Stalin sobre la crisis de 1929

staliniw1917

 

Al analizar la crisis, saltan a la vista, ante todo, los hechos siguientes:

1. La crisis económica actual es una crisis de superproducción. Ello significa que se han producido más mercancías de las que puede absorber el mercado. Significa que se han producido más telas, combustible, artículos manufacturados y víveres de los que pueden comprar, con el dinero de que disponen, los consumidores fundamentales, es decir, las masas populares, cuyos ingresos permanecen a un bajo nivel. Y como la capacidad adquisitiva de las masas populares bajo el capitalismo continúa siendo ínfima, los capitalistas amontonan las mercancías “sobrantes” -las telas, los cereales, etc.- en los almacenes o incluso las destruyen, a fin de mantener precios elevados; reducen la producción, despiden a los obreros, y las masas populares se ven condenadas a vivir miserablemente porque se han producido demasiadas mercancías.

2. La presente crisis es la primera crisis económica mundial que se registra después de la guerra. Es mundial, no sólo porque afecta a todos o casi todos los países industriales del mundo, con la particularidad de que hasta Francia, que va inyectando sistemáticamente en su organismo los miles de millones de marcos de las reparaciones alemanas, no ha podido evitar cierta depresión, que, según todos los síntomas, ha de convertirse en crisis. La crisis es mundial, además, en el sentido de que la crisis industrial ha coincidido con una crisis agraria que afecta a la producción de toda clase de materias primas y de víveres en los principales países agrarios del mundo.

3. La presente crisis mundial se desarrolla desigualmente, a pesar de su carácter general, afectando a tales o cuales países en distinto tiempo y con fuerza distinta. La crisis industrial comenzó primero en Polonia, en Rumania, en los Balcanes, desarrollándose allí en el transcurso de todo el año pasado. A fines de 1928 existían ya síntomas palmarios del comienzo de una crisis agraria en el Canadá, en los Estados Unidos, en la Argentina, en el Brasil y en Australia. Durante todo ese período, la industria de Estados Unidos va en ascenso. A mediados de 1929, la producción industrial en ese país alcanza una altura casi record. Sólo a partir de la segunda mitad de 1929 se inicia un viraje, y después se desarrolla ya una crisis vertiginosa de la producción industrial, que ha retrotraído Norteamérica al nivel de 1927. Sigue la crisis industrial en el Canadá, en el Japón. Después vemos una racha de quiebras y la crisis en China y en las colonias, donde se ahonda todavía más debido a la baja de los precios de la plata, donde la crisis de superproducción va unida al desmoronamiento de la economía campesina, llevada al agotamiento completo por la explotación de los señores feudales y los impuestos agobiadores. En cuanto a la Europa Occidental, la crisis empieza a manifestarse de un modo sensible únicamente a principios de este año, y no en todas partes con la misma intensidad; en Francia, la producción industrial incluso sigue aumentando en este período.

Creo que no es necesario detenerse mucho en las cifras demostrativas de la existencia de la crisis. Ahora nadie discute que la crisis existe. Por eso me limito a reproducir un estadillo, no muy extenso, pero característico, publicado recientemente por el “Instituto de Investigaciones de la Coyuntura” de Alemania. El estadillo muestra el desarrollo de la industria minera y de las ramas fundamentales de la gran industria transformativa en los Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Polonia, U.R.S.S., a partir de 1927. El nivel de la producción de 1928 se toma como 100.

He aquí el estadillo en cuestión:

Cuadro años

¿Qué evidencian estas cifras?

Evidencian, ante todo, que los Estados Unidos, Alemania y Polonia están pasando por una crisis muy acentuada de la gran producción industrial, con la particularidad de que durante el primer trimestre de 1930, después del auge experimentado en el primer semestre de 1929, el nivel de la producción en los Estados Unidos ha bajado, en comparación con 1929, en un 10,8%, descendiendo hasta el nivel de 1927; en Alemania, después de un estancamiento de tres años, el nivel de la producción se ha reducido, en comparación con el año pasado, en un 8,4%, quedando un 6,7% más bajo que el de 1927; en Polonia, después de la crisis del año pasado, el nivel de la producción ha disminuido, en comparación con el año último, en un 15,2%, quedando por debajo de 1927 en un 3,9%.

Estas cifras evidencian, en segundo lugar, que Inglaterra lleva ya tres años sin moverse del sitio, alrededor del nivel de 1927, y atraviesa un grave estancamiento económico, con la particularidad de que en el primer trimestre de 1930 su nivel de producción ha descendido ya, en comparación con el año pasado, en un 0,5%, entrando, por consiguiente, en la fase inicial de la crisis.

Estas cifras evidencian, en tercer lugar, que, entre los grandes países capitalistas, sólo en Francia existe cierto incremento de la gran industria, con la particularidad de que, si el volumen de ese incremento era, en 1928, de 13,4% y, en 1929, de 9,4%, en el primer trimestre de 1930, en comparación con 1929, representa sólo el 3,7%, ofreciendo, por lo tanto, el cuadro de una curva de incremento descendente de año en año.

Estos datos evidencian, finalmente, que, entre todos los países del mundo, sólo en la U.R.S.S. se da un ascenso impetuoso de la gran industria, con la particularidad de que el nivel de la producción en el primer trimestre de 1930 duplica con creces el de 1927, y el incremento ha pasado del 17,6% en 1928 al 23,5% en 1929 y al 32% en el primer trimestre de 1930, ofreciendo, por lo tanto, el cuadro de una curva de incremento ascendente de año en año.

Pueden decirnos que si las cosas iban así hasta fines del primer trimestre de este año, no está excluido que en el segundo trimestre hayan podido mejorar. Pero los datos de este segundo trimestre refutan categóricamente tal suposición. Al contrario, evidencian que, en este segundo trimestre, la situación ha empeorado aún más. Estos datos evidencian una nueva baja de las acciones en la Bolsa de Nueva York y nueva racha de quiebras en los Estados Unidos; nueva reducción de la producción, disminución de los salarios de los obreros y aumento del paro forzoso en los Estados Unidos, en Alemania, en Inglaterra, en Italia, en el Japón, en América del Sur, en Polonia, en Checoslovaquia, etc.; evidencian que, en Francia, varias ramas de la industria han entrado en una fase de estancamiento, lo que, en la situación económica internacional presente, constituye un síntoma de la crisis que se inicia. En los Estados Unidos hay actualmente más de 6.000.000 de parados; en Alemania, cerca de 5.000.000; en Inglaterra, más de 2.000.000; en Italia, América del Sur y el Japón, a razón de 1.000.000; en Polonia, Checoslovaquia y Austria, a razón de 500.000. No hablo ya de la agravación de la crisis agraria, que arruina a millones de granjeros y campesinos laboriosos. La crisis de superproducción en la agricultura ha llegado a tal punto, que, para mantener altos los precios y los beneficios de la burguesía, en el Brasil han sido arrojados al mar 2.000.000 de sacos de café; en América se ha empezado a emplear como combustible, en vez de carbón, el maíz; en Alemania, millones de puds de centeno han sido convertidos en pitanza para los cerdos, y, por lo que respecta al algodón y al trigo, se toman todas las medidas para reducir las superficies de siembra de un 10 a un 15%.

Tal es el panorama general de la crisis económica mundial que se está desarrollando.

Ahora, cuando la crisis económica mundial despliega su acción destructiva, echando a pique a sectores enteros de capitalistas medios y pequeños, arruinando a grupos enteros de la aristocracia obrera y de granjeros y condenando al hambre a millones de obreros, todo el mundo se pregunta: ¿cuál es la causa de la crisis?, ¿a qué obedece?, ¿cómo luchar contra ella?, ¿cómo eliminarla? Se inventan las “teorías” más variadas de la crisis. Se ofrecen amplios proyectos de “suavización”, “prevención” y “eliminación” de la crisis. Las oposiciones burguesas reprochan a los gobiernos burgueses “no haber tomado”, según resulta, “todas las medidas” para prevenir la crisis. Los “demócratas” acusan a los “republicanos”, los “republicanos” a los “demócratas”; y todos juntos al grupo de Hoover con su “Sistema Federal de Reservas”, que no ha sabido “frenar” la crisis. No faltan incluso sabihondos que ven la causa de la crisis económica en las “intrigas de los bolcheviques”. Me refiero al conocido “industrial” Rechberg, quien, a decir verdad, se parece poco a un industrial y más bien recuerda a un “industrial” entre los literatos y a un “literato” entre los industriales. (Risas.)

Todas esas “teorías” y proyectos no tienen nada de común, claro está, con la ciencia. Hay que reconocer que, frente a la crisis, los economistas burgueses han quebrado por completo. Es más, incluso les ha faltado ese mínimo sentido de la realidad que no siempre se podía negar a sus antecesores. Esos señores olvidan que las crisis no pueden ser consideradas como un fenómeno casual en el sistema de la economía capitalista. Esos señores olvidan que las crisis económicas son un resultado inevitable del capitalismo. Esos señores olvidan que las crisis nacieron con la dominación del capitalismo. En el transcurso de más de cien años se producen crisis económicas periódicas, que se repiten cada doce, diez, ocho y menos años. Durante este período, los gobiernos burgueses de todas las categorías y matices, los políticos burgueses de todos los grados y aptitudes, todos sin excepción, han intentado probar
sus fuerzas en la “prevención” y “eliminación” de las crisis. Pero todos ellos han fracasado. Han fracasado porque es imposible prevenir o eliminar las crisis económicas dentro del marco del capitalismo. ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que los políticos burgueses de ahora fracasen también? ¿Qué tiene, pues, de sorprendente que las medidas de los gobiernos burgueses no conduzcan en la práctica a la atenuación de la crisis, al alivio de la situación de los millones de trabajadores, sino a nuevas rachas de quiebras, a una nueva ola de paro forzoso, a la absorción de las asociaciones capitalistas menos fuertes por las más poderosas?

La base de las crisis económicas de superproducción, su causa, reside en el sistema mismo de la economía capitalista. La base de la crisis se halla en la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de apropiarse los frutos de la producción. Esta contradicción fundamental del capitalismo se manifiesta en la contradicción entre el aumento gigantesco de la capacidad de producción del capitalismo, aumento cuyo fin es obtener el máximo de beneficios para los capitalistas, y la reducción relativa de la demanda solvente de los millones de trabajadores, cuyo nivel de vida los capitalistas se esfuerzan constantemente por mantener en los límites mínimos. Con objeto de vencer en la competencia y de exprimir los mayores beneficios posibles, los capitalistas se ven obligados a desarrollar la técnica, a practicar la racionalización, a intensificar la explotación de los obreros y a elevar al máximo la capacidad de producción de sus empresas. Para no quedar rezagados, todos los capitalistas no tienen más remedio que seguir, sea como sea, este camino de desarrollo furioso de la capacidad de producción. Pero el mercado interior y el exterior, la capacidad adquisitiva de los millones de obreros y campesinos, que son, en fin de cuentas, los compradores fundamentales, permanecen a un bajo nivel. De ahí las crisis de superproducción. De ahí resultados conocidos, que se repiten más o menos periódicamente, y en virtud de los cuales las mercancías quedan sin vender, la producción se reduce, aumenta el paro forzoso, bajan los salarios y, con ello, se acentúa todavía más la contradicción entre el nivel de la producción y el de la demanda solvente. La crisis de superproducción es un exponente de esta contradicción en formas violentas y destructivas.

Si el capitalismo pudiera adaptar la producción no a la obtención del máximo de beneficios, sino al mejoramiento sistemático de la situación material de las masas populares, si pudiera hacer que los beneficios no sirviesen para satisfacer los caprichos de las clases parasitarias, para perfeccionar los métodos de explotación y para exportar capitales, sino para elevar de manera sistemática la situación material de los obreros y campesinos, no habría crisis. Pero entonces el capitalismo dejaría de ser capitalismo. Para suprimir las crisis, hay que suprimir el capitalismo.

Tal es la base de las crisis económicas de superproducción en general.

Pero no podemos limitarnos a esto al caracterizar la crisis actual. Esta no puede ser considerada como una simple repetición de las viejas crisis. La crisis presente se manifiesta y se desarrolla en unas condiciones nuevas, que es necesario poner de relieve para obtener un cuadro completo de ella. La crisis se complica y se ahonda debido a una serie de circunstancias especiales, sin cuyo esclarecimiento es imposible formarse una idea nítida de la crisis económica actual.

¿Cuáles son estas circunstancias especiales?

Estas circunstancias especiales se agrupan en los siguientes hechos característicos:

1. La crisis ha atacado con la mayor fuerza al país principal del capitalismo, a su ciudadela, a los Estados Unidos, que concentran en sus manos, por lo menos, la mitad de la producción y del consumo de todos los países del mundo. Se comprende que esta circunstancia no puede por menos de conducir a una gigantesca extensión de la esfera de influencia de la crisis, a su profundización y a la acumulación de nuevas dificultades imprevistas para el capitalismo mundial.

2. En el curso del desenvolvimiento de la crisis económica, la crisis industrial de los países capitalistas principales no sólo ha coincidido, sino que se ha entrelazado con la crisis agrícola en los países agrarios, ahondando las dificultades y predeterminando la inevitabilidad de una decadencia general de la actividad económica. Ni que decir tiene que la crisis industrial intensificará la agraria y que ésta prolongará la industrial, lo que no puede por menos de conducir a la acentuación de la crisis económica en su conjunto.

3. El capitalismo moderno, a diferencia del viejo, es un capitalismo monopolista, y ello predetermina la inevitabilidad de la lucha de las asociaciones capitalistas por mantener elevados precios monopolistas de las mercancías, a pesar de la superproducción. Claro que esta circunstancia da a la crisis un carácter en particular torturante y ruinoso para las masas populares, fundamentales consumidores de las mercancías; y no puede por menos de conducir a la prolongación de la crisis, no puede por menos de frenar su reabsorción.

4. La presente crisis económica se desarrolla sobre la base de la crisis general del capitalismo, surgida ya en el período de la guerra imperialista, que socava los cimientos del capitalismo y ha contribuido al advenimiento de la crisis económica.

¿Qué significa esto?

Esto significa, ante todo, que la guerra imperialista y sus consecuencias han intensificado la putrefacción del capitalismo y alterado su equilibrio; que vivimos ahora en una época de guerras y revoluciones; que el capitalismo no representa ya un sistema único y omnímodo de la economía mundial; que, paralelamente al sistema capitalista de economía, existe el sistema socialista, el cual crece, progresa, se levanta frente al sistema capitalista y, por el hecho mismo de su existencia, pone de relieve la podredumbre del capitalismo y hace tambalear sus cimientos.

Esto significa, además, que la guerra imperialista y la victoria de la revolución en la U.R.S.S. han sacudido los pilotes del imperialismo en las colonias y países dependientes; que el imperialismo ve ya quebrantado su prestigio en dichos países y no está ya en condiciones de seguir mangoneando en ellos como lo venía haciendo hasta ahora.

Esto significa, también, que, durante la guerra y después de ella, en las colonias y países dependientes ha aparecido y se ha desarrollado un joven capitalismo propio, que compite eficazmente en los mercados con los viejos países capitalistas, agudizando y complicando la lucha por los mercados de venta.

Esto significa, finalmente, que la guerra ha dejado a la mayoría de los países capitalistas una herencia gravosa en forma de una insuficiente utilización crónica de las empresas y de la existencia de ejércitos de parados, que cuentan sus efectivos por millones y se han convertido, de ejércitos de reserva, en ejércitos permanentes de desocupados. Ello había creado al capitalismo multitud de dificultades ya antes de la crisis económica actual y debe complicar todavía más la situación durante la crisis.

Tales son las circunstancias que ahondan y agudizan la crisis económica mundial.

Hay que reconocer que la crisis económica actual es la más seria y la más profunda de todas las crisis económicas mundiales registradas hasta ahora.

 

 

Extraído del “Informe Político del Comité Central ante el XVI Congreso del PC(b) de la URSS” (27 de Junio de 1930)

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