Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (IV Parte)

Oportunist

 

Los oportunistas en el terreno internacional

 

 

Mientras en la URSS el oportunismo condujo a la pérdida del curso socialista y a la desorganización social, en el plano internacional sus consecuencias son aún más serias y peligrosas. En una situación en la que los destacamentos nacionales de comunistas se encuentran en diferentes fases de desarrollo, en que ellos a menudo no sólo no pasarán por la época de Stalin, sino que ni siquiera la entenderán, la falsa critica de los oportunistas directamente hacia Stalin sólo podría causar un enorme daño al movimiento comunista, sólo podría dar armas a todos los elementos pequeño-burgueses vacilantes en su seno, que procuran de todas las maneras sustraer la disciplina revolucionaria, rehusan someterse a la unidad del Partido y al espíritu de total abnegación, sin el que un comunista no puede ser comunista. Las acciones de la dirección oportunista del PCUS abrieron camino a todo tipo de demagogia y traiciones en las filas de los partidos comunistas, la especulación sobre aquello que es más noble y sagrado para un comunista: la verdad y la pureza ideológica. Ahora cualquier agitador tiene dos caras, cualquier ambicioso fracasado tiene la posibilidad de no someterse a la dirección revolucionaria, a los dirigentes revolucionarios, acusándolos de ”stalinismo”. La critica al “culto a la personalidad” de Stalin se convirtió de este modo en la mayor provocación a escala de todo el movimiento comunista, provocación que tiene como objetivo privar de “mando” a sus destacamentos.

Pero cuando hablamos de oportunismo en la arena mundial, tenemos que analizar su influencia, no sólo en la organización interna del movimiento comunista, sino también en la política internacional de los comunistas. Como ya afirmamos, los oportunistas no trajeron nada de nuevo desde el punto de vista teórico y sólo distorsionan los factores realmente existentes. Sin embargo, encontraron una explicación “real” para su ruptura con la acción revolucionaria en el terreno internacional, la lucha por la paz.

Cuando se habla de guerra y paz, y se nos propone que elijamos en abstracto entre ellas, cualquier persona normal elegirá sin dudar la paz. Especulando con esta aspiración natural y muy fuerte, los oportunistas intentan presentar la situación como si ellos fuesen lo defensores incondicionales, por encima de cualquier duda, de la paz, mientras que sus oponentes estarían intentando envolverlos en una determinada política bajo la amenaza del exterminio total, y pretenderían edificar el comunismo sobre ruinas atómicas, etc. “¡Paz a cualquier precio!“, declaró abiertamente Jruschov. De inmediato los oportunistas se alinearon con él, afirmando que “¡estamos bajo la amenaza de una guerra atómica y debemos garantizar, por encima de toda, la existencia de la humanidad, y todo lo demás viene después!“. Se creó así la impresión de que la cuestión de la defensa de la paz y de la exclusión de la guerra en las relaciones entre los pueblos es una cuestión enteramente independiente de la lucha de clases y que puede ser resolvida al margen de los problemas sociales. La resolución de la Organización de la Naciones Unidas sobre la solución de todos los conflictos entre los Estados por la vía pacifica, la prohibición de las armas atómicas y el desarme total y general, constituyen el plan para la instauración de una paz eterna sobre la tierra, plan lanzado e insistentemente defendido por los oportunistas. Evidentemente, sólo quien se haya caído de la luna puede elaborar semejantes planes y después preguntarse: ¿por qué razón los imperialistas no aceptan propuestas tan razonables? ¿por qué será que los imperialistas no quieren eliminar sus bases en el extranjero y sus ejércitos coloniales, lo que conduciría de inmediato a la pérdida de todo su influencia sobre todo el globo terrestre y al triunfo de una serie de revoluciones de liberación nacional y social? ¿Por qué los imperialistas no quieren desarmarse, lo que conduciría inmediatamente a la pérdida de su dominación de clase y de sus riquezas? Es necesario no haber estudiado nada de marxismo para hacer preguntas tan estúpidas. Nos dirán que los imperialistas luchan no sólo contra el proletariado, sino también entre sí, inducidos por tendencias predadoras. Esto es verdad. Pero también este hecho no puede ser analizado sólo en el plano subjetivo. Algunos capitalistas, personalmente, pudieron no ser insaciables; pudieron incluso no desear aumentar sus riquezas. Pero la realización de ganancias más elevadas es para ellos condición indispensable de su propia existencia. Si todo dependiese de las cualidades personales de los capitalistas, tal vez fuese posible hacerles entrar en razón (cosa que los oportunistas están intentado hacer). Pero la cuestión no está en sus cualidades personales. Estas cualidades son determinadas por factores materiales. En realidad, la guerra no es el resultado de la voluntad personal de nadie, sino una necesidad económica imperiosa para el capitalismo. Las contradicciones internas del sistema capitalista hacen que los países capitalistas, en su búsqueda de nuevos mercados, se enfrenten entre si; llevan a que, en una crisis de superproducción, busquen salidas para las fuerzas productivas de la sociedad capitalista y que estas fuerzas, dirigidas inadecuadamente, asuman la forma de la producción de armas. La guerra es el resultado inevitable de las relaciones sociales actuales en el mundo capitalista. Hablar del establecimiento de la paz, en base a un acuerdo general con los capitalistas, es lo mismo que hablar de la destrucción del sistema capitalista en base de un acuerdo con sus representantes. El total absurdo de semejante plan es muy evidente. Es precisamente por esta razón que los oportunistas, defendiendo su concepción de la paz, intentan por todos los medios crear la impresión en los pueblos de que se están alcanzando acuerdos en la vía del desarme, etc. En nombre de esto traicionaron abiertamente los intereses del pueblo cuando suscribieron el Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares(1). De acuerdo a este tratado, la URSS quedó privada de la posibilidad de realizar ensayos nucleares en general, mientras que los E.E.U.U. mantuvieron esta posibilidad, ya que el tratado no prohibía las pruebas subterráneas, que ya se realizaban en los E.E.U.U. y continuaron realizándose. De hecho, ningún enemigo puede ser más terrible para nosotros que el oportunismo.

Sólo los oportunistas no se dan cuenta de que presentar la paz como el primer y principal deber significa caer por tierra y levantar los brazos. Esta es una actitud capituladora que da a los imperialistas la posibilidad de especular con la amenaza militar y así alcanzar sus objetivo en cualquier cuestión específica política e internacional. En nombre de tal “salvación a la humanidad” tendríamos que continuar haciendo concesiones ilimitadas. Lógicamente, cuando se llegase al fin de esta llamada carretera humanitaria, tanto nosotros como toda la humanidad tendríamos que arrodillarnos y colocarnos el yugo imperialista en nuestos cuellos.

Eso es una calumnia“, dirán los oportunistas, “nosotros no tenemos intención de recular hasta ese punto“. Pero, ¿entonces hasta qué punto tienen intención de recular, señores míos? Eso es lo mismo que decir que vosotros tampoco podéis dejar de admitir que la lucha por la paz tiene un límite para todos aquellos que no aceptan comprar la paz por el precio de la esclavitud. Eso es lo mismo que decir que al final la cuestión no se plantea como si de un lado estuviesen los dirigentes del PCUS en defensa por la paz, mientras del otro están los comunistas de China y de Albania, partidiarios de la guerra. Esto es los mismo que decir que los oportunistas y los marxistas revolucionarios comprenden de manera diferente la importancia y el peso especifico de la lucha por la paz en el programa y en la acción de los comunistas.

Nosotros declaramos: Sí, la guerra es una cosa horrible y tiene que ser combatida de forma consecuente con vistas a ser totalmente excluída de la vida de la humanidad. Pero hay diferentes formas de luchar contra la guerra y de ser consecuente con esta lucha. Podemos levantarnos contra la guerra como un hecho. Esta es la forma como los pacifistas luchan contra la guerra; efectivamente, los oportunistas también se inclinan en ese sentido. Esta lucha por la paz representa en sí misma, claramente, una tendencia democrático-burguesa, que pretende eliminar una de las peores consecuencias del sistema capitalista -la guerra-, sin atacar la esencia del sistema. Como vemos, esta actitud consecuente desde el punto de vista formal es de hecho una inconsecuencia flagrante. Para luchar contra la guerra, de forma verdaderamente consecuente, es necesario combatir el origen y las causas de las guerras en el mundo actual, contra el imperialismo. En otras palabras, los comunistas no pueden colocar la cuestión de la guerra y de la paz en primer plano y examinarla aisladamente, una vez que esta es sólo una parte de su lucha general por el socialismo. “Nosotros no negamos esto“, dirán los oportunistas. Pero, ¿entonces cómo pudieron presentar la lucha por el hecho (la paz), en lugar de su causa (el socialismo), como línea general del movimiento comunista?

La lógica de los oportunistas se distingue por una simplicidad poco envidiable: los países socialistas ocupan la posición de liderazgo del movimiento comunista; su deber revolucionario más importante, según las palabras de Lenin, es la consolidación de su economía; de aquí se deduce que el desarrollo económico de los países socialistas debe convertirse, de hecho, en el objetivo principal al cual se deben subordinar todas las acciones del comunismo mundial. Se comprende que, en este caso, las palabras “paz a cualquier precio” pueden parecen completamente justificadas, ya que, supuestamente sirven a la revolución mundial. Pero sin embargo no es difícil descubrir la base egoísta y sucia de toda esta lógica oportunista. Los países socialistas están en el movimiento comunista mundial como las partes están en el todo.

La clase obrera de la URSS -dice Stalin en el XVII Congreso del PCUS(b)- es parte del proletariado mundial, su destacamento de vanguardia, mientras que nuestra república es una creación del proletariado mundial. No puede haber dudas de que si no tuviese el apoyo de la clase obrera de los países capitalistas, no mantendría el poder en sus manos, no aseguraría las condiciones para la construcción del socialismo, por consiguiente, no habría alcanzado los éxitos que tiene ahora (…) Pero esto nos impone serias obligaciones. Esto significa que con nuestro trabajo debemos justificar el título de honor de brigada de choque de los proletarios de todos los países. Esto nos obliga a trabajar mejor y a luchar por la victoria decisiva del socialismo en nuestro país, por la victoria del socialismo en todos los países”.(2)

Sin duda que lo mismo se puede decir también en relación al campo de los países socialistas en general. Sólo orientándose en todas sus acciones y en todos sus planes en la base de los procesos que resultan en el movimiento comunista mundial, sólo tomando en consideración sus intereses generales, los países socialistas podrán cumplir su verdadera misión histórica y llevar a cabo una política revolucionaria justa. Por el contrario, los oportunistas, desde sus primeros pasos, comenzaron en la práctica a insistir en su hegemonía sobre el movimiento comunista internacional y se sirvieron del arma atómica como un nuevo argumento en favor de su posición dirigente.

Repetimos que los objetivos de clase no pueden ser alcanzados en el marco de la lucha por la paz. No sólo esto, a partir del momento en que fue presentada la línea fundamental del movimiento comunista mundial, la lucha por la paz pasó a estar abiertamente en oposición a la lucha de clases. En efecto, si los partidos comunistas de los países capitalistas considerasen la lucha por la paz como su principal deber, perderían su esencia de clase y se fundirían con la corriente de los partidiarios de la paz de los respectivos países, que tienen un carácter democrático. La aplicación de tal política los obliga, en consecuencia, a renunciar a cualquier acción mínimamente firme y revolucionaria, de forma que eviten conflictos internos con otra frcción de partidarios de la paz. Los representantes de la pequeña, de la media e incluso gran burguesía, que no están interesados en una transformación revolucionaria. ¿Acaso la burguesía, cuando presintiese la posibilidad de un derrocamiento, no buscaría una salida a través de la guerra, imponiendo leyes excepcionales de tiempos de guerra, empeñándose en una victoria militar que le permitiría alimentar su clase obrera con el fruto del pillaje y, en la peor de la hipótesis, provocando una intervención militar? Lo que exponemos no son consideraciones especulativas, sino la historia real de la Rusia zarista. ¿Alguna conferencia de paz o declaraciones podrían evitar tal evolución de los acontecimientos? Aparentemente, para no “empujar” a la burguesía de este modo hacia la guerra, los trabajadores tendrían que renunciar a las acciones revolucionarias y a la insurrección. Si no concebimos la lucha por la paz de esta forma tan radical y continuamos hablando de ella como la línea general de los comunistas, estaremos diciendo disparates. Y si prosiguiésemos hasta el fin de esta carretera, esto sería una verdadera contrarrevolución.

Las insurrecciones revolucionarias y anticoloniales, en caso de victoria, llevan siempre a la intervención extranjera, a la intervención de la burguesía mundial. La historia de la Rusia soviética, el destino de Vietnam del Sur y del Congo, son hoy pruebas suficientes de eso. En el proceso de penetración extranjera, la revolución se transforma en una guerra del pueblo rebelado contra la potencia o las potencias extranjeras. “Admitimos las guerras justas y repudiamos las guerras de rapiña“, declaran los oportunistas en una pose marxista. Pero entonces, ¿qué línea general es esa de la lucha por la paz en relación a los partidos comunistas de los países capitalistas?. Para ellos la línea general sólo puede ser la lucha de clases en el interior de sus países contra los capitalistas hasta sus formas armadas y la guerra revolucionaria contra los intervencionistas extranjeros.

Los trabajadores de los países capitalistas también necesitan la paz“, dicen los oportunistas. Gritan histéricamente en relación a la guera nuclear, invadidos por un horror bestial que los hace perder toda dignidad humana. Pero, ¿a quién quieren ellos amedrentar con tales amenazas? ¿A los millones de hombres y mujeres que hoy mueren de hambre y de enfermedades en los países del capital y en los países dependientes? De hecho, sólo con el cinismo típico de los oportunistas se puede predicar a aquellos que se mueren de hambre que su tareal principal es la lucha por la paz y no la revolución. ¿Será que los oportunistas quieren atemorizar a los guerrilleros del Vietnam del Sur y a los insurrectos del Congo, a sus mujeres y a sus niños, con el día del juicio final? Para estos, el día del juicio ya ha llegado. ¿Será que en su dolor no desearían acabar con sus sufrimientos de una sola vez a través de un enfrentamiento mundial entre el capitalismo y el socialismo? ¿No les será indiferente morir con napalm o con la bomba atómica? Naturalmente que no todos los oprimidos están convencidos de que vale más morir de pie que vivir de rodillas. Pero todos caminan en esa dirección, esta es la tendencia de su evolución. Por consiguiente, tampoco la amenaza de la guerra nuclear puede anular la línea general de los comunistas hacia la revolución socialista.

El destino del campo socialista y de la paz en el mundo están indisolublemente ligados al desarrollo del movimiento revolucionario internacional. La contradicción real entre los partidos comunistas de los países socialistas y capitalistas surgió porque los oportunistas, después de haber usurpado el poder en la URSS, se distanciaron de las perspectivas revolucionarias de los países socialistas, y consideran su existencia desde un punto de vista puramente burgués. Es precisamente por esta razón que los oportunistas intentan convertir el movimiento comunista mundial, de base y fuente de la fuerza revolucionaria de los países socialistas, en un apéndice dócil suyo en el terreno de la lucha por la paz. De la misma forma que en el interior de la URSS los oportunistas sacaron provecho de sus posiciones históricas provisionales para vivir a costa de sus conciudadanos, en el terreno internacional también intentan crear una situación similar en relación a los partidos comunistas, y en general a las masas trabajadoras de los países capitalistas, subordinando los intereses de estes a sus propios intereses.

 

Banderas

 
No es difícil comprender que, para poder aplicar la línea general internacional, los partidos comunistas de los países de Asia, de África y de América Latina deben apoyarse en toda la clase obrera y en el conjunto de todos los trabajadores, mientras que, en los países capitalistas desarrollados, se deben apoyar sólo en las capas más pobres de la clase obrera y del campesinado. En la práctica, sin embargo, hoy constatamos un distanciamiento oportunista de este principio de clase por parte de los partidos comunistas de los principales países capitalistas. Los comunistas europeos, por ejemplo, deberían estar de acuerdo con el hecho de que la conservación de las posiciones de principio marxistas conducirán en este momento inevitablemente a una disminución considerable de sus filas. Pero, ¿constituirá esto un argumento para la traición oportunista? ¿Y será eso un síntoma de debilidad de los comunistas? Como se sabe, precisamente en vísperas de la Revolución de Octubre hubo un momento en que el número de los bolcheviques disminuyó considerablemente. ¿Acaso Lenin hacía cualquier concesión a los partidarios del compromiso sólo para aumentar el número de miembros del partido bolchevique? No, jamás. ¿Y esto impidió a los bolcheviques tomar el poder en el momento decisivo? ¿Impidió la bolchevización de toda Rusia en apenas unos pocos días? De ningún modo. Durante continuadas décadas, los partidos comunistas de los países de Asia y América Latina lucharon en condiciones sobrehumanas e hicieron tremendos sacrificios sólo para llevar a cabo los primeros intentos de propaganda marxista. ¿Será que los comunistas europeos están dispuestos a vender hoy el marxismo por un plato de lentejas de la gloria pequeño-burguesa? ¿Significaría esto entonces que los comunistas deben renunciar a la unión de todas las fuerzas progresistas en la lucha contra el imperialismo? No, no se trata de esto. Pero esta unión no debe ser alcanzada a través de una ruptura con el marxismo, de una fusión con la masa pequeño-burguesa, sino a través de un trabajo duro y paciente, poniendo a prueba en base a hechos reales la justeza de sus posiciones, la justeza del análisis marxista de las relaciones de clase, de la política marxista. Es obvio que esta vía de organización de las masas es mucho más compleja y difícil y mucho más larga que la especulación sobre los prejuicios comunes y las tendencias del momento. Pero la historia no se deja engañar; sólo podemos darle esta o aquella dirección si nos apoyamos en la fuerza de la necesidad. Por eso Lenin decía que la única política justa es la política de principios.

Los hechos muestran que los núcleos de los partidos comunistas genuinos del futuro se están formando hoy en los partidos europeos. Poco importa que sean sólo grupos; ellos crecerán inevitablemente; romperán con la mayoría oportunista y emergerán a la cabeza de los movimiento revolucionarios de sus países. Sus éxitos futuros están garantizados por el hecho de que actualmente el proletariado de los principales países capitalistas se está revolucionando rápidamente. Pero los revisionistas continúan representando con frecuencia a los partidos comunistas de los países capitalistas. Dan ganas de reír cuando los escuchamos jactarse de sus éxitos, los cuales ellos miden por el aumento del número de los miembros del partido. Si pudiesen completar su programa con la tesis según la cual Jesucristo fue el fundador del comunismo, tendrían una posibilidad real de incluir algún día en sus filas al propio Papa de Roma. El hecho del Partido francés y el Partido italiano, en su competición por aumentar su influencia y el número de miembros, ha pasado desde hace mucho todos los límites permitidos por el marxismo, muestra claramente su actitud hacia la intelectualidad burguesa. Nosotros somos acusados de dogmatismo, pero si este consiste en el hecho de que nosotros recordamos las lecciones de la historia revolucionaria, entonces estamos listos para admitir que somos dogmáticos. Sí, todavía recordamos la lucha de los bolcheviques y de los mencheviques en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso sobre la cuestión de quién debería ser miembro del Partido. Entonces se resolvió la cuestión: ¿debería el Partido ser una organización de revolucionarios proletarios profesionales o un albergue para charlatanes intelectuales, para quienes la entrada y la salida del Partido no es más que un momento en sus atormentadas biografías espirituales, que rellena el intervalo entre la pasión por alguna teoría filosófica en la moda y una intriga de amor?.

Sólo en partidos como el francés o el italiano, en los cuales la tendencia pequeño-burguesa del compromiso ha suprimido totalmente las verdaderas aspiraciones revolucionarias, podría surgir la absurda ilusión de la transición “pacífica” del capitalismo al socialismo. Incluso aunque, por algún caso, el poder pasase a las manos de un Partido, que por su naturaleza de clase sea una ensalada rusa, eso no significaría de ninguna manera una victoria de la dictadura del proletariado. Un Partido semejante estaría condenado a la disolución, el caos y la eliminación bajo los golpes de los verdugos contrarrevolucionarios. Y el pueblo trabajador que siguiese a los oportunistas pagaría con innumerable víctimas semejante victoria. Naturalmente también existe una variante “victoriosa”, que es la vía de los laboristas ingleses, la vía de la colaboración abierta con el capitalismo. Pero los oportunistas en el movimiento comunista aún no se han quitado el vestido marxista que recubre su piel burguesa. Por esto intentan presentar la transición “pacífica” como un proceso genuino hacia el socialismo.

Defendiendo su concepción de transición “pacífica”, los oportunistas citan a Lenin, que se refirió a la posibilidad de semejante transición del poder a las manos del proletariado en junio de 1917. Pero esto nunca fue más allá de una posibilidad. Y es bastante significativo que la historia aún no haya registrado un sólo caso, en base al cual podamos hacer una evaluación realista de las condiciones para una transición “pacifica”. Los oportunistas todavía intentan adaptar de alguna forma a la Revolución de Octubre la teoría de la transición “pacífica”, basándose en la facilidad del derrocamiento inicial. Pero eso es una fábula. En primer lugar, el derrocamiento en octubre de 1917 se efectuó prácticamente sin derramamiento de sangre, no como resultado de una orientación hacia la solución pacífica del conflicto de clase, no como resultado del empleo de medios pacíficos, sino porque las fuerzas del proletariado en Petrogrado eran muy superiores a las de la burguesía, porque toda la flota del Báltico estaba del lado de los bolcheviques y porque toda la artillería de la fortaleza de Petropavlosk, que se había unido al proletariado, estaba dispuesta a ir al Palacio de Invierno. Por otra parte, en octubre de 1917, el poder del proletariado fue apenas proclamado, habiendo proseguido el verdadero enfrentamiento entre explotados y explotadores durante cuatro años consecutivos en los frentes de la guerra civil. ¿Acaso los oportunistas sugieren que consideremos esta sangrienta epopeya como una transición “pacífica” del poder a las manos del proletariado?

Los oportunistas evocan la transición “pacífica” del poder de las manos de la burguesía a las del proletariado en los países de la Europa Oriental después de la II Guerra. Pero sólo los oportunistas pueden intencionadamente escamotear el hecho de que ese paso fue el resultado de la victoria de la Unión Soviética en la guerra, el resultado del hecho de que la burguesía de esos países estaba desarmada.

Hoy podemos evaluar concretamente como, de hecho, la lucha por la paz entra en conflicto con la lucha revolucionaria de liberación cuando los oportunistas hacen de la lucha por la paz su objetivo principal. Esto fue demostrado de la mejor forma a través del destino de Lumumba(3). En vez de apoyarse en la lucha revolucionaria del pueblo congolés y de ayudarlo a liberarse de las ilusiones liberales pequeño-burguesas, los dirigentes del PCUS presionaron por todos los medios al Congo para una solución a través de la ONU, o sea, a través de la vía “pacífica”, prometiendo a Lumumba el éxito a través de su intervención en esta organización. Esto desmoralizó a los partidarios de Lumumba y ayudó a los imperialistas a que, después del establecimiento del control de la ONU sobre el Congo, capturaran a Lumumba con la ayuda de mercenarios y lo eliminaran. ¡Este fue el resultado de la lucha por la paz a través de la línea general de los oportunistas! La verdad es que las manos de Jruschov están manchadas con la sangre de Lumumba.

Otro ejemplo claro, que muestra cómo los imperialistas pueden utilizar la lucha por la paz en sus acciones contra el movimiento revolucionario de liberación, es la actual situaciónl en Vietnam. Hoy, los norteamericanos acusan a Vietnam del Norte de ser el responsable de las victorias de los guerrilleros de Vietnam del Sur y, bajo la amenaza de una guerra entre los dos campos, intentan forzar a los vietnamitas del Sur a cesar su lucha por la liberación.

Mientras, los imperialistas depositan sus esperanzas únicamente en los débiles nervios de los oportunistas, creyendo que estos últimos ejercerán una presión pacificadora sobre los revolucionarios. Está claro que tal situación, que se junta con el bombardeo provocador de Vietnam del Norte, sería imposible si los dirigentes soviéticos dirigiesen una política mínimamente firme y gozasen de algún prestigio mundial. Como dice un proverbio ruso, “les escupen en la cara y ellos dicen que es rocío del cielo“. Sólo así se pueden entender las declaraciones de los oportunistas. Su deber sería recurrir al ultimátum y a represalias que hiciesen perder para siempre la voluntad a los bandidos imperialistas de violar las fronteras del campo socialista.

El desarrollo de las contradicciones sociales conduce a los imperialistas a la guerra y a los trabajadores a la revolución. El peligro de la revolución hace incrementar aún más los esfuerzos de los imperialistas para salir del impasse histórico en el cual se encuentran a través de la guerra. Pero, ¿significa esto que los trabajadores deben renunciar a las acciones revolucionarias, a la revolución? Los oportunistas, debido a su miedo, falta de voluntad y egoísmo, responderían que si. Los marxistas dicen no. Porque no es posible sustraernos del desarrollo de las contradicciones objetivas que reflejan la evolución de la historia de la humanidad. El crecimiento del movimiento revolucionario, aumentando los propósitos subjetivos de guerra de los imperialistas, los priva al mismo tiempo de la posibilidad objetiva de desencadenar esta guerra. No comprender hoy esta dialéctica equivale a renunciar al comunismo, a renunciar a la revolución. Los oportunistas, que intentan imponer la lucha por la paz como línea general del movimiento comunista mundial, se esfuerzan por crear una apariencia de paz, por conseguir un acuerdo inestable y fraudulento con los imperialistas, sacrificando para eso la verdadera garantía de la paz, el desarrollo del movimiento revolucionario. Desorganizando a las masas, desorganizando a los partidos comunistas, debilitando el potencial militar de los países del socialismo, los oportunistas, lejos de contribuir a la prevención de la guerra termonuclear global, están de hecho caminando hacia ella.

¿Existirá algún medio efectivo para poner fin al chantaje nuclear de los imperialistas, a su monstruoso balanceo al borde de la guerra termonuclear, existirá un medio efectivo para privarlos del arma atómica?. Sí, existe. ¿Y consistirá este medio en las conversaciones, peticiones, manifestaciones, etc? No, ninguna de estas formas podrá persuadir a los imperialistas. La única forma de frustar el chantaje atómico es afrontarlo. Los oportunistas, que propagan el pánico respecto a la amenaza de la guerra termonuclear, no se dan cuenta de una cosa muy simple: si los imperialistas pudiesen realmente comenzar una guerra total, ya lo habrían hecho desde hace mucho tiempo. La habrían comenzado ayer, hoy, en este preciso instante, porque su situación desde hace mucho exige la utilización de todas las fuerzas, de todos los medios y las posibilidades. Encontrándose sobre un volcán revolucionario, sienten la tierra abrasadora bajo sus pies. ¿Vacilarían ellos, aunque sólo fuese por un instante, en eliminar de la faz de la tierra a varios centenares de millones de hombres y mujeres cuando han liquidado a muchos más a lo largo de su explotación de clase y colonial? No lo hacen porque saben que ellos también desaparecerían de la faz de la tierra. Los imperialistas jamás admitirán ser aniquilados en nombre de ideales, sólo para golpearse con su puerta de atrás. Y no traspasarán este límite si los oportunistas no disuelven al ejército revolucionario del proletariado mundial y no sabotean el potencial militar del campo socialista. Son los propios oportunistas, por su debilidad e indecisión, los que estimulan la arrogancia de los imperialistas; blanden sus misiles con una precipitación liviana, pero cuando el conflicto adquiere una importancia de principio, se retiran, cubriéndose a sí mismos y a sus aliados de vergüenza.

Para nosotros, no se trata sólo de que los imperialistas respeten los derechos de la Unión Soviética, sino de que respeten los derechos de todos los pueblos del mundo.

Y los obreros soviéticos nos apoyan como un solo hombre. Los pueblos del mundo deben saber que, si en alguna parte y por alguna razón la Unión Soviética se ha cubierto de vergüenza, los culpables no fueron los trabajadores soviéticos, quienes en 50 años de lucha dieron pruebas de su abnegación revolucionaria, los culpables son los oportunistas. El miedo les impide ver la esencia del chantaje atómico. Pero, ¿será que ellos creen siempre en este chantaje? No. Son los propios oportunistas los que explotan este chantaje con propósitos egoístas. Eso fue particularmente visible cuando rompieron con China, cuando, bajo el pretexto de la preparación para un eventual ataque, proyectaron en todas las pantallas de la Unión Soviética una película que presentaba los horrores de la bomba atómica. Los oportunistas intentan sembrar la psicósis atómica en los países socialistas para aterrorizar a nuestros pueblos, para que aquellos que decidan oponerse no puedan contestarles bajo la condena de ser declarados partidarios de la guerra atómica. En realidad, los oportunistas participan muy activamente en el chantaje nuclear y apoyan esa política todo lo que pueden.

La serpiente del capitalismo no puede entrar en un combate a muerte con el socialismo, y por eso fue despedazada por las contradicciones internas de su sistema social. Intenta reunir fuerzas a través de todo tipo de pactos y alianzas en todas partes del mundo, pero todo eso es inútil. Entonces, ciega de furia, envenena a aquellos que están a su alcance: los pueblos pequeños, las mujeres y niños pacíficos en Vietnam del Sur y en el Congo. No hablamos de altas virtudes humanas, pero es necesario haber perdido todo sentimiento de vergüenza para no decir “no” a este monstruo, no pisarle la cabeza y arrancarte su terrible diente: el arma atómica.

 

 

 

Notas:

(1) El Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares, firmado el 5 de agosto de 1963, en Moscú, principipalmente por la URSS, EE.UU. y el Reino Unido, prohibió los ensayos nucleares en la atmósfera, en el espacio y en ambientes submarinos. (N. Ed.)

(2) “Informe al XVII Congreso acerca de la actividad del CC del PCUS (b)“, el 26 de enero de 1934, I.V. Stalin, Obras, Gossudárstvenoe Izdatelstvo Politítchesckoi Literaturi, Moscú, 1951, Volumen 13, pp.378-379. (N. Ed.)

(3) Patrice Émery Lumumba (1925-1961), líder de la lucha por la liberación del Congo Belga, ganó las elecciones de mayo de 1960, ocupando el cargo de primer ministro. Sin embargo, en septiembre, ya después de Moïse Kapenda Tchombé, con el apoyo de las tropas belgas, habiendo tomado el control de la región Alto Katanga, el presidente Josep Kasa-Vubo intenta disolver el gobierno, a lo que el parlamento se opone. Llega entonces el golpe de Estado encabezado por Joseph Désiré Mobutu, jefe del Estado Mayor, que obliga a Lumumba a huir, siendo finalmente capturado y fusilado el 17 de enero de 1961 por las tropas comandadas por oficiales belgas. (N. Ed.)

 

 

Traducido por “CulturaProletaria” de hist-socialismo.com/

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Un pensamiento en “Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (IV Parte)

  1. horacio

    El mundo imperialista siembra guerras por todo el mundo, lo hace porque quiere su paz, quiere su explotacion en paz, quiere su reinado en franca paz por encima de millones explotados y oprimidos. el Proletariado mundial quiere la paz pero necesita la guerra, la guerra a esa guerra de la paz de los ricos. La paz de los oprimidos del mundo solo viene con la guerra comunista, no existe nada diferente a esta salida. Quienes planteen algo diferente son los malditos puercos oportunistas y revisionistas. vomitos negros que a diario besan el culo a los imperialistas, estas basuras, el proletariado MLM., le tiene en la mira para ser pasados por las armas por abiertos traidores del proletariado mundial.

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