La economía soviética vista por los analistas de la CIA

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Este documento está elaborado a partir de extractos del libro escrito por James H. Noren, “Watching the Bear: Essays on CIA’s Analysis of the Soviet Union“, (Capítulo II), editado por Gerald K. Haines y Robert E. Leggett, Center for the Study of Intelligence, Central Intelligence Agency, 2003, 290 págs. (Ver nota del Editor al final).

Hace 50 años, Max Millikan, el primer director del Gabinete de Investigación e Informes de la CIA (ORR(1)) definió la orientación de la Agencia respecto al análisis económico de la Unión Soviética, demostrando una notable capacidad de previsión de los 40 años siguientes. En la directiva sobre El papel del ORR en los Servicios de Información Económica, de agosto de 1951, escribió que la información económica tiene por lo menos cinco objetivos:

– Ayudar a evaluar la magnitud de las amenazas militares presentes y futuras mediante el análisis de los recursos económicos a disposición del potencial enemigo, en el presente y en el futuro;

– Evaluar el carácter y la localización de posibles amenazas militares de potenciales enemigos, determinando cómo invertirán sus recursos;

– Ayudar a preveer las intenciones de los potenciales enemigos: la forma como actúan en la esfera económica probablemente revelerá sus intenciones;

– Ayudar a los políticos a tomar decisiones para reducir posibles o probables amenazas militares a través de medidas que causen daños al potencial económico del enemigo;

– Ayudar a la creación y al desarrollo de la correlación de fuerzas entre Oriente y Occidente.

Los potenciales enemigos eran, así, vigilados como por un rayo láser. En aquella época y durante la “guerra fría”, estes potenciales enemigos eran la URSS y otros países del bloque soviético. Aproximadamente dos tercios de los analistas económicos y geográficos del ORR fueron dirigidos al objetivo soviético. La mayor parte del tercio restante cubría Europa del Este y los países comunistas de Asia. Pronto, sin embargo, el análisis económico de la CIA pasaría a cubrir la mayor parte del mundo. (…)

Tenemos que empezar por recordar hasta qué punto, en los años 50, la comunidad de los servicios de información y los políticos estaban obsesionados con la perspectiva de que la Unión Soviética superaría a los Estados Unidos en términos de Producto Nacional y producción militar. Millikan expresó la cuestión de esta manera:

La principal tarea de la ORR es examinar y analizar paciente y minuciosamente la información detallada de la que disponemos sobre el estado actual y las perspectivas de la economía soviética. Este será eventualmente el trabajo de investigación más importante actualmente en curso en el país“.

 

 

La creación de la metodología del análisis

 

Para evaluar el potencial económico soviético, el ORR necesitó primero desarrollar sus propios indicadores económicos. La estadística macroeconómica soviética era muy reducida y deficiente. A partir de 1950, la CIA comenzó a elaborar regularmente las cuentas nacionales de la Unión Soviética. Este requería una laboriosa búsqueda de las piezas del rompecabezas en los anuarios estadísticos, revistas económicas y periódicos soviéticos. (…)

Las cuentas nacionales permitían estimar el Producto Interior Bruto (PIB) de la Unión Soviética por sector de producción y uso final. Como explicaba el ORR en 1958, a propósito de la edición de las Cuentas Nacionales de la URSS de 1955, estas cumplían “varios requisitos específicos de la comunidad de los servicios de información“. Deflactadas a través de índices de precios adecuados, las series de la contabilidad nacional de la URSS permitían medir el crecimiento de la economía soviética. La descomposición del PIB en uso final y sectores de producción proporcionaba una información sobre la estructura de la economía y las directrices de la política económica.

Ciertos elementos de la contabilidad nacional, como los salarios en los centros urbanos, los rendimientos en la agricultura, el consumo de las familias y la formación de capital, tienen especial interés para los servicios de información. Por último, la contabilidad nacional, con la ayuda de paridades del poder de compra apropiadas (rublo/dólar) era la base para comparaciones internacionales de los niveles de PIB y de sus principales componentes.
(…)
En dos informes sobre las tendencias en la industria y la agricultura soviéticas(2), son descritos los procedimientos de análisis y revelados algunos de los resultados más significativos. El informe sobre la producción industrial concluyó que el crecimiento medio anual de la industria soviética había bajado de un 8,6% entre 1956 y 1959 a un 6,7% entre 1960 y 1963. (…)

El trabajo sobre estadísticas de la agricultura mostró que entre 1950 y 1965 la producción aumentó alrededor del 70%, pero dos tercios de este crecimiento ocurrieron entre 1954 y 1958, durante los primeros cinco años después de la muerte de Stalin. La producción per capita en 1965 era inferior a la de 1958.

Una vez que los sectores de la industria y de la agricultura eran determinantes en la economía soviética, los indicadores de la CIA se centraron en el PIB. La desaceleración del crecimiento del PIB detectada por la CIA contribuyó en gran medida a aliviar los temores de que la URSS superaría en breve a los Estados Unidos, como se había jactado el líder soviético, Nikita Kruschev, en el XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1961. Cuando la CIA informó de que el crecimiento del PIB de la Unión Soviética en 1963 había sido del 2,5%, el presidente Lyndon Johnson envió una delegación a las capitales europeas para dar la noticia. (…)

Con los años, las estimaciones de la CIA sobre el crecimiento del PIB de la URSS fueron corregidas en función de la nueva información publicada en la Unión Soviética y del ajuste de los indicadores, teniendo en cuenta las diferencias entre los precios fijados y el costo de los recursos utilizados en una determinada producción. La publicación regular de balances intersectoriales permitió (…) la reconstrucción parcial de las tablas relativas a los años 1959, 1966, 1972, 1976 y 1982. Estas tablas fueron una gran ayuda para que la CIA pudiese determinar con mayor precisión el peso relativo de los diferentes sectores en el crecimiento del PIB y establecer los coeficientes destinados a convertir el PIB a precios fijados en PIB de acuerdo con el factor costo.

Los indicadores de productividad en la utilización de los recursos eran esenciales para evaluar el potencial económico de la Unión Soviética. Aquí la atención se concentraba más en descubrir las fuentes del crecimiento económico que en medir su dinámica. En 1950, los estudios de la CIA sobre la productividad del trabajo se enfrentaban con la dificultad de comparar los resultados del trabajo con los gastos de mano de obra. Se concluyó que la mitad del crecimiento de la producción la industrial entre 1951 y 1955 podría ser atribuida al aumento de la productividad del trabajo.

El análisis de la productividad dio un importante paso hacia adelante con un estudio de la CIA de 1954(3). En una época en que el análisis de las funciones de producción(4) estaba todavía en sus inicios en Occidente, el estudio desarrolló indicadores del factor conjugado productividad/eficiencia del trabajo, capital fijo y uso de la tierra en la Unión Soviética. Es particularmente notable el enfoque de calidad del trabajo, de las economías de escala y la posibilidad de la disminución del retorno decreciente del aumento del capital fijo en la Unión Soviética. El análisis del factor productividad se convirtió en la columna vertebral en la evaluación de la CIA de las tendencias de la economía soviética. Así, un estudio de noviembre de 1964(5) reveló que más de la mitad del crecimiento de la producción industrial entre 1950 y 1960 se debió “al empleo adicional de mano de obra y capital” y el restante al aumento del factor productividad conjugado de la producción por unidad de trabajo y de capital. Entre 1961 y 1963, sin embargo, la proporción del crecimiento del factor productividad cayó alrededor del 2% por año, contra el casi 5% anual registrado entre 1954 y 1960. El estudio indicaba que tal disminución no era un fenómeno efímero “sino, en parte, una tendencia que probablemente persistirá en el futuro más próximo“. Las estimaciones del crecimiento del factor productividad en diversas ramas de la industria, aunque con variaciones sustanciales, mostraban una tendencia de baja similares. El estudio avanzó varias causas posibles de la desaceleración del crecimiento del factor productividad: el final de la recuperación de la posguerra como circunstancia irrepetible; el rápido aumento del gasto en defensa y reclamaciones del sector en relación a los escasos medios técnicos y científicos; el efecto de la disminución en la tasa de crecimiento de la inversión durante el período medio de vida útil del capital fijo; y la relajación de las presiones sobre los gestores soviéticos, ejercidas durante el período en el que la semana laboral fue reducida (1956-1959), para que los volúmenes de producción fuesen mantenidos.

El mismo estudio concluyó, una vez que la URSS no podía continuar aumentando las inversiones en la industria a las tarifas anteriores, que la desaceleración del crecimiento Industrial no podía ser trabada a menos que mejorase la eficiencia en la utilización de recursos. Las perspectivas de crecimiento del factor productividad a través de medidas administrativas o de reformas parciales de la economía estuvieron en el centro de los análisis posteriores de la economía soviética. Con respecto a la agricultura, el mencionado estudio llegó a la misma conclusión, que el crecimiento del factor productividad se había desacelerado bruscamente a comienzos de los años 60 y que el crecimiento futuro de las explotaciones agrícolas dependía de la inversión de esta tendencia.

En 1970, otro trabajo de la CIA proporcionaba una visión aún más pesimista del futuro de la economía soviética. Las funciones de producción de Cobb-Douglas(6), utilizadas en informes anteriores, establecían que un cierto porcentaje de aumento del trabajo o de capital resultaba en un determinado aumento constante de la producción. Así, un tanto por ciento de aumento de mano de obra podría aumentar la producción en 0,75% y un tanto por ciento de ampliación de capital podría aumentar la producción en un 0,25%. Un estudio de marzo de 1970(7) probó una función de producción diferente, según la cual el retorno del capital disminuía a medida que la proporción de capital al trabajo aumentaba. (…) Este enfoque generó controversia en la CIA y en la comunidad académica, y no llegó a ninguna conclusión. Por eso la CIA continuó utilizando la fórmula de Cobb-Douglas.

 

 

Estudios de la industria

 

Los recursos dedicados al análisis macroeconómico de la Unión Soviética eran significativos, pero considerablemente más bajos a los dirigidos para los sectores específicos de la economía. Para hacerse una idea, las publicaciones de la CIA desclasificadas y entregadas a los Archivos Nacionales en la primavera de 2001 incluyen 215 trabajos sobre la industria, 152 sobre la agricultura, 219 sobre los transportes y comunicaciones y 155 sobre la energía. Muchos de ellos correspondían a solicitudes de otros agencias gubernamentales. (…)

El análisis individual de las ramas de la industria, de la agricultura, de la energía y transporte y comunicaciones evaluava los puntos fuertes y flacos, así como las perspectivas futuras de estos sectores de forma detallada y permanente. En general, estos estudios prestaban especial atención al nivel tecnológico de una determinada industria.

(…) La profundidad del análisis es ejemplificada por dos estudios: uno de 315 páginas sobre la industria metalúrgica para la minería del carbón (mayo de 1953) y otro de 410 páginas sobre las industrias siderúrgicas de Ucrania (agosto de 1954).

Además de esto, con el fin de arrojar luz sobre aspectos olvidados de la industria soviética, el programa de investigación del ORR en los años 50 tenía como objetivo descubrir vulnerabilidades capaces de retardar el crecimiento económico soviético. Por ejemplo, un informe sobre la industria soviética de neumáticos reveló un déficit persistente en el suministro de neumáticos, neumáticos de calidad inferior y una industria tecnológicamente atrasada. Sin embargo, concluyó que la URSS podría producir equipos modernos para la fabricación de neumáticos, copiando probablemente equipos ya existentes en Occidente. Por otra parte, la industria electrotécnica, a la cual se le había dado alta prioridad, estaba aumentado rápidamente su producción, tenía, en general, personal cualificado y los materiales que necesitaba, y disponía de equipos relativamente modernos (la mayoría de diseño soviético). Este sector podía suministrar todas las necesidades de equipos electrónicos y de telecomunicaciones, así como plantar cara a una futura guerra mundial. Otros informes sobre diferentes ramas de la industria indicaron resultados similares, en el sentido de que no habían sido detectadas vulnerabilidades significativas.

Después de los años 50, la investigación del ORR se dirigió más estrictamente a un número relativamente pequeño de industrias: la siderurgia era seguida de cerca y con gran detalle. Un informe de 1957 analizó la organización industrial, la planificación y control, la producción de acero y de materias primas utilizadas, intercambios comerciales, la tecnología, los costos, los precios, las inversiones, el empleo y los salarios, la distribución y el consumo y las habituales “capacidades, vulnerabilidades e intenciones“. A pesar de que la producción de acero haya superado sustancialmente la producción de los Estados Unidos en 1970, las necesidades de la economía soviética habían aumentado aún más rápido. La falta de acero condicionó el cumplimiento del plan económico nacional de 1971-1975. (…)

Cuando una determinada industria era esencial para la realización de un gran proyecto soviético, el programa de investigación del ORR reaccionaba en consecuencia. Por ejemplo, Kruschev y más tarde Leonid Brezhnev, cuando se convirtió en jefe del Partido, presentaron ambiciosos programas agrícolas que exigían un enorme aumento de la producción de fertilizantes minerales. Un informe de 1954(8) que analizó el estado de la industria, las inversiones necesarias y la falta de infraestructuras de apoyo, llegó a la conclusión de que los objetivos fijados no se podrían alcanzar en el plazo establecido. Más tarde, un informe de 1962(9) reveló que la producción, efectivamente, estaba atrasada en relación a los objetivos del plan debido a la insuficiente inversión y “su desafortunada suerte” era compartida por otras ramas de la industria química: equipos defectuosos e insuficientes, la recepción tardía de modelos tecnológicamente más modernos.

El crecimiento de la industria soviética desaceleró notablemente después de 1975. Para descubrir las causas de esta caída, el Gabinete de Análisis Soviéticos (SOVA)(10) de la CIA, fue el encargado de elaborar varios estudios sobre los sectores del acero, de los minerales no combustibles y metales, de las máquinas-herramientas, de los fertilizantes, cementos e industria maderera. Un informe de 1983(11) sintetizó aquellos estudios e identificó varios factores decisivos, a la par que otros menos significativos, que condujeran a aquella situación. En primer lugar, el informe señaló la decisión de los planificadores de reducir los ritmos de crecimiento de nuevas inversiones en capital fijo, “un refugio temporal que se transforma en una estampida“. En segundo lugar, la producción industrial se enfrentó a tres restricciones críticas: la creciente escasez de materias primas; un menor crecimiento de los suministros energéticos (en particular, de carbón y electricidad); el aumento de atascos en el transporte ferroviario. En tercer lugar, la producción industrial sufrió con la prioridad permanente asignada al sector militar, con las alteraciones de las regulaciones que regían la actividad de los gestores industriales, con las crecientes dificultades en la planificación y con la rigidez del comercio exterior.

El análisis concluía que estos factores continuarían manifestándose a lo largo de los años 80 y serían agravados por la “reducción de los recursos laborales, presión sobre la industria en el sentido de la disminución de todos los costos en simultáneo” y por planes de incentivos demasiado complejos. Incluso aunque la campaña disciplinar del líder del Partido, Yuri Andropov, pudiese tener algún impacto inmediato en la productividad, sus efectos no durarían. La solución podría estar en profundas reformas del sistema, aunque no estuviese en la agenda. Pero el camino sería largo. La eventual introducción de reformas “muy probablemente no sería capaz de estimular el crecimiento industrial y la productividad durante muchos años“.

En lo que respecta a la agricultura, la CIA elaboraba regularmente informes sobre la previsiones de los cultivos y los sucesivos intentos para aumentar la producción. A principios de los años 50, la desesperada situación de la agricultura en todo el bloque soviético llevó a la CIA a emprender sus propias previsiones y estimaciones del rendimiento de los cultivos. Al igual que en la industria, era preciso elaborar nuevos indicadores de la producción agrícola para corregir las desviaciones de las estadísticas oficiales. Fueron hechos varios intentos de desarrollar relaciones estadísticas entre el rendimiento de los cultivos y las condiciones meteorológicas. El primero de ellos se remonta a 1952(12). Cuando la URSS comenzó a importar cereales, a raíz de las malas cosechas, se intensificaron los esfuerzos para construir un modelo que garantizase predicciones fiables. En los años 70 ya existía un costoso sistema que utilizaba los datos meteorológicos, experiencia agronómica e imágenes de satélite para monitorizar los progresos de los cultivos de cereales. En un estudio particularmente provocador de 1985(13), un grupo de analistas del Gabinete de Asuntos Globales sugería que las mejoras climáticas registradas desde los años 60 habían tenido un mayor efecto en el aumento de la producción soviética de cereales que la evolución de la agrotecnología. Hicieron proyecciones acerca de cual sería la producción si los niveles de precipitación alcanzasen un pico al mismo tiempo que las temperaturas medias siguiesen subiendo debido al efecto horno. La estimación “más probable” era que la producción media de cereales, entre 1986 y 1990, permaneciese en 60 millones de toneladas por debajo del objetivo. En general, los modelos correspondieron razonablemente bien a la producción real. El problema era que el margen de error de las previsiones continuaba siendo demasiado grande para hacer estimaciones fiables sobre las necesidades de importación de la URSS en la mayor parte de los años. La principal función de los informes de monitorización de los cultivos era señalar alteraciones significativas en la producción soviética de cereales y así preveer posibles compras de la URSS en el mercado mundial.

El análisis de la CIA de los progresos de la agricultura soviética se centró inicialmente en el programa post-Stalin destinado a incrementar la producción ganadera, en el ámbito de una política más orientada al consumidor, y en el programa de las “Tierras Virgenes”, que fue lanzado para proporcionar la base alimenticia para el programa ganadero. Un informe de 199 páginas de 1957(14) analizó lo que se había hecho en las tierras vírgenes. El trabajo ya realizado era increíble. En menos de dos años, la nueva área cultivable era cerca de un 25% más grande que la superficie total destinada al cultivo de trigo en los Estados Unidos. Los primeros cultivos elevados, pero después de comparar las condiciones del suelo y vegetativas con la cintura de trigo primaveral de Canadá y de haber analizado los cultivos de 16 años en regiones similares a la Unión Soviética, el informe concluyó que la producción media sería un poco por encima de la mitad de los objetivos anunciados oficialmente. El programa, de acuerdo al informe, revelaba los principales puntos fuertes y flacos del sistema soviético. Fue capaz de movilizar recursos rápidamente, pero al parecer las cosas habían sido “desarrolladas sin un análisis previo fundado” sobre la mejor forma de usarlos y sin haber hecho una estimación realista de los niveles de producción que podrían ser alcanzados.

Según los análisis de la CIA, las iniciativas de Khrushchev empeoraron en la mayor parte de los casos la situación en la agricultura. Los cambios organizativos que asignaron un mayor papel a los responsables del Partido en la administración de la agricultura fueron contraproducentes. La decisión de labrar los pastos y las tierras de barbecho para sembrar maíz, remolacha, guisantes y frijoles parecía irrazonable, en particular en el caso del maíz. Aunque a corto plazo pudiesen dar algunos resultados, a largo plazo, los niveles de humedad del suelo y de nutrientes bajarían, como señaló un informe de noviembre de 1962.(15)

 

 

Las proyecciones económicas

 

Con vista a determinar en términos cuantitativos el futuro potencial económico de la Unión Soviética, la CIA probó varios enfoques a lo largo de los años. Uno de los primeros informes(16), en diciembre de 1954, utilizó proyecciones de la productividad del trabajo en la agricultura y en la industria, basadas en las tendencias verificadas del pasado. Sin embargo, el método adoptado tenía en cuenta proyecciones del trabajo, del capital fijo y la tierra (agricultura), junto con la eficiencia de los recursos utilizados. (…)

A finales de los años 70, la CIA comenzó a construir un modelo a gran escala de la economía soviética. Un informe elaborado en febrero de 1979(17), describía un modelo con 15 sectores, que utilizaba las funciones de producción para proyectar los respectivos resultados, los cuales eran corregidos teniendo en cuenta la limitaciones intersectoriales que impedían el crecimiento. (…) La proyección basada en este modelo indicaba un crecimiento anual del PIB del 2,5% entre 1981 y 1985. Los resultados de los análisis basados en escenarios hipotéticos resultantes de la alteración de políticas o de las condiciones básicas, tales como variaciones en la producción de petróleo, en la demanda occidental de exportaciones soviéticas, etc., revelaron pequeñas diferencias en relación a las proyecciones iniciales. (…)

Los análisis de la CIA sobre las perspectivas de la producción soviética de petróleo generaron una gran controversia. Un informe de 1977 preveía la caída de la producción y la posibilidad de que la URSS pasase de una posición de exportador a la de importador. Se trataba de un cambio brusco en el punto de vista de la CIA. Un informe que había sido elaborado en junio de 1976 (…) dejó claro que la Unión Soviética era el único gran país industrializado autosuficiente en energía y que, propablemente, continuaría siéndolo, a pesar de que el futuro crecimiento del sector dependerá de la explotación de los recursos en el duro clima de Siberia. (…) Nueve meses más tarde, otro informe(18) del Gabinete de Investigación Económica (OER)(19), declaraba que “la industria petrolera soviética estaba en apuros” y que la producción de petróleo podría llegar a la cima en 1978, cuando “con seguridad” a comienzos de los años 80, se situaría en 550 o 600 millones de toneladas por año. El informe de 1977 añadía que “los niveles máximos no pueden ser mantenidos durante mucho tiempo y, de todos modos, el descenso, cuando llegue, será fuerte“. La industria se enfrentaba a dos grandes problemas: primero, no era posible mantener un equilibrio razonable entre reservas y producción a menos que se descubriesen nuevos yacimientos masivos; segundo, los pozos existentes tenían graves filtraciones de agua.

Sin embargo, la producción de petróleo se elevó a 603 millones de toneladas en 1980 y a 616 millones de toneladas en 1983. Después cayó a 595 millones de toneladas en 1985, antes de volver a subir de nuevo a 624 en 1987 y 1988. La CIA tenía razón respecto a los problemas fundamentales que podían causar la caída en la producción. Sin embargo, subestimó las reservas de petróleo, a pesar de haberse basado en la literatura soviética que no tenía tendencia a devaluar el potencial soviético. Además de eso, no tuvo suficientemente en cuenta la rapidez con que los soviéticos transfirieron recursos a Siberia en medio del plan quinquenal. (…)

Ningún modelo, ni seguramente el que la CIA desarrolló en los años 80, podría reflejar la complejidad y las posibilidades de la economía soviética. Sin embargo, desde principios de los años 50 hasta los años 80, las previsiones en base a modelos de crecimiento a medio y largo plazo fueron notablemente precisas (…) Por fin, los modelos comenzaron a poner en primer plano el problema fundamental que estaba en el origen de la disminución de los ritmos de crecimiento de la economía soviética: la disminución de la eficiencia como eran utilizados el trabajo y el capital. (…)

 

 

El análisis de las intenciones

 

El análisis de las intenciones soviéticas en la esfera económica se concentraba en los planes y políticas y en la forma cómo esos planes y políticas se concretarían. (…)

Después de la muerte de Stalin, los políticos de Washington se preguntaban si la política económica anunciada por el primer ministro, Georgy Malenkov, significaba realmente que el aumento del consumo general se había convertido en prioritario de cara al desarrollo de la industria. La CIA concluyó que los líderes soviéticos estaban hablando en serio. En particular, el crecimiento de los gastos militares “sería drásticamente reducido en 1953-1955“(20). De hecho, las estimaciones mostraron una disminución del gasto militar durante este período. El aumento del consumo no se podría llevar a cabo a costa de la inversión, porque los objetivos del consumo no podrían ser alcanzados sin una inversión adicional en la industria de bienes de consumo general. Luego, Kruschev exoneró a Malenkov y pasó a hacer hincapié en la agricultura en lugar de la industria de bienes de consumo general. Pero el coste de Defensa continuó cayendo con la desmovilización de millones de soldados.

En noviembre de 1958, Kruschev presentó al CC del PCUS las tesis sobre el plan económico para 1959-1965. (…) Kruschev afirmó que en 1970 o incluso antes, la Unión Soviética tendría el mayor Producto Interior del mundo, tanto en términos absolutos como per cápita, garantizando a la población los más elevados estándares de vida del planeta. Un informe de la CIA diseccionó el plan trazado por Kruschev y llegó a la conclusión de que las esperanzas de superar a los Estados Unidos eran irrealizables e inconsistentes, aunque los objetivos del plan fuesen alcanzados. Las principales líneas del plan en lo que respecta a la producción eran un cambio brusco en el balance energético a favor del petróleo y del gas a costa del carbón, y la asignación de una parte mucho mayor de la inversión a la industria química. Sin embargo, Allen Dulles, en una declaración en el Comité Económico Conjunto (21), insistió en que los objetivos del plan de siete años se podrían lograr con algunas excepciones, es decir, en los objetivos fijados para la agricultura. Para los políticos de los Estados Unidos, el mensaje de Dulles significaba que el alcance de los objetivos era una prioridad tan importante que los líderes soviéticos desearían por un período de convivencia. En cualquier caso, los objetivos de 1959-1965 no fueron alcanzados.

Cerca de tres años después de la declaración de Dulles, un importante informe de la CIA(22) constataba la caída de las tasas de crecimiento en la industria y en la agricultura. La agricultura había sufrido particularmente debido a una serie de malas cosechas o poco significativas. Como resultado de la aceleración del gasto militar, los recursos fueron reasignados y el consumo se vio perjudicado. En 1962, los precios de la carne aumentaron un 30%, las reducciones previstas de los impuestos sobre los rendimientos fueron pospuestas para restringir la búsqueda y hubo recortes en la construcción de viviendas. (…)

La política soviética sufrió un cambio notable después de la catastrófica cosecha de trigo de 1963. Teniendo en cuenta que la población no podía cargar con todo el peso de la pobreza, la dirección soviética decidió importar 11 millones de toneladas de trigo y harina. A partir de ese momento la CIA hizo importantes esfuerzos por mejorar las predicciones de los cultivos soviéticos de cereales y por determinar posibles importaciones de cereales y carne. (…)

Desde 1950 hasta la disolución de la Unión Soviética, la CIA desarrolló otros métodos para satisfacer las peticiones de los políticos estadounidenses. Uno de estos métodos fue diseñado para evaluar el interés de los soviéticos en el control de armas. Por ejemplo, un informe(23) entregado a Harold Stassen, asistente especial del control de armas del presidente Dwight Eisenhower, llegó a la conclusión de que la recientes propuestas soviéticas podían liberar 2,5 millones de efectivos militares y que, en los varios conjuntos elaborados, los cortes resultantes podrían representar reducciones entre el 11 y el 42%, en comparación con las estimaciones de los costos actuales. Los recursos “podrían tener un impacto significativo en la producción no militar“. Un informe(24) para la Agencia de Desarme y Control de Armas (ACDA)(25) calculó que en el escenario elaborado por el ACDA el gasto militar soviético sería reducido en un 13% entre 1965 y 1970. Los efectos generales sobre el crecimiento de la economía sería pequeños, pero los beneficios para los consumidores serían grandes. En casi todos los informes de este tipo se constataba que las presiones sobre la economía disminuirían drásticamente. (…)

 

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Los estudios de la Agencia demostraron que por cada dólar adicional invertido por los soviéticos en las fuerzas ofensivas, los Estados Unidos tenían que gastar tres dólares para proteger el 70% de su industria, dos dólares para salvar a 60% y un dólar para defender sólo el 40%. (…)

Las publicaciones de la Agencia identificaron un cambio fundamental en las intenciones soviéticas a comienzos de los 70, cuando el Secretario General, Leonid Brezhnev, anunció que la URSS tenía la esperanza de una “nueva era” en las relaciones con Occidente. La CIA explicó la nueva política de la siguiente manera: “Ante la desaceleración del crecimiento económico, habiendo asumido el compromiso de satisfacer las crecientes expectativas de los consumidores y sufrido un revés con la reforma económica, Moscú miró a Occidente para tratar de aliviar sus problemas económicos“(26). El programa de Brezhnev para aumentar el suministro de carne a la población creó una creciente demanda de cereales que no podía ser satisfecha con la producción nacional. Además de eso, la URSS decidió comprar grandes cantidades de maquinaria y equipos en Occidente para aumentar la productividad del capital fijo. (…)

A precios constantes de 1982, la parte de defensa en el PIB de la URSS descendió del 24% en 1951 al 14% en 1959. Después osciló entre el 14 y el 16% entre 1960 y 1990. La estimación generó polémica durante años, ya que era utilizada para representar el peso de Defensa en la economía soviética (…)

 

 

Buscando cambios

 

(…) Desde el inicio hasta el fin del gobierno de Gorbachov, la CIA siguió las políticas de la perestroika y estimó sus resultados. Un informe de 1985(27) evaluó el programa con escepticismo. El fallido intento de modernizar el sector de la construcción de maquinaria y, a través de él, aumentar la producción general de bienes de consumo, fue descrito en un informe de 1988(28). Otro trabajo(29) relacionado con el mismo asunto informaba de que la pérdida de control sobre la economía estaba generando desequilibrios e inflación. En 1989, dos informes(30) constataban que la economía estaba casi fuera de control.

¿La caída de la economía en los años 80 ha sido inevitable? ¿Ha sido predeterminada por deficiencias sistémicas de la economía soviética? Desde el punto de vista de la CIA, el fin del sistema -a pesar de que tal vez fuese, en cierto modo, inevitable- ocurrió en aquel momento como resultado de una combinación de circunstancias desfavorables. Los planes de Gorbachov fueron afectados por varios sucesos. La caída de los precios mundiales de la energía en 1985, el desastre de Chernobyl en 1986 y el terremoto de Armenia en 1988 provocó daños considerables a la economía, además de haber causado una terrible pérdida de vidas. Las condiciones climáticas entre 1984 y 1987 fueron extremadamente desfavorables para la agricultura en la URSS. (…)

Pero más importante es el hecho de que, en muchos aspectos, las políticas de la perestroika fueron mal diseñadas, y las reformas parciales de Gorbachov contribuyeron al colapso del sistema tradicional. La prioridad dada inicialmente a la inversión, en detrimento del anhelo de la población de mejores niveles de vida, fue un error que le costó muy caro. Las cosas empeoraron con el lanzamiento de la campaña contra el alcohol, con la que Gorbachov lanzó un golpe simultáneo sobre la producción de un importante producto de consumo y sobre los ingresos del Estado, que caían fuertemente. La población, que siempre había experimentado la falta de ciertos productos y servicios, constató que la pobreza se estaba haciendo general, debido al hecho de que el crecimiento de las ganancias superaba la oferta de bienes de consumo.

Sin embargo, para explicar el estallido del descontento en los años 80, es necesario también tener en cuenta la gran libertad de expresión concedida a la prensa hablada y escrita, así como a las manifestaciones y huelgas. La glasnost constituyó un potente amplificador de la insatisfacción que estaba latente antes de Gorbachov. El fracaso de la perestroika en mejorar los niveles de vida y reformar la economía ya no podía ser silenciado como ocurriera en anteriores campañas. El divorcio entre las promesas y los hechos era ahora discutido abiertamente, con reflejos muy evidentes en la percepción del bienestar.

El cambio repentino en medio del plan de las prioridades en la distribución de los recursos aumentó la confusión y la perturbación en la economía. Dado que las empresas no estaban preparadas para cambiar su funcionamiento de manera tan abrupta, la la producción cayó, especialmente en el sector de la construcción de maquinaria. Aunque la caída de la producción de equipos militares haya sido insignificante, los métodos utilizados en la reestructuración de la economía retrasaron la reforma y perjudicaron industrias clave. La reorientación de la economía hacia los bienes de consumo general fue hecha como parte de una campaña mediática (…) En la carrera por limitar las inversiones financiadas por el Estado, el sector vital de la energía fue dejado de lado. En el espacio de un año o dos, los efectos negativos en la producción, en el abastecimiento interno y en los ingresos de las exportaciones se hicieron evidentes.

Cuando Gorbachov decidió llevar adelante sus reformas económicas, se encontró con que, en la práctica, las medidas eran parciales y contradictorias. El control central de la economía había sido perdido y las fuerzas de mercado emergían lentamente. Una vez que las reformas comenzaron a exigir a las empresas salir de la dependencia de los planes centrales y de las órdenes del Estado, se perdió el control presupuestario, lo que, junto con el desorden causado por los disturbios étnicos y por la rivalidad entre repúblicas, hizo colapsar el tradicional sistema de distribución. A esto se sumó el hecho de que las reformas habían provocado la rápida desmoralización de Partido, que dejó de ser uno de los elementos tradicionales de la administración de la economía. (…)

Los canales económicos construidos en los años de la posguerra fueron seriamente dañados en un espacio de tiempo relativamente corto. Tal vez sólo el poder de la inercia del sistema y las relaciones personales y de trabajo de muchos años, que bordeaban las fronteras de las repúblicas y de las regiones, habían evitado el colapso total de la economía predicho por muchos observadores.

 

 

Organización y gestión

 

La colección de documentos de la CIA sobre la Unión Soviética publicada para la Conferencia de Princeton(31) incluye un gran número de análisis sobre los primeros intentos soviéticos de mejorar la organización y la gestión de la economía. (…)

Un informe de 1956(32) visto desde la perspectiva de los años después de la Unión Soviética, parecerá extravagante. En él encontramos elementos de flexibilidad en la aplicación del plan, que, de hecho, estuvieron presentes durante todo el período de la Unión Soviética, al mismo tiempo que nos ofrece una explicación completa de cómo funcionaba el sistema de gestión industrial. Por sorprendente que sea, el informe afirma que “los puntos fuertes del sistema de control centralizado soviético sobre las empresas parecen tener una mayor importancia que sus debilidades“.

Cuando Kruschev llevó a cabo su plan de reorganización industrial en 1957, creando más de 100 consejos económicos regionales, con el objetivo de disminuir la competencia de los ministros de Moscú sobre las decisiones tomadas localmente sobre las empresas industriales y de construcción, las evaluaciones de la CIA fueron decididamente negativas. Al comienzo de la reforma, un informe de la CIA(33) sostenía que la reorganización no proporcionaría una descentralización significativa de las decisiones económicas y que su efecto en el crecimiento industrial sería bajo.

En particular, la reforma no alteraría la toma de decisiones respecto a la asignación de recursos.

Tres años más tarde, otro informe(34) analizó la evolución del sistema territorial de organización y la planificación de la economía y señaló que los planificadores soviéticos se enfrentaban con el problema insoluble de tener que trabajar alternativamente de acuerdo a los principios de administración de los ministerios centrales y de los consejos territoriales: ningún sistema es capaz de “cubrir al mismo tiempo consideraciones ministeriales y regionales con igual eficiencia“. Al analizar los supuestos resultados obtenidos de la reorganización industrial de 1957, el informe constató que los logros anunciados no eran en su mayoría significativos o no se debían a la reorganización, y que los administradores locales no tenían mucha más libertad de maniobra que cuando estaban bajo la subordinación ministerial.

Algo similar ocurría en la agricultura. Un informe de 1963(35), que analizó los numerosos cambios administrativos en la gestión de las explotaciones agrícolas, no encontró mejoras en la eficiencia dignas de mención, cualquier alteración que fuese en el sentido de un control más centralizado o más descentralizado. (…)

El siguiente gran paso en la evolución de las reformas económicas fue el programa de Aleksei Kossíguine de 1965, que dio, en cierto sentido, un mayor poder a las empresas y cambió los indicadores porvlos cuales se evaluaba el rendimiento empresarial, dando más importancia a la ganancia y al rendimiento del capital. La reforma también dio lugar a una revisión de los precios al por mayor y permitió a las empresas acumular dinero en especie para el pago de bonificaciones a los empleados y para inversiones. Una primera evaluación del programa(36) consideró que las propuestas eran demasiado “tímidas” y que se podía “preveer de antemano” que sus resultados tendrían pocos efectos positivos y negativos. En resumen, el “nuevo sistema no podía funcionar mientras el antiguo permaneciese vigente“. Sin embargo, el informe hizo hincapié en la distancia que el pensamiento económico soviético había recorrido desde la época de Stalin. Elementos que contradecían la teoría marxista del valor, tales como el pago por el uso de la tierra y del capital, el papel de la demanda en la formación del precio y el “papel crucial de lucro“, podían ser discutidos abiertamente. El informe concluyó que la reforma evolutiva no funcionaría en la Unión Soviética y que “si la tasa de crecimiento continúa disminuyendo, la presión de nuevas reformas suegirá de nuevo“.

Un informe de 1977(37) analizó de forma sistemática los desarrollos en la organización y administración entre 1966 y 1977. Se llegó a la conclusión de que las reformas de Kossíguine se habían erosionado y que sus efectos beneficiosos “en el mejor de los casos, fueron mínimos“. Las reformas en la investigación y el desarrollo toparon con la resistencia de los gestores a la innovación y el cambio de los indicadores de éxito pusó a los gestores bajo presiones opuestas. Pero aunque los precios no eran irreales, daban señales equivocadas. A pesar de no vislumbrar grandes perspectivas de reformas más radicales en un futuro próximo, el informe de 1977 admitía que una reforma que incluyese medidas de mercado podría ser intentada más tarde. Habría que abolir los planes directivos para las empresas, sustituir la distribución de la mayoría de los bienes producidos por mercados mayoristas, liberalizar la mayoría de los precios e introducir incentivos basados ​​en el lucro. Todos estos elementos estaban presentes en la reforma económica de Gorbachov de 1987. (…)

Investigaciones intensivas sobre el proceso de planificación de Defensa presentaron la base para dos informes de 1988(38) y actualizaron nuestro conocimiento acerca de un zona altamente secreta. Su contenido es demasiado rico como para resumirlo, pero resalta que la planificación militar estaba estrechamente vinculada a los planes económicos nacionales y que los planes de adquisición de armas se guíaban por informaciones sobre los planes occidentales en este ámbito.

 

La política económica externa

 

A mediados de los años 50, el interés de Washington respecto a las intenciones y capacidades soviéticas relativas a la esfera económica internacional dio origen a un programa de extensas investigaciones de la CIA, que fue mantenido hasta los últimos días la Unión Soviética. A finales de los años 50, había un temor extremadamente grande en Washington de una “ofensiva económica” soviética en el tercer mundo. En el que es, tal vez, el mejor documento de la CIA sobre el asunto(39), el autor señaló que a mediados de los años 50, la URSS había alcanzado la independencia económica esencial y que estaba lista para iniciar una política económica internacional activa y agresiva. El comercio exterior con Occidente había aumentado. En 1965, el 45% de este comercio se realizaba con países en desarrollo. (…) A partir de 1961, la URSS alcanzó posiciones influyentes en las economías de Egipto, India, Afganistán, Indonesia y Cuba. En el mundo comunista, Moscú utilizó el arma del comercio para castigar a China, repatriando repentinamente a sus técnicos y facilitando las condiciones de negociación con la Europa del Este después de las revueltas de 1956. (…)

A mediados de los años 60 se hizo una evaluación de los programas de asistencia soviéticos. (…) El informe(40) señaló que la presencia soviética en los países en desarrollo consistía en especialistas, equipos e innovaciones, y que la URSS estaba consiguiendo desalojar a las potencias occidentales, en parte debido a su apoyo a la nacionalización de los bienes occidentales. Por otra parte, había habido algunos fracasos notables. Los países en desarrollo se quejaban frecuentemente de la lentitud en la concretización de los acuerdos de asistencia. (…) Por otra parte, la disminución de la influencia occidental no se traduciría necesariamente en un aumento de la influencia soviética, como se demostró después de la eliminacióndel poder de líderes apoyados por la URSS.

Un estudio de la CIA de mayo de 1976(41) señaló que la estructura institucional jerárquica concentraba en las cúpulas las decisiones sobre todas las cuestiones importantes relacionadas con la asistencia económica internacional. Sin embargo, los programas de asistencia eran llevaron a cabo por burócratas experimentados que podían ejercer una influencia considerable sobre los líderes políticos que disponían de menos información. Sin embargo, sus recomendaciones se sometían a los objetivos contradictorios y rivalidades entre las distintas instituciones involucradas en los programas. En general, la dirección soviética tendía a favorecer los programas de ayuda militar en detrimento de la ayuda económica, pensando en obtener de ahí mayores dividendos políticos.

En 1985, un estudio encargado por la CIA analizó en profundidad el comercio entre la URSS y los países en desarrollo en base a algunas estadísticas minuciosamente elaboradas y antes inexistentes. El trabajo(42) determinó que “algunas percepciones comunes acerca de la naturaleza del comercio son erróneas“. En primer lugar, las exportaciones soviéticas de bienes no militares a los países en desarrollo había crecido lentamente a partir de los años 70, época en que las condiciones del comercio con estos países se deterioraron. En segundo lugar, la Unión Soviética demostró no ser un mercado esencial para los productos manufacturados de los países en desarrollo. En tercer lugar, los precios de las materias primas importadas por la URSS de los países en desarrollo no eran más estables que los precios pagados por las economías de mercado occidentales. En general, pocos países en desarrollo, a excepción de aquellos que estaban en la esfera de influencia soviética, tenían una fuerte dependencia del comercio con la URSS, y la interdependencia entre la URSS y estos países, al parecer, había crecido mucho más lentamente de lo que se pensaba en Occidente o era dicho por los soviéticos.

 

 

Reducir la amenaza militar

 

La contribución de los analistas económicos de la CIA a los objetivos del análisis económico exterior, definidos por Max Millikan, consistió en apoyar controles comerciales, estimar la eficacia de otras restricciones comerciales y evaluar el impacto de la transferencia de tecnología en la economía soviética y en su fuerza militar.

En los años 50, el ORR publicó decenas de estudios sobre una variedad de aspectos de la industria con el fin de arrojar luz en zonas no estudiadas por Occidente e identificar posibles fuentes de vulnerabilidades a los embargos occidentales y otros medios de control comercial. A mediados de la década, una contribución para un breafing del presidente Eisenhower declaraba que, a pesar de que los controles tienen algún “efecto retardado” en las economías del bloque, la posición en la cadena interna de suministros de muchas de las mercancías incluidas en las listas de restricciones había sido determinada con mayor precisión. Más tarde, el apoyo de la CIA a los controles de las exportaciones se centró gradualmente en listas más pequeñas de mercancías estratégicas. Por ejemplo, un memorando(43) al director del Control de Exportaciones del Departamento de Comercio constató que la tecnología de semiconductores estaba bastante atrasada en la URSS, con una lista de equipos inferiores para los que los soviéticos estaban tratando de encontrar sustitutos extranjeros.

A principios de 1962, con vista a la imposición de un eventual embargo, la CIA analizó la capacidad de la URSS para producir tuberías de gran diámetro. En un memorando al Comité Consultivo sobre la Política de Exportaciones del Departamento del Comercio, de mayo de 1970, el ORR informó que los persistentes intentos por parte de la URSS de comprar máquinas fresadoras Gleason se debían al atraso tecnológico de la industria automotriz. Las máquina-herramientas de Gleason eran “cruciales” para la modernización de la producción de camiones soviéticos, y todas las fábricas que querían adquirir máquinas fresadoras Gleason tenía en los respectivos planes de producción el aumento de la producción de vehículos de doble tracción, los más adecuados para operaciones militares tácticas. En este tipo de contribuciones y en apoyo técnico a los comités asesores de determinadas áreas específicas de control de exportaciones, los analistas de la CIA daban cuenta del nivel tecnológico de la URSS y de la disponibilidad de equipos en países que no participaban en los controles de exportación.

 

 

Sanciones y restricciones comerciales

 

Cuando Kruschev comenzó su campaña de fertilización química, la URSS pidió grandes préstamos a Occidente con plazo largos de pago. El ORR informó que los préstamos reducirían la distribución de recursos a otros programas prioritarios y, partiendo de varias hipótesis y previendo diversos escenarios, llegó a la conclusión de que la URSS sólo podía pagar los préstamos si era capaz de aumentar sus exportaciones a Occidente en un 5% al año. En 1980, la cuestión de la eficacia de las restricciones al crédito era central en los debates políticos. Dos memorandos fueron publicados en 1982(44) por el Consejo Nacional de Informaciones(45). El primero destacaba que los lazos financieros que vinculaban a la URSS con Europa del Este proporcionaban una “oportunidad única de usar las medidas económicas para influenciar la conducta de Moscú“. (…)

El interés de las autoridades en las restricciones al crédito disminuyó en parte debido a memorandos(46) del Gabinete de Informaciones Soviéticas (SOVA) de la CIA transmitidos a los altos funcionarios ministeriales. Usando un modelo financiero, el SOVA definió varios niveles de concesión de préstamos para determinar la capacidad de importación soviética. Para decepción de aquellos que defendían las presiones sobre la Europa Occidental y Japón para limitar el acceso de la URSS a nuevos préstamos, el memorando reveló que, después de 1985, el aumento del servicio de la deuda equivalía al aumento de los nuevos préstamos en los diferentes escenarios. Así, la capacidad de importación se mantenía prácticamente igual a lo largo de toda la gama de hipotéticos préstamos que fuesen otorgados.

La CIA siempre ha sido pesimista en relación a la eficacia de los embargos occidentales a las exportaciones a la Unión Soviética y al bloque soviético. Por lo general eran citadas dos razones: la dificultad de convencer a otros países a adherirse a los embargos y la capacidad del bloque para ajustarse internamente. Un informe de 1961(47) es ilustrativo en este sentido. Consideraba que un embargo unilateral sería ineficaz debido al muy bajo volumen del comercio entre los EE.UU. y la URSS. Si se uniesen los países de la OTAN y Japón, según las estimaciones más optimistas, serían embargados bienes occidentales en un valor aproximado de cuatro mil millones de dólares, pero el efecto se haría sentir principalmente en los primeros seis meses. Después el bloque encontraría proveedores alternativos. En 1980, los Estados Unidos prohibieron las exportaciones de cereales a la URSS, tras la intervención soviética en Afganistán, y firmó acuerdos con otros importantes exportadores para que no reemplazasen los cereales estadounidenses. Un informe del ORR(48), que pretendía “aclarar” el impacto del embargo, reveló que las importaciones soviéticas de cereales se habían reducido en seis millones de toneladas hasta septiembre de 1980. Sin embargo, su impacto “fue sustancialmente mitigado por el hecho de que otros exportadores vendieron más cereales a la URSS de lo que se esperaba cuando se declaró el embargo“. Además de eso, los soviéticos se las arreglaron para sustituir parte de las importaciones perdidas recurriendo a sus reservas internas.

Se observaron limitaciones similares en los intentos de Estados Unidos de interferir en la construcción del gasoducto Siberia-Europa. La Europa Occidental deseaba recibir el gas y se negó a cortar el suministro de compresores y de conductos de gran diámetro. Por su parte, la URSS fue capaz de reunir internamente  condiciones técnicas y capacidad industrial para llevar a cabo el proyecto sin los compresores estadounidenses. (…)

 

 

El control de las transferencias de tecnología

 

Los responsables de Washington tenían una inmensa sed de estimaciones sobre la importancia de las transferencias de tecnología en la economía soviética y en el desarrollo militar. La respuesta habitual de la CIA era la siguiente: a) prácticamente toda la tecnología soviética era relativamente atrasada, lo que creaba demanda de tecnología occidental más avanzada; b) la contribución de esta tecnología importada estaba, aparentemente, limitadada a pequeñas áreas, ya que los equipos que Moscú podía comprar representaban una pequeña parte de la inversión total, c) las limitaciones sistémicas en la asimilación y difusión de las nuevas tecnologías occidentales (o soviéticas) limitaban aún más su impacto. Aún así, el informe de la CIA refirió muchos casos de copias y adaptaciones soviéticas de proyectos occidentales, lo que era una forma de transferencia de tecnología que no se podía medir o prevenir fácilmente.

Después de la relajación de los controles sobre las exportaciones de maquinaria y equipos por Occidente en los años 50, el flujo de tecnología a la URSS aumentó. (…)

Dos informes(49) revelaron la dificultad de la Unión Soviética para asimilar la tecnología agrícola occidental, afirmando que incluso adaptaciones bien hechas de los proyectos occidentales daban lugar a productos de mala calidad debido a las deficiencias de planificación y de los incentivos. (…)

Un conjunto de informes(50) afirmaba, en términos generales, que la brecha tecnológica era grande y que probablemente se extendería aunque la URSS tuviese amplio acceso a las tecnologías occidentales. (…)

Las adquisiciones de tecnología de la URSS se concentraban en los sectores con mayor importancia militar, lo que estimuló un gran conjunto de investigaciones. (…) Uno de los ejemplos más sorprendentes se refiere a la industria de la microelectrónica. Un informe de 1986(51) señala que los nuevos equipos habían “mejorado radicalmente la calidad y la cantidad” de la producción en Occidente. Ahora, el retraso de la URSS en los circuitos integrados avanzados era de ocho o nueve años; sin la asistencia occidental podría alcanzar 18 o 19 años. A través de la “adquisición, en muchos casos ilícita”, los requisitos militares cruciales habían sido cumplidos. Relativizando la importancia que la tecnología occidental podía tener en esta pequeña industria, el informe estimaba que los equipos occidentales representaban aproximadamente una tercera parte de los “equipos cruciales en todas las áreas de la producción“.

 

 

Evaluación de la correlación de fuerzas entre el Este y el Oeste

 

El quinto objetivo de Max Millikan para las informaciones económicas externas despertó quizás más interés y generó más controversia que cualquier otro aspecto del análisis de la CIA de la economía de la Unión Soviética. En los años 50, muchos se preocupaban con el hecho de que el equilibrio de fuerzas entre el Este y el Oeste, o por lo menos entre la URSS y los EE.UU., estaba a favor del Este. La investigación de la CIA elaboró estimaciones en dólares del valor del PIB de la URSS y de cada uno de sus componentes: consumo, inversión, defensa y administración del Estado.

El procedimiento para elaborar las estimaciones, salvo algunas excepciones, comenzaba con el cálculo en rublos de los valores de los componentes del PIB, convirtiendo estos valores en dólares. Esto era hecho de acuerdo a la paridad apropiada dólar-rublo con el fin de expresar lo que costarían en dólares los bienes o servicios adquiridos en rublos en un segmento particular del PIB soviético. Después, los componentes del PIB de los EE.UU. eran convertidos en rublos con el fin de expresar lo que costaría en rublos bienes o servicios adquiridos en dólares en un segmento particular del PIB de los EE.UU.. El resultado de este ejercicio fue un conjunto de comparaciones entre el PIB norteamericano y soviético expresadas alternativamente en dólares y rublos. En las publicaciones de la CIA se presentaba un único valor comparado que resultaba de la media geométrica de las comparaciones del dólar y del rublo.

La enorme investigación necesaria para obtener paridades de conversión adecuadas fue descrita ampliamente en una serie de trabajos no secretos(52). (…)

 

 

Las comparaciones

 

Uno de los primeros documentos(53) de la CIA que trabajó con comparaciones EE.UU.-URSS, estimó el resultado físico por trabajador en las ramas de la industria y del transporte, donde los datos disponibles permitían tales comparaciones. De acuerdo a sus estimaciones, la productividad del trabajo en la URSS, en relación al nivel de los EE.UU., oscilaba entre el 15% (hilado de textiles de algodón) y el 73% (altos hornos). En el sector minero, el informe atribuía los cambios de la productividad a las diferencias de las condiciones naturales, y en otros sectores a las diferencias en las tecnologías e inversiones. Diferencias sistémicas, tan prominentes en comparaciones posteriores de la productividad, no fueron mencionadas.

Una investigación realizada a mediados de 1950 permitió la comparación del PIB y de sus componentes en los EE.UU. y en la URSS en 1955. Las paridades rublo-dólar utilizadas en el informe(54), que fue presentado al Comité Económico Conjunto del Congreso de los Estados Unidos en 1959, se basaron en estudios de la RAND Corporation. (…)

 

Cuadro

La comparación en dólares se puede interpretar como una evaluación grosera de la capacidad relativa de la URSS y de los EE.UU. para producir un conjunto determinado de bienes y servicios soviéticos. En lugar de ello, la comparación en rublos se puede interpretar como la capacidad relativa de dos países para producir un conjunto determinado de bienes y servicios norteamericanos. Teniendo en cuenta los respectivos recursos y las condiciones de producción de cada país, era esperado que la Unión Soviética figurase mejor en la comparación en dólares (relativa a la capacidad de producir el conjunto soviético) que en la comparación en rublos (relativa a la capacidad de producir el conjunto norteamericano).

En los años siguientes, a medida que fueron desarrolladas y aplicadas nuevas estimaciones del valor del PIB soviético en rublos y nuevas paridades rublo-dólar, la comparaciones geométricas mostraron a la URSS en varias posiciones. En un informe del ORR de 1966(55) se afirma que la razón principal de la corrección a la baja de las comparaciones URSS-EE.UU., se debía a los cambios en las paridades rublo-dólar que tomaban en cuenta la baja calidad de los bienes duraderos soviéticos y la baja productividad de los trabajadores soviéticos en los sectores de salud y educación. Más tarde, sin embargo, un documento de la CIA publicado en 1979(56) mostró nuevas comparaciones “basadas en [nuevas] paridades de poder de compra cubriendo el consumo, la maquinaria, la construcción y la defensa“. Las paridades incidieron sobre una muestra mucho mayor de bienes y servicios y tuvieron en cuenta una comparación de la ONU de los productos nacionales, lo que ayudó a seleccionar la muestra y las especificaciones del los productos. Según la comparación de la CIA, el PIB Soviético en 1976 representaba el 60% del PIB de los EE.UU. (expresión geométrica), el consumo per cápita el 37% del consumo per cápita de los EE.UU. y los gastos en Defensa y en el sector espacial el 136% del nivel de los EE.UU..

En 1981, el Comité Económico Conjunto publicó un informe de la CIA(57) que rebajó las estimaciones del consumo soviético expresado en dólares. El documento afirmaba que, desde 1960, los niveles de vida de Japón “alcanzaban y superaban a los de la URSS, mientras que Francia, Alemania Occidental e Italia aumentaron su ventaja“. El estudio calcula que el consumo soviético per cápita representaba el 34% del nivel de los EE.UU. en 1976. (…)

La siguiente comparación del PIB se produjo en 1984(58). Este informe estableció el PIB soviético de 1960 en el 49% del PIB de los EE.UU. y el de 1983 en el 55%. El consumo per cápita en 1983 era un tercio del nivel de los EE.UU.. (…)

Según la edición de 1991 del anuario de la CIA(59), la comparación en dólares de las dos economías alcanzó su punto máximo alrededor de 1970, manteniéndose estable en los años 70, para caer de forma consecutiva en los años 80 (…)

 

 

¿Hasta qué punto eran fiables las comparaciones en dólares?

 

Las comparaciones en dólares del PIB de los EE.UU. y de la URSS fueron objeto de críticas justas por no tener suficientemente en cuenta las diferencias de calidad de los productos de la muestra que servían de base para las paridades rublo-dólar, usadas para convertir el PIB soviético en dólares y el PIB estadounidense en rublos. (…)

El objeto medido por estas comparaciones no era evidente. La CIA argumentaba que eran más válidas como medida de rendimiento real que el potencial productivo. (…)

Sin embargo, si se fuese más exigente, toda la estructura de las comparaciones internacionales (por ejemplo, de la ONU) se vendría abajo, y con ella la mayor parte de los análisis estadísticos de crecimiento económico que se basaban en estas comparaciones. En lo que respecta a la Unión Soviética, como en muchos análisis económicos, los requisitos de pureza teórica se enfrentaban con las exigencias de análisis políticamente relevantes. Los economistas de la CIA buscan proporcionar análisis relevantes, reconociendo las limitaciones inherentes a la información estadística soviética. (…)

 

James H. Noren
Analista económico de la CIA (retirado)

 

 

***

 

 

Nota del editor

 

Este trabajo, interesante en muchos aspectos, escrito por un antiguo empleado de la CIA, no sospechoso de simpatizar con el sistema socialista, nos da una visión general de la evolución de la economía soviética a lo largo de las últimas cuatro décadas de la existencia de la URSS.

Independientemente de la menor o mayor fiabilidad de las estimaciones y métodos utilizados por los analistas de la CIA, salta a la vista que las investigaciones exhaustivas hechas a lo largo de los años llevaron a conclusiones diametralmente opuestas acerca del potencial del sistema.

Si, por ejemplo, a principios de los años 50, los políticos de la Casa Blanca estaban muy preocupados con la posibilidad de que la URSS alcanzase y superase la economía de los EE.UU., estos miedos comenzaron a desvanecerse en la segunda mitad de los años 50 y desaparecen por completo en las décadas siguientes, cuando se hizo patente la creciente brecha entre la economía soviética y las economias más desarrolladas del mundo, sobre todo la de los EE.UU..

¿Qué le pasó a este sistema económico que dio tan buenos resultados hasta mediados de los años 50, para que de repente entre en un declive gradual y continuo, cada vez más lejos de los mejores estándares del mundo?

La respuesta a esta pregunta exige que cuestionamos su formulación. ¿Ha habido un único sistema de administración económica a lo largo de la existencia de la URSS, aunque con reformas naturales y adaptaciones?

Los hechos de la historia nos muestran que la idea de que el sistema de administración y dirección de la economía soviética haya sido siempre el mismo, al menos en lo esencial, no corresponde a la realidad.

Después del “comunismo de guerra”, llegó la Nueva Política Económica (NEP) para llevar a cabo, entre 1929 y 1953, un sistema centralizado de planificación y dirección macroeconómica, es decir, abarcando la economía nacional como un todo.

Las virtudes de este sistema, a pesar de que puedan parecer “extravagantes” a muchos, fueron reconocidas en un informe de la CIA de 1956, donde se afirma que “los puntos fuertes del sistema soviético de control centralizado sobre las empresas parecen tener una importancia mayor que sus flaquezas“. (Citado anteriormente)

En los años 50, la CIA reconocía que “la industria electrotécnica, a la cual se le había dado alta prioridad, estaba aumentado rápidamente su producción, tenía, en general, personal cualificado y los materiales que necesitaba, y disponía de equipos relativamente modernos (la mayoría de diseño soviético). Este sector podía suministrar todas las necesidades de equipos electrónicos y de telecomunicaciones, así como plantar cara a una futura guerra mundial. Otros informes sobre diferentes ramas de la industria indicaron resultados similares, en el sentido de que no habían sido detectadas vulnerabilidades significativas“. (Citado anteriormente)

Por otra parte, la historia es testigo de que a este sistema centralizado se deben los logros sin precedentes alcanzados por la URSS en el período de la industrialización, durante la II Guerra Mundial y en la recuperación de la posguerra.

En un período cortísimo, sin crisis ni recesiones, la Unión Soviética se convirtió en la segunda potencia industrial del mundo, hazaña más que admirable tal y como se conoce el nivel de destrucción del que comenzó. Al final de este período, los propios analistas de la CIA llegaron a la conclusión de que la URSS había alcanzado su “independencia económica”, como se indica en este trabajo.

Las reformas económicas de Kruschev (a menudo mencionadas aquí) no fueron meros ajustes o mejoras. En la práctica, introdujeron un nuevo sistema de gestión de la economía, dando expresión a la tendencia para el desarrollo de las relaciones de mercado, en contra de la llamada línea de “control administrativo”, es decir, aquella que buscaba la restricción gradual de las relaciones de mercado, hasta su completa desaparición.

 

 

La destrucción del sistema central de planificación y control

 

Las reformas de Kruschev y las que le siguieron, con avances y retrocesos que surgen de la confrontación interna entre las dos tendencias principales, mutilaron el sistema de planificación centralizada a favor de la autonomía financiera de las empresas, las cuales cada vez más se veían como actores independientes con intereses propios, no subordinados y con frecuencia contradictorios con los intereses generales de la economía y de la sociedad en su conjunto.

La extinción en 1957 del Gosplan (Comité Estatal de Planificación constituido con el Consejo de Comisarios del Pueblo en agosto de 1923) y la creación de más un centenar de consejos económicos regionales reflejan una concepción que está en las antípodas del sistema económico desarrollado en las dos décadas anteriores.

 

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Los malos resultados de esta “descentralización”, vease el desmantelamiento de la planificación y del control vertical de la economía, fueron registrados por los analistas de la CIA: “Los planificadores soviéticos se enfrentaban con el problema insoluble de tener que trabajar alternativamente de acuerdo a los principios de la administración de los ministerios centrales y de los consejos territoriales: ningún sistema es capaz de “incluir consideraciones ministeriales y regionales al mismo tiempo y con igual eficiencia”.

Siete años más tarde, después de la destitución de Kruschev, el Gosplan sería restablecido, pero nunca más recuperó sus competencias y el papel principal que desempeñaba en la planificación de la economía.

Este retiro, o incluso la renuncia a la construcción del socialismo y del comunismo, tuvo consecuencias irreversibles y marcó el inicio del deterioro del progreso social y económico de la URSS. Los analistas de la CIA lo señalaron sistemáticamente en sus estimaciones y modelos.

Con la extinción del Gosplan, la economía soviética perdió para siempre el órgano superior de planificación, su estado mayor, a partir del cual, basado en análisis ponderados y cuantificados, se tomaban las decisiones que se traducían en nuevas avances en la producción, permitiendo la satisfacción de las crecientes necesidades de la población y el aumento de su bienestar material y cultural.

Sobretodo se perdieron las economias de escala permitidas por el sistema de dirección, planificación y control vertical, en el que la rentabilidad de unidad industrial era evaluada en una perspectiva macroeconómica. Es decir, una planta de neumáticos (utilizando el ejemplo que se plantea en este estudio) podría tener equipos obsoletos, una baja productividad y calidad deficiente de sus productos. Sin embargo, mientras que el Estado no pudiese asignarle nuevos medios de producción e incluso si tal unidad fuese defectuosa, continuaba siendo imprescindible para la circulación del parque automovilístico, y sus déficits serían fácilmente compensados por otras unidades o sectores más modernos.

 

 

El inevitable resultado de las aventuras revisionistas

 

Esta lógica fue derrocada con las reformas iniciadas por Kruschev, continuadas por Brezhnev / Kossíguine y generalizadas por Gorbachov. Los resultados son conocidos.

La desorganización provocada por las reformas de Kruschev acabaría por ser fatal a sus iniciativas grandiosas pero mal preparadas, propagadas a los cuatro vientos, como lo demuestra la mayor exploración de “tierras vírgenes”. ¿Por qué razón falló este gigantesco proyecto que contó, probablemente por última vez, con la adhesión y el entusiasmo de las masas?

Los analistas de la CIA señalan que el Estado “había sido capaz de movilizar recursos rápidamente, pero al parecer las cosas habían sido “desarrolladas sin un  análisis previo profundo” sobre la mejor manera de usarlos y sin haber hecho una estimación realista de los niveles de producción que podrían ser alcanzados“. (Citado anteriormente)

Algo similar se puede decir sobre el proyecto irreflexivo de la plantación de maíz y otros cultivos, la liquidación de las Estaciones de Máquinas-Tractores, la creación de consejos económicos locales y la extinción de ministerios centrales y al nivel de las repúblicas, etc. Ninguna de estas decisiones fue sustentada en estudios serios y profundos, consiguiendo sus resultados catastróficos asociados al voluntarismo de Kruschev, personaje que tan violentamente había condenado los “males” del poder personal de su predecesor.

La apreciación de los analistas de la CIA, realizada en la época, es inequívoca: “las iniciativas de Khrushchev empeoraron en la mayor parte de los casos la situación en la agricultura. (…) La decisión de labrar los pastos y las tierras de barbecho para sembrar maíz, remolacha, guisantes y frijoles parecía irrazonable, en particular en el caso del maíz. Aunque a corto plazo pudiesen dar algunos resultados, a largo plazo, los niveles de humedad del suelo y de nutrientes bajarían”. (Citado anteriormente)

En 1963, como nos relata el autor, el presidente de los EE.UU, Lyndon Johnson, estaba tan eufórico con los fracasos monumentales de Kruschev que envió un delegación a Europa para difundir la noticia. El “milagro económico soviético”, al igual que la historia, hoy olvidada, lo registró, se esfumó en pocos años de aventuras revisionistas.

La eliminación de Kruschev y la corrección de algunos de sus desvaríos no revertieron la política económica y la subyacente tendencia de declive. Con los avances y retrocesos mitigados, la orientación a la creciente introducción de los mecanismos de mercado fue mantenida, preparando el terreno para la perestroika (1985-1987) y las privatizaciones y liberalización (1989-1991), que consumieron la derrota del socialismo y la restauración completa del capitalismo.

 

 

Notas:

(1) Office of Research and Reports.

(2) Trends in Industrial Production in the USSR, 1955-63, Diciembre de 1964 y Trends in Output, Inputs, and Factor Productivity in Soviet Agriculture, Mayo de 1966.

(3) Long-Run Soviet Economic Growth, 1954.

(4) La función de la producción relaciona la cantidad producida con el conjunto de factores de producción, designadamente capital y trabajo. (N. Ed.)

(5) Trends in Factor Productivity in Soviet Industry, 1951-63, Noviembre de 1964.

(6) El dúo estadounidense Paul Douglas (1892-1976), economista, y Charles Cobb (1875- 1949), matemático, propusieron y testaron el método de las funciones de producción, en 1928, para determinar los resultados de una producción, en función con la relación entre capital y trabajo. (N. Ed.)

(7) Investment and Growth in the USSR, Marzo de 1970.

(8) The Mineral Fertilizer Industry in the USSR, Abril de 1954.

(9) The Soviet Fertilizer Industry: Great Plans, Little Progress, Marzo de 1962.

(10) Office of Soviet Analysis.

(11) The Slowdown in Soviet Industry, 1976-82, Junio de 1983.

(12) Weather-Crop Yield Correlations as Applied to Crop Yield Estimates for the European
USSR, Mayo de 1952.

(13) Soviet Climate Change: Implications for Grain Production, Mayo de 1985.

(14) The New Lands Program in the USSR.

(15) Recent Developments in Soviet Agriculture, Noviembre de 1962.

(16) Long-Run Soviet Economic Growth, Diciembre de 1954.

(17) Sovsim: A Model of the Soviet Economy, Febrero de 1979.

(18) The Impending Soviet Oil Crisis, Marzo de 1977.

(19) Office of Economic Research.

(20) The Implications of the New Soviet Economic Policy, Diciembre de 1953.

(21) U.S. Congress Joint Economic Committee.

(22) Trends in the Soviet Economy, Febrero de 1963.

(23) Estimated Effect on the Soviet Economy of the Level of Disarmament Implied by Recent Soviet Proposals, Mayo de 1957.

(24) Archibald Alexander, Economic Consequences of Reduction in Soviet Military Expenditures Under ACDA Planning Assumption, Agosto de 1966.

(25) US Arms Control and Disarmament Agency (ACDA).

(26) Implications of the Present Soviet Economic Problems, Febrero de 1973.

(27) Gorbachev’s Economic Agenda: Promises, Potentials, and Pitfalls, Septiembre de 1985.

(28) The Soviet Machine-Building Complex: Perestroyka’s Sputtering Engine, Abril de 1988.

(29) USSR: Sharply Higher Deficits Threaten Perestroyka, Septiembre de 1988.

(30) Soviet Industry in 1989: Falling into Disarray, Março de 1990 e The Soviet Economy
Stumbles Badly in 1989, Mayo de 1990.

(31) La referida conferencia, titulada CIA’s Analysis of the Soviet Union, 1947-1991, tuvo lugar en la Universidad de Princeton, estado de Nueva Jersey (EE.UU.), entre el 9 y el 10 de Marzo de 2001.

(32) Management of the Soviet Industrial Enterprise, Noviembre de 1956.

(33) The Political and Economic Effects of the 1957 Industrial Reorganization, Octubre de 1958.

(34) Developments in the Organization and Planning of Soviet Industry, Agosto de 1961.

(35) Vacillations in the Organization of Soviet Agriculture, Agosto de 1963.

(36) The Soviet Economic System in Transition, Mayo de 1966.

(37) Organization and Management in the Soviet Economy: The Ceaseless Search for
Panaceas, Diciembre de 1977.

(38) USSR Forecasting and Planning Weapons Acquisition, Janeiro de 1988, e Preparing the
Soviet Five-Year Defense Plan: Process, Participants, and Milestones, Octubre de 1988.

(39) External Impact of Soviet Economic Power, Octubre de 1962.

(40) Soviet Foreign Aid to the Less Developed Countries: Retrospect and Prospect, Febrero de 1966.

(41) Organization of Foreign Military and Economic Aid, Mayo de 1976.

(42) USSR-LDC Trade: An Economic and Quantitative Analysis, Febrero de 1985 [LDC =
países en desarrollo (N. Ed.)]

(43) USSR and Eastern Europe: Semiconductors, Abril de 1973.

(44) The Soviet Bloc Hard Currency Problem and the Impact of Western Credit Restrictions, Marzo
de 1982, y The Soviet Bloc Financial Problem as a Source of Western Influences, Abril de 1982.

(45) National Intelligence Council.

(46) USSR: The Role of Western Credits, Enero de 1982.

(47) Western Economic Sanctions Against the Sino-Soviet Bloc, Julio de 1961.

(48) USSR: Adjusting to the Grain Embargo, Febrero de 1981.

(49) Soviet Efforts to Introduce US agro-technology, Noviembre de 1975, y Agricultural
Machinery Technology in the USSR and Eastern Europe, Mayo de 1976.

(50) The Technological Gap: The USSR vs. the US and Western Europe, Junio de 1969,
Transfer of Technology from the United States to the USSR: Problems and Prospects,
Diciembre de 1973, Significance of Soviet Acquisition of Western Technology, Junio de 1975,
Soviet Economic Dependence on the West, Junio de 1975, y Soviet Microelectronics: Impact of
Western Technology Acquisitions, Diciembre de 1986.

(51) Soviet Microelectronics: Impact of Western Technology Acquisitions, Diciembre de 1986.

(52) Ruble-Dollar Ratios for Prices of Machine Tools, Metal-Forming Machinery, Textile
Machinery, and Abrasive Products, Octubre de 1956; 1955 Ruble-Dollar Ratios for
Construction in the USSR and the US, Agosto de 1964; A Comparison of Consumption in the
USSR and the US, Enero de 1964; USSR and the United States: Price Ratios for Machinery,
1967 Rubles-1972 Dollars, Volumes I y II, Septiembre de 1980; y Consumption in the USSR: An
International Comparison, Agosto de 1981.

(53) Comparative Levels of Labor Productivity in the US and the USSR, 1951, Diciembre de 1954.

(54) A Comparison of Soviet and United States National Product.
(55) US and USSR: Comparisons of Size and Use of Gross National Product, 1955-64, Março de 1966.

(56) US and USSR: Comparisons of GNP, 1979.

(57) Consumption in the USSR: An International Comparison, Agosto de 1981.

(58) A Comparison of Soviet and US Gross National Products, 1960-83, Agosto de 1984.

(59) Handbook of Economic Statistics, 1991

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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2 pensamientos en “La economía soviética vista por los analistas de la CIA

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