El Freudismo y los “Freudomarxistas”

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La afirmación del materialismo dialéctico como concepción filosófica que guía el análisis de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad, se reviste de gran importancia para la propaganda marxista. Hoy en día, con la profundización de la crisis general del capitalismo -que también se extiende a la esfera de las ideas- se asiste a una proliferación de falsas teorías cuyo alcance es desorientar a la gente y ensombrecer su perspectiva. En este artículo, que guarda actualidad en sus aspectos fundamentales, el autor critica los puntos de vista idealistas del psiquiatra vienés Sigmund Freud y sus seguidores y combate los intentos de los “freudomarxistas” por encontrar una convergencia entre el marxismo y el freudismo.

Freud sacudió el mundo. Son numerosos aquellos que piensan que el psicoanálisis cambiará la faz de la tierra“. Así se expresa uno de los discípulos de Freud en Europa Occidental, F. Wittels.

El propio Freud se iguala a Copérnico y a Darwin. Sus teorías, mal acogidas por el “gran público” poco después de 1890, da hoy a la Europa burguesa un nuevo Evangelio. Freud, objeto de un entusiasmo general, es llevado a las nubes. Para muchos socialdemócratas, él reemplazó a Marx.

Este entusiasmo penetró hasta en la URSS. Es innecesario decir que no tiene, ni podría tener, en la sociedad soviética, la extensión que tiene en los países de Occidente. Ha encontrado muchos antídotos en la URSS.

Si, en los países de Occidente, socialdemócratas y personalidades de “extrema izquierda” como Henriette Roland-Holst hacen del freudismo el “complemento” del marxismo, en la URSS, marxistas, o mejor dicho, marxistas deplorables como M.A. Reissner, manifestaron la misma tendencia. El profesor Reissner es el autor de las siguientes líneas:

Sólo la aplicación de la dialéctica materialista, de la doctrina de Marx, puede liberar a los preciosos gérmenes del freudismo de la envoltura ideológica de la sociedad burguesa, de las deformaciones metafísicas idealistas, de las contradicciones y de las incoherencias. La ciencia marxista debe encontrar en sí misma las fuerzas y la capacidad de someter a un nuevo trabajo de elaboración la enorme documentación acumulada por Freud y también continuar la línea monista y materialista que Freud siguió antes que nada. Sólo los participantes de la lucha de clases del proletariado podrán forjar, a través de la teoría de Freud, una nueva arma contra la neurosis colectiva de la religión.

Se recomienda encarecidamente los elementos del psicoanálisis a los psicólogos y a los sociólogos marxistas, pues ahí van a encontrar las fuentes extremadamente fértiles del enriquecimiento y de la profundación de sus investigaciones“. (1)

Apreciaciones de este tipo fueron a menudo formuladas en la prensa soviética. Pero antes de hablar de los freudianos, conviene decir algunas palabras de la propia doctrina de Freud.

El Freudismo nació de una tendencia particular de la medicina que estudia los trastornos psíquicos o nerviosos. El método de tratamiento de las enfermedades nerviosas que Freud y su escuela usan se llama Psicoanálisis. Freud fue conducido por sus trabajos a la conclusión de que todas las neurosis se basan en tendencias sexuales, que son el resultado de éstas o, más exactamente, el resultado de su represión, es decir, de negarse a satisfacer las que se imponen a la personalidad, a la propia idea de su satisfacción, no siendo admitida en la región de la conciencia. “Las neurosis -explica Freud- son, en cierta forma, enfermedades específicas de la función sexual; la cuestión de saber si una persona puede, en general, estar atacada de neurosis depende de la cantidad de libido y de la posibilidad de satisfacerla y de darle una salida a través de la satisfacción“.

El término libido significa para Freud la atracción sexual (amorosa, “erótica” y sexual en el sentido estricto de la palabra), “la energía por la cual se manifiesta en la vida espiritual la atracción sexual“. (2)

La psicología humana se basa en dos atracciones que se sitúan, por su naturaleza, entre el físico y el psíquico propiamente dicho. La psicoanálisis distingue dos grupos esenciales, dos complejos de atracciones: el del “yo” (aspiración a la conservación) y el de la atracción sexual.

La neurosis ocurre con mayor frecuencia cuando la atracción sexual no puede tener resultado práctico ni satisfacción, como resultado del conflicto interior resultante de la oposición entre “la aspiración-yo” y el “principio de la realidad”, cuando sucede que la aspiración sexual bajo su forma dada es inadmisible, estando en contradicción con el instinto de conservación de la personalidad o con el respeto que esta tiene de sí misma, siendo anti-social, o por cualquier otra razón similar.

Tiene lugar una “selección” de las aspiraciones, un “triage” efectuada por defecto de la conciencia y sin la participación de la conciencia. En opinión de Freud, actúa una fuerza psíquica particular; Freud la llama “censura”.

En su estado primitivo y en su primera infancia, el hombre no se inspira, según Freud, en un principio fundamental, el Lustprincipio o “principio del placer”. Nada esta todavía “prohibido”. Más tarde, llegando a los niveles superiores de desarrollo, el hombre ve aparecer el “principio de realidad”. La aspiración al placer, enfrentándose con el principio de realidad, es frecuentemente presionada fuera de la esfera de la conciencia, por la acción de la “censura”.

Diversas aspiraciones “perversas” que en la infancia constituyen la forma habitual de emociones sexuales inconscientes, y en el adulto representan un retorno al estado infantil, son reprimidas. Las tendencias incestuosas y el narcisismo, es decir, el estado psíquico en el que la libido tiene por objeto su propio yo, juegan un papel muy importante en este proceso. (3)

Según la teoría de Freud, la libido del hombre, en la infancia, siempre tiene una tendencia al narcisismo. Sólo más tarde se relaciona con los objetos externos (otras personas, etc.), y aún así, no completamente. El peligro de un retorno enfermizo “al estado infantil” por la neurosis subsiste siempre.

El “complejo de Edipo”, es decir, la atracción sexual de las hijas por el padre, de los hijos por la madre, etc. acompañado de un sentimiento de celos de las madres con respecto al padre, etc., desempeña para la escuela psicoanalítica un papel enorme en la formación de las neurosis. La propia designación de este complejo psíquico se une al mito griego del rey Edipo, que mató a su padre y se casó con su madre. Freud considera que el mito de Edipo caracteriza todo un periodo de la historia real de la humanidad, período al que se remontan los orígenes de la exogamia, del culto totémico, del poder del primogénito, etc. El “complejo de Edipo” es el modelo de las aspiraciones “antisociales” en contradicción con el “principio de la realidad” que el aparato psíquico de la “censura” se esfuerza por reprimir, para no dejar llegar al umbral de la conciencia. Las tendencias sexuales antisociales son “eliminadas” de la esfera de la conciencia de la personalidad como resultado de un conflicto psiquico. El hombre puede no tener ninguna conciencia de la existencia pasada o presente en él de aspiraciones similares; están ausentes de su conciencia, pero permanecen en calidad de “pensamientos inconscientes”.

Estos “pensamientos inconscientes”, “reprimidos” y alejados del umbral de la conciencia por ser inadmisibles en el “yo”, constituyen el “mundo” oculto del “inconsciente espiritual” de Freud.

El contenido de este “inconsciente” de Freud se caracteriza por dos factores principales:
1- Está formado de emociones enteramente llegadas del pasado, de “aspiraciones al placer” heredadas del hombre prehistórico y de emociones sexuales de la primera infancia en la que nada era “prohibido” y para la que faltaba el “principio de realidad”.
2 – El inconsciente de Freud es necesariamente hostil a la conciencia, su contenido es necesariamente “inadimissível” a la conciencia, opuesto a los principios de la conciencia.

La psicología sexual de los pueblos primitivos, similar a la psicología primitiva de la infancia, se coloca en la esfera del “inconsciente”. Se agitan en las sombras todos los “demonios” de los impulsos incestuosos, del complejo de Edipo, del narcisismo, de la “aspiración a la repetición”, del “complejo de castración” del erotismo anal, etc.

Reprimidas en las esferas del inconsciente, estas tendencias no pierden su fuerza y su significado. Ellos continúan actuando sobre la conducta del hombre y sobre el estado de su sistema neuropsíquico. Su influencia se manifiesta con fuerza sobretodo sobre las personas con enfermedades nerviosas. “La vida espiritual de la histeria, escribe Freud, está llena de pensamientos inconscientes, más activos; de ahí todos los síntomas del mal. En realidad, lo que caracteriza principalmente el estado histérico de la psique, es que ella está totalmente en manos de representaciones inconscientes. Si una mujer histérica tienen náuseas, puede estar bajo la influencia de la idea de la gravidez. Esta mujer no sabe, mientras tanto, nada de esta idea, aunque el psicoanálisis pueda revelarle fácilmente su presencia en su vida interior y hacerla accesible a su conciencia“. (4)

La influencia de los “pensamientos inconscientes” no se manifiesta sólo en las enfermedades. También existe en las personas sanas. Se manifiesta a través de perturbaciones funcionales, por errores de memoria, para lapsus, por los sueños cotidianos. Freud considera la interpretación de los sueños como uno de sus mayores méritos. A final de cuentas, la voluntad del hombre aparece sometida a oscuros instintos sexuales cuyas orígenes se remontan a tiempos acabados de hace mucho. Fenómenos inquietantes e inconscientes pesan sobre el hombre como una fatalidad, como el destino, como el fatum, como un poder inexorable, semejante esta tendencia a la repetición de los estados anteriores, primitivos, indicados por Freud, y que es, en última instancia, una tendencia hacia la muerte.

La humanidad, dice Freud, está impregnada de narcisismo en las primeras etapas de su desarrollo. Ella considera al hombre como el centro y la coronación del mundo y su fuerza como ilimitada. Copérnico y después de él Darwin, socavaron esta representación del mundo imbuida de narcisismo. El tercer golpe psicológico, el más sensible al amor propio del hombre, es trazado por el propio Freud, que demuestra que “el yo humano no es el señor en su propia casa”, en su propia alma.

Los freudianos no se limitan en sus trabajos a la neuropatología y la psicología individual. Tienden a ampliar los métodos del psicanálisis al estudio de los fenómenos sociales.

Freud, en su “Tótem y Tabú“, aborda la explicación de problemas puramente sociales. En este libro presenta su método al sociólogo especialista en los siguientes términos: “Que esté dispuesto a considerar que nuestros trabajos no tienen otro objetivo que el de incitarlo a hacer mejor la misma cosa al aplicar, a las materias que el conoce,el instrumento que nosotros le podermos dar“.

Hemos visto que algunos sociólogos marxistas toman este consejo muy en serio. Es interesante conocer los resultados de la aplicación del método de Freud a la sociología por el propio Freud y sus discípulos más cercanos.

La psicología de los pueblos primitivos se explica en Freud por su analogía con la psicología de las neurosis. El origen de la sociedad, los primeros pasos de esta, se adhieren al famoso “complejo de Edipo”. El primer estado de la sociedad es la horda primitiva. Freud dice al respecto: “No hay allí más que un padre cruel y celoso que se reserva todas las hembras y expulsa a sus hijos incluso en la época de crecimiento. Nada más“. El paso a la siguiente etapa de las relaciones sociales se lleva a cabo de la siguiente manera: “Los hermanos se reúnen un bello día, matan y comen al padre y ponen fin a la horda fraternal. Se identifican con el padre devorándolo, cada uno asimila una parte de su fuerza. El banquete totémico, que es quizás la primera fiesta de la humanidad, es la repetición y la reminiscencia de este crimen memorable que marca el origen de muchas cosas: de la organización social, de las restricciones morales y de la religión“.

La religión, según Freud, es la “neurosis general de los estados de obsesión“. Las otras ideologías, tales como el arte, etc., son sublimaciones (es decir, transformaciones superiores) de las aspiraciones sexuales; son las transfiguraciones del incesto. Freud llega algunas veces a ideas simplemente “admirables”. ¿De dónde viene, por ejemplo, la aviación? ¡Quién sabe! ¡De la aspiración sexual infantil! “La aviación, escribe Freud, que logra por fin hoy su objetivo, tiene un origen infantil erótico, porque el deseo de volar en un sueño significa sólo el deseo apasionado de actividad sexual“.

Cuando uno de los alumnos y discípulos de Freud, Kolney, deseaba hacer un análisis teórico freudiano sobre la vida social contemporánea, llegó a los siguientes resultados: el comunismo es el retorno a la psicología infantil, una variedad de la locura; el comunismo agrario corresponde más especialmente a la aspiración primitiva eterna de los hijos-hermanos a las relaciones sexuales con su misma madre (Kolney hace aquí un juego de palabras fortaleciendo la expresión “madre-tierra”); el leninismo es una psicosis de guerra; el revolucionarismo proletario es el producto de un exceso de libido acumulado; las quejas del proletariado no pasan de ser formas de manía persecutoria; el lema “¡Proletarios de todos los países, uníos!” es, en última instancia, una expresión homosexual del amor unisexual.

¡Tal es, si podemos decirlo, la sociología del freudismo!

¡Y esta teoría es la que seduce a algunos de nuestros “marxistas”! Comúnmente se cree que ellos evitan plenamente y sin reservas la sociología del freudismo y se limitan a mantener la psicología individual que, en su opinión, en nada se opone al marxismo. Estas dos afirmaciones son falsas. Es falso que los marxistas seducidos por el freudismo repelan elementos completamente los elementos sociológicos de la teoría de Freud. Ya hemos citado el profesor M. Reissner que habla, como Freud, de la religión como una neurosis y piensa, evidentemente, que es perjudicial cuando se apropia de la energía psíquica de la libido, lo que podría, bajo otras formas, “aniquilar a los explotadores”. (5)

M. Reissner atribuye también al pensamiento de los primitivos un fundamento sexual. “En particular, el descubrimiento (por Freud) del pensamiento de los primitivos y de los niños, formas de representaciones esencialmente sexuales, no podría ser ignorado por la doctrina del materialismo histórico“. También habla del origen sexual de las ideologías de las clases y de las épocas, así como de la sublimación y de la represión en el campo de la ideología. Encontró en la doctrina de Freud, naturalmente, “raíces puramente materialistas“, “bases estrictamente científicas y materiales“. (6)

Después de Reissner viene el camarada A. Variash. En su “Introducción a la Historia de la Nueva Filosofía“, en el capítulo “De la naturaleza de las ideologías”, el camarada Variash estudia minuciosamente las “leyes de la vida espiritual inconsciente” de Freud (la “densificación”, la “transferencia”, la “segunda elaboración”, etc.). En su opinión, lo hace porque piensa que puede explicar, en base a estas “leyes”, los fenómenos de la psicología social, de la ideología, etc. Porque considera que, con algunas reservas, el inconsciente de Freud es en el fondo un concepto marxista, aplicable a los hechos de la vida social y a la explicación de las ideologías.

En su informe a la Academia Comunista, el camarada Variash dice que Freud y otros psiquiatras “proyectaron una nueva luz sobre el mecanismo del sueño, los trastornos psíquicos, la formación de los mitos y de las religiones, las instituciones primitivas del hombre: el tótem, el tabú , las costumbres nupciales, los ritos, las representaciones religiosas, las ideas sobre el alma, el problema de la muerte, las primeras instituciones del poder y las primeras decisiones sociales“. (7)

En la edición posterior de este informe, incluido en la “Historia de la Nueva Filosofía“, el camarada Variash, cediendo a la crítica marxista, modificó ligeramente esta frase y puso en lugar de “proyectó una nueva luz“, “procuró formular una nueva teoría“. (8) A pesar de esta retractación, mantuvo sus antiguas posiciones.

Su artículo “El freudismo y su crítica marxista” (en “La dialéctica de la naturaleza” Vol. 1, 1926) es muy característico en este sentido. Al desolidarizarse de Freud en repetidas ocasiones, bajo la presión de la crítica marxista ortodoxa, A. Variash tiende visiblemente a “aproximar” el marxismo del freudismo. Es así como se acerca con claridad a la noción freudiana del inconsciente, profundamente idealista respecto a su fundamento (volveremos a esto), de las nociones del inconsciente que se encuentran en Marx (cuando, por ejemplo, Marx habla de las relaciones sociales que se establecen con independencia de la voluntad y de la conciencia de los hombres que participan en ellas). Variash considera que se trata de la misma categoría, sólo que con algunas variaciones, en Marx y Freud. Él escribe: “Nosotros sabemos que esta categoría -(Subrayado de A.S.)- desempeña un papel en la filosofía social de Marx y Engels. Pero Freud concibe esta noción de una manera extraordinariamente estrecha, individualista y no dialéctica (aunque dinámica)“. “Creemos que… el proprio Freud condena la limitación excesiva de la noción del inconsciente. Pero si extendemos esta noción y explicamos por causas económicas y políticas, llegamos a la noción expresada por Marx. Freud estrechó esta noción marxista” .

Parece, por lo tanto, según Variash, que “el propio Freud” consideraba necesario “ampliar” su noción de “inconsciente” para que fuera “marxista”. La característica específica del “inconsciente” de Freud permaneció impenetrable para Variash… por no decir que las categorías del marxismo le son igual de impenetrables. A pesar de que entre las categorías del freudismo y del marxismo haya una diferencia esencial de la metodología general, Variash considera que los métodos freudianos son, en principio, aceptables y no requieren más que algunas correcciones menores. Él escribe lo siguiente: “El freudismo elaboró toda una documentación, dirigió su atención a fenómenos poco conocidos hasta la fecha (el incesto), pero los psicoanalistas, sin conocer el marxismo, no podían llegar a conclusiones justas. También la manera como el freudismo abordó los fenómenos sociales hasta la actualidad nos es inútil (¿nada más que “inútil”?, al desorientarnos en muchos puntos (?) Pero si, como sin duda sucederá, médicos especialistas, que sean también marxistas, se ocuparan del freudismo, podrían obtener resultados positivos. (Subrayado de A.S.)”.

Así, la “condena” del freudismo por Variash es acompañada de tantas “pequeñas reservas” que en realidad se reduce a la doble directiva siguiente: ¡Freudianos, vengan a la escuela del Marxismo!, ¡Marxistas, vengan a la escuela del Freudismo! ¿Cómo será esta síntesis? Evidentemente, una especie de freudomarxismo que ya engaña a algunos camaradas.

El camarada Zalkind está entre los “Freudomarxistas” o “Freudocomunistas” actuales. El camarada A.B. Zalkind, en su “sociología”, se apoya en el método freudiano donde el mismo es la noción del inconsciente. Él es de la opinión de que la doctrina del inconsciente, al establecer, a pesar de su autor, Freud, las leyes claras del origen social de la “selección psíquica”, contribuye en gran medida al estudio de la “conciencia” y de la “subconsciencia” de clase (psico-fisiología de clase) y para aclarar los mecanismos de clase del proceso creador (en el campo de la ciencia, del arte, de la actividad social, etc.) (9)

Vemos que el freudismo completa el marxismo. A.B. Zalkind no se limita a la alabanza platónica de la metodología de Freud; intenta aplicarlo al estudio de los fenómenos sociales actuales. Muchos artículos se deben a su valor: “La Revolución desde el punto de vista psiconeurológico“, “De la psicología del Partido Comunista de Rusia“, “El Reflejo del objetivo revolucionario“. Nosotros hemos escuchado de ellos que “la Revolución de Octubre justificó firmemente, por su desarrollo victorioso, sus orígenes neuropsiquicas”; que “la revolución comenzó a sacudir los cimientos del misticismo decadente de las masas populares” y otras cosas por el estilo, algunas veces bastante “singulares” (como la “naturaleza decadente” de las masas populares en el momento en que la revolución atestigua sus “orígenes neuropsíquicas”).

Para el camarada Zalkind, el freudismo “presenta a los ojos de los biólogos marxistas, y también de los psicólogos marxistas, un inmenso interés metodológico“.

Le falta decir, más concretamente en lo relacionado al camarada Zalkind, que él es, en cuanto al método científico, un ecléctico típico que no se limita a reunir el marxismo y el freudismo, pero une al freudismo la “reflexología”. Así es, que no llega a nada coherente.

Si los escritores marxistas se someten en tal grado a la “seducción” de la “sociología” y de la metodología del freudismo, no es necesario decir que el freudismo ofrece a las “doctrinas” burguesas numerosas ocasiones de desarrollo falso y reaccionario.

Las observaciones freudianas siembran las obras contemporáneas de psiquiatría, de biología, etc., llegadas hace poco a la URSS. Se pueden encontrar en representantes de la escuela materialista en biología, cuyo método científico debería, al contrario de lo que parece, distanciarse del subjetivismo arbitrario y del misticismo de los “psicoanalistas”.

El profesor V.V. Savitch escribe, sin embargo, en su pequeño libro “Los fundamentos de la conducta del hombre” (1927):

Es preciso mencionar, entre otras manifestaciones superiores de la sexualidad, la fe… La fe ciega… La fe conduce comúnmente al sacrificio: es lo que mejor la caracteriza. ‘Gloria a vosotros, sombras queridas, que dísteis vuestra vida por los demás’, tales son las inscripciones que se pueden leer en los soportales de la Plaza de los Mártires de la Revolución“.

El camarada Savitch reemplaza aquí la reflexología del freudismo; y el freudismo se manifiesta abiertamente en él como una ideología reaccionaria, que se lanza contra la revolución reducida a una manifestación “ciega” de la “sexualidad”. Este uso de las ideas freudianas en la literatura antimarxista es reaccionaria y muy característica.

La apreciación metodológica general del freudismo por nuestros “marxistas-freudianos” la coloca en el fondo, como una sola doctrina materialista que los marxistas deben aprovechar. “Freud y su alumnos, dice el camarada Variash, no saben, probablemente, que su idea maestra es la del marxismo“. “Creo que el freudismo se relaciona con el marxismo como la teoría del movimiento browniano con la electrodinámica. Al igual que toda la psicología, el freudismo se integra al materialismo dialéctico, como una de sus aplicaciones a un caso particular“. (10)

¿Estos filósofos tienen razón en el fondo?

Vamos a abordar la cuestión.

En primer lugar, el freudismo no constituye un sistema armonioso; sus afirmaciones son, con frecuencia, las más contradictorias, confusas e indeterminadas. En el campo particular de la neuropatología, la interpretación exclusivamente sexual de las neurosis suscita objeciones decididas de los especialistas. Pero es la crítica metodológica de Freud, y no esta crítica particular la que nos interesa.

El método de Freud provoca objeciones en primer lugar por su psicologismo absoluto, por su carácter “antifísico.” Él es lo opuesto del método objetivo de la reflexología. Si la declaración de Hegel de que “sólo se puede estudiar aquello que fue medido” es justa, el método subjetivo, puramente psicológico, de la psicoanálisis, no puede servir al estudio científico del objeto.

Los freudianos creen que rebasaron los límites de los métodos de la introspección sobre los que se basa todo el edificio de la antigua escuela subjetiva en psicología. Pero sólo se engañan a sí mismos. No es que el psicoanálisis haga de la introspección uno de sus métodos. No se podría prescindir de las introspecciones en el estudio de la vida psíquica del hombre. Pero sus métodos deben desempeñar, en el sistema de la psicología, un papel subordinado; deben ser controlados por los métodos de estudio objetivo de las reacciones del organismo vivo. El psicoanálisis opera en la realidad con conceptos sobre el hombre (objeto de su estudio), basados exclusivamente en la introspección. En otras palabras, el psicoanálisis opera exclusivamente sobre datos psíquicos subjetivos y no materiales, que no están sujetos a ningún estudio cuantitativo de ninguna medida.

La fisiología y estados fisiológicos del organismo parecen no existir para el freudismo. No considera nada además de del encadenamiento puramente psíquico de los fenómenos que aparecen y que también se desarrollan sobre una base puramente psíquica, después de los conflictos subjetivos psíquicos (espirituales), etc. Es verdad que el “inconsciente” es observado, en cierto modo, desde fuera; uno podría pensar que salimos aquí de los cuadros de la introspección. Pero esto es falso. De hecho, el propio Freud dice que “no podemos conocer el inconsciente sino por la conciencia”, precisamente por la conciencia del practicante, por la conciencia del propio hombre cuyo “inconsciente” es estudiado.

La psicología marxista, osea, auténticamente científica, no puede limitarse al uso del método subjetivo de la introspección, ni al uso exclusivo del estudio exterior de las reflexiones fisiológicas. “La psicología marxista aspira a superar, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, a la naturaleza unilateral de la psicología subjetiva y de la psicología objetiva, con el objetivo de hacer su síntesis. La fórmula básica de la psicología marxista es la introspección bajo el control de los métodos objetivos“. (A. Deborin, “La Revolución y la Cultura“, Número 2, 1927). Desde este punto de vista, el freudismo es una doctrina “unilateral, subjetiva al extremo”.

A veces se piensa que si Freud construye todo su edificio sobre la atracción sexual, su teoría de la líbido es terriblemente física (¿tal vez, incluso “ultrafísica”?) y materialista. Es falso. La propia definición de “atracción” y “libido” es muy vaga en Freud, muy “psicológica”. Freud casi nunca menciona la reproducción, que es sólo lo que le da un significado biológico a la atracción sexual. Por el contrario, hay en Freud, en la base, no un “principio” biológico de la reproducción: no se sabe qué “principio” fatal del “placer”, algo puramente psicológico, abstractamente psicológica. La libido de Freud está impregnada de narcisismos. Ella no se preocupa de la reproducción. Es un tipo de libido asexual.

Wittels, en la obra que hemos mencionado, se expresa así sobre este punto:

El antepasado glorioso de Freud, Platón, descuidaba completamente la diferencia entre los sexos. Para Platón, al final de cuentas, el amor no es más que el amor del ideal… El estudio del amor, tal como lo muestra Freud, con sus inicios en la autoerotismo del niño y su final en la cima de la sublimación, resucita a nuestros ojos el viejo pensamiento. Eros no tiene sexo. El lado animal del hombre impone a Eros el yugo del sexo. Pero su naturaleza aspira a evadirse rumbo al cielo“. (11)

Esta característica de la sexualidad, tal como Freud la entiende, es una definición feliz del espírito “antifísico”, antimaterialista, de todo su sistema, de todo su método.

La naturaleza idealista del psicoanálisis salta igualmente a la vista en el ejemplo de la teoría freudiana de la “aspiración” a la repetición. Según esta teoría, la tendencia del organismo a la conservación no tiene el significado que le dieron hasta ahora. El organismo tiende a repetir los estados anteriores, más primitivos, de los cuales el más antiguo y más primitivo es el no-ser, la muerte. Todo es atraído por la muerte. La muerte es el sentido de la vida. (Freud).

Freud a menudo indicó la relación entre la noción de la “atracción” (12), empleada por el psicoanálisis, y la noción de la “voluntad” del filósofo idealista Schopenhauer, según la cual el mundo es “voluntad y representación“. Freud llama a Schopenhauer su predecesor (13). Pero, especialmente a propósito de la “aspiración a la muerte”, el dice: “Sin enterarnos, jugamos el ancla en el puerto de la filosofía de Schopenhauer, para el que la muerte es el resultado y, en consecuencia, el propósito de la vida, mientras que las atracciones sexuales realizan la aspiración a la vida“. (14)

Freud invoca frecuentemente, tanto como Schopenhauer, con quien siente una afinidad particular, a otros filósofos idealistas. Escribe en el libro que acabamos de citar, que la doctrina de Kant fue confirmada por el psicoanálisis, donde el espacio y el tiempo no son más que formas de representación independientes de las cosas en sí. Esto confirma que la noción de tiempo no se aplica al “inconsciente” freudiano. Freud dice una vez más: “Los procesos del sistema UBW (el inconsciente) están fuera del tiempo; en otras palabras, no siguen en el tiempo, no se modifican con el tiempo, no tienen, por lo general, nada que ver con el tiempo“.

Incluso así, Variash y otros repiten que el “inconsciente de Freud es el mismo de Marx, cuando Marx dice que los hombres hacen la historia sin intención preconcebida, inconscientemente!

Pero eso no es todo. El “inconsciente” de Freud no está solamente fuera del tiempo. Más adelante aprendemos que “los procesos UBW (es decir, del “inconsciente”) casi no toman en consideración la realidad. Son sumisos al principio del placer, su destino depende exclusivamente de su fuerza y de la manera que tienen de responder a las exigencias de la regulación del placer y del no placer“. (15)

“Este principio del placer” de Freud, introduce en el sistema elementos puramente teleológicos. Freud señala que en los razonamientos biológicos, es casi imposible no recurrer a los aspectos teleológicos del pensamiento. (16) Y el hecho es que su “manera de pensar” es en todos los sentidos teleológica. (17)

Freud llega a una completa ruptura idealista entre el contenido psíquico de la personalidad, la voluntad en primer lugar y el medio social real. El “inconsciente” dirige en lo oscuro la voluntad del hombre. La voluntad del hombre está sujeta a poderosas atracciones sexuales primitivas (arcaicas) insuperables. Estas atracciones determinan el contenido psíquico. El significado del medio material contemporáneo, del medio social, se reduce a la nada, “revocada”. Sobra decir que esta teoría se opone desde todos los puntos de vista a los principios fundamentales del materialismo histórico, y más particularmente a la afirmación de que “la naturaleza del hombre… es en realidad el conjunto de las relaciones sociales“.

A final de cuentas, Freud considera la actividad psíquica como primordial y el mundo exterior como secundaria, y de cierta manera, derivada. Freud habla del carácter primordial del “principio del placer”.

Él piensa que, sólo cuando este “principio” ha demostrado ser insuficiente para satisfacer las tendencias necesarias, el “aparato psíquico tuvo que reinventarse para representar las relaciones reales del mundo exterior y tender a su transformación real“. (18) El medio exterior es formado de acuerdo a esta teoría, a través del dispositivo psíquico de “represión”, “el cual se ocupa de las desagradables irritaciones interiores como si fuesen exteriores, es decir, reportándolas al mundo exterior“. (19)

Vale la pena observar el propósito de estas notables conclusiones de Freud que, si bien el camarada Variash considera a Freud un materialista del tipo francés del siglo XVIII, sus argumentos filosóficos son normalmente llamados, en el sencillo lenguaje humano, argumentos procedentes del más puro idealismo subjetivo… (“Tales son las conclusiones del freudismo que constituyen, en definitiva, un retorno al materialismo del siglo XVIII”, escribe el camarada Variash en la “Historia de la nueva filosofía” T.1, pág. 59 d. de Rusia).

Henriette Roland-Holst dio pruebas de un espíritu más consecuente que el camarada Variash y otros marxistas freudianos. Terminó por “saturarse” de la realidad, del racionalismo y de la materia. Esto es lo que escribe: “El comunismo debe finalmente comprender que no se puede racionalizar todo de toda la vida del hombre… Solamente el freudismo, colocando en la base del proceso histórico al hombre considerado como una fuerza creadora, puede eliminar este peligro. Él salvará a la cultura de no arrodillarse ante los ídolos de lo Racional y de lo Mecánico y a liberarse del culto a la materia y a la adoración técnica“.

“Liberarse del culto a la materia” y a las representaciones materialistas no es liberarse de la materia real. Por otro lado, estando “libre” del materialismo, se llega inevitablemente a “librarse” de todo vestigio del marxismo y del comunismo. Fue lo que sucedió con Henriette Roland-Holst.

Continuando con la rigurosa lógica de interpretación freudiana de la psicología del “inconsciente”, Henriette Roland-Holst llegó a la negación de la lucha de clases. El arte, la moral, etc., son, piensa ella, humanas en general, las bases, las raíces psíquicas del hombre “inmersas en una esfera situada fuera del tiempo”. Tales son las piezas que el “inconsciente” freudiano predica a ciertos marxistas.

Simplemente parece monstruoso que después de esto, Zalkind y Reissner atribuyan algún mérito particular a Freud por haber “socializado” la psicología. Ellos son de la opinión que el materialismo histórico, el marxismo, encuentró en Freud un nuevo y poderoso aliado. Se engañan a sí mismos. La psicología de Freud es “antisocial” debido a su característica ultra-individualista. El Freudismo no tiene nada en común con el marxismo y el materialismo. Oscurece y reduce la importancia de la lucha de clases. El carácter antiproletario de la ideología freudiana se manifiesta tanto en el carácter general idealista de su método y de su sistema, como en sus detalles. Se manifiesta tanto en la sobreestimación de la importancia específica del “principio del placer” y del erotismo, como en la sobreestimación de los elementos del narcisismo (y del individualismo). Se manifiesta en el fatalismo decadente de su “aspiración a la repetición” y de su “aspiración a la muerte”. Se manifiesta por su escepticismo y su pesimismo respecto a la ciencia y al poder humano. La ola de entusiasmo freudiano que pasó sobre la Europa occidental es una ola de reacción burguesa contra el materialismo, una ola de decadencia. Si se detiene en las fronteras de la Unión Soviética y si el freudismo no tiene una gran penetración entre nosotros, se lo debemos en gran parte a nuestra literatura marxista consecuente, que supo apreciar a tiempo, en su justa medida, las desviaciones freudianas y darles la respuesta merecida.

 

Notas:

(1) M. Reissner – “Prólogo al libro de F. Wittels“, Freud, p.31-32. (edición rusa).

(2) Freud – “Las teorías psicológicas fundamentales en el psicoanálisis“.

(3) Freud atribuye a la represión una importancia capital en todo su sistema. “La doctrina de la represión, escribe, es la base sobre la que descansa todo el edificio del psicoanálisis“.

(4) Freud – Obra anteriormente citada.

(5) Véase el prólogo a la edición rusa del libro de Wittels.

(6) Ibid.

(7) “Revista de la Academia Comunista” , n°9 ..

(8) “Historia de la nueva filosofía“.

(9) A.B. Zalkind – “Ensayo sobre la cultura de la época revolucionaria“.

(10) Discurso publicado en el nº9 de la “Revista de la Academia Comunista“.

(11) Wittels – Obra anteriormente citada.

(12) Algunas veces hemos traducido la misma palabra en el término “atracción” y en el término “aspiración”. La palabra rusa tiene dos matices.

(13) Freud – Obra anteriormente citada.

(14) Freud – “Más allá del principio del placer“.

(15) Freud – “Las teorías psicológicas fundamentales en el psicoanálisis“.

(16) Freud – “Ensayos sobre la psicología de la sexualidad“.

(17) Teleologia – “doctrina idealista según la cual todo en el mundo fue creado por Dios y tiende a un fin“. Engels escribe que después de los teleólogos “los gatos fueron creados para comer a los ratones, estos para ser comidos por los gatos, y el conjunto de la naturaleza para demostrar la sabiduría del Creador”. (“La Dialéctica de la Naturaleza“).

(18) Freud – “Las teorías psicológicas fundamentales“.

(19) Freud –  Obra anteriormente citada. Ver tambien “Más allá del principio del placer“.

 

 

Artículo de A. Stoliarov publicado en la Unión Soviética en 1931, en la revista “Literatura Proletaria“.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Principios”, Nº 8, Mayo de 1984.  

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