La ciencia filosófica en la URSS

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El materialismo dialéctico es la gran doctrina filosófica de nuestro tiempo. Todo el desarrollo de la ciencia, en nuestro país, marcha bajo esa bandera. Como resultado de la difusión de las ideas del materialismo dialéctico -bajo la influencia de las geniales obras “Dialéctica de la naturaleza“, de Engels; “Materialismo y empiriocriticismo“, de Lenin, y “Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico“, de Stalin- se ve, en nuestro país, un profundo proceso de enraizamiento del método dialéctico en todos los campos de la investigación científica.

En este sentido, también tuvo una gran importancia la lucha ideológica en el campo de la filosofía, que, desde hace muchos años, atrajo la atención de los grandes círculos sociales de nuestro país. En el frente filosófico, se había desarrollado una intensa lucha ideológica de superación y desenmascaramiento de dos aspectos reaccionarios de tergiversación de la dialéctica materialista: por un lado, el materialismo mecanicista, y por otro, el idealismo menchevizante.

Fue criticada, en todo y por todo, la limitación del materialismo mecanicista con su punto de vista exclusivamente cuantitativo en relación a la realidad, con su comprensión metafísica de la materia como carente de calidad, con su carácter anti-histórico, con la falta de comprensión de las peculiaridades de las diversas formas del movimiento de la materia y de sus leyes.

Era necesario superar, al mismo tiempo, las teorías nocivas y antimarxistas del idealismo menchevizante, que tiene estas características: la separación entre la teoría y la práctica, el encuadramiento de la realidad en el esquema de las categorías hegelianas, la negación de la etapa leninista en el desarrollo de la filosofía marxista.

Hoy en día, incluso un ciego ve que se trataba, en esta lucha, de la afirmación de la posición del marxismo en la ciencia. Se trataba del desenmascaramiento de todo tipo de tendencias de vulgarización hostiles al marxismo.

Esta lucha en dos frentes fue una condición muy importante, que creó la base para el desarrollo intenso, profundo y fructífero de la ciencia filosófica propiamente dicha y, para la implantación del método del materialismo dialéctico en las ciencias naturales. Tuvo gran importancia el desenmascaramiento de los intentos vulgarizadores de imposición externa y escolástica de los esquemas dialécticos a sectores concretos de la ciencia. Después de destruir todas estas tesis erróneas y nocivas, se crearon las premisas necesarias para el florecimiento de las ciencias naturales dialéctico-materialistas.

El materialismo dialéctico demanda enormes exigencias a nuestros hombres. El materialismo dialéctico no reconoce la ciencia por la ciencia. Exige la unidad entre la teoría y la práctica. Elevando a gran altura el papel y la importancia de las generalizaciones teóricas en la ciencia, considera, al mismo tiempo, el desarrollo de la ciencia bajo el ángulo visual de que esta debe conducir a la mejora de las condiciones de vida de los hombres y, por lo tanto, exige de la ciencia resultados prácticos. El materialismo dialéctico, como método revolucionario, es contrario a toda rutina, contrario a los dogmas estancados y no reconoce fetiches en la ciencia. El materialismo dialéctico es contrario a la unilateralidad en la ciencia, exige el estudio de los fenómenos de la naturaleza en sus relaciones e influencias recíprocas. Exige la capacidad de ver, descubrir y aclarar las contradicciones en el curso del progreso científico. Y, por último, el materialismo dialéctico exige el estudio histórico de los procesos naturales.

Pero, en compensación, ¡qué perspectivas y qué horizontes abre ante los hombres de la ciencia! No existe límite alguno para la investigación científica de los fenómenos. No existen ningún anteojos y frenos con los que los filósofos agnósticos idealistas entorpezcan considerablemente el progreso del conocimiento. No existe ningún obstáculo a la penetración, cada vez más profunda, en los sectores de la naturaleza, con el objetivo de descubrir sus leyes y de utilizarlas en la práctica. Todo consiste en investigar con la mayor buena fe y rigurosidad esas leyes de la naturaleza.

Los naturalistas y filósofos soviéticos ya han hecho mucho por la generalización filosófica de los más recientes descubrimientos en las ciencias naturales. Se acerca el momento para el trabajo de generalización en el campo de la dialéctica de la naturaleza, sobre la base del nuevo material, que, con tanta abundancia, ofrece el desarrollo de la ciencia moderna.

Notabilísimos progresos se han hecho en las últimas dos o tres décadas en el campo de la física. Si, a principios del siglo XX, el centro de atención de la física se encontraba en el átomo, actualmente, el centro de atención de la física moderna se encuentra en el núcleo del átomo.

El descubrimiento de los “secretos” de la estructura de la materia, el análisis, cada vez más profundos, de las nuevas leyes de la naturaleza, han demostrado, una vez más, toda la justicia del pronóstico leninista sobre la inagotabilidad del átomo y del electrón y sobre la mutabilidad de todas las formas del movimiento de la materia.

La física moderna abordó, de forma espontánea, la solución de las mayores contradicciones teóricas, que se revelaron en el transcurso de su impetuoso desarrollo: masa y energía, materia y movimiento, corpúsculos y ondas, continuidad y discontinuidad, etc. Los procesos materiales, extremadamente complejos y sutiles, estudiados por la física moderna, revelaron la estrechez y la inaplicabilidad, al respecto, de las anticuadas y vulgares concepciones de la física clásica.

Los métodos extremadamente precisos del análisis físico, que, hoy en día, posee la ciencia, formularon nuevos problemas relacionados con la consideración de la influencia recíproca entre los microprocesos estudiados y los instrumentos y aparatos de observación y análisis.

Todo esto demostró que solamente el método dialéctico-materialista arma a los investigadores de una brújula segura, no sólo para orientarse en esta cuestión, sino, también, para superar las contradicciones que se van acumulando e impulsan a la ciencia al frente. El gran mérito de la física soviética, en los últimos años, consiste en el hecho de dominar, cada vez más, este método. Se puede decir, con toda seguridad, que nuestra física (los trabajos de los académicos Ioffe, Vavilov y otros) ocupa ahora un lugar destacado desde el punto de vista de la acertada totalidad filosófica de los más nuevos de la ciencia.

En este sentido, es interesante el ejemplo del tratamiento dado a la teoría de la relatividad de Einstein. Con esta teoría está relacionada, indudablemente, una nueva etapa en el desarrollo de la física y de la mecánica clásica. La teoría de Einstein condujo al completo fracaso de los viejos y vulgares conceptos de la mecánica de Newton. La aparición de la teoría de la relatividad, el nuevo y original carácter de la formulación, que esta teoría presenta, de una serie de importantísimos problemas de la física y, en particular de los problemas del espacio y del tiempo, originaron gran movimiento en la ciencia. El fracaso de los dogmas y conceptos establecidos no pudo evitar dar lugar a una lucha apasionada en el campo de la ciencia. Se observó un intenso movimiento en el campo idealista. Desde el mismo momento de la aparición de esta teoría, se publicó amplia literatura orientada a la interpretación idealista de la teoría de la relatividad. Esto era muy fácil de hacer, ya que el propio autor de la teoría de la relatividad ,en diversos puntos de partida filosóficos de su teoría, así como en otra serie de sus manifestaciones filosóficas generales, no demuestra en absoluto, un resultado completo.

A partir del año 1922, entre los físicos de nuestro país, en relación a la teoría de la relatividad, se formaron y se cristalizaron dos opiniones, que se excluyen mutuamente: una mecánico-física, que rechaza, total y completamente, la teoría de la relatividad, como teoría idealista y machista (es decir, la doctrina empirocriticista e idealista elaborada por el físico alemán Ernst Mach), en su esencia; otra, idealista, que aprueba total e integralmente tal teoría, y no sólo su contenido científico-físico, sino, incluso, también las conclusiones idealistas machistas, deducidas tanto por su propio autor como por sus numerosos adeptos idealistas.

Como resultado de un intenso trabajo realizado entre nosotros, tanto por los filósofos como por los físicos, como resultado de muchas discusiones acaloradas de una lucha ideológica de principios, se pueden considerar firmemente establecidas nuestras conclusiones filosóficas en relación a la teoría de la relatividad.

Del contenido físico desarrollado por esta teoría no se concluye, evidentemente, ni la negación de la existencia del mundo objetivo y ni la negación de la objetividad del conocimiento de la naturaleza. La teoría de la relatividad no niega, tampoco, el carácter absoluto del tiempo y del espacio, de la materia y del movimiento, en el sentido de su existencia objetiva, independiente de la conciencia humana. Si en alguna parte, ocurre alguna cosa, ese hecho, en el sentido de su existencia objetiva, en el mundo real, no es relativo, en absoluto. Ningún “punto de vista del observador”, ningún “sistema de medida”, establecidos como puntos de partida por la teoría de la relatividad, están en condiciones de destruir el hecho objetivo de los procesos naturales.

La teoría de la relatividad establece, únicamente, la relatividad de los resultados de la medición del tiempo y del espacio para los observadores que están en movimiento unos en relación con otros. De acuerdo con la teoría de la relatividad, existe, en cada sistema de medición, un tiempo propio y un espacio propio, indisolublemente vinculados al movimiento de los cuerpos. El espacio y el tiempo son inseparables del movimiento de los cuerpos y deben ser considerados en conexión con este movimiento. En este sentido, el espacio y el tiempo son relativos.

En lugar del antiguo esquema metafísico de Newton del espacio y del tiempo absolutos, considerados como recipiente vacio, semejantes a “cajas sin contenido”, en los que se desarrollan procesos universales, concibimos, en la nueva física, la doctrina dialéctica sobre la unidad del espacio y del tiempo, de la materia y del movimiento.

En lugar de las antiguas concepciones metafísicas del espacio y del tiempo absolutos, dotados únicamente de propiedades geométricas, establecemos la nueva teoría del un espacio y un tiempo ligados indisolublemente a los cuerpos, al movimiento.

De este modo, el contenido verdaderamente científico de la teoría de la relatividad -incluso independientemente de aquellas conclusiones teóricas que, a menudo, se deducen de ella- representa un paso adelante en la obra del descubrimiento de las leyes dialécticas de la naturaleza.

Uno de los méritos de las ciencias naturales y de la filosofía soviética consiste en que supieron rechazar y superar la interpretación idealista de la teoría de la relatividad. Nuestra ciencia, equipada con el método del materialismo dialéctico, demostró ser capaz de evaluar, en su justo valor, el papel y la importancia de esta teoría, de deducir consecuentemente todas las conclusiones aprendidas de ella, de interpretar correctamente su contenido teórico y conceptual.

Pasemos, ahora, a citar otro ejemplo del campo de búsqueda científica.

En los años 60 del siglo pasado, el gran sabio ruso Sechenov, con sus obra “Los reflejos cerebrales“, sentó las bases para el estudio objetivo y materialista del sistema nervioso central, para el estudio objetivo del comportamiento de los animales de la escala superior.

 

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La fructífera iniciativa de Sechenov fue brillantemente continuada y desarrollada en los trabajos del académico I. P. Pavlov y su escuela fisiológica. El trabajo de investigación de Pavlov y sus numerosos discípulos alcanzó gran amplitud, sobre todo en el período soviético. Sin hacer referencia al contenido fisiológico especial de la teoría de Pavlov sobre los reflejos condicionados, debemos señalar la considerable importancia del trabajo de Pavlov, desde el punto de vista de los principios, para la fundamentación del materialismo como contribución de las ciencias naturales. Con sus trabajos de investigación de la base material de los procesos psíquicos, con su vasto e indiscutible material experimental de estudio de la base objetiva de la actividad del sistema nervioso central, Pavlov abrió un nuevo capítulo en el desarrollo de la fisiología y proporcionó al materialismo la nueva y segura arma de las ciencias naturales para destruir todo tipo de estructuras idealistas y anticientíficas. Es difícil sobrestimar toda la importancia filosófica y conceptual de los brillantes trabajos del académico Pavlov.

Es importante señalar que, en los últimos años, hay un proceso muy interesante e importante de superación de estratificaciones mecanicistas que se formaron alrededor de la teoría de los reflejos condicionados.

Se sabe que algunos discípulos de Pavlov (Savitch y otros) intentaron transportar -mecánica, directa e inmediatamente- las leyes de la fisiología de la actividad nerviosa superior de los animales a la psique del hombre y a las relaciones sociales en la sociedad humana, lo que condujo a conclusiones erróneas o incluso reaccionarias. En la actualidad -y bajo la influencia del trabajo científico, dedicado a descubrir las posiciones idealistas y materialistas vulgares en el campo de la filosofía, como resultado de la lucha contra las tendencias mecanicistas de la teoría de los reflejos condicionados- el trabajo de investigación tomó la dirección adecuada. Es necesario señalar aquí, que los discípulos de Pavlov pueden encontrar en los trabajos de Pavlov, y en particular, en un artículo póstumo, “El reflejo condicionado“, muchas indicaciones valiosas e importantes.

Analizando el problema del límite de la aplicación al hombre de la teoría de los reflejos condicionados, Pavlov escribía: “En el reino animal, desarrollado en la etapa de la aparición del hombre, se produjo una adicción extraordinaria al mecanismo de la actividad nerviosa“. Esa “adicción”, Pavlov la define como un “segundo sistema de señales“, inherente en particular al nombre y relacionado con la palabra. Esto significa, en otros términos, que la “adicción” está relaciona con la vida social del hombre. Esta indicación póstuma de Pavlov es de tal importancia que abre nuevas perspectivas para el estudio de la base objetiva del sistema nervioso central.

Los trabajos de Pavlov y su escuela, la superación gradual de algunas limitaciones mecanicistas, el brillante contenido dialéctico de la teoría de los reflejos condicionados (por ejemplo, la solución del problema de la correlación de los procesos de excitación e inhibición), nos muestran cómo, también en este campo, cada paso efectivo hacia adelante, en el desarrollo de la ciencia, significa, también, una aplicación más profunda y consciente del método creador de la dialéctica materialista.

Nuestra ciencia ha obtenido grandes resultados en el campo de la fisiología del sistema neuro-muscular. Hasta hoy, domina, en la literatura mundial, el concepto de que los fenómenos que se producen en las células y filamentos nerviosos, así como en la célula muscular, pueden ser interpretados como simples procesos físicos y físico-químicos. Las exageraciones unilaterales, en esta cuestión, trajeron, como resultado, la creación de una serie de modelos físicos y físico-químicos para explicar los procesos que tienen lugar en las células nerviosas. Pero, como, sin embargo, los procesos que tienen lugar en las células nerviosas se distinguen por una gran complejidad y representan algo cualitativamente mayor que el simple modelo físico o físico-químico, es natural que, ante la ciencia, se hayan presentado, en ese sentido, una serie de dificultades. El mérito de los científicos soviéticos, fisiólogos y bioquímicos, se basa en que ellos orientan su interés a un desarrollo más profundo de las leyes específicas de los procesos nerviosos. Como ejemplo, se puede señalar el desarrollo adquirido, entre nosotros, por la teoría neuro-humoral de la excitación nerviosa (trabajo de los académicos Urtomski, Orbeli y otros), en contraposición a las teorías unilaterales, mecánicas, físicas o físico-químicas.

Al mismo tiempo que, también en este campo, el método dialéctico de investigación conduce hacia adelante, este ofrece a nuestros científicos la posibilidad de abrir nuevos caminos en la ciencia.

Gran importancia, desde el punto de vista de la penetración del método dialéctico en la ciencia, tienen los trabajos del académico V.L. Komarov. Entre estos trabajos, destacaremos “El origen de las plantas y el estudio de las especies de plantas“. En 1936, el académico Komarov escribió, en su trabajo “El origen de las plantas“:

Nada de fantasía, nada de metafísica, sino hechos y generalizaciones exactamente establecidas por la ciencia, iluminados por el materialismo díaléctico. Este es nuestro camino“.

Siguiendo este camino, presentó un cuadro armónico del origen y del desarrollo de las plantas, un cuadro de las modificaciones de sustancias y formas que, después de todo, condujeron a la obtención del centeno, del trigo y de otros productos. Desarrollando la doctrina de Darwin, continuando las tradiciones de Timiriazev, el académico Komarov, basándose en el material botánico, trató de exponer una teoría de la especie natural histórica. En la exposición de su tema, se valió del material reunido por Engels y Lenin sobre estas cuestiones.

El darwinismo alcanzó, entre nosotros, su ulterior desarrollo, fecundo y creador, en la actividad y en los trabajos del gran transformador de la naturaleza I.V. Mitchurin y en los trabajos del académico T.D. Lysenko.

Todo esto da a nuestro país pleno derecho a ser llamado la segunda patria del darwinismo. Bajo este aspecto, cabe señalar que el desarrollo de la doctrina evolucionista de Darwin exigió la superación de algunos simplismos y limitaciones, de los que no está exenta. Los científicos soviéticos con audacia y espíritu innovador, marchan hacia adelante en esta dirección, trazan caminos propios en la ciencia, guiándose por el método del materialismo dialéctico. Mitchurin escribió: “Las ciencias naturales son materialistas por esencia; el materialismo y sus raíces están en la naturaleza. Las ciencias naturales tienden espontáneamente a la dialéctica. Para evitar malas interpretaciones, se debe conocer la única filosofía acertada, la filosofía del materialismo dialéctico“.

El académico Lysenko desarrolla el trabajo activo de transformación de la naturaleza de las plantas. Las tesis teóricas iniciales de Lysenko son que la planta, tanto en su forma específica como individual, no es invariable; que no existen caracteres absolutamente invariables de la planta, que todos los caracteres de la planta están sujetos a cambios, en proceso de desarrollo evolutivo del organismo; que, en el desarrollo del organismo, toman parte, no solamente la célula sexual semilla o sus diversos componentes, sino también, el organismo como un todo y la célula como un todo; que, en el proceso de desarrollo, sufren cambios, no sólo los caracteres del organismo, sino también su base hereditaria; que el hombre, con su activa intervención, con su activa creación de determinadas condiciones, puede influir sobre el desarrollo del organismo, guiando este desarrollo en la dirección requerida. Todas estas importantísimas tesis teóricas iniciales de Lysenko constituyen, indudablemente, el ulterior desarrollo de una serie de tesis darwinianas y siguen la línea de penetración del método del materialismo dialéctico en la ciencia biológica.

Tales son, en resumen, algunos ejemplos de los diversos dominios de las ciencias naturales. En todas estas investigaciones, todavía existen muchos puntos oscuros y muchas exageraciones unilaterales. Se constatan no pocas tesis incorrectas e incluso erróneas; en ellas todavía existen muchas hipótesis inconsistentes o esquemas infundados. Muchas cosas habrá que cambiar en el futuro; no pocos problemas deberán ser discutidos. Pero los que importa es lo fundamental y esencial.

Este fundamental y esencial consiste en que, en nuestro país, se verifica un fructífero proceso de nacimiento y afirmación de la ciencia cultural dialéctico-materialista.

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo“.

Esta tesis nºXI sobre la filosofía de Feuerbach encierra la llave filosófica del marxismo. A algunos les podría parecer similar a los criterios de pragmatismo, pero Lenin se encargó de disipar esta encuadramiento superficial. El marxismo encuentra en la práctica la prueba de la realidad (The proof of the pudding is in the cating, le gustaba repetir a Engels, siguiendo el proverbio británico), pero sin hacer de la práctica el límite de lo real. En su obra clásica contra los entusiastas de Mach (el empiriocriticismo), Lenin dejó demostrado porque la teoría marxista tiene razones para aceptar la “perfectibilidad” del conocimiento, que se acerca, cada vez más, en la acción recíproca de la teoría y de la práctica, de la verdad absoluta. De ese modo, el marxismo se desliga de todo relativismo en la teoría del conocimiento.

 

 

Este artículo fue escrito por M. Mitin, una de las más altas autoridades soviéticas en el campo de la filosofía. Este trabajo forma parte del informe que presentó en la Academia de Ciencias de la URSS, por ocasión del vigésimo quinto aniversario de la ciencia soviética. En este mismo estudio, Mitin proporciona datos sorprendentes sobre las publicaciones filosóficas en la URSS. Las cifras sirven para demostrar que el régimen socialista es el único capaz de propiciar la vocación filosófica al cuidado del Estado y de promover el estudio de la filosofía en grado y extensión incomparables. Las ediciones de “Aristóteles y Descartes” en millones de ejemplares dan testimonio de este florecimiento sin precedentes.

El fragmento del informe que presentamos, es rico en sugerencias teóricas. La adecuación entre el sentido einsteniano de la física y el concepto materialista, las limitaciones mecanicistas a las que puede conducir el tratamiento puramente fisiológico de la actividad cerebral -son expuestas de una manera concisa, pero acertada, disipando, con esto, muchas confusiones difundidas por los enemigos del materialismo que se esfuerzan en atribuir al marxismo opiniones contra las que Marx y Engels nos advirtieron hace un siglo.

El artículo de Mitin nos muestra, por otra parte, como los filósofos, siguiendo el consejo de Marx, pueden transformar el mundo, sin dejar de interpretarlo.

Mitin termina con una declaración modesta, que es característica de la ciencia soviética. “Muchas cosas habrá que cambiar en el futuro -nos dice-; no pocos problemas deberán ser discutidos“. Magnífica lección para los pedantes que, después de invalidar el marxismo como tesis dogmática, se vanaglorian de sus teorías decadentes, olvidando que la verdad se va haciendo cada vez más absoluta con el esfuerzo de sucesivas generaciones de hombres y mujeres de ciencia.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de “Divulgação Marxista”, Nº6, Septiembre de 1946

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