El monumento del parque Letná en Praga

Stalin en parque Letna Praga

 

Este episodio demuestra la intensa complejidad de la batalla que se llevó a cabo en los años 50 entre los comunistas y los revisionistas. Praga, 1 de mayo de 1955: un enorme monumento a Stalin es inaugurado.

Lo paradójico es que Jruschov está presente, cuando desde la muerte de Stalin en 1953 había reorganizado todo el Partido Comunista de la Unión Soviética, dando luego un golpe de Estado que resultaría victorioso tras el “Informe Secreto” del XX Congreso del Partido. Pero estábamos en Checoslovaquia, país en el que los comunistas, en proporción a su población, tienen su bastión mundial.

Es aquí donde el monumento, debido a la colaboración entre el escultor Otakar Svec (1892-1955), el pintor Adolf Zabransky (1909-1981), los arquitectos Jiri Stursa (1910-1995) y Vlasta Stursa, fue significativo de una intensa batalla política, el propio Svec se suicidaría unos pocos meses antes de la inauguración.

El monumento, dedicado por “el pueblo checo a sus libertadores”, tenía 22 metros de largo, 15,5 de alto y 12 de ancho, y se colocó sobre una estructura de hormigón armado para sostener sus 17.000 toneladas.

Fue colocado en el parque de Letná, con vistas al centro de la ciudad de Praga; a la derecha de Stalin, el oeste, es una alegoría del pueblo checoslovaco, mientras que a la izquierda de Stalin, el este, es una alegoría del pueblo soviético.

La elección de esta obra fue producto de un concurso, donde el proyecto ganador fue presentado de la siguiente manera:

Desde un punto de vista ideológico, este proyecto es el único que asocia claramente la personalidad del generalísimo J. V. Stalin, guía del pueblo trabajador, faro de toda la humanidad progresista, con el pueblo.

El proyecto lo presenta como un hombre de Estado, como un importante guía el pueblo, como un constructor, como un general victorioso, como el mentor de los trabajadores, sin dejar de ser al mismo tiempo el camarada Stalin, el hombre Stalin, un hombre que pertenece al pueblo, uno de nosotros.

Este proyecto, de entre todos los proyectos presentados, es el que manifiesta más claramente la idea de la amistad entre Checoslovaquia y la Unión Soviética, y el destino común de estos dos estados“.

La obra era, obviamente, el objetivo de todos los enemigos de la democracia popular. Se hacían “bromas” sobre la “cola de la carne”, o bien sobre Stalin sacando su billetera para pagar la obra, pero al conocer el precio se quedaba de piedra.

Otro “leyenda” fue difundida por Elsa Triolet, compañera de Louis Aragon: ella explicaba que el autor de la obra se había suicidado después de dejar su dinero a los ciegos, que eran los únicos felices de no ver jamás esta obra “deshonrosa” en Praga.

Elsa Triolet publicó esta calumnia en una obra de 1957, una novela llamada “El Monumento“, primero en forma de artículos en Las Letras francesas, y luego, como novela en la NRF.

Elsa narra la muerte de un artista “de vanguardia”, antiguo resistente convertido a Ministro de Bellas Artes de una democracia popular, que se suicida antes de recibir el Premio Stalin por un monumento a este, a razón de sus ” tormentos” sobre la libertad en el arte.

Es decir, que una de las principales figuras, con Aragon, de la cultura dentro del Partido Comunista Francés atacan directamente al monumento a Stalin en una publicación del PCF (las cartas francesas que también son administradas por Aragon ) y en una versión publicada por uno de los principales editores parisinos.

Elsa Triolet incluso organiza, con la Unión de Estudiantes Comunistas, en la cafetería burguesa Zimmer en París, un debate al respecto, cuyo resumen fue publicado en la revista comunista La Nouvelle Critique en mayo 1958.

Elsa Triolet incluso va a Praga, en 1962, a conmemorar el derribo del monumento que se llevaría a cabo con 800 kilos de explosivos, una operación que costaría la vida de dos trabajadores, los cuales fueron presentados como “las últimas víctimas de Stalin“.

 

stalinstatuedestroyed

 

El derribo fue, por supuesto, fotografiado, puesto en valor, etc. Elsa Triolet, presente en Praga en ese momento debido a su novela “Monumento“, nos habla de sus impresiones:

Tuve el tiempo justo para ir, en verano de 1962, a ver el monumento a Stalin: que se preparaba para ser derribado en breve.

Podía ver, desde la distancia, como los extensos terrenos que rodeaban el monumento eran aislados por alambres de púas, era tan enorme que se podía ver desde lejos como un barco en el mar. Un bloque de cemento gris, largo y estrecho, con la figura principal de Stalin; detrás de él, otras figuras, los flancos del bloque. Yo diría que el fortín.

Lo miré desde la distancia: no lo encontraba tan horrible como lo había encontrado su creador y mi héroe, Lewka. Me decepcionó ver lo opuesto, me hubiera gustado más monstruoso“.

Estas líneas de Elsa Triolet reflejan su enfermizo anticomunismo, típico del revisionismo.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de lesmaterialistes.com

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