El factor traición

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El siguiente texto es un extracto del libro “La caída del comunismo ruso” de Aleksandr Zinoviev(1).

 

 

Uno de los factores más importantes que condicionaron el colapso del comunismo soviético (ruso) fue el factor traición. Tal vez ha sido la primera vez en la historia que este factor no sólo fue tenido en cuenta con anticipación por aquellos que dirigieron la destrucción del comunismo ruso, sino también previsto anticipadamente y desarrollado a una enorme escala como factor del proceso evolutivo. Por lo tanto, merece atención como una de las características de la historia programada y dirigida.

 

 

El concepto de traición

 

Aparentemente la traición es algo evidente. Pero sólo “aparentemente” y sólo en los casos más simples y habituales. Un individuo se convirtió en espía de otro país, es un traidor. Se movió hacia el lado del enemigo en la guerra, es una traidor. Sin embargo, incluso en estos casos, los criterios de evaluación o no están definidos o son violados con frecuencia. Por ejemplo, el general y traidor Vlásov(2) fue transformado en un héroe en la lucha ideológica contra el stalinismo. Y representantes probados de la “quinta columna” de Occidente en la Unión Soviética y en Rusia viven impunemente en la tierra rusa e incluso prosperan, entrando en las capas superiores de la sociedad rusa y llegando a los puestos del poder de Estado. Es cierto que no existe ninguna evidencia cuando se trata de grupos de individuos, de grandes comunidades y pueblos enteros, y también cuando se verifican comportamientos individuales, los cuales involucran un gran número de acciones en condiciones complejas e inconstantes. Además, el carácter de las acciones individuales y los criterios de su evaluación se alteran con el tiempo. En lo que respecta a la evolución de la traición, la humanidad ha recorrido un largo camino desde las formas primitivas y evidentes de traición individual evidente hasta las formas masivas, sutiles y encubiertas. Todo esto debe ser tomado en cuenta para definir científicamente el concepto de este fenómeno.

Es necesario distinguir entre el enfoque jurídico-moral y el enfoque sociológico del problema de la traición. El primero es suficiente en lo relativo a las acciones individuales en situaciones sencillas. El segundo es necesario para la comprensión del comportamiento de grandes multitudes, masas y asociaciones de individuos en procesos históricos complejos. Esto fue precisamente lo que ocurrió en los años de la preparación, aplicación y consolidación de los resultados del golpe contrarrevolucionario en la Unión Soviética.

El caso más simple de traición está en la relación entre dos individuos. En esta relación, el destino de un individuo depende del otro de modo sustancial. El primero confía en el segundo, convencido de que este cumplirá con su obligaciones en relación con él. El segundo tiene determinadas obligaciones con respecto al primero, es consciente de estas obligaciones, sabe que el primero confía en él y que cuenta con él en esta relación. Esta relación puede ser sellada con una palabra, una promesa, un juramento, por tradición, costumbres, opinión pública, normas morales, leyes jurídicas. Si el segundo individuo no cumple con sus obligaciones, se dice que es una “traición”: el segundo traiciona al primero.

Los casos más complejos de traición se producen cuando los socios son un individuo y un grupo de individuos, grupos de individuos de ambos lados, una asociación de muchos individuos, grandes masas de individuos, pueblos enteros y países. Por ejemplo, en la relación entre el gobierno y la población de un país, entre los líderes de un partido y los demás miembros, entre un partido y la clase que representa, etc. Un caso especial es cuando un individuo, un grupo de individuos o una asociación de individuos en general, se traiciona a sí mismo. Pero también en este caso hay un desdoblamiento: el individuo o la asociación de individuos actúan en sentidos diferentes o en periodos diferentes. Por ejemplo, un individuo puede traicionar sus propios principios en favor de otros objetivos o puede cometer involuntariamente actos que contribuyen a traicionarse a sí mismo (en un período diferente o en una relación diferente). De modo análogo, es posible que asociaciones de individuos se traicionen a sí mismos.

En otra perspectiva, la situación de traición se complica si se tiene en cuenta el tercer componente: el enemigo (el individuo, grupo, o gran asociación) a favor del cual se comete la traición, provoca la traición, la facilita y la usa. El ejemplo clásico es el de un ciudadano traicionando a su país en favor de otro país hostil.

En una tercera perspectiva, la situación se complica debido a la multiplicidad de participantes en la relación de traición, aumento de número de acciones que en su conjunto representan un comportamiento de traición, diversidad de estas acciones, su extensión en el tiempo, etc. Un ejemplo de esto es el gobierno de un país que dirige una política de traición, en relación a su propio país, a favor de otro país hostil. Entre las acciones de este gobierno puede haber algunas que aisladamente no constituyen actos de traición, pero en su conjunto configura una traición.

¿Quién es responsable de la traición? En los casos más simples de traiciones individuales esto es obvio: es el propio individuo que cometió la traición. Aquí la aplicación de criterios morales y jurídicos no plantea dificultades. ¿Pero como evaluar si los participantes en una determinada situación formaron una gran asociación de individuos? Por ejemplo, la rendición de un ejército entero, como sucedió en la guerra de 1941-1945. Si el mando ordena la deposición de las armas y los soldados cumplen con la orden, ¿son traidores o no? ¿Cómo calificar la conducta de un mando que decide que el combate es inútil? Hay situaciones en que los individuos no están en condiciones de cumplir con su juramento. Aquí surgen dificultades en la evaluación de su conducta. Pero cuando se trata de un país entero y de su gobierno, la situación se vuelve infinitamente más compleja. Aquí no hay criterios universales de evaluación. Las normas morales y jurídicas, en la práctica, pierden sentido. En cualquier caso, no existe un código de normas establecidas y reconocidas universalmente para estos casos. Aquí pesan la opinión pública, las consideraciones políticas, las tradiciones.

La traición puede ser consciente e inconsciente, premeditada y no premeditada. En todas las traiciones importantes y complejas, en las que participan muchos individuos y se componen de muchas acciones en un intervalo de tiempo dilatado, podemos detectar tanto los actos conscientes y premeditados como actos inconscientes y no premeditados, así como en diferentes grados y en diferentes combinaciones. Esto dificulta la evaluación del fenómeno en su conjunto, especialmente si no tenemos criterios suficientemente rigurosos y el deseo de comprender el fenómeno con objetividad. La mayoría de las traiciones se refiere a este tipo de fenómenos. Lo más frecuente es no considerarlos traiciones, no ser castigados o serlo suavemente, y no pesan en la conciencia de los traidores. Aquí no se trata de una degradación moral (aunque esto también se produce), sino de la aparición de situaciones concretas de la vida que no se aplican a las normas jurídicas y morales.

Para que el comportamiento de los individuos sea considerado como traición es necesario que haya otras personas en ella o independientes de ellas en esta relación específica. Para castigar a los individuos por traición es necesario que los demás tengan poder y justificación para hacerlo. Si no hay tales jueces o castigadores, la traición no será denunciada públicamente ni castigada. Con frecuencia, la traición de los individuos poderosos altamente colocados no es castigada ni considerada como tal.

 

 

La mayor traición de la historia

 

La traición es un fenómeno muy común tanto en la vida personal de los individuos como en los procesos históricos. Constituye un factor que actúa de forma permanente en la existencia de la humanidad. El progreso de la humanidad es contradictorio y, en lo que se refiere a la traición, resultó no estar claramente a favor de la fidelidad, de la lealtad, de la fiabilidad. En este sentido, el pináculo del progreso de la humanidad fue la traición que ocurrió en la Unión Soviética y en Rusia, con la ascensión de Gorbachov al más alto poder estatal, y concluyó con la contrarrevolución de 1991-1993, encarnada por Yeltsin.

Quiero recordar que empleo la palabra “traición” en el sentido sociológico, como concepto científico. La pregunta es, ¿por qué no usar otro término, una vez que la palabra traición está cargada con un sentido jurídico-moral? Insisto, sin embargo, en mantener esta palabra en la medida en que en ese caso el concepto científico constituye la explicación (demostración y precisión) de la utilización intuitiva de este término. Tiene una carga semántica jurídico-moral. ¿Entonces? Recordemos la conducta de la dirección del Partido y del Estado, liderada por Gorbachov y Yeltsin, de los funcionarios del aparato del partido y de los millones de miembros del Partido, que juraron lealtad el Partido, al país, a los ideales del comunismo, etc., pero que faltaron a su juramento y destruyeron el sistema social soviético, el sistema de poder soviético, el Partido, los ideales del comunismo, etc., bajo órdenes y con los aplausos de los enemigos. Ningún artificio verbal podrá justificar esta conducta de traición, traición tanto en el sentido moral como, en gran medida, en el sentido jurídico.

La traición de la que hablamos constituye un entrelazamiento extraordinariamente complejo de un inmenso número de acciones diversificadas de un enorme número de personas. Además de que se entrelaza con el complejo proceso histórico de la vida del país, que es parte de la vida de la humanidad. Su estructura es compleja en muchas dimensiones. Tiene, particularmente, una estructura jerárquica vertical: la camarilla de Gorbachov traiciona a la parte restante de la alta dirección del Partido, la última traiciona a todo aparato del Partido, el aparato del Partido traiciona a todo el sistema de poder y el Partido, todos traicionan a los aliados del bloque soviético, el bloque soviético traiciona a parte de la humanidad que contaba con su apoyo. Del mismo modo, las otras dimensiones tienen igualmente una estructura compleja. Como es evidente no se puede aplicar a esta epidemia social el uso intuitivo de la palabra. Necesitamos medios específicos de conocimiento para aislarnos mentalmente y analizar este gran fenómeno social. Para ello es necesario realizar una exhaustiva investigación sociológica. Lo que propongo aquí es sólo el primer paso aproximado en esa dirección.

La traición que analizamos no ​​se llevó a cabo en modo alguno de las leyes sociales del régimen soviético (el comunismo real), no fue natural ni inevitable. Podría no haber existido. Constituye un resultado de una única confluencia de circunstancias históricas.

Sin embargo, no fue casual, en la medida en que fue preparada a través del curso de la historia soviética y con el propósito de los señores del mundo occidental de atraer a parte del pueblo soviético al campo de la traición; este propósito encontró aquí terreno fértil.

A continuación examinaremos algunos (sólo algunos) componentes e hitos del proceso de preparación de esta traición fatal en el período soviético de la historia rusa.

 

 

El período de Stalin

 

Comencemos por la orgía de denuncias iniciadas en los años 30. La denuncia no es en sí una traición. Pero en determinadas condiciones se convierte en una escuela y una forma (medio) de traición. La denuncia es un fenómeno humano y no una especificidad soviética y comunista. Floreció tanto en la Rusia prerrevolucionaria como en la Francia de Napoleón, o como en la Alemania de Hitler. En Occidente surgió como fenómeno social al mismo tiempo que el cristianismo (recordemos a Judas). En la historia multisecular del cristianismo tuvo un papel no menos importante que en la corta historia del comunismo ruso (recordemos la inquisición y el uso de la confesión). En la historia soviética, las denuncias jugaron un papel muy importante, pero los años 30 y 40 años fueron tiempos de verdadero exceso. Se convirtieron en uno de los medios más importantes de control del país.

La relación con las denuncias era doble. Por un lado, se consideraba que se trataba de un fenómeno inmoral. Eran vistas como traición por parte de personas próximas (familiares, amigos, colegas, camaradas). Por otra parte, eran estimuladas e inculcadas artificialmente en una escala masiva desde arriba. A los denunciantes se le decía que cumplían un deber sagrado ante el país, el pueblo, el Partido, los ideales del comunismo. Y, deseasen o no las autoridades, el sistema de denuncia masiva se convirtió para millones de personas en una escuela de traición organizada por el Estado. La traición fue sustraída de la esfera de las normas morales y jurídicas.

Quiero llamar la atención del lector sobre el hecho de que, en esta orgía de denuncias, los principales informantes no pertenecen a los cuadros de los órganos de seguridad del Estado (que no eran muy numerosos), sino que eran voluntarios entusiastas benévolos, que enviaban innumerables denuncias a los órganos de poder y a los medios de información de masas, hacían denuncias abiertas sobre la forma de intervenciones en todo tipo de reuniones y bajo la forma de publicaciones (libros y artículos), es decir, denuncias públicas.

Todo el país se convirtió en un campo de denuncias. La traición en relación a los amigos, familiares, camaradas y colegas de trabajo se convirtió en una característica habitual de las denuncias.

Las denuncias de las que venimos hablando fueron un fenómeno de masas, pero era llevado a cabo por cada persona individualmente. Esta epidemia de traiciones individuales transcurría simultáneamente con traiciones colectivas.

La vida de los soviéticos estaba repleta de todo tipo de reuniones. Esto significaba crítica y autocrítica, desenmascaramiento y censura de las deficiencias y de los responsables de las mismas, toma de decisiones que censuraban a los miembros del colectivo, etc. Hoy en día es difícil imaginar lo que estaba ocurriendo a este respecto en los órganos de poder y de la administración, en las organizaciones artísticas, en los establecimientos de educación, etc. Los “progroms” colectivos de colegas eliminaban de responsabilidades individuales a cada miembro del colectivo. La fidelidad a la palabra y a la amistad, el honor, la fiabilidad y demás cualidades similares de una persona honesta se convirtieron en fenómenos excepcionales, desventajosos e incluso peligrosos para la persona. En caso de traición colectiva, los miembros del colectivo no se sentían ni eran vistos como traidores. La responsabilidad recaía sobre aquellos que dirigían el colectivo. Y estos eran impunes por el hecho de que cumplían directivas desde arriba.

A la luz de lo sucedido en Rusia después de 1985, es necesario, en mi opinión, revisar la evaluación de las represiones stalinistas en los años 30. Naturalmente que hubo exageraciones, muchos inocentes fueron víctimas y todo tipo de canallas se frotaron las manos de alegría con esto. Pero estos excesos derivaron de la propia realidad. La construcción del nuevo régimen social se llevaba a cabo en la lucha entre fuerzas diferentes. Esta lucha llevó a la división de las personas en campos rivales. Por propia lógica de la lucha, los adversarios de la política stalinista fueron arrojados al campo del adversario y siguieron el camino de la traición.

Pero las represiones stalinistas, atajando la actividad de verdaderos y potenciales traidores, creaban también las condiciones para la aparición de futuros traidores. En general, toda la actividad del poder soviético de creación y consolidación del nuevo régimen social forjaba al mismo tiempo futuros traidores de ese régimen. Aún por encima, en gran cantidad. No nos olvidemos que los mayores traidores soviéticos (Gorbachov, Yakovlev, Yeltsin y muchos otros) hicieron la escuela de la traición en el Komsomol y en el Partido en el período de Stalin.

Al comienzo de la guerra de 1941-1945, unidades militares operativas y hasta ejércitos enteros se rindieron al enemigo. ¿Por qué? Los antisoviéticos y anticomunistas “explicaron” esto con el odio al régimen social soviético (al comunismo).

 

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Naturalmente que este motivo existió, pero sólo para una pequeña parte de las personas. Intento explicar esto por el hecho de que la masa de los soldados no tuvo posibilidades de luchar contra los enemigos. En parte esto es verdad, pero sólo en parte. Yo mismo fui testigo de situaciones en las que era posible luchar contra los alemanes y, sin embargo, unidades enteras se rindieron voluntariamente incluso sin órdenes del mando superior. De ahí que la decisión de Stalin de introducir destacamentos especiales en la retaguardia de las unidades poco fiables constituyó una medida defensiva absolutamente correcta. Los soldados soviéticos comenzaron a luchar con valor y abnegación cuando se vieron en una situación en la que la negativa a luchar los amenazaba de muerte.

Pero entonces, ¿cuál fue el motivo? Creo que la calidad del material humano tuvo aquí un papel importante. Pueblos diferentes tienen tendencias diferentes para la traición. Entre nosotros, los rusos, esta tendencia es bastante fuerte. El servilismo ruso, la adulación, la sumisión ante la fuerza, el camaleonismo, etc., se convertieron de forma natural en traición en condiciones correspondientes. ¡¿Y el heroísmo?! ¿Los marineros, la división de Panfilov(3), la defensa de Brest? Una cosa no excluye la otra. Para cada marinero hubo miles de cobardes, parásitos. Ganamos la guerra, pero el principal factor de la victoria fue, en mi opinión, el sistema social soviético y la dirección stalinista. Fue gracias a esto que precisamente el mismo material humano se convirtió en el factor más importante de la victoria. La dirección stalinista se mantuvo fiel al país y a los ideales del comunismo. Declaró la más implacable guerra contra cualquier fenómeno de traición. ¿Qué habría ocurrido si la dirección stalinista titubease y siguiese el camino de la traición? Es obvio que habríamos sido aniquilados en 1941. Este ejemplo muestra elocuentemente que para explicar los fenómenos sociales tan grandiosos como la traición, que aquí examinamos, es necesario tener en consideración todo el conjunto de factores en su interacción y no esos factores en sí, bajo un punto de vista unilateral. La tendencia de los soviéticos a la traición fue señalada por los organizadores de la “guerra fría” desde su inicio (1946). Al mismo tiempo llegaron a la conclusión (con razón) que no era posible vencer a los rusos en una “guerra caliente”. Y cuando surgieron condiciones favorables para eso, a principios de los años 80, yo creo, apostaron por la traición como el factor más importante de la “guerra Fría”.

 

 

El Kruschovismo

 

La época stalinista terminó con la desestalinización kruschovista. Abordo sólo un aspecto relacionado con nuestro tema, al cual casi nadie prestó atención: millónes de stalinistas, con el propio Kruschov a la cabeza (que fue un lacayo stalinista), traicionaron a su líder Stalin y se convirtieron en activistas antistalinistas. No recuerdo ningún caso en aquellos años en que alguien haya expresado públicamente fidelidad a Stalin y al stalinismo. Toda la desestalinización en general se llevó a cabo como una traición en masa, cuya iniciativa partió de las altas instancias del poder y en la que se implicó a casi la totalidad de la población activa. Constituye una especie de ensayo de la fatal traición general que 10 años más tarde ocurriría por iniciativa de la dirección gorbachoviana y después yeltsiana.

La traición kruschoviana solo tocó algunos aspectos de la sociedad soviética, dejando intacto su régimen social. Y por eso no fue fatal. Además de que, al traspasar todos los límites, Kruschov fue bloqueado y apartado del poder. Pero su acción reveló la vulnerabilidad moral e ideológica de la sociedad soviética y la potencia devastadora del sistema de poder soviético al caer en las manos de idiotas y aventureros. Con una velocidad de vértigo, la epidemia de la traición en relación al stalinismo, desencadenada intencionalmente desde altas instancias de poder, se hizo masiva, general. Las masas populares demostraron una particular sumisión al poder cuando el poder suavizó las demandas para con ellas, necesarias para conservar su organización social, es decir, cuando comenzó a aliviar la tensión de la lucha histórica por el comunismo. Y todo esto fue notado y tomado en consideración por los organizadores occidentales de la “guerra fría”.

 

 

Los años de Brezhnev

 

En los años de Brezhnev, la epidemia de traición generada por Kruschov fue bloqueada y asfixiada. Pero el virus de esta enfermedad no fue completamente destruido. Y comenzó a multiplicarse rápidamente, contaminando el organismo social a través de una pluralidad de canales. El canal principal fue la fronda de la intelligentsia liberal, el movimiento de los disidentes, la “samizdat”(4), la “tamizdat”, la ola de emigración. Es necesario tener siempre presente que nuestro país tenía un poderoso enemigo -el mundo occidental- y que estaba en curso una “guerra fría”. Nuestros traidores internos eran entrenados, apoyados y pagados por este enemigo, y se guiaban por él. Si este no existiese, fuese más débil o menos activo, tal epidemia de traición no habría existido. Se habría conseguido prevenirla.

Los servicios occidentales envueltos en la “guerra fría” apostaban conscientemente por la traición. Tenían en sus cuadros personas cualificadas y bien informadas. Conocían las traiciones en los años de Stalin. Conocían la capitulación de millones de soldados en el comienzo de la guerra de 1941-1945. Conocían la desestalinización precisamente bajo el punto de vista de la traición en masa. Los servicios occidentales definieron claramente como objetivo la creación de una “quinta columna” en la Unión Soviética. Habían desarrollado toda una tecnología para este trabajo. Uno de los procedimientos, por ejemplo, era la selección de destacadas personalidades, especialmente en los campos de la ciencia, la cultura y la ideología. Estas personalidades eran contrapuestas a la masa restante de sus colegas y camaradas de trabajo. Los medios de información de masas occidentales los ensalzaban, mientras que los demás eran humillados y transformados en objeto de burla. Sus obras eran publicadas en occidente, recibían invitaciones para viajar y les pagaban grandes sumas de dinero. Bajo la lógica de las relaciones mutuas internas, los primeros se transformaban, voluntaria o involuntariamente, en traidores, despertando en los demás sentimientos de envidia y el espíritu de la traición. Pienso que el deseo de llevar a los disidentes y críticos del régimen a la gloria mundial, para envidia de los demás, desempeñó un papel importante en la transformación de Gorbachov en un traidor histórico. Los disidentes tenían publicidad en Occidente y en la propaganda contra la Unión Soviética, se beneficiaban de campañas en su defensa, así como de medios materiales. Llegaron a hacerse presiones políticas y económicas sobre las autoridades soviéticas. A los emigrantes se les daban puestos de trabajo previamente preparados y bien remunerados. Se incentivaba también el nacionalismo. Se crearon centros especiales y organizaciones nacionalistas. En resumen, se hizo un trabajo paciente durante muchos años para contaminar la sociedad soviética con el virus del antisovietismo y del anticomunismo y preparar de forma masiva a la población para una traición de dimensiones históricas.

 

 

La apología de la traición

 

Toda la evolución de esta traición de la que hablamos confluyó para la traición de Gorbachov y de Yeltsin. La novedad aquí fue que la traición se concretó como componente de la operación de diversión de occidente que pondría fin a la “guerra fría”. Gorbachov, como líder del Partido y del Estado, dio el ejemplo y la avalancha ya preparada de traición arrasó el país.

¿Sobre quién recae la responsabilidad por ello? Evidentemente, la responsabilidad recae sobre las altas instancias de poder lideradas por Gorbachov.

¿Cuáles son los criterios para tal evaluación? Para evaluar cómo traición la conducta de las altas instancias de poder o refutar semejante evaluación debemos, en primer lugar, tener en cuenta el deber del Poder en relación a la población bajo su gobernabilidad. Este deber consiste en conservar y consolidar el régimen establecido, defender la integridad del territorio, defender y consolidar la soberanía del país, en todos los aspectos de su organización social (sistema de poder, derecho, economía, ideología y cultura), garantizar la seguridad personal de los ciudadanos, defender el sistema de enseñanza y educación, los derechos sociales y civiles, resumiendo, todo lo que se había logrado durante los años de la Unión Soviética y que se convirtió en la forma habitual de vida de la población. Las autoridades sabían esto. La población estaba convencida de que las autoridades cumplían con su deber y confiaba en ellas. ¿Han cumplido las autoridades con su deber o no? Y si no, ¿por qué? En segundo lugar, ¿hay que aclarar si el poder soviético actuó de forma autónoma o fue manipulado desde fuera, si su acción fue planeada por alguien fuera del país o no, si el Poder actuó en interés de esta fuerza externa o no? La realidad de la historia soviética después de 1985 es tal que la evaluación de la acción del poder soviético como traición en relación a la población bajo su jurisdicción no plantea ningún tipo de duda a un observador objetivo. Estamos ante un ejemplo clásico y evidente de una conducta de traición. Esta evaluación nunca fue hecha por ninguna autoridad porque no existía y no existe tal autoridad. Las fuerzas externas, que manipularon el poder soviético, alentaron deliberadamente la traición, representándola falsamente en la propaganda como una forma de bien, e internamente no surgieron fuerzas capaces de denunciar la traición de las autoridades y actuar sobre ellas como se supone que se debe actuar con los traidores.

La traición pasó desapercibida e impunemente porque sus promotores y dirigentes involucraron en la situación de traición a muchos millones de soviéticos, “convirtiendo” su traición personal en una traición en masa y eximiéndose así de sus propias responsabilidades.

La población se convirtió en cómplice e instrumento de traición o se mantuvo pasiva (Indiferente a ella). La mayoría no comprendió lo que había sucedido. Y cuando comenzó a entender algo, la traición ya se había consumado. El hecho de que el pueblo soviético haya cargado el pesado fardo de su misión histórica también desempeñó aquí su papel. Estaba cansado. Vio el golpe contrarrevolucionario como la liberación de ese fardo histórico y apoyó el golpe o, por lo menos, no se opuso, sin pensar en las consecuencias que tal liberación tendría. En ese momento, no pasaba por la cabeza de nadie que el pueblo soviético, descargando el fardo de su misión histórica, capitularía sin luchar contra el enemigo y se traicionaría a sí mismo.

Por supuesto que el sistema social de nuestro país tuvo un papel en comportamiento de la población. El sistema de poder estaba organizado de tal modo que las masas populares fueron totalmente privadas de iniciativa política-social. Este era un monopolio exclusivo de las autoridades. Y en el contexto del poder, la iniciativa estaba concentrada en las altas instancias y sólo en ínfima medida fue distribuida por sus grados jerárquicos. La población fue habituada a confiar enteramente en las autoridades. Y, dentro del poder, esta confianza era enfocada a la alta instancias. No pasaba por la cabeza de la gente que las altas autoridades pudiesen traicionarles. De este modo, cuando el proceso de traición comenzó, la población la vió como una iniciativa de las autoridades y la faceta de traición pasó desapercibida.

La ideología contribuyó a la preparación de la traición. Como se sabe, uno de los principios de la ideología soviética era el internacionalismo. Por un lado, este principio se convirtió en cosmopolitismo(5) para una parte significativa de la población, esencialmente la parte más educada, próspera y no rusa. Los intentos de Stalin de luchar contra el cosmopolitismo se saldaron con fracasos. Por otro lado, el internacionalismo contribuyó para que la mayor parte de los ciudadanos de origen ruso se encontrase en una situación lamentable. La política de nacionalidades de las autoridades se reveló, en la práctica, como antirrusa, se realizaba en gran medida a costa de los rusos, lo que condujo a la destrucción o al menos la reducción de la conciencia nacional de los rusos, condujo a su “desnacionalización”. Y esto, a su vez, condujo a que el pueblo ruso se mostrase indiferente ante la traición de los disidentes, emigrantes, altos dirigentes, personalidades de la cultura (en su mayoría no rusos) y otras categorías de ciudadanos alineados con el cosmopolitismo.

¿Ha desempeñado esta traición un papel decisivo en el derrocamiento del sistema social soviético y del país en su conjunto? Si entendemos la palabra “decisivo” en el sentido de que si no hubiese habido esta traición, el sistema social soviético y la propia Unión Soviética habrían sobrevivido y el país habría evitado la catástrofe, entonces, lo más seguro, es que se puede responder afirmativamente a la pregunta planteada. La probabilidad de semejante resultado de la “guerra fría” incrementó por el hecho de que, en la última etapa de esta guerra, la estrategia occidental fue construida, casi al 100%, a partir precisamente de esta traición. La contrarrevolución soviética (rusa) tomó precisamente la forma histórica concreta de la traición, una traición tejida desde fuera por el enemigo, organizada por la élite gobernante e ideológica del país, apoyada por la parte socialmente activa de la población y sin oposición de la restante masa pasiva que capituló sin luchar.

La traición de Gorbachov-Yeltsin constituye la traición más grande de la historia de la humanidad según todos los parámetros principales: por la composición de la población envuelta en ella, por su dimensión de masas, por el grado de conciencia y premeditación, por el contenido concreto histórico, por el nivel social, por las consecuencias para muchos países y pueblos, por su papel en la evolución de toda la humanidad. Así que, si a los rusos nos robaron el derecho al papel de descubridores del nuevo camino comunista de desarrollo de la humanidad, al menos deben reconocerno como campeones en materia de traición. Pero me temo que incluso en este aspecto seremos relegados al nivel de marionetas en las operaciones globales de los señores del mundo occidental (la super sociedad mundial), y que los líderes de nuestra traición histórica sin precedentes, Gorbachov y Yeltsin, serán descritos por la historia como intelectuales cretinos y canallas morales, como de hecho merecen. El horror de nuestra tragedia es doble por el hecho de no haber sucedido de forma heroica, elevada, sacrificada, sino de modo espurio, cobarde, egoísta, humillante y vil. Salimos de la arena histórica hacia la oscuridad sin haber librado una feroz batalla por la vida, digna de un gran pueblo, como es norma en la tragedia antigua, sino besando los pies que nos pisaban y las manos del enemigo desalmado que nos lanzaba miserables limosnas. Nuestra tragedia no tiene precedentes tampoco por su ignominia.

 

 

 

Notas:

(1) Aleksandr Alexandrovich Zinoviev (1922-2006), filósofo, sociólogo, publicista, con una extensa obra publicada. Doctor en Ciencias Filosóficas por la Universidad Estatal de Moscú, siguió la carrera académica, llegando a dirigir la cátedra de Filosofía (1965-1967). En 1976, después de la publicación en Suecia de un romance suyo, es expulsado de la URSS. Falleció el 10 de mayo de 2006, con 84 años, en Moscú, donde vivía después de regresar a Rusia en la década de los 90. En la fase final de su vida se convirtió en defensor de la Unión Soviética, reconociendo las ventajas del sistema socialista. (N. Ed.)

(2) Andréi Andréyevich Vlásov (1901-1946), miembro del Partido desde 1930. Comandante de la División de Tiradores, estaba en China como consejero militar (1938-1939). Mayor general (1940) es nombrado en 1941 comandante de cuerpo mecanizado de la región militar de Kiev. En marzo de 1942 es nombrado vicecomandante del frente de Volkhovski y poco después es enviado como comandante del 2º Ejército de Choque que estaba involucrado en duros combates de defensa. Asediado por los alemanes, una parte de sus tropas consigue romper el cerco y unirse a otras unidades. Vlásov abandona a sus hombres y entrega a los nazis con los que se va a trabajar, creando más tarde el Ejército de Liberación de Rusia (РОА), la organización militar de colaboracionistas. (N. Ed.)

(3) Ivan Vasilievich Panfilov (1892-1941), miembro del Partido desde 1920. Oficial militar, mayor general (1940), Héroe de la Unión Soviética (póstumo, 1942), dirigió la División 316 de Tiradores, que combatió heroicamente en la batalla de Moscú. Murió en combate el 19 de noviembre de 1941. (N. Ed.)

(4) “Samizdat” y “tamkizdat”, así eran designadas las ediciones de literatura prohibida, en el territorio de la URSS (clandestinamente) y en el extranjero, respectivamente. (N. Ed.)

(5) El cosmopolitismo es aquí señalado como la ideología de la ciudadanía mundial, que pone los interés de la humanidad por encima de los intereses de las naciones o de los estados, en la que los habitantes de la tierra no conocen fronteras o patria, tan poco clases o lucha de clases, como en la famosa “Global Village” propagada por Gorbachov durante la perestroika. (N. Ed.)

 

 

El blog, obviamente, no suscribe ciertas declaraciones del autor.

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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