Mitos de la industrialización soviética (2º Parte)

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El mito de las exportaciones de trigo y las estadísticas

 

Existe el mito arraigado de que la industrialización se llevó a cabo a costa de la exportación forzada de cereales. Se dice que fue a costa del campesinado que cultivaba trigo, primero en explotaciones individuales y después en los koljoses. El Estado designaba ese trigo a la exportación convirtiéndolo en divisas. Supuestamente, fue sobre esta base que ocurrió el ‘Holodomor’ cuya culpa es hoy atribuída a Stalin.
Empezaremos por señalar que cuando se inició la industrialización, el grueso de las exportaciones soviéticas se basaba en la producción industrial. Esto puede ser comprobado en la Tabla 5.

 

Cuadro 5

Como podemos ver, el peso de la producción agrícola en las exportaciones de la URSS fue predominante hasta 1927 inclusive. Como término de comparación se observa que en el período de 1909 a 1913, la producción agrícola representaba el 70,6% de las exportaciones del imperio ruso.
En 1928, el peso de las exportaciones industriales superó, por primera vez, el peso de las exportaciones agrícolas. Sin embargo, a pesar de que las exportaciones industriales se hayan vuelto predominantes, no estaban constituidas por productos terminados, sino de petróleo y derivados, metales ferrosos y no ferrosos, madera y maderas aserradas, y otro tipo de materias primas industriales o productos con bajo grado transformación.
En los años de la industrialización, el peso en las exportaciones de la producción industrial de materias primas continuó creciendo, mientras que la parte relativa de la producción agrícola cayó. De este modo, incluso la más grosera estadística muestra que la industrialización no podía financiarse únicamente a través de la exportación de trigo.

 

 

Las estadísticas de las exportaciones de trigo de la URSS

 

Examinemos ahora en detalle las estadísticas de las exportaciones de trigo de la URSS (Tabla 6).

 

Cuadro 6

En primer lugar, llama la atención el hecho de que el trigo no ocupe un lugar demasiado grande en las exportaciones soviéticas. El peso máximo del trigo en las exportaciones agrícolas fue logrado en los años 1924, 1930, 1931 y 1937. Sin embargo, incluso en estos años, el nivel máximo nunca alcanzó el 50% de los productos agrícolas exportados. Conviene no olvidar que otros importantes productos de las exportaciones agrícolas eran carne, mantequilla, huevos, pasteles, ganado vivo. En algunos años, la exportación de mantequilla, por ejemplo, fue superior a la exportación de trigo. El peso máximo del trigo fue logrado en 1927, representando menos de una cuarta parte del conjunto de las exportaciones. En varios años, el trigo representó menos de el 10% del total de las exportaciones soviéticas.

En segundo lugar, vemos que las exportaciones de trigo tuvieron un comportamiento muy desigual, ya sea en valor o en volumen físico. Los mayores volúmenes fueron logrados en los años 1930-1931. Poco después aparecen los años 1926-1927. Sin embargo, en términos del valor, estos dos períodos son prácticamente idénticos. El pico de las exportaciones de trigo en 1930-1931 abona a favor de los esquemas habituales sobre la historia de la Unión Soviética. Pero el pico de 1926-1927 viene una vez más a recordar la hipótesis a la que nos hemos estado refiriendo de que la industrialización se inició después, en la segunda mitad de los años 20.

 

 

“El bloqueo de oro” y la industrialización

 

En este sentido, hay que recordar que a mediados de los años 20, Occidente declaró el llamado “bloqueo de oro”, impidiendo que la URSS exportase este metal. Más tarde fue impuesto un bloqueo a las exportaciones también de otras mercancías. Sólo las exportaciones de cereales han tenido siempre luz verde. Es una situación que se asemeja a la de hoy en día, en la que Occidente pone obstáculos a la exportación de varias mercancías rusas, permitiendo sólo el libre flujo de petróleo y de gas natural. De este modo, el pico de las exportaciones de trigo en 1926-1927 puede ser, en parte, explicado por el “bloqueo de oro”.

El aumento de las exportaciones de trigo en 1930-1931 se llevó a cabo en el contexto de la crisis económica, que provocó la caída de los precios de las materias primas en los mercados mundiales. Los cereales no fueron una excepción. En la época había exceso de cereales en el mercado mundial, lo que produjo una fuerte caída de los precios. En los EE.UU. el grano hasta era quemado en los hornos de las locomotoras. Difícilmente se podía obtener grandes ingresos con los cereales. En 1930, la tonelada de trigo en la bolsa de Chicago cayó de 65-68 dólares a 8-12 dólares. Nuestros cálculos muestran que los precios de las exportaciones soviéticas de cereales alcanzaron el máximo en 1927-1928. Después empezaron a caer.

En 1931-1932 sólo representaban un tercio del nivel de 1927-1928, y en 1933-1936, un cuarto. Sin embargo, la URSS continuó manteniendo elevados volúmenes físicos de las exportaciones de trigo. A primera vista, parece una política extraña, sobre todo si tenemos en cuenta que había otras mercancías para exportar, incluso en el grupo de las mercancías agrícolas. Sin embargo, no hay que olvidar que ni incluso la crisis económica ha llevado a Occidente a abandonar su política de presión sobre la Unión Soviética. Occidente mantuvo el bloqueo de muchos productos básicos de la URSS e incentivó sólo las exportaciones de trigo.

Desde un punto de vista comercial, esta política de Occidente no tenía sentido. Occidente no necesitaba trigo. Sin embargo, tal política no tenía fines comerciales, sino políticos. Por encima de todo, su objetivo era aniquilar a la Unión Soviética a través del hambre. De hecho, en los primeros cinco años, la escasez de productos alimentarios empeoró en el mercado interno de la URSS. Incluso fue necesario introducir el sistema de racionamiento. Si en 1928, el peso de las compras estatales de cereales representaba el 14,7% del total de las cosechas, y en 1929, el 22,4%, en 1930 aumentó al 26,5%, en 1931 al 32,4% y en 1932 al 36,9%. En algunas regiones hubo hambre debido a, por una parte, las elevadas compras del Estado y, por otra parte, el mal año agrícola. Hoy en día, el “Holodomor” en la URSS es el tema favorito de nuestros enemigos. Hacen recaer todas las culpas sobre el “dictador” Stalin. De hecho, los promotores del “Holodomor” fueron los círculos gobernantes occidentales, que trataron no sólo de frustrar la industrialización, sino también de matar de hambre al país. En esa época incluso aparecieron en la URSS varias organizaciones caritativas de los EE.UU., supuestamente para proporcionar ayuda alimentaria a las poblaciones hambrientas. Después se descubrió que sirvieron de tapadera para actividades de sabotaje contra la URSS.

Sin embargo, la situación en los años 30 era complicada no sólo para la Unión Soviética, sino también para Occidente. Los objetivos políticos de los círculos gobernantes de Occidente entraron en conflicto con los intereses de las empresas privadas, que buscaban, por todos los medios, sobrevivir a la prolongada crisis económica. La URSS utilizó estas contradicciones y encontró varias formas de esquivar los bloqueos y las más refinadas restricciones. Sobre eso hablaremos más tarde.

Por tanto, podemos constatar que las exportaciones de cereales de la URSS tuvieron serios costos sociales, pero su papel como fuente de divisas para la industrialización fue bastante modesto.

 

 

Sobre la imperfección de las estadísticas oficiales

 

Algunos comentarios de los lectores que he seguido me ayudaron a orientar mi exposición. Varios señalan, acertadamente, que las estadísticas oficiales del comercio exterior de la URSS son, al menos, imperfectas. Argumentan que no se puede hacer cálculos en su base.

De hecho, las estadísticas son imperfectas y en este sentido llaman la atención por tres aspectos.

En primer lugar, no todos los gastos en divisas destinados a la industrialización fueron reflejados en la balanza comercial de la URSS. Esta reflejaba sólo el flujo de las mercancías, pero no de los servicios. Sin embargo había servicios pagados en divisas. Por ejemplo, las misiones al extranjero de muchos de nuestros ingenieros, de otros expertos y empleados del Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior para estudiar la experiencia de terceros países, seleccionar maquinaria, equipos y otras mercancías, para negociaciones y firmas de contratos.

También había gastos en divisas con la compra de documentación técnica, pero lo principal era la remuneración del trabajo de expertos extranjeros que vinieron a la URSS. Sus sueldos y otros gastos representaron incomparablemente la mayor parte de los gastos de las misiones al extranjero de nuestros expertos. A comienzo de los años 30, participaron en el programa de industrialización de la URSS, no sólo personal extranjero altamente cualificado (ingenieros, constructores, arquitectos), sino también simples trabajadores.

En 1932-1933, según algunos autores, llegaron a la URSS cerca de 20.000 trabajadores extranjeros (cerca de 35.000 personas, incluyendo a las respectivas familias). Las modernas excavadoras y grúas eran manejadas exclusivamente por trabajadores venidos de Bélgica e Italia, ya que en la Unión Soviética no había trabajadores con semejantes calificaciones. Según S. Sukhobok, estos trabajadores extranjeros recibían el salario en divisas procedentes de fondos no presupuestados. Así, los datos de los gastos en divisas destinados a la industrialización fueron superiores a los indicados en las estadísticas del comercio exterior.

En segundo lugar, es probable que los ingresos en divisas de las exportaciones hayan sido inferiores a los números que encontramos en las estadísticas oficiales. Esto es porque la balanza comercial sólo refleja los flujos de mercancías a través de las aduanas, mientras que los flujos monetarios son registrados en la balanza de pagos. Sucede que hasta la fecha, por razones desconocidas, no fueron publicados los datos de la balanza de pagos, que podían esclarecer muchas de nuestras cuestiones. Se supone que el pago de las mercancías exportadas era hecho con grandes demoras y que las cantidades recibidas eran menores de lo previsto. Había mercancías exportadas que iban para almacenes a la consignación, pero como se estaba en crisis económica, nadie quería comprar nuestras materias primas, incluso por la mitad de precio. Por lo tanto, los datos de la balanza comercial son claramente superiores a los ingresos de las exportaciones reales, especialmente desde que en un momento dado las mercancías fueron registradas en las aduanas a precios de referencia anteriores a la crisis.

En tercer lugar, algunas mercancías salían del país sin pasar por las aduanas, y por eso no estaban reflejadas en las estadísticas. Según algunos autores, los bolcheviques utilizaban con frecuencia varias “ventanas”, “corredores”, “agujeros” en la frontera (por ejemplo, con Estonia) para enviar ciertas mercancías, cuyas ganancias alimentaban fondos no presupuestados. Habitualmente son referidas obras de arte y antigüedades procedentes de museos. Sin embargo considero que esta “deficiencia”  de la contabilidad ya había sido resuelta al comienzo de la industrialización. A pesar de todo, los ingresos de la venta de pinturas y antigüedades están reflejados en las estadísticas comerciales. Cuestión diferente es el hecho de que, en cualquier caso, este tipo de comercio nunca tuvo un peso significativo. Analicemos esta cuestión con más detalle.

 

 

La operación “Hermitage”

 

En nuestros medios de información y en la literatura histórica se conoce como “operación Hermitage” a la venta al extranjero de pinturas, otras obras de arte y antigüedades que pertenecían a los museos de la URSS. Existen varios libros relacionados con este tema e incluso se han hecho películas. La descripción más completa de esta operación ha sido hecha por el historiador Yuri Zhukov, en su libro “Stalin: la operación “Hermitage”“.

¿Cuál fue la magnitud de esta exportación y venta? A estas alturas, el partido y el gobierno recomendaron al Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior fortalecer las arcas del Estado con 30 millones de rublos/oro a través de la venta de pinturas, antigüedades y manuscritos raros depositados en los fondos de los museos. Esta decisión se incluyó en las tareas de la industrialización socialista.

La organización “Antikvariat“, especialmente creada para este propósito (inicialmente adscrita al Gostorg de la RSFSR(1), después pasó a la supervisión directa del Comisionado del Pueblo del Comercio Exterior de la URSS), obtuvo de los fondos de los museos del Estado 2.730 pinturas de los maestros de países occidentales, que puso a la venta en el extranjero. Pero la crisis estalló en Occidente y el mercado de arte cayó abruptamente. Así que, cerca de la mitad de las pinturas no fueron vendidas, volviendo a la URSS 1.280. Quedaron para siempre en el extranjero, en colecciones privadas y museos estatales, 1.450 obras de pintores mundialmente conocidos como Tiziano, Rembrandt, Rubens, Van Dyck, Botticelli, Rafael, Tiepolo, Velázquez, Poussin, Veronese y muchos otros.

Muchas pinturas se vendieron por la mitad o incluso por una cuarta parte del precio estimado antes de la crisis. Uno de los principales compradores de pinturas de los museos soviéticos fue el empresario y banquero estadounidense Andrew Mellon. En 1921, Mellon ocupó el cargo de Ministro de Hacienda de los EE.UU., y se mantuvo en estas funciones con tres presidentes, hasta la llegada de Franklin Roosevelt a la Casa Blanca. Este millonario nunca entró en contacto con la Antikvariat, actuó siempre a través de intermediarios, tratando de permanecer en la sombra. Después de su muerte, en 1937, legó sus pinturas a la Galería Nacional de Arte de los EE.UU..

En 1929 fueron vendidos 1.052 objetos prevenientes del Museo Hermitage por un importe de 2,2 millones de rublos/oro, o sea, alrededor de 1,1 millones de dólares. El pico de las ventas fue alcanzado en 1931, cuando el producto de las ventas alcanzó 9,5 millones de rublos/oro. Con la profundización de la crisis en Occidente el mercado de arte acabó por hundirse completamente, y en 1932, sólo se obtuvo por esta vía 2,8 millones de rublos/oro. Además de pinturas fueron vendidos en el extranjero manuscritos, monedas raras, grabados, medallas, vajilla antigua, etc. La última gran transacción tuvo lugar en 1934. El Museo Británico pagó 100.000 libras (cerca de un millón de rublos/oro) por el célebre Codex Sinaiticus(2), la copia más antigua del Nuevo Testamento. Como señala Yuri Zhukov, por todas las obras de arte y rarezas vendidas en el extranjero a lo largo de seis años, el Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior obtuvo cerca de 25 millones de rublos/oro, es decir, 12,5 millones dólares. En 1937, la Oficina Nacional de Comercio “Antikvariat” se extinguió.

Es una evidencia que los ingresos de la operación “Hermitage“, en comparación con las necesidades de divisas del país, que ascendían a cientos de millones de dólares por año, eran una gota en el océano. La cantidad señalada de 25 millones de dólares no habría sido suficiente ni siquiera para construir uno de los gigantes de la industria como la Fábrica de Tractores de Jarkov o la Fábrica de Automóviles de Gorki.

 

 

Conclusión

 

La imperfección de las estadísticas oficiales del comercio exterior de la URSS dificulta, sin duda, la reconstitución de la imagen completa de las fuentes de divisas de la industrialización. Sin embargo, como demostramos, las posibles distorsiones apuntan a que los ingresos de divisas están sobrevalorados y los gastos en divisas subestimados. Es decir, no se puede atribuir los enigmas de la industrialización a la imperfección de las estadísticas.

 

 

El origen del oro soviético

 

Hemos afirmado en la primera parte que el oro no podía haber sido la fuente esencial de la compra en el extranjero de maquinaria y equipos. Dado que esta versión está muy consolidada, habiendo adquirido el carácter de mito, vamos a analizarla con más detalle. ¿Cuál es el origen del oro soviético? Hay por los menos tres respuestas posibles a esta pregunta.

1) El Estado soviético se quedó con las reservas de oro heredadas de la Rusia zarista.
2) Los bolcheviques, por diferentes medios, se apoderaron del oro en poder de la población.
3) Stalin organizó rápidamente y a gran escala una industria minera de oro.

 

 

Las reservas estatales de oro

 

Examinemos la primera variante de la industrialización “dorada“. Como ya he mencionado, en vísperas de la I Guerra Mundial (principios de 1914), las reservas de oro del Imperio Ruso ascendían a 1.335 toneladas. Además, estaban en circulación, en forma de monedas, 355 toneladas de oro. Al inicio de la guerra, el oro en circulación fue inmediatamente desviado a los ahorros privados, y el Estado dejó de intercambiar billetes por oro. Una parte de las reservas de oro salió del país durante la I Guerra, como garantía de los préstamos concedidos por el Reino Unido y por los EE.UU. (los “Aliados” de la Entente(3) establecieron la cooperación en la lucha contra el enemigo bajo una “base comercial”). El gobierno provisional (después de la revolución de febrero 1917) consiguió recuperar parte de ese oro.

En el momento de la conquista del poder, los bolcheviques pudieron disponer de una sólida reserva de oro, almacenada en las arcas del Banco del Estado, que ascendía a cerca de 850 toneladas. Pero esta reserva comenzó a desaparecer ante nuestros ojos. No voy a detenerme en grandes relatos. Sólo diré en términos generales que de las arcas del Banco del Estado salió primero el llamado “oro de Lenin“, 93,5 toneladas que fueron entregadas a Alemania conforme a lo estipulado en el tratado de paz de Brest. Después desapareció el llamado “oro de Kolchak“, parte del cual regresó más tarde al Banco del Estado, a pesar de que 150 o 160 toneladas hayan salido para siempre del país. Le siguió el llamado “oro del Comintern” (cerca de 200 toneladas según nuestras estimaciones). Este oro salió de Rusia bajo el conveniente pretexto de destinarse “a la revolución mundial“. Finalmente se procedió a la entrega del “oro del Báltico” (37 toneladas), el que, según los acuerdos internacionales, le debía la Rusia soviética a Finlandia, Polonia, Lituania y Letonia, que dejaron de integrar el Estado soviético.

Vale la pena mencionar nuevamente el “oro de las locomotoras“, que fue enviado a Suecia, supuestamente para la compra de locomotoras y material rodante (fueron al menos 230 toneladas). Este negocio fue dirigido por Lev Trotsky. Fue literalmente un negocio, ya que la URSS recibió muchas menos locomotoras de los que estaba planeado y las pagó realmente a “peso de oro“. Había otros negocios y operaciones comerciales a principios de los años 20 de los que no voy a hablar aquí. Lo que importa es que la mayor parte de las reservas de oro del Banco del Estado pasaron a los bancos de Estados Unidos, Suiza y Suecia. Este asunto está tratado en detalle en mi libro “El Oro en la Economía y Política de Rusia“.

Además, debe tenerse en cuenta que la balanza comercial del Estado era defectuosa, es decir, el mayor peso de las importaciones en comparación con las exportaciones tenía que ser cubierto con oro del erario público. El metal precioso también desapareció en estas operaciones corrientes. Así, en 1926-1927, según datos del Banco del Estado, fueron vendidas en el extranjero más de 15 toneladas de oro, por valor de 20 millones de rublos. En sólo tres meses y medio de 1928 (del 1 de enero al 9 de abril), fueron vendidas más de 50 toneladas de oro a bancos extranjeros (Midland en Londres, Deutsche Bank y Reichsbank en Berlín) por valor de 68 millones rublos. En total, entre el 1 de octubre de 1927 y el 1 de noviembre 1928 (13 meses), según datos del Banco del Estado de la URSS, fueron vendidas 120,3 toneladas de oro, una cantidad superior a 155 millones de rublos.

Como resultado, las reservas de oro de la URSS, que ascendían a unas 140 de toneladas en 1925, se redujeron a 118,7 toneladas en 1926; se elevaron a 127,5 toneladas en 1927; a 178,6 toneladas en 1928; disminuyendo de nuevo a 138,2 toneladas en 1929.

 

 

El oro del pueblo

 

Veamos ahora la segunda variante de la versión “dorada” de la industrialización, que se refiere a la sustracción de oro a la población a través de diversos expedientes.

Desde ya, aclaro que el oro confiscado a principios de los años 20 por los órganos de seguridad del Estado, mediante métodos de puro saqueo, en el momento de la industrialización hacía mucho que había abandonado el país a través de diferentes rutas y caminos. En 1921, y especialmente en 1922, se llevó a cabo una campaña de confiscación de valores de la Iglesia, bajo el pretexto de la necesidad de medios para la lucha contra el hambre. Todo el patrimonio confiscado a la Iglesia (oro, plata, platino, diamantes y otros objetos preciosos) calculado en plata ascendió a casi 8.600 toneladas(4). Es una cantidad enorme. Sin embargo, sólo una pequeña parte fue utilizada para combatir el hambre. Casi todo salió de la frontera y no fue para comprar trigo.

La segunda ola de obtención de oro de la población tuvo lugar en la primera la mitad de los 30. Los métodos utilizados fueron más “civilizados”. Se puede incluso decir que fueron “económicos” (aunque a menudo eran acompañados de coacción). Las reservas de oro del Estado fueron reforzadas con la ayuda de la red de tiendas Torgsin. El Torgsin(5) -Sociedad Comercial para Extranjeros en la URSS- (que existió entre el 18 de julio 1930 y el 1 de febrero 1936), fue creado durante un período de aguda crisis de divisas. Inicialmente vendía antigüedades a los turistas extranjeros en Moscú y Leningrado y suministraba a los marineros extranjeros en los puertos soviéticos. En diciembre de 1930 su lista de clientes se expandió a los extranjeros que vivían y trabajaban en la URSS por largos períodos de tiempo. El 14 de junio de 1931, sus puertas se abrieron a los ciudadanos soviéticos, permitiéndoles adquirir mercancías sólo con monedas de oro acuñadas en tiempos del zarismo. A finales de 1931, el gobierno autorizó también la compra de mercancías a través de objetos de oro personales.

Entre 1932 y 1935 fueron recogidas a través del Torgsin aproximadamente 98,7 toneladas oro. Los niveles máximos fueron alcanzados en 1932 (21 toneladas) y en 1933 (45 toneladas). Fue un período en el que había falta de productos alimenticios, lo que llevó a la gente a deshacerse del oro para obtener los productos que necesitaban. Una vez que el suministro de alimentos mejoró, las entregas de oro bajaron bruscamente. Contando con otros materiales preciosos entregados en el Torgsin (plata, platino, piedras preciosas y antigüedades), esta fuente proporcionó a las arcas del Estado lo equivalente a 150-200 toneladas de oro (según diversas estimaciones).

También la OGPU (Dirección Política Unificada del Estado) contribuyó a fortalecer las reservas de oro del Estado, confiscando coercitivamente oro y otros valores a los “enemigos del pueblo“. No existen datos sobre la cantidad total de oro confiscado por la OGPU y el NKVD(6) (en 1934 la OGPU fue suprimida y sus funciones fueron trasladadas al Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos). Sabemos que en 1930, la OGPU entregó al Banco del Estado objetos preciosos por valor de 10 rublos/oro, lo que equivale a casi 8 toneladas de oro puro.

Obviamente, en el marco general de los gastos en divisas con la industrialización, el oro sustraído a la población no tiene un peso muy significativo. Sin embargo, en 1932-1933, en pleno pico de las importaciones de maquinaria y equipos, esta fuente de oro tuvo un papel muy notable.

 

 

La extracción de oro

 

En los años 20, la extraccion de oro en la URSS estaba en un nivel extremadamente bajo. Basta decir que, en 1913, el volumen del “metal amarillo” obtenido en el imperio ruso fue de 61,8 toneladas, en 1914 de 65,6 toneladas, y en 1916 de 70 toneladas (valor máximo alcanzado en toda la historia del imperio ruso).

En los primeros años del poder soviético era raro alcanzar 10 toneladas de oro extraído. A finales de los años 20, la extracción de oro ya se elevaba a 30-35 toneladas por año. Pero fue en los años 30 que la URSS aumentó fuertemente los volúmenes de extracción del “metal amarillo“. En 1933 la producción ya era de 110 toneladas, aumentó a 150 toneladas en 1936, y en 1939 se acercó al nivel de 200 toneladas.

Todavía hoy en día muchos documentos archivados acerca de la extracción de oro continúan siendo inaccesibles. Por eso sólo podemos usar algunos fragmentos de informaciones. Pero incluso si admitimos como estimación una producción media de 130 toneladas de oro al año, obtenemos el resultado bastante razonable de 1.300 toneladas extraídas a lo largo de la década.

Los investigadores de la industrialización, al registrar las diferentes ramas de la industria entonces desarrollada, se olvidan a veces de mencionar en sus trabajos la industria aurífera. En vano. Stalin tenía toda la razón al considerar esta rama como la más prioritaria de la industrialización, ya que podría proporcionar más oro que las exportaciones de cereales. Más importante que eso era el hecho de que se trataba de una fuente exclusivamente interna, que no dependía de la situación del mercado mundial y de los zigzags políticos de Occidente.

El corresponsal del diario estadounidense New York Times, Walter Duranty, cuando entrevistó a Stalin, el 25 de diciembre de 1933, le preguntó: “¿Cuál es el situación de la extracción de oro en la URSS?”. Stalin le respondió: “Tenemos muchas regiones auríferas en nuestro país, y están en rápido desarrollo. Nuestro producción ya es dos veces superior en relación con la época zarista, proporcionando más de 100 millones de rublos al año. Especialmente en los últimos dos años mejoramos los métodos de prospección y encontramos grandes depósitos. Pero nuestra industria es todavía joven -no sólo en lo que respecta al oro, sino también en lo que respecta a la producción de hierro fundido, de acero, cobre, a toda la metalurgia- y no está por ahora en condiciones de proporcionar la asistencia apropiada a la industria aurífera. Tenemos ritmos más rápidos de desarrollo, pero el volumen es todavía pequeño. Podríamos, en un corto espacio de tiempo, cuadriplicar la extracción de oro si tuviésemos más dragas y otras máquinas“.

En la paridad del rublo/oro de la época, el volumen de extracción señalado por Stalin se aproximaba en unidades físicas a las 80 toneladas, admitiendo la posibilidad de cuadruplicar este volumen, es decir, alcanzar las 300 toneladas de oro por año.

Naturalmente, este nivel no fue alcanzado, pero a finales de los años 30, en comparación con 1933, la producción de este metal se duplicó. En la segunda mitad de los años 30 la URSS pasó a ser el segundo mayor productor mundial de oro, por delante de los EE.UU. y Canadá y sólo por detrás de Sudáfrica (en este último país la producción de oro antes de la II Guerra Mundial se acercaba a las 400 toneladas por año).

 

 

La importancia del oro en la “ecuación de la industrialización

 

Se puede admitir que, a lo largo de los años 30, la URSS consiguió obtener de todas las fuentes internas alrededor de 1500 toneladas de oro (1300 toneladas de la extracción más 200 toneladas del Torgsin). Sin embargo, hay razones para pensar que este oro no fue utilizado para la industrialización, sino para fortalecer las reservas de la URSS. De acuerdo a las estimaciones existentes, las reservas de oro de la URSS ascendieron a 2600 toneladas en vísperas de la II Guerra Mundial. Ahora bien, esto es aún mayor que la suma de todo el oro procedente de fuentes internas a lo largo de los años 30. ¡Parece que hay una especie de magia! Pero es difícil no creer en esta estimación, ya que se basa en datos tomados de libros cuyo co-autor es V.V. Rudakov.

Valeri Vladimirovich Rudakov fue, en su época, la primera figura del país en lo relacionado al oro. Fue responsable de la Reserva del Estado (Gokhra), de la Dirección Principal de Metales Preciosos y Diamantes de la URSS (Glavalmazolota), Viceministro de Finanzas para las Cuestiones del Oro, etc. Pero a pesar del respeto que nos merece Valeri Vladimirovich Rudakov, creo que la estimación anteriormente mencionada está sobrevaluada.

La única estimación alternativa de las reservas de oro de la URSS pertenece al conocido experto en oro, Timothy Green. Esta se refiere a 1935 y señala 626 toneladas. Si sumamos cinco años y medio (hasta el comienzo de la II Guerra Mundial) y nos basamos en una producción media de 150 toneladas de oro, concluímos que durante este tiempo fueron obtenidas 825 toneladas. Suponiendo que todo este oro fue almacenado en las reservas del Estado, entonces, aceptando la estimación de Green, podemos calcular que, en vísperas de la guerra, las reservas de oro de la URSS ascendían a cerca de 1450 toneladas.

También es posible que las reservas de oro se hayan incrementado a través de fuentes externas. Las exportaciones de cereales están excluidas desde el principio, ya que los ingresos eran diminutos y eran utilizadas para pagar importaciones. Podemos evocar el oro “español“, entregado por los republicanos a la URSS durante la Guerra Civil de España. Según algunas fuentes, en noviembre de 1936, el Ministerio de Finanzas de la URSS recibió 510 toneladas de oro “español“. Pero se trataba sólo de un depósito. En principio, el oro proveniente de España debía ser contabilizado por separado de las reservas estatales.

Sin embargo, no hay ninguna duda de que en 1953 las reservas de oro de la URSS rondaban las 2050 toneladas (este es un número suficientemente fiable), lo que viene a confirmar que, en vísperas de la II Guerra Mundial, su volumen era muy imponente. Si Stalin no tuviese un gran “plan de ahorro” antes de la guerra, las reservas de oro no podrían alcanzar tal dimensión en los meses anteriores a su muerte.

Por lo tanto, podemos sacar las siguientes conclusiones:

1) En los años 30, Stalin promovió activamente la industria aurífera en el país, elevando su producción al menos el triple en relación con el imperio ruso a principios del siglo XX. La Unión Soviética se convirtió en el segundo mayor productor de oro del mundo.

2) Stalin no utilizó, o prácticamente no utilizó, este oro, prefirió guardarlo como reservas. Es cierto que, considerando la guerra como algo inevitable, Stalin consideraba el oro como el recurso estratégico más importante que debía permanecer intacto.

Estas son las conclusiones paradójicas que podemos extraer a partir de las fuentes disponibles. Es obvio que estas conclusiones pueden ser corregidas si surgen nuevos documentos u otras fuentes. Sólo podemos continuar la investigación sobre las fuentes de divisas de la industrialización, dado que la versión “dorada” no puede completar la “ecuación de la industrialización“, y viene a suscitar nuevas preguntas.

 

Sobre las inversiones extranjeras

 

A menudo nos encontramos con la versión de que las inversiones extranjeras, los créditos y los préstamos constituían una importante (sino la principal) fuente de financiación de la industrialización. El tema de las inversiones extranjeras y el crédito es complejo, la información disponible es incompleta, fragmentaria y no siempre fiable.

Algunos de nuestros historiadores entienden tan poco de economía que a veces, cambian los pies por las manos. Mencionan datos interesantes sobre la participación de diferentes empresas occidentales en la construcción de diversos objetos industriales. Esta participación consistía tanto en la realización del proyecto como en el suministro de equipos, en la organización de la supervisión de la ingenieria en los trabajos de construcción y puesta en marcha y prueba de funcionamiento.

Los investigadores consideran esta participación de diferentes maneras. Algunos le llaman “ayuda”, otros “inversión”, otros “asistencia”, etc. Pero esto no era una “ayuda”, “inversión” o “asistencia”, sino simples negocios, en los cuales las compañías occidentales participaban como diseñadores y consultores, proveedores de máquinas y equipos, contratistas, etc. A veces todo esto era incluido en un “paquete sencillo”. En tales casos, la compañía era designada como “contratista general”. En cualquier situación, las compañías occidentales no ponían su dinero, antes ganaban dinero, que era pagado por el dueño de la obras, es decir, el Estado soviético.

Es un hecho que en las vísperas de la industrialización hubo algunas inversiones extranjeras, sobre todo en forma de concesiones. Las concesiones se distinguen de las habituales inversiones directas por la circunstancia en que la participación del inversor extranjero es regulada en un acuerdo específico, en el cual son definidas las condiciones y establecidos los plazos de su presencia en los proyectos industriales o comerciales.

En los años 20, la totalidad de las concesiones extranjeras no superaban las 350, incluyendo tanto las industriales como las comerciales. La política económica del partido y del gobierno se dirigía no sólo a la realización de la industrialización, sino también a la eliminación de los resquicios de las relaciones capitalistas. Ahora, las concesiones eran calificadas de capitalismo en su variante más peligrosa (después de 1918 se procedió a la nacionalización de todas las empresas en propiedad de extranjeros).

El proceso de eliminación gradual de las concesiones extranjeras fue iniciado después de la destitución de Trotsky de la Dirección de la Comisión Principal de Concesiones (Glavkontsesskom). Trotsky dirigió esta organización entre mayo de 1925 y noviembre de 1927. A finales de los años 20 sólo quedaban en la URSS 59 concesiones, seis sociedades anónimas y 27 “permisos de trabajo“. El fin de las concesiones extranjeras fue determinado por el decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo, el 27 de diciembre 1930, el cual ordenó la anulación de todos los contratos de concesión (salvo algunas excepciones), y la reorganización de la Comisión Principal de Concesiones, que pasó a tener funciones meramente consultivas (se extinguió en 1937). En 1933 fueron rescindidas todas las concesiones industriales (la excepción fue la concesión de la Standard Oil, que terminó en 1934). A mediados de los años 30 acabaron todas las concesiones comerciales (con excepción de la concesión danesa de telégrafo), así como las concesiones japonesas de pesca y de exploración de depósitos de carbón y petróleo en Extremo Oriente. De este modo, los inversores extranjeros no tuvieron prácticamente ninguna participación en la industrialización.

Digo más: la propia concepción de la industrialización soviética no podía, ni siquiera teóricamente, presuponer la participación de inversores extranjeros. La experiencia mundial muestra que cuando un país admite inversores extranjeros, las exportaciones de ese país comienzan a crecer. La cuestión es que los inversores extranjeros imploran la recuperación de sus inversiones, y para eso necesitan divisas que sólo puede obtener mediante la exportación. La industrialización fue un proyecto de sustitución de importaciones, y no tenía como objetivo aumentar las exportaciones soviéticas. Como se mencionó anteriormente, en 1940 el volumen de las exportaciones soviéticas era dos veces y media inferior a la media de los años 1926-1928.

 

 

Sobre los créditos y préstamos al extranjero

 

Cuando algunos autores citan créditos de cantidades elevadas que supuestamente Occidente habría concedido para la industrialización, de lo que se trata es de banales condiciones de pago. Entre el suministro de mercancías y la liquidación de las obligaciones del importador puede ser estipulado en el contrato un espacio de tiempo de algunos meses, con, raras veces, plazos de pago superiores a un año o dos. Esto se conoce como crédito comercial concedido por el exportador. En el contexto de la crisis, los exportadores concedían con facilidad créditos comerciales a los importadores soviéticos, buscando de esta manera garantizar una salida a su producción. Anteriormente mostré una tabla sobre el comercio exterior de la URSS, donde se puede ver que la Unión Soviética experimentó un enorme déficit en su balanza comercial entre 1930 y 1932, por importe de 1554 millones de rublos. Algunos autores remiten estas cifras alegando que se trata de préstamos que fueron otorgados a nuestro país. En realidad se trata sólo de pagos aplazados, cuyos valores totales eran muy superiores, aunque no se reflejaran en los resultados anuales de la balanza comercial debido al hecho de que una parte de estas obligaciones financieras eran liquidadas a lo largo del año. La mayor parte de estos préstamos comerciales fue liquidada en los años siguientes gracias al superávit que, entre 1933 y 1935, se situó en 1601 millones de rublos.

De hecho, prácticamente no hubo préstamos a largo plazo y créditos bancarios para la industrialización soviética. Recuerdo que después de los años 20, el capitalismo mundial se sumió en una crisis que se transformó en depresión económica y estancamiento. En estas condiciones, obtener préstamos a largo plazo era extremadamente difícil, sobre todo porque la Unión Soviética no tenía manera de dar las garantías correspondientes a las cantidades que necesitaba. Es cierto que había las reservas de oro ya mencionadas, pero en la época de Stalin el oro no era utilizado como garantía de créditos internacionales. Por cierto, recordemos que durante la I Guerra Mundial, Rusia recibió créditos de Gran Bretaña, pero como esta exigió oro como garantía, una parte de las reservas del Imperio ruso fue llevado a territorio británico. Después de la guerra, el oro no fue devuelto a Rusia, a pesar de no haber sido utilizados, totalmente, los créditos británicos. Stalin no se olvidó de esta lección.

Sin embargo, algunos Estados concedieron créditos a corto plazo a la URSS. En particular, a partir de 1934, tras el reconocimiento diplomático por Washington de la Unión Soviética, el Banco de los EE.UU. (banco estatal) abrió líneas de crédito destinadas a las exportaciones de las compañías norteamericanas a la Unión Soviética. Este financiamiento era considerado como una ayuda a las empresas norteamericanas durante la crisis. Además, en este período, las exportaciones a la URSS disminuyeron considerablemente en comparación con el periodo más activo de 1929-1931. Por eso no se debe sobreestimar el papel del Banco de los EE.UU. en el comercio con la URSS.

También hubo préstamos concedidos por Alemania, concretamente en 1931, en cantidad de 300 millones de marcos (por cuatro años), así como en 1935, en cantidad de 200 millones de marcos. En total estos créditos representaban 500 millones de marcos o cerca de 170 millones de dólares.

Además de esto, Gran Bretaña, Checoslovaquia, Italia y Suecia también concedieron créditos más modestos (el último de los cuales fue concedido en 1940).

 

 

La versión de las divisas obtenidas bajo garantia de mercancías

 

En nuestra literatura es frecuente encontrarse la versión de que gran parte de las divisas obtenidas a través de las exportaciones en realidad no procedía de la venta de mercancías, sino de préstamos bancarios, los cuales fueron concedidos a la URSS bajo garantía de las materias primas exportadas.

Este esquema está descrito en las obras de Verkhoturov: “Sólo en 1930, el Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior puso en el mercado mundial millones de toneladas de mercancías. No era posible vender tales cantidades de inmediato, sobre todo en plena crisis económica mundial y en la Gran Depresión en los EE.UU.. Pero las mercancías fueron trasladadas a almacenes en el extranjero y comenzaron a ser vendidas poco a poco. Pero si los representantes comerciales soviéticos contasen únicamente con los ingresos de las ventas, el resultado de estas exportaciones sería insignificante. Así que decidieron pedir préstamos a los bancos, empresas y casas comerciales, dando como garantía las mercancías almacenadas en el extranjero. Con el crédito adquirido fueron comprados equipos que salieron de inmediato a la URSS. El Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior agradeció a los acreedores esta ayuda internacionalista. Pasado un tiempo, los prestamistas estaban en posesión de miles de toneladas de carbón soviético, mineral de hierro y manganeso, madera, trigo. A principios de los años 30 se asistió a una ola de quiebras vinculadas precisamente con este tipo de operaciones. Los bancos que se quedaron en posesión del hierro de Krivorijki o del carbón de Donetsk reventaron como pompas de jabón“.

Esta versión es interesante, pero dudosa. En primer lugar porque no es concreta, no hay un solo ejemplo “vivo”. Aparecen una serie de preguntas. ¿Dónde se situaban tales almacenes en consignación? ¿Quién tomó la responsabilidad de exportar mercancías para el almacenamiento en el extranjero? Nótese que se trataba de una operación arriesgada: si las mercancías no se vendían, los costos de transporte y de almacenamiento podían representar grandes pérdidas. ¿Quién asumió la responsabilidad por los créditos obtenidos bajo garantía de las mercancías? En cualquier entorno económico, los prestamistas evalúan las materias primas muy por debajo de su precio de mercado. Para los representantes comerciales de la URSS, este esquema podía costarles la cabeza. Por otra parte, las cosas no cuadran en esta exposición de Verkhoturov. Afirma que “en 1930, el Comisariado del Pueblo del Comercio Exterior puso en el mercado mundial millones de toneladas de mercancías“, empezando después a obtener créditos bajo garantía de las mercancías. Al día siguiente del 29 de octubre de 1929 (el “jueves negro”), los bancos norteamericanos pasaron al “ataque”. Primero limitaron la concesión de créditos, después los suspendieron totalmente. A principios de 1930, los bancos europeos también habían dejado de prestar dinero. Recordemos que durante la reciente crisis financiera de 2008-2009 se hizo imposible obtener préstamos bancarios bajo cualquier condición. Si después del “jueves negro” los bancos estallaron como pompas de jabón, no fue por las razones que Verkhoturov apunta. Es posible que haya habido casos aislados de utilización del esquema de los “créditos bajo garantía de materias primas“, pero dudo seriamente de que tal procedimiento fuese utilizado a gran escala.

No hay duda de que fueron utilizados otros esquemas y métodos exóticos de obtención de divisas. Por ejemplo, el lanzamiento de bonos en los EE.UU. y Gran Bretaña.

A principios de 1934, la Unión Soviética recibió cinco millones de dólares a través de bonos en los EE.UU.. Incluso antes, en 1928, había sido ejecutada una operación de este tipo, pero de una manera semi-clandestina, ya que en ese momento los EE.UU. se negaban a reconocer diplomáticamente a la URSS. Los bonos fueron vendidos a través de una serie de bancos norteamericanos. El emisor de las obligaciones no fue el Comisariado del Pueblo de las Finanzas, sino el Banco del Estado de la URSS. Sin embargo, todas estas fuentes juntas proporcionan cantidades relativamente insignificantes.

Los créditos y préstamos al extranjero no tuvieron una influencia decisiva en la industrialización. Según el autor de un artículo publicado en Internet (7), los créditos habrían representado sólo el 3,8% de todas las inversiones realizadas durante los primeros cinco años en la economía nacional de la URSS. Desde mi punto de punto de vista, esta estimación está un poco subestimada debido a que no diferencia el rublo/diviso (oro) del rublo interno nominal. Algunos expertos consideran que el poder adquisitivo del rublo nominal (que era esencialmente una unidad monetaria de valor convencional) equivalía a cerca de la mitad del rublo/divisa. Pero incluso teniendo en cuenta esta diferencia, el peso de los préstamos extranjeros no superó el 8% de las inversiones de capital realizadas en los primeros cinco años. En los años siguientes, este peso fue aún menor.

 

 

Bloqueo en lugar de ayuda

 

A pesar de que la industrialización de la URSS tuvo lugar en un período en el que Occidente atravesaba una crisis económica, hay que destacar que el clima internacional era hostil a la URSS.

La verdad, por lo tanto, es que la industrialización se ha llevado a cabo en una situación de bloqueo crediticio. Un serio obstáculo para la obtención de grandes créditos y préstamos por parte de Moscú fue la negativa de los bolcheviques de pagar las obligaciones relativas a la deuda contraída por los gobiernos zaristas y provisionales. Esto fue afirmado por los bolcheviques inmediatamente después de su llegada al poder en 1917, posición reiterada en la Conferencia Internacional de Génova (abril-mayo de 1922).

Occidente exigía que la Unión Soviética reconociese todas las deudas y compromisos financieros de los anteriores regímenes de Rusia, y que asumiese la responsabilidad por todos los daños relacionados con las acciones tanto del poder soviético como de los anteriores gobiernos o de las autoridades locales. Nuestro país no sólo se negó a pagar sino que reclamó indemnizaciones financieras por los daños causados a nuestro país por la intervención extranjera y por el bloqueo. Nuestras exigencias, por cierto, eran dos veces superiores a las de Occidente: 39.000 millones de rublos/oro contra 18.500 millones de rublos/oro. Es cierto que la Unión Soviética admitió en Génova la posibilidad de discutir las deudas de los gobiernos zaristas y provisionales, en el caso de que Occidente cumpliese dos condiciones: 1) reconocimiento de jure de la Rusia Soviética; 2) concesión de préstamos al gobierno de nuestro país. Ambas condiciones fueron rechazadas por las delegaciones occidentales.

Los EE.UU. tomaron la posición más dura y más claramente anti-soviética. En marzo de 1934, debido a la firme posición de la URSS sobre la cuestión de la deuda de los gobiernos zaristas y provisionales, el Departamento de Estado prohibió la colocación de obligaciones soviéticas en el mercado norteamericano. La medida se basó en la recién aprobada Ley Johnson, que prohibió la concesión de préstamos a países no hacedores de sus obligaciones con los EE.UU., en relación a créditos y préstamos antiguos. Según la evaluación de Washington, sólo los créditos del Gobierno provisional ascendían a 180 millones de dólares. Fue así que la URSS cayó bajo la acción de la Ley Johnson.

En noviembre de 1933, el Comisario del Pueblo de Asuntos Exteriores, Maksim Litvinov, hizo un viaje a los EE.UU. para reunirse con el nuevo presidente Franklin Roosevelt. En la reunión celebrada en Washington, el 16 de noviembre de 1933, se restablecieron las relaciones diplomáticas entre los EE.UU. y la URSS. En ese momento se iniciaron las conversaciones sobre el régimen de nación más favorecida en el comercio bilateral. Se alcanzó un acuerdo preliminar según el cual los Estados Unidos podían otorgar un crédito de mil millones de dólares a la URSS. A cambio de esto, Stalin estaba dispuesto a prescindir de la fórmula del Tratado de Rapallo, firmado con los alemanes en 1922. La fórmula era muy simple: el rechazo mutuo de las necesidades financieras. En Rapallo, la URSS hasta resistió la tentación de exigir reparaciones de guerra a Alemania. El Tratado de Paz de París de 1919 reservó este derecho a nuestro país.

En comparación con los EE.UU., la URSS estaba dispuesta a pagar parte de la deuda de los gobiernos zaristas y provisionales a cambio de crédito. Estaba incluso dispuesta a abdicar de las indemnizaciones reclamadas a los Estados Unidos por los daños causados ​​durante la intervención norteamericana. Esta disposición de hacer concesiones a los Estados Unidos (reconocimiento de la deuda de los gobiernos zaristas y provisionales) era, naturalmente, dictada por un situación desesperadamente difícil: faltaban divisas para la industrialización. Pero tal transferencia creaba un peligroso precedente: otros países también podían exigir el pago de deudas que antes la Unión Soviética no reconocía.

Sin embargo, en marzo de 1934, Washington cambió bruscamente su posición, negándose a discutir cualquier posibilidad de concesión de créditos a la URSS. Tampoco quería ni siquiera hablar del régimen de nación más favorecida. Además de eso, en 1935, los EE.UU. impusieron tasas discriminatorias a nuestro carbón y manganeso.

La URSS intentó obtener ayuda de los franceses, pero sus esfuerzos no tuvieron eco. No sólo no nos concedían créditos, sino que rechazaban conversaciones sobre el régimen de reciprocidad de nación más favorecida.

Fue sólo con Alemania que, el 9 de abril de 1935, se consiguió firmar un acuerdo de concesión de un crédito de cinco años por valor de 200 millones de marcos. Las condiciones no eran muy favorables, ya que los alemanes sabían que en aquel momento no teníamos alternativa.

Según algunas fuentes, en el mismo año, 1935, Alemania habría propuesta a la URSS, a través del Presidente del Reich Bank, Hjalmar Schacht, un crédito por la suma de mil millones de marcos. Sin embargo, el Comisario del Pueblo de Relaciones Exteriores, Maksim Litvinov, bloqueó las conversaciones sobre este crédito, ya que era un vehemente opositor del desarrollo de las relaciones germano-soviéticas. Según el historiador Sergei Kremlev, Hitler buscaba un acercamiento con la Unión Soviética para reducir su dependencia de la oligarquía financiera occidental, mientras que Litvinov buscaba un acercamiento con el mundo anglosajón y francés. El crédito de mil millones de marcos no se concretó debido a las maniobras de Litvinov.

 

 

Sobre la deuda externa de la URSS

 

La Unión Soviética cumplía con rigor y puntualidad sus obligaciones relativas a créditos a corto plazo. Incluso los enemigos más duros de la URSS reconocían que los “soviets” cumplían sus acuerdos y contratos integramente. Las compañías occidentales disfrutaban trabajando con la URSS precisamente porque sabían que lidiaban con organizaciones estatales. Gracias al monopolio estatal del comercio exterior y de las divisas en vigor en la URSS, no había prácticamente riesgo para las empresas occidentales. Todos los contratos eran cerrados dentro del plazo. Hay que tener en cuenta que esto sucedía en aquellos años de crisis en Occidente, cuando eran constantemente declaradas insolventes empresas, bancos y Estados.

Recordemos que la deuda de la URSS alcanzó su máximo a finales de 1931. Según una fuente estranjera(8), en ese momento la deuda externa representaba 1400 millones de rublos/oro. En octubre de 1935, la deuda al extranjero había disminuido a 139 millones de rublos/oro, y en junio de 1936 era ya solamente de 86 rublos/oro. De hecho, existe una fuente más fiable. En la entrevista que concedió al corresponsal del New York Times en Moscú, Walter Duranty, a principios de 1934, Stalin dijo que la Unión Soviética había disminuido su deuda de 1400 millones de dólares a 450 millones de rublos. El hecho de que la deuda de la Unión Soviética sea insignificante a finales de los años 30 es confirmado por A.G. Zverev, quien dirigió el Comisariado del Pueblo/Ministerio de Finanzas de la URSS entre 1937 y 1960.(9)

Además, a finales de los años 30, nuestro país ya estaba en condiciones de conceder créditos. En 1938, la URSS concedió un préstamo a España de 85 millones dólares, que en lo esencial se destinaba a pagar nuestros suministros de armas. En el otoño de 1936, el gobierno de Largo Caballero había transferido las reservas de oro de España a los depósitos del Banco del Estado de la URSS, que fueron dedicados a la asistencia a los republicanos. En el otoño de 1938, el oro español se acabó, lo que llevó a la Unión Soviética a conceder el mencionado crédito.(10)

Antes de la guerra, la URSS contrajo una deuda externa relacionada con los créditos recibidos de Alemania en marzo de 1935 (por un importe de 200 millones de marcos) y en agosto de 1939 (también por un importe de 200 millones de marcos). Estos han sido los créditos a más largo plazo recibidos por la URSS en los años 30.

El crédito de 1935 fue concedido a cinco años, y las condiciones eran más ventajosas que las de los anteriores créditos alemanes (con intereses a un 5% en lugar del 6%). El suministro de mercancías soviéticas para amortizar el crédito debía comenzar a finales de 1940 y continuar hasta 1943.

El crédito en 1939 fue también a cinco años con un interés del 4,5%, con derecho a efectuar pedidos durante dos años. La URSS tenía derecho a hacer pedidos a las empresas alemanas por la cantidad de 120 millones de marcos en el primer año, y de 80 millones de marcos en el segundo año. El pago del crédito debía comenzar en 1945. De este modo, la mayor parte de estos dos últimos créditos no llegó nunca a ser pagada por la Unión Soviética. En total, estos dos créditos equivalían a 140 millones de dólares.

 

 

Notas:

(1) El Gostorg de la Federación Rusa (Oficina Estatal de Importación-Exportación) fue fundado en 1922, como departamento del Comisariado del Comercio Exterior. (N. Ed.)

(2) Codex Sinaiticus es un manuscrito en griego que se remonta al siglo IV, y el único que contiene la versión íntegra del Nuevo Testamento. Fue descubierto a mediados del siglo XIX en Egipto. (N. Ed.)

(3) Entente o Triple Entente es la designación de la alianza militar formada por Francia, Gran Bretaña y el Imperio Ruso que se opuso en la I Guerra Mundial a la Triple Alianza formada por los imperios alemán y austro-húngaro y el reino de Italia. (N. Ed.)

(4) En el original la unidad usada es el pud (525.000 puds), que equivale a 16.38 kg (N. Ed.)

(5) Torgsin es el acrónimo de torgovlia s inostrantsami (comercio con extranjeros). (N. Ed.)

(6) NKVD es la abreviatura de Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos (N. Ed.)

(7) http://colonelcassad.livejournal.com/1320869.html

(8) Michael Repplier Dohan, “Soviet foreign trade in the NEP economy and Soviet industrialization strategy”, Massachusetts Institute of Technology. Dept. of Economics. Thesis, 1969. (http://dspace.mit.edu/handle/1721.1/41777#files-area)

(9) Arseni Grigoryevich Zverev (1900-1969), “Stalin y el dinero” (en ruso), ISBN: 978-5-4438-0026-4, 2012.

(10) Sergei Kremlov, “Rusia y Alemania, el camino al pacto”, ACT, Moscú, 2004, ISBN: 5-17-024695-1, 5-271-09050-7, 5-9602-0439-8.

 

 

Por Valentine Katassonov

 

 

El blog, obviamente, no suscribe ciertas declaraciones del autor.

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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