Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (II Parte)

Staline

 

 

 

Stalin y la democracia proletaria

 

Si resumimos todas las acusaciones llevadas a cabo por los oportunistas contra Stalin, podríamos incluirlas, de manera general, en una única categoría: violación de la democracia proletaria. Stalin, según los oportunistas, usurpó el poder en el país y en el Partido, liquidó a los mejores y más experimentados cuadros del Partido y del Estado.

En sus críticas a Stalin, los oportunistas lo oponen a Lenin, juzgando que este es el mejor y más evidente argumento a su favor. Nosotros también estamos de acuerdo en que esta comparación es pertinente, pero, por otro lado, esta se vuelve contra los propios oportunistas. “Intransigencia”, “crueldad”, “comportamiento dictatorial”, ¿de dónde surgió todo ese vocabulario? ¿Estaremos acaso citando un editorial de “Pravda” de los últimos años dedicado al “culto a la personalidad”? No, estas son las definiciones que los oportunistas acostumbraban a hacer de la actividad de Lenin durante toda la revolución rusa. ¿Por qué la actual dirección del PCUS omite el hecho de que todo lo que en el pasado fue atribuído a Lenin está ahora repitiéndose con Stalin? ¡Y qué metamorfosis! Lenin, según los oportunistas contemporáneos, sería partidario de la tesis “no te opongas al mal con la violencia”. Para denigrar la táctica revolucionaria de Stalin, cuya crítica tiene para ellos una importancia vital directa, los oportunistas están dispuestos a olvidar el pasado y presentar a Lenin bajo una forma “ennoblecida”, conforme a su punto de vista. “¡Nosotros somos los jacobinos del proletariado!“. Estas palabras de Lenin deben ser recordadas por todos aquellos que intentan ahora rehacer a Lenin y darle la apariencia de Jesucristo.

Pero, ¿existía alguna diferencia en el carácter de las acciones de Lenin y de Stalin? Sí, existía. Al comparar a estos dos dirigentes revolucionarios, los oportunistas (en total conformidad con su visión pequeño-burguesa del mundo) reducen todo a las cualidades personales de estos dos hombres. Sin embargo, es evidente que la actividad de Lenin y de Stalin, como dirigentes del Partido y del Estado, corresponde a dos periodos diferentes del desarrollo de nuestra revolución, periodos que difieren radicalmente uno del otro. La muerte de Lenin coincidió prácticamente con el final del periodo de la ofensiva de la revolución europea, de modo que sobre los hombros de Stalin recayó la tarea de dirigir el primer Estado proletario en un momento en que estaba completamente aislado en el terreno internacional y en las condiciones en que no existía una base suficiente para la construcción del socialismo. La ruptura del eslabón más débil en la cadena del capitalismo era una debilidad de la propia revolución.

Un país atrasado -escribió Lenin- puede comenzar(1) fácilmente porque su adversario se pudrió, porque su burguesía está desorganizada, pero para continuar, tiene que tener cien mil veces más cautela, prudencia y firmeza. En la Europa occidental esto será diferente, allí es inconmensurablemente más difícil comenzar, allí es inconmensurablemente más fácil seguir adelante(…). La revolución en un país atrasado, a quien los acontecimientos, en gran medida debido al atraso de este país, lo han puesto, naturalmente por un breve tiempo y, naturalmente, en aspectos parciales, en la vanguardia de otros países más avanzados, está condenada inevitablemente a atravesar los momentos más difíciles y, en el próximo futuro, los más desoladores…“(2)

No es de extrañar que en una situación tan desesperada, las medidas adoptadas por el Partido bolchevique dirigido por Stalin hayan tenido un carácter desesperado y excepcional. El frente económico era casi más peligroso y, en todos los sentidos, más complicado que los frentes de la guerra civil.

En realidad, la revolución alemana condujo, no a la victoria del proletariado, sino a la victoria de la burguesía; y esto desvaneció las esperanzas de la tan esperada ayuda revolucionaria directa de Europa; la NEP(3) ayudó al país a escapar del hambre, pero no resolvió el problema del financiamiento de la construcción de la gran industria de la maquinaria, sin la cual no puede haber socialismo. El socialismo tenía que ser totalmente construido con los recursos internos del país. La agricultura tenía que ser la base material de toda la construcción socialista. Pero había enormes dificultades en los planos políticos y organizativos para adoptar esta vía.

Después del triunfo de la revolución, después de su afirmación definitiva, la agricultura estaba desorganizada, fuer de control, y sus recursos eran repartidos entre la pequeñas explotaciones privadas. La especulación, que prosperaba en este terreno, y la contaminación de una parte del proletariado por el egoísmo de la propiedad, caracterizaban la situación creada por el elemento pequeño-burgués que asolaba el país.

Sólo una organización de hierro, sólo un rigurosísimo registro y control, una rigurosísima disciplina en el trabajo podían salvar la revolución socialista en estas circunstancias. ¿Podría haber sido posible realizar todo esto a través de medidas democráticas?

Precisamente lo mismo tendría que suceder en el terreno de la lucha ideológica. Llamamos la atención sobre el hecho de que fue posible realizar la revolución proletaria en Rusia porque, en un determinado momento, la pequeña burguesía, comprendiendo que los métodos burgueses eran ineficaces para la resolución de las tareas vitales inmediatas, se inclinó hacia el lado del proletariado, admitiendo prácticamente su incapacidad política. Exactamente, se “inclinó” (término empleado por Lenin). Pero al igual que una persona débil en un momento de peligro se entrega completamente a los brazos de alguien más fuerte, una vez pasado el peligro, comienza inmediatamente a vanagloriarse y a atribuirse la victoria a sí misma, como a la pequeña burguesía, después del derrocamiento del zarismo y de la gran burguesía, se vuelve simultáneamente fuerte y arrogante. Al mismo tiempo, debido a sus débiles nervios, concebía la victoria del socialismo únicamente bajo la forma de un idílico apoyo a Rusia por parte de una Europa insurrecta. En el momento en que la esperanza de la revolución “mundial” se desvaneció, cuando se hizo evidente que el socialismo tendría que se construido con sus propios medio y fuerzas, los últimos ímpulsos revolucionarios de los ideólogos pequeño-burgueses se extinguieron sin dejar huella, rompiéndose sus lazos con los bolcheviques. Entonces comenzaron a aparecer las dudas “profundas” y clarividentes, a escucharse gritos por la salvación de por lo menos una parte de las conquistas revolucionarias mediante la capitulación ante el imperialismo europeo; se hicieron acusaciones de “extremismo” a los bolcheviques, en otros términos, comenzó una orgía de palabrería destinada a enmascarar el espíritu cobarde de pequeño-burgués.

Naturalmente que la mejor arma de los demagogos pequeño-burgueses de esta época era la exigencia de democracia, la exigencia de permitirles “dirigirse a las masas”. Y nosotros aconsejaríamos a los oportunistas actuales que recordasen que no fue Stalin sino Lenin quien entonces escribió:

Cuando los mencheviques vociferan contra el “bonapartismo” de los bolcheviques (diciendo que estos se apoyan en el ejercito y en el aparato del Estado contra la voluntad de la “democracia”), expresan magnificamente la tactica de la burguesia(…) La burguesia tiene bien en cuenta que las verdaderas “fuerzas de la clase obrera” se componen hoy de la poderosa vanguardia de esta clase (el Partido Comunista de Rusia, que se ha ganado, y no de golpe, sino en el transcurso de veinticinco anos y con sus obras, el papel, el titulo, la fuerza de “vanguardia” de la unica clase revolucionaria) y de los elementos mas debilitados por el desclasamiento, mas susceptibles de caer en vacilaciones mencheviques y anarquistas(…) Ahora, con la consigna de “mas fe en las fuerzas de la clase obrera”, se refuerza, en realidad, la influencia de los mencheviques y anarquistas: Cronstadt lo ha demostrado y probado del modo más evidente en la primavera de 1921. (….) Nuestra consigna es: ¡Abajo los charlatanes! ¡Abajo los servidores inconscientes de los guardias blancos! (…) Adelante el trabajo practico, serio, que sabe tener presentes los rasgos especificos y las tareas del momento actual! No necesitamos frases, sino hechos“.(4)

Para proteger sus actividades oportunistas, los ideólogos pequeño-burgueses intentaron alterar la democracia interna del Partido. Recordemos los debates interminables que los mencheviques y los socialrevolucionarios impusieron al Partido en los momentos más críticos para la revolución, desperdiciándose fuerzas y tiempo tan preciosos. Y no fue Stalin, sino Lenin, el que promovió la famosa resolución del X Congreso del Partido que prohibió cualquier fracción en el interior del Partido. Y desde el punto de vista formal esto era, sin duda, una violación de la democracia.

Para poder comprender cómo y por qué se concentró tanto porder en las manos de Stalin, hemos de tener en cuenta la situación creada en el XV Congreso del Partido. Leyendo las actas del Congreso, nos sorprendemos, sin querer, con lo que allí ocurrió. Los elementos de la oposición exigían e imploraban una actitud democrática y elemental para con ellos, exigían un mero intercambio de opiniones, mientras todo el Congreso gritaba: “¡Abajo los opositores!, ¡Viva Stalin!” Y esto no provocó la supresión de la democracia proletaria, sino su afirmación. El Congreso defendió la causa revolucionaria contra la fraseología pequeño-burguesa. Y el representante de esa causa revolucionaria era Stalin, quien planteó por primera vez, de una manera firme y clara, la cuestión de la construcción del socialismo en un sólo país, presentó la decisión histórica de integrar la agricultura en el cuadro de la edificación del socialismo, a través de la colectivización general y guió al país a la industrialización.

El Partido y el pueblo confiaron en Stalin. ¿Era necesaria semejante confianza en los dirigentes en esta etapa? Aquellos que se llamen marxistas tienen que admitir que la democracia, como cualquier otros fenómeno social, debe ser apreciada en un contexto histórico y concreto. En su primera etapa, la democracia proletaria (sobretodo en un país atrasado como Rusia) se tenía que traducir en la centralización más fuerte posible del poder. Ante el peligro de muerte, en las condiciones de una lucha de clases muy violenta, el proletariado aplicó esa centralización del mismo modo que en el frente de batalla se aplica la disciplina militar. Nosotros preguntamos: ¿Es necesario tener confianza en el comandante que tiene en sus manos el destino del ejército revolucionario en un momento decisivo? Es evidente que las frases oportunistas sobre la democracia disimulan el individualismo burgués y los esfuerzos de asegurar, en el momento oportuno, la posibilidad de desertar. Aquel que quiere combatir no puede prescindir de un comandante. Y puesto que Stalin ya no está hoy entre los vivos, lucharemos en los batallones de Mao Tse-tung y de Enver Hoxha.

Consideremos esta cuestión desde el punto de vista de la organización del trabajo. Es evidente que dado el nivel de desarrollo económico que tenía Rusia, no podía debilitarse la distribución del trabajo, la cual ni siquiera estaba desarrollada en suficiente medida. La función del poder del Estado, como una de las funciones de la actividad social, asumía una importancia especial en su situación de independencia. Y eso no era la negación de la democracia. Las masas populares entregaron conscientemente el poder a los representantes elegidos, los cuales tenían dado pruebas en la lucha revolucionaria de su temple marxista y de su fidelidad al pueblo.

Lenin acostumbraba a decir que tendríamos que pagar de las más diversas formas por nuestra ignorancia. Respecto a esto, él resaltó la necesidad de colocar a los viejos especialistas burgueses al servicio del proletariado. Pero el tributo a pagar por nuestra ignorancia asumiría, manifiestamente, otras formas más complejas. Esto puede ser fácilmente comprendido si consideramos las cosas concretamente. Así, por ejemplo, un antiguo budionista(5), que se había convertido en secretario de un Comité regional del Partido, y no lograba resolver por si mismo los problemas políticos y económicos que se colocaban en el plano general, acostumbraba a decir: “Mándenme el decreto y obligaré sea a quien sea a cumplirlo a punta de pistola“. De esta manera el poder efectivo fue concentrado legítimamente en las manos de aquellos que tenían el conocimiento, la experiencia revolucionaria y la autoridad. ¿Sería esto bueno desde el punto de vista de los ideales socialistas abstractos? Supongamos que era malo. ¿Qué podían objetar a este respecto aquellos que quieren verdaderamente realizar la teoría del socialismo en la práctica? Y fue precisamente esta retirada (y no solamente la utilización de los viejos especialistas burgueses) lo que constituyó el “pago” al viejo orden de las cosas debido a nuestra ignorancia general. La retirada respecto a la total igualdad socialista, inevitable en las condiciones de nuestro atraso cultural. A los oportunistas les gusta afirmar, en palabras, que, en relación con sus oponentes, son más de izquierdas de lo que se puede ser. Pero, ¿dónde se colocan ellos mismos cuando rehusan comprender la lógica del desarrollo social real? Pero además de eso, es evidente que quieren ser más papistas que el Papa, más demócratas que las propias masas populares, las cuales, mucho antes que los demócratas de gabinete, ya habían resuelto el problema de saber si son o no necesarios los dirigentes en la guerra y si es necesario o no obedecerles.

Aunque se muestren dispuestos a reconocer la necesidad del centralismo en la teoría, estos traidores pseudo-marxistas no la aceptan de modo alguno en la práctica, ni se conforman con la idea que las personas hacen de él. Construir el socialismo con el material humano del que disponemos actualmente y, por consiguiente, también con las condiciones que existen en la sociedad actual. Tal era la instrucción de Lenin. Los bolcheviques, guiados por Stalin, cumplieron esta instrucción.

Pero naturalmente que no se trata aquí de verificar la pureza cristalina o la santidad de los oportunistas. Después de 40 años consecutivos en los que demostraron una actitud servil ante la dictadura del proletariado, obtuvieron de repente la posibilidad de discutir sus méritos y sus deficiencias y descubrieron en ella uno de los puntos “débiles” de la ideología de la sociedad socialista en construcción. Pues bien, en efecto, estamos constituidos únicamente de puntos débiles, pero es porque nosotros vivimos la vida, mientras que ustedes están llenos de virtudes porque han salido de la tumba política, porque son viejas solteronas incapaces de cometer pecados y de generar vida.

Naturalmente que estos enemigos del marxismo ni siquiera comprenden que, si quieren hablar del “culto a la personalidad”, tiene que decir que este comenzó en el momento en el que el cuerpo de Lenin fue colocado en el mausoleo, donde Stalin prestó juramento sobre su ataúd. ¡Llevemos el asunto hasta el final, señores mios! ¿Atreverse a atentar contra este “culto” y este juramento? ¿No seréis vosotros indignos, mas que cualquier otro, de semejante cosa?. ¿Vosotros que juráis por Lenin todos los días y a todas horas? ¿Dónde están aquí la fidelidad y los principios? Nosotros juramos por Lenin y por Stalin, pero no somos gente de dos caras. Declaramos abierta y públicamente que el proletariado tiene sus guias, en los cuales vemos la realización suprema de las posibilidades de nuestra clase y de toda la humanidad en general, en cuya exaltación, en verdad, afirmamos que tenemos lo mejor.

El juramento prestado sobre la tumba de Lenin fue un testimonio del hecho de que había acabado el periodo ofensivo de la revolución. Ahora, la lógica del desarrollo revolucionario no podía dejar de ser eclipsada por las contradicciones sociales muy complejas; ella no se presentaba a las masas en su naturaleza viva. Esta lógica tenía que ser comprendida y explicada por los dirigentes. Ahora todo debería ser edificado con la confianza de las realizaciones alcanzadas, con confianza en el dirigente.

Consideramos que el propio hecho de la revolución constituía una manifestación de grandiosidad. Y esto fue justo. Esta fue también la forma como distinguíamos a las personas que habían hecho esta revolución. Pero la canonización del pasado también conducía inevitablemente a la canonización del presente. Stalin lo comprendía perfectamente, hablaba siempre de este asunto de forma clara y precisa. Stalin es la bandera.

El poder que Stalin recibió del Partido y del pueblo se basó únicamente en el reconocimiento de sus cualidades como gran pensador y combatiente revolucionario, en la confianza general que en él era depositada por haberse mantenido como timonel del leninismo, incluso bajo los golpes de los “derechistas”, de los “izquierdistas” y de los oportunistas de toda clase. Hablar hoy del “culto a la personalidad” de Stalin como una violación de la democracia, un desprecio por la voluntad del Partido y del pueblo, es la mayor ofensa a los más sagrados sentimientos de nuestros hombres y mujeres, una ofensa que sólo puede ser hecha por aquellos que no estuvieron con nosotros durante nuestra primera marcha hacia el socialismo, o por aquellos que no pueden olvidar la férrea mano de la dictadura del proletariado, que sintieron sobre sus hombros.

Y aquí llegamos a la cuestión de las “represiones” cometidas supuestamente por Stalin. Los señores oportunistas, intentando ocultar la base social de estas represiones, se esfuerzan por presentar a Stalin como un hombre que, temiendo eventuales rivales, mandaba detener y fusilar a todo aquel que le pareciese una persona sensata e razonable. Es evidente que esto no tiene ningún fundamento, incluso en relación al círculo más próximo de Stalin. En caso contrario, los miembros del clan oportunista, por ejemplo, tendrían que admitir que sobrevivieron a los tiempos de Stalin sólo porque desde el punto de vista intelectual no eran merecedores de ninguna atención. Es completamente absurdo explicar de esta manera las represiones contra cuadros responsables de base, la mayor parte de los cuales, naturalmente, Stalin nunca conoció personalmente. La mala fe de los oportunistas es visible precisamente en el hecho de que, afirmando que Stalin era un sanguinario y cruel, jamás intentaron seriamente comprender los motivos de las acciones represiones.

Para todos aquellos que no predican el principio de “no te opongas al mal”, la respuesta física al golpe físico es comprensible. Pero la cuestión se vuelve más complicada cuando se trata de política, donde los resultados directos de tal o cual acto pueden eventualmente revelarse décadas después. ¿Se debería haber construído la industria en la Unión Soviética a costa de esfuerzos y privaciones indescriptibles? Tenia razón Stalin cuando dijo: “O conseguimos hacerlo o seremos aplastados“(6). Pensamos que la mejor respuesta a esta cuestión podrá ser dada por los soldados de la guerra patriótica, que tuvieron en sus manos las armas producidas por las industria stalinista. Y fueron precisamente los mencheviques y los socialrevolucionarios quienes se opusieron a la industrialización. Decían que la agricultura estaba siendo sacrificada en aras de la industria. De este modo, objetivamente, querían que los campesinos rusos fuesen sometidos a la esclavitud fascista. Stalin perseguía a los principales ideólogos pequeño-burgueses que no eran sino individuos que cambiaban de color y se infiltraban en las filas de los bolcheviques. En esto reside la esencia de los “famosos procesos de Moscú”. Stalin liberó a Rusia de la “quinta columna”.

Para poder comprender hasta que punto esto es verdadero, hasta que punto Stalin tuvo en cuenta en sus actos el problema del desarrollo del fascismo, llamaremos la atención sobre el hecho de que el fascismo, como movimiento social, fue una respuesta directa de la burguesía europea a la Revolución de Octubre.

Es imposible no sentir indignación y repugnancia cuando vemos a los dirigentes oportunistas del PCUS esforzándose en presentar como inocentes a los traidores mencheviques y socialrevolucionarios y negar los hechos de su relación directa con los fascistas alemanes. Los oportunistas no mencionan el nombre de Trotski(7), fue demasiadas veces señalado como uno de los eventuales führers rusos. Pero bajo Kruschov, hubo insistente conversaciones secretas con vista a rehabilitar a Bujarin. Del resto, el valor de las rehabilitaciones efectuadas por los oportunistas está demostrado en un ejemplo muy claro. Tujachevski(8), ese verdadero aventurero político que nadie más que Trotski y Bujarin(9) calificaron como un hombre hecho “de pasta napoleónica”, fue ahora rehabilitado. Se dice que las pruebas relativas a Tujachevski fueron falsificadas por los servicios secretos alemanes, que se lo habrían entregado a Benes(10), quien a su vez se lo entregó a Stalin. Pero ¿por qué omiten que Tujachevski fue juzgado, no en base a las pruebas de espionaje, sino por su participación en la conspiración trotskista-bujarinista, en el cual una serie de altas personalidades militares soviéticas, lideradas por Tujachevski, constituían el grupo de choque especial para derrocar al gobierno de Stalin por las armas?. En el proceso final del juicio en Moscú, no fueron los servicios secretos alemanes, sino el mismo Bujarin, quien prestó un testimonio detallado. Afirmó textualmente:

Como se trata de un golpe de Estado militar, por la propia lógica de las cosas, el peso especifico precisamente del grupo de conspiradores militares será extraordinariamente grande (…). Y de ahí puede nacer un peculiar peligro bonapartista, y los bonapartistas, -yo me refería en particular a Tujachevsky-, la primera cosa que hacen es ajustar cuentas con sus aliados, con los llamados inspiradores, según el modelo napoleónico“.(11)

 

Trotsky

 
Y así en adelante. ¿Por qué los oportunistas omiten estos hechos cuando rehabilitan a Tujachevsky? Incluso en la prensa extranjera, personas con sentimiento antifascistas escribieron, con preocupación y sorpresa, que Tujachevsky, durante su visita oficial a Berlín y a otras capitales europeas, desacreditó la fuerza de nuestro ejército y ensalzó la Wermacht fascista, lo que era inadmisible para un hombre que estaba al frente del estado mayor general del Ejército Rojo. ¿Por qué los oportunistas, que profesaron tanto su amor por la justicia, no se acuerdan que los procesos de Moscú alcanzaron, más que a cualquier otro, a Trotsky, que se encontraba en el extranjero, mientras que la ejecución de Tujachevsky y de sus colaboradores eliminó definitivamente el espíritu de “Judas de la revolución rusa”?.

Así, pues, podemos concluir que las represiones de la dictadura del proletariado, de la dictadura stalinista hasta 1934, fueron dirigidas directamente contra los oportunistas pequeño-burgueses que se oponían a la construcción del socialismo en nuestro país, a la colectivización y a la industrialización. ¿Tendríamos nosotros la legitimidad y el deber de obrar de esa forma según el punto do vista de Lenin? He aquí la respuesta:

Que los Martov(12), Chernov(13) y los pequenos burgueses sin partido, semejantes a ellos, se den golpes de pecho y exclamen: “!Alabado seas, Senor, porque no me parezco a “ellos”, pues no he aceptado jamas ni acepto el metodo del terror!” Estos necios “no aceptan el terror”, ya que eligieron para si el papel de auxiliares lacayunos de los guardias blancos, en lo que se refiere al embaucamiento de los obreros y los campesinos. Los socialrevolucionarios y los mencheviques “no aceptan el terror”, ya que cumplen su mision de colocar bajo el terrorismo de los guardias blancos a las masas encuadradas bajo la bandera del “socialismo”. Asi lo han demostrado el dominio de Kerenski(14) y de Kornilov(15) en Rusia, de Koltchak(16) en Siberia, el menchevismo en Georgia; asi lo han demostrado los heroes de la II Internacional y de la Internacional “II y media” en Finlandia, Hungria, Austria, Alemania, Italia, Inglaterra, etc. Que los lacayunos del terror de los guardias blancos sigan ufanándose en negar todo terrorismo. Nosotros diremos la dura, pero indudable verdad: en los paises que viven una crisis inaudita, una desintegracion de las viejas relaciones, una exacerbacion de la lucha entre las clases despues de la guerra imperialista de 1914-1918 -tal es el caso en todos los paises del mundo-, no se puede pasar sin el terror, a despecho de los hipocritas y charlatanes. O terror blanco burgues, al estilo norteamericano, ingles (Irlanda), italiano (fascista), aleman, hungaro y otros, o terror rojo, proletario. No hay termino medio, “tercer” camino no lo hay ni puede haberlo“.(17)

Pero en los tiempos de Lenin, dirán los oportunistas, hubo menos represiones . Esto es verdad. Pero la cuestión es que, en los tiempos de Lenin, el conflicto entre las fuerzas proletarias y las fuerzas contrarrevolucionarias del país no habían llegado aún a su fase definitiva. La verdadera batalla tuvo que ser desarrollada contra los ideólogos pequeños-burgueses en relación con la colectivización. Y fue precisamente aquí que los bolcheviques guiados por Stalin los derrotaron. Esto sucedió porque el campesinado ruso demostró ser más revolucionario que sus ideólogos. Este momento es muy importante y por eso le dedicamos una atención especial. En efecto, las masas rurales de la Rusia soviética, que habían pasado por tres revoluciones y que se habían habituado a confiar en los bolcheviques debido a sus actos, tenían consciencia, en vísperas de la colectivización, de la tendencia hacia su diferenciación. Y a pesar de que los kulaks no alcanzaron una dimensión considerable (lo que hoy sirve de pretexto a los oportunistas para lanzarse a hacer consideraciones estériles, alegando que en nuestro país no había nadie que pudiese ser expropiado como kulak), la incompatibilidad de estos embriones de la burguesía con el poder soviético mostró claramente al campesinado lo que le esperaba en la vía del desarrollo basada en la propiedad privada.

Precisamente por esta razón, aunque debido a las necesidades, la colectivización se realizó mucho antes de lo que se debería haber realizado en condiciones favorables, aunque algunos funcionarios soviéticos habían acelerado los plazos definidos, violando así las directivas del Partido, aunque había habido casos particulares de acciones contra la colectivización, en su conjunto, el campesinado ruso se adhirió a los koljoses y no respondió a la colectivización con sublevaciones, tal como pedían los mencheviques y los socialrevolucionarios. El campesinado siguió el curso de la vida, siguió la revolución en la práctica. Pero, sus eruditos ideólogos no lo pudieron hacer porque eran la personificación de las posibilidades teóricas de la conciencia campesina, la personificación de la debilidad de la campesinado. Por consiguiente, su liquidación se efectuó tanto en el interés del proletariado como en el interés del campesinado.

Muy bien, dirán los oportunistas, pero aunque intentamos rehabilitar a Bujarin, aunque intentamos erigir un monumento a Tujachevsky, no criticamos a Stalin por las represiones ocurridas hasta 1934. Pero ¿cómo se pueden justificar las de 1937? En Lenin, no hay nada que pueda justificar tales represiones. Los oportunistas se regocijan en vano, contando que nunca más se enfrentarán con Lenin. Pero Lenin los desbaratará también esta vez.

Para poder hacer una apreciación de clase de las represiones de 1937, basta con realizar la siguiente pregunta:¿Cuál fue la clase que sufrió estas represiones? ¿El proletariado? No. Fueron arrestadas algunas personas con origen proletaria que ocupaban altos cargos. Pero la clase en sí no fue tocada. Por el contrario, dado que las represiones obedecían, en gran medida, a la cuestión del origen social, la condición y el origen proletarios constituían la mejor garantía contra las represiones. Por esta razón, muchas personas salidas de las capas superiores de la Rusia zarista comenzaron en esa época a trabajar en las fábricas. Y eso fue lo que las salvó. ¿Sufrió quizás el proletariado en 1937? Otra vez no. Y si algunos campesinos particulares guardan recuerdos amargos, estos están relacionados con el año 1929, cuando fueron expropiados como kulaks. ¿Será que los arrestos en general no tenían una orientación de clase y no exprimían los intereses de clase de nadie? Los oportunistas intentan introducir esta idea y, por este mismo motivo, intentan también atribuir a Stalin, para poder así explicar las represiones, una esquizofrenia. Pero es evidente, sin embargo, que tal punto de visto constituye, en si, la prueba de que su cerebro está desequilibrado.

Las represiones de 1937, desde el punto de vista social, tuvieron una orientación absolutamente definida: fueron dirigidas contra el aparato burocrático existente, contra los restos de las clases explotadoras y una parte de la intelligentsia. Hoy es evidente por qué son precisamente estas capas sociales las que atacan tan furiosamente el “culto a la personalidad” y por qué nuestras masas trabajadoras demuestran un sorprendente cariño, a los ojos de los oportunistas, en relación a la memoria de Stalin. Los señores oportunistas hablan arrogantemente de nuestra “naturaleza de esclavos”, afirmando que nuestro pueblo necesita un zar y otras infamias y tonterías semejantes. Pero, como vemos, la cuestión es muy simple, consiste en la conciencia de clase del pueblo. Este, a decir verdad, antes pensaba que los burócratas y los “antiguos burócratas” debían ser destruídos, y continúa hoy en día manteniendo ese punto de vista. Stalin, como es sabido, lo hacía bajo una base bien sólida. Es por eso que el pueblo siente a Stalin como “suyo”, como el representante del pueblo.

Pero, ¿las represiones eran verdaderamente necesarias? Los oportunistas, refiriéndose a la situación interna del país, alegan que no existía tal necesidad. Mientras, cierran los ojos “como ingenuos” ante el hecho, no esencial en su opinión, de que, en Occidente, el fascismo crecía como una nube de tempestad, declarando abiertamente que se dirigía contra la URSS. Los oportunistas, que recuerdan todas las bofetadas que Stalin les dio en la cara, tienen ataques de amnesia cuando se trata de historia y dejan de lado el hecho de que fue precisamente en los años 1936 y 1937 cuando el peligro de guerra se volvió particularmente grande. ¿Era necesario, en vísperas de la guerra, depurar una vez más la retaguardia de todos los elementos vacilantes y peligrosos; en vísperas de una guerra en la que los imperialistas querían ver a la Unión Soviética enfrentándose sola a la Alemania hitleriana? La respuesta a esta cuestión fue dada por los Vlassovs(18) rusos, por los Bandera(19) ucranianos y por los miembros de los destacamentos verdugos de Crimea que no fueron fusilados en 1937.

¿Debemos creer a los oportunistas que afirman que en 1937 no fueron fusilados aquellos que deberían haberlo sido? Los oportunistas se sienten particularmente afectados por, según sus palabras, haber sido liquidada la mejor parte del Partido y del aparato del Estado. Para poder aclarar esto, recurramos a Lenin:

¿Por qué hacemos tonterías? La razón es sencilla: primero, porque somos un país atrasado; segundo, porque la instrucción en nuestro país es mínima; tercero, porque no recibimos ninguna ayuda de fuera. Ni uno solo de los países civilizados nos ayuda. Por el contrario, todos obran en contra nuestra. Y cuarto, por culpa de nuestra administración pública. Hemos heredado la vieja administración pública, y ésta ha sido nuestra desgracia. Es muy frecuente que esta administración trabaje contra nosotros. Ocurrió que en 1917, después de que tomamos el poder, los funcionarios públicos comenzaron a sabotearnos. Entonces nos asustamos mucho y les rogamos: “Por favor, vuelvan a sus puestos”.Todos volvieron, y ésta ha sido nuestra desgracia“.(20)

Pero todo el mal residía en el hecho de que el problema no se limitaba de ninguna forma a la lucha contra los resquicios y tradiciones del viejo aparato. Estas tradiciones fortalecían, por así decirlo, el “aroma” a la nueva burocracia que crecía en un nuevo terreno. La burocracia se había convertido en un azote para la revolución, en un enemigo peligroso y sutíl.

La cantidad de burócratas de tipo capitalista en nuestro país no se limitaba sólo a las personas salidas directamente de las viejas clases, del viejo aparato. Las condiciones eran tales, que incluso aquellos comunistas que no conseguían dominarse en una situación social tan complicada, podían ser atraídos por la burocracia. Pero la orientación leninista sobre la actitud hacia los burócratas tenía, claramente, que ser extendida a los comunistas degenerados. Y de esta forma respondemos a la siguiente cuestión: ¿Tenía razón Stalin al efectuar las depuraciones del aparato burocrático a lo largo de toda su actividad y particularmente en vísperas de la guerra?

Las objeciones a su política, a nuestro modo de ver, sólo pueden tener un carácter parcial, relativo a la justicia de decisiones puntuales. Sin embargo, toda el asunto reside en el hecho de que los oportunistas intentaron, en un principio, vilipendiar a Stalin. Rehabilitaron a todos los que en algún momento sufrieron las manos de Stalin: los bandos contrarrevolucionarios que participaron en las expediciones punitivas de 1905, los renegados que robaban el dinero del pueblo, los policías alemanes… Todos ellos llevan hoy en la frente la marca de mártires. Todos fueron besados, tanto en sentido figurativo como literal, por el “gran marxista” Jruschov, y su liberación es presentada hoy, igual que antes, como un mérito que los oportunistas se atribuyen a si mismos. ¿Acaso sorprende que los historiadores sólo puedan acceder a los archivos del Ministerio del Interior con una autorización personal de Jruschov? Este gran “defensor de la verdad” tuvo miedo de colocar sobre la mesa los documentos que él mismo declaró como falsos. Sus sucesores prosiguen el mismo trabajo y ahora intentan demostrar las acusaciones más monstruosas contra Stalin, fabricadas por Jruschov, pero que este no fue capaz de probar.

¿Hubo, de alguna forma, víctimas inocentes durante las represiones? Opinamos que pudo haber habido. Pero, ¿a quién debemos culpar de esto? En primer lugar, la responsabilidad recae sobre la burocracia. Quizás algunos de los acontecimientos de 1937 hayan sido determinados por el hecho de que el aparato burocratizado en aquellos tiempos haya conducido de forma burocrática la lucha contra el burocratismo y las tendencias pequeño-burguesas; por el hecho de que la pequeña burguesía se destruyera a ella misma a través de sus denuncias. Los señores intelectuales denunciaban, calumniaban, ajustaban cuentas, prestaban falsos testimonios… algunas veces, naturalmente, contra personas honestas y fieles. Y son precisamente estas arañas las que ahora llevan luto por el humanismo atropellado y siembran confusión

La actitud de Stalin ante los excesos que tuvieron lugar en aquellos tiempos es bien demostrada por el hecho, más que por cualquier otro, de haber mandado fusilar a su comisario del Interior, Yejov(21), con el único motivo del burocratismo durante las depuraciones. Es preciso comprender que Stalin no tenía otros instrumentos más allá del aparato burocrático y sólo podía actuar en la práctica al nivel de este aparato.

Pero, ¿quién se atrevería a acusar a la dictadura del proletariado de causar víctimas? Cuarenta siglos de la historia de la humanidad, conocida por nosotros, nos muestra cómo los opresores mataban, saqueban, torturaban y violaban a los oprimidos; durante cuarenta siglos los opresores no hicieron otra cosa que intentar sofocar la conciencia de los oprimidos, privándolos del más elemental desarrollo, de la más elemental participación en la sociedad. Y ahora, habiendo tomado el poder finalmente los oprimidos, cuando se encontraban bajo las condiciones más difíciles del bloqueo total, careciendo de conocimientos, de experiencia y de recursos materiales suficientes, cuando bajo la amenaza de una guerra de exterminio ser vieron obligados a construir su propia sociedad, se le exige que lo hagan sin cometer errores, con guantes blancos. ¿Quién podría concebir tal exigencia sino los opresores, sino la burguesía, que después de su derrota se convirtió súbitamente en un férreo defensor del humanismo y de la pureza moral? Si el poder soviético es culpable ante alguno de sus hijos más dignos, en este caso, ustedes, señores, no tienen el derecho de colocarse entre ellos. Estos hijos estaban dispuestos a dar sus vidas por el poder soviético en cualquier momento. Y si ellos los pudiesen escuchar hoy, ustedes quedarían mal parados.

El stalinismo, definiéndolo en términos generales, representa en sí mismo el carácter de la acción de la dictadura del proletariado, la suma de las medidas utilizadas por la dictadura del proletariado, en las condiciones de un país de pequeños campesinos, para la construcción de las bases del socialismo. Encontrándose, de hecho, en un terreno económico que le es hostíl, en un terreno que resucita incesantemente y en la más amplia escala el capitalismo, el proletariado no puede dejar de realizar en la práctica su propia dictadura por todos los medios y a cualquier precio. Esta lucha del proletariado contra el carácter burgués de Rusia, donde fue desencadenada por primera vez, fue particularmente encarnizada y acompañada de errores inevitables. Esta experiencia difícil, sin duda, facilitará mucho y permitirá volver más racionales las acciones de la clase obrera en otros países en condiciones similares. Esta experiencia contribuirá también a prevenir situaciones como la que hoy se está creada en la Unión Soviética. Efectivamente, el crecimiento de la burocracia se tradujo en la formación gradual de una capa burocrática entre el centro revolucionario y el pueblo, dividiéndolos e impidiéndoles actuar en total unidad. Creando y consolidando el aparato del Estado, y de esa forma realizando un trabajo de gran alcance histórico que garantizó nuestro éxitos económicos a lo largo del transcurso de la construcción del socialismo, Stalin se mantuvo en el terreno de este aparato burocrático, luchó contra él con la ayuda de ese mismo aparato y, por ese motivo, no pudo vencerlo definitivamente. El veía que la hidra de la burocracia crecía, y a pesar de cortarle implacablemente las cabezas, estas volvían a nacer. En su combate por la pureza revolucionaria, él no confiaba (y difícilmente se podría decir que no tenía razones para ello) en ninguno de aquellos que lo rodeaban (sólo Mololov demostró ser su digno compañero de armas). Stalin es una personalidad verdaderamente heróica y sagrada. Stalin ocupa un lugar elevado en la historia como ejemplos para los revolucionarios, un aviso para los que vacilan y un terror para los enemigos.

 

 

Notas:

(1) Lenin se refiere a la revolución proletaria. (N. Ed.)

(2) “Discurso sobre las tareas inmediatas del poder soviético” en la reunión del Comité Ejecutivo Central de toda Rusia, 29 de Abril de 1918, V.I. Lenin, Obras Completas (en ruso), 5ª edición, Moscú, 1969, tomo 36, pp. 252, 244-245. (N. Ed.)

(3) NEP, acrónimo ruso de Nueva Política Económica. (N. Ed.)

(4) “Nuevos tiempos, viejos errores bajo una nueva experiencia“, Pravda, Nº 190, 28 de agosto de 1921, V.I. Lenin, Obras completas, ed. cit., Moscú, 1970, tomo 44, pp. 107-108 (N. Ed.)

(5) Militar del Ejército Rojo de caballería comandado por el general Semyon Mikhailovich Budiónni (1883-1973) durante la Guerra Civil. (N. Ed.)

(6) “Sobre las tareas de los dirigentes de la economía“, discurso en la I Conferencia de toda la Unión de Trabajadores de la Industria Socialista, Pravda, Nº 35, 5 de febrero de 1931, I.V. Stalin, Obras, Moscú, 1951, Tomo 13, p. 38. (N. Ed.)

(7) Lev Davidovich Trotsky, apellido real Bronstein, (1879-1940), menchevique desde 1903, se adhiere al Partido bolchevique con el grupo de los “interregionales” en agosto de 1917. Miembro del CC (1917-1927), del Politburó (1919-1926), formo parte del Comisariado del Pueblo de Rusia y fue Presidente del Consejo Militar Revolucionario (1918-1925). Es expulsado del Partido en 1927 y de la URSS en 1929 por actividades antisoviéticas que prosiguieron en varios países en los que vivió. (N. Ed.)

(8) Mijail Nikolaevich Tujachevski (1893-1937), miembro del Partido desde 1918, candidato del CC desde 1934. Jefe militar durante la Guerra Civil, es nombrado Vice-Comisario para los Asuntos Militares y Marítimos (1931-1936), (Comisario de Defensa desde 1934), y mariscal de la Unión Soviética (1935). Detenido en mayo de 1937, es juzgado y condenado a muerte por espionaje, traición y preparación de actos terroristas. (N. Ed.)

(9) Nikolai Ivanovich Bujarin (1888-1938), miembro del Partido desde 1906, del CC (1917-1934), candidato (1934-1937), del Politburó (1924-1929), candidato desde 1919. Economista y publicista, lideró a los “Comunistas de izquierda” después de la Revolución de Octubre, oponiéndose al Tratado de Paz de Brest-Litovsk. Protagonista desde 1929 de la corriente de derecha que se opoone a la colectivización y a la industrialización acelerada. Expulsado del partido en 1937, es detenido ese año, siendo juzgado y condenado a fusilamiento en 1938 en el proceso del “Bloque trotskista derechista”, que proponía reestablecer las relaciones de producción capitalistas en Rusia. (N. Ed.)

(10) Edvard Beneš (1884-1948), segundo presidente de Checoslovaquia (1935-1938 y 1945-1948), fue uno de los líderes del movimiento independentista durante la I Guerra Mundial, convirtiéndose en ministro de Relaciones Exteriores (1918-1935), después de la declaración de independencia, tras la disolución del Imperio Imperio Austro-Húngaro. Durante la ocupación nazi lideró la resistencia en el extranjero. (N. Ed.)

(11) “Acta del juicio” Documentos del Colegio Militar del Tribunal Supremo de la URSS, audiencia de 7 de marzo de 1938, Mejdunaródnaia Cemiá, Moscú, 1997 (utilizada la versión online disponible en http://www.hrono.ru/dokum/1938buharin/index.php). (N. Ed.)

(12) Iuli Osipovich Mártov, apellido real Tsederbaum (1873-1923), miembro del movimiento revolucionario socialdemócrata desde 1892. En 1903 se convierte en uno de los líderes más destacados de los mencheviques. Se opone a la Revolución de Octubre, combate el Poder Soviético hasta abandonar el país ya muy enfermo en 1920. (N. Ed.)

(13) Mikhail Alexandrovich Chernov (1891-1938), menchevique desde 1909, se adhiere a los socialdemócratas internacionalistas entre 1918 y 1920, año en que es admitido en el PCR (b), siendo elegido para el CC en 1934. Ocupa varios cargos regionales y centrales hasta convertirse en Vice-comisario de Aprovisionamiento de Productos Agrícolas (1930), Presidente del Comité de Aprovisionamiento de Productos Agrícolas (1933-1934), y Comisario de Agricultura (1934-1937). Exonerado de sus funciones y detenido en noviembre de 1937, juzgado y condenado a fusilamiento en 1938. (N. Ed.)

(14)Aleksandr Fiodorovitch Kerenski (1881-1970), de origen noble, fue ministro y ministro-presidente del gobierno provisional constituído después de la Revolución de febrero de 1917. Uno de los líderes de la masonería rusa, emigró en 1918 a Francia y se estableció en los EE.UU., en 1940, desarrollando una intensa actividad antisoviética. Murió en Nueva York. (N. Ed.)

(15) Kornilov, Lavr Gueórguievitch (1870-1918), general de infantería, participó en la guerra russo-japonesa, comandante de la Región Militar de Petrogrado al inicio de la revolución y comandante en jefe de las fuerzas armadas, entre julio y agosto de 1917. Organizador del fallido golpe de Estado a finales de agosto (Septiembre), fue uno de los promotores y comandante del ejército voluntario de guardias blancos. Murió en combate cerca de la ciudad de Ekaterinodar (Krasnodar). (N. Ed.)

(16)Aleksandr Vasilievich Kolchak (1874-1920), almirante de la Armada Imperial, dirigió el movimiento contrarrevolucionario en el Este de Rusia. Después de la Revolución de Octubre se unió al Ejército británico y participa en la formación de fuerzas militares blancas en Manchuria. Comandante de los ejércitos blancos en Siberia, se autotitula gobernante supremo de Rusia en Noviembre de 1918. Después de ser derrotado, en diciembre de 1919, es capturado y fusilado por el Ejército Rojo. (N. Ed.)

(17) “Sobre impuesto en especie“, folleto publicado en mayo de 1921, V.I. Lenin, Obras Completas en tres tomos, ed. cit., Lisboa, 1979, Tomo III, pp. 512-513. (N. Ed.)

(18) Andrei Andreievich Vlassov (1901-1946), miembro del Partido desde 1930. Comandante de la División de tiradores, estuvo en China como consejero militar (1938-1939). General de división (1940) es nombrado en 1941 comandante del cuerpo mecanizado de la región militar de Kiev. En marzo de 1942 es nombrado subcomandante del frente de Volkhovski y poco después es enviado como comandante del 2º Ejército de Choque que estaba envuelto en duros combates. Asediados por los alemanes, una parte de las tropas consiguen romper el cerco y unirse a otras unidades. Vlassov abandona a sus hombres y se entrega a los nazis con quienes pasa a trabajar, llegando a crea más tarde el Ejército Libertador de Rusia (РОА), la organización militar de los colaboracionistas. (N. Ed.)

(19) Stepan Andreievich Bandera (1909-1959), contrarrevolucionario ucraniano, líder de la Organización de los Nacionalistas Ucranianos entre los años 30 y 50. (N. Ed.)

(20) “Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial“. Informe en el IV Congreso de la Internacional Comunista, el 13 de noviembre de 1922, V.I. Lenin, Obras Escogidas en tres tomos, ed. cit., Lisboa, 1979, Tomo III, pp. 625-626. (N. Ed.)

(21) Nikolai Ivanovich Ezhov (1895-1940), miembro del Partido desde 1917, del CC (1934-1939) candidato del Politburó(1937-1939), dirigió la NKVD (1936-1938), y el Comisariado de Transporte Fluviales (1937-1939). En 1939 es detenido y juzgado por el Colegio Militar del Tribunal Supremo de la URSS. Según nuestras fuentes, además de falsificación de procesos, también fue acusado de traición al Estado, espionaje y conexión con una organización militar clandestina dentro del Ejército Rojo. Es ejecutado el 4 de febrero de 1940 (N. Ed.)

 

 

Traducido por “CulturaProletaria” de hist-socialismo.com/

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