Mitos de la industrialización soviética (3º y Última Parte)

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La industrialización soviética como “proyecto geopolítico de Occidente”

 

En nuestro país surgió una tropa entera de autores que ven la industrialización exclusivamente a través del prisma de la geopolítica o de la conspiración.

Se ha hecho muy popular la versión según la cual el proyecto de la “industrialización socialista” no fue concebido por los bolcheviques, ni por Stalin, sino por la élite financiera mundial. La misma que en la época había preparado e implementado el proyecto de la “revolución socialista en Rusia”. Pero una cosa es pagar unos cuantos millones de marcos, dólares, libras esterlinas o francos suizos a conspiradores, agentes clandestinos y rebeldes para hacer lo que hoy se llama “revoluciones naranjas”. Otra, completamente diferente, es destinar varios miles de millones de dólares de entonces (hoy serían cientos de miles de millones) a la industrialización. Las cifras difieren en varios órdenes.

La élite financiera comenzó la preparación de la II Guerra Mundial en los años 20 (no vamos a abordar ahora los fines de tal proyecto). Existen, como hechos, muchas pruebas irrefutables de que fue precisamente con ese propósito que la oligarquía financiera de Occidente (anglosajona) llevó a Adolf Hitler al poder en Alemania y más tarde prestó todo tipo de asistencia para la aceleración del desarrollo económico y la militarización del Tercer Reich, alterando completamente las condiciones del Tratado de Paz de París.
De este modo, los autores de la mencionada versión afirman que la ayuda a Hitler y a Alemania por parte de la oligarquía financiera sería sólo la mitad de su proyecto geopolítico. La otra mitad era la ayuda a Stalin y a la Unión Soviética. Afirman que el objetivo de todo esto era poner cara a cara a Alemania y Rusia en la II Guerra Mundial. No voy a detenerme en discusiones geopolíticas. Todas las versiones geopolíticas son atractivas, pero lo más frecuente es que ninguna de ellas se puede demostrar o refutar hasta el fin.

Voy a tratar sólo el aspecto económico y financiero de la cuestión. De hecho disponemos de un sinnúmero de hechos irrefutables que demuestran la ayuda financiera de Occidente a Alemania en los años 20. Esta ayuda fue prestada a través de inversiones, créditos y préstamos, e incluso a través de la reducción y suspensión temporal del pago de las reparaciones de guerra, establecidas en el Tratado de Paz de París. En particular podemos recordar el plan Dawes, aprobado en 1924 por los EE.UU., lo que llevó a Stalin a formular por primera vez en el XIV Congreso del Partido, en 1925, el slogan de la industrialización socialista, como ya hemos dicho.

En un sentido estricto, Occidente no prestó una ayuda benévola a Hitler. Occidente no tiene el hábito de prestar ayuda benévola a nadie. En lo que toca a la participación del capital anglosajón en la recuperación económica de Alemania, existen muchos libros interesantes, por ejemplo, “Wall Street and the Rise of Hitler“, del Investigador estadounidense Antony Sutton. Pero no podemos encontrar un sólo hecho que demuestre que este tipo de ayuda financiera directa fue prestada a Stalin y a la Unión Soviética.

Los partidarios de la versión “conspirativa” citan a menudo la declaración de Louis McFadden, miembro de la cámara baja del Congreso y Presidente del Comité para la Banca y Divisas en los años 20 hasta el comienzo de la Gran Depresión. He aquí su palabras:

Los banqueros internacionales tuvieron una influencia fatídica en el rumbo de la historia de Rusia (…) con la ayuda de la dirección de la Reserva Federal (…) a través del Chase Bank, el gobierno soviético recibió recursos de las arcas de los EE.UU.. Inglaterra también recibió dinero nuestro a través de la Reserva Federal y después lo prestó al gobierno soviético mediante un alto interés (…) la construcción histórica de la central hidroeléctrica de Dnipro fue financiada con dinero retirado ilegalmente de las arcas de los EE.UU. por banqueros corruptos y deshonestos de la Reserva Federal“.

Lejos de demostrar que los EE.UU. financiaron a la URSS, esta declaración atestigua otra cosa, que ya en esos lejanos años los banqueros de Wall Street metían la mano en las arcas del Estado para prestar dinero a cambio de intereses elevados. Todos recordamos de la reciente crisis financiera, cuando los bancos de EE.UU. recibieron de las arcas federales alrededor de un billón de dólares(1), a través del Plan Paulson (o Troubled Asset Relief Program (TARP)) y otros canales para evadir la bancarrota. Esta fue una clara manifestación del “socialismo bancario” en los EE.UU.. La enorme demanda que fue hecha a la compañía estadounidense Arthur Kahn, para la construcción de 500 empresas en la URSS, fue financiada en realidad por bancos estadounidenses. Pero la Unión Soviética tuvo que pagar este crédito acrecentado por los intereses.

 

La versión “Lev Trotsky a cambio de la industrialización

 

Al mismo tiempo, literalmente desde cero, se crean versiones según las cuales la industrialización de la URSS fue llevada a cabo por iniciativa y con participación financiera de los EE.UU., o incluso que la industrialización era el resultado de un acuerdo entre la oligarquía financiera de los EE.UU. y Stalin. Veamos por ejemplo la versión completamente fantasiosa de A.B. Martirossian:

La URSS no disponía de los medios adecuados para estas enormes adquisiciones (maquinaria y equipos – V.K.]. Ninguna forma de extracción de recursos del campo, que muchos evocan a pesar de que nunca ha existido con un fin en sí mismo, ningún apretar el cinturón, como muchos repiten, ni ningún tipo de medidas, incluyendo la venta de obras de arte, que es a menudo exagerada en la literatura, podrían garantizar importaciones de esta magnitud. Para que la mitad de las exportaciones mundiales de maquinaria y equipos llegasen a la URSS, eran necesario, subrayo, recursos hipercolosales, los cuales la URSS no tenía. Pero aparecieron como resultado de la ingeniosa conversión del “diablo de la revolución”, que era completamente inútil para Stalin, en inversiones norteamericanas. Ahora tenemos aquí una razón para reconocer que “el marxismo no es un dogma, sino una guia para la acción”!

Recordemos que A.B. Martirossian llama a Lev Trotsky “el diablo de la revolución”. Trotsky fue expulsado de la URSS a principios de 1929. No excluyo que Stalin pensase en retirar algunos dividendos políticos de la expulsión de Trotsky, por ejemplo, una relajación del bloqueo por parte de Occidente. Pero la versión de que Stalin consiguió “vender” al “diablo de la revolución” a Occidente por unos pocos miles de millones de dólares supera los límites de la imaginación humana. Para hacer este versión un poco más verosimil, Martirossian la refuerza con otro argumento. Dice así:

El acuerdo fue beneficioso para ambos. A cambio de inversiones, Stalin garantizó a las correspondientes estructuras norteamericanas, no sólo que Trotsky saldría de forma segura de la URSS, sino sobre todo que no sería sometido a juicio. Juicio durante el cual serían públicamente demostradas todas las maquinaciones de “diablo” con el capital norteamericano durante la llamada revolución rusa, con todas las consecuencias extremadamente negativas de ahí resultantes para los EE.UU.. En pocas palabras, se hizo un chantaje muy sutil al capital norteamericano (y occidental en general) en los siguientes términos: sabemos que robastes descaradamente a Rusia durante la llamada revolución. Sabemos con qué medios se desarrolló impetuosamente la economía norteamericana después de la I Guerra Mundial“.

Bien urdido, pero las argumentación no resiste a la crítica. Supongamos incluso que “el diablo de la revolución” sabía mucho y sobre muchos. Supongamos que el capital mundial tenía un miedo terrible de algunas revelaciones. Entonces, en este caso, Stalin debería mantener a Trotsky entre rejas, para mantener a Occidente aterrorizado y tener a su merced a los burgueses americanos y europeos. Hay un proverbio oriental que dice que “el servicio prestado tiene poco valor”, En cuanto al hecho de que estos burgueses robaran descaradamente a Rusia durante la revolución, esto ya era de conocimiento general. Incluso en la conferencia de Génova de 1922, nuestra delegación presentó a estos mismos burgueses una factura detallada de los robos cometidos, en una cantidad del orden de decenas de millones de rublos/oro.

Más tarde, el autor de esta versión dice: “Por un lado, Stalin negoció realmente el destino del “diablo” con los banqueros norteamericanos (…), pero por otro lado les propuso que invirtiesen su capital para protegerlos de la prevista crisis económica mundial“. Por cierto, este autor atribuye a Stalin la capacidad de haber escogido el momento más propicio para iniciar la industrialización. Precisamente el momento en que en los EE.UU. estalló la crisis económica, lo que supuestamente convirtió a banqueros e industriales norteamericanos en más maleables, obligándoles a participar activamente en la industrialización socialista. Ni siquiera merece la pena comentar la afirmación de Martirossian de que Stalin no sólo sabía cuando estallaría la crisis en los EE.UU., sino que la habría organizado él. Stalin era, efectivamente, un político experimentado y talentoso, pero no se le puede atribuir cualquier capacidad sobrehumana.

 

¿Quién proporcionó la maquinaria y los equipos a la URSS?

 

Las estadísticas oficiales del comercio exterior de la URSS nos permite estimar el peso de diferentes países en el proceso de industrialización (ver Tabla VII). Como se observa, durante los años de la industrialización, los principales proveedores de mercancías (especialmente mercancías de inversiones) fueron Alemania y los EE.UU., seguidos de lejos por Gran Bretaña y Francia.

 

Cuadro 7

En los años 20, Alemania era nuestro principal socio comercial (ver Tabla VII). No había en esto nada de sorprendente ya que, en 1922, en Rapallo, nuestros países alcanzaron acuerdos que pusieron fin al aislamiento de la URSS y aliviaron la presión sobre Alemania por los estrictos requisitos del Tratado de Paz de París en 1919.

En 1930-31, los EE.UU. se convirtieron en el primer exportador de la URSS, superando a Alemania. Esto a pesar del hecho de que entre los EE.UU. y la URSS no existían relaciones diplomáticas. En las relaciones económico-comerciales soviético-norteamericanas, entre finales de los años 20 y principios de los años 30, todavía hay hoy muchas incertidumbres. Naturalmente, el desarrollo de estas relaciones se debió en gran parte a la empresa offshore soviética Amtorg, que estableció relaciones comerciales con los bancos y compañías estadounidenses. Los representantes soviéticos mantenían relaciones de trabajo bastante estrechas con los círculos empresariales estadounidenses, a pesar de las declaraciones de Washington, a veces muy agresivas contra Moscú. Así, a principios de 1929 (casualmente en el momento en que Trotsky fue expulsado de la URSS), un grupo de cinco altos representantes de la URSS estaba en los EE.UU.. Sólo sabemos con exactitud que M. Litvinov, Vice-Comisionado del Pueblo del Comercio Exterior se unió al grupo referido. Este quinteto mantuvo conversaciones a puerta cerrada con banqueros estadounidenses. En abril de 1929, con la colaboración del Presidente de la Amtorg, Saúl Bron, fue posible firmar un contrato para el proyecto de construcción de la fábrica de tractores de Stalingrado con la empresa estadounidense Albert Kahn Inc., que pertenecía al famoso arquitecto. En febrero de 1930, la Amtorg y la compañía Abert Kahn Inc. firmaron un contrato en virtud del cual la última desempeñaría funciones de consultor principal del gobierno soviético en materia de construcciones industriales y recibiría un paquete de pedidos de construcción de empresas industriales por valor de 2.000 millones de dólares. Esta empresa llegó a ser responsable de la construcción de 500 instalaciones industriales en la URSS.

Grandes empresas como la Central Hidroeléctrica de Dnipro, la Fábrica de Tractores de Stalingrado y otras, el combinado metalúrgico de Magnitogorsk, la Fábrica de Automóviles de Nizhny Novgorod (ciudad que más tarde recibió el nombre de Gorki) tuvieron origen y características norteamericanas. Las compañías norteamericanas General Electric, Radio Corporation of America, Ford Motor Company, International Harvester y Dupont de Nemours se convirtieron en los socios extranjeros más importantes de la URSS.
Pero estas y muchas otras compañías estadounidenses participaron no como inversores, sino como contratistas, consultores y proveedores de equipos. Los negocios que hacían eran pagados por la Unión Soviética. No excluyo aquí la hipótesis de que Washington podía estar interesado en el fortalecimiento de la Unión Soviética, dentro de sus proyectos geopolíticos.

 

 

Sobre la política internacional y las correcciones a la industrialización

 

Sin embargo, de lo que se trataba era de dinero y no de geopolítica. Lo máximo que Washington podía hacer oficialmente era mitigar las severas restricciones a las actividades de las empresas estadounidenses en la URSS. Recordemos que las relaciones diplomáticas con la URSS se establecieron en 1933. Las empresas estadounidenses empezaron a ser financiadas para exportar mercancías a la URSS a través de la línea de crédito del Banco de Exportaciones-Importaciones. Pero inesperadamente, el Congreso aprobó una ley prohibiendo la financiación a países que no habían pagado sus antiguas deudas con los Estados Unidos, situación en la que se incluía la URSS (algunos investigadores consideran que esta ley fue dirigida desde el inicio contra la Unión Soviética). Como se ha señalado anteriormente, después del establecimiento de relaciones diplomáticas, Stalin esperaba que la URSS pudiese recibir de los EE.UU. un crédito de mil millones de dólares. Sin embargo, estas esperanzas no se materializaron.

Entre 1932 y 1936 se observa un descenso en los suministros de mercancías procedentes de los EE.UU.. Alemania se convierte en el primer socio comercial de Unión Soviética. En nuestra literatura encontramos las más diversas explicaciones de este descenso. Algunos dicen que esto se debió a la llegada de Franklin Roosevelt a la Casa Blanca, decidido a centrarse en los problemas internos de los Estados Unidos. Otros se refieren al fortalecimiento del ala anti-soviética en el establishment norteamericano, que buscó más de una vez asfixiar a la Unión Soviética. Otros creen que esto se debió a que la Unión Soviética no fue capaz de compensar a las empresas estadounidenses de la enorme deuda contraída en el período anterior (1929-1931), etc.

Sin embargo, en la segunda mitad de los años 30, los EE.UU. volvieron a superar Alemania. Entre 1935 y 1940, las exportaciones estadounidenses a la URSS ascendieron a 1,33 mil millones de rublos, mientras que las alemanas se mantuvieron en 881,6 millones de rublos. Esto está relacionado con el aumento (conducción) al poder de Adolf Hitler. Poco a poco comenzó a aumentar la tensión en las relaciones sovietico-alemanas. Algunos investigadores señalan el papel especial del entonces Comisario del pueblo de negocios extranjeros, M. Litvinov, que buscó de diversas maneras obstruir las relaciones entre los dos países.(2)

Además, después de que Litvinov fuese destituido del cargo de Comisario del pueblo de negocios extranjeros en 1939, (fue sustituido por V. Molotov), en agosto de ese año fue firmado un acuerdo económico y comercial con Alemania, que se convirtió nuevamente en el primer proveedor de maquinaria y equipos de la URSS. Sobre todo porque estos suministros fueron cubiertos por un crédito, por la cantidad de 200 millones de marcos, concedido, como ya hemos mencionado, por un período de cinco años. Con la ventaja de destinarlosexclusivamente a suministros de bienes de inversiones.

Como se lee en el segundo punto del acuerdo del financiamiento del 19 de agosto 1939, “son objeto de órdenes adicionales (complementarias en relación a las realizadas antes de aquella fecha (VK)) exclusivamente los suministros para fines de inversión, es decir, principalmente:

– Equipo para fábricas y empresas;
– Instalaciones, equipos;
– Maquinaria y maquina-herramientas de todo tipo;
– Construcción de aparatos;
– Equipos para la industria petrolera;
– Equipo para la industria química;
– Material para la industria electrotécnica;
– Embarcaciones, medios de movilidad y transporte;
– Instrumentos de precisión;
– Equipo de laboratorio“.

La lista de los bienes de inversión, incluida en el acuerdo de financiación, muestra que en 1939 la URSS ya estaba en un nuevo nivel de industrialización, en el que la atención principal era dada, no a la metalurgia o la energía, sino a la construcción de máquinas, la ingeniería eléctrica, la producción de dispositivos complejos. Muchas máquinas y dispositivos que la URSS compraba a Alemania eran artículos con “doble uso”, es decir, podían ser empleados, y eran, en la producción de armas, municiones y equipo militar. Los alemanes sospechaban de esto, pero mantuvieron los suministros a la URSS. Esta es una de las paradojas y enigmas más importantes de la industrialización soviética.

 

 

Sobre algunos comentarios y versiones de los lectores

 

Al leer los comentarios en internet sobre las puntos anteriores de este artículo, veo que muchos lectores creen realmente que los EE.UU. financiaron a fondo perdido las importaciones soviéticas de maquinaria y equipos. Es una versión totalmente fantasiosa. Sin embargo, en los años 30, los EE.UU. continuaban agonizando, sumidos en la crisis, con grandes déficits presupuestarios y un aumento incesante de la deuda pública. En esta situación de declive económico es poco probable que el gobierno de EE.UU. comenzase a financiar a fondo perdido a la Unión Soviética. La idea de la financiación a fondo perdido a la Unión Soviética en los años 30 es tan fantasiosa como, por ejemplo, la idea de que Occidente ahora dará dinero a Ucrania recuperar su economía y restaurar el orden en el país.

En una de mis conferencias sobre la economía de Stalin, hubo un participante con una versión tan “fresca”, que aún no había pasado por la cabeza de ningún investigador de la economía de Stalin, creyente de la teoría de la conspiración. En su idea, la industrialización podría haber sido pagada por una emisión adicional (por supuesto, secreta) de la Reserva Federal. ¡Fantástico!

Durante la última crisis financiera de 2008-2009 fue descubierto, de hecho, un caso de estos: La Reserva Federal concedió en secreto financiación, casi sin interés, a los mayores bancos de Wall Strett y de la City de Londres, por importe de 16 billones de dólares. Pero la historia fue revelada e incluso dio origen a una auditoría parcial a la Reserva Federal. Se supo que el dinero se había destinado a salvar y fortalecer aquellos bancos que constituyen los principales accionistas de la Reserva Federal.

Me he dado cuenta de que en los años 30 la “impresora” de la Reserva Federal no podía correr demasiado rápido, ya que las reservas de oro constituían un límite, como más tarde fueron los certificados de oro. La emisión de dinero estaba “amarrada” a estas “anclas”. Además, hay que tener en cuenta que en 1930, la Reserva Federal tenía un comportamiento mucho más modesto y prudente que hoy en día, en el siglo XXI. A pesar de todo, durante el período del New Deal, los bancos fueron fuertemente presionados. Por lo tanto, esta versión sólo puede ser clasificada como una ingeniosa fantasía.

 

 

Valter Krivitsky, el autor de la versión de los “dólares falsos”

 

Todavía existe otra versión exótica sobre las fuentes de financiación de la industrialización, la cual podemos definir como “dólares falsos “. Esta versión apareció en los años 30, en el momento en que la industrialización estaba en su apogeo. Los narrativa más completa sobre los llamados “dólares falsos de Stalin” fue presentada por Valter Krivitsky, en sus memorias “Yo fui agente de Stalin: Notas de un espía soviético“. En primer lugar, algunas palabras acerca del autor. Valter Guermanovitch Krivitsky (nombre real, Guinzberg Samuil Guerchevitch, 28 de junio de 1899 – 10 de febrero de 1941) fue una figura de los órganos de seguridad del Estado ,ocupó un alto cargo en el Departamento Exterior del Ministerio de Relaciones Internas (INO-NKVD) y acabó como desertor. En 1937, durante una misión en el extranjero, decidió quedarse en Occidente. Vivió los últimos años de su vida en los EE.UU., donde escribió las memorias. La mencionada historia es contada en el cuarto capítulo del libro, bajo el título de “Cómo Stalin fabricaba dólares“. Por eso, la versión de los “dólares falsos” puede ser designada como la “versión de Krivitsky”.

La historia se resume al hecho de que, a principios de los años 30, fue detectada una gran cantidad de billetes falsos, principalmente de cien dólares, por primera vez en Berlín, un poco más tarde en otras ciudades europeas, y luego fuera de Europa. Esto puede ser confirmado a través de la prensa de la época. El caso se originó en el banco Sass & Martin, a través del cual transitaron grandes cantidades de dólares falsos. La investigación llegó a descubrir que el banco había cambiado varias veces de manos, y que sus últimos propietarios tenían, supuestamente, convicciones socialistas o comunistas. Entonces surgió la sospecha de que el banco había sido adquirido por testaferros de Moscú. Supuestamente, los órganos de seguridad del Estado habían montado una producción a gran escala de billetes falsos de elevada calidad técnica, los cuales fueron legalizados en Occidente a través de su gente (la red del Comitern) y bajo la supervisión de las estructuras bancarias del tipo Sass & Martin. Krivitsky dice que toda la operación fue organizada para financiar la maquinaria y los equipos destinados a la industrialización. Algunos detalles ingeniosos crean en el lector la idea de que el principal organizador de esta producción masiva de falsos dólares habría sido Stalin.
Subrayamos que la calidad de la falsificación era, de hecho, muy elevada, y tardó algún tiempo en ser detectada. Los falsificadores consiguieron poner en circulación una gran cantidad de billetes falsos. Hay estimaciones que hacen referencia a cientos de millones de dólares.

 

 

Algunos comentarios

 

Antes de nada hay que destacar que la participación de Moscú o del propio Stalin en este caso no ha sido demostrada, hasta la fecha.

Pero incluso si la URSS tuviese, de hecho, capacidad para imprimir y poner en circulación cientos de millones de dólares, esta cantidad sería relativamente pequeña y no podría resolver el problema de la financiación de la industrialización en divisas.

Además, después de la I Guerra Mundial, el comercio mundial se efectuaba a través de transacciones bancarias en lugar de dinero en efectivo. Existía, naturalmente, un comercio de contrabando que se llevaba a cabo con dinero y oro, pero esto constituía una rareza. No se puede ni siquiera imaginar el pago en efectivo de suministros de maquinaria, equipos y fábricas enteras. Ni siquiera vale la pena perder el tiempo en explicaciones.

A pesar de la alta calidad de la falsificación de los billetes falsos, dificilmente se podría admitir que la falsificación no sería descubierta. La eficacia del dinero falso es inversamente proporcional a la cantidad de valores puestos en el mercado. Por otra parte, a finales de los años 20 e inicio de los 30 había una gran cantidad de dólares falsos en circulación para los estándares de la época.

 

industrializazija

 

Repito que el descubrimiento en 1930 de dólares falsos en varios países del mundo es señalada por varios periódicos y expertos, siendo imposible confinar todos estos casos a la versión de Krivitsky. Según otras versiones, detrás de estas peraciones estaban gángsters estadounidenses, grupos alemanes de crimen organizado y hasta criminales georgianos. A. B. Martirossian afirma que la policía alemana, con la colaboración de los servicios soviéticos, consiguió identificar a los miembros de un grupo criminal georgiano.

El autor afirma que este grupo georgiano estaba al servicio de círculos anti-soviéticos occidentales. Además de dólares falsos, también se dedicaban a la falsificación de billetes soviéticos con el fin de socavar el sistema financiero de la URSS. Martirossian añade que los criminales georgianos fueron juzgados en Alemania y condenados a prisión.

En conclusión, quería destacar que el dinero falso es un medio muy usado en las guerras. Napoleón lo utilizó ampliamente en sus numerosas invasiones. Cuando entró en Rusia, en 1812, puso en circulación rublos falsos. Durante la II Guerra Mundial, Hitler también utilizó billetes falsos a gran escala, junto con los reichsmark especialmente emitidos para los territorios ocupados. En la URSS surgieron una gran cantidad de rublos impresos en tipografías alemanas.

Recuerdo estos aspectos porque a los “críticos” de Stalin les gusta citar a Krivitsky para difamar. Pero admitimos que Stalin utilizó, efectivamente, dólares falsos. No veo aquí nada que objetar.

En los años 20, Occidente organizó un severo bloqueo contra la URSS. Más allá de eso, la Unión Soviética estaba bajo la amenaza de una nueva intervención militar. Osea, se estaba llevando a cabo una guerra no declarada contra la Unión Soviética. ¿Por qué razón Stalin no podía utilizar en esta guerra el arma sobradamente probada del “dinero falso”? ¿O debemos apoyar a aquellos que han comenzado a censurar a Stalin por haber ofrecido una firme resistencia a Hitler, después de la invasión del territorio de la URSS?
Respecto a los dólares hoy acumulados por el Banco de Rusia, ¿no serán falsos? Desde que el tapón “oro” fue retirado, hace 40 años, la impresora de la Reserva Federal comenzó a funcionar a toda velocidad. Es decir, se puso fin a la convertibilidad del dólar en oro y fueron abolidas las emisiones de oro norteamericanas. Hoy en día, “los billetes verdes” de la Reserva Federal no tienen ningún tipo de garantía.

Por lo menos, los EE.UU., pudieron haber utilizado estos dólares falsos para la industrialización. Pero su potencial industrial desaparece ante nuestros ojos. Detroit, la capital de fabricación de automóviles, se ha convertido en un pueblo fantasma. Detroit, que en su tiempo, ayudó a la Unión Soviética a construir fábricas de automóviles, ahora es un símbolo de la desindustrialización de los Estados Unidos. Los dólares falsos son utilizados exclusivamente para el consumo parasitario de los EE.UU., así como para pagar las aventuras militares de Washington en varias partes del mundo.

Así que, si hay razón para discutir el tema de los “falsos dólares” no es seguramente el propósito de la industrialización de la URSS. Basta ver lo que nos rodea para darse cuenta de que el mundo está inundado de “dólares falsos”, lo que constituye un menaza para toda la humanidad.

 

La “expropiación de los expropiadores” o “la segunda privatización”

 

Todavía hay una versión, que prácticamente no se ha reflejado en los medios información de masas y en la literatura histórica, según la cual la industrialización fue llevada a cabo a costa de los recursos robados al pueblo en los primeros años de la revolución y llevados al extranjero por los “ardientes revolucionarios”. Según se informa, en los años 30, Stalin “expropió a los revolucionarios”, y con estos recursos en divisas habría financiado la industrialización.

Esta versión me fue transmitida hace más de 30 años por “viejos” comunistas que vivieron, militaron y trabajaron en esos “malditos” años 30. En los “estancados” años 70 y 80, esta historia era susurrada solamente en círculos demasiado privados. Estas personas hace mucho que nos dejaron. Pero la cuestión permanece. Quizás sea de este tiempo que se despertó en mí un gran interés por el tema de las fuentes de financiación de la industrialización de la URSS. No puedo reproducir esta historia tal como me fue contada. Ni siquiera recuerdo todos los detalles. Encontré una única versión en el artículo publicado en internet por un tal Sergei Sukhoboka, titulado “Tras el telón de la crisis. El negocio oscuro de la industrialización“.(3)

Es de sobra conocido el slogan de los bolcheviques de “expropiar a los expropiadores” en los primeros años de la revolución. Sin embargo, a menudo, la “expropiación” no se efectuaba en beneficio del “Estado de los obreros y campesinos”, sino en beneficio personal o para en beneficio de un grupo muy pequeño de personas, entre las que estaba la más fina élite de los “expropiadores”. Es decir, no se comprobaba una nacionalización de los bienes, sino una “segunda privatización”.

El cuadro más completo de esta “segunda privatización”, en los primeros años del poder soviético, fue esbozado por Igor Bunitch en el libro “El oro del partido”(4), donde se relata un episodio de desvío de valores del Estado, ocurrido en 1921, que fueron a parar a las cuentas de bolcheviques en bancos de los Estados Unidos y Suiza. Sin embargo, también se depositaron cantidades dilapidadas en bancos de Suecia, Gran Bretaña y otros países. Este proceso de salida de riquezas continuó unos años, remitiendo a finales de 1922, pero sólo terminó realmente en 1925, cuando Stalin reforzó sus posiciones en el partido y en el gobierno.

Ya he abordado aquí el tema de la salida de oro de Rusia (Parte VI). Agrego sólo algunos detalles. El oro salía de Rusia a través de diversos canales y bajo diversos pretextos, como fue el caso del “oro de las locomotoras” y también el “oro del Komitern”.

El “oro de las locomotoras”, como ya se ha señalado, fue para Suecia para, supuestamente, la compra de maquinaria para las vías de tren de Rusia. (No sólo Rusia no recibió todas las unidades establecidas en el contrato, sino que los precios fueron inflados). Este proceso fue dirigido por Trotsky, que entre otras funciones asumió el cargo de Comisario del Pueblo de Vías de Comunicación, precisamente, para hacer frente a esta operación. Además, Trotsky tenía varios canales para enviar el oro al extranjero, cuyo destino final eran los EE.UU., donde vivía el banquero Jivotovski(5), su tío y socio, que le ayudó a convertir el metal en divisas y a  depositarlas en bancos de Estados Unidos.

El “oro del Komintern” se destinaba, en teoría, a apoyar la lucha de los comunistas de otros países para la victoria de la revolución socialista en el mundo. Recordamos que en marzo de 1919 se celebró en Moscú un encuentro de revolucionarios de todo el mundo, en el que se decidió coordinar esfuerzos para avivar el incendio de la “revolución mundial”. Así se creó la Internacional Comunista. Los bolcheviques rusos prometieron a sus camaradas no sólo apoyo ideológico, sino también material. La verdad es que, ni de lejos, todos los recursos llegaron a los revolucionarios de otros países (a veces casi nada). El “oro del Komintern” procedía de las reservas de la Comisión de Finanzas, así como de “la caja del partido”, que estaba bajo el control personal de Lenin. Cuando la enfermedad lo obligó a alejarse de la actividad, Zinoviev, que era la primera figura del Komitern, pasó a gestionar los fondos.

Las dimensiones de la salida de oro de Rusia entre 1921 y 1922 pueden ser evaluadas por los datos recopilados por el investigador V. Chambarov: (6)

En Estocolmo, Olof Aschberg (director de un banco sueco que colaboraba activamente con los bolcheviques) propuso a todas las partes interesadas “cantidades ilimitadas de oro” a través de bancos suecos. Aquí es donde se hacía el “lavado”. El oro ruso era enviado después a otros países con nuevas marcas. El director del Palacio de la moneda sueca dijo que, entre el 1 de enero y el 22 de abril de 1922, habían sido expedidas 70 toneladas de oro. La mayor parte fue a los EE.UU.. En ese momento, el New York Times tituló la primera página: “Diluvio de oro en la cámara”, afirmando que “en ocho meses de 1921 los EE.UU. importaron oro por valor de 460 millones de dólares. De ellos, 102,9 millones de dólares estaban en las cajas fuertes de Kuhn, Loeb & Co (…) la cámara no tenía capacidad para verificar una cantidad tan grande de oro y parte de él fue enviado a San Francisco“.

Dado que el precio del oro en esa época rondaba los 20 dólares por onza, fueron importadas 23 millones de onzas, es decir, cerca de 715 toneladas de metal, de las cuales más de cinco millones de onzas (160 toneladas) estaban en las arcas de Kuhn, Loeb & Co.

Los conocidos empresarios Hammer (el padre Julios y el hijo Armand) tuvieron un papel importante en la venta de los valores robados en Rusia. Los Hammer enviaban reliquias religiosas a través de Talin, que era una especie de “corredor verde” para las operaciones de contrabando de los bolcheviques. En este negocio participaban también Jivotovski (el tío banquero de Trotsky), Aschberg (banquero sueco, presidente del NIA-Bank), Reilly (agente de contrainteligencia británica) y varios otros agentes del servicio secreto. El historiador contemporáneo R. Spencer concluyó: “Podemos decir que la revolución rusa dio paso al mayor saqueo de la historia. Millones y millones de dólares en oro y otros objetos de valor desaparecieron. Otros recursos y cantidades en efectivo fueron trasladados en secreto a otros parajes. La tarea de la gente como Sidney Reilly y Julius Hammer era llevar a cabo dichas transferencias“.(7)

 

 

La expropiación de los “ardientes revolucionarios”

 

De este modo fueron sacadas de las fronteras de Rusia enormes riquezas que habían sido acumuladas durante muchas décadas e incluso siglos en el imperio ruso.

En la dirección del país, sólo algunas personas tenían una información completa sobre el qué y el cuánto, dónde estaba y a qué nombre. Probablemente, en este grupo estaban Lenin, Dzerzhinsky, Trotsky y Stalin. Los dos primeros murieron prematuramente y Trotsky fue expulsado del país en 1929. A comienzos de la industrialización, Stalin podría ser la única persona que poseía las listas. Stalin estaba al tanto de muchas cosas, ya que, en los años de la transferencia de oro macizo, ocupaba los importantes cargos de Secretario General del CC del PCUS (b) y del Comisariado del Pueblo de la Inspección Obrera-Campesina. Este Comisariado del Pueblo era el principal órgano de control estatal, equivalente a la actual Cámara de Cuentas, distinguiéndose, sin embargo, por sus amplios y plenos poderes. Stalin ocupó el cargo de comisario del pueblo de la inspección entre el 24 de febrero de 1920 y el 6 de mayo de 1922. Como secretario general del partido, Stalin acompañaba la Comisión Central de Control del PCUS(b), que mantenía estrechos vínculos con Inspección Obrero-Campesina. Así, desde 1920, Stalin estaba al corriente de todas las operaciones financieras secretas del partido, del Comisionado de Finanzas, del Banco del Estado y de la Checa(8). Hay que señalar que al inicio de la industrialización todavía permanecían en las filas del partido muchos “ardientes revolucionarios” que tenían cuentas bancarias en el extranjero.

Stalin estaba bien informado a cerca de la existencia de capitales en el extranjero, pero no lo sabía todo, incluyendo las contraseñas y los códigos que daban acceso a las cuentas. En los procedimientos de los años 30 contra la “oposición” en el partido, muchas figuras fueron acusadas ​​de alta traición, de vínculos con el espionaje occidental, etc. Estas acusaciones no eran infundadas, ya que la “oposición” en el partido tenía, de hecho, intereses particulares en Occidente. Stalin fue pragmático. Necesitaba “neutralizar” a la oposición, que era o podía convertirse en la quinta columna en el interior de la URSS. Stalin obtuvo de los acusados las contraseñas y los códigos de acceso de las cuentas bancarias en Occidente, prometiendo salvar la vida de los “ardientes revolucionarios”. Con raras excepciones, la promesa no era mantenida.

La mayor excepción fue Trotsky, a quien permitió salir del país, llevando consigo un enorme archivo personal. Al parecer, el rescate por la vida de Trotsky fue una de las principales consecuencias. Después de obtener la información necesaria, varios agentes soviéticos fueron enviados por Stalin al extranjero y recaudaron el dinero de las cuentas bancarias secretas. Después transfirieron los fondos a las cuentas de las compañías occidentales que tenían pedidos de la URSS. Martirossian, investigador de la época de Stalin, al abordar este asunto, considera que Stalin sabía algo, pero no todo sobre las cuentas de los “ardientes revolucionarios”. Por eso fueron realizadas investigaciones permanentes con la ayuda de los servicios de información para localizar el dinero y el oro extraído de Rusia a comienzos de los años 20.

Stalin (…) después de la muerte de Lenin y hasta el final de su vida condujo la Operación “Cruz”, destinada a encontrar las riquezas robadas de Rusia. Se recuperó mucho, pero una gran parte, si no la mayor, quedó para siempre en el extranjero“.(9)

Martirossian afirma que las cuentas bancarias de los “ardientes revolucionarios” eran personales y no permitían el acceso al portador legítimo. Sin embargo, una de las exigencias de Lenin era que las cuentas fuesen accesibles al portador legítimo y a ciencia cierta que así fue al principio. Después, algunas fueron transformadas en cuentas personales. Pero no todos los “ardientes revolucionarios” pusieron las cuentas a su propio nombre. Por eso Stalin consiguió, en realidad, recuperar una parte del dinero.

No se descarta que en la realización de estas operaciones bancarias en los EE.UU., nuestros emisarios hayan contado con la ayuda del omnipresente Armand Hammer. Al principio trabajó con Lenin, Trotsky, Zinoviev y otros, luego pasó a colaborar con Stalin. Este es el mismo Hammer que fue amigo personal de todos los líderes soviéticos, empezando por Lenin y terminando por Gorbachov. Para él los negocios siempre eran lo primero, las opiniones políticas de los residentes del Kremlin le interesaban poco. En 1990 tuve la oportunidad de estar presente en una iniciativa en el Kremlin, donde vi a Hammer con Gorbachov. Se veía que eran amigos íntimos.

En el artículo ya mencionado de Sergei Sukhobok son referidos varios documentos y hechos relacionados con esta cuestión. Por ejemplo, se dice que después del asesinato de Trotsky, fueron encontrados 800 millones de dólares (de la época) en cuentas bancarias pertenecientes a este “ardiente revolucionario”, en los bancos de México y de los EE.UU.. También se afirma que en 1922 se produjo un gran escándalo en el partido bolchevique, cuando la Inspección Obrero-Campesina descubrió cuentas bancarias en el extranjero anombre de Zinoviev por la cantidad de 400 millones de dólares. Se dice, además, que a través de Hammer, fueron trasladadas desde Rusia a los EE.UU. riquezas equivalentes a un billón de dólares actuales.

Desafortunadamente, el autor no proporciona ninguna fuente en la que se haya basado para llegar a estos números absolutamente desproporcionados.

Sin embargo, la cuestión permanece, ya que hay pruebas suficientes de que en los primeros años del poder soviético salieron del país grandes cantidades de oro y otros valores. Hay evidencias de que estos valores estuvieron en Suecia, América y Suiza. Pero, por ahora, no se conocen documentos que acrediten su recuperación por la URSS. Es posible que existan. Muchos archivos permanecen cerrados por la sencilla razón de que sus materiales revelarán otra cara de este período lejano de nuestra historia. La imagen “iconizada” de algunos “ardientes revolucionarios” acabará por los suelos y, por el contrario, se iluminará la figura de Stalin como verdadero líder del país.

 

 

La segunda industrialización de Rusia y su financiación en divisas

 

En esta serie de artículos sólo hice un esbozo esquemático de la cuestión de las fuentes de financiación de la industrialización de los años 30. Es un tema de gran actualidad, ya que la economía rusa actual llegó al mismo estado de letargo en el que estaba la economía de la URSS a mediados de los años 20. El potencial industrial de Rusia fue destruido, y necesitamos una nueva industrialización. En esta parte final abordaré algunos de los problemas actuales de esta segunda industrialización.

Afortunadamente hoy disponemos de la experiencia de la industrialización socialista, que tenemos el deber de usar. Es posible realizar la industrialización en una década. Todo depende de la llamada “voluntad política”. Tal voluntad sólo puede emanar de un líder político con una orientación verdaderamente nacional. Hoy en día no lo tenemos, pero si ese líder aparece, entonces la experiencia Stalin le puede dar una inestimable ayuda.

Creo que en la lista de las tareas prioritarias más urgentes de ese salvador de Rusia estará la industrialización. Se expone inmediatamente la cuestión de las fuentes de financiación de esa industrialización. Es imposible evitar grandes gastos en divisas. Por desgracia ya casi no tenemos producción propia de maquinaria y equipos. Por eso muchos bienes de inversión tienen que ser importados.

Hoy en día disponemos de los siguientes recursos para financiar la segunda industrialización:

– Las reservas de oro del Banco de Rusia;
– Las reservas de divisas de nuestros fondos soberanos (el Fondo de Reserva y el Fondo Nacional de Bienestar);
– Los ingresos anuales de las exportaciones, que asciende a 600 mil millones dólares, con la particularidad de que, en los últimos años, el saldo del comercio exterior ha presentado importantes saldos positivos.
– Los cientos de miles de dólares en poder de los ciudadanos y personas jurídicas rusas en el extranjero, en cuentas bancarias, en valores, bienes inmuebles, etc.

 

 

Control estatal de los recursos en divisas

 

Algunas fuentes de divisas son meramente potenciales, ya que no es posible movilizarlas de inmediato para llevar a cabo la industrialización. Me refiero, en primer lugar, a los cientos de miles de millones de dólares en activos financieros colocados ilegalmentes en offshore. Hacerlos regresar a la patria será tan difícil como fue en los años 30 recuperar el dinero y el oro que los “ardientes revolucionarios” llevaron al extranjero después de la revolución. Es posible que una parte de los recursos evadidos del país por nuestros oligarcas, funcionarios corruptos y otros cleptómanos similares, a lo largo de los últimos 20-25 años, sean irrecuperables. Pero las reservas de oro de la Federación Rusa, que ascienden a 500 mil millones de dólares, y una parte de los ingresos anuales de las exportaciones serían suficientes para iniciar la segunda industrialización de Rusia.

No podemos engañarnos con las cantidades astronómicas de las reservas e ingresos en las divisas actuales de Rusia. Por ahora, no van más allá de valores virtuales. Ante nosotros existe la doble tarea de consolidar todos los recursos en divisas bajo el control del Estado y asegurar la máxima eficaciaen la utilización de los recursos movilizados. La primera tarea se divide en una serie de tareas más concretas. Puede parecerle al lector que las reservas de oro y divisas del país ya están controladas por una sola institución del Estado, el Banco de Rusia (Banco Central de la Federación Rusa). Pero hay una paradoja desagradable relacionada con nuestras reservas de divisas.

Por un lado, estas reservas representan el resultado financiero de la actividad de nuestra economía, de todo nuestro pueblo. Por otra parte, estatutariamente, el Banco de Rusia no está incluido en la categoría de los órganos de la administración del Estado, actúa con independencia del Estado y puede incluso actuar en detrimento de los intereses del Estado. Para eso tiene la cobertura de la Constitución y de la ley federal del Banco Central de la Federación Rusa, necesitando sólo evocar cualquier nebuloso argumento acerca de la necesidad de mantener la estabilidad del rublo, de su valor de cambio, de los precios, etcétera Por lo tanto, la primerísima condición para el éxito de la segunda industrialización es la establecimiento de un control real del Estado sobre el Banco de Rusia, convirtiéndolo en una institución nacional, responsable de financiar la industrialización con las cantidades necesarias en rublos y divisas.

La necesidad de realizar la segunda industrialización en Rusia es admitida por muchos economistas con sentido común, que enumeran ciertas condiciones indispensables para su realización. Estas condiciones son, en primer lugar, la intensificación del papel del Estado en la vida económica del país, el fortalecimiento del principio de centralización en la dirección de la economía, el paso a la planificación a medio plazo, la reorientación del Banco de Rusia para la financiación del sector de la economía real, el regreso de un sistema bancario unificado, etc. Desafortunadamente, por cualquier razón, casi nunca dicen que en la categoría de estas condiciones primordiales también se debe incluir el monopolio estatal sobre el comercio exterior y sobre las divisas. Sin estos dos tipos de monopolio estatal, la industrialización de Stalin no habría podido llevarse a cabo.

 

 

El monopolio estatal sobre el comercio exterior

 

Hoy en día, en los medios de comunicación y en la literatura económica es raro hablar del monopolio estatal del comercio exterior (MECE), y cuando se trata es casi siempre en un sentido negativo. La mayoría de los manuales de economía inculcan en los alumnos las ideas del liberalismo, y este monopolio está en las antípodas del liberalismo económico. He aquí un ejemplo de esta visión liberal contenida en los manuales de relaciones económicas internacionales: “La historia del desarrollo del monopolio estatal demuestra que, al igual que cualquier monopolio, se trata de un medio extremadamente irracional de regular la economía; en él florece la corrupción, el paternalismo combinado con una extrema ineficiencia del sistema de regulación“.

Además de esto, el manual no está dando ninguna explicación inteligible de lo que es el MECE.

Una explicación clara de lo que es el MECE sólo puede ser encontrada en la Gran Enciclopedia Soviética, que dice: “El monopolio estatal del comercio exterior es la concentración en las manos del Estado de la dirección de todo el comercio exterior del país“.

 

34

 

En aras del rigor, hay que reconocer que la presencia del Estado en el ámbito del comercio exterior, y en general en la esfera de las relaciones económicas, ya existía en el capitalismo. El capitalismo representa un modelo económico de sociedad, en el que las relaciones económicas externas desempeñan necesariamente un papel particular. En la etapa de implantación, el capitalismo precisa de la protección de los competidores extranjeros, por eso el Estado persigue una política de proteccionismo, cerrando el mercado interior con la ayuda de tasas aduaneras. En la etapa de refuerzo de las posiciones del capitalismo y de su expansión hacia fuera de de las fronteras nacionales, el Estado ayuda a las compañías nacionales a conquistar los mercados externos, así como las fuentes de materias primas baratas, a través de la concesión de beneficios fiscales, subvenciones a la exportación y otros mecanismos económicos. En caso de necesidad recurre a la fuerza, enviando sus buques militares a las costas de los países conquistados por el capital. El capitalismo “maduro” simplemente no tiene condiciones para sobrevivir dentro de los límites de las fronteras nacionales, debido a la contradicción insalvable entre la acumulación de capital y la limitación del poder de compra solvente del mercado interior. Resumiendo, el Estado siempre ha interferido en el comercio exterior, y a veces incluso en la esfera de las operaciones en divisas. Justo en los albores del capitalismo europeo surgió la “escuela de los mercantilistas”, que atribuía al Estado un papel relevante en el comercio externo. Sin embargo, el Estado nunca ha tratado de sustituir el capital privado en materia de las relaciones económicas externas, sino que simplemente las regula y apoya el capital privado nacional.

 

 

Las dos funciones básicas del monopolio estatal sobre el comercio exterior

 

El establecimiento del monopolio estatal en materia de comercio exterior, establecido por los bolcheviques poco después de la revolución de 1917 (Decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo del 22 de abril de 1918), no tenía precedentes históricos. El Estado se convirtió en el único y exclusivo agente en las relaciones económicas y comerciales externas, interviniendo como mediador y “amortizador” entre los actores de la economía nacional y las compañías extranjeras. A Grosso modo, el MECE tiene dos funciones: a) proteccionista; b) constructivo.

La función proteccionista consistía en la defensa de la economía nacional de la URSS de la anarquía del mercado capitalista mundial, de la expansión económica de los monopolios occidentales y de diversos tipos de diversión por parte de los estados imperialistas.

Cabe señalar que, cerca de una década después de que la URSS hubiese implantado el MECE, provocó en todo el mundo una grave crisis económica. Incluso los países más ricos (EE.UU. y Reino Unido) sufrieron gravemente con esta crisis, la que, por cierto, no consiguieron superar totalmente hasta el inicio de la II Guerra Mundial. Antes de la Revolución, también Rusia pasó por varias crisis, al igual que países occidentales, donde el viento soplaba hacia el interior de nuestras fronteras. Gracias al MECE, la economía de la URSS no dio ninguna señal de crisis ni en 1929 ni en los años siguientes. Durante el período que duró el MECE en la URSS (alrededor de 70 años) se sucedieron varias crisis en el mundo, y gracias al “amortizador” del MECE ninguna de ellas pudo influenciar de forma determinante a la economía soviética.

La necesidad de protección de la economía soviética provenía del hecho de que el mercado mundial estaba dominado por monopolios gigantes. La pequeña y mediana empresa nunca fue competitiva en los mercados internacionales. Incluso empresas soviéticas relativamente grandes parecían pigmeos al lado de los monopolios occidentales y estaban condenadas al comercio desleal en el plano exterior. Ni siquiera hablo de las numerosas diversiones en contra de la economía de la URSS. Pero ni una sola una vez, gracias al “amortizador” del MECE, estas diversiones tuvieron el efecto previsto por sus organizadores.

La función constructiva consistía en la subordinación del comercio exterior a la resolución de las tareas de la construcción socialista, al cumplimiento de los planes de desarrollo de la economía de la URSS con la máxima eficacia. Desde de la II Guerra Mundial, cuando emergió una serie de países socialistas, creando el campo socialista, el MECE se convirtió en un importante instrumento de integración socialista International. Además, gracias al MECE, la Unión Soviética podía prestar ayuda eficaz a los países en desarrollo (tercer mundo), que se decidían por la vía del desarrollo no capitalista.

 

 

Condiciones del funcionamiento eficaz del MECE

 

Para establecer el monopolio estatal del comercio exterior no basta con aprobar un decreto. La legislación puede ser muy justa y no ser cumplida por nadie. Además, hay que reconocer que en los primeros años de la introducción del MECE por los bolcheviques se encontraron numerosas violaciónes de la ley. Hago hincapié en esto, en particular, porque algunos patriotas y políticos abogan por la introducción inmediata en la Rusia “democrática” del monopolio estatal del comercio exterior. Me temo que en este caso está poniendo “el carro delante de los caballos“.

Por lo tanto, son necesarias tres condiciones para introducir el MECE:

1) El poder político debe estar en manos de las fuerzas que realmente están comprometidas con la creación de un Estado fuerte e independiente. Además de eso, estas fuerzas deben apuntar a un modelo social y económico totalmente ajeno al capitalismo, ya que el monopolio estatal del comercio exterior es incompatible con el capitalismo.

2) La gran industria debe ser socializada, como el transporte y el sistema bancario, es decir, los principales motores de la economía nacional deben estar en manos de las fuerzas políticas antes mencionadas.

3) El MECE debe ser complementado obligatoriamente con el monopolio estatal de divisas.

Los bolcheviques (particularmente Stalin) comprendían perfectamente la importancia de estas condiciones. Por eso, aunque tuviesen el poder político desde 1917, la socialización de la gran industria, de los transportes y del sistema bancario exigió un cierto tiempo. En paralelo con la creación del sistema de MECE, los bolcheviques llevaron a cabo la nacionalización de las empresas controladas por el capital privado, incluido el extranjero. El proceso de socialización se completó en lo esencial a finales de los años 20, principios de los años 30, momento en que se inició la industrialización de la URSS.

 

 

El monopolio estatal de las divisas

 

El monopolio estatal de las divisas (MED) consiste simplemente, en primer lugar, en la concentración en manos del Estado de todas las divisas y valores equivalentes (especialmente el oro), y en segundo lugar en la realización por parte del Estado de todos los pagos internacionales.

El MED también desempeña las funciones proteccionistas y constructivas y es también una especie de “colchón” que protege el sistema monetário-creditício del país en relación al sistema monetario internacional (SMI). ¿Por qué razón es necesaria esa protección? Porque el SMI afecta a la anarquía del capitalismo (y a sus crisis). Además, Occidente podría utilizar los canales del SMI para llevar a cabo una acción de sabotaje contra la URSS.

El MED tiene un importante papel constructivo. Garantizó la utilización más eficiente de los recursos en divisas del país con vista a la realización de los planes del desarrollo de la economía nacional de la URSS. Este papel constructivo se manifiestó más claramente en los años de la industrialización, cuando el Estado socialista, a pesar de disponer de recursos en divisas muy limitados, logró garantizar la importación de una gran cantidad de maquinaria y equipos. Gracias al MED, las organizaciones soviéticas del comercio exterior, incluso en el auge de la crisis de los años 30, cumplieron puntualmente sus obligaciones financieras con las empresas occidentales.

El monopolio estatal de las divisas sólo formó plenamente en la URSS en 1928, cuando fueron completamente prohibidas las operaciones en divisas por parte de personas físicas y jurídicas. Un poco más tarde, incluso se prohibió la tenencia de divisas, excepto en ciertos casos definidos por la ley. Las empresas y organizaciones que operaban en la exportación e importación convertían los rublos nominales en divisas o, a la inversa, convertían las divisas recibidas en rublos, según los cambios fijados. En la contabilidad de las empresas soviéticas sólo se utilizaba el rublo.

El Banco del Comercio Exterior (Vnechtorbank) era el principal agente del Estado soviético en el desempeño de las funciones del MED. Financiaba el comercio exterior, efectuava los pagos internacionales, así como las operaciones en divisas, oro y otros metales preciosos. El Vnechtorbank tenía como misión garantizar el monopolio estatal de las divisas, establecido en el decreto de la Nacionalización del Comercio Exterior, aprobado por el Consejo de Comisarios del Pueblo de la RSFSR el 22 de abril de 1918. Formalmente, el Vnechtorbank se presentaba como un banco accionista, pero en realidad su único accionista era el Banco Estatal de la URSS (Gosbank). El presidente del Vnechtorbank era a la vez vicepresidente del Gosbank. Las ventajas del MED se revelaron principalmente en los años 30, en un contexto de incensantes quiebras declaradas en Occidente por parte de los bancos, compañias e incluso Estados. Las empresas morían mientras que en nuestro país la industrialización daba a luz a nuevas fábricas y empresas. Entre 1929 y 1940 fueron construídas alrededor de nueve mil empresas. Este milagro de la industrialización socialista sería impensable sin el monopolio estatal en el campo de las relaciones económicas internationales.

 

P.S.: Algunos lectores, a juzgar por los comentarios que han hecho a esta serie de artículos, esperaban que les revelase la fórmula definitiva e inmaculada de la industrialización, es decir, que presentase el presupuesto exacto de la industrialización de Stalin con todos los elementos y respectivas fuentes de financiación. Admito que no he podido llegar a esta fórmula de la industrialización. He intentado sólo con el ejemplo de nuestra industrialización demostrar que incluso los acontecimientos relativamente recientes de nuestra historia no siempre son evidentes e inequívocos, y que no siempre se puede confiar en las fórmulas estampadas en los manuales. También espero haber contribuido a animar a los lectores a profundizar en la “ecuación de la industrialización”. Es probable que nadie consiga llegar a una fórmula impecable. Pero en el proceso de investigación, tengo la certeza de que cada uno hará muchos descubrimientos interesantes.

 

 

Notas:
(1) Por billón se entiende un millón de millones (1.000.000.000.000), casi seis veces el PIB de Portugal (N. Ed.)

(2) Este tema es tratado en detalle en el libro de S. Kremlov, “Rusia y Alemania: El camino para el pacto“, Moscú, ACT, Astrel, VZOI, 2004.

(3) Este artículo está disponible en ruso en: http://comments.ua/money/375011-kulisami-krizisov.html

(4) Este libro está disponible en ruso en: http://lib.ru/HIST/BUNICH/zoloto.txt

(5) Abram Lvovich Jivotovski era hermano de la madre de Trotsky. (N.Ed.)

(6) El libro está disponible en: http://sborka.synods.de/assets/files/cccrdemontage/shambarov-nashestvie.pdf

(7) Ibid, Ibid.

(8) Checa, acrónimo ruso de la Comisión Especial de Toda Rusia para la Lucha contra la Contrarrevolución y el Sabotaje (N. Ed.)

(9) http://publ.lib.ru/ARCHIVES/M/MARTIROSYAN_Arsen_Benikovich/_Martirosyan_A.B..html

 

 

Por Valentine Katassonov

 

 

El blog, obviamente, no suscribe ciertas declaraciones del autor.

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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