La ciencia en la URSS

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A pesar de que el régimen zarista en Rusia había sofocado la libertad de pensamiento y creado condiciones totalmente desfavorables para la expansión de la ciencia, el poder creativo de los pueblos de Rusia alcanzaron a menudo las cumbres del esfuerzo humano. Gracias a sus descubrimientos, los científicos rusos han ganado el eterno reconocimiento no sólo de su propio pueblo, sino también de toda la humanidad.

Mirrail Lomonosov (1711-1765) fue brillante pionero del desarrollo del pensamiento científico. Colocó la piedra fundamental de la físioquímica y se anticipó al famoso químico francés Lavoisier en el descubrimiento de la ley de la conservación de la materia. Lomonosov fue también la luz que alumbró la teoría cinética de los gases.

El ingeniero y mecánico ruso Ivan Polzunov (1728-1766) diseñó y construyó la primera máquina de vapor del mundo, en 1763, anticipándose a James Watt.

Nicolai Lobatchevski (1793-1856), creador de una nueva geometría no euclidiana, contribuyó en gran medida al progreso del pensamiento matemático de su época.

Dmitri Mendeleiev (1834-1907), brillante químico ruso, se hizo famoso gracias a su Ley Periódica de la materia, que descubrió y desarrolló en 1869, no solamente relacionando todos los elementos químicos conocidos en un sistema natural, sino también haciendo posible la previsión y clasificación anticipada y la descripción de las propiedades de nuevos y hasta entonces desconocidos elementos. Descubrió la ley de la temperatura crítica de los líquidos y fue el primero en plantear la hipótesis de la gasificación del carbón en el subsuelo.

Los científicos rusos también sobresalieron en el campo de la electricidad. A principios del siglo pasado, un científico ruso, Vasily Petrov (1726-1834), descubrió el arco voltaico. Paul Iablochkov (1847-1894) inventó la lámpara de arco, conocido como la “Lámpara Iablochkov”. Fue un científico ruso -Alexandr Popov (1859-1906)- el que inventó en 1895, la radio, mucho antes que Marconi.

Dos científicos rusos, Ivan Secthénov (1829-1905) e Ivan Pavlov (1849-1936), establecieron los principios básicos de la fisiología del sistema nervioso.

Piotr Lébediev (1866-1912), uno de los más grandes físicos del mundo, descubrió la presión de la luz sobre sólidos y gases, hecho de primordial importancia no sólo para la teoría electromagnética de la luz, sino también para el estudio general del universo (artsofísica y cosmogonía).

En una época en la que el transporte aéreo era sólo un sueño, 11 años antes del histórico vuelo de los hermanos Wright, el destacado científico y matemático ruso Nicolai Zujovski (1847-1921), demostró teoricamente la posibilidad de construir máquinas más pesadas que el aire, que, no solamete serían estables, sino que hasta podrían ejecutar el loop y otras acrobacias. En sus investigaciones aerodinámicas, sentó las bases de la sustentación aerodinámica.

A pesar de todos estos logros, la actividad científica en Rusia, antes del establecimiento del Poder Soviético, era comparativamente restringida; los grandes científicos rusos que abrieron nuevos caminos eran figuras aisladas.

La Revolución de Octubre liberó a los pueblos de la opresión política, económica y nacional y proporcionó a las masas la oportunidad de recibir instrucción y dedicarse al trabajo científico.

Desde entonces, 1.000 institutos de investigación científica fueron creados en el país, en comparación con los 5 únicos que existían antes de 1917. La ciencia, privilegio antiguamente de algunos pocos, se convirtió, ahora, en un elemento al alcance de todo el pueblo. Obreros y campesinos siguen, actualmente, con el más profundo interés, los últimos logros en el campo de la ciencia. Conferencias sobre cuestiones tan lejanas de la vida cotidiana como el núcleo atómico atraen a un gran número de asistentes.

Entre los científicos más populares de la Unión Soviética, se encuentra el académico Piotr Kapitza, que ha hecho importantísimas contribuciones en las esferas de magnetismo y de las bajas temperaturas. Fue él quien descubrió el fenómeno llamado superfluidez, al igual que diseñó y construyó una nueva y extraordinariamente eficaz máquina para producir helio líquido y obtener temperaturas tan bajas que se aproximan cada vez más al cero absoluto. En abril de 1944, el Instituto Franklin de Filadelfia, le hizo entrega de la medalla de Franklin. El académico Piotr Kapitza dirige el Instituto de Problemas de Física.

Importantes contribuciones a la ciencia han sido hechas por los siguientes científicos soviéticos: el académico Leon Orbeli, el director del Instituto de Fisiológica Pavlov, famoso por sus investigaciones sobre la fisiología del sistema nervioso vegetativo; el académico Aleksandr Bar, director del Instituto de Bioquímica y fundador de la bioquímica en la Unión Soviética; el académico Abraham Ioffe, director del Instituto Físico-Técnico, fue el primer científico que demostró la correlación entre la resistencia teórica y real de los sólidos y descubrió también las leyes fundamentales de la polarización por alta tensión.

La Academia de las Ciencias de la URSS tiene bajo su entera jurisdicción 50 institutos de investigaciones científicas que emplean cerca de 4.000 científicos investigadores.

El número total de trabajadores científicos de la URSS llega a casi 50.000, mientras que, antes de 1917, no había ni siquiera 3.000. Si se incluyen los laboratorios de investigaciones mayores de las empresas industriales, el número total de centros de investigación de la URSS alcanza la cifra de 2.265 (1939). Además de eso, se llevan a cabo investigaciones científicas en todas las instituciones de educación superior del país.

El trabajo científico de la URSS es dirigido en base a una amplia colaboración. Cada gran científico soviético agrupa alrededor de sí mismo un cuerpo de colaboradores y jóvenes científicos; sus hipótesis son experimentadas y desarrolladas por decenas y centenas de investigadores. Todas las instituciones de enseñanza científicas continúan sus investigaciones, satisfechos todos los requisitos por parte del Estado.
El conjunto de investigaciones científicas soviéticas es dirigido por la Academia de Ciencias de la URSS, de la que son miembros las Academias de Ciencias de las Repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia, Lituania y Uzbekistán. Existen ramas de la Academia en Azerbaiyán, en Kirguízia, en Kazajistán, en Turkmenistán, en Tayikistán, los Urales, Siberia, el Extremo Norte, etc. Además de estos estados mayores de la actividad científica, también hay una Academia de Agricultura, una Academia de Medicina, una Academia de Pedagogía y una Academia de Arquitectura.

 

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El lugar destacado que ocupa la ciencia en la Unión Soviética es evidenciado por el considerable fondo de la investigación. Sólo el presupuesto de la Academia de las Ciencias de la URSS ascendió, en 1939, a nada menos que 158 millones de rublos. En 1940, el Gobierno de la URSS asignó la importante cantidad de 42,9 mil millones de rublos para la investigación científica, la docencia y otras necesidades culturales. A pesar de las dificultades generadas por la guerra, esa importante suma, en 1944, fue incrementada hasta 51,4 mil millones de rublos.

En la URSS, cada institución científica elabora anualmente un plan de trabajo, que forma parte del plan general para el desarrollo de la economía y de la cultura nacional. Este plan, en lugar de oponerse a la actividad científica, le proporciona las más amplias oportunidades para el estudio de los complejos problemas teóricos y prácticos. En la Unión Soviética, está más que entendido que los logros prácticos son imposibles sin el conocimiento teórico y que la teoría de hoy en día puede ser practicada mañana. La planificación favorece la concentración de las mejores fuerzas y esfuerzos en torno a los problemas más importantes, mientras que la más amplia libertad de iniciativa individual de los científicos es dispersa.

Durante la guerra, se demostraron de la forma más llamativa posible, las ventajas de la planificación. La defensa del país y de toda la humanidad progresista contra la peste marrón fascista fue el foco de toda atención y la ciencia soviética obtuvo un éxito extraordinario en la solución de numerosos problemas de mayor importancia militar. La ciencia soviética equipó al Ejército Rojo con las armas más perfeccionadas y con aviones, tanques, artillería y municiones de calidad superior al material del enemigo.

Una tarea de incalculable importancia fue llevada a cabo por un comité de científicos, formado después del estallido de la guerra. Bajo la dirección de V.L. Komarov, Presidente de la Academia de las Ciencias, el comité estudió el desarrollo y aseguró el uso más intenso posible de las regiones de los Urales, de Siberia y de Kazajistán.

Se desarrolló una amplia labor en la cirugía de guerra, bajo la orientación del académico Nicolai Burdienko, cirujano jefe del Ejército Rojo. El académico Aleksandr Bogomolets, Presidente de la Academia de Ciencias de Ucrania, obtuvo notables resultados: el suero ACS (suero citotóxico anti-reticular), de inmenso valor en el tratamiento de heridas y de fracturas de huesos.

Cada año más de 100 científicos de todas las esferas de acción son galardonados con el Premio Stalin de 100.000 y 200.000 rublos, por los descubrimientos y logros más importantes. Miles de científicos soviéticos fueron condecorados con órdenes y medallas.

Como Presidente de la Academia, Komarov dijo que, en la URSS, “la unión de la ciencia con el trabajo, con el que soñaron siempre las mejores mentes y los corazones más nobles, se convirtió, ahora, como en ningún otro momento, en íntima y poderosa“.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de “Divulgação Marxista”, nº 6, Septiembre de 1946

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2 pensamientos en “La ciencia en la URSS

  1. Pingback: La ciencia en la URSS | Diario Octubre

  2. Rafael Domínguez Losada

    En las TVs ni bares de eso no se habla nada, por eso somos geniales los alienados en relación a esto que aquí se trata. Somos capaces de dar luz cegadora sobre el color de los pelos del coño de la Bernarda, gracias a los finos hocicos que se nos han configurado por nuestros hacedores, así que… ¡para qué más! Yo si me intereso un poco por estas cosas es porque soy masoquista y cosa tan aparte que ya no frecuento TVs ni bares, una especie de pirado que va con retraso en todo, gracias al maravilloso país que me cobija. Dan ganas de llorar.

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