El Maoísmo: fruto de la lucha contra el revisionismo moderno

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La Era de la Revolución Proletaria Mundial fue inaugurada por el triunfo de la Revolución de Octubre.

Las ideas comunistas y la lucha política del proletariado se extendieron a lo largo y ancho del planeta, produciendo luego de la segunda guerra mundial imperialista, un cambio en la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo: surgió el Campo Socialista.

El impetuoso avance de la lucha revolucionaria antiimperialista en Africa, Asia y América Latina, confirmó la apreciación leninista sobre el acercamiento cada día mayor entre el frente de lucha contra el capital y el frente de lucha contra el imperialismo, como las dos grandes corrientes históricas de la nueva era.

El sistema imperialista mundial se agrietaba cada vez más, al sufrir derrotas no sólo en países capitalistas, sino también en los no capitalistas como Albania, Corea y China.

Las inmensas supervivencias del feudalismo en la sociedad china, con su correspondiente superestructura militarista burocrática, determinaron que la revolución agraria fuera la base y contenido de la Revolución Democrática Burguesa que necesitaba esa sociedad. En China, el imperialismo se constituyó en el soporte de las supervivencias feudales, apoyando y reforzando toda la maquinaria burocrática feudal. De ahí que la revolución burguesa, fuera a la vez que una revolución agraria contra el feudalismo, también una revolución antiimperialista, porque sin derrotar al imperialismo, -fuerza y aliento de los terratenientes, era imposible acabar con las supervivencias del feudalismo chino.

La vigencia de la Revolución Proletaria Mundial, la gran actividad revolucionaria del proletariado chino, la existencia de la Dictadura del Proletariado en Rusia, el auge de la revolución agraria campesina y la impotencia política de la burguesía china por su dependencia umbilical del imperialismo, fueron condiciones que permitieron y exigieron al proletariado ser el dirigente de la Revolución Democrática Burguesa como única clase garante de que una vez derrotado el feudalismo y el imperialismo, la revolución no tomara el camino capitalista sino continuara directamente hacia el socialismo.

En efecto, esa revolución, no contra el capitalismo sino contra el feudalismo y el imperialismo, fue dirigida por el proletariado bajo la guía del comunismo, de su Partido Comunista con su jefe y maestro: Mao Tse-tung.

Sobre la base del análisis concreto de las condiciones concretas de China, el Partido Comunista concertó en la revolución de 1924-1925 una alianza con el Kuomintang, representante político de la burguesía Nacional. Esta alianza fue posible en la medida en que los Tres Nuevos Principios del Pueblo: «Nacionalismo», «Democracia» y «Vida del Pueblo» formulados por Sun Yat-Sen en 1924, inspiraban tres grandes políticas: «Alianza con Rusia», «Alianza con el Partido Comunista» y «Ayuda a los campesinos y obreros». De esta forma los «tres principios del pueblo» eran análogos en lo fundamental al programa mínimo del Partido Comunista, esto es, permitían desarrollar en alianza con la burguesía nacional la revolución antiimperialista y antifeudal.

Si bien existía analogía básica, no por ello eran idénticos los tres principios del pueblo al programa mínimo de los comunistas. Este último también incluía: «La implantación definitiva del Poder Popular, la jornada de ocho horas y una revolución agraria cabal».

Así lo explicaba Mao Tse-tung en 1940:

«El comunismo prevé, además de la etapa de la revolución democrática, la etapa de revolución socialista y, por consiguiente no sólo tiene un programa mínimo sino también un programa máximo, es decir, el programa para el establecimiento del socialismo y del comunismo»… «La concepción comunista del mundo es el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, mientras que la de los Tres Principios del Pueblo, es la que explica la historia en términos de la vida del pueblo, que en esencia es dualismo o idealismo…» «Los comunistas hacen concordar teoría y práctica… Entre los partidarios de los Tres Principios del Pueblo, excepto los más leales a la revolución y a la verdad, no existe unidad de la teoría con la práctica sino contradicción entre lo que desean y lo que hacen…».(1)

El análisis concreto de la situación concreta china, permitió al Partido Comunista determinar que la concentración del poder imperialista y lacayo en las ciudades, posibilitaba y hacía necesario desarrollar en el campo la Guerra Popular, como forma principal de lucha desde el comienzo, creando Poder Rojo que luego cercara y tomara las ciudades. Fue así como después de la traición del Kuomintang en 1927, se crearon las primeras Bases de Apoyo en las montañas de Ching Kang, librando una guerra civil contra el Kuomintang de Chiang Kai-Shek hasta 1937; luego lucharon contra el imperialismo japonés en un Frente Unido con el mismo Kuomintang para culminar con una guerra de liberación de tres años contra Chiang Kai-Shek y el imperialismo norteamericano, coronando en 1948 la victoria de la
Revolución de Nueva Democracia, esto es, la revolución democrática burguesa de nuevo tipo, bajo la dirección del proletariado y en alianza con el campesinado y demócratas burgueses.

Se fundó así la República Popular China, emprendiendo su marcha hacia el socialismo, al proponerse hasta 1956 revolucionarizar la estructura económica en el sistema de propiedad, avanzando en el socialismo sin pasar por una sociedad capitalista de dictadura burguesa.

«Por revolución de nueva democracia se entiende una revolución antiimperialista y antifeudal de las grandes masas populares bajo la dirección del proletariado. Sólo a través de una revolución semejante puede la sociedad china avanzar hasta el socialismo; no hay otro camino». Mao Tse-Tung

 

 

Segunda gran crisis del movimiento comunista internacional

 

En 1957 se celebró en Moscú una importante conferencia con representantes de Partidos Comunistas y Obreros de los Países Socialistas, en la cual se elaboró un programa común para el Movimiento Comunista Internacional, conocido como la «Declaración de Moscú de 1957».

De todos los participantes sólo la «Liga de Comunistas de Yugoslavia», se manifestó en contra de dicha declaración y era de esperarse, pues en ésta se explicitó la condena al revisionismo como el principal peligro en el Movimiento Comunista Internacional.

Desde 1948 el Buró de Información de los Partidos Comunistas advirtió en forma correcta que el Partido Comunista de Yugoslavia se había apartado de los principios del Marxismo Leninismo y seguía el erróneo camino del nacionalismo burgués. En efecto, los comunistas yugoslavos en el programa del VII Congreso de la Liga de manera oficial proclamaron sus tesis y teorías revisionistas.

En esencia el programa de la Liga Yugoslava, reeditó las viejas banderas revisionistas de Bernstein, Kautsky y Hilferding, sobre la renuncia a la revolución proletaria, renuncia a la destrucción de la máquina estatal burguesa y renuncia a la Dictadura del Proletariado.

Los neo-bernsteinianos yugoslavos desenterraron estas teorías envolviéndolas en el velo de la «autoadministración de las empresas», «neutralidad ante los bloques», «existencia de factores de socialismo en los países capitalistas» y otra serie de especies oportunistas, que en el fondo evidenciaban la renuncia al materialismo dialéctico para adoptar la sofistería; la renuncia a la teoría marxista leninista sobre el Estado, para abrazar la teoría del Estado «supraclasista» «de todo el pueblo»; la renuncia al Internacionalismo Proletario, para postrarse ante el nacionalismo burgués; la renuncia a la lucha de clases para embaucar al proletariado con la «transición pacífica»; en fin, la renuncia al socialismo y el comunismo para idolatrar al capital imperialista y su restauración en los países socialistas.

Entretanto en la URSS, si bien Stalin luchó y purgó a una serie de elementos enemigos del socialismo, la nueva burguesía había logrado «aguantar el chaparrón», conservando una importante base social en los sectores burocráticos y privilegiados de la sociedad.

Los revisionistas como representantes políticos de esa nueva burguesía,  consideraron favorables las condiciones a partir de 1956 para hacer valer su poder, tanto en la estructura como en la superestructura de la sociedad soviética. Comenzaba así, la segunda gran crisis del Movimiento Comunista Internacional.

La profundidad de las divergencias en el Movimiento Comunista Internacional, se evidenció en el XX Congreso del PCUS -Partido Comunista de la Unión Soviética- celebrado en 1956. En él dio su zarpazo el revisionismo moderno liderado por Jruschov, quien pretextando criticar «el culto a la personalidad» proclamó la negación total de Stalin, presentándolo como un «enemigo del movimiento obrero», cuando en realidad fue un enemigo a muerte de la burguesía.

El XX Congreso del PCUS pretextando «cambios radicales» en la situación mundial, proclamó la obsoleta teoría de la «transición pacífica» del capitalismo al socialismo. So pretexto del cambio en la correlación de fuerzas entre el campo socialista y el imperialista, se proclamó la «coexistencia pacífica» con el imperialismo, tergiversando la concepción leninista de ella, al presentarla como la línea general de la política exterior de los países socialistas, sustentada en negar que el imperialismo es el origen de las guerras de rapiña y retirando, por tanto, el apoyo a las luchas antiimperialistas de las colonias y semicolonias.

En sustitución a la lucha antiimperialista de los oprimidos, los revisionistas soviéticos enarbolaron la prédica de la «emulación pacífica», argumentando que los éxitos en la construcción del socialismo por sí solos, derrumbarían el sistema imperialista, sin que fuera necesaria la lucha de los pueblos dominados.

Bajo esa amañada concepción del imperialismo, los revisionistas declararon el advenimiento próximo de un «mundo sin armas, sin ejércitos y sin guerras» engañando al proletariado internacional con la ilusión del «desarme general» negociado por los gobernantes capitalistas. En síntesis, frente a un imperialismo «pacífico», «desarmado» y «arrinconado» por el socialismo, no había lugar para la revolución, la lucha antiimperialista y la lucha de clases. Sólo había lugar para las viejas y podridas mercancías del oportunismo de derecha: «transición, coexistencia y emulación pacíficas».

Esta irrupción del revisionismo que abandonaba los principios fundamentales de la base ideológica marxista leninista, era en efecto el principal peligro para la unidad del Movimiento Comunista Internacional. De ahí que los auténticos marxistas leninistas se apresuraron a dejar explícita, la defensa de esos principios en la Declaración de 1957, -con la fingida aprobación del PCUS-.

Y era fingida y oportunista esa aprobación del PCUS, porque la conferencia de 1957 rechazó y rectificó las posiciones revisionistas de su XX Congreso, -con la venia de ellos mismos-. Sólo en el punto referido a la «transición pacífica», no fueron admitidas las enmiendas -al proyecto presentado por el PCUS- sugeridas por el Partido Comunista de China -PCCH- quien al final aceptó una formulación ecléctica, en la cual se mostraba «cierta conexión con la del XX Congreso». Esto fue aprovechado por los revisionistas rusos para endilgar más tarde al PCCH inconsecuencia con «su apoyo» al XX Congreso.

En 1963 los comunistas chinos se lamentaban de haber cedido terreno en este aspecto al revisionismo; así lo expresaron:

«nadie podía imaginarse que estas concesiones que hicimos en consideración a intereses de largo alcance, serían aprovechadas como pretexto por la dirección del PCUS para agravar las divergencias».(2)

En realidad, lo considerado como «intereses a largo alcance» por los comunistas chinos, era su esperanza en que el PCUS entrara en razón autocrítica y rectificara sus errores. Sin embargo los hechos fueron bien distintos: el PCUS pisoteó su compromiso con la declaración del 57 y persistió en las teorías revisionistas del XX Congreso, expandiéndolas aún más y creando gran confusión en las filas del Movimiento Comunista Internacional.

En 1960, una nueva conferencia tuvo lugar entre representantes de 81 partidos, librándose otra batalla pública entre la línea marxista leninista y la revisionista. De nuevo fue derrotado el oportunismo reafirmándose los principios de la Conferencia del 57, incluido el rechazo al revisionismo, como el peligro principal para el Movimiento Comunista Internacional, en contra del punto de vista del PCUS que señalaba dicho peligro en el dogmatismo.

La dirección del PCUS que había empezado su alejamiento del marxismo leninismo y su renuncia al internacionalismo proletario en el XX Congreso, continuó por esa senda violando los principios declarados en 1957, hasta llegar a ungirse como el centro del revisionismo moderno en el XXII Congreso (1961).

En el programa aprobado se expresó en forma concentrada y sistemática el revisionismo de los nuevos zares. El contenido principal del nuevo programa los configuran las tesis sobre la «coexistencia pacífica», «emulación pacífica» y «transición pacífica»; así como las reaccionarias teorías sobre un «estado de todo el pueblo» y un «partido de todo el pueblo».

En el XXII Congreso se canjeó la lucha de clases por la teoría burguesa del humanismo; se abandonó la bandera del comunismo para izar las banderas de la vieja revolución burguesa: «libertad», «igualdad», «fraternidad».

El nuevo programa fue en esencia, un programa para conservar y restaurar el capitalismo; para combatir el marxismo leninismo, confundir y dividir el Movimiento Comunista Internacional y escindir el campo socialista.

A los Marxistas Leninistas encabezados por el PCCH les correspondió librar la nueva gran batalla contra el revisionismo, dándole continuidad y desarrollo a la refutación teórica del revisionismo de Bernstein y Kautsky, que iniciaron los marxistas años atrás.

La corriente revisionista internacional generada por el XXII Congreso del PCUS, hizo inevitable la necesidad de colocar la lucha teórica en primer lugar en el escenario de la lucha de clases. Así lo habían resuelto los comunistas chinos en su VIII Congreso en 1958:

«Es un deber sagrado de nuestro Partido con la clase obrera internacional, derrotar por completo, política y teóricamente, junto con los partidos hermanos de todos los países, al revisionismo contemporáneo, defender al marxismo-leninismo y defender la unidad del Movimiento Comunista Internacional sobre la base ideológica del marxismo-leninismo».

En continuación a la lucha contra el revisionismo yugoslavo y a la polémica en las conferencias del 57 y del 60, los comunistas chinos intercambiaron una serie de cartas con el PCUS en el primer semestre de 1963. En esta correspondencia el PCUS calificó las divergencias de «poco importantes» y de ser «exageradas e infladas por el PCCH». Este último las calificaba de «muy importantes y graves».

Como dato curioso, ambos partidos respaldaban la declaración de 1957, como la línea general del Movimiento Comunista Internacional y calificaban la polémica pública como perjudicial (?). Lo cierto es que mientras los comunistas chinos en sus artículos de propaganda criticaban las teorías revisionistas sin mencionar al PCUS como su autor, los revisionistas sí adelantaban una campaña de desprestigio contra el PCCH.

El 30 de Marzo de 1963 en carta del Comité Central -CC- del PCUS, en forma definitiva y además, cínica se reafirma en las posiciones erróneas de sus Congresos XX y XXII, originando que la respuesta del CC del Partido Comunista de China -4 de Junio de 1963-, se constituyera en una contundente paliza teórica al revisionismo, convirtiéndose en el documento de mayor trascendencia para el Movimiento Comunista Internacional en refutación al revisionismo moderno: la «Proposición Acerca de la Línea General del Movimiento Comunista Internacional», también conocida como el «Documento de los 25 Puntos». A continuación presento una sucinta referencia de sus principales argumentos.

Comienzan los comunistas del PCCH defendiendo los principios revolucionarios de las declaraciones del 57 y del 60, considerándolas como La Línea General del Movimiento Comunista Internacional -MCI- en esa etapa: «Esta línea general es una línea de formar con el campo socialista y el Proletariado Internacional como núcleo, un amplio frente único contra el imperialismo y la fuerzas reaccionarias con los EU a la cabeza, es una línea de movilizar audazmente a las masas, desarrollar las fuerzas revolucionarias, ganarse las fuerzas intermedias y aislar las fuerzas reaccionarias».

Se refuta la teoría revisionista que define como Línea General del MCI, la «coexistencia pacífica», la «emulación pacífica» y la «transición pacífica», dejando claro que una línea general sólo puede definirse, tomando como punto de partida al «análisis de clase concreto de la política y la economía mundiales en su conjunto, de las contradicciones fundamentales en el mundo contemporáneo».

Se definen como contradicciones fundamentales para esa etapa: la contradicción entre el campo socialista y el campo imperialista; la contradicción entre el proletariado y la burguesía en los países capitalistas; la contradicción entre las naciones oprimidas y el imperialismo; la contradicción entre los países imperialistas y entre los grupos monopolistas.

Se refuta la concepción revisionista que reduce esas contradicciones sólo a la existente entre el campo socialista y el campo imperialista, borrándole su contenido de clase. De esta forma los revisionistas niegan la necesidad de la revolución proletaria y de la lucha antiimperialista, pues conciben que la contradicción entre el proletariado y la burguesía se resuelve con la «transición pacífica» y la contradicción con el imperialismo se resuelve mediante la «coexistencia y emulación pacíficas». Así mismo conciben los revisionistas que la contradicción entre los países imperialistas se puede eliminar con los «acuerdos» entre los grandes monopolios; incluso que la contradicción entre los dos sistemas irá desapareciendo en el curso de la «emulación pacífica» dando como resultado un mundo sin «guerras» y de «cooperación general», es decir, el «novedoso» programa de la Perestroika.

En contraposición a tales esperpentos revisionistas, los comunistas chinos restituyen la importancia de: la Lucha Antiimperialista, la Revolución Proletaria, la Dictadura del Proletariado y el Internacionalismo Proletario. Enfatizan que en el problema de la transición del capitalismo al socialismo, «el partido del proletariado debe partir del punto de vista de la lucha de clases y de la revolución y apoyarse en la doctrina Marxista Leninista, sobre la revolución proletaria y la dictadura del proletariado». Hacen hincapié en la enseñanza leninista e histórica de que «las clases dominantes no ceden voluntariamente el poder».

Frente al problema de la «emulación pacífica» aclaran que el papel ejemplar y alentador de los éxitos en los países socialistas de ninguna forma puede reemplazar la lucha revolucionaria de los pueblos y naciones oprimidos.

Respecto al problema de la guerra, se condena el «pacifismo burgués» del PCUS revisionista, restituyendo la concepción Marxista Leninista sobre la guerra como «continuación de la política por otros medios» y se fustiga la ilusión revisionista del «desarme general para lograr un mundo sin armas, sin ejércitos y sin guerras», defendiendo la concepción marxista leninista de que «tal mundo» sólo puede hacerse realidad cuando el proletariado haya barrido del planeta el imperialismo y el sistema de explotación del hombre por el hombre; que ese soñado mundo, «sin armas, sin ejércitos y sin guerras», sólo puede ser un mundo sin Estados.

Sobre la «coexistencia pacífica» los comunistas chinos rescatan la concepción leninista: «El principio de coexistencia pacífica de Lenin es bien claro y de fácil comprensión para la gente sencilla, la coexistencia pacífica se refiere a las relaciones entre los países con distintos sistemas sociales (…) la coexistencia pacífica no debe extenderse jamás a las relaciones entre las naciones oprimidas y las naciones opresoras, entre los países oprimidos y los países opresores o entre las clases oprimidas y las clases opresoras; no debe considerarse jamás como el contenido principal de la transición del capitalismo al socialismo y aún menos como el camino de la humanidad hacia el socialismo».

Se refuta la concepción revisionista del PCUS sobre la «coexistencia pacífica» quien la extendió de las relaciones entre países con distinto sistema social, a las luchas entre clases opresoras y oprimidas, y a las luchas entre las naciones y países opresores con naciones y países oprimidos. A expensas de la «coexistencia pacífica», el revisionismo niega la lucha política contra la burguesía y contra el imperialismo.

 

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En lo relativo al socialismo, los comunistas chinos reafirman la concepción leninista sobre la continuación de la lucha de clases en el socialismo, bajo nuevas formas, como una ley objetiva del período de transición entre el capitalismo y el comunismo, cuyo Estado no puede ser otro que el de la Dictadura del Proletariado.

«En los países socialistas, se requiere un largo período histórico para resolver gradualmente la cuestión de “quién vencerá a quién; el socialismo o el capitalismo. La lucha entre el camino del socialismo y el del capitalismo abarca todo este período histórico. Esta lucha a veces se intensifica y a veces se calma, transcurre a modo de ondas, y en ocasiones incluso se vuelve muy violenta. Sus formas son variadas».
De: «Proposición acerca de la línea general del Movimiento Comunista Internacional» CC del PCCh JUN/14/63

El revisionismo soviético decidió sustituir el Estado de Dictadura del Proletariado por el «Estado de todo el pueblo». El PCCH en el Documento de los 25 puntos refuta esa teoría, señalándola como la renuncia expresa al problema fundamental de la verdad universal del Marxismo Leninismo.

Se reafirma la concepción Marxista Leninista de que no puede existir un Estado que no sea de clase: «mientras el Estado permanezca como Estado, debe revestir invariablemente un carácter de clase; mientras exista el Estado no podrá ser de ‘todo el pueblo’. Tan pronto como la sociedad quede sin clases, dejará de existir el Estado».

Así como los revisionistas renegaron de la Dictadura del Proletariado con su «Estado de todo el pueblo», también renegaron del Partido del Proletariado con su «Partido de todo el pueblo». Renunciaron a la concepción leninista según la cual, no existe ningún partido que no sea de clase y que en el período histórico de Dictadura del Proletariado es indispensable el Partido Proletario, como dirigente de su lucha de clase. Los comunistas chinos refutan la falacia revisionista de «un partido de todo el pueblo», demostrando que en última instancia, era «desarmar en materia de organización y moralmente al proletariado y a todos los trabajadores y prestar un servicio a la restauración del Capitalismo».

Por último en el Documento de los 25 puntos, se critica la «división internacional del trabajo» impuesta por la URSS a otros países socialistas como una práctica del chovinismo de gran nación, negando los principios básicos de las relaciones entre países socialistas: plena igualdad, beneficio mutuo y ayuda recíproca.

Luego de haber sido presentada la «Proposición acerca de la Línea General del Movimiento Comunista Internacional», la polémica se complementó con diversos comentarios a las cartas y posiciones revisionistas del PCUS. Vale la pena destacar el «Comentario (IX)» hecho por las redacciones del periódico Remmin Ribao y de la revista Hongqi, el 14 de Julio de 1964, pues en él se profundiza la crítica al falso comunismo del PCUS y se defiende la teoría Marxista Leninista sobre la Dictadura del Proletariado presentando el análisis de las contradicciones del socialismo. Se teoriza sobre problemas fundamentales de la sociedad socialista, que en esa misma época irían a ventilarse en la Revolución Cultural Proletaria. A continuación haré referencia a esos problemas fundamentales tratados en el «Comentario (IX)».

Los comunistas chinos explican cómo en la sociedad socialista perduran las diferencias entre el trabajo manual y el intelectual, entre la ciudad y el campo, entre los obreros y campesinos, así como también subsiste el derecho burgués en la distribución desigual de los artículos de consumo individual, al ser realizada según el trabajo desigual y no según las necesidades, por lo cual, en el socialismo subsisten las diferencias de clase y por ende, la lucha de clases.

En la sociedad socialista continúa por mucho tiempo la resistencia de los burgueses que «en lo político perdura durante largo tiempo como una fuerza antagónica al proletariado e intenta en todo momento derribar la Dictadura del Proletariado. Se infiltran en las instalaciones del Estado, las organizaciones sociales y los departamentos económicos, culturales y educacionales para resistir a la dirección del proletariado o usurparla. En lo económico recurren a toda clase de medios para socavar la propiedad socialista de todo el pueblo y la propiedad socialista colectiva y desarrollar las fuerzas capitalistas. En lo ideológico, cultural y educacional contraponen la concepción del mundo burguesa a la proletaria y corrompen con la ideología burguesa al proletariado y a los demás trabajadores».

Dicen los comunistas chinos en su «Comentario (IX)» que en tanto la propiedad colectiva no se transforme en propiedad de todo el pueblo y existan rezagos de economía privada entre los campesinos como pequeños productores, florecerá la tendencia espontánea al capitalismo y surgirán campesinos ricos con intereses de clase antagónicos al proletariado.

Esas contradicciones de la sociedad socialista «Generan constantemente elementos degenerados en las filas de la clase obrera y en los elementos del Partido y del Gobierno».

Se explica cómo en vida del imperialismo, la lucha de clases a nivel internacional es inevitable que se refleje en los países socialistas, y cómo la lucha de clases en el socialismo se refleja también en forma inevitable al interior del Partido Comunista como lucha entre marxistas leninistas y revisionistas, encontrando estos últimos una base social en la vieja y nueva burguesía, en los campesinos ricos, en los elementos degenerados del proletariado, en los funcionarios privilegiados del Partido y del Estado. La fuente interior del revisionismo es la influencia burguesa y la exterior es la capitulación ante el imperialismo.

«El revisionismo se caracteriza porque, negando la existencia de las clases y la lucha de clases y adoptando la posición burguesa, ataca al proletariado y convierte la dictadura del proletariado en dictadura de la burguesía». De «Acerca del falso comunismo de Jruschov y sus lecciones históricas para el mundo» Julio 14/64

Argumentan los comunistas chinos que la Dictadura del Proletariado es «Garantía fundamental para la consolidación y desarrollo del socialismo» siendo su tarea histórica en lo interno:

«abolir por completo todas las clases explotadoras, desarrollar al máximo la economía socialista, elevar la conciencia comunista de los masas populares, eliminar las diferencias entre la propiedad de todo el pueblo y la propiedad colectiva, entre los obreros y los campesinos, entre la ciudad y el campo y entre el trabajo intelectual y el manual, eliminar toda posibilidad de resurgimiento de las clases y restauración del capitalismo y crear las condiciones para hacer realidad la sociedad comunista».

En lo externo, la tarea histórica de la Dictadura del Proletariado, consiste en el apoyo internacionalista a la revolución mundial y en enfrentar los ataques del imperialismo.

Debo señalar que en esta parte del valioso documento, faltó indicar como tarea específica e ineludible de la Dictadura del Proletariado: la consolidación de su aparato Estatal, siguiendo las enseñanzas de la Comuna de París, sin lo cual la Dictadura del Proletariado se torna en garantía aparente pero no real.

Los comunistas chinos concluyen que la traición del PCUS revisionista al Socialismo y al Comunismo consiste en esencia en su renuncia a la Dictadura del Proletariado, so pretexto de que «habían sido abolidas las clases y la lucha de clases en la URSS».

Frente a este malabar teórico, en el «Comentario (IX)» se demuestra que en la URSS sí existe la lucha de clases y existe una nueva burguesía de la cual es integrante principal la capa social privilegiada «compuesta por los elementos degenerados de los cuadros dirigentes de los organismos del Partido y del Gobierno, de las empresas y de los koljoses y los intelectuales burgueses».

De cómo «esta capa social privilegiada ha convertido las funciones de servir al pueblo, en prerrogativas para gobernarlo. Utiliza su poder para disponer de los medios de producción y de subsistencia para beneficio privado de su pequeño grupo (…) se apropia los frutos del trabajo del pueblo soviético (…) perciben enormes ingresos en forma de altos sueldos, altos premios, altos honorarios y gran variedad de subsidios personales (…) llevan una vida burguesa, parasitaria y corrupta».

En efecto, esa capa social privilegiada dirigida por Jruschov, promovió el crecimiento de las fuerzas capitalistas aprovechando el control sobre el Partido, el Estado, las empresas y koljoses; sustituyó el principio de «de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo» por el «incentivo material» que aceleró las diferencias de clase; reemplazó la economía planificada por el «principio capitalista de los beneficios» promoviendo los métodos de administración capitalista y descomponiendo la propiedad socialista de todo el pueblo.

Los revisionistas declararon en el programa del PCUS: «La Dictadura del Proletariado ha dejado de ser una necesidad en la URSS» y pretextando un «Estado de todo el pueblo», implantaron la dictadura de la burguesía, como una necesidad para oprimir y explotar al proletariado, como una necesidad para restaurar el capitalismo.

Declararon la sustitución del Partido del Proletariado por un «Partido de todo el pueblo» convirtiendo sus organizaciones en «agrícolas» e «industriales», con el argumento de «aplicar el principio de producción a la construcción del Partido», pues según los revisionistas, en el socialismo «la producción tiene primacía sobre la política».

La restauración del capitalismo en todas las esferas de la sociedad soviética, convirtió a la URSS en un país capitalista con dominio del monopolio estatal, esto es, en un país imperialista, que en la década del 60 saltó a la arena mundial a disputarle la hegemonía al Imperialismo norteamericano, a la vez que abría las puertas al capital financiero internacional brindándole en bandeja, la superexplotación de los trabajadores soviéticos.

En el «Comentario (IX)» los Comunistas Chinos indican cómo el revisionismo del PCUS pretendió adornar de «Comunista» la cínica restauración del capitalismo en la URSS. Fue Jruschov quien declaró en el XXII Congreso que «la Unión Soviética había entrado en el período de la edificación del comunismo en todos los frentes», pisoteando la concepción marxista leninista del Comunismo Científico, a cambio de una variedad del socialismo burgués. Los revisionistas del PCUS asimilan a «su comunismo» «los métodos de administración capitalista de los E.U y el modo de vida burgués». Olvidan que la misión del proletariado es emancipar a toda la humanidad, y no luchar por «un buen plato de goulash».

El «comunismo» de los revisionistas rusos no es más que capitalismo, con todas sus contradicciones, con todas sus crisis, con todas sus lacras, tal como lo observamos hoy -26 años después de su refutación teórica, «encascarado» en las leyes históricas del sistema capitalista, sin quedar mas remedio a los nuevos zares que abandonar el disfraz de «comunismo» y enfrentar con la Perestroika lo que en realidad existe en la URSS: capitalismo agonizante que en contravía a las ilusiones de Gorvachov y cía., vuelve a ser la antesala del Socialismo!.

El «Comentario (IX)», culmina con un aparte titulado: «Lecciones Históricas de la Dictadura del Proletariado» que dada su importancia como guía para entender mejor la experiencia de nuestra clase, se incluye al final como Anexo I.

«El comunismo científico tiene su preciso y definido significado. Según el marxismo-leninismo, la sociedad comunista es una sociedad en que se han eliminado completamente las clases y las diferencias de clase; una sociedad en que todo el pueblo ha adquirido una elevada conciencia ideológica comunista y posee sublimes cualidades morales comunistas y gran entusiasmo e iniciativa en el trabajo; una sociedad abundantísima en productos sociales; una sociedad en que se aplica el principio de “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”; una sociedad en que se ha extinguido el Estado». De: «Acerca del falso comunismo de Jruschov y sus lecciones históricas para el mundo» JULIO 14/64

 

 

La división del Movimiento Comunista Internacional -MCI-

 

Las divergencias que ocasionaron la segunda gran crisis del Movimiento Comunista Internacional, fueron preconizadas en el XX Congreso del PCUS en 1956.

La lucha ideológica librada por los Marxistas Leninistas, fue un gran intento por conservar la unidad del MCI sobre la base de defender los principios Marxistas Leninistas. Sin embargo ese propósito fue quebrantado por la consagración programática del revisionismo moderno en el XXII Congreso, punto culminante de su actividad escisionista y de su renuncia al Marxismo Leninismo.

En la gran polémica, fueron refutados los argumentos revisionistas, hasta quedar demostrado que sus «tres pacíficas» y sus «dos todos» no eran otra cosa que LA RENUNCIA a la Revolución Proletaria, a la Dictadura del Proletariado, a la Lucha de Clases y a la Lucha Antiimperialista, camuflada -como siempre lo ha hecho el oportunismo- con el disfraz de «Marxista», de «Leninista», de «Comunista».

De nuevo en la historia del Movimiento Comunista, se enfrentaron las dos líneas, ambas defendiendo -en apariencia, los mismos objetivos y de nuevo, tal como sucedió con el revisionismo de Bernstein, o con el revisionismo de Kautsky, se reveló que el centro de la polémica, el punto principal de discordia, la piedra de toque, lo constituyó la defensa o no de la DICTADURA DEL PROLETARIADO, sólo que en esta segunda gran crisis del MCI, dicha confrontación se profundizó más, avanzó a un nivel superior: DEFENDER LA DICTADURA DEL PROLETARIADO, ES CONTINUAR LA REVOLUCIÓN EN LA PROPIA SOCIEDAD SOCIALISTA!

Tal como lo entendieron los Marxistas de fines de siglo y los Leninistas en la bancarrota de la II Internacional, también los Marxistas Leninistas Maoístas comprendieron a cabalidad que el revisionismo es el principal enemigo del Movimiento Comunista, comprendieron a plenitud que cuando el oportunismo alza banderas rojas para atacar las Banderas Rojas del Marxismo Leninismo, es por fuerza necesario salir en defensa de la ideología proletaria, es indispensable librar la mas profunda lucha teórica contra el escepticismo, el «olvido», la tergiversación y la renuncia a los principios fundamentales de la ciencia del proletariado.

Los Marxistas Leninistas Maoístas propinaron una nueva derrota teórica al revisionismo moderno, dotando al proletariado y al M.C.I. de nuevas y efectivas armas para prevenir la degeneración del Comunismo y prevenir la restauración del capitalismo. Aún en las condiciones favorables que tenía el campo socialista -luego de la segunda guerra mundial-, aún con la favorable correlación de fuerzas entre los dos sistemas, los Marxistas Leninistas Maoístas jamás sacrificaron los principios en aras de la «unidad» basada en el eclecticismo y en el contubernio con el revisionismo.

A partir de 1962, el PCUS revisionista crea su propia corriente, coloca su programa revisionista como el «Nuevo Manifiesto Comunista», aprieta sus lazos con el imperialismo, abre las puertas a la restauración del capitalismo en la URSS, renuncia al Internacionalismo Proletario, coloca en el blanco de ataque a los partidos Marxistas Leninistas, a la Dictadura del Proletariado, a la Revolución proletaria, a la lucha antiimperialista; en fin, se escinde el MCI en dos grandes corrientes: los revisionistas y los Marxistas Leninistas.

Alcanzó tal profundidad este deslinde, que tocó fondo en el seno de la mayoría de partidos comunistas, fraccionándose cada uno en PC revisionistas o «mamertos» como es común identificarlos en Colombia, y PC Marxistas Leninistas liderados por los Partidos, Comunista de China y del Trabajo de Albania.

 

 

¡De la gran crisis a la gran revolución!

 

La confrontación al revisionismo moderno, pertrechó a los Marxistas Leninistas del mundo para continuar con más ahínco la lucha contra el capital, contra los rezagos del feudalismo, contra el imperialismo, en pos de instaurar la Dictadura del Proletariado como la única forma de Estado posible en la transición del capitalismo al comunismo. Pero lo mas importante, dotó al Movimiento Marxista Leninista Internacional de una nueva arma para defender la Dictadura del Proletariado una vez conquistada: ¡continuar la revolución bajo su dictadura!. Esa fue la gran experiencia histórica lograda por el proletariado chino en la Revolución Cultural Proletaria. Aún antes del triunfo de los revisionistas en la URSS, Mao y los comunistas chinos analizando la experiencia soviética a la luz del materialismo dialéctico, habían iniciado la crítica de la tendencia al materialismo mecanicista que desde la época de Stalin arraigó en el Partido Bolchevique.

En esa crítica se precisó: «Aunque el sistema de producción sea el aspecto más decisivo, de las relaciones de producción, los otros aspectos de las relaciones de producción (el sistema de distribución y la división del trabajo) al igual que la superestructura y particularmente la línea política e ideológica reaccionan sobre el sistema de propiedad. Si estos terrenos están dominados por líneas y una práctica burguesa, la propiedad socialista (o la propiedad pública del Estado y las granjas colectivas) puede transformarse de hecho en simple apariencia formal, donde las relaciones de producción no tienen sino un contenido capitalista».(3)

La tendencia al materialismo mecanicista provenía de la concepción metafísica de la sociedad socialista, esto es, de ignorar las contradicciones objetivas de la nueva sociedad, lo cual llevó al Partido Bolchevique a la idea errónea de pensar que al haber derrotado a la burguesía, las fuerzas productivas lograrían un desarrollo automático por el camino socialista, debido a que la propiedad era de carácter socialista.

Si el PCUS tuvo su Jruschov, también el PCCH lo tuvo en Liu Shao-chi quien habiendo sido un dirigente en la revolución de Nueva Democracia, no superó su carácter de demócrata burgués, no abrazó a consciencia el programa máximo del partido que fijaba el norte en el socialismo y el comunismo.

Liu Shao-chi promulgó la política de «Permitir el desarrollo del capitalismo sin verdaderas restricciones y por mucho tiempo» colocando como eje del desarrollo, la tecnología. Esto es, que el problema de la nueva sociedad eran las fuerzas productivas atrasadas, y por tanto la tarea principal debía ser desarrollar la producción. Esta teoría de Liu Shao-chí se oficializó, al imponerse en el VIII Congreso del Partido en 1956, emulando el programa adoptado por el Partido Bolchevique en 1936.

Los Marxistas Leninistas le salieron al paso a esa reaccionaria teoría, demostrando que era la misma vieja teoría del oportunismo de la II Internacional, llamada «la teoría de las fuerzas productivas», según la cual «la revolución proletaria sólo puede tener lugar donde las fuerzas productivas se hayan desarrollado al máximo, incluso bajo el imperialismo».

Así comenzaba una nueva etapa de la lucha entre las dos líneas en el PCCH, en la cual los revisionistas definían como contradicción principal en China «la existente entre el sistema socialista avanzado y las fuerzas productivas atrasadas», y los Marxistas Leninistas Maoístas, la concebían como «la existente entre el proletariado y la burguesía».

 

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En aguda lucha de clases sobre todo en el campo, para 1956 se había logrado establecer la forma de propiedad del Estado sobre las grandes industrias de las ciudades chinas, así como la propiedad colectiva -aún no socialista- en la mayor parte del campo. El proletariado había triunfado sobre la burguesía en lo que hace a la propiedad!.

En 1958 se produjo un gran movimiento de masas contra las relaciones burguesas de producción. Se empleó la política de «apoyarse en los propios esfuerzos» vinculando las masas a las innovaciones técnicas, a la administración de las empresas, fundiendo acero en los pequeños talleres, creando las Comunas Populares en el campo -granjas colectivas de propiedad pública-. Fue un movimiento por colocar los asuntos de la sociedad en manos de las masas, y se le denominó el «Gran Salto Adelante».

Como era de esperarse surgió la contradicción, que había sido dolor de cabeza para el Partido Bolchevique: la necesidad que tiene el proletariado de apoyarse en los intelectuales, en los técnicos, en los «expertos», necesidad que creció cuando la URSS retiró por decisión unilateral la ayuda que en este sentido prestaba a China Socialista.

Bob Avakian en 1978 se refería así al problema: «Pero esta necesidad de apoyarse hasta cierto punto en los intelectuales, fortaleció la influencia de esta gente, cuyo punto de vista aún era por lo más burgués, y fortaleció tendencias dentro del partido comunista mismo hacia la conciliación con la burguesía. Grandes números de intelectuales fueron reclutados al partido y esto también fortaleció las influencias burguesas en la sociedad en general y aún las fuerzas burguesas dentro del partido mismo».

Los Marxistas Leninistas Maoístas no desconocieron esta necesidad del proletariado y a la vez que se apoyaron en los intelectuales, impulsaron la política de «moldearles su concepción del mundo», vinculándolos a la producción y a la lucha política del proletariado.

En este aspecto, también surgió lucha entre las dos líneas, pues los revisionistas, entre ellos Liu Shao-chi eran opuestos a la política maoísta y en cambio proponían «No agotarles con la política, sino proveerlos con sueldos más altos, y más beneficios y privilegios».

Esta pelea, lenta pero sin pausa, la ganaron los revisionistas chinos, quienes desde 1951 habían logrado imponer un sistema especial de salarios para los funcionarios -contrario al principio de la Comuna de París- y que luego completaron en 1955 y 1956 ampliando las categorías. «Existen diferencias de remuneración y algunas veces de alojamiento debido a la antigüedad y al mérito de una parte de estos funcionarios. También para los hijos de algunos de ellos, principalmente los de alto rango, se crearon escuelas especiales, pese a la oposición de Mao Tse-tung».(4)

En 1958 se agudizó la lucha entre líneas en el terreno militar, cuando los marxistas leninistas maoístas criticaron la línea de Pen Te-Huai -ministro de defensa- promotor del ejército no en el sentido que había señalado la Comuna: Pueblo en armas!, sino en el sentido burgués de ejército profesional, en el cual lo deteminante no eran las masas, sino el armamento y la técnica.

La línea proletaria logró restablecer en ese entonces las milicias populares, pero no se logró -ni siquiera en el curso de la Revolución Cultural- abolir el carácter profesional del ejército. El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino, amplió cada vez más su posesión monopólica de las armas, transformándose en un aparato casi que intocable por la misma Revolución Cultural.

Mao Tse-tung al frente de los comunistas chinos, lanza en 1963 el «Movimiento de Educación Socialista», cuyas características predecían lo que sería la Gran Revolución Cultural Proletaria.

El «Movimiento de Educación Socialista» tenía como objetivo «consolidar las bases del socialismo en el campo», combatiendo la fuerza de la costumbre y de la tradición, el individualismo y las prácticas supersticiosas. En él se revivieron las organizaciones de masas de campesinos pobres; se envió gran número de cuadros e intelectuales al campo; se aumentó en los periódicos el espacio para una serie de artículos teóricos; se impulsaron creaciones artísticas revolucionarias como el ballet «Destacamento Rojo de Mujeres» y las esculturas en arcilla sobre el «Patio de los arriendos».

En el «Movimiento de Educación Socialista» los revisionistas dieron sus primeros pasos en la táctica que luego utilizarían con gran hábilidad en la Revolución Cultural: no atacar de frente, sino influir y penetrar la dirección del movimiento donde fuera posible para desviarlo de sus objetivos verdaderos, desgastándolo, creando confusión y anarquía.

 

 

¡Se desata la Gran Revolución Cultural Proletaria!

 

La ofensiva política e ideológica del proletariado contra la burguesía, desarrollada en el Gran Salto Adelante y en el Movimiento de Educación Socialista, causó conmoción entre los revisionistas quienes controlaban el aparato cultural y educacional del Estado. En 1961, el historiador revisionista Wu Han publica la obra de teatro «La Destitución de Hai Rui», rechazando mediante la analogía histórica, la destitución del ministro de defensa, el revisionista Pen Te-Huai.

Los Marxistas Leninistas entendieron que los revisionistas utilizaban su poder en la esfera de la cultura para ganar la opinión pública a la restauración del capitalismo; de ahí que aceptaron el terreno artístico y cultural como el campo de la primera ofensiva de la Revolución Cultural contra el revisionismo.

La GRAN REVOLUCION CULTURAL PROLETARIA fue un movimiento inspirado por Mao Tse-tung y su preparación inicial tuvo lugar en una reunión de trabajo del CC del PCCH -Septiembre Octubre de 1965-; le correspondió a Yao Wen-Yuan, periodista de Shangai escribir y publicar la crítica a la obra teatral de Wu Han el 10 de Noviembre de 1965, fecha en que se oficializó el comienzo de la «Gran Revolución Cultural Proletaria» (GRCP) en China.

El contenido esencial de la crítica literaria al revisionismo consistía en refutar la «renuncia al movimiento de masas para construir el socialismo», «el abandono de la primacía del factor político sobre la producción» y «el papel decisivo de los especialistas y tecnócratas en la construcción del socialismo»; éstas teorías revisionistas eran promulgadas entre las masas por Diarios y Revistas de amplia circulación.

Se había así mismo conformado el «Grupo Encargado de la Revolución Cultural» (GERC) que en Febrero del 66 ya estaba liderado por el revisionista Pen-Chen (alcalde de Pekín), y rendía un informe guía para la revolución en el cual llamaba «a hacer de la crítica literaria un asunto meramente académico», oponiéndose a que esa crítica se deslizara al terreno político, negando el carácter político de la lucha de clases y desviando la GRCP hacia la derecha.

Este informe revisionista es anulado y criticado con severidad por la «Circular del 16 de Mayo», aprobada en reunión del CC, en la cual también se procedió a remover al GERC, reemplazándolo por uno nuevo. En uno de sus aportes, concluye la «Circular del 16 de Mayo»: «Dicho informe es un reflejo de la ideología burguesa en el partido, es totalmente revisionista. La lucha contra esta línea revisionista no es, bajo ningún aspecto, cosa de minucias, sino un asunto de primordial importancia que atañe al destino, al porvenir y a la fisonomía futura de nuestro partido y nuestro país, y que concierne también a la Revolución Mundial (…) Los representantes burgueses que se han infiltrado en el Partido, el gobierno, el ejército y los diversos sectores culturales son un grupo de revisionistas contrarevolucionarios que se apoderarán del poder y convertirán la Dictadura del Proletariado en dictadura de la burguesía si se les presenta la oportunidad».

Aunque la «Circular del 16 de Mayo» era en sí un documento interno del partido, en la práctica se constituyó en el clarín que ordenaba ampliar aún mas la GRCP, llamaba a la amplia movilización de las masas populares, a su participación consciente en la Revolución Cultural, señalando su verdadero blanco: la Nueva Burguesía liderada por los revisionistas en el seno del partido, esto es, los seguidores del camino capitalista.

Pero en realidad, el documento clave, la orientación general de toda la Revolución Cultural hasta 1976, lo constituyó la «Decisión de 16 Puntos» tomada en la IX Sesión Plenaria del CC (Ago/1966), que dada su importancia para comprender el contenido de la GRCP, se inserta al final como Anexo II.

Este documento se cristalizó en enconada lucha entre la línea marxista leninista encabezada por Mao Tse-tung y la línea revisionista encabezada por Liu Shao-chi y Teng Siao-ping.

En la «Decisión de los 16 Puntos» se precisa que el blanco de la crítica en la Revolución Cultural son los DIRIGENTES seguidores del camino capitalista, desenmascarando así una vez más, la táctica del revisionismo de desviar el filo de la revolución hacia otros objetivos. En efecto, entre Junio y Julio de 1966 Liu Shao-chi y Teng Siao-ping, habían promovido los «grupos de trabajo» con los cuales impulsaron la línea de colocar en el centro de la crítica masiva, no a los dirigentes, no a los cuadros responsables, sino a los cuadros intermedios y a organizaciones enteras, lo cual desató una gran resistencia entre las masas, dando origen a la formación de «Los Guardias Rojos», organizaciones compuestas en su mayoría por jóvenes estudiantes que salieron en defensa de la línea marxista leninista del partido.

La «Decisión de los 16 Puntos» reafirma el principio de que son las masas quienes hacen la historia y son ellas quienes deben liberarse a sí mismas; estimula y promueve su mas amplia movilización y crítica contra los dirigentes seguidores del camino capitalista.

 

 

La lucha entre las dos líneas

 

La Revolución Cultural, fue una revolución política que buscaba consolidar la Dictadura del Proletariado, extirpar el revisionismo, prevenir que la sociedad se desarrollara por el camino capitalista y avanzar en la preparación de las condiciones para el triunfo del socialismo y el comunismo.

Como revolución política fue el enfrentamiento de dos clases: la burguesía y el proletariado, portadoras cada cual de una definida línea ideológica y política para defender sus intereses de clase. La lucha entre las dos líneas en la Revolución Cultural, fue la continuación de la lucha entre líneas librada desde 17 años atrás, como reflejo de la lucha de clases en el socialismo; y aunque se extendió a múltiples aspectos de la vida social, libró sus confrontaciones más agudas en torno a la comprensión y tratamiento de las contradicciones fundamentales de la sociedad socialista, y en si se desarrolla o no la Dictadura del Proletariado.

 

 

Las contradicciones de clase en el socialismo

 

Los Marxistas Leninistas Maoístas apoyándose en el materialismo dialéctico e histórico y aprendiendo de la experiencia de la URSS, llegaron a esta científica conclusión: «las contradicciones fundamentales en la sociedad socialista siguen siendo las existentes entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas, entre la superestructura y la base económica»(5)

Así mismo, entendieron que en el socialismo esas contradicciones fundamentales toman la forma de CONTRADICCIONES DE CLASE, cuya expresión concentrada es la contradicción entre el proletariado y la burguesía. Consecuentes con la crítica que habían hecho a las tendencias del Partido Bolchevique al materialismo mecanicista, los comunistas chinos comprendieron que después de haber resuelto en lo fundamental la transformación socialista de las antiguas relaciones de propiedad, era la superestructura el aspecto principal de la contradicción, reaccionando y determinando la base económica. De ahí que la lucha de clases en tales condiciones se concentra ante todo en el dominio superestructural de la sociedad; en última instancia, en la lucha entre la línea ideológica-política proletaria y la burguesa.

Esa lucha entre líneas, es un reflejo concentrado de la lucha entre el materialismo dialéctico y el idealismo metafísico, la lucha entre el Marxismo y el revisionismo, la lucha entre el capitalismo y el socialismo.

Es así que en la GRCP, los marxistas leninistas maoístas definieron como principal, la contradicción «entre el proletariado y la burguesía», y al revisionismo como el «peligro principal». En tanto, los revisionistas portadores de la línea burguesa, partían de considerar principal la contradicción «entre las relaciones socialistas avanzadas y las atrasadas fuerzas productivas».

En ese orden, la tarea central para los marxistas leninistas maoístas era «empeñarse en la revolución y promover la producción», o expresada de otra forma: «La política es la clave, la revolución debe guiar la producción»; para los revisionistas la tarea central era «desarrollar las fuerzas productivas» como lo expresara al comienzo Liu Shao-chi, apoyado por Teng Siao-ping a quien no importaba si el desarrollo de la producción servía al socialismo o al capitalismo, respecto a lo cual hizo su triste famosa declaración:

«No importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que atrape ratones», o «La tarea principal es la producción… no es necesario continuar la lucha de clases porque… el revisionismo ha sido derrotado completamente», según el informe de Lin Piao al IX Congreso en 1969.

Los marxistas leninistas maoístas al enfilar la revolución hacia la superestructura golpeando todo lo burgués, no lo hicieron como «cazafantasmas», sino en base a un detenido análisis de la nueva sociedad, en la cual encontraron que la propiedad socialista comprendía además de la propiedad estatal, la propiedad colectiva de los campesinos; que subsistía la producción y circulación de mercancías y con ellas la ley del valor, aunque no fuera la determinante de la economía; que persistían las diferencias entre obreros y campesinos, entre ciudad y campo, entre trabajo manual e intelectual; que subsistía el derecho burgués -restringido- en la distribución de los bienes individuales; que persistían la desigualdad entre los cuadros funcionarios y las masas, entre los técnicos y los obreros.

En fin, que en el socialismo el capitalismo exhala su fetidez pues esas desigualdades generan una tendencia espontánea a desarrollar el capitalismo, porque en todas las capas privilegiadas está la base social de la NUEVA BURGUESIA, cuyo cuartel general fue encontrado por los maoístas en el seno del partido: los dirigentes revisionistas seguidores del camino capitalista!

En consecuencia, la Revolución Cultural atacó esas desigualdades, fustigó los privilegios de clase, creó condiciones para remodelar la concepción del mundo de los intelectuales, combatió los métodos burgueses en la educación y en la producción, impulsó la participación de las masas obreras en la administración y combatió sin tregua el revisionismo en el partido.

Por su parte la línea revisionista fue opositora a estos desarrollos de la Revolución Cultural, pues ellos partían de considerar que «con la propiedad socialista habían sido suprimidas las clases y por tanto su lucha»; defendían los privilegios de los cuadros, los funcionarios, los técnicos y los militares; salvaguardaban a los nuevos burgueses de los ataques proletarios recurriendo a su conocida táctica: vitorear, apoyar y participar en la Revolución Cultural con el fin de desviar sus objetivos!.

«Se está haciendo la revolución socialista, sin embargo no se comprende dónde está la burguesía. Está justamente dentro del Partido Comunista son los dirigentes seguidores del camino capitalista en el Partido. Los seguidores del camino capitalista siguen todavía su camino». Mao Tse-Tung

 

El quid: desarrolar o no la dictadura del proletariado

 

Haber centrado la revolución en la superestructura, ligó la GRCP en forma directa con el problema de la Dictadura del Proletariado.

En este terreno la disputa entre las dos líneas se centró en si se avanzaba por el camino socialista haciendo que el proletariado «lo dirija todo» o si se restauraba el capitalismo, restaurando a la vez la dictadura de la burguesía.

Los maoístas entendían que para que el proletariado pudiera «dirigirlo todo» tenía que derrotar el revisionismo; y es en este propósito que la Revolución Cultural da un portentoso salto en relación con lo ocurrido en la URSS.

El método maoísta para derrotar el revisionismo no consistió en las «depuraciones» por lo alto, ni en la utilización de procedimientos administrativos y policíacos. El método maoísta para enfrentar al revisionismo, se apoyó fundamentalmente en las masas, atacando antes que nada la línea política revisionista, minando su base ideológica, desarrollando en las masas la conciencia sobre ese enemigo, movilizándolas para que examinaran el comportamiento de sus dirigentes, promoviendo la más amplia crítica de masas a los dirigentes seguidores del camino capitalista.

Con ese método, fueron «descabezados» revisionistas de la talla de Liu Shao-chi, Teng Siao-ping y Lin Piao, quienes tenían enorme poder en el Estado y en el Partido. Los revisionistas, en el comienzo de la Revolución Cultural utilizaron su poder para impedir al máximo que las masas expresaran sus críticas. El movimiento fue poco a poco rompiendo con esas restricciones revisionistas hasta desbordarse en una amplia y poderosa lucha ideológica de masas sobre los problemas centrales de la Revolución Cultural. Ante esta situación los revisionistas optaron por desviar los objetivos del movimiento, por promover escisiones, por confundir a las masas haciendo pasar por «derecha» lo que era «izquierda», presentando como «maoísta» lo que en verdad era revisionista.

 

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Los marxistas leninistas maoístas se esforzaron por orientar el movimiento de crítica masiva no sólo a ubicar los dirigentes seguidores del camino capitalista, sino a que las MASAS MISMAS DESALOJARAN del poder a los revisionistas e hicieran realidad la consigna de «el proletariado debe dirigirlo todo».

Según relata Jean Daubier, «La revolución cultural había progresado en dos direcciones paralelas, pasando del dominio artístico y literario al dominio político, y del aparato del partido a las universidades y después a las fábricas». De ahí que a partir de Octubre de 1966 cuando la lucha contra Liu Shao-chi deja de ser indirecta, -analógica- y adquiere un carácter abierto y frontal, es también cuando empieza a desplazarse el centro de movilización, de los estudiantes hacia los obreros. De ahí en adelante, la clase obrera se convierte en la fuerza social más activa y movilizada.

Por ser Shanghai la ciudad industrial más importante, por su gran tradición de lucha revolucionaria, por haber sido sus periódicos los tribunos para la denuncia literaria del revisionismo a principios de la Revolución Cultural, por todo esto, Shanghai fue también la ciudad donde el proletariado chino inició su participación consciente y decidida en la Revolución Cultural.

El Comité Municipal del Partido en Shanghai, era muy prestigioso, y de él formaron parte Yao Wen-yuan y Chang Chun-chiao, (dirigentes maoístas que en 1976 fueron reprimidos por los revisionistas tildándolos de ser miembros de una banda de cuatro «izquierdistas»), estos camaradas fueron llamados al GERC en Pekín, siendo aprovechado su traslado por los revisionistas de Shanghai para imponer su línea en el Comité Municipal, logrando reprimir, represar y contener la Revolución Cultural en su primer año. Esto ocasionó el descontento de los obreros y «guardias rojos», quienes al final vencieron las restricciones y promovieron la crítica masiva a los dirigentes seguidores del camino capitalista en el Comité Municipal de Shanghai.

En Enero de 1967, se desató la «Revolución de Shanghai» donde los obreros, campesinos y estudiantes se apoderaron de sitios estratégicos y de trabajo, procediendo a derrocar a los revisionistas refugiados en el Comité Municipal, el máximo organismo del partido en esa ciudad. Los insurrectos instauraron como centro de poder el Comité Revolucionario de Shanghai, llamado originalmente Comuna de Shanghai.

Esta ola revolucionaria se extendió por todo el país surgiendo nuevos «Comités Revolucionarios». En muchos lugares el poder de los revisionistas impidió la formación de comités, o ellos mismos conformaron Comités Revolucionarios fantasmas, impidiendo la participación de las masas; o conformaban organizaciones de masas confundiéndolas al posar sus dirigentes de «maoístas», para que atacaran a los verdaderos maoístas a quienes a su vez tildaban de «seguidores de Liu Shao-chi».

Los «Comités Revolucionarios», se conocieron como NUEVOS ÓRGANOS DE PODER DE LA REVOLUCIÓN CULTURAL y se llamaban de «triple integración» por ser conformados así: un tercio con representantes de organizaciones de masas, un tercio con representantes de los cuadros del partido escogidos por las masas y un tercio con representantes del ejército o milicianos. Las masas apoyándose en los comités impulsaron grandes transformaciones en las relaciones económicas de la sociedad, en las instituciones culturales y administrativas, aumentando el control de las masas en las fábricas, granjas, en las esferas de la educación, arte, cultura, salud, etc.

Pero bien es cierto que la instauración de los «Comités Revolucionarios» no significó una derrota de la nueva burguesía en todos los frentes.

Mientras la Revolución Cultural expulsaba del Partido a Liu Shao-chi en Octubre de 1968 destituyéndolo de todos sus cargos, Lin Piao se hacía fuerte en el partido y en el Estado como el máximo dirigente del Ejército y de nuevo pregonaba la «Teoría de las fuerzas productivas», apoyado por Chou En Lai quien tenía como consigna «ordenar la vida social y colocar la producción al mando».

Cuando es derrocado Lin Piao en Septiembre de 1971, Chou En Lai logra gran influencia en el poder del Estado, incluso apadrina la rehabilitación de Teng Siao-ping argumentando que éste había sido «un gran opositor» de Lin Piao.

Mientras que en el X Congreso (1973) los marxistas leninistas maoístas reafirman su línea de «poner la política al mando, y la revolución como dirigente de la producción»; la derecha logra en él avanzar en su consolidación organizativa dentro del partido. Análoga fue la situación ocurrida en la Cuarta Asamblea Popular (Enero/75) en la que Teng Siao-ping es nombrado vice-primer ministro y Jefe del Estado Mayor del ejército.

En Abril de 1976, la derecha organiza un motín contrarevolucionario en la plaza Tien An Men reivindicando a Chou En Lai, lo cual ocasionó la destitución de Ten Siao-Ping (sin ser expulsado del partido), pero al propio tiempo Jua Kuo Feng era elegido Primer Ministro y Primer Vicepresidente del partido.

Los anteriores datos -fastidiosos por cierto- dan la apariencia de una rapiña entre burócratas por el poder, pero son en realidad el reflejo en los organismos máximos del Partido y del Estado, de la fuerza que poseía la derecha revisionista y de su enorme base social.

Es ilustrativo ver cómo el «Movimiento de Crítica Masiva contra Lin Piao» para atacar el idealismo, fue desarrollado de un modo indirecto, similar a la crítica literaria al comienzo de la Revolución Cultural, sin confrontar de frente a la derecha y sus dirigentes, sino a través de la analogía con los antiguos filósofos Confusio y Mencio. Eso reafirmaba el poder de la derecha revisionista y la amplitud de su base social.

Ante tal poderío de los revisionistas, los «Comités Revolucionarios» representaron un avance sin precedentes, para derrocar a la nueva burguesía, para colocar al proletariado a «dirigirlo todo». Si bien, en un principio los «Comités Revolucionarios» fueron órganos de un nuevo poder para reemplazar los organismos del Partido y de la Administración corrompidos por el revisionismo a nivel municipal y provincial, después se extendieron a otros niveles, derrocando a los revisionistas también en la dirección de las fábricas, de las comunas, de las universidades, etc.

En este sentido se puede afirmar que FUE EL MÁS AVANZADO PASO DADO POR EL PROLETARIADO EN APRENDER A EJERCER SU DICTADURA, pues se logró la mas amplia democracia -jamás conocida- para que las masas por sí mismas criticaran a sus dirigentes, los removieran y los eligieran!. En este sentido, el proletariado chino había recuperado la Senda de la Comuna y la estaba transitando mediante la Revolución Cultural. En este sentido la Revolución Cultural dio un paso histórico para consolidar la Dictadura del Proletariado y prevenir la restauración del capitalismo.

Digo «EN ESTE SENTIDO» porque la política de crear «Comités Revolucionarios», se identifica con la línea de la Comuna de París en que «los dirigentes son elegidos y removidos por las masas», pero se abandona la línea, también de la Comuna, que no colocaba NINGUNA LIMITACION para la elección por las masas: LES DABA ABSOLUTO PODER EN LA ELECCIÓN!.

En cambio, en los «Comités Revolucionarios», so pretexto de darles un carácter «más democrático» y «ofrecer un mayor control sobre los asuntos del Estado», se LIMITA el poder de las masas en la elección de sus dirigentes, se renuncia a los Comités tipo Comuna y se promueven los Comités de Triple Integración.

En los «Comités de Triple Integración» de niveles distintos al municipal o al provincial, se elegían por las masas los representantes de sus organizaciones, de los cuadros y TAMBIEN de los milicianos.

Pero en los Comités de Municipalidad o de Provincia, el tercer tercio siempre era ocupado por representantes del EPL, que YA NO ERAN ELEGIDOS POR LAS MASAS, sino por la Comisión Militar del Comité Central.

Este privilegio del ejército en los «Comités Revolucionarios» hacía parte del lugar especial que ocupó en la Revolución Cultural. Fue el único aparato del Estado que conservó su estabilidad, a excepción de un incidente en Wuhan donde una fracción del ejército apoyó la derecha y permitió que aflorara la crítica contra los seguidores del camino capitalista en el EPL.

Se daba por sentado de antemano que el EPL era maoísta, y que estaba contra los seguidores del camino capitalista. Incluso Mao Tse-tung hizo un llamado especial al EPL en 1966: «El Ejército Popular de Liberación debe apoyar a las amplias masas de la izquierda» reflejando con ello que se trataba como de una «tercera fuerza», por fuera de los contendientes principales.

Es indudable que el ejército chino en la Revolución Cultural tuvo características muy específicas y distintas a cualquier ejército: se guiaba por el principio de que «la política guía el fusil y no al revés»; por períodos los oficiales se desempeñaban como soldados rasos; los soldados se vinculaban a la producción y desde 1966 desa-rrollaron una labor de propagandistas -utilizando la persuasión y no las armas- en el seno de organización de masas y de los mismos Comités Revolucionarios. No obstante estas prácticas para combatir su profesionalismo y su burocratismo, nunca en la Revolución Cultural se puso en duda ni se criticó su monopolio sobre las armas, lo cual estaba en CONTRA de la línea de la Comuna, en contra de la concepción de Marx y Lenin sobre el NUEVO ESTADO de DICTADURA del proletariado: sin burocracia y SIN EJERCITO PROFESIONAL, pero con las MASAS ARMADAS!.

A lo largo de la Revolución Cultural se evidencia cómo el monopolio de las armas fue siempre del EPL: los «guardias rojos» eran jóvenes desarmados; los «Comités Revolucionarios» se tomaban el poder desarmados; los representantes del EPL en los «Comités Revolucionarios» eran soldados desarmados; los campesinos estaban desarmados y los obreros… ¡desarmados!, fueron derrotados en Octubre de 1976, cuando la derecha, el revisionismo, los seguidores del camino capitalista, encontraron la oportunidad (de la que había prevenido Mao Tse-tung), para apoyándose en el poder efectivo y real que poseían en el partido y en el Estado y apoyados en la base social de burócratas y privilegiados, procedieron al reemplazo forzoso de la Dictadura del Proletariado por la dictadura de la burguesía.

En ese entonces, fue el EPL -considerado a ultranza maoísta- el que reprimió a los maoístas verdaderos, y el que encarceló a sus principales dirigentes, el que ahogó la insurrección de Shanghai, y la lucha de las masas -armadas ya tarde- en Anjui, Fujián, Sichuan, Junan, Xin jiang y Jianxi.

La consigna de «LA CLASE OBRERA DEBE DIRIGIRLO TODO» fue ganando simpatía a medida que se desarrollaba la Revolución Cultural. Incluso en la Revolución de Shanghai en un manifiesto de los «Guardias Rojos» se recordaba la necesidad de destruir «la vieja maquinaria del Estado».

Pero la derecha revisionista no estaba por fuera del Estado, tanto es así que entre 1974 y 1975 restauran relaciones burguesas en las fábricas, imponen reglamentos burgueses a los obreros, empujan en general la restauración del capitalismo bajo la consigna de «Modernizar a China»; era un devolverse a gran escala del camino recorrido en la Revolución Cultural. Este repunte de la nueva burguesía ocurrió justo luego que los Marxistas Leninistas con Mao Tse-tung a la cabeza lanzaron -a principios de 1975- el llamado general a todas las masas, para estudiar sobre la Dictadura del Proletariado, para entender su necesidad pues «la falta de claridad al respecto conduciría al revisionismo».

Quiere decir esto, que los maoístas no ahorraron esfuerzos para que las masas comprendieran a conciencia qué es y cómo se consolida en la práctica la Dictadura del Proletariado. No escatimaron esfuerzos los maoístas para combatir las diferencias de clase generadas por las contradicciones del socialismo.

Sin embargo los revisionistas lograron desviar los proyectiles lanzados por la Revolución Cultural, cuando estos iban dirigidos a criticar y remover su poder efectivo en el Estado. De hecho el ejército, -bastión principal del Estado- quedó siempre protegido de la revolución, se le conservó su carácter de ejército burgués como monopolizador de las armas, -así se hubiese proletarizado en otros aspectos- salvaguardando las condiciones que permitirían convertirlo en dócil instrumento de la nueva burguesía para cortar y liquidar el avance logrado por el proletariado en la construcción de su Dictadura.

«Si los derechistas llevan a cabo un golpe de Estado anticomunista en China, estoy seguro de que no conoceran tampoco la paz, y muy probablemente su dominación será de corta vida, ya que este no será tolerado por ninguno de los revolucionarios, que representan los intereses del pueblo, constituido por más, del 90 por ciento de la población». Mao Tse-Tung

 

 

El gran mérito histórico de la Revolución Cultural

 

La Gran Revolución Cultural Proletaria impidió durante 10 años la restauración capitalista en China.

«El hecho de que a fin de cuentas la Gran Revolución Cultural Proletaria no haya podido impedir el derrocamiento de la dictadura del proletariado no aminora en modo alguno su importancia histórica, ni la importancia de las lecciones que de allí puede sacar el proletariado mundial».(6)

El proletariado mundial, ha pasado por una gran derrota con la pérdida de su dictadura en China, pero ha recibido también la más importante experiencia de cómo consolidar su dictadura. Su camino que -con la pérdida sufrida en la URSS- había quedado ensombrecido y confuso, ha sido de nuevo iluminado por el gran combate teórico y práctico librado por el proletariado maoísta.

El gran mérito histórico de la Revolución Cultural consistió en haber resuelto en lo teórico y en lo práctico el cómo consolidar la Dictadura del Proletariado, el cómo prevenir la restauración del capitalismo.

La GRCP representó el mayor intento del proletariado por transitar a través de la senda señalada por la Comuna de París en busca de consolidar su dictadura, dejando al proletariado internacional como enseñanza fundamental: LA NECESIDAD DE ¡CONTINUAR LA REVOLUCIÓN BAJO LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!.

Fue la Revolución Cultural una auténtica revolución política que movilizó a millones y millones de proletarios hacia la comprensión científica de las leyes de la nueva sociedad, para que fueran las propias masas quienes atacaran las raíces profundas que generaban la nueva burguesía seguidora del camino capitalista. De ahí que en la mira de la Revolución Cultural, hubieran estado las contradicciones sociales que generaban y conservaban las desigualdades y privilegios de clase, de donde aflora una base social proclive al revisionismo y dispuesta a restaurar el capitalismo.

Consolidar la Dictadura del Proletariado, derrotar al revisionismo y prevenir la restauración del capitalismo fueron los objetivos fundamentales de la Revolución Cultural, que de por sí representan un salto cualitativo del proletariado en la comprensión de las leyes de la nueva sociedad, y un paso firme en la preparación de condiciones para la transición al comunismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria representa la fuente de aliento e inspiración para que el Movimiento Comunista Internacional pueda sobreponerse a la derrota e izar de nuevo la roja bandera de la Dictadura Proletaria, contando ahora a su favor con la experiencia de lucha contra el revisionismo y con el conocimiento de la clave para prevenir la restauración del capitalismo: ¡CONTINUAR LA REVOLUCIÓN BAJO LA DICTADURA DEL PROLETARIADO!

 

 

Notas:
(1) «Sobre la Nueva Democracia», Mao Tse-tung.
(2) «Comentario sobre la Carta Abierta del PCUS» Sep. 6/63
(3) «Proyecto de Declaración del PCR de EE.UU. y PCR de Chile» (1980)
(4) «Historia de la Revolución Cultural Proletaria en China», Jean Daubier.
(5) «Sobre el Tratamiento Correcto de las Contradicciones en el Seno del Pueblo», Mao Tsetung.
(6) «Comunicado Conjunto», Otoño/80

 

 

Extraído de “El Marxismo-Leninismo-Maoísmo; Ciencia de la revolución proletaria” de Jaime Rangel

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