La vida en Tocache bajo el Sendero Luminoso

SENDERO-LUMINOSO

 

En el siguiente texto, Santiago Roncagliolo entrevista a Nancy Obregón, que vivió en una región controlada por la guerrilla. Presente en el libro “La cuarta espada – La historia de Abimael Guzmán y de Sendero Luminoso“, el pasaje aclara muy bien el contexto violento de la guerra civil peruana y el comportamiento del Estado frente a la insurreción.

Nancy creció cerca de aquí, en los barrios populares de Lima, donde su familia criaba cerdos. A finales de los años 80, la economía familiar se complicó cada vez más, hasta que los padres decidieron regresar a su lugar de origen. “Aquí vivíamos en la más extrema pobreza, sin posibilidades de tener una educación o de crecer. Mis padres son campesinos de la selva, donde la familia, al menos, podía trabajar junta cultivando para poder dar de comer todos. Luego, regresaron para allí“.

La joven Nancy quedó en Lima, ya que tenía un trabajo en la Fuerza Aérea Peruana. Y un marido. Pero visitaba a su familia con frecuencia. Así conocío de cerca la selva. A finales de los años 80, la provincia selvática de Tocache era un lugar donde “moría gente en cada esquina. En Tocache, no podías mirar a la cara a un narco. Y todos eran narcos armados. Todas la noche había fiestas, y todas las noches había muertos. Asaltaban a las personas, violaban a las mujeres y controlaban a la policía, que protegía sus negocios“.

Según Nancy, los traficantes pagaban 30.000$ por cada vuelo con cocaína que salía de Tocache. Y salían diez vuelos por día. Una parte de este dinero era para la policía, y otra parte quedaba para los municipios. “El primer edificio de la Municipalidad Provincial de Tocache, por ejemplo, fue construido con dinero del narcotráfico“.

Un día, en una visita a la región, Nancy fue a pasear con su marido por el monte y se encontraron a gente armada que los llamaba “camaradas”. No era necesario ser un experto para reconocer las columnas de Sendero Luminoso, que entonces iniciaban sus incursiones por aquella zona. Nancy y su marido se estremecieron: ella era militar y él policia. “Habíamos oído hablar de Sendero, pero nunca lo había visto. Sin embargo, su cortesía y educación nos sorprendió. Gente preparada, universitaria, algunos blanquitos como usted. Comenzaban a acercarse a las aldeas más violentas y más golpeadas por la mafia. Allí, Sendero empezó a matar a los criminales, expulsó a las prostitutas, limpió Tocache y declaró una guerra frontal a la mafia. Y la gente comenzó a respaldarlos. Se habla de narcoterrorismo, de vínculos entre Sendero y los traficantes. Pero Sendero jamás ha apoyado a los narcos. El ejército y la policía sí, esos los defendían. Hasta cuidaban de sus casas“.

La vida en Tocache era una cuerda floja: caías hacia un lado o hacia el otro. A pesar de que eran miembros de las fuerzas del orden, Nancy y su marido no podían informar a sus superiores en Lima sobre lo que sucedía en la selva. En primer lugar, no podían denunciar que sus colegas se comportaban peor que los rebeldes. En segundo lugar, temían ser escuchados por senderistas infiltrados. “Parece increíble, pero, si decíamos algo en Lima, en la selva se sabía de inmediato. Y en la selva estaban nuestras familias. Si contábamos lo que estaba pasando, tendríamos problemas con Sendero“.

En un país aún sacudido por el recuerdo de la guerra, es muy osado decir algo así . (….)

Cuando ella habla, es el Estado el que parece una agrupación terrorista. Sendero, por el contrario, actúa como un Estado.

Un día de 1990, Sendero decretó un paro armado en Tocache, donde vivía Nancy. Para contenerlo, la policía entró en una aldea de la zona. Cortaron los pechos a las mujeres y mataron a varios niños. Los aldeanos tuvieron que huir para salvar su vida.

La venganza de Sendero no fue más amable: los guerrilleros buscaron a los autores de la masacre y los aniquilaron uno por uno. (…)

Entonces aprendí a ver a Sendero Luminoso como un león que sólo mata cuando tiene hambre“, dice Nancy. “Los senderistas no violaban ni torturaban, al contrario, respetaban incluso a los prisioneros que iban a ejecutar. (…) Además de eso, enfatizaban mucho la educación. Decían que la mala educación era un resquicio del Estado colonial de los españoles y que, si queríamos hacer un nuevo Estado, teníamos que comenzar por respetar“.

Los senderistas creaban escuelas e imponían una moral estricta en los territorios que controlaban. (….)

 

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Para los “camaradas”, era necesario mantener el vínculo familiar con el fin de cambiar el país. Las mujeres no podían usar minifaldas y las palabrotas eran prohibidas, así como la infidelidad. Sus principios básicos eran no ser un ladrón, no ser un soplón y no ser ocioso, una adaptación guerrillera de las tres leyes del Imperio Inca. Vagabundos y borrachos eran parias. Las prostitutas eran apartadas de las aldeas pero podían trabajar, siempre y cuando no fuesen escandalosas.

Según Nancy, los chismosos también recibían castigo. Tenían que limpiar la aldea con un cartel en la espalda que decía: “Esto me pasa por chismoso“.

La estrategia política de Sendero era crear un Estado donde no lo había. Además de la educación, asumieron funciones judiciales. Nancy asistió a uno de sus juicios sumarios. El reo, un hombre conocido en el lugar, era acusado de violación y asesinato. Nancy no podía creerlo. Ella conocía al hombre. Dijo que aquello era una calumnia. Por primera vez, la aldea se rebeló contra Sendero. La gente defendío al acusado. Su esposa lloraba. Preguntaron a los senderistas que pruebas tenían del delito. “Los guerrilleros nos mostraron a la víctima. En una de sus patrullas, habían encontrado a la chica, medio muerta, rodeada de los cadáveres de sus hermanos y del marido, asesinados por el acusado la noche anterior. Luego la llevaron a una aldea cercana y trajeron a un médico a base de golpes. La mujer pasó un mes convaleciente, pero se curó. En el día del juicio, apareció para acusar al asesino delante de toda la aldea. Estaba completamente vendada. Él comenzó a correr, pero los senderistas lo alcanzaron. Cuando iban a matarlo, empuñaron las metralladoras. Despúes de quinto intento, volaron sus sesos. Dijeron que sólo lo iban a enterrar porque era conocido en la aldea, pero en principio decían que aquel bastardo debería pudrirse al aire libre“.

Parece difícil entender que esto fuese bien recibido por la población. Pero se hace más comprensible si lo comparamos con el comportamiento del Estado peruano, en el cual la corrupción alcanzó niveles de historia de terror; a finales de 1991, en una nueva ley, redujo el poder de la división policial de narcóticos y otorgó amplios poderes a las fuerzas armadas en la región. Detrás de ellas -o tal vez más bien al frente- estaba Vladimiro Montesinos, el asesor de Inteligencia del presidente Fujimori.

Poco después, el Mayor Evaristo Castillo descubrió que sus compañeros de armas encubrían y apoyaban a los narcos, a los cuales pasaban información. Lo denunció a las más altas instancias. Sus superiores se lo agradecieron mandando revisar su casa y confiscar sus documentos, y después lo expulsaron por “insultar a sus superiores“.

En 1996, el narcotraficante Demetrio Chávez Peñaherera, durante su juicio, admitió ante la prensa que pagaba 50.000$ mensuales a Montesinos para este sabotease las posibles cazas de la DEA (Drug Enforcement Administration) norteamericana y garantizase la seguridad de sus envíos de cocaína. Además, Chávez había abierto un burdel para los soldados y cargaba con sus gastos en los restaurantes. Consideraba que esto formaba parte de su “apoyo a la lucha contra la rebelión“. (…) La fiscalía no investigó.

El traficante estaba aislado en un cuartel militar. No se le permitía visitas. Días más tarde, en su siguiente comparecencia ante el tribunal, apareció drogado. Su discurso era incoherente. No completaba las frases. Negó lo que había dicho la vez anterior. El abogado protestó por el estado de salud del preso y porque no le habían dejado verle antes de la sesión. Su protesta fue denegada.

Así que, por lo tanto, las fuerzas armadas, que tenían órdenes de acabar con Sendero en la zona, eran más corruptas y brutales. Nancy recuerda particularmente a un militar, el capitán Cienfuegos, “que una vez arrancó la oreja de un senderista ante toda la aldea, incluidos los niños, a plena luz del sol, y le arrojó sal en la herida“.

La famiília de Nancy también sufrió vejaciones aquel año. Cierta madrugada, entraron en su casa unos encapuchados, arrojaron a su marido al suelo y se lanzaron encima de él a patearlo. Su madre también fue arrojada al suelo de una patada. Nancy devolvió las patadas y desarmó al soldado. Los encapuchados metieron el cañón de un fusil automático en la boca de su hijo. El niño tenía 3 años.

Decían que eran terroristas y que habían venido porque, unos días antes, habíamos recibido en casa a un destacamento militar que nos pedía agua. En realidad, los reconocimos a pesar de las capuchas. Era el mismo destacamento militar. Y querían llevarse mi televisión en color“.

El problema es que eran pésimos actores. Dijeron: “Al suelo, hijos de puta“, y entraron con mucha violencia. Nancy y su marido, que habían estudiado tácticas contrasubversivas, sabían que no sólo actuaban así los guerrilleros, sino también los militares. Los guerrilleros, según ella, saludaban con respeto, llamaban a su prisionero “camarada”, le explican correctamente por qué iban a matarle y lo ejecutaban con un tiro. (…)

Según Nancy, “los senderistas también cometieron excesos y errores. No más, sin embargo, que los narcos y no más que los militares, por lo menos en Tocache“.

Por eso mismo, allí las columnas senderistas resistieron hasta muy poco después de la caída de Abimael Guzmán. (…) Por el contrario, en el otro frente, la capital, el éxito a fin de cuentas no fue completo y rotundo. En las ciudades, los guerrilleros están más expuestos y las autoridades, más establecidas. Hobsbawm ya había advertido sobre los riesgos:

Por grande que sea el apoyo insurreccional en las ciudades, y aunque el origen de sus líderes sea urbano, las ciudades, y especialmente la capital, son el último bastión que un ejército guerrillero capturará. Son el último punto que un guerrilero atacará, a menos que este pesimamente aconsejado.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de realismopolitico.com

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6 pensamientos en “La vida en Tocache bajo el Sendero Luminoso

  1. Pingback: La vida en Tocache bajo el Sendero Luminoso | Diario Octubre

  2. horacio

    Este tipo de publicacion confunde aquellos lectores que no estan muy conscientes de la realidad de la revolucion comunista maoista en el Peru. Pero CULTURA PROLETARIA si es consciente de la guerra popular que dirige el Partido Comunista del Peru, y no le cabe ninguna disculpa que haga esta publicacion que es ciento por ciento reaccionaria anticomunista, al no ser que ustedes sean ciento por ciento revisionista y se camuflen en estas tantas publicaciones que tiene CULTURA PROLETARIA. Si hay conciencia comunista de manera honrada en nombre de esta este tipo de articulo no tiene cabida en esta pagina y debe de ser rechada y desechada como literatura de la reaccion peruana y contra la verdadera revolucion comunista maoista que se vive hoy en el mundo.

    Responder
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