Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (V Parte)

Lenine

Comunistas, ¡Adelante!

 

 

Para actuar en conformidad con lo que afirmamos, es necesario una gran energía revolucionarias y una iniciativa revolucionaria sin precedentes.

En primer lugar, debemos llamar la atención sobre el hecho de que, en nuestros días, todas las contradicciones sociales están enredadas en un grande y enmarañado ovillo. Si en el pasado existían muchos sectores dispersos y desligados entre sí de la lucha de clases, en los cuales el proletariado local y la burguesía se enfrentaban directamente entre sí; si la esencia de los problemas sociales era, en cada uno de estos casos, bastante clara; si cada Partido comunista en esas condiciones se podía apoyar plenamente en sus propias fuerzas y en su propia iniciativa, actualmente, el mundo entero se ha convertido en un único campo de batalla social, en el cual el socialismo y el capitalismo se enfrentan como dos fuerzas organizadas; actualmente, la solución de esta o de aquella crisis local, como regla general, adquiere una importancia mundial.

Sin embargo, la unificación de todas las relaciones y de todas las contradicciones sociales, lejos de eliminar las causas de la revolución, las aumenta con una tenacidad sin precedentes y en una escala nunca vista, en una forma que no es particular sino general: una complejidad única que exige una solución única. Comprender esto de forma clara y definitiva después de un largo desarrollo del movimiento comunista a través de canales nacionales específicos, es naturalmente una cosa difícil. Por eso se vuelve aún más importante hoy declarar francamente lo que Marx y Engels dijeron en el momento del surgimiento del movimiento comunista y lo que los obreros y soldados rusos escribieron en sus banderas antes de la ofensiva de octubre. Esto es una tarea histórica actual para nosotros. Debemos prepararla incesantemente y por todas partes, dedicándole todos nuestros pensamientos y acciones. Hablamosde la revolución mundial.

Abordemos la cuestión desde el punto de vista histórico. El desarrollo del capitalismo, a lo largo de la vida de Marx, fue un desarrollo inicial que, de hecho, tenía lugar dentro de los límites dejados por la época feudal. En estos límites (con excepción de los EE.UU.), el mundo capitalista representaba en sí mismo una unidad económica tan limitada y sus contradicciones estaban tan agudizadas y entrelazadas que Marx tuvo razón en preveer la eliminación del capitalismo como resultado de una revolución mundial común, de una guerra general revolucionaria.

Pero en el transcurso de la lucha por las colonias y durante el proceso de monopolización del capital, se evidenció la ley más importante del desarrollo de los países capitalistas: su desarrollo desigual. El desarrollo desigual del capitalismo volvió imposible la revolución en todos los continentes. La situación económica, el poder de los explotadores y el desarrollo del movimiento obrero eran muy distintos en los diversos países capitalistas. Pero este desarrollo desigual creó la posibilidad -y Lenin vio esa posibilidad- de romper el eslabón más débil de la cadena del capitalismo. La teoría leninista de la revolución en un sólo país fue, incuestionablemente, un desarrollo posterior de la teoría de la revolución.

Pero a pesar de los distintos niveles de desarrollo y de las distintas situaciones de los países capitalistas, se crearon entre ellos, en general, relaciones tales que no pueden ser rotas sin romper todas las correlaciones, es decir, el mundo, no obstante a su situación contradictoria, se convirtió de nuevo en único, como en los tiempos de Marx. Es natural que, en la actual etapa del desarrollo de la lucha de clases, no podamos dejar de regresar a la concepción de Marx sobre la revolución mundial y, de esta vez, de manera definitiva.

Pero, ¿acaso significa esto que la teoría leninista sobre el desarrollo desigual del capitalismo y sobre la ruptura de los eslabones más débiles es hoy errónea? Naturalmente que no. La preparación de la explosión revolucionaria mundial, lejos de excluir a sus eslabones más débiles, la lucha revolucionaria de los pueblos en esa dirección, presupone esta lucha, su crecimiento incesante en cada país. El “eslabón débil” es actualmente toda Asia, África y América Latina. Según las palabras de los camaradas chinos, estas regiones se han transformado en una “zona de tempestades revolucionarias”. Cuando los oportunistas gritan que los marxistas revolucionarios subestiman el papel dirigente del campo socialista en el movimiento comunista mundial en relación a esta cuestión, entran claramente en el campo de la demagogia y en maquinaciones absurdas. El papel de los países socialistas es claro tanto para China y Albania como para todos los revolucionarios. Hablaremos de eso en el futuro. Pero esto no impide que los países de Asia, Africa y América Latina sean el punto débil donde se quebrarán los próximos eslabones de la cadena capitalista. Al negar esto, los actuales oportunistas se comportan exactamente como los cabecillas europeos de la II Internacional, quienes negaban la teoría leninista de la victoria del socialismo en la Rusia atrasada. La definición de los países de Asia, Africa y América Latina como ”zonas de tempestades revolucionarias” es un aporte y un desarrollo práctico claro de la teoría leninista del “eslabón débil”. Los oportunistas que no quieren comprenderlo, se oponen a la teoría leninista, la cual asume hoy una nueva y mucho mayor importancia, reconduciéndos otra vez, como si cerrase el ciclo, a la ruta de la revolución mundial.

Hay que señalar que el brote revolucionario mundial, a cuyo comienzo estamos asistiendo, es cronológicamente el tercero de la historia del desarrollo del movimiento obrero mundial.

El primero data aproximadamente de mediados del siglo pasado (Siglo XX). En aquel entonces, en la lucha contra las teorías utópicas del socialismo y contra los proyectos de transición evolutiva hacia el socialismo, surgió la teoría del socialismo científico proletario. El movimiento revolucionario era liderado por Marx y Engels. Todo este periodo quedó marcado por la grandiosa Comuna de París.

El segundo brote revolucionario, que comenzó antes de la I Guerra Mundial y alcanzó su apogeo en el transcurso de esta, fue una etapa nueva, superior, del desarrollo de la revolución proletaria. En esta etapa, el marxismo fue desarrollado y profundizado por Lenin. Este desarrollo del marxismo fue entonces realizado en la lucha directa contra los oportunistas de la II Internacional y contribuyó, en primer lugar, a la liberación de la clase obrera de su dañina influencia. La política revolucionaria de los bolcheviques rusos, encabezada por Lenin, y la política revolucionaria de los partidos comunistas que estaban naciendo en Europa, en América y en Asia, tuvo como resultado el nacimiento y la consolidación del primer Estado de la dictadura del proletariado en el mundo, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Seguramente que los comunistas, luchando contra los oportunistas y venciéndolos, estarán totalmente preparados para recibir y liderar el nuevo brote revolucionario. Naturalmente que la orientación hacia la revolución mundial alejará del movimiento comunista a los ideólogos pequeño-burgueses, que sólo pueden aceptar el comunismo si es cocinado con salsa oportunista. En otras palabras, la escisión actualmente existente en ciertos partidos comunistas es inevitable. “Antes de la unión y para la unión es necesario primero una separación decidida y definida“.(1)

Esto es válido también para nuestro tiempo. El movimiento comunista no tiene razones para avanzar mientras mantenga al oportunismo alrededor suyo. Más aún cuando en el proceso de desarrollo de los acontecimientos revolucionarios, las filas de los partidos comunistas serán reforzadas con miles y decenas de miles de verdaderos proletarios de la ciudad y del campo, que comprenden la necesidad de acciones verdaderamente revolucionarias, que son fieles sin reservas a la causa del comunismo. Ante nosotros está planteada hoy una gran tarea: eliminar el dominio de los oportunistas en el movimiento comunista mundial, desenmascararlos y minar su autoridad a los ojos de los trabajadores de todos los países, para que en lugar de humo haga llamas.

La lucha revolucionaria no exige sólo valentía y firmeza en el momento decisivo, no se puede conducir con éxito sin un trabajo cotidiano incansable y continuo, sin una firmeza férrea, sin un cálculo sereno y realista. En el primer instante, el golpe asestado a los oportunistas fue, bajo cualquier perspectiva, un grandioso hecho histórico, una gran proeza revolucionaria. Los pueblos de China y de Albania, que pasaron por pruebas difíciles debido a este caso, merecen la gratitud y la admiración de todo el proletariado mundial, y el ejemplo de su firmeza permanecerá durante siglos. Pero los oportunistas movilizan hoy todas sus fuerzas, todo su conocimiento y capacidad para desacreditar el marxismo revolucionario y obstruirle el camino al corazón de los trabajadores. En estas condiciones debemos superar a los oportunistas, no sólo en el dominio de la estrategia revolucionaria general (su causa ha sufrido derrotas en este vampo desde el principio), sino también en la táctica. Para evitar que nuestra táctica revolucionaria se transforme en una mera abnegación, es necesario definir con claridad y precisión su esencia.

Y aquí nos beneficiamos nuevamente de la ayuda de Lenin. En efecto, analizando los problemas de una tranformación revolucionaria a escala mundial, no podemos dejar de observar que la correlación de fuerzas en el terrreno internacional nos recuerda hoy, de manera sorprendente, a la relación que existía en Rusia en vísperas de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Tenemos ante nosotros a las mismas tres clases principales: la gran burguesía y el proletariado, que se encuentran en un antagonismo inconciliable, y la masa pequeño-burguesa del campesinado, que ganó espíritu revolucionario, pero que es menos estable y consecuente que el proletariado. En cuanto a la actual división de clases en el terreno internacional, ella asumió una delimitación geográfica particular: la burguesía es representada por los grandes países imperialistas; el proletariado, por los países socialistas; la pequeña burguesía, por los países en vías de liberación en Asia, África y América Latina. Nos dirán que en cada una de estas divisiones hay también relaciones de clase internas. No nos olvidamos de esto. Pero la división que hacemos no pierde por eso su importancia en el análisis de la situación general de la correlación fuerzas de clase en el terreno internacional. Los marxistas revolucionarios pueden mirar hacia adelante con coraje: no tienen que caminar a ciegas, tienen en sus manos una inmensa experiencia de más de 100 años de lucha del del proletariado, que fue analizada  y generalizada en las diversas etapas por los mayores pensadores de la humanidad, Marx y Lenin.

Para poder utilizar correctamente esta experiencia, no pueden perder de vista el hecho de que el éxito de la Revolución de Octubre y de la futura revolución mundial está determinado por una misma condición: la capacidad del proletariado de ganarse a las masas democráticas del campesinado, separarlas de la burguesía y organizarlas en la lucha revolucionaria. Hoy, el aspecto más importante de este problema es la actitud de los países socialistas con los pueblos de Asia, África y América Latina, que luchan por su liberación social y nacional. En este plano, los oportunistas nos causaron un gran daño al adoptar una posición abiertamente antileninista. Es incuestionable que los países socialistas pueden y deben ayudar a los países liberados de Asia, África y América Latina. Mientras tanto, no debemos de ningún modo forzarlos a aceptar nuestro programa comunista, al igual que Lenin nunca lo impuso a las masas y a los partidos campesinos en Rusia. Los pueblos que se están liberando deben convencerse por su propia experiencia de la necesidad del desarrollo socialista. Pero esto no significa que los comunistas deban olvidar los principios de clase y apoyar a cualquiera.

Los países en vía de liberación de Asia, África y América Latina, que están en contradicción con las más grandes potencias capitalistas, se convierten ellos mismos en el teatro de una lucha terrible entre las fuerzas democráticas populares y las tendencias burguesas. Los comunistas no deben alimentar ilusiones respecto a esto. En estos países, igual que sucedió en Rusia, es más fácil comenzar la revolución y más difícil llevarla a cabo. La comprensión de este hecho nos ayudará también a evaluar más correctamente las perspectivas del movimiento revolucionario en los mayores países capitalistas. Aquí no debemos mostrar escepticismo, aunque estemos lidiando con el baluarte del capitalismo.Cuanto más se liberen los pueblos de Asia, África y América Latina de la dependencia política y económica de las potencias imperialistas, cuanto más, el capitalismo norteamericano, europeo e incluso el australiano, sientan el suelo deslizarse bajo sus pies, tanto más será corroído por las contradicciones internas, tanto más se desarrollará el movimiento revolucionario en los mayores países capitalistas. Hoy ya podemos hablar del fin del auge económico registrado en los países capitalistas después de la II Guerra Mundial. La crisis general ya se vislumbra en el horizonte de la economía capitalista. La marea extraordinariamente alta del movimiento huelguista que barre hoy los países capitalistas es un pre-anuncio de futuras tempestades revolucionarias. Los comunistas de Europa, América y Australia deben estar listos para encabezar este flujo revolucionario y, con este propósito, necesitan separarse de los oportunistas y formar su propia organización. Son precisamente partidos como el Partido Comunista de Australia, dirigido por el camarada Hill(2), los que guiarán a los trabajadores de esos países capitalistas en las futuras batallas revolucionarias. Actualmente, el proletariado de los grandes países capitalistas experimenta mayores dificultades para actuar que las masas populares de Asia, África y América Latina, pero cuando éste se levante, sonará la última hora de la dominación capitalista. Es precisamente por esta razón que los comunistas de los países capitalistas deben mirar con coraje hacia el frente, conscientes de su gran misión histórica. Cuanto más difícil les sea en ese momento seguir una política revolucionaria consecuente, y cuanto mayor la superioridad de los oportunistas que los rodean, tanto más importante y gloriosa es la tarea que pesa sobre sus espaldas, tanto más brillante será su victoria.

Evaluando hoy las perspectivas del movimiento revolucionario mundial, podemos afirmar que son mayores que nunca. Vivimos en una época en que, como dijo Molotov, todos los caminos conducen al socialismo. Pero más tarde o más temprano, todas las corrientes del movimiento revolucionario confluirán para formar un impetuoso río. Por muy duras que sean las provocaciones que los comunistas tengan que soportar, por muy graves que sean las contradicciones internas que se manifesten en el movimiento comunista, nada podrá hacer vacilar a los marxistas dialécticos. No podemos temer los extremos; los contrarios son los dos puños de la historia mediante los cuales ella se abre camino.

Pero, ¿quiere decir eso que no debemos ser sensatos en nuestras acciones y fijar un único objetivo, gastar nuestras energías de manera racional, ser consecuentes en la resolución de los problemas de principios? Todo lo contrario, hoy, al prepararse para la batalla final contra el capitalismo, las fuerzas revolucionarias necesitan una unidad sólida y subordinar sus intereses particulares a un único objetivo y a una única voluntad. Los camaradas chinos y albaneses son criticados con frecuencia por supuestamente no comprender el papel de la URSS. Pero fue Mao Tse-tung y nadie más quien propuso en las reuniones de Moscú que fuese especialmente destacado el papel dirigente del país de los soviets en el movimiento comunista mundial. Los marxistas-leninistas hicieron todo lo posible en ese sentido, pero hay un límite para todo. A partir del momento en que la autoridad, el poder material e ideológico del Estado Soviético fueron transformados plena y totalmente en un arma para la afirmación del oportunismo en el movimiento comunista, la separación de la actual dirección de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas se convirtió en una necesidad inevitable e indispensable para todos los revolucionarios. Hubo un momento en que la revolución rusa, a costa de incontables sacrificios, fue un campo de batalla de los proletarios de todos los países, el porta banderas de las grandes batallas revolucionarias del comienzo del siglo XX. Hoy, el movimiento comunista debe ayudar a la revolución rusa, a la Unión Soviética. Y para eso es suficiente con que excomulguemos publicamente del comunismo a los líderes del PCUS, y exijamos que sean alejados de la dirección. Tal exigencia sería una prueba de la gran fuerza y crecimiento del movimiento comunista mundial. Sería acogida por los trabajadores de la URSS como un acto de solidaridad revolucionaria, porque los hombres y mujeres soviéticos nunca vieron a la Unión Soviética como otra cosa que no fuera el baluarte de la Internacional Comunista.

Nadie dudará de que el aislamiento de los líderes oportunistas del PCUS en las filas de los partidos comunistas los haría completamente impotentes también en el interior del país. En realidad, la camarilla oportunista de la URSS sólo se mantiene de pie debido al hecho de que nuestros hombres, a pesar ver claramente el carácter egoísta y podrido de la burocracia soviética, aún no han comprendido este fenómeno bajo el punto de vista social y de clase, aún no han tomado conciencia de la necesidad de una lucha encarnizada e implacable para ponerle fin. Inculcarles esta conciencia equivaldría a colocar a los oportunistas en una situación catastrófica porque, en un país como la URSS, no aguantarían una hora a fuerza de pistola. Pero, ¿existen realmente condiciones objetivas para derrocar a los oportunistas en la URSS? Los comunistas de otros países, no conociendo de cerca las tendencias y la vida de los trabajadores soviéticos y juzgando la situación de la opinión pública sólo en base a la prensa, tal vez sobreestimen la fuerza de las tendencias oportunistas (por ejemplo, la importancia de la agitación pequeño-burguesa con la que se deleitan nuestros hombres de letras). Los comunistas de otros países necesitan saber que todo esto es sólo basura que nada en la superficie y, por muy densa que sea, no puede decidir. Los destinos de la URSS están en las manos de los obreros y los campesinos, en las manos de millones de comunistas de base; y estos dirán su última palabra. Pero no debemos perder de vista el hecho de que la crítica hecha por los oportunistas contra Stalin fue un golpe directo que les dio una victoria provisional, porque se dirigió contra la pureza ideológica y la honestidad de nuestro pueblo. Aquellas cualidades de nuestros hombres y mujeres que les han llevado a grandes hechos heroícos y grandiosas pruebas.

Pero, incluso en estas condiciones, la clase obrera de la Unión Soviética no vaciló y no cayó en la trampa de la provocación oportunista. Su odio hacia los oportunistas no tiene límite y es sólo la falta de un programa concreto de acción lo que la deja provisionalmente desarmada. El campesinado soviético está asumiento una oposición cada vez más firme contra los oportunistas. Alentado inicialmente por los disparates de Jruschov, el campesinado constató rápidamente que los oportunistas son incapaces de cualquier acción práctica. La crisis de la agricultura en la URSS no puede ser resuelta con medidas incompletas. De hecho, estamos ante el boicot de una clase entera, y sólo una política verdaderamente revolucionaria, verdaderamente democrática, llevada a cabo por la dictadura del proletariado, abrirá perspectivas de futuro al campesinado soviético.

Naturalmente que esto no sucederá espontáneamente. Para derrotar al sistema burocrático en la URSS es indispensable tener una organización revolucionaria, es indispensable tener una base para encauzar la cólera y la lucha popular. Para eso no necesitamos hacer numerosas búsquedas. Tenemos ante nosotros un camino ya probado, el camino de la reconstitución del partido proletario. De hecho, el PCUS está hoy transformado en una organización completamente formal, en una tela en la que se proyecta una apariencia democrática de la dominación de los burócratas. Es evidente que el nuevo partido verdaderamente proletario sólo puede ser el Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique) reconstituido. Todos aquellos que estén dispuestos a luchar contra la burocracia, todos aquellos a quienes le son profundamente sagradas las grandes victorias revolucionarias de nuestro pueblo y la causa de la revolución mundial, deben emprender resuelta y firmemente este camino. Llegó la hora. Desde la creación de muchas células aisladas del PCUS (b), hasta su fusión en una poderosa e invencible avalancha que barrerá a los burócratas. Este es el camino que tiene que recorrer los comunistas soviéticos. La actividad de las células del PCUS(b), sus consignas y sus folletos deben transformarse en una verdadera lucha de guerrilla. Es preciso que la tierra arda bajo los pies de los burócratas. ¡Y será inútil decir que esta lucha producirá sus héroes! Los oportunistas, con su cinismo pequeño-burgués y su desconfianza en las personas, no ven nada más en el mundo que el principio del interés material. Sin embargo, el heroísmo y la fidelidad comunista de nuestro pueblo no tiene límites. Sofocados por la atmósfera opresiva de la descomposición burocrática, algunos de nuestros hombres y mujeres están desorientados. Pero basta con que se les muestra el buen camino para que hagan milagros. Por más pequeñas y débiles que puedan parecer al comienzo las células del PCUS (b), sus organizadores necesitan comprender claramente la importancia histórica de su iniciativa. Su persecución despertará necesariamente a todo el pueblo y llevará a una confrontación de las masas con los burócratas; la burocracia no está en condiciones de soportar esto.

Sin embargo, el fin de los oportunistas puede llegar más pronto. La falta de cualquier apoyo activo por parte de los comunistas de base hará posible su derrota por las fuerzas que continúan fieles al pueblo, existentes en el propio seno de la dirección del Estado Soviético. Sobre todo cuando muchos comunistas que fueron engañados y mostraron una cierta debilidad en el momento en que los oportunistas atacaron a Stalin, ahora han comprendido su error. De la misma forma que los girondinos, al día siguiente del asesinato de Robespierre, se dieron cuenta de su pasividad ante la reacción, también una parte de los dirigentes del PCUS comprenderan cuán bajo han caído cuando vean los resultados de la crítica del “culto a la personalidad” a escala mundial y la hostilidad de los trabajadores de la URSS a esa campaña.

Podemos depositar una gran confianza en los cuadros militares soviéticos educados por Stalin, los cuales comprenden mejor que nadie el peligro de muerte al que la URSS está expuesta por los oportunistas. Cada persona en cuyo corazón resuene la llamada de la revolución, cualquiera que se considere comunista, debe comprender que la colaboración con los oportunistas, mientras no sean desenmascarados, podrá haber sido sólo un error; ahora, esa colaboración representa una complicidad con sus crímenes contra el pueblo. Derrocar a los oportunistas y después crear un gobierno revolucionario que coloque a la burocracia entre este gobierno y el pueblo, como entre el martillo y el yunque. Esta es la tarea de los comunistas soviéticos. No se trata de ningún modo de la liquidación total de los burócratas. De ningún modo. Sólo aquellos que resisten abiertamente a la victoria de la democracia deberán ser aplastados implacablemente. La clase obrera de la Unión Soviética, después de haber tomado el poder en sus manos, tendrá que poner a los burócratas en su lugar y obligarlos a devolver con su trabajo todo lo que le han robado al pueblo. La dirección política y económica general debe efectuarse de acuerdo con la voluntad del pueblo, en conformidad con sus convicciones y exigencias. Esta será necesariamente una política revolucionaria, comunista, internacionalista, y los trabajadores del mundo entero dirán: “¡Esta es nuestra política!“.

¡Viva la bandera roja sagrada, la bandera de la revolución socialista, la bandera de Marx, Engels, Lenin y Stalin!.

Por mucho que los oportunistas intenten cubrirla de barro, no conseguirán mancharla. Por mucho que intenten bajar esta bandera hasta su nivel, siempre habrá fuerzas en el mundo que la levantarán a la altura debida. ¡Honor y gloria para ellas! No está lejos la hora en que esta bandera volverá a ondear sobre la patria del socialismo.

¡Viva el Partido Comunista de la Unión Soviética (bolchevique)!

Que nuestros amigos y nuestros enemigos de todo el mundo nos escuchen: el bolchevismo esta renaciendo en Rusia, como el fénix de sus cenizas. Nosotros, los bolcheviques, somos perfectamente conscientes de cuán difíciles son las tareas que tenemos ante nosotros, pero soportaremos todos los sacrificios y tormentas con la cabeza levantada.

¡El Pensamiento de Lenin está con nosotros!
¡La determinación de Stalin está con nostros!
¡El gran corazón de nuestro pueblo está con nosotros!
¡Somos invencibles!

 

 

 

Notas:

(1) “Declaración de la Redacción del Iskra” (1900), V.I. Lenin, Obras Completas, Izdatelstvo Politítcheskoi Literaturi, Moscú, 1967, Tomo 4, p. 358. (N. Ed.)

(2) Edward Fowler Hill (1915-1988), fundador del Partido Comunista de Australia (Marxista-Leninista), constituído en 1963, del cual fue presidente hasta 1986. Se unió al Partido Comunista de Australia siendo estudiante de derecho, entrando en ruptura con la respectiva dirección a principios de los años 60 en relación con el conflicto sino-soviético. Partidario de las posiciones chinas, es expulsado del PCA en 1963, formando poco después un nuevo partido con un gran grupo de militantes comunistas. Tras el ascenso de Deng Xiaoping en 1972, se desmarca del nuevo rumbo de la política china. (N. Ed.)

 

 

 

Traducido por “CulturaProletaria” de hist-socialismo.com/

 

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Un pensamiento en “Declaración programática de los comunistas revolucionarios soviéticos (bolcheviques) (V Parte)

  1. Jesusa Laguna Escudero

    Viva la Revolución Bolchevique, los revolucionario del mundo estàn con los camaradas del Partido.

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