¿Cómo fue posible la subversión revisionista?

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Como marxistas sabemos que: no son “los hombres (los que) hacen la historia”.(1) Tampoco son los Krushchovs y los Gorbachovs. Pero si probamos que Kruschov y Gorbachov trabajaron conscientemente para la destrucción del socialismo y lograron su objetivo, ya está dado el primer paso para responder a esta cuestión.(2)

Ahora se plantea una cuestión mucho más difícil, la verdadera cuestión central: ¿cómo pudieron agentes del imperialismo llevar al Partido y al pueblo, educados por Lenin y Stalin, a aceptar una política revisionista, restauradora del capitalismo? Una respuesta satisfactoria requiere de análisis exhaustivos e investigaciones. Se plantean muchas cuestiones al detalle.

La conjetura más próxima para los marxistas es que la política revisionista de Kruschov y Gorbachov fue la expresión de los intereses de determinados estratos de la sociedad soviética, de los cuales se convirtieron en representantes. Según esta interpretación, el revisionismo moderno brotó del movimiento comunista y de la sociedad socialista igual que el viejo el revisionismo de los partidos socialdemócratas, de abajo, como una expresión de los intereses de determinados estratos. No puedo estar de acuerdo con tal interpretación.

Es cierto que en la sociedad soviética y en los países socialistas, especialmente en el estrato intelectual -y aquí especialmente entre diplomáticos, mandos del comercio exterior, artistas y periodistas- había personas que estaban fascinadas con la riqueza y la “libertad” de Occidente y deseaban también poder apreciarlas en la Unión Soviética. Pero no fueron ellas las que transformaron tales deseos en un sistema del revisionismo moderno. Este sistema, en su estado rudimentario original, fue desarrollado en 1942 por el entonces renegado ex-Secretario General del PC de los EE.UU., Browder (3), y, con la ayuda del colaborador de Allan Dulles (4), Noel Field (5), a través de emigrantes comunistas en Suiza, fue introducido en los diferentes partidos comunistas, cayendo después en el terreno especialmente fértil del PC de Yugoslavia a través de su líder Tito (6). De ahí fue importado a la Unión Soviética por Kruschov, el hermano espiritual de Tito, es decir, por encima y mezclado en la teoría marxista-leninista dominante. No es, por lo tanto, ninguna planta originaria del suelo de la sociedad soviética.

Pero, ¿por qué tuvieron Kruschov y Gorbachov un éxito tan catastrófico con su política? Me gustaría enumerar algunas condiciones que me parecen que han sido decisivas:

1) No revelaron los verdaderos objetivos, se presentaban con insistencia como fieles alumnos, seguidores y perfeccionadores de la obra de Lenin. Que hayan tenido que hacerlo, prueba que la inmensa mayoría del pueblo quería mantener la Unión Soviética. Para disfrazar su revisionismo y hacer creíble su política como continuadora del leninismo, Kruschov declaró al leninista Stalin traidor del leninismo, consiguiendo con eso la posibilidad de difamar a sus adversarios leninistas Molotov (7), Malenkov (8), Kaganovich (9) y otros como “estalinistas” y “enemigos del Partido”, y de este modo neutralizar a los adversarios.

2) En los círculos intelectuales, especialmente, pero no sólo en ellos, la crítica de Kruschov al llamado culto a la personalidad fue considerada justa y oportuna porque con ella fueron discutidos abiertamente rasgos negativos realmente existentes: exagerar el papel y el mérito de Stalin. El gran prestigio de Stalin entre el pueblo y la confianza ilimitada de la que gozaba en todas las regiones del inmenso país no fueron “ordenados”, sino que fructificaron de las posiciones leninistas que siempre defendió con argumentos convincentes en violentas disputas con las diferentes oposiciones y de haber señalado los caminos que condujeron al éxito en los momentos difíciles. Esto y la necesidad de salvaguardar la cohesión de la sociedad soviética y la unidad del pueblo y de la dirección, en un país permanentemente amenazado, primero por la Alemania fascista y después por los EE.UU. con armas nucleares, prepararon el terreno para que la justificada admiración por Stalin asumiese rasgos de veneración de una personalidad infalible, a quien todos los éxitos eran atribuidos como éxitos personales y cuyas palabras, sólo porque venían de él, eran consideras como correctas e indiscutibles. Acabar con eso y restablecer una atmósfera normal en el tratamiento con la dirección en el interior del Partido y en toda la sociedad habría sido, de hecho, necesario.

Pero este no era el objetivo de Kruschov en su crítica y condena del “culto a Stalin”. Optó por utilizar el comportamiento adulador de aceptar todo de la Dirección como una revelación de la verdad para así tomar el relevo de Stalin como aquel del cual emana la verdad incuestionable; y de ninguna manera abolió el culto a Stalin, lo mantuvo y lo invertió, reemplazando el signo + por el signo -. Si hasta entonces se decía, “debemos a Stalin todos nuestros éxitos y victorias“, se pasó a decir, “todos los éxitos y victorias fueron alcanzados a pesar de Stalin“. Este culto a Stalin invertido era, en realidad, mortal para Unión Soviética.

3) Después de los indescriptibles y difíciles años de la guerra y de privación, Kruschov y su séquito en la dirección, se asociaron con habilidad a las esperanzas y a las justas expectativas de la gente en la Unión Soviética de recoger los frutos del esfuerzo, de los sacrificios y de la victoria: paz duradera, el fin de las privaciones, el alcance del nivel de vida de antes de la guerra y su rápida elevación.

Kruschov prometió garantizar la paz duradera llevando a cabo un cambio profundo en la política exterior, con el paso de la política de confrontación de Stalin a una política de distensión, especialmente con los EE.UU.. Con esta justificación sustituyó la práctica seguida hasta entonces por la definición del curso de la política exterior por el colectivo de la dirección del Partido y su perfeccionamiento concreto por el Ministro responsable y sus colaboradores, por la institución creada por él de la “diplomacia de cumbres”, es decir, por las reuniones de Kruschov y de sus más íntimos colaboradores con los jefes de Estado imperialistas, especialmente con el presidente de los EE.UU. y sus asesores. De este modo, la política exterior de la Unión Soviética se convirtió en un asunto de la diplomacia secreta, pasando a ser cada vez más decidida no por el Partido, sino por un único hombre y su compinches; asimismo, el papel de la dirección del Partido fue poco a poco reduciéndose a sancionar posteriormente los pasos de la política exterior y las medidas negociadas en las conversaciones de Kruschov con los presidentes imperialistas. De este modo, la política de Stalin de lucha contra el imperialismo fue reemplazada por una política de complicidad secreta y por la propaganda de la confianza en el imperialismo con el pueblo soviético. En apariencia, sin embargo, Kruschov se comportaba ante el pueblo como un decidido luchador contra el imperialismo, a veces, con fingidos ataques de furia, como en la escena desgarradora en la ONU, y desprestigiosa para la Unión Soviética, cuando cogió el zapato y con él golpeó con furia la mesa. Su yerno, Adjubei (10), al que había colocado como jefe de redacción del “Izvestia”, el órgano del gobierno, elogió y calificó esta escena vergonzosa como una “acción revolucionaria” de Kruschov.

Kruschov y los suyos prometieron no sólo alcanzar, sino superar en poco tiempo el nivel de los Estados capitalistas desarrollados en el suministro de bienes de consumo al pueblo: ¡la actual generación iba a vivir en el comunismo! ¡La escasez de cereales pertenecería al pasado, la cuestión de los cereales se resolvería en un corto período de tiempo, de una vez por todas! Para el cumplimiento de estas promesas, las medidas que propusieron e implementaron servían, aparentemente, para alcanzar los citados objetivos, pero en realidad acabarían por enterrar las bases económicas y políticas del orden socialista, ya que contradecían groseramente las leyes económicas; al mismo tiempo, estas medidas eran siempre relacionadas con explicaciones que consideraban engañosa e innecesariamente dura la política interna seguida con éxito bajo la dirección de Stalin. Y finalmente, muchas de estas medidas tenían también como objetivo ablandar la conciencia socialista de la gente, despertar el anhelo de una existencia pequeño-burguesa tranquila y sin lucha. Quiero demostrar esto sólo con dos ejemplos, la “nueva política económica” y la iniciativa “conquista de las tierras virgenes”.

El surgimiento de la Unión Soviética, la segunda mayor potencia industrial después de los EE.UU., sólo fue posible porque la ley económica decisiva para asegurar la reproducción ampliada -el crecimiento más rápido del Sector I, es decir, la producción de los medios de producción, en relación al Sector II, la producción de bienes de consumo- fue mantenida inflexiblemente. Con el argumento de asegurar un rápido aumento del abastecimiento de bienes de consumo a la población, Kruschov invirtió las proporciones entre el Sector I y el Sector II y debilitó así la capacidad de acumulación de la economía, lanzando las bases no para una mejor, sino al contrario, para un peor suministro de la economía con los medios de producción y de la población con bienes de consumo.

Respecto a la agricultura, con el argumento de acabar de una vez con la escasez de cereales, Kruschov impuso la decisión de apoderarse de las tierras vírgenes en Kazajistán, contrarrestando la resistencia de los agricultores y miembros de la Comisión Política como Molotov. Los expertos y Molotov se opusieron a este plan porque absorbería inmensos medios y no resolvería en modo alguno la escasez de cereales, ya que las condiciones climáticas de Kazajistán provocarían más cosechas y con mucho menos gasto se podría llegar a un aumento seguro de las cosechas, hasta el doble, si se mejorasen los métodos de cultivo de las tierras ya exploradas, colocándolos al nivel de la agricultura de Europa Central y Occidental. Naturalmente, tenían razón, y el resultado de la “conquista de las tierras vírgenes” de Kruschov fue que la Unión Soviética se volvió dependiente de las importaciones de cereales de América y Canadá en una escala hasta ahora desconocida. Sin embargo, inmediatamente, el grupo de Kruschov ganó fama por “realizar” con audacia el compromiso revolucionario de mejorar la vida de los ciudadanos soviéticos. Las consecuencias negativas sólo se revelaron en su totalidad años más tarde, pero, junto con otras consecuencias de la política de diversión de Kruschov, provocaron un creciente descontento de la población, que se convirtió en una de las razones para su -¡demasiado tardía!- destitución en octubre de 1964.

4) En el XX Congreso, Kruschov embarulló tan hábilmente su cambio de discurso rumbo al revisionismo en un paquete de explicaciones habituales y conocidas de la situación interna y externa y de las tareas resultantes, que la mayoría de los delegados y de los miembros del CC no debían ser conscientes de que se estaba llevando a cabo una ruptura con el leninismo, e incluso hoy en día, muchos dirigentes y funcionarios de los partidos comunistas, en particular en Alemania y Austria, ¡aún no lo admiten!

5) Pero este método del secretismo, de la infiltración revisionista imperceptible, del contrabando contrarrevolucionario no era suficiente. La verdadera teoría de Lenin y su realización en la práctica de la construcción del socialismo en la Unión Soviética por Lenin y Stalin era y continuaría siendo en el futuro un medidor por el que se podría y debería evaluar a cada político socialista. Este medidor no podría ser válido si Kruschov y su grupo quisiesen impedir que los midiesen por el.

Respecto a la teoría de Lenin, era necesario continuar reconociendo formalmente este medidor, sí, siempre tenía que evocarla, pero su contenido concreto necesitaba ser empujado lo más lejos posible a un segundo plano y llevarlo al olvido. Pero como en los años posteriores a la muerte de Lenin, el medidor del leninismo encontró en la política de Stalin su viva expresión, y en cualquier momento se podía leer su sedimentación en el “Breve Curso de la Historia del PCUS”, era necesario retirar a la política estalinista su carácter crítico y su ejemplo y transformarla en su contrario. Stalin tenía que ser convertido en una no-persona y el Breve Curso puesto en el índice como “obra de ficción estalinista”.

 

Kruschov XX Congreso

 

La denigración de Stalin y de su obra fue una condición previa indispensable para lograr el desmantelamiento del socialismo en la Unión Soviética. La resistencia de abajo contra una política que se desviaba de lo que hasta entonces se consideraba fundamental sólo podía ser paralizada o evitada en la medida en que esta denigración fuese considerada justa y aceptable por el pueblo.

6) La autoridad de Stalin era, sin embargo, tan grande -especialmente después de la tan difícilmente ganada, y por eso aún más triunfal, victoria sobre la bestia fascista- que fueron necesarios los medios más extremos para sacudirla o incluso destruirla por completo. Pero, ¿qué otro medio para la destrucción de la reputación de una persona podría ser más fuerte que culparla del asesinato en masa de inocentes sin más razones que la pura manutención del poder personal? Ninguno, y por eso fue utilizado por Kruschov para destruir la autoridad de Stalin. En un acto sorpresa obligó al XX Congreso, después de su fin oficial y contra las decisiones colectivas tomadas por la dirección del Partido, a una sesión especial en la que leyó el “Informe sobre el culto a la personalidad de Stalin“, que no estaba previsto en el orden del día y que rápidamente fue publicado por los medios occidentales con gran emoción, a pesar de no haber sido nunca reconocido por el PCUS como documento oficial del Partido hasta los tiempos de Gorbachov.

El informe de Kruschov no fue un crimen contra el Partido y el Poder Soviético por haber hablado de hechos, hasta entonces muy poco o sólo parcialmente conocidos, sobre víctimas inocentes de las “purgas” de los años 1936-39, sino porque en muchos lugares el llamado “Informe Secreto” produjo una monstruosa falsificación de la historia de la Unión Soviética; también -pero de ninguna manera solo- porque atribuyó unicamente a Stalin, a sus actos personales despóticos, los procesos y las “purgas” que habían sido decididas y apoyadas por el conjunto de la dirección del Partido.

Si el objetivo de Kruschov no fuese destruir definitivamente la autoridad de Stalin para no ser constantemente comparado con él y para tener el camino libre para su cambio de curso contrarrevolucionario; y si uno de sus objetivos no fuese asestar un golpe mortal en la convicción de los ciudadanos soviéticos en la justicia de su causa y en el orgullo su poder soviético; si tuviese realmente sólo la intención de hacer justicia a las víctimas inocentes de las “purgas” y presentar la verdad histórica sobre la época de las represiones, entonces en su informe habría dicho lo siguiente:

En 1936, después de la implantación de la dictadura fascista en Alemania, después del rearme de la Alemania fascista con la tolerancia y hasta la ayuda de las potencias occidentales, después de la traición de las potencias occidentales a la República Española, nos encontrábamos antes el peligro de ser asaltados por la Alemania fascista -posiblemente incluso con el acuerdo de las potencias occidentales- y de enfrentarnos con los medios militares más poderosos de toda la historia de la guerra, lo cual ya conociamos de la Guerra Española y vimos más tarde de nuevo en Noruega y Francia, es decir, con una “quinta columna” de traidores y colaboradores que ayudaban al ejército fascista en la retaguardia de los países asaltados.

El Acuerdo de Munich de las potencias occidentales con Hitler, entregándole Checoslovaquia, y su negativa a llegar a un acuerdo con nosotros acerca de la seguridad colectiva y ayuda mutua para someter a la Alemania de Hitler, demostraron claramente como era de grande la amenaza de asalto.

Nuestra preparación para el asalto fascista tenía que incluir medidas que impidiesen la formación de una quinta columna en nuestro interior. Aún había y hay entre nosotros enemigos de la Unión Soviética, kulaks expropiados por nosotros y sus descendientes, restos de los grupos trotskistas vencidos y otros grupos de la oposición. Trotsky había apelado repetidamente en sus publicaciones al inicio de la revuelta contra el “stalinismo” en caso de guerra; además de eso, había personas que simpatizaban con los alemanes, por ejemplo, los alemanes del Volga o determinadas nacionalidades como los tártaros de Crimea o los chechenos.

Es decir, ante la amenaza mortal, teníamos que hacer todo lo posible para hacer imposible que posibles enemigos del Poder Soviético llevasen a cabo en nuestro interior el asalto fascista con quintas columnas. Teníamos que contar y aceptar como inevitable que, en purgas de tan grandes dimensiones como las que considerábamos necesarias, no era de excluir que también inocentes -ya sea por falsas acusaciones intencionadas de elementos enemigos, ya sea por excesos de celo de organismos locales, ya sea por la utilización de una cuadrícula demasiado global- serían alcanzados en un número considerable por las medidas, cómo llegó a suceder.

Pero en esa época tuvimos que evaluar lo que era más importante: el Poder Soviético podría sucumbir por falta de medidas de seguridad aunque esas medidas pudiesen alcanzar no sólo a verdaderos enemigos, sino hasta a gente nuestra. El Partido decidió poner su deber de proteger el Poder Soviético por encima de todas las demás obligaciones. Pero ahora, ha llegado el momento de esclarecer y reparar las injusticias cometidas“.

Esto o algo similar habría sido una posición comunista honesta sobre el momento más doloroso para cualquier comunista de la historia de la Unión Soviética.

Tendría además de eso que mencionar claramente que el sufrimiento y la muerte no sólo de estas víctimas, sino también de los 25 millones de soldados y ciudadanos soviéticos y de los 50 millones de muertos de la II Guerra Mundial era responsabilidad de los que pusieron a la dirección soviética ante una decisión tan cruel. En primer lugar de Hitler y del imperialismo alemán y en segundo lugar de los que rearmaron a la Alemania de Hitler para conducirla como cuña de choque contra la Unión Soviética, al mismo tiempo que sabotearon su acuerdo a través de una alianza de seguridad colectiva.

Como, en vez de esto, el jefe del PCUS consideró a Stalin un asesino de masas, pasó a asumir las mentiras de la propaganda antisoviética, hasta el momento sólo divulgadas por los medios occidentales, cocinados por los expertos imperialistas de la guerra psicológica.

Aquí se encuentra la razón original de que, incluso hoy en día, comunistas honestos y convencidos reproduzcan imprudentemente la calumnia venenosa de que Stalin mató a más comunistas que Hitler.

La verdad es que todos los comunistas, todos los luchadores contra el fascismo y todos los judios que sobrevivieron a la ocupación de Europa por el fascismo, se lo deben en primer lugar a la Unión Soviética, al Ejército Rojo y también a Stalin.

Conocéis desafortunadamente demasiado bien los efectos devastadores a largo plazo que la difamación de Stalin por Kruschov tuvo en el propio Partido, y cómo esto continúa en el presente dividiendo profundamente al movimiento comunista, colocando a comunistas contra “stalinistas”, en posiciones de combate llenas de odio. También tengo experiencias muy tristes en este campo y estoy seguro que después de mi nuevo libro aún viviré muchas más cosas tristes.

Lo más triste de todo esto para mí es que, a pesar de la situación actual en los países de la antigua Unión Soviética y de los antiguos países socialistas de Europa, cuyas poblaciones fueron lanzadas a una pobreza profunda, regresando a tiempos remotos y oscuros desde el punto de vista cultural, a pesar de la catástrofe en la cuestión de la guerra y la paz para la humanidad provocada por la caída de la superpotencia socialista, todos estos motivos no son suficientes para llevar a los anti-stalinistas en las direcciones de los partidos comunistas a cuestionarse su posición y reconsiderarla.

Sólo necesitarían imaginarse que estaban en la Unión Soviética en esa época enfrentados a la cuestión decisiva: “sabiendo que la caída de la Unión Soviética no sólo entregaría a nuestro país y a nuestro pueblo, sino también a toda Europa al fascismo, y se convertirían en nada todos los sacrificios hechos por el socialismo, ¿debemos renunciar a proporcionar todos los medios, incluyendo los más rigurosos, para impedir cualquier apoyo al enemigo en el interior, debido a consideraciones humanas y también de forma a no poner en peligro a inocentes con nuestras medidas de seguridad?

Si responden “sí” a esta pregunta, entonces también dicen sí a la caída de la Unión Soviética y a todo lo que ella ha dado. ¿Pero cómo podrán entonces seguir viéndose como humanistas? La única respuesta que un comunista puede dar es: “no”, porque la defensa de la obra de la Revolución de Octubre y de Lenin, la obra de 20 años de construcción socialista tiene prioridad sobre todo lo demás, entonces no podría condenar con buena conciencia a Stalin y a la dirección soviética por esa decisión. Pero tal vez les falte imaginación comunista para poder comprender que esta decisión fue tomada exactamente por esta razón.

7) Vuelvo a mi tesis de que el revisionismo moderno no brotó del suelo de la sociedad soviética, sino que fue importado, por encima, a la sociedad soviética e introducido de forma golpista en el PCUS en el XX Congreso.

Que esto fue realmente así y que hubo resistencia, ya fuera en el Partido o en toda la sociedad, contra este anti-leninismo impuesto -aunque no lo suficiente y en su mayoría no perceptible desde el exterior- fue visible por un momento cuando en junio de 1957, la mayoría de la dirección del Partido tomó la decisión de destituir a Kruschov (ver mi libro “La crónica de los pies de lana o la Kruchoviada 1953-1964“, Vol. I, p. 305). También lo demuestra el hecho de que el XX Congreso no ha sido suficiente para destruir por completo la autoridad y la reputación de Stalin en el movimiento comunista y en la Unión Soviética y para reemplazar la imagen existente de Stalin por la imagen distorsionada proporcionada por Kruschov.

La contrarrevolución de octubre-noviembre de 1956, en Hungría, identificó a Tito como el iniciador del revisionismo, y Kruschov, el amigo de Tito, estuvo en serios apuros. Para mantenerse en el poder tuvo que aplicar todas sus artes demagógicas y representar el papel de defensor de Stalin contra los ataques revisionistas. Lo hizo como orador en las conmemoraciones de Octubre de 1957. En este discurso, el 6 de noviembre, dijo -no lo vais a creer- lo siguiente:

El Partido luchó y seguirá luchando contra todos los que calumnien a Stalin y bajo la bandera de la crítica al culto a la personalidad presentan de forma falsa y deformada todo el período histórico de la acción de nuestro Partido en el que Stalin estuvo en la dirección del CC. Como marxista-leninista y firme revolucionario, Stalin ocupa un lugar de honor en la Historia. Nuestro Partido y el pueblo soviético recordarán a Stalin y le darán los honores merecidos“.

 

2048

 

Es difícil creer que estas palabras fueron dichas por el mismo Kruschov que pronunció el discurso secreto en el XX Congreso, a través del cual, Stalin sigue siendo hoy en día para la mayor parte de los comunistas en Europa el destructor del socialismo y el culpable de su caída.

Pero un top-agent del imperialismo también debe tener la capacidad de representar un papel hoy y mañana representar de modo convincente exactamente el papel contrario. Kruschov lo conseguía como ningún otro, por eso era tan querido por sus amigos de Washington y Londres.

En el segundo volumen de mi “Crónica de los pies de lana” podréis leer este discurso y también como los participantes en la ceremonia aplaudían largamente siempre que se hablaba del papel positivo de Stalin. Esto es sólo una prueba más de que el revisionismo y el anti-stalinismo de Kruschov no eran plantas soviéticas. Para Kruschov y sus amigos occidentales esto significó que el XX Congreso no había sido suficiente para borrar cualquier pensamiento positivo sobre Stalin y que era necesario un segundo congreso del mismo tipo para llegar finalmente al objetivo deseado. Así fue preparado el XXII Congreso por Kruschov y sus colaboradores en la dirección, cuyo número había aumentado significativamente porque, mientras tanto, muchos miembros de la dirección, que antes eran considerados stalinistas -como por ejemplo Suslov (11), Ponomariov (12), Pospelov (13) y otros- se fueron al lado de Kruschov; ¡pero no seguramente porque lo consideraran un leninista mejor!

Después de esta condena masiva de Stalin en el XXII Congreso, fue notoria la fuerte presión de la Unión Soviética sobre los otros Partidos, que hasta entonces sólo habían participado muy contenidamente en la campaña anti-estalinista (entre éstos estaba también el PSUA (14)), para retirar sus lecciones de las indicaciones dadas por el XXII Congreso. Una de las consecuencias fue la retirada del monumento de Stalin que aún existía en Berlín, en la Avenida Karl Marx, antigua Avenida Stalin.

Queridos amigos y camaradas, todavía queda mucho que decir sobre este tema, pero hoy el tiempo no es suficiente. Por eso me permito poner aquí un punto final y disculpeme si sólo les he presentado este fragmento.

 

Conferencia llevada a cabo en Viena y en Linz, respectivamente los días 19 y 20 de abril de 2002, por invitación de los miembros del PC austríaco (KPÖ).

 

Texto reeditado por el Tribune für die Wahrheit (Tribuna para la Verdad), 5º año, nº 2/2002,

Documentos publicados por el KPÖ-GO, Josefinengasse, Viena.

 

 

Por Kurt Gossweiler

 

 

Notas:

(1) Esta es una cita de la conocida frase de Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado” en el “18 Brumario de Luis Bonaparte“, Marx & Engels, Obras Escogidas en tres tomos, Tomo I, Ediciones “Avante!“, Lisboa, 1982, p. 417. (N Ed.).

(2) Es bien sabido que Marx atribuye a las masas y a la lucha de clases, y no a la personalidad, el papel determinante en la historia: “Yo demuestro cómo la lucha de clases creó en Francia las circunstancias y las condiciones que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe” (Op. Cit.,”Prefacio a la edición alemana 1869“, ed. Cit., P. 414). Sin refutar esta tesis marxista, Kurt Gossweiler sostiene que el papel de dirigente, de la personalidad, adquiere mayor relevancia en el socialismo que en el capitalismo y su acción (traición) pueden llegar a ser decisiva para alterar el curso de la historia.

(3) Browder, Earl Russell (1891-1973), miembro del Partido Socialista entre 1906 y 1912, contrario a la participación de los EE.UU. en la I Guerra Mundial, pasa dos años en prisión (1919-1920), se une al Partido Comunista en 1920, para cuyo CC es elegido en 1921 y del que se convierte en secretario general en 1930. Miembro del CEIC desde 1935, es bajo su dirección que el PC de EE.UU. atraviesa un período de fuerte crecimiento alcanzando los 100.000 militantes. En 1940 vuelve a ser arrestado y condenado a cuatro años de cárcel, pero es liberado después de 14 meses. Es entonces cuando aparece con la teoría de la “paz de clases” y “colaboración de clases”, poniendo de relieve el carácter progresista del capitalismo americano y propone la disolución del Partido y su transformación en una asociación política. En Mayo de 1944, el XII Congreso aprueba su propuesta de disolución del Partido, que vuelve a ser reconstituido en 1945. En 1946 es expulsado.

(4) Dulles, Allan Welsh (1893-1969), hermano de John Foster Dulles (Secretario de Estado en el gobierno de Dwight Eisenhower de 1953 a 1959). Trabajó inicialmente en los servicios diplomáticos, después como financiero en Wall Strett, donde se une a la Standard Oil, cuyos intereses representa en Europa. En 1942 se convierte en jefe de operaciones del Office of Strategic Services (OSS), siendo nombrado en 1953, por Eisenhower, director de la Central Intelligence Agency (CIA), fundada en 1947.

(5) Field, Noel Haviland (1904-1970), funcionario del Departamento de Estado de los EE.UU. desde 1926, trabajó en las Naciones Unidas en Ginebra (1936). Participa en la repatriación de combatientes extranjeros en la Guerra Civil Española. En 1941 se convierte en director de la Unitarian Universalist Service Committee’s (Comités de Servicio Unitario Universalista) que proporciona ayuda a antifascistas y refugiados en Suiza. Al mismo tiempo trabaja para la OSS de Allan Dulles, que saca partido de sus contactos con varios comunistas en la clandestinidad. Es detenido en 1949 en Hungría y liberado en 1954, permaneciendo en Budapest con su esposa hasta el final de su vida.

(6) Tito, Josip, apellido real Broz (1882-1980), nacido en el reino de Croacia y de Eslovenia, se unió al Partido Socialdemócrata en 1910. Luchó en los ejércitos austro-húngaros durante la I Guerra Mundial, donde hacía agitación contra la guerra. Es herido en 1915 y encarcelado en Rusia. En 1917 participa en la manifestación de julio en Petrogrado contra el gobierno provisional. Es detenido y deportado a los Urales. En octubre se une a la Guardia Roja y participa en la revolución en Omsk. Regresa a su tierra natal en 1920 uniéndose al Partido Comunista de Yugoslavia (PCY), entonces en la clandestinadad. Detenido en 1928, es liberado en 1934, cuando es elegido para el CC y el Politburó. Trabaja en la IC en Moscú entre 1935 y 1936. En 1937 se convierte en el líder del PCY. Durante la guerra de liberación (1941-1945) es el comandante supremo de las fuerzas armadas y de los destacamentos guerrilleros. Elegido presidente del Comité Nacional de Liberación de Yugoslavia en 1943, ocupa en 1945 los cargos de presidente del Consejo de Ministros y ministro de Defensa, manteniéndose a la cabeza de las fuerzas armadas y del Partido. A partir de 1948 asume posiciones revisionistas y antisoviéticas, que llevan a cortar relaciones con la URSS. En 1974, en el X Congreso, vuelve a ser elegido líder de la Liga de los Comunistas Yugoslavos (título adoptado en 1952 en el VI Congreso), pero esta vez con un mandato vitalicio. En el mismo año recibe también el mandato vitalicio como presidente de Yugoslavia, cargo que ocupaba desde 1953.

(7) Molotov, Viacheslav Mijáilovich (1890-1986), miembro del Partido desde 1906, del CC (1921-1957), del Politburó (1926-1957). Miembro del Consejo Revolucionario de Petrogrado (1917), Secretario del Comité Central del PC de Ucrania (1920), Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (1930-1941) y Comisario / Ministro de Relaciones Exteriores de la URSS (1939-1949 y 1953-1956). En 1957 es acusado de pertenecer al grupo anti-Partido, con Kaganovich y Malenkov, y es enviado como embajador a la República Popular de Mongolia. Expulsado del Partido en 1961 fue reintegrado en 1984.

(8) Malenkov, Georgy Maksimiliánovitch (1902-1988), miembro del Partido (1920-1961), del CC (1939-1957), del Politburó (1946-1957), candidato desde 1941. Vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS (1946-1955 y 1955-1957) y Presidente (1953-1955). Acusado de pertenecer al grupo anti-Partido, junto con Kaganovich y Molotov, es relevado en 1957 de los cargos de dirección del Partido y del gobierno, siendo nombrado director de la Central Hidroeléctrica de Ust-Kamenogorsk. En 1961 es retirado y expulsado del Partido.

(9) Kaganovich Lazar Moisséievitch (1893-1991), miembro del Partido desde 1911, del CC desde 1922 y del Politburó desde 1926, combatiente en la Revolución de Octubre, secretario general del PC (b) de Ucrania (1925-1928), primer secretario del Comité de Moscú (1930-1935), dirigió la reconstrucción de Moscú y la obra del metropolitano, fue Ministro de Carreteras (1935-44) y de Industria Pesada (1937), entre otros cargos. En 1957 es declarado miembro del grupo anti-Partido y relevado de todos los cargos, siendo definitivamente expulsado del PCUS en 1961.

(10) Adjubei, Аleksei Ivanovich (1924-1993), siendo estudiante de periodismo en la Universidad de Moscú, se casa en 1949 con la hija de N.S. Kruschov. En 1951 entra en la redacción del Komsomolskaya Pravda, periódico donde hace rápidamente carrera, llegando a jefe de redacción. En 1959 se convierte en jefe de redacción del Izvestia, el periódico oficial del gobierno. Acompañó a su suegro en varios viajes al extranjero y participó en la preparación de los discursos del líder. En 1959 escribe un libro sobre el viaje de Kruschov a los EE.UU. titulado “Cara a Cara con América“, que le vale al año siguiente para ganar el Premio Lenin. Después de la destitucion de Kruschov en 1964, es relevado de todos los cargos e ingresa en la revista Soviétski Soiuz, donde encabeza discretamente una sección, firmando con seudónimo. Renace públicamente en el período de la perestroika y de la glasnost, durante el cual escribe decenas de artículos alabando el “deshielo” y la justicia de las ideas de Kruschov.

(11) Suslov, Mikhail Andreievich (1902-1982), miembro del Partido desde 1921, del CC desde 1941, del Politburó (1952-1953 y desde 1955). Licenciado en Economía (1928), se convierte en profesor de la Universidad de Moscú (1929) y trabaja en la unidad de Inspección Obrera y Campesina (1931-1939) y en la Comisión de Control Soviética (1934-1938). En 1937 ejerce cargos de dirección política en el Comité del Partido Regional de Rostov. Entre 1939-1944 se convierte en primero Secretario del Partido del Comité del Distrito (Krai) de Ordjonijkídze (Stravopol), secretario del Buró del CC de la República Socialista Soviética de Lituania (1944-1946), trabajando después en el aparato del CC, del que se convertiría en secretario en 1947. Entre 1949 y 1951 combina las funciones de jefe de redacción del Pravda. Influyente bajo la dirección de Kruschov, se convierte en jefe de Sección de Agitación y Propaganda del CC bajo Brezhnev, funciones que mantiene hasta casi el final de su vida. En 1969 se opone al proyecto de “rehabilitación” de I.V. Stalin, que sólo se lleva a cabo parcialmente.

(12) Ponomariov, Boris Nikolayevich (1905-1995), miembro del Partido desde 1919, del CC entre 1956 y 1989 (candidato en 1952) candidato del Politburó (1972-1986), secretario del CC (1961-1986). Se licencia en la Universidad de Moscú en 1926, año en que se convierte en funcionario del Partido. En 1934 es nombrado director del Instituto de Historia del PCUS (b) unido al Comité de Moscú. En 1937 integra el Comité Ejecutivo del Komitern. Entre otras funciones es subdirector del Instituto Marx-Engels-Lenin con el CC (1943-1944), funcionario del Consejo de Ministros y responsable de la Sección Internacional del CC (1948-1986). Miembro de la Academia de Ciencias de la URSS, es el autor de varias obras sobre la historia del PCUS y del movimiento obrero internacional.

(13) Pospelov, Pyotr Nikolayevich (1898-1979), miembro del Partido desde 1916, del CC desde 1939 y 1971, candidato del Politburó (1957-1960), Doctor en Ciencias Históricas, miembro de la Academia de Ciencias de la URSS (1953). Funcionario del Partido desde 1917, trabaja en el aparato del CC entre 1924 y 1926, en las redacciones de la revista Bolchevik y del periódico Pravda, a partir de 1931, encabeza el grupo para la Comisión de Control del CC (1934-1937), convirtiéndose en jefe adjunto de la dirección de Agitación y Propaganda del CC en 1937. Entre 1940 y 1949 fue jefe de redacción de Pravda, convirtiéndose en adjunto entre 1952 y 1953. Secretario del CC (1953-1960) y después miembro del buró del CC del PCUS para la RSFSR. Director del Instituto de Marxismo-Leninismo (1961-1967), participó en la redacción de varias obras sobre la historia del Partido, de la II Guerra, en la biografía de Lenin, etc. Se le atribuye a redacción del “informe secreto” de Kruschov en el XX Congreso.

(14) PSUA, Partido Socialista Unificado de Alemania (SED, Sozialistische Einheitspartei Deutschlands). (N. Ed.)

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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