El marxismo revolucionario y sus deformaciones

vladimir

 

Al hablar de una comprensión estrecha del marxismo, me refiero a los marxistas mismos. No se puede dejar de observar a este propósito que el marxismo es escandalosamente empequeñecido y tergiversado cuando nuestros liberales y radicales se toman la tarea de exponerlo en las páginas de la prensa legal. ¡Qué exposición! ¡Piénsese sólo de qué manera hay que mutilar esta doctrina revolucionaria para hacerla caber en el lecho de Procusto de la censura rusa! Y nuestros autores realizan con toda tranquilidad semejante operación: en su exposición el marxismo queda casi reducido a la doctrina de cómo experimenta su desarrollo dialéctico, bajo el régimen capitalista, la propiedad individual, basada en el trabajo del propietario, cómo se convierte en su negación y después se socializa. Y con aire de seriedad ven en este “esquema” todo el contenido del marxismo, dejan a un lado todas las particularidades de su método sociológico dejan a un lado la doctrina de la lucha de clases, dejan a un lado la finalidad directa de la investigación: exponer todas las formas de antagonismo y de explotación para ayudar al proletariado a suprimirlas. No es extraño que el resultado sea algo tan gris y estrecho, que nuestros radicales no cesan en sus lamentaciones a propósito de los pobres marxistas rusos. ¡No es para menos! ¡El absolutismo ruso y la reacción rusa no serían absolutismo y reacción si bajo su existencia se pudiese exponer íntegra, exacta y plenamente el marxismo, y explicar a fondo sus conclusiones! Y si nuestros liberales y radicales conociesen como es debido el marxismo (aunque sólo fuese por la literatura alemana), les daría vergüenza mutilarlo así en las páginas de una prensa sometida a la censura. Si no se puede exponer una teoría, callen o hagan la reserva de que están muy lejos de exponerlo todo, que omiten lo más esencial, ¿pero por qué entonces presentar fragmentos y alborotar luego hablando de su estrechez?

Sólo así se puede llegar al absurdo, sólo posible en Rusia, de que se considere marxistas a personas que no tienen ni idea de la lucha de clases, del antagonismo necesariamente inherente a la sociedad capitalista, y del desarrollo de ese antagonismo, a personas que no tienen idea del papel revolucionario del proletariado; inclusive a personas que presentan abiertamente proyectos burgueses, con tal que contengan palabras “economía monetaria”, su “necesidad” y otras expresiones por el estilo, que requieren todo el profundo ingenio de un señor Mijailovski para ser estimadas como específicamente marxistas.

Pero Marx consideraba que todo el valor de su teoría residía en que “por su misma esencia es una teoría crítica y revolucionaria“. Y esta última cualidad es, en efecto, inherente al marxismo por entero y sin ningún género de duda, porque dicha teoría se plantea directamente la tarea de poner al descubierto todas las formas de antagonismo y explotación en la sociedad moderna, estudiar su evolución, demostrar su carácter transitorio, la inevitabilidad de su conversión en otra forma, y servir así al proletariado, para que éste termine lo antes posible y con la mayor facilidad posible, con toda explotación. La insuperable y sugestiva fuerza que atrae hacia esta teoría a los socialistas de todos los países, consiste precisamente en que combina la cualidad de ser rigurosa y sumamente científica (siendo como es la última palabra de la ciencia social) con la de ser revolucionaria, y las combina, no por casualidad, ni sólo porque el fundador de la doctrina unía en sí las cualidades del científico y del revolucionario, sino que las combina en la teoría misma, en forma intrínseca, e indisoluble. En efecto, como tarea de la teoría, como finalidad de la ciencia, se plantea aquí, en forma directa, el ayudar a la clase de los oprimidos en su lucha económica real.

Nosotros no decimos al mundo: Deja de luchar, toda tu lucha no vale nada. Nosotros le damos la verdadera consigna de lucha

Por consiguiente, la tarea directa de la ciencia, según Marx, consiste en dar una verdadera consigna de la lucha, es decir, saber presentar objetivamente dicha lucha como producto de determinado sistema de relaciones de producción, saber comprender la necesidad de esa lucha, su contenido, el curso y las condiciones de su desarrollo. No se puede dar “una consigna de lucha” sin estudiar en todos sus detalles cada una de sus formas, sin seguir cada uno de sus pasos, en su tránsito de una forma a otra, para saber determinar la situación en cada momento concreto, sin perder de vista el carácter general de la lucha, su objetivo general: la destrucción completa y definitiva de toda explotación y de toda opresión.

Inténtese comparar la teoría “crítica y revolucionaria” de Marx con esa tontería insulsa que “nuestro conocido” N. Mijailovski expuso en su “crítica”, y luego combatió, y resultará asombroso que pueda haber en realidad hombres que se consideren “ideólogos de la clase trabajadora”, y se conformen… con la “moneda desgastada” en que convierten nuestros autores la teoría de Marx, despojándola de todo lo que tiene de vital.

Inténtese comparar las exigencias de esta teoría con nuestra literatura populista, que también responde al deseo de ser la expresión ideológica de los trabajadores, una literatura dedicada a la historia y al estado actual de nuestro sistema económico en general y de los campesinos en particular, y resultará asombroso que los socialistas hayan podido conformarse con una teoría que se limitaba a estudiar y describir las calamidades y a moralizar a propósito de ellas. El régimen de servidumbre es presentado, no como una forma determinada de organización económica, que engendró una explotación determinada, determinadas clases antagónicas, determinadas instituciones políticas, jurídicas, etc., sino simplemente como abusos de los terratenientes y como una injusticia respecto de los campesinos. La reforma campesina es presentada, no como el choque de determinadas formas y clases económicas, sino como una medida de las autoridades, “que eligieron” por error “un camino equivocado”, a pesar de sus inmejorables intenciones. La Rusia de los tiempos posteriores a la reforma es presentada como una desviación del verdadero camino, acompañada por calamidades para el trabajador, y no como determinado sistema de relaciones antagónicas de producción, que tiene determinado desarrollo.

Ahora, por lo demás, el descrédito de esta teoría es indudable, y cuanto antes comprendan los socialistas rusos que no puede haber, dado el nivel actual de conocimientos, una teoría revolucionaria fuera del marxismo, cuanto antes dirijan todos sus esfuerzos a la aplicación de esa teoría a Rusia, en el sentido teórico y en el práctico, tanto más certero y rápido será el éxito de la labor revolucionaria.

 

 

Extraído del libro de Lenin “Quiénes son los ‘amigos del pueblo’ y cómo luchan contra los socialdemócratas”, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1978

 

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