunque la brecha se está cerrando. Y también está disminuyendo la diferencia de nivel de vida entre los trabajadores de las zonas urbanas y de las zonas rurales, incluso en relación con las actividades sociales, el ocio y la diversión”.

“La interpenetración entre la ciudad y el campo está produciendo una sociedad homogénea, con una rica cultura que conecta un rico patrimonio nacional con el extranjero, para crear nuevos valores. La cultura es un producto de clase, accesible a todos y no se limita a una clase privilegiada. Bulgaria es una sociedad abierta y fraternal, el pueblo está bien informado y ansioso por comunicarse y cooperar con los pueblos del mundo más allá de sus fronteras, de forma activa y creativa, especialmente en lo que se refiere a la paz y al desarrollo de relaciones amistosas y humanas”.

“A la luz de todos los criterios normales para lo que constituye la “calidad de vida”, el pueblo búlgaro está consiguiendo más y más elementos esenciales; los pueblos de Occidente industrialmente desarrollados consiguen siempre menos. La tendencia está firmada; no hay signos de un posible cambio. La Bulgaria socialista fue construida sobre cimientos muy sólidos y -salvo en el caso de una catástrofe internacional- continuará construyendo una sociedad socialista avanzada”.

 

(Burchett, Wilfred. “Bulgaria; presente, pasado y futuro” – Rio de Janeiro: New Directions, 1983 pp 7-14….)

 

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de republicasocialista.blogspot.com.es

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