Un inmigrante no bienvenido de la URSS

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Escrito en hebreo por Gali Nitzan en el periódico israelí “Hadashot” y traducido al inglés para el semanario palestino “Al-Fajr“.

 

La historia no contada: el inmigrante nº50.000

 

(…) Para nuestro deleite, el destino nos ha dado a un guapo y admirable inmigrante nº 50.000: alto, alrededor de 40 años, pelo negro y ojos verdes, de huesos sólidos y un bigote bien cuidado“.

Él parpadea confundido por la escena que se muestra a la luz del sol de Tierra Santa. La orquesta alcanzó su punto máximo con el estribillo: “La tierra en que nacimos, la tierra en que vivimos, sea lo que fue“, y la comitiva estalló en aplausos. El inmigrante, sorprendido, frunce el ceño al tratar de entender y comienza a descender vacilante.

Yitzhak Peretz (el ministro de absorción de inmigrantes), a su vez, se dirige a la plataforma de honor con un traductor ruso para acompañar al inmigrante en sus primeros pasos en el suelo de la Tierra de Israel. Y ahí están. Yitzhak Peretz sonríe, ofrece su mano para saludar al inmigrante y dice (con la ayuda del traductor): “Bendito sea el que viene a la Tierra de Israel“.

Peretz: “Estoy feliz de anunciar que usted es el inmigrante nº 50.000 de este año, que llegó a la tierra de Israel“.

Inmigrante: “¿Quién? Yo?

Peretz (mientras caminaba con él hacia la plataforma de honor): “Sí, sí“. (La orquesta comenzó a tocar “Oh mi tierra, mi casa“, y Peretz llegó finalmente con el inmigrante a la plataforma de honor, donde también están esperando por él el secretario general del Ministerio de Inmigración, Dov Shilansky, y Chaim Herzog, presidente de Israel, y todos lo saludan con entusiasmo). “¿Cuál es tu nombre?

Inmigrante: Yousef Dori.

P: ¿Estás emocionado, Yousef?

I: Esto es muy emocionante, estoy gratamente sorprendido.

P: ¿De qué ciudad vienes, Yousef?

I: De Leningrado.

P: ¿Cuánto tiempo estuviste soñando con venir aquí?

I: 23 años.

P: ¿Y cómo te sientes ahora?

I: Esto es como un sueño. Una vez más estoy pisando el suelo de mi tierra. Ya estoy de vuelta en casa.

P: Esta es tu casa, Yousef. Voy a tratar de facilitar el alojamiento en tu casa. ¿Tenías una profesión en Leningrado?

I: Por supuesto. De hecho fui a Leningrado a estudiar medicina a la Universidad. Me especialicé en el tratamiento de cáncer de piel.

P: (poniendo los ojos en blanco): Bueno, aquí harás unas prácticas. Dime, Yousef, ¿tienes algún familiar aquí en la Tierra de Israel?

I: Toda mi familia está aquí. Tengo parientes en Haifa y en los Altos del Golán.

P: ¿Cuánto hace que no les ves?

I: 23 años.

P: ¿Y ellos saben que ibas a venir?

I: Ellos sabían que estaba tratando de venir, pero no creo que sepan que fui capaz de hacerlo.

P: ¿Por qué?

I: Ya sabe, porque durante todos esos años, era difícil volver a casa.

P: Es cierto, pero todo eso ahora pertenece al pasado, como puedes ver, hoy en día todas las puertas están completamente abiertas.

I: Ya veo, y estoy muy sorprendido. No pensé que podría llegar hasta aquí, pensé que iba a morir en el exilio.

P: ¡Dios no lo quiera! ¡Qué Dios nos guarde! Gracias a Dios, Dios está devolviendo a todos sus hijos a sus fronteras.

I: Alabado sea Dios.

P: Dime, Yousef, ¿entiende un poco de hebreo?

I: Muy poco, lo que aprendí en mi juventud, en mi pueblo.

P: (dándole una pequeña bandera): ¿sabes lo que pone aquí?

I: (frunciendo el ceño ante las letras bordadas en oro, lee lentamente, con un fuerte acento): “De… inmigrante… a inmigrante… nuestra fuerza… aumenta“.

P: Por su causa y por la de sus hermanos seremos capaces de transformar a Israel en la tierra más hermosa en el mundo.

I: No entiendo.

P: (con la paciencia de un buen abuelo): Lo que quiero decir es que serás parte de la vida de la comunidad y de la sociedad de Israel hasta que esté completamente armonizada con ella.

I: (Con cierto recelo): Un minuto. ¿Voy a tener derechos como todos los demás? ¿Puedo participar en las elecciones?

P: ¡Qué pregunta! ¡Qué pregunta! (ríe) Esto no es Rusia, esto es una democracia.

I: ¿Y toda mi familia y todo mi pueblo?

P: ¿Qué pueblo? ¿Rusia?

I: No, en el Golán.

P: Un pueblo en el Golán.

I: Sí, el pueblo donde nací.

P: ¿No naciste en Rusia?

I: No, ya se lo dije. Fui a Leningrado hace 23 años para estudiar medicina.

P: ¿Se fue de Israel?

I: Me fui de Palestina. Antes de la guerra viajé a Rusia. Ahora he decidido volver, a pesar de que mi familia me ha escrito diciendo que el gobierno de Israel sigue negando el derecho al retorno. Pero estaba deseoso de escuchar todas estas cosas que dijiste, que todas las puertas están completamente abiertas, y que Dios está devolviendo a todos los hijos a sus fronteras. Es bueno saber que hay judíos como usted.

P: (pálido y con los labios secos): ¿No eres judío?

I: No, soy un palestino cristiano. Yousef Dori. Leí en el Pravda sobre los vuelos directos hacía aquí desde Varsovia, y decidí que era hora de volver a casa.

P: ¡Vuelva para el avión, terrorista!.

I: ¡Pero usted dijo que juntos podríamos construir un Estado maravilloso! ¡Usted dijo que tenía derechos!

P: (a los ayudantes): ¡Llamen a la policía! ¡Llévenlo de regreso al avión! ¡Detengan la música! ¡Dejen de fotografiar!. ¿Dónde está mi conductor?

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Principios”, Nº23, Noviembre-Diciembre de 1991

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