Elaboración de un plan quinquenal (Parte 1)

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Este esquema redactado en 1954, mientras el autor (Charles Bettelheim) trabajaba en el Indian Statistical Institute, utiliza cifras hipotéticas destinadas solamente a ilustrar al razonamiento.

 

 

Esquema de un modelo de razonamiento para la elaboración de un plan quinquenal

 

EL PRESENTE estudio está destinado a esclarecer los análisis esenciales que se han de efectuar y los razonamientos que se han de seguir para elaborar en forma racional un plan de desarrollo económico. Antes de pasar al tema principal de este estudio, es indispensable precisar cómo puede ser abordado, desde el punto de vista práctico, el problema de la elaboración de un plan de 5 años.

La elaboración sistemática de un plan económico debe atravesar cierto número de fases, de las cuales ninguna puede ser olvidada, so pena de encontrar, en la etapa de la ejecución, dificultades económicas graves, o de no sacar partido de todas las posibilidades de desarrollo económico y de elevación del nivel de vida, por no haber tenido en cuenta tales posibilidades en el momento de la elaboración del plan. Éste, en efecto, debe resolver a priori los problemas que una economía que se desarrolla según las fuerzas del mercado resuelve a posteriori, a costa de un desperdicio considerable de esfuerzos, de trabajo y de inversiones.

La primera fase de la elaboración del plan está constituida por la selección de las normas que fundamentarán esta elaboración. La selección de las normas tiene una importancia decisiva, puesto que orientará todo el trabajo futuro de elaboración. El resultado de este trabajo de selección debe ser un proyecto detallado de normas para la elaboración del plan, proyecto cuya adopción depende del gobierno.

Una vez adoptadas por el gobierno las normas, se abre la fase de elaboración del plan. Esta elaboración debe orientarse a la búsqueda de las condiciones óptimas de realización de los objetivos fijados por el gobierno. Debe conducir a un documento detallado en el que serian fijados los objetivos de producción y de consumo, y los medios concretos para alcanzar estos objetivos: técnicas por aplicar, medios de producción precisos, necesidades financieras, necesidades de mano de obra, incluyendo las de mano de obra calificada, de ingenieros, de cuadros, etcétera. y medios por los cuales estas necesidades serán satisfechas oportunamente.

Un documento de esa naturaleza no puede ser elaborado más que en etapas sucesivas.

En la primera etapa, la Comisión del Plan, o cualquier otro organismo calificado(1), elaborará un proyecto provisional de plan económico que precisará los medios de realización de los objetivos y las condiciones de equilibrio. En la elaboración de este proyecto deben participar no solamente economistas sino también técnicos de las diferentes ramas de la producción y los institutos e instituciones científicas superiores. Este proyecto deberá incluir objetivos para las diferentes ramas de la economía y para las diferentes regiones del país.

Comisiones centrales especializadas por ramas de la economía o de la vida social (educación, salubridad, etc…), en donde participarán economistas, técnicos, administradores y representantes de los trabajadores de la rama, serán constituidas para examinar el proyecto del plan de su rama y formular cualesquiera proposiciones susceptibles de conducir a la realización de los objetivos previstos para la rama en las mejores condiciones económicas.

Del mismo modo, en cada Estado(2), comisiones especializadas por ramas y constituidas según los mismos principios examinarán el proyecto del plan correspondiente a su región y a su rama, con el propósito de formular sugestiones y de precisar las partes que incumbirán a los diferentes distritos del Estado en la realización del plan. Sería deseable que la consulta a las comisiones de esta clase se llevara hasta el escalón territorial más reducido posible (sobre todo para la agricultura y las industrias susceptibles de utilizar las materias primas locales), a fin de que pudieran ser tomadas en la mayor consideración posible todas las potencialidades del país, potencialidades necesariamente ignoradas en parte al examinar los problemas demasiado abstractamente.

Las sugestiones hechas a los diferentes niveles, si son útiles (es decir, si permiten alcanzar los objetivos considerados con un costo real inferior), deberán ser incorporadas al proyecto del plan del correspondiente escalón territorial y retransmitidas al peldaño superior. Todos los proyectos así enriquecidos serán nuevamente sometidos a las comisiones centrales especializadas, que manifestarán su opinión sobre lo que merezca, según ellas, ser conservado en el plan definitivo.

La Comisión del plan decidirá, al fin, qué modificaciones es necesario hacer a su proyecto primitivo, de manera que las modificaciones impuestas a ciertas partes del plan no rompan el equilibrio del conjunto. A propósito de este trabajo volverá a consultarte a los institutos científicos superiores. De aquí saldrá un proyecto de plan definitivo que será sometido al poder político. Una vez aprobado, este proyecto será el plan económico. Este plan no sólo deberá incluir objetivos técnicos, económicos y sociales, sino, además, recomendaciones tocantes a las medidas legislativas y a los cambios institucionales indispensables para su realización.

El trabajo de elaboración así descrito deberá ser planeado, por su parte: se fijará un plazo: 1) para la elaboración de las normas y su ratificación; 2) para la elaboración del proyecto provisional del plan económico; 3) para su examen por las diferentes comisiones a los diferentes niveles; 4) para preparar el proyecto definitivo y que lo aprueben. Serán necesarios para todo al menos 18 meses para este trabajo.

El plan incluirá un timing (calendario) preciso y, cada año, se elaborará un plan anual, a fin de ajustar los objetivos del año siguiente y los medios de realización a los resultados del año en curso y los objetivos del periodo quinquenal. Se irá preparando el plan del año siguiente durante los cuatro últimos meses del año en curso.

Al elaborar el plan económico, pueden ser aportados varios enfoques, según la naturaleza de los objetivos que se pretenda alcanzar con prioridad.

Así, se pueden fijar inicialmente algunos objetivos de producción(3) que se considere posible y deseable alanzar, en cierto plazo, y subordinar entonces la determinación de las otras magnitudes económicas a la realización de estos objetivos.

Se pueden igualmente fijar algunos objetivos a propósito del volumen y la estructura deseables de la población activa y, a partir de eso, deducir, en particular, la distribución que es necesario dar a las invasiones, teniendo en cuenta el volumen considerado de las inversiones totales y las repercusiones que pudieran manifestarse en el nivel de la renta nacional y en la estructura de la demanda.

Se puede también partir de decisiones vinculadas ya sea al monto del consumo, ya al de las inversiones y a su participación en la renta nacional real, y deducir de ello la evolución de la renta nacional real, del ingreso por cabeza, de la estructura de la demanda, etc., y, apoyándose en estas deducciones, construir el modelo del plan económico que permita realizar las decisiones iniciales sin dejar de garantizar el equilibrio económico (a condición, evidentemente, de que esas decisiones iniciales sean realizables en el plazo que se ha fijado).

Pueden, además, fijarse tales objetivos, ya sea para el solo periodo para el cual se pretenda elaborar inmediatamente un plan, ya -lo que es más racional- para un periodo más largo, a fin de integrar el plan del periodo más corto (por ejemplo, 5 años) en una planeación con perspectiva de más larga duración.

En efecto, dadas la complejidad de los problemas y la multiplicidad de posibilidades que se presentan en las diferentes etapas de elaboración del plan, es necesario combinar estos diferentes enfoques. Esta combinación no excluye, por otra parte, que se dé prioridad a una de ellas cuando las exigencias de algunos objetivos no sean compatibles con las exigencias de algunos otros.

En el presente trabajo, trataremos del monto que debe alcanzar la renta nacional en cierto plazo, y tomaremos en cuenta progresivamente otras exigencias, a fin de elaborar un modelo coherente de plan económico.

El primer análisis tratará, pues, de determinar el monto de las inversiones necesarias para obtener un aumento dado de la renta nacional.

 

 

A. La renta nacional y las inversiones

 

Como la práctica del método que acabamos de indicar presupone fijar de antemano un objetivo por alcanzar, tocante al incremento de la renta nacional, consideraremos que este objetivo consiste en la duplicación, en 10 años, de las disponibilidades nacionales netas.

Se trata, aquí, de un objetivo a largo plazo que se fija a priori, fundándose en la experiencia de otros países que practican una política de planeación económica(4). Un objetivo tal no puede, evidentemente, ser más que provisional, pues sólo los cálculos y los datos técnicos revelarán si puede servir de base para la elaboración definitiva del plan económico.

Si, por ejemplo, el cálculo muestra que el objetivo provisionalmente considerado no es susceptible de asegurar el pleno empleo de las fuerzas de trabajo (lo que sólo se percibe cuando el análisis de las condiciones de consecución del objetivo provisional las ha dejado suficientemente esclarecidas)(5), habrá ocasión, llegado el caso, de fijar otro objetivo, más ambicioso.

El objetivo considerado implica una tasa media de crecimiento de aproximadamente 7,2% por año. Esta tasa media puede analizarse, según ha sido demostrado, como el producto de dos coeficientes, a y B, que pueden ellos mismos variar en el tiempo. Suponiendo realizadas las condiciones institucionales necesarias, el coeficiente a (es decir, la tasa de inversión) puede, en una economía planeada y durante un largo período, ser fijado un nivel elegido voluntariamente con el fin preciso de obtener una determinada tasa de crecimiento de la renta nacional. La realización de una determinada tasa de inversión exige, por otra parte, una distribución dada de las inversiones anuales entre las ramas I (proveedora de los instrumentos de producción) y C (proveedora de los bienes de consumo).

Tomando en mente la importancia probable que B(6) puede adquirir en una economía planeada, y que parece ser del orden de 0,6(7), y de la altura que a puede alcanzar en los 10 años considerados, admitiremos que la tasa de crecimiento deseada de 7,2% por año podrá resultar de la combinación de un valor medio de a de 12,7% y de un valor medio de B de 56,7%.

Para continuar nuestros cálculos debemos partir de una evaluación del monto de las inversiones y de su tasa en relación con las disponibilidades nacionales netas para el último año del primer plan quinquenal. Hemos supuesto aquí, teniendo en cuenta los objetivos del primer plan quinquenal y la evolución efectiva comprobada durante sus primeros años, que, durante el último año del primer plan quinquenal, las disponibilidades nacionales netas ascenderán ascenderían a 10.620 crores R.s., de los cuales 900 crores(8) serán consagrados a las inversiones netas en equipo (esta evaluación deberá, evidentemente, ser modificada en función de los datos estadísticos efectivamente obtenidos).(9)

Admitimos, por consiguiente, para establecer los cálculos que siguen, que a se eleva, al final del primer plan quinquenal, a 8.5%. Para obtener el valor medio de a arriba indicado -12.7%-, será necesario incrementar las inversiones en un 15% por año.

En lo que respecta a B, supondremos que durante el segundo plan quinquenal será de alrededor del 60% (tasa que puede probablemente alcanzarse gracias a las reservas de crecimiento de la renta nacional existentes, al principio, bajo la forma de aprovechamiento incompleto de las capacidades de producción y gracias a las mejoras técnicas con que pueden favorecerse los equipos existentes y que exigen inversiones marginales relativamente reducidas), mientras que será sin duda más bajo en el tercer plan quinquenal.

En estas condiciones, partiremos de la evolución siguiente de la renta nacional (todos nuestros cálculos están efectuados en precios constantes: precios de 1950-51) y de su utilización (evolución que resulta de los objetivos que se quieren alcanzar y de las condiciones supuestas para su realización, y que deberá, pues, ser reconsiderada si el análisis concreto revela que las condiciones supuestas no son realistas).

Sobre la base de las estimaciones, del cuadro 1 las disponibilidades interiores netas deben duplicarse en el curso de los dos siguientes planes quinquenales, las inversiones netas deben crecer a razón del 15% por año y el consumo debe aumentar para todo el periodo, aproximadamente en un 81%. Si, entretanto, “el consumo del Estado”(10) pasa de alrededor del 6% de las disponibilidades nacionales a cosa del 10%, las disponibilidades para el consumo individual pasarán de 9.085 crores Rs. a 15.470 (más del 70%), o sea un incremento posible del 50% del consumo individual por cabeza.

 

 

CUADRO 1. Evaluación provisional de la evolución de las disponibilidades interiores netas y de su utilización(11)

 

Imagen Cuadro 1

 

Los objetivos anteriores están ligados a las siguientes hipótesis, en lo que respecta al valor de B.

Durante el segundo plan quinquenal, el total de las inversiones se eleva a 6.980 crores Rs. (esta cifra se obtiene al sumar las inversiones netas correspondientes a los 5 años del segundo plan quinquenal) y el incremento calculado de las disponibilidades interiores netas a 4.180 crores Rs.(esta cifra resulta de restar de las disponibilidades interiores netas correspondientes al quinto año del segundo plan quinquenal [14.800 crores Rs.] las correspondientes al año 0 [10.620 crores Rs.]), lo que produce un coeficiente B medio del 60%; durante el tercer plan quinquenal el total de las inversiones se eleva a 14.030 crores Rs. y el crecimiento de las disponibilidades interiores netas a 6.430 (tal cantidad resulta de restar de las disponibilidades interiores netas correspondientes al último año del tercer plan quinquenal [21.230 crores Rs.] las del último año del segundo plan quinquenal [14.800 crores Rs.].) lo que da un coeficiente B medio de 45,8%.(12)

Si bien es verdad que los coeficientes B que hemos utilizado tienen carácter de hipótesis, esto no significa que la planeación concreta no influya sobre el valor de este coeficiente: todo lo contrario. Es preciso, pues, considerar la magnitud de estos coeficientes como hipótesis directrices que se tratará de realizar, adoptando las combinaciones técnicas necesarias. Es, pues, solamente cuando se juzgue que tal objetivo no podrá ser alcanzado cuando será necesario reconsiderar estas hipótesis directrices y modificarlas.

Los objetivos que se han resumido en el Cuadro 1 descansan, como hemos dicho, no solamente en hipótesis directrices relativas a B, sino también en decisiones concernientes a a. Estas decisiones son las dadas en el Cuadro 2.

El valor medio de a debe, por consiguiente, elevarse (para que el objetivo que se desea se realice) al 10,8% para el segundo plan quinquenal y al 15.3% durante el tercero. Es evidente que, con otros valores de a, al mismo objetivo final (duplicación de las disponibilidades interiores netas en los 10 años podrá obtenerse si se puede modificar en consecuencia el valor de B.

En lo que toca más particularmente al segundo plan quinquenal, se observará que, de acuerdo con las estimaciones del Cuadro 1, se deberían tener los incrementos siguientes: disponibilidades interiores netas: +39,4%; inversiones netas: +101,1%; y consumo: +33,6%.

 

 

CUADRO 2. Parte de las disponibilidades interiores netas destinadas a las inversiones netas

 

Imagen Cuadro 2

 

Los incrementos anuales de las disponibilidades netas, y la parte de éstas consagrada a la inversión, evolucionan (en estas condiciones) como muestra el Cuadro 3.

En él se ve, que alrededor del 22% del aumento de las disponibilidades netas deberá ser consagrado cada año al incremento de las inversiones.(13)

 

 

B. Uso del fondo de inversiones

 

El problema del uso del fondo de inversiones comprende diversos aspectos, de los cuales los principales son los siguientes:

 

1) Distribución de las inversiones entre las ramas I y C

 

 

CUADRO 3. Incremento de las disponibilidades anuales interiores netas y parte de las mismas destinada a la acumulación

Imagen Cuadro 3

Se trata, en primer lugar, de determinar qué fracción del fondo de inversiones debe ser invertida en la rama I (proveedora de los instrumentos de producción) y qué fracción debe ser invertido en la rama C (proveedora de los bienes de consumo).(15)

Esta distribución está ligada a los coeficientes B característicos de cada una de estas ramas y a los aumentos de producción que las mismas deben ser capaces de realizar para mantener el equilibrio económico.

Los cálculos provisionales muestran que la acumulación debería efectuarse hasta aproximadamente el 33% en la rama I y el 67% en la rama C, sin tener en cuenta la importancia relativa de las reservas de capacidad de producción existentes en la rama C.

Estos cálculos se poyan en hipótesis-directrices concernientes al valor de los coeficientes B característicos, respectivamente, de las ramas I y C.
En la medida en que estas hipótesis-directrices no resultaran realizables, sería necesario, evidentemente, deducir las consecuencias necesarias en cuanto a la distribución de las inversiones entre las ramas I y C. Otro tanto ocurriera si, aunque estas hipótesis-directrices fuesen realizables, pareciera deseable modificarlas a fin de satisfacer otros objetivos de la planeación económica.

 

 

2) Distribución del fondo de inversiones en el interior de las ramas I y C

 

Una vez determinado el fondo de inversiones disponible para el desarrollo de la rama I, por una parte, y de la rama C, por la otra (lo que supone que se haya decidido(16), al menos provisionalmente, qué parte del fondo total de inversiones no irá ni a la una ni a la otra, a fin de ser reservada para las inversiones sociales y culturales), es necesario distribuir este fondo entre las diferentes ramas particulares que forman estas dos ramas generales.

Esta distribución implica, en primer lugar, que se hayan determinado objetivos cuantitativos de producción, a fin de deducir de estos objetivos las inversiones que exigen para poder ser realizados, inversiones cuyo total se tratará de mantener dentro de los límites inicialmente previstos, lo que generalmente es posible conociendo la mayor o menor “intensidad en capital” de las técnicas disponibles.

Los objetivos cuantitativos de producción pueden ser determinados por varios métodos, que se pueden utilizar correlativamente: método normativo, método comparativo y método analítico.

 

a) Método normativo

 

El uso del método normativo, consistente en fijar normas de producción y de consumo, está necesariamente limitado en tanto que se trata de producciones destinadas a ser vendidas en el mercado, pues el consumo se encuentra, entonces, determinado por el monto y la distribución de las rentas reales y por el nivel de los precios.

No obstante, puede ser útil, para cierto número de productos, calcular los volúmenes de producción que deberían ser alcanzados a fin de asegurar a cada ciudadano un nivel de vida considerado como “satisfactorio” en el momento de hacer la evaluación (es evidente, en efecto que estas “normas” tienen un carácter histórico y se elevan, en general, con el nivel de vida)(17). Para ciertos productos, especialmente alimenticios, existen normas mínimas, proporcionadas por higienistas y entendidos en cuestiones de alimentación.

La utilidad de calcular algunas de estas normas es incontestable; de tal modo se puede especialmente determinar, para cada plan, la distancia entre ciertos objetivos provisionales y los objetivos “deseables”. Esto puede llevar a revisar algunos objetivos provisionales fijados, partiendo de los métodos que describiremos más adelante.

Dicho de otra manera, al elaborar el plan puede ser legítimo inscribir en él la consecución de algunos objetivos primordiales, por ejemplo, en el campo de la alimentación, del abastecimiento de productos farmacéuticos, de la difusión de los medios de cultura: libros, películas educativas y documentales, red de emisiones radiofónicas y de televisión, producción y distribución de aparatos receptores, electrificación rural, etcétera.

Tales normas y objetivos serán insertados, entonces, en las normas formuladas por el gobierno y dirigidas a los organismos encargados de la elaboración del plan. Estos organismos deberán, en ese caso, reservar una porción determinada del fondo de inversiones para la consecución de esos objetivos, y no considerar como disponible, para ser distribuido conforme a las conclusiones del método analítico, más que el saldo del fondo de inversión.

Las estimaciones relativas a la estructura de la demanda deberán, evidentemente, tomar también en cuenta la inluencia que el alcanzar las normas y objetivos así fijados puede tener sobre esta estructura. Del mismo modo, cuando la formulación de la política de precios, será necesario tomar en cuenta esas normas y objetivos (por ejemplo, para introducir medidas de subvenciones a determinados consumos que, al nivel dado de la renta nacional, no alcanzarían la amplitud requerida)(18).

 

b) Método comparativo

 

El método analítico, del que trataremos en próximo apartado, tiene incontestablemente el defecto de ofrecer una aproximación no dinámica. Se apoya esencialmente en el conocimiento de la elasticidad actual de los diferentes consumos en relación con las rentas. Tiene el inconveniente de partir de una apreciación puramente estática de la demanda, puesto que postula que la forma en que los consumidores modifican al presente la estructura de sus demandas, cuando el nivel de su renta aumente seguirá siendo la misma por un tiempo más o menos largo, aunque el medio económico haya cambiado, aunque nuevos productos sean ofrecidos a la venta y aunque los gustos de los consumidores hayan podido ser modificados u orientados, especialmente en función de consideraciones de higiene, alimentación y aun de cultura intelectual, artística, etcétera.

En otras palabras, el método analítico, esencialmente estático y pasivo, no debe ser empleado solo; debe ser completado por el enfoque más dinámico y más activo que proporciona el método comparativo.

El método comparativo descansa en la observación de los cambios que sobrevienen en la estructura de la demanda cuando no es solamente la renta de un grupo de personas más o menos limitado la que se incrementa, sino cuando es la renta nacional la que se eleva al mismo tiempo que se modifica un conjunto de condiciones sociales y culturales, en virtud de la industrialización, el desarrollo de centros urbanos, la difusión de la enseñanza, la divulgación de conocimientos técnicos y científicos.

La observación se concentrará en los cambios ocurridos en la estructura de la demanda en otros países que hayan recorrido recientemente un cielo de desarrollo económico análogo al previsto por el plan. Tales comparaciones deben ser efectuadas con prudencia, puesto que la influencia de los factores de tradición nacional es ciertamente de gran importancia y que estas tradiciones son específicas de cada país.

No obstante, estas comparaciones son indispensables y pueden sugerir correlaciones entre diferentes fenómenos de desarrollo que de otro modo no serian obtenidas. En particular, las correlaciones entre la tasa de crecimiento de las inversiones y las de incremento del consumo de electricidad, de acero, de carbón, etc., tienen una significación técnica tal, que se debe considerar que las conclusiones obtenidas del método analítico deben ser eventualmente revisadas cuando conduzcan a correlaciones muy diferentes de las observadas generalmente. Dicho de otra manera, al fijar los objetivos de producción, es necesario tener en cuenta ciertas normas de desarrollo observadas generalmente (esto, evidentemente, no significa que las conclusiones obtenidas por este método tengan mas que valor indicativo).

 

c) Método analítico

 

No obstante, cualesquiera que puedan ser sus limitaciones, el método analítico sigue siendo el método fundamental para fijar los objetivos de producción y, por encima de éstos, para decidir la distribución del fondo de inversiones. Nos detendremos, pues, por más tiempo, en las condiciones de utilización de este método.

El análisis de la demanda de los principales productos, tal como se manifestará a la altura de la renta nacional prevista por el plan, y sobre la base de la distribución prevista de esta renta entre la inversión y el consumo, y entre las diferentes categorías de consumidores, constituye una de las etapas esenciales del método analítico.

Esta etapa no puede ser superada más que por el estudio concreto de la oferta y la demanda de los diferentes productos y de las posibilidades económicas y técnicas para satisfacer tal demanda.

Es solamente al término de este estudio, que requiere la colaboración de numerosos técnicos, cuando se apreciará en qué medida las hipótesis iniciales han sido realistas, y en qué medida es necesario modificarlas. Y solamente, también, al término de este estudio, estará verdaderamente consumada la elaboración definitiva del plan económico, plan que deberá incluir, para los principales productos, un balance equilibrado de la oferta y de la demanda.

En la etapa de elaboración de un modelo que deba servir de base en la formulación de normas para la elaboración del plan económico, no es posible examinar más que los grandes rasgos de los problemas metodológicos surgidos de la necesidad de equilibrar la oferta y la demanda de los diferentes productos. Para la solución de estos problemas pueden ser considerados varios enfoques, pero la siguiente aproximación detendrá nuestra atención.

Se puede partir de una estimación de la demanda de bienes de consumo(19) a fin de evaluar, teniendo en cuenta el volumen y el origen de dicha demanda, cuál será verosímilmente su estructura. es decir; cómo se distribuirá entre los principales productos. Tales evaluaciones deberán efectuarse de manera detallada, partiendo, por una parte, de la estructura actual de los precios y, por otra (cuando el trabajo de elaboración esté bastante avanzado pala permitir determinar la estructura probable de los precios que podrán alcanzarse a diversos plazos) de la estructura de los precios prevista para el periodo en el de analizar la demanda.

Una vez determinada la demanda final de los principales bienes de consumo, será necesario, teniendo en cuenta el aprovechamiento máximo de las capacidades de producción existentes, así como el fondo de inversiones disponible para incrementar la producción de los bienes de consumo, calcular el monto de las inversiones por efectuar en cada tipo de producción. Este monto se deberá calcular sobre las bases siguientes: la producción suplementaria global de bienes de consumo por suministrar con la ayuda de equipos nuevos deberá ser obtenida al costo social corriente total más bajo posible. Esto significa que se tratará, en primer lugar, de equipar a cada una de las producciones suplementarias de acuerdo con la técnica más avanzada posible(20), pero que, en la medida en que el fondo de inversión disponible para la producción de bienes de consumo no permita aplicar en todas las actividades tal técnica, se renunciará a ésta en favor de una técnica un poco menos perfeccionada en las ramas en que esta renunciación entrañe el aumento proporcional más pequeño del costo de producción(21). Se trata, pues, de realizar la eficiencia global máxima del fondo de inversión disponible para la producción de bienes de consumo(22), noción completamente diferente de la “rentabilidad máxima” de cada empresa. Se trata ahora de una “rentabilidad” en escala de la economía nacional, calculada dentro del marco de un sistema económico en expansión. En el cálculo de esta rentabilidad, la modernización de las empresas existentes deberá, evidentemente, ser incluida.

De este modo, se habrán establecido los objetivos de inversiones en la rama II, así como las técnicas por aplicar; de esto se deducirán (para las diferentes categorías de producción de bienes de consumo):

a) las necesidades concretas de herramental, máquinas y equipos;

b) las necesidades concretas de mano de obra y de “cuadros”(conjunto de directores técnicos y administrativos de una empresa) con las cualidades necesarias;

c) las necesidades concretas actuales de materias primas y de energía.

Las necesidades incluidas en el inciso a) y la satisfacción de las mismas serán estudiadas al establecer el plan de la rama que suministre los bienes de producción; del mismo modo, las necesidades incluidas en el inciso c) serán estudiadas cuando se establezca el plan de producción de materias primas y de energía.

Las necesidades incluidas en el inciso b) deben ser incorporadas, por una parte, a un balance de la mano de obra, subdividido regionalmente (y que será uno de los elementos determinantes de la localización regional de las empresas) y, por otra parte, a un plan de formación profesional y de formación de cuadros.

Precisamente, a partir de las necesidades incluidas en a), se elaborará la primera parte del plan de aprovisionamiento de equipos. Las categorías de equipo necesarias sólo en cantidad demasiado pequeña para ser producida interiormente en condiciones económicas, serán, en principio, importadas; las otras categorías de equipo deberán ser, en principio, suministradas por la economía nacional, dentro de los límites que, en cada etapa puedan ser alcanzados técnicamente. Se establecerá una lista provisional de estas categorías de equipo partiendo del censo de necesidades incluidas en a), lista que precisará los volúmenes de producción por alcanzar en los diferentes plazos; teniendo en cuenta la expansión prevista de la economía durante el tercer plan quinquenal.

Con auxilio de esta lista se establecerán las necesidades financieras implicadas por la creación de las empresas necesarias para la producción de estos equipos (de acuerdo con la técnica más avanzada); se establecerán también las necesidades de equipo y las necesidades actuales de materias primas, mano de obra y transpones, debidas a la creación y al funcionamiento de tales empresas. Se tratarán, de la misma manera descrita anteriormente, las necesidades así deducidas, distinguiendo las que deban ser cubiertas mediante importaciones y las que tenga que satisfacer la economía nacional; y se ahondará el análisis hasta que todas estas necesidades de equipo hayan provocado la estimación de objetivos de importaciones o de inversiones.

Se procederá en seguida de la misma manera, en relación con las necesidades de materias primas y de energía que previamente han sido averiguadas. La satisfacción de estas necesidades se repartirá entre la economía nacional y la importación, teniendo en cuenta las posibilidades técnicas, los recursos naturales (cuya búsqueda deberá llevarse al máximo) y los precios comparativos. Los objetivos de inversiones dentro de estas categorías de producción serán determinados para los diferenes plazos (teniendo en cuenta la expansión ulterior y prevista de la economía nacional), con una estimación, para cada objetivo, de las necesidades financieras, de las necesidades de equipo y de las actuales necesidades de materias primas y auxiliares, así como de las necesidades de energía y de transportes. Del mismo modo deberán establecerse las necesidades de mano de obra calificada y no calificada y las necesidades de cuadros técnicos. Al igual que para las necesidades de equipo anteriormente estudiadas, se prolongará el análisis hasta que todas las necesidades de equipo y de materias primas o auxiliares hayan sido distribuidas entre la importación y la producción nacional.

Es evidente que será necesario, de nuevo, tener en cuenta el resultado de estos balances para hacer una elección definitiva en lo que respecta a las técnicas de producción. Esta elección debe, en efecto, ser justificada por la posibilidad efectiva, en el momento deseado, de disponer de lo necesario en lo que se refiere a materias primas, herramental y de mano de obra calificada. El problema de desplazamiento en cuanto a la adopción de un procedimiento de producción determinado, deberá ser resuelto como se indicó anteriormente(23). En periodo largo, los procedimientos de producción deberán ser, en gran medida, determinados por la existencia en el país de materias primas que correspondan a la aplicación de tales procedimientos de producción. Así, a falta de azufre y de piritas, la producción del ácido sulfúrico deberá hacerse a partir del yeso.

Una vez terminado este primer trabajo, convendrá totalizar los resultados, a fin de confrontar las necesidades totales de inversiones y de mano de obra dentro de las previsiones iniciales del plan. Si los coeficientes inicialmente escogidos fueron suficientemente certeros y los objetivos globales de producción y de inversiones calculados a priori pudieron ser alcanzados por el procedimiento analítico que acabamos de describir, solamente harán falta ajustes menores; de no ser así -como veremos más adelante- serán precisos ajustes más considerables, que pueden incluso influir sobre los niveles inicialmente previstos de renta nacional, de consumo y de las inversiones, y sobre la distribución de todo esto entre los diferentes sectores: agricultura, obras públicas, etcétera.

Por lo que toca a los objetivos concretos de inversiones, la posibilidad de ampliar o de restringir el programa de importaciones permitirá, generalmente, adaptarlo a las posibilidades reales de la economía nacional; si algunos objetivos provisionales debiesen ser abandonados, importaría, en principio, empezar por los que no se encuentren en sectores-clave, cuyo funcionamiento en el territorio nacional determina todo el desarrollo ulterior de la economía. De todas maneras, el “abandono” de algunos objetivos no significa sino el traslado de su consecución a un plan posterior.

Recíprocamente, el procedimiento de ajuste deberá igualmente aplicarse a los objetivos de importaciones, algunos de los cuales podrán ser reducidos o incrementados en función de las posibilidades de financiar las importaciones a partir de las exportaciones corrientes, de las reservas de divisas o de acuerdos internacionales.

El fin de estos ajustes es garantizar el equilibrio interno del plan.

El cuadro metodológico en el que estos ajustes pueden efectuarse está constituido por el método de balances: balance de inversiones, balance de mano de obra, balance de producción y de consumo de los diferentes productos (productos brutos y semielaborados, herramental, bienes de consumo, servicios), balance de importaciones y de exportaciones.

No obstante, dos de los balances anteriores vienen a esclarecer un problema al menos tan importante como el del equilibrio interno del plan, a saber, el problema de la racionalidad de ciertas decisiones fundamentales sobre las que descansa el plan. Se trata del balance de inversiones y del balance de mano de obra.

 

C. Balance de inversiones

 

Hay una pregunta, en efecto, que debe ser contestada cuando se ha totalizado el conjunto de las inversiones indispensables para la realización de los objetivos de producción que se han asignado (incluidas las inversiones culturales y sociales): ¿coincide este total con el fondo de inversiones previsto inicialmente (a partir del objetivo de crecimiento de la renta nacional y del valor atribuido a los coeficientes a y B?

Si la respuesta es positiva, se puede admitir que, desde este punto de vista, el objetivo inicial y las hipótesis básicas para su realización estaban justificadas y pueden conservarse.

Si la respuesta es negativa, es decir, si (a pesar de todos los ajustes menores) el fondo de inversión previsto no permite alcanzar el crecimiento deseado de la renta nacional, o, al contrario, es excesivo en relación con este crecimiento, será necesario revisar en consecuencia, ya sea el objetivo inicial, ya la tasa de inversión, o bien los dos juntos (en todos los casos, esto conducirá a revisar también el conjunto de los objetivos de producción echando mano de los métodos descritos precedentemente).

 

D. Balance de la mano de obra

 

El balance de la mano de obra, al ser relacionado con el movimiento previsto de la población en edad de trabajar, proporciona indicaciones tan importantes como las precedentes.

Si las necesidades de mano de obra (en el sentido amplio del término, es decir englobando a los trabajadores de todas calidades, incluidos los cuadros) coinciden con la población prevista que debe tener una actividad específica, se puede admitir que, desde este punto de vista, el objetivo inicial, las hipótesis básicas y las condiciones previstas para su realización son satisfactorias, al menos globlalmente.

Si las necesidades de mano de obra resultantes del objetivo inicial, de las hipótesis básicas y de las condiciones previstas para su realización sobrepasan las posibilidades objetivas, ya sea cuantitativamente, ya cualitativamente (por ejemplo para ciertas categorías profesionales), será preciso revisar la totalidad o parte de los objetivos o de las hipótesis. En el caso de dificultades cualitativas, normalmente será suficiente una revisión parcial de las condiciones de realización.

Es preciso añadir además que no se puede hablar de dificultades cualitativas más que cuando resulta imposible realizar un plan de formación profesional susceptible de suministrar a la economía los trabajadores que tengan las cualidades necesarias.

La formulación de un plan de formación profesional y de sus condiciones de realización (y de un plan a largo plazo, en razón de la amplitud inevitable de los plazos de formación) debe por consiguiente ser parte integrante del plan económico. Si falta este elemento, cualquier plan de desarrollo corre el riesgo de ser irrealizable(24).

Si las necesidades de mano de obra resultantes del objetivo inicial, de las hipótesis básicas y de las condiciones previstas para su realización son inferiores a las posibilidades objetivas (es decir, no permiten alcanzar la ocupación plena) habrá oportunidad, llegado el caso, de revisar la totalidad o parte de dichos objetivos o hipótesis. No obstante, los problemas que surgen en este renglón son suficientemente complejos como para merecer un examen detenido. Para esto deben ser previstas diversas eventualidades.

Una primera hipótesis por considerar es la siguiente: es posible realizar, a la vez, un aumento del empleo y de la producción aumentando la tasa de inversión (es decir a) de manera que suministre medios de producción, así sean muy simples y poco costosos, a los trabajadores que, sin esto, no tendrían empleo. Tal solución deberá ser aplicada cada vez que técnicamente sea posible aumentar las inversiones sin reducir el consumo al principio del plan. De todos modos, esta solución supone que desde un principio no se había tratado de situar las inversiones al más alto nivel posible, lo que es irracional en una economía que debe ser desarrollada rápidamente.

La segunda hipótesis se presenta cuando las inversiones no pueden ser aumentadas. En este caso puede ser considerado un aumento de la ocupación(25), modificando la naturaleza técnica de ciertas inversiones. Es, en efecto, generalmente posible, en ciertos sectores, realizar inversiones que tengan una más débil “intensidad de capital”, es decir, que permitan realizar ciertos objetivos de producción previstos con menos inversiones y más trabajo. Se podrá, entonces, conocer la ocupación en estos sectores y, con ayuda de la parte del fondo de inversión así liberada, aumentar igualmente la ocupación en otros sectores. Se habrán aumentado de este modo, correlativamente (pero quizá no proporcionalmente), la ocupación y la producción, lo que aparentemente es favorable. A fin de ver si esto es realmente favorable, es necesario calcular si la reducción de la productividad del trabajo resultante del descenso en la intensidad de capital ahora considerado (en relación con los métodos de producción considerados anteriormente) no es, en total, económicamente desventajosa. Cuando no es así y cuando se revisan, en consecuencia, las previsiones iniciales, es evidentemente necesario revisar también todas las condiciones del equilibrio interno del plan que se encuentran modificadas.

Es preciso entender que esta situación significa que se ha razonado, inicialmente, con un valor demasiado bajo de B (puesto que esta situación implica que con el mismo fondo de inversión se puede, de hecho, alcanzar un nivel de ocupación y de la renta nacional más elevado del que se había considerado de antemano).

Es evidente que una solución análoga a la que acabamos de describir no es aplicable a todos los casos de subempleo ligado al hecho de que, con ciertas técnicas de alta “intensidad de capital”, el fondo de inversión no es suficiente para asegurar la ocupación plena. En efecto, hay casos en los que, empleando técnicas menos perfeccionadas, que permiten realizar la ocupación plena, se obtendría una renta neta más reducida (es decir un B menor). En tal caso no es necesario sacrificar la renta máxima al empleo máximo, pues en periodo largo sólo la renta máxima permitirá utilizar, en las mejores condiciones económicas, la totalidad de las fuerzas de trabajo.

De todas maneras, en el caso (que es el más frecuente) en que la reducción de la intensidad del capital en ciertos sectores permita incrementar el valor efectivo de B en relación con el valor inicialmente considerado, la selección de los sectores en que se procederá a esta reducción tiene una importancia decisiva. Se trata, en efecto, de no perder de vista en ningún momento la necesidad de situar la renta nacional al máximo a largo plazo.

Además, es indispensable que la estructura de la población activa a la que lleva la ejecución de un plan quinquenal corresponda a una etapa que conduzca hacia la estructura de la población activa que resultará de la realización de objetivos de industrialización a largo plazo, pues estos cambios de estructura deben cumplirse progresivamente.

Con este propósito, hasta es deseable elaborar un cuadro de las estructuras sucesivas por las que la población activa deberá pasar. No efectuaremos aquí semejante trabajo, que debe apoyarse en estudios minuciosos, pero proporcionaremos solamente una ilustración (por el momento relativamente arbitraria) de lo que podría tomarse como un cambio en la estructura de la población activa durante el segundo plan quinquenal.

 

 

Notas:

(1) Por ejemplo, la Sección de Planeación del Indian Statistical Institute.

(2) La Unión Hindú está constituida por una Federación de Estados.

(3) Por ejemplo, tantas toneladas de carbón y de acero, tantos kilovatios de electricidad, tantas toneladas de cereales, etcétera.

(4) Las enseñanzas extraídas de estas experiencias deben, evidentemente, ser adaptadas a las condiciones nacionales. Indiquemos que la hipótesis de una duplicación, en 10 años, de las disponibilidades netas no aparece de ninguna manera exagerada, muy al contrario. En la Unión Soviética la renta nacional ha sido cuadruplicada, aproximadamente, durante los dos primeros planes quinquenales.

(5) Volveremos a este punto más adelante, en el párrafo D.

(6) B expresa la razón entre el crecimiento de la renta real y la inversión de la cual este crecimiento resulta.

(7) Un coeficiente B de esta magnitud, y hasta más elevado, es normalmente realizado en países de economía planeada. En la Unión Soviética, la razón entre el incremento de la renta nacional, en el curso de cada uno de los dos primeros planes quinquenales, y las inversiones realizadas y terminadas en el curso de dichos planes, resulta ser 0,68 para el primer plan quinquenal y 0,62 para el segundo (estos coeficientes están calculados según las cifras citadas por Rjabow en la traducción alemana de su libro: Die sozialistische Akkumulation, pp.80 y 158).

(8) Un cror = 10 millones = 107. Un cror Rs. = 10 millones de rupias; la rupia hindú vale, el cambio, 0,73 francos franceses.

(9) Todos nuestros cálculos han sido efectuados en precios constantes (precios de 1950-51).

(10) Las cifras usadas aquí para el “consumo del Estado” son puramente arbitrarias; se insertan sobre todo para recordar que no está disponible la totalidad de la producción de la rama C para el consumo individual.

(11) Estas estimaciones no toman en cuenta los cambios que pueden provenir del comercio exterior.

(12) Los coeficientes así calculados no corresponden a la definición rigurosa de B; representan medias globales, que resultan de la comparación del crecimiento total de las disponibilidades interiores en el curso de un periodo y del total de las inversiones efectuadas durante este mismo periodo. Se obtienen, evidentemente, coeficientes más elevados si, para cada uno de los periodos de 5 años, se deducen, del total de las inversiones, las del último año del periodo inmediato anterior; procediendo de esta manera se obtiene un coeficiente B de 4.180/6070 = 68.8 % para el segundo periodo quinquenal, y un coeficiente de 6.430/12.200 = 52.8 % para el tercero. La primera de estas dos cifras no parece elevada más que si se olvidan las reservas de crecimiento de la producción que pueden movilizarse gracias a una política económica tendiente a aprovechar al máximo las capacidades de producción existentes. Para los dos periodos quinquenales, el coeficiente B medio, calculado como acabamos de indicar, es de 10.610/18.270 = 58,1%.

(13) Esta parte del 22% representa el coeficiente i’t = lt-ltl/Yt-Ytl = ^l/^Y

(14) Estos porcentajes (que corresponden al producto a B) son aún mucho más reducidos que los porcentajes de aumento de la renta nacional realizados por los países de economía planeada. De acuerdo con nuestras hipótesis, esta reducción está esencialmente ligada al nivel aún bajo del coeficiente a, que representa la parte de las disponibilidades netas destinadas a la acumulación.

(15) Esta división en ramas I y C no debe ser confundida con la división en ramas I y II. En efecto, la rama I suministra exclusivamente los instrumentos de producción y los productos brutos necesarios para la producción de estos últimos, y la rama C suministra los bienes de consumo y los productos brutos necesarios para su producción. Se sabe que esta última producción está excluida de la rama II y debe agregarse a la producción de la rama I para constituir la producción de la rama I.

(16) Se trata, aquí, de una decisión que tiene, ante todo, un carácter político, aunque no pueda ser tomada provechosamente sin tener en cuenta el conjunto de los objetivos económicos incluidos en el plan. Esto es particularmente ciertos en las inversiones de carácter neutral.

(17) Algunas de estas normas corresponden a una opinión media y pueden ser designadas como tales.

(18) Además de las subvenciones, la legislación social puede desempeñar aquí un papel decisivo. Una legislación de Seguridad Social es, en efecto, un modo de dedicar, por prioridad, una parte de la renta nacional a ciertos consumos.

(19) Esta estimación se apoyará, al principio, en los objetivos obtenidos precedentemente, relativos a la evaluación del consumo medio por persona, utilizando, especialmente, métodos de estadística comparada.

(20) La “técnica más avanzada” se define aquí como la que permite reducir al mínimo el costo social global de cada categoría de producción.

(21) Se comprime de esta manera al máximo el fondo de inversión que tenga que sufrir un aumento mínimo de costo. El principio así anunciado debe, no obstante, ser aplicado teniendo en cuenta las posibilidades futuras que guarda una economía en expansión. En consecuencia, en algunos sectores, puede ser más ventajoso no poner inmediatamente en ejecución una técnica menos perfeccionada, y que gravará durante largos años el costo social de producción, renunciar, hasta el plan quinquenal (en el cual el fondo de acumulación será más elevado), a tratar de producir la cantidad total necesaria para la satisfacción de las necesidades nacionales (desde el momento que no se puede, a falta de un fondo de inversión suficiente, realizar esta producción sobre la base de la técnica o avanzada). No se satisfará inmediatamente más que una parte de estas necesidades, pero se hará con ayuda de la técnica más avanzada, y se importarán del extranjero las cantidades complementarias indispensables a la economía nacional. Esto constituye un aspecto importante del problema del timing de las inversiones. Para saber si es conveniente posponer así ciertas inversiones que serían necesarias para la satisfacción de las necesidades inmediatas (a fin de no sacrificar la calidad de la técnica a la rapidez de la satisfacción), conviene comparar el trastorno sufrido por la economía nacional por el hecho de esta posposición con el que resultaría de la adopción de una técnica inferior.

(22) Este cálculo atañe a la producción final de los bienes de consumo, excluyendo la producción de materias primas destinadas a esta producción. Esto significa que no se retendrá como fondo de inversiones destinadas a la producción de bienes de consumo más que el fondo disponible para la “rama II” constituida ésta por una lista de producciones de bienes de consumo, (lista que se habrá establecido, precisamente, de acuerdo con el estudio de la demanda). La parte del fondo de inversión de la rama C correspondiente al crecimiento de la producción de “materias primas” destinadas a la producción de bienes de consumo debe ser, evidentemente, reservada para el crecimiento de esta producción.

(23) Ver el final de la n.22

(24) Nunca se insistirá demasiado en la importancia de esta cuestión, cuyas implicaciones van extremadamente lejos, pues su solución está ligada al desenvolvimiento general de la educación y de la cultura y al contenido concreto de la educación (los programas de las escuelas, de los colegios y de las universidades, así como el contenido mismo de los exámenes deberán ser adaptados a las exigencias del desarrollo económico).

(25) Hablamos aquí de un aumento real de la ocupación (es decir del número de horas-hombre) y no de una reducción del desempleo visible a consecuencia de la distribución del mismo número de horas-hombre entre un mayor número de trabajadores, con reducción de la jornada media de trabajo por debajo de la duración que parecería deseable en una economía que tiene una verdadera ocupación plena Esto no significa, evidentemente, que, a falta de otra solución mejor, no sea preferible recurrir a esta reducción del desempleo visible; al contrario, en tal caso esta solución es aconsejable por razones sociales y aun económicas.

 

 

Extraído del libro “Planeación y crecimiento acelerado” de Charles Bettelheim, F.C.E. México, 1965.

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2 pensamientos en “Elaboración de un plan quinquenal (Parte 1)

  1. Sade

    Charles Bettelheim fue uno de los grandes pensadores marxistas del s. XX. Su polémica con Sweezy publicada bajo el título “Algunos problemas del socialismo actual”, contiene las claves para entender la caída del socialismo a finales de los 80.

    Salud, camarada.

    Sade

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