V. A. Fock, un pensamiento materialista y dialéctico en la mecánica cuántica

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La mecánica cuántica es la teoría de la física que describe el comportamiento de los átomos y de las moléculas y la física de los cuerpos microscópicos. Elaborada en la segunda mitad de la década de los 20’s por científicos europeos, donde destacan los nombres de Bohr, Schrodinger, Heisenberg, Born y Didac, es una teoría física con fuertes repercusiones tecnológicas. Permitió por ejemplo, el descubrimiento y la manipulación del transistor a principios de los años 50, generando toda la innovación tecnológica asociada a la microelectrónica y la computación.

Esta teoría trajo también importantes innovaciones conceptuales de las cuales las más importantes son: introducir una descripción probabilística como algo inherente a la naturaleza y no como insuficiencia de nuestros conocimientos y pasar a considerar el proceso de mediciones como algo inevitable que perturba el estado de los fenómenos que están siendo objeto de mediación.

Estas innovaciones desencadenaron una fuerte polémica en los medios científicos. Este debate, verdaderamente apasionante, tuvo su punto álgido en la década de los 30’s cuando Bohr se oponía a Einstein, pero todavía persiste a día de hoy. Es un debate científico, pero con fuertes implicaciones filosóficas. Tiene actualidad y no interés meramente especulativo. Su núcleo gira en torno al estatus científico y filosófico de una descripción probabilística de la realidad.

El debate sobre el significado de la mecánica cuántica dividió a los medios científicos, a grosso modo, en dos grandes corrientes. La corriente liderada por Bohr, conocida como “Interpretación de Copenhague” y la corriente liderada por Einstein que consideraba la teoría cuántica una teoría precaria, insuficiente y defendía la búsqueda de una formulación que asegurase una descripción “completa”, no probabilística, de los fenómenos cuánticos. En general, la mecánica cuántica apareció mezclada a concepciones idealistas y positivistas(1). Ya los críticos de la nueva teoría, denominados de escuela “realista”, estuvieron organizados con filósofos y científicos soviéticos(2). La existencia de una especie de “corriente intermediaria”, poco conocida y estudiada en los círculos académicos e incluso poco articulada, tiene relevancia histórica y conceptual. Definimos esta “línea” como “Interpretación materialista y dialéctica de la mecánica cuántica“. Pueden asociarse tres nombres a este pensamiento, el físico francés P. Langevin(3), el físico-químico alemán R. Haveman(4) y el físico soviético V.A. Fock(5) cuyas ideas destacaremos en este artículo.

Al analizar las bases físicas y las implicaciones filosóficas de la mecánica cuántica, Fock parte siempre de la crítica a los fundamentos del método clásico de descripción de los fenómenos de la naturaleza. Según el referido autor, este método consiste en la “asunción de la plena independencia de los procesos físicos en relación a las condiciones de observación“. Se admite que es posible “espiar” un determinado fenómeno sin que este acto interfiera en el fenómeno en sí. En realidad, al describir un mismo fenómeno en diferentes sistemas de referencia, obtendremos descripciones distintas. La física clásica equipara este problema con la transformación de las coordenadas de un sistema de referencia a otro. De esta forma es posible compatibilizar, por ejemplo, las descripciones de un movimiento en caída libre rectilíneo y de un movimiento parabólico, obtenidos en dos sistemas de referencia distintos, desde que se hace la adecuada transformación galileana de coordenadas. Pero el acto de observación, que permite la descripción de las trayectorias, no interfiere en nada en el fenómeno.

Aunque esta absolutización de los procesos físicos esté de acuerdo con el “sentido común”, debemos reflexionar mejor sobre esta suposición. Desde el punto de vista filosófico, esta característica del método clásico no puede tener valor universal, pero si valor limitado, una buena aproximación de la realidad en la mejor hipótesis. Este método supone que entre dos partes de la realidad (lo observado y los medios de observación) no hay nexo alguno, ninguna conexión. Esta es una noción metafísica, antidialéctica. La realidad es un todo interconectado. Para el estudio concreto de un aspecto de la realidad podemos y debemos despreciar varios nexos reales, pero esta postura significa una aproximación de la realidad. Es evidente que el método dialéctico no dice nada sobre la naturaleza concreta de estos nexos. Pero advierte de su necesaria existencia. La teoría cuántica demuestra que estos nexos no pueden ser despreciados y revela su naturaleza. Si abstraemos el problema de la existencia o no de vínculos materiales entre el objeto observado y los medios de observación, incurrimos en otro error filosófico: seremos forzados a admitir un observador inmaterial; independiente de la naturaleza, es decir, estaremos “divinizando” al observador.

Según Fock, la otra “abstracción cometida por la física clásica consiste en considerar, a priori, la posibilidad de obtener resultados experimentales cada vez más exactos, sin que se establezca algún límite al grado preciso de los mismos. Asociando esta posibilidad con el primer supuesto, la posibilidad de sistematizar los datos obtenidos en la mediación de las magnitudes diferentes en diferentes condiciones de observación en un marco único que de una imagen completa del proceso físico que se trate, está establecida“.

El determinismo propio de la mecánica clásica o mecánica newtoniana denominado por Fock como Método Clásico de Descripción de los Fenómenos es la posibilidad de, conociendo, en un momento dado, los valores exactos de la velocidad y de la posición de una determinada partícula y conociendo más su masa y la fuerza que actúa sobre él, poder predecir con total exactitud la velocidad y la posición de esta partícula en cualquier momento futuro.

Una expresión concentrada y radicalizada del Método Clásico de Descripción de los Fenómenos es dada por Laplace: “Debemos encarar el estado actual del universo como efecto de su estado anterior y como causa del estado que vendrá. Una inteligencia que, en un momento determinado, pudiese conocer todas las fuerzas que gobiernan el mundo natural, que pudiese conocer las respectivas posiciones de las entidades que lo conforman y que pudiese ser capaz de analizar todas estas informaciones, abarcaría en una única fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y de sus átomos más pequeños. Para esa inteligencia nada sería incierto y tanto el pasado como el futuro estarían directamente presentes en su observación“.

Esta generalización de la mecánica newtoniana para el conjunto de la naturaleza nos lleva incluso a una concepción fatalista de la naturaleza y de la sociedad, es una deducción lógica del método del método mencionado.

El primer seísmo en este método vendrá con la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein publicada en 1905.

 

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Pero la relatividad no “detona” los fundamentos del Método Clásico de Descripción de los Fenómenos. Reemplaza las transformaciones Galileanas por otras, las transformaciones de Lorentz. Con esto se puede seguir admitiendo la posibilidad de la descripción “completa” de la naturaleza. En este sentido, la relatividad se sitúa todavía en una extensión de la física clásica.

Es la mecánica cuántica formulada en los años veinte la que “detonará” dicho método dándonos una nueva concepción para el problema de la medición. Prigogine, Premio Nobel de Química en 1977, dice que la mecánica cuántica “es la primera teoría física que realmente rompió amarras y abandonó toda referencia a ese punto fijo que el conocimiento divino del mundo constituía; la mecánica cuántica no nos localiza solamente en la naturaleza, sino que nos identifica como seres ‘pesados’, constituídos por un número macroscópico de átomos“.

Antes de examinar los cambios que la mecánica cuántica imprime al problema de la medición, vale la pena llamar la atención sobre el hecho de que la física clásica leída en general con magnitudes en una escala  es compatible con la experiencia cotidiana del hombre. Aunque las distancias varían de décimas de milímetros a distancia del orden del diámetro del sistema solar, las velocidades son pequeñas en comparación con la de la luz. El cambio en la escala de las velocidades, aproximándose a las de la luz, revela propiedades cualitativamente nuevas de la naturaleza, expresadas en la teoría de la relatividad. La teoría cuántica se encargará de lidiar con distancias inimaginables en el “sentido común”. El diámetro del átomo de hidrógeno calculado por N. Bohr es del orden de magnitud de 10-10m. Esto exige incluso una unidad propia para los fenómenos microscópicos, el Angstrom que equivale exactamente a 10-10m. Es la medida por excelencia de las magnitudes atómicas. La física moderna libera a la ciencia de esta escala antropomórfica para la medida. Por otro lado, los medios usados para “medir” los fenómenos atómicos tienen el mismo orden de magnitud y esto es una distinción radical de la física clásica donde siempre es posible encontrar medios de medida de dimensiones menores que los objetos a ser medidos.

 

 

II

 

La física finalizó el siglo XIX con tres teorías bien establecidas (mecánica, electromagnética y termodinámica) que cubrían prácticamente todas las cuestiones de su objeto de investigación. Lord Kelvin, renombrado físico Inglés, dando una conferencia en la Royal Philosophical Society, en 1900, afirmó que solo veía dos pequeñas nubes en el claro cielo de la física: el resultado nulo del experiencia de Michelson y los valores “anormales” de los calores específicos a bajas temperaturas. Las dos pequeñas nubes están asociadas conceptualmente a las dos tormentas que estallaron en la física en el siglo XX; la tempestad breve y brutal de la relatividad de Einstein en 1905 y la prolongación temporal de la vieja teoría cuántica iniciada en 1900 por Max Planck, que tuvo un nuevo brote, aún más radical, en 1926, con la nueva mecánica cuántica.

En el período comprendido entre 1900 y 1925, una fértil interacción entre experimentación y teoría alteró radicalmente nuestra concepción de la naturaleza erigiendo la vieja teoría cuántica. La insuficiencia de la física clásica para responder a los fenómenos experimentales en estudio, llevó a los científicos a añadir al cuerpo de esta ciencia hipótesis inusitadas y muchas veces contradictorias con los fundamentos ya asentados de la física. Niels Bohr, por ejemplo, al formular en 1913 el modelo para el átomo de hidrógeno, hoy conocido como el átomo de Bohr y estudiado, de forma simplificada, en los cursos de química de educación secundaria, dijo “…parece ser un reconocimiento general que la electrodinámica clásica no consigue describir el comportamiento de sistemas de dimensiones atómicas… parece necesario introducir en las leyes en cuestión una cantidad ajena a la electrodinámica clásica, la constante de Planck, o, como es a menudo designada, el cuanto elemental de acción“.

En 1925, la física ya tenía concedida la carta de ciudadanía a extrañas propiedades de los átomos y moléculas. Extrañas, por lo menos, en el contexto de la mecánica y de la electrodinámica clásicas. Estas propiedades pueden ser resumidas así: cuantificación de magnitudes físicas, propiedades ondulatorias de los corpúsculos microscópicos y propiedades corpusculares (“paquetes”) de las ondas electromagnéticas.

Entrentanto, mientras que la inviabilidad de la física clásica para el análisis de los fenómenos microscópicos estaba bien asentada, no teníamos siquiera una teoría alternativa consistente. Las propiedades anteriormente registradas estaban siendo introducidas en el marco de la física clásica como hipótesis “ad hoc”. Las dificultades eran grandes. Basta decir que, desde el punto de vista de la representación matemática y de la fenomenología física, los modelos ondulatorios y corpusculares son mutuamente excluyentes. Una onda lineal bien definida (a menudo precisa) es algo extendido en el espacio de las distancias, algo no localizado, por lo tanto incapaz de representar algo localizado espacialmente como un corpúsculo. Para representar un corpúsculo en este lenguaje necesitamos un “pulso” o un “paquete” de ondas que sólo se puede obtener mediante la superposición de ondas, cada una con su propia frecuencia, diluyendo así el comportamiento ondulatorio “puro”.

Estas contradicciones serán resueltas de forma consistente en el marco de una nueva teoría científica, la mecánica cuántica, elaborada por varias manos entre los años 1925 y 1927. La física pasa entonces a incorporar a su jerga, al lado de expresiones tales como las leyes de Newton, el principio de la relatividad de Einstein, etc., novedades como la ecuación de Schrodinger, principio de incertidumbre, interpretación probabilística, principio de complamentariedad, etc. En términos generales podemos decir que con la mecánica cuántica obtendremos las probabilidades de medición de determinados valores de las magnitudes y no la previsión de los valores exactos de estas magnitudes como sería de esperar en la física clásica. Estas probabilidades serían verificadas a través de las frecuencias estadísticas obtenidas en diversas mediciones realizadas todas bajo las mismas condiciones.

Las propiedades del formalismo matemático utilizado llevan a la formulación de un principio físico, o principio de incertidumbre, por el cual la posición y la velocidad de un corpúsculo no pueden ser medidos simultáneamente con precisión absoluta. La grandeza del límite a esta precisión será dada por la constante de Planck (h) a través de la siguiente desigualdad (cuadro).

 

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Esta interpretación, hoy conocida como “Interpretación de Copenhague”, sería coronada por la formulación de N. Bohr del principio de complementariedad. El problema de la doble naturaleza de las partículas y de las ondas eletromagnéticas es sistematizado, afirmando que  “Los modelos corpuscular y ondulatorio son complementarios; si una medida prueba el carácter ondulatorio de la radiación electromagnética o de la materia entonces es imposible probar el carácter corpuscular en esa medida, y viceversa“. Bohr realza con en este principio una inevitable interacción, en la escala atómica, entre el objeto y los medios de medición, y por lo tanto de la imposibilidad de considerar el objeto de estudio como completamente aislado del medio circundante. Transforma en principio físico la imposibilidad del modelo corpuscular o condulatório asiladamente para describir un determinado fenómeno. Examinaremos entonces la repercusión de esta teoría en el método de descripción de los fenómenos.

 

 

III

 

Recordemos las principales características del método clásico de descripción de los fenómenos. 1) la descripción de los fenómenos es independiente de los medios con que se observan; 2) siempre es posible detallar las medidas, llegando a sus valores exactos y permitiendo así al mismo tiempo observar todos los aspectos de un determinado fenómeno; y 3) la existencia de un determinismo absoluto en el curso de cada fenómeno.

La repercusión de la teoría cuántica en la concepción clásica de la medida es, por sí misma, evidente. Cae por tierra la posibilidad de identificar siempre el “valor más probable” de las mediciones a su valor exacto, pues la propia noción de valor exacto sufre la restricción resultante de las relaciones de Heisenberg. Impedidos para medir simultáneamente los valores exactos de las posiciones y de los movimientos de todos los objetos del universo, tenemos que renunciar al ideal laplaciano de que “tanto el pasado como el futuro estarían directamente presentes en su observación“. En escala atómica las predicciones físicas toman la forma de probabilidades de ocurrencia y el determinismo clásico debe ser reemplazado por un determinismo probabilista.

Al analizar las bases físicas y gnoseológicas de la mecánica cuántica, Fock parte siempre de la crítica a los fundamentos del método clásico de descripción de los fenómenos, como ya dijimos en el Capítulo II. Muestra con un ejemplo sencillo y clásico, como la inevitable interacción entre el objeto cuántico y el dispositivo de medida es una propiedad inherente a los fenómenos microscópicos: analicemos lo que sucede cuando intentamos localizar una partícula atómica. Usemos para esto un medio material, un haz de luz, por ejemplo. Recordemos que el determinismo clásico se apoya en el conocimiento simultáneo y exacto de la posición y de la cantidad del movimiento de una partícula. “Los efectos cuánticos, limitativos de las posibilidades de medición, se manifiestan, por ejemplo, cuando una partícula entra en interacción con un haz de luz que incide sobre él“, aquí debemos señalar que, clásicamente, la medición de un objeto, utilizando una señal luminosa, supone la nula interacción que discutiremos. Fock continúa, “en ese caso se vuelve fundamental el hecho de que el fotón, generalmente caracterizado por sus parámetros ondulatórios, todavía es portador de una determinada energía y cantidad de movimiento, es decir, poseé propiedades de ‘partículas de luz’. A una longitud de onda corta, favorable a la posibilidad de la localización de la partícula en el espacio de las coordenadas, le corresponden fotones de gran energía capaces de comunicar a la partícula un impulso suficientemente fuerte para perturbar su localización en el espacio de los impulsos“. Para que tengamos una idea de las órdenes de magnitud involucradas, un fotón capaz de localizar un átomo de hidrógeno, que tiene un diametro del orden de 1Aº, debería tener una longitud de onda del orden de 10-1Aº, esto significa que este fotón tendrá una energía de 124.000 eV, es decir, una radiación altamente energética. Para poder comparar, la energía requerida para la ionización de un átomo de hidrógeno es de 13,6 eV. Fock concluye su razonamiento afirmando que “la utilización de fotones de baja energía, por otro lado, correspondiente a la incidencia de un haz de luz de elevada longitud de onda, lo que tendrá como resultado el ampliamiento de las bandas de difracción y la disminución de la precisión con la que será posible localizar la partícula en el espacio de las coordenadas“.

Se ve, por lo tanto, que esta inevitable interacción objeto-dispositivo es la indeterminación de ciertos parámetros físicos que fluyen de ella, no es algo que anule la objetividad física. Es, en verdad, una propiedad intrínseca de los fenómenos atómicos y moleculares.

Al analizar las indeterminaciones de ciertos parámetros físicos derivados de la naturaleza de los fenómenos microscópicos, indeterminaciones conocidas como relaciones de incertidumbre de Bohr y Heisenberg, Fock no ve en ellas un fracaso de la teoría, o una barrera al conocimiento humano, o la “introducción del libre arbitrio” en la naturaleza. Considera que “las relaciones de incertidumbre de Heisenberg y Bohr determinan el alcance del método clásico (“absoluto”) de las descripción de los fenómenos“. Aquí se vuelve evidente el carácter aproximado del método clásico al considerarlo la orden de magnitud de la constante que introdujo la restricción a este método, la constante de Planck, ~10 -33J.s. Para los fenómenos macroscópicos, una limitación con esta dimensión es un hecho insignificante. De hecho, si hiciéramos h=O en las ecuaciones de la mecánica cuántica, obtendríamos las ecuaciones de la mecánica clásica. Fock concluye afirmando que “los medios de observación deberán ser descritos en base a las abstracción clásicas, teniendo en cuenta las relaciones de incertidumbre Hei-senberg y Bohr“.

 

INTRODUCCION
Al examinar el principio de complementariedad, Fock sostiene que “el nuevo método descriptivo, por otro lado, no implica, de forma alguna, que atribuyamos menos realidad al objeto que al instrumento de medición, o que pretendamos reducir las propiedades del objeto a las propiedades de los instrumentos“. En consonancia con el carácter objetivo de la interacción objeto-dispositivo, Fock defiende a Bohr demostrando que “Bohr propone que se designen por propiedades complementarias las propiedades que se manifiestan en su forma pura en el transcurso de las diferentes experiencias, responsables de la creación de condiciones incompatibles entre sí, mientras que bajo las condiciones de una misma experiencia se revelan de forma incompleta y ‘atenuada’“. El contenido objetivo del principio de complementariedad, es exactamente la imposibilidad, tanto del modelo corpuscular, como del modelo ondulatorio, de explicar aisladamente y en conjunto un determinado fenómeno cuántico. Esto se debe a que el objeto observado no puede ser descrito con absoluta indepencia de los medios observación.

En cuanto a la naturaleza probabilística de la mecánica cuántica, Fock sostiene que “la necesidad de considerar el concepto de proprobabilidad un elemento fundamental de la descripción, no una señal de la insuficiencia de nuestros conocimientos, es ya de por sí una consecuencia inmediata del resultado de la interacción del objeto con el dispositivo que sea, dadas las condiciones externas, no un acontecimiento predeterminado de un modo único, sino un acontecimiento con cierta probabilidad de realizarse de tal o cual manera“. Para Fock, la función de onda no es meramente un objeto matemático conveniente pero carente de contenido objetivo. Si no describe directamente (y de forma absolutamente determinada) la trayectoria de los cuerpos microscópicos, proporciona las potenciales posibilidades de ocurrencia de determinados acontecimientos o las potencialidades de acontecimientos en la mecánica cuántica, siendo estas expresadas cuantitativamente a través de probabilidades. Esto no introduce el “indeterminismo” en la ciencia, o anula la existencia de leyes naturales. Esto demuestra que “es la propia distribución de las probabilidades la que se encuentra sujeta a verificación” … “esta verificación deberá constar no sólo de una medición, sino de varias repeticiones de la experiencia completa (siendo siempre el mismo modo en que se prepara el objeto para la experiencia, y sin que haya cambios en las condiciones externas). La estadística que se obtiene como resultado de esta serie de repeticiones nos permite entonces juzgar la distribución de probabilidades sujeta a la verificación“. (el subrayado es nuestro).

Fock hace un claro análisis de los orígenes históricos del método clásico de descripción de los fenómenos. Este método fue formulado en un área específica del conocimiento, la mecánica newtoniana. Pero los éxitos de esta disciplina específica y el uso de este mismo método en otra área del conocimiento científico, el electromagnetismo, (formalizado con éxito en el siglo XIX) llevará a los científicos a generalizar el valor de este método, universalizándolo. La noción del determinismo absoluto, sin embargo, es una noción sin el menor tránsito en otras ciencias bien desarrolladas ya en el siglo pasado, como la historia con Marx y la biología con Darwin.

Por la alteración que la mecánica cuántica provoca en la concepción clásica de medida, Fock propone la formulación de un nuevo concepto para el problema de la medida: “relatividad con referencia a los medios de observación como base del método cuántico de descripción de los fenómenos“. Según el físico soviético “tomando como base del nuevo método descriptivo los resultados de la interación del objeto microscópico con el instrumento de medición, estaremos introduciendo un importante concepto, el concepto de la relatividade con referencia a los medios de observación; esto es además una generalización del, ya hace mucho divulgado, concepto de relatividad en orden a los sistemas de referencias“.

Recordamos que tanto la relatividad galileana como la einsteniana fueron obstáculos que el método clásico de descripción consiguió contornear. La mecánica cuántica es, pues, un obstáculo insuperable. El método de descripción es el que tiene que ser cambiado. Al contrario de un observador que hace descripciones sin vínculos físicos con el fenómeno que es descrito (excepción hecha a los vínculos de los sistemas de referencia), la observación y la descripción tiene ahora que ser compatible con los medios materiales suficientes y necesarios para la realización de la descripción.

Concluimos esbozando las líneas generales de una interpretación materialista y dialéctica de la mecánica cuántica: defiende el materialismo dialéctico; desarrolla una aguda crítica del mecanicismo; entiende el contenido básico de la mecánica cuántica como la adecuada descripción de los fenómenos atómicos y moleculares; destaca el papel primordial de científicos relacionados con la “Interpretación de Copenhague”, como Bohr y Heisenberg en la explicación de estos fenómenos; critíca las formulaciones idealistas y positivistas desarrolladas por estos y por otros científicos y filósofos en la interpretación de tales fenómenos; distingue el contenido objetivo de la mecánica cuántica de esas formulaciones y disocia el materialismo dialéctico de la escuela “realista”, considerando el programa de búsqueda de una descripción “completa” de los fenómenos cuánticos, un programa apoyado en la concepción filosófica del materialismo mecanicista.

 

 

Notas:

(1) Tales formulaciones partieron de físicos que tuvieron una destacada participación en la elaboración de la teoría cuántica, así como otros profesionales. A modo de ilustración indicamos: Jordan en su libro “Physics of 20th Century“, publicado en 1944, dedica un capítulo a la “liquidación de la materialismo“; Bohr al analizar el objetivo de la ciencia hace afirmaciones como: “…el objetivo de la ciencia es aumentar y ordenar nuestra experiencia…“. “Nos encontramos aquí una nueva luz sobre la vieja verdad de que en nuestra descripción de la natureza, el propósito no es descubrir la verdadera esencia de los fenómenos, sino solamente descubrir, en lo posible, relaciones entre los multiples aspectos de nuestra experiencia” (frases extraídas del artículo de Richard J. Hall, “Philosophical Basis of Bohr’s interpretation of Quantum Mechanics“, Am. J. Physics, 33 (8), 629 p -.. 627,1965). Se ve que para Bohr, al menos en estos artículos, el objetivo de la ciencia no es el conocimiento de una naturaleza que tiene existencia independiente de las observaciones, sino el descubrimiento de las relaciones entre nuestas experiencias; Heisenberg dice que “el propio concepto de ‘verdaderamente real’ ya fue desacreditado por la física moderna, y el punto de partida de la filosofía materialista necesita ser modificado en esto” o “Para la ciencia natural moderna no hay más, al principio, que el objeto material, sin embargo forma, simetría matemática” (frases extraídas de “El descubrimiento de Planck y los problemas filosóficos de la física atómica“, conferencia de Heisenberg publicada en “Problemas de la Física Moderna“).

(2) La declaración de físicos y filósofos soviéticos, críticos de la interpretación probabilística de la mecánica cuántica, con físicos occidentales que defienden críticas semejantes, es muchas veces admitida explícitamente en textos de autores soviéticos. Independientemente de declaraciones formales, la opinión mayoritaria entre filósofos y físicos soviéticos siempre fue la de considerar la mecánica cuántica una teoría incompleta, más allá de la fuerte crítica de las formulaciones positivistas de los físicos de la Escuela de Copenhague. Para el análisis de los autores soviéticos de esta línea debemos destacar a  D. I. Blokhintsev, I. P. Terletsky y a A. A. Maximov entre los más representativos.

(3) Sobre Langevin, dice Mauro Ceruti: “Las tesis de Langevin expresaban una forma peculiar de realismo radicalmente diferente de formulaciones de tipo mecanicista. De hecho, él tendía a hacer un abordaje realista lo menos sustancialista posible, considerándolo no como un punto final, sino como un punto de partida, una visión general del mundo que es necesario reconstruir a cada transformación decisiva del pensamiento científico, con base en las imágenes de la realidad que nos son propuestas en cada caso“.

La firmeza de su convicción materialista, combinada con un método dialéctico de razonamiento, se puede observar en este fragmento: “Si la naturaleza no responde con precisión cuando le proponemos una indagación sobre el electrón comparado con un corpúsculo de la mecánica clásica, será mucha pretensión concluir de nuestra parte: el determinismo no existe en la naturaleza. Sería más justo decir: la cuestión está mal planteada, el electrón no puede equipararse a un corpúsculo la mecánica clásica. Por lo tanto no se trata de incriminar a la naturaleza, sino de alterar -cosa más difícil, en todo caso más fructífera- el modo mismo de como se formula la cuestión” (citas extraídas del texto de Mauro Ceruti, “El materialismo dialéctico y la ciencia de los años 30“).

Para finalizar esta nota, un pequeño registro biográfico de Paul Langevin (1872-1946): Físico de renombre internacional en diversas áreas de la física moderna, fue el sucesor de Lorentz como presidente de los Congresos Solvay y Einstein dijo de él lo siguiente: “Estoy seguro de que habría desarrollado la teoría de la relatividad especial, si esto no hubiese sido hecho en otra parte; porque él había reconocido claramente sus puntos esenciales“. Langevin tuvo también una intensa participación en la política durante toda su vida. Participó en la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, fue arrestado y confinado por los nazis, huyó del confinamiento, con la ayuda de la Resistencia. Después de la posguerra ingresó en el PCF. En 1948 sus cenizas fueron transladadas, junto con las de Jean Perrin, al Panteón.

(4) R. Haveman dedica 3 de las 11 lecciones de su curso “Aspectos científico-naturales de problemas filosóficos“, publicado con el título “Dialéctica sin dogma“, a los problemas filosóficos subyacentes a los fundamentos de la mecánica cuántica. En este libro, Havernan considera que “la mecánica cuántica es hoy, en este sentido, una teoría cerrada y consolidada como la mecánica clásica“. Antes explica que “la teoría cerrada significa teoría capaz de explicar plena y lógicamente un grupo determinado de fenómenos“. Critíca tanto el programa mecanicista de eliminar toda y cualquier indeterminación en la naturaleza como la formulación agnóstica de la Escuela de Copenhague de considerar las indeterminaciones que aparecen en la mecánica cuántica como límites de nuestra capacidad cognitiva. Hay que destacar que Haveman rescata la dialéctica hegeliana para interpretar, desde un punto de vista materialista, los fundamentos de la mecánica cuántica. Desarrolla un rico análisis de las categorías dialécticas ‘Casualidad y Necesidad, Posibilidad y Realidad’ para demostrar que las indeterminaciones que aparecen en mecánica son de naturaleza objetiva. Muestra que la cuestión planteada por la mecánica cuántica no es la negación de las relaciones de causa y efecto, sino “…¿cúal es el tipo de conexión entre la causa y el efecto? Según la concepción materialista mecanicista, de una causa no se puede seguir más que un efecto perfectamente determinado. Pero, en realidad, las causas producen diversas posibilidades de efecto; pero para cada causa existen varios efectos posibles. ¿Cúal de los efectos porsibles es el que realiza? Esto es lo objetivamente casual. Sin duda, también esta casualidad está determinada de acuerdo a las leyes, a saber, según el grado de su posibilidad, es decir, según su probabilidad… “.

Robert Havernan (1910 -?), se doctoró en Física y Química en 1935, habiendo ingresado en el Partido Comunista de Alemania (KPD) en 1932. Condenado a muerte en 1943 por los nazis, fue liberado por el ejército soviético en 1945. Dirigió el Kaiser Wilhelm Institut de Física-Química, y fue diputado de la Cámara del Pueblo desde 1950 a 1963. Desde la publicación de su libro “Dialéctica sin dogma” entró en conflicto con los dirigentes del Partido Socialista Unificado de la República Democrática de Alemania, habiendo sido condenado a arresto domiciliario en 1976.

(5) En el estudio de lo que llamamos “Interpretación materialista y dialéctica” de la mecánica cuántica, V. A. Fock (1898-1974) tiene un papel histórico único que debe ser rescatado. Fue un destacado físico con una participación relevante en el desarrollo de la propia mecánica cuántica. Defendió el contenido objetivo de la nueva teoría desde el primer momento. Su libro “Principios de la Mecánica Cuántica“, cuya primera edición salió en 1932, se mantuvo durante muchos años como el único libro de texto de autoría soviética en el asunto. Publicó en la URSS los artículos sobre la polémica de 1935 que enfrentó a Bohr con Einstein, registrando en la presentación su opinión de que Bohr había ganado el debate. Sustentó, dentro de la Unión Soviética, una fuerte polémica con los que etiquetaban la mecánica cuántica de teoría idealista y positivista. Desarrolló una interpretación materialista y dialética de los fundamentos de la mecánica cuántica expresada, entre otros, en el artículo “La Physique quantique et les idealisations classiques“, publicado en 1965. En la segunda edición de su libro de texto, referido anteriormente, sistematizó esta interpretación en el capítulo 1, denominado “Bases Físicas y Gnoseológicas de la Mecánica Cuántica“. Vale la pena transcribir un extracto de su carta a la revista Slavic Review: “La esencia del materialismo díaléctico es precisamente la combinación de un punto de vista dialéctico con la aceptación de la objetividad del mundo exterior. Sin enfoque dialéctico, el materialismo quedaría reducido a un materialismo mecanicista, que ya estaba obsoleto incluso a principios del siglo XX…

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Principios”, Nº15, Mayo de 1988.

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