Che Guevara – Pasajes de la guerra revolucionaria (X)

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Un año de lucha armada

 

Al iniciarse el año 1958 cumplimos más de uno de lucha. Se impone un pequeño recuento de nuestra situación alcanzada en el plano militar, organizativo y político y de cómo fuimos avanzando.

Recordemos sucintamente, en lo militar, que nuestra tropa desembarcó el día 2 de diciembre de 1956 en la playa Las Coloradas, fue sorprendida y batida en Alegría de Pío tres días después, el 5 de diciembre, y se reagrupó, a finales de ese mismo mes, para volver a iniciar las acciones en la escala pequeña que correspondía a nuestra nueva fuerza, en La Plata, pequeño cuartel situado a las orillas del río del mismo nombre en la costa sur de Oriente.

La característica fundamental de nuestra tropa, en todo el período que va desde el desembarco y la inmediata derrota de Alegría de Pío hasta el combate de Uvero, es la existencia de un solo grupo guerrillero dirigido por Fidel Castro, y la movilidad constante (fase nómada, podríamos llamarle).

Las conexiones con la ciudad se establecen lentamente en el lapso comprendido entre el 2 de diciembre y el 28 de mayo, fecha del combate de Uvero. Estas relaciones, durante el tiempo analizado se caracterizan por la incomprensión por parte de la Dirección del Movimiento en el llano, de nuestra importancia como vanguardia de la Revolución y de la altura de Fidel como jefe de ella.

Es en este momento en que se forjan dos opiniones distintas en cuanto a la táctica a seguir, respondiendo a dos conceptos estratégicos, distintos, bautizados entonces como la Sierra y el Llano, nuestras discusiones y nuestras luchas internas fueron bastante agudas. Con todo, en esta fase la preocupación fundamental era subsistir e ir creando
la base guerrillera. El campesinado ha seguido un proceso que hemos analizado en reiteradas oportunidades. En el instante siguiente al desastre de Alegría de Pío, hubo un cálido sentimiento de compañerismo y un apoyo espontáneo a nuestra tropa en derrota, después del reagrupamiento y las primeras acciones, conjuntamente con la represión del ejército, se produce el terror entre los campesinos y la frialdad ante nuestras fuerzas. El problema fundamental era que si nos veían tenían que denunciarnos, pues si el ejército llegaba a saberlo por otras vías, estaban perdidos; la denuncia iba contra su propia conciencia y, además, también los ponía en peligro porque la justicia revolucionaria era expedita.

Pese a un campesinado aterrorizado, a lo más, neutral, inseguro, que elegía, como método para sortear la gran disyuntiva, el abandonar la Sierra, nuestro ejército fue asentándose cada vez más, haciéndose más dueño del terreno y logrando el control absoluto de una zona de la Maestra que llegaba más allá del Pico Turquino hacia el este y hasta las inmediaciones del pico denominado Caracas en el oeste. Poco a poco, cuando los campesinos vieron lo indestructible de la guerrilla y lo largo que lucía el proceso de lucha, fueron reaccionando en la forma más lógica e incorporándose a nuestro ejército como combatientes. Desde ese momento, no sólo nutrieron nuestras filas, sino que además se agruparon a nuestro lado, el ejército guerrillero se asentó fuertemente en la tierra, dada la característica de los campesinos de tener parientes en toda la zona. Esto es lo que llamamos vestir de yarey a la guerrilla.

La columna no se nutrió solamente por el aporte de los campesinos y el de los voluntarios individuales, también de fuerzas enviadas por la Dirección Nacional y la Provincial de Oriente que tenía bastante autonomía. En el periodo que va desde el desembarco hasta Uvero, llega una columna compuesta por unos cincuenta hombres divididos en cinco pelotones de combatientes cada uno con un arma, aunque las había de distinto tipo y sólo 30 eran de buena calidad antes de la llegada de este grupo se habían realizado los combates de La Plata y de Arroyo del Infierno, habíamos sido sorprendidos en los Altos de Espinosa, perdiendo un hombre y otra vez estuvimos a punto de serlo en la región de Gaviro; había un traidor infiltrado en nuestra pequeña tropa que llevara tres veces el ejército hacia donde estábamos y que tenia la encomienda de matar a Fidel.

Con las amargas experiencias de estas sorpresas, y la vida dura del monte, fuimos adquiriendo temple de veteranos. La nueva tropa recibió su bautismo de fuego en el combate de Uvero. Esta acción tiene una gran importancia porque marca el instante en que realizamos un ataque frontal contra un puesto bien defendido, a la luz del día. Además, fue uno de los sucesos más sangrientos de la guerra, habida cuenta de la duración del combate y de la cantidad de participantes en él. A raíz de este encuentro fueron desalojadas por el enemigo las zonas costeras de la Sierra Maestra.

Posteriormente a Uvero y después del reencuentro con la columna principal de una, pequeña, que había quedado a mi cargo con los heridos y se había ido nutriendo de distintos combatientes aislados, se me nombra jefe de la Segunda Columna, nominada 4, que debía operar al este del Turquino. Vale decir, la columna dirigida personalmente por Fidel operaria fundamentalmente al oeste de ese pico y la nuestra del otro lado, hasta donde pudiéramos abarcar. Había cierta independencia de mando táctico, pero estábamos dirigidos por Fidel, con el cual manteníamos correspondencia por medio de mensajeros cada semana o quince días.

Esta división coincidió con el aniversario del 26 de Julio y mientras las tropas de la columna 1, José Martí, atacaban Estrada Palma, haciendo una serie de demostraciones, nosotros marchábamos aceleradamente hacia la zona de Bueycito, poblado al que atacamos y tomamos como primera acción. Desde la fecha apuntada hasta los primeros días de enero del año 58, se produce la consolidación del territorio rebelde; el ejército, para entrar, tiene que concentrar fuerzas y avanzar en columnas fuertes; los preparativos son grandes y los resultados escasos, ya que no tienen movilidad. Varias columnas enemigas son cercadas y otras diezmadas o, al menos, detenidas. Aumenta el conocimiento de la zona y la capacidad de maniobra, iniciándose el periodo sedentario o de fijación perenne al terreno. En el primer ataque a Pino del Agua utilizamos métodos más sutiles, engañando totalmente al enemigo, pues ya conocíamos sus costumbres, según lo previó Fidel, días después de dejarse ver en la zona llegaría la expedición punitiva…, y mi tropa los esperaba emboscada, mientras Fidel se hacía ver por otros lares.

A fines del año, las tropas enemigas se retiraban una vez más de la Sierra y quedábamos dueños del territorio existente entre el Pico Caracas y Pino del Agua, de oeste a este, el mar al sur y los pequeños poblados de las estribaciones de la Maestra, ocupados por el ejército al norte.

Nuestra zona de operaciones se ampliaría grandemente al ser atacado por segunda vez Pino del Agua, por todas nuestras fuerzas en conjunto bajo la dirección personal de Fidel y formarse dos nuevas columnas, la 6, que llevaría el nombre de Frank País, al mando de Raúl y la columna de Almeida. Ambas eran desprendimientos de la 1, comandada por Fidel, la que fue nutriente perenne de estos desgajamientos que se producían para asentar nuevas fuerzas en territorios distantes. Así se vigorizaría la tendencia iniciada con la formación de la columna 4, que se puede comparar al fenómeno de creación de nuevas columnas a partir de la colmena madre, la columna 1.

El período de consolidación de nuestro ejército, en el cual no podíamos atacar por falta de fuerzas las posiciones que el enemigo ocupaba en puntos fortificados y relativamente fáciles de defender, y éste no avanzaba sobre nosotros, se mantuvo como característica hasta el segundo combate de Pino del Agua, el 16 de febrero del año 1958.

En nuestro campo se han sufrido las muertes de los mártires del Granma, todas ellas sentidas; pero de particular significación las de Ñico López y Juan Manuel Márquez. Otros combatientes que por su arrojo, y sus cualidades morales habían adquirido gran prestigio entre la tropa, han dejado su vida en este primer año, entre ellos, cabe citar a Nano y Julio Díaz, que no eran hermanos, muertos los dos en el combate de Uvero y el último veterano del Moncada, Ciro Redondo, muerto en el combate de Mar Verde, el capitán Soto, muerto en el combate de San Lorenzo. En la lucha en las ciudades, además de un largo número de mártires, debíamos apuntar como la pérdida más grande de la Revolución hasta ese momento, la muerte de Frank País en Santiago de Cuba.

A la lista de hechos de armas en la Sierra Maestra, debía adjuntarse el trabajo desplegado, por las fuerzas del Llano en las ciudades. En todas las principales poblaciones del país actuaban grupos que combatían el régimen de Batista, pero los dos polos de lucha más importantes estaban en La Habana y Santiago. En la primera, el Movimiento infructuosamente trató de desarrollar una línea armada que diera señales constantes de vida y movimiento, Santiago, por el contrario, se convertía en una trinchera de primer orden en la larga batalla contra la dictadura batistiana, está ligada geográficamente con la Sierra Maestra.

Lo que faltó en todo momento fue una conexión completa entre el Llano y la Sierra, debido a dos factores fundamentales; el aislamiento geográfico de la Sierra y las divergencias de tipo táctico y
estratégico entre los dos grupos del Movimiento. Este último fenómeno provenía de concepciones sociales y políticas diferentes.

La Sierra estaba aislada por sus condiciones naturales y además por los cordones de vigilancia que en algunos momentos llegaron a hacerse extremadamente difíciles de pasar. En este breve bosquejo de la lucha del país en un año, habría que señalar también las acciones en general infructuosas y que llegaron a tristes resultados, de otros grupos de combatientes.

El 13 de marzo de 1957, el Directorio Estudiantil atacaba Palacio en un intento de ajusticiar a Batista. En esa acción cayó un selecto puñado de combatientes, encabezados por el presidente de la FEU y gran luchador, todo un símbolo de nuestra juventud, Manzanita, Echeverria.

Pocos meses después, en mayo, se intentaba un desembarco que probablemente haya sido entregado antes de partir de Miami, pues era financiado con los dineros del traidor Prio, y cuyo resultado fue una masacre casi completa de los participantes. Se trata de la expedición del Corinthia, dirigida por Calixto Sánchez, muerto, como casi todos sus compañeros, por Cowley, el asesino de la zona norte de Oriente que después fuera ajusticiado por miembros de nuestro Movimiento.

Se iniciaba la fijación de grupos de lucha en el Escambray, orientados algunos de ellos por el Movimiento 26 de Julio y otros por el Directorio Estudiantil. Estos últimos fueron encabezados primero por un miembro del Directorio que traicionada a esa agrupación, para después traicionar a toda la Revolución, el hoy exilado Gutiérrez Menoyo.

Los combatientes leales al Directorio formaron una columna aparte que después dirigía el comandante Chomón y los restantes dieron origen al llamado II Frente Nacional del Escambray.

Se formaban pequeños núcleos en las sierras de Cristal y de Baracoa, a veces mitad guerrillas y mitad “comevacas”, que Raúl debió depurar en su invasión con la columna 6. Otro aspecto de la lucha armada de esta época es el alzamiento de la Base Naval de Cienfuegos, el 5 de septiembre de 1957, dirigido por el teniente San Román, que fuera asesinado a raíz del fracaso del golpe. La Base Naval de Cienfuegos no estaba destinada a alzarse sola, ni fue una acción espontánea, era parte de un gran movimiento subterráneo entre las fuerzas armadas, dirigido por un grupo de militares llamados puros (los no maculados con los crímenes de la dictadura) que estaban -hoy se ve claro- penetrados por el imperialismo yanqui. Por algún oscuro motivo, el alzamiento fue pospuesto para otra fecha pero, la Base Naval de Cienfuegos, por no recibir la orden a tiempo o no poder impedirlo ya, resolvió alzarse. En el primer momento dominaron la situación pero cometieron el trágico error de no encaminarse a la Sierra del Escambray, distante sólo algunos minutos de Cienfuegos, cuando tenían dominada toda la ciudad y disponían de los medios para hacerlo con rapidez y formar un sólido frente en la montaña.

Tienen participación activa dirigentes nacionales y locales del 26 de Julio, y el pueblo participa, al menos en el entusiasmo que provoca el alzamiento y algunos tornan las armas. Esto puede haber creado obligaciones morales a los jefes del mismo que les atara más aún a la ciudad conquistada, pero el desarrollo de los acontecimientos sigue una línea lógica en este tipo de golpe que la historia recoge antes y después de él. Juega aquí, evidentemente, un papel importante el poco valor dado por los militares de academia a la lucha guerrillera, la falta de fe en la guerrilla como expresión de la lucha del pueblo. Y fue así cómo los conjurados, pensando probablemente que sin el auxilio de sus compañeros de armas estaban derrotados, decidieron sostener una lucha a muerte en los estrechos límites de una ciudad, de espaldas al mar, hasta ser prácticamente aniquilados por la superioridad del enemigo que movilizó cómodamente sus tropas convergiendo sobre Cienfuegos. El 26 de Julio, participando como asociado sin armas, no hubiera podido cambiar el panorama aunque sus dirigentes vieran claro el resultado final, cosa que tampoco ocurrió. La lección para el futuro es que el poseedor de la fuerza dicta la estrategia.

Las grandes matanzas de civiles, los fracasos repetidos y los asesinatos cometidos por la dictadura en distintos aspectos de la lucha que se han analizado indicaba que la acción guerrillera en terrenos favorables era la expresión más acabada de la técnica de la lucha popular frente a un gobierno despótico y fuerte todavía, y la menos dolorosa para los hijos del pueblo. Mientras nuestras bajas se contaban con los dedos, después del asentamiento de la guerrilla -si bien eran compañeros sobresalientes por su valor y por su decisión en el combate-, en las ciudades también morían los decididos, pero los seguía un gran número de individuos de menor significación revolucionaría y, hasta inocentes de lo imputado, debido a la gran vulnerabilidad frente a la sección represiva.

Al finalizar este primer año de lucha, el panorama era de un alzamiento general en todo el territorio nacional. Se sucedían los sabotajes, que iban desde algunos técnicamente realizados y bien meditados, hasta acciones terroristas banales realizadas al calor de impulsos individuales, dejando un saldo doloroso de muertes inocentes y de sacrificios de los mejores luchadores, sin significar un verdadero provecho a la causa del pueblo.

Nuestra situación militar se consolidaba y era amplio el territorio que ocupábamos. Estábamos en una paz armada con Batista, sus capitanes no subían a la Sierra y nuestras tropas no podían bajar mucho, el cerco se estrechaba todo lo que podía el enemigo, pero nuestras tropas lo burlaban aún.

En el aspecto organizativo, nuestro Ejército Guerrillero había avanzado lo suficiente como para tener, al final del año, organizaciones elementales de acopio, algunos servicios industriales mínimos, hospitales y comunicaciones formadas.

Los problemas del guerrillero eran muy simples, para subsistir individualmente necesitaba comida en pocas cantidades, alguna ropa y algunas medicinas indispensables, para subsistir como guerrilla, es decir, como fuerza armada en lucha, armas y parque, para desarrollarse en el aspecto político, vehículos de propaganda. Para poder asegurar estas necesidades mínimas, era preciso que existiera un aparato de comunicaciones e información.

Al principio, las pequeñas fuerzas guerrilleras, una veintena de hombres, comían una magra ración de alguno de los vegetales de la Sierra, algún caldo de pollo, en los casos de banquete o algún puerco de los campesinos, pagándolo religiosamente. A medida que iban aumentando las guerrillas y los grupos de preguerrilleros que se entrenaban, eran necesarios abastecimientos más copiosos. Los campesinos de la Sierra no tienen animales vacunos, y, en general, toda su dieta ha sido de subsistencia, dependiendo del café para lograr los artículos industriales que necesiten o algunos comestibles imprescindibles, como la sal, que no existe en la Sierra. Como primera medida, ordenamos siembras especiales a algunos campesinos, a los cuales asegurábamos las compras de las cosechas de frijoles, de maíz, de arroz, etc., Y al mismo tiempo, organizábamos con algunos comerciantes de los pueblos aledaños, vías de abastecimiento que permitían llevar a la Sierra la comida y algunos equipos. Se crearon arrías de mulos pertenecientes a las fuerzas guerrilleras.

En cuanto a las medicinas, se obtenían de la ciudad, pero no siempre en la cantidad y calidad requeridas, por lo tanto debíamos mantener también cierta organización para asegurarlas.

Las armas fue difícil lograrlas desde el llano, a las dificultades naturales del aislamiento geográfico, se
agregaban las necesidades de las mismas fuerzas de las ciudades y su renuencia a entregarlas a las fuerzas guerrilleras, duras discusiones tuvo que mantener Fidel para que algunos equipos llegaran. El único cargamento importante que podemos apuntar en este primer año de lucha, fuera del que trajeron los propios combatientes incorporados, fue un remate de las armas utilizadas en el ataque a Palacio que fue transportado con la complicidad de un gran maderero latifundista de la zona, llamado Babún, a quien ya nos hemos referido en estas notas.

El parque escaseaba mucho, lo recibíamos contado y sin la variedad necesaria, pero para nosotros fue imposible organizar fábricas, ni siquiera recargar cartuchos en esta primera época, salvo las balas de revólver 38, que eran recargadas por el armero con un poco de pólvora, y algunos 30-06 que se usaban en los fusiles de cerrojo; ya que en los fusiles semiautómáticos se trababan e impedían su funcionamiento correcto.

En el aspecto de la organización de la vida de los campamentos y las comunicaciones, se establecieron algunas regulaciones sanitarias y en esta época nacieron los hospitales, uno de éstos estaba instalado en la zona bajo mi mando, en un lugar de bastante difícil acceso y que ofrecía relativa seguridad a los heridos, pues era invisible desde el aire, pero el ambiente húmedo del paraje, rodeado de montes, era bastante insalubre para los heridos, o enfermos que allí estaban. Este hospital fue organizado por el compañero Sergio del Valle. Los médicos Martínez Páez, Vanejo y Piti Fajardo, organizaban en la columna de Fidel hospitales similares, pero solamente adquirieron categoría superior en el segundo año de la lucha.

Las necesidades de equipo de la tropa, tales como cartucheras, cananas, mochilas, zapatos, eran cubiertas por una pequeña talabarteria que habíamos desarrollado en nuestra zona (el primer gorro del ejército que salió fue llevado por mí a Fidel, orgullosamente, un tiempo después, pero me montaron una jarana terrible, porque decían que era una gorra de guagüero, palabra cuyo significado no conocía bien hasta ese momento, el único que se mostró clemente conmigo fue un concejal batistiano de Manzanillo que había ido de visita en trámites para pasarse a nuestras fuerzas y que la llevó consigo de recuerdo).

Nuestra creación industrial más importante era una pequeña herrería y armería, donde se arreglaban las armas defectuosas y, al mismo tiempo, se hacían bombas, minas de distinto tipo y el famoso M-26. Las minas se hacían al principio con hojalata y se las llenaba con el material de las bombas que frecuentemente lanzaba la aviación enemiga y no explotaban, estas minas eran muy defectuosas, tenían además un percutor de contacto, por presión sobre un fulminante, que fallaba mucho. Posteriormente un compañero tuvo la idea de usar la bomba completa para ataques mayores, quitándole el fulminante a la misma y poniendo en su lugar una escopeta con un cartucho, el gatillo de la escopeta se balaba con un cordel desde lejos y explotaba. Más adelante, perfeccionamos el sistema, haciendo fundiciones especiales con metal patente y poniéndole fulminantes eléctricos, lo que dio mejores resultados. Aunque nosotros empezamos este desarrollo, el que le dio verdadero impulso fue Fidel y, posteriormente, Raúl en su nuevo centro de operaciones, creando industrias más poderosas que las que existían en este primer año de guerra.

Para la satisfacción de los fumadores de nuestra tropa, teníamos una fábrica de tabacos, que los hacía muy malos, pero sabían a gloria cuando no había otros.

La carnicería de nuestro ejército se abastecía con reses que confiscábamos a chivatos y latifundistas y el reparto era equitativo, parte para la población campesina y parte para nuestras propias fuerzas.

En cuanto a la difusión de nuestras ideas, primero creamos un pequeño periódico llamado El Cubano Libre, en recordación de los héroes de la manigua, del cual salieron tres o cuatro números bajo nuestra dirección para pasar luego a la de Luis Orlando Rodríguez y, posteriormente, Carlos Franqui, que le dio un nuevo impulso. Teníamos un mimeógrafo traído del Llano y con él tirábamos los números.

Al finalizar este primer año de guerra y comenzar el segundo, teníamos una pequeña planta transmisora. Las primeras transmisiones formales se realizaron en los días de febrero del año 1958 y los únicos oyentes que tuvimos fueron Pelencho, un campesino cuyo bohío estaba situado en la loma de enfrente a la planta y Fidel, que estaba de visita en nuestro campamento preparando las condiciones para atacar Pino del Agua, y escuchó la transmisión de nuestro receptor. Paulatinamente fue mejorando la calidad técnica de las emisiones, pasando entonces a la columna 1, siendo una de las estaciones de más “rating” de Cuba, al finalizar la campaña en diciembre del 58.

Todos estos pequeños adelantos, incluyendo algunos equipos, como un torno de un metro de bancada y algunos dinamos que, trabajosamente, habíamos subido a la Sierra para tener luz eléctrica, se debían a nuestras propias anexiones. Frente a las dificultades, tuvimos que ir creando una red propia de comunicaciones e informaciones, en ese aspecto jugaron un papel importante Lidia Doce, en mi columna, y Clodomira en la de Fidel.

La ayuda de aquella época no era solamente de la población de los pueblos aledaños, sino incluso, la burguesía de las ciudades aportaba algunos equipos a la lucha guerrillera. Nuestras líneas de comunicaciones llegaban a los poblados de Contramaestre, Palma, Bueycito. Las Minas de Bueycito, Estrada Palma, Yara, Bayamo. Manzanillo, Guisa, y estos puntos eran utilizados como intermedio para después traerlas a lomo de mulo, por caminos escondidos de la Sierra, hasta nuestras posiciones. A veces, las tropas que se estaban entrenando y no tenían armas todavía, bajaban con algunos de nuestros hombres andados hasta las poblaciones más cercanas, como Yao o las Minas y a tiendas bien abastecidas de la comarca, cargábamos a hombros los abastecimientos hacia nuestros refugios. El único artículo que nunca nos faltó en la Sierra Maestra, o casi nunca, fue el café, a veces tuvimos falta hasta de sal, que es uno de los alimentos más importantes para la vida y cuya virtudes se reconocen plenamente cuando escasea.

Cuando ya nuestra emisora se hizo al aire y se conoció sin lugar a dudas en todo el ámbito de la república, la presencia beligerante de nuestras tropas, fueron aumentando las conexiones y haciéndose más complicadas, llegando incluso a La Habana y Camagüey, donde teníamos centros importantes de aprovisionamiento, por el oeste, y a Santiago por el este.

El servicio de información estaba desarrollado de tal manera que los campesinos de la zona inmediatamente avisaban la presencia, no sólo del ejército, sino de cualquier extraño y podíamos apresarlo fácilmente para investigar su actuación, así fueron eliminados muchos agentes del ejército y chivatos que se infiltraban en la zona para averiguar de nuestra vida y hazañas.

El servicio jurídico empezaba a estructurarse, pero todavía no había sido promulgada ninguna ley de la Sierra.

Tal era nuestra situación organizativa al comenzar el último año de la guerra.

En cuanto a la lucha política, era muy complicada y contradictoria. La dictadura de Batista se desenvolvía con la ayuda de un congreso elegido mediante fraudes de tal tipo que aseguraban una cómoda superioridad al gobierno.

Se podían expresar, cuando no había censura, algunas opiniones disidentes, pero voceros oficiosos u oficiales del régimen llamaban a la concordia nacional con sus voces potentes, transmitidas en cadena para todo el territorio nacional. Con la histérica voz de Otto Meruelo se alternaban las engoladas de los payasos Pardo Llada y Cante Agüero y, este último, en la palabra escrita, repetía los conceptos de la radio, llamando al “hermano Fidel”, a la coexistencia con el régimen batistiano.

Los grupos de oposición eran muy variados y disímiles, aunque la mayoría tenía el denominador común de su disposición de tomar para sí el poder (léase fondos públicos). Esto traía como consecuencia una sórdida lucha intestina para asegurar ese triunfo. Los grupos estaban totalmente penetrados por los agentes de Batista que, en el momento oportuno, denunciaban cualquier acción de alguna envergadura. A pesar del carácter gangsteril y arribista de estas agrupaciones, también tuvieron sus mártires, algunos de reconocida valía nacional, pues el desconcierto era total en la sociedad cubana y hombres honestos y valientes sacrificaban su vida en aras de la regalada existencia de personajes como Prio Socarrás.

El Directorio tomaba el camino de la lucha insurreccional, pero se separaba de nuestro movimiento manteniendo una línea propia; el PSP se unía a nosotros en algunas acciones concretas, pero existían recelos mutuos que impedían la acción común y fundamentalmente el partido de los trabajadores no había visto con suficiente claridad el papel de la guerrilla, ni el papel personal de Fidel en nuestra lucha revolucionaria.

En una discusión fraterna le dije una frase a un dirigente del PSP que él repitiera a otros como expresión de una verdad de aquel momento: “Ustedes son capaces de crear cuadros que se dejen despedazar en la oscuridad de un calabozo, sin decir una palabra, pero no de formar cuadros que tomen por asalto un nido de ametralladora.”

Desde mi punto de vista sectorial de la guerrilla había definido el resultado de un concepto estratégico, la decisión de luchar contra el imperialismo y los desmanes de las clases explotadoras, pero la falta de visión de la posibilidad de tomar el poder.

Después se incorporarían hombres de espíritu guerrillero, pero ya faltaba poco tiempo para el final de la lucha armada y no se sintieron apreciablemente sus efectos.

En el seno de nuestro propio movimiento se movían dos tendencias bastantes acusadas, a las cuales hemos llamado ya la Sierra y el Llano. Diferencias de conceptos estratégicos nos separaban. La Sierra estaba ya segura de poder ir desarrollando la lucha guerrillera; trasladarla a otros lugares y cercar así, desde el campo, a las ciudades de la tiranía, para llegar a hacer explotar todo el aparato del régimen mediante una lucha de estrangulamiento y desgaste. El Llano planteaba una posición aparentemente más revolucionaria, como era la de la lucha armada en todas las ciudades, convergiendo en una huelga general que derribara a Batista y permitiera la toma del poder en poco tiempo.

Esta posición era sólo aparentemente más revolucionaria, porque en aquella época todavía no se había completado el desarrollo político de los compañeros del Llano y sus conceptos de la huelga general eran demasiado estrechos. Huelga general llamada por sorpresa, clandestinamente, sin una preparación política previa y sin una acción de masas, llevaría, el año siguiente, a la derrota del 9 de abril.

Estas dos tendencias tenían representación en la Dirección Nacional del Movimiento, que fue cambiando con el curso de la lucha. En la etapa de preparación, hasta que Fidel partió para México, la Dirección Nacional estaba compuesta por el mismo Fidel, Raúl, Faustino Pérez, Pedro Miret, Ñico López, Armando Hart, Pepe Suárez, Pedro Aguilera, Luis Bonito, Jesús Montané, Melba Hernández y Haydée Santamaría, si mi información no es incorrecta, ya que en esta época mi participación personal fue muy escasa y la documentación que se conserva es bastante pobre.

Posteriormente, por diversas incompatibilidades fueron separándose de la Dirección, Pepe Suárez, Pedro Aguilera y Luis Bonito y, en el transcurso de la preparación de la lucha, entraban en la Dirección Nacional, mientras nosotros estábamos en México, Mario Hidalgo, Aldo Santamaría, Carlos Franqui, Gustavo Arcos y Frank País.

De todos los compañeros que hemos nombrado, llegaban y permanecían en la Sierra, durante este primer año, Fidel y Raúl solamente. Faustino Pérez, expedicionario del Granma, se encargaba de la acción en la ciudad, Pedro Miret era apresado horas antes de salir de México y quedaba allí hasta el año siguiente en que llegaría a Cuba con un cargamento de armas, Ñico López moría en los primeros días del desembarco, Armando Hart estaba preso al finalizar el año que estamos analizando (o principios del siguiente), Jesús Montané era apresado después del desembarco del Granma, al igual que Mario Hidalgo, Melba Hernández y Haydée Santamaría permanecían en la acción de las ciudades, Aldo Santamaría y Carlos Franqui se incorporarían al año siguiente a la lucha en la Sierra pero en 1957 no estaban allí, Gustavo Arcos permanecía en México en contactos políticos y de aprovisionamiento en aquella zona, y Frank País, encargado de la acción en la ciudad de Santiago, moría en julio de 1957.

Después, en la Sierra, se irían incorporando: Celia Sánchez, que permaneció con nosotros todo el año 58, Vilma Espín, que trabajaba en Santiago y acabó la guerra en la columna de Raúl Castro, Marcelo Fernández, coordinador del Movimiento, que reemplazó a Faustino después de la huelga del 9 de abril y solamente estuvo con nosotros algunas semanas, pues su labor era en las poblaciones, René Ramos Latour, encargado de la organización de las milicias del Llano, que subiera a la Sierra después del fracaso del 9 de abril y muriera heroicamente como comandante en las luchas del segundo año de guerra; David Salvador, en cargada del movimiento obrero, al que dio el sello de su acción oportunista y divisionista y que, posteriormente, traicionaría a la Revolución, estando actualmente en la cárcel. Además, se incorporaron tiempo después algunos de los combatientes de la Sierra, como Almeida.

Como se ve, en esta etapa los compañeros del Llano constituían la mayoría y su extracción política, que no había sido influenciada grandemente por el procesa de maduración revolucionario, los inclinaba a cierta acción “civilista”, a cierta oposición al caudillo, que se temía en Fidel, y la fracción “militarista” que representábamos las gentes de la Sierra. Ya apuntaban las divergencias, pero todavía no se habían hecho lo suficientemente fuertes como para provocar las violentas discusiones que caracterizaron el segundo año de la guerra.

Es importante señalar que, el grupo de combatientes que en la Sierra y en el Llano dieran la pelea a la dictadura, supieron mantener opiniones tácticas a veces diametralmente apuestas, sin abandonar por eso el campo insurreccional, profundizando cada vez más su espíritu revolucionario, hasta el momento en que lograda la victoria y luego de las primeras experiencias de la lucha contra el imperialismo se conjugaran todos en una fuerte tendencia partidaria, dirigida indiscutiblemente por Fidel y se uniera luego a los grupos del Directorio y el Partido Socialista Popular, para formar nuestro PURSC. Frente a las presiones externas a nuestro movimiento y a las tendencias de dividirlo o de penetrarlo, siempre presentamos un frente común de lucha y aun los compañeros que en aquel momento vieron con menos perspectiva el cuadro de la Revolución cubana, supieron estar al acecho de los oportunistas.

Cuando Felipe Pazos, invocando el nombre del 26 de Julio, capitalizó para su persona y para intereses de las oligarquías más corrompidas de Cuba los puestos ofrecidos por el Pacto de Miami, en el cual se apuntaba como presidente provisional, todo el Movimiento estuvo fuertemente unido en contra de esta actitud y respaldaron la carta que Fidel Castro enviara a las organizaciones de la lucha contra Batista. Reproducimos íntegramente ese documento por ser realmente histórico; tiene como fecha la de diciembre 14 de 1957 y está manuscrita por Celia Sánchez, ya que las condiciones de aquella época no permitían otro tipo de impresión.
[Verde Olivo, 5 de enero, 1964]

Cuba, diciembre 14 de 1957.
Señores dirigentes del Partido Revolucionario.
Partido del Pueblo Cubano,
Organización Auténtica,
Federación Estudiantil Universitaria,
Directorio Revolucionario y
Directorio Obrero Revolucionario:

Un deber moral, patriótico e incluso histórico, me obliga a dirigirles esta carta, motivado en hechos y circunstancias que nos han embargado profundamente estas semanas, que han sido, además, las más arduas y atareadas desde nuestra llegada a Cuba. Porque fue, precisamente, el miércoles 20 de noviembre, día en que nuestras fuerzas sostuvieron tres combates en el solo término de seis horas y que da idea de los sacrificios y esfuerzos que, sin la menor ayuda por parte de otras organizaciones, realizan aquí nuestros hombres, cuando se recibió en nuestra zona de operaciones la noticia sorpresiva y el documento que contiene las bases públicas y secretas, del Pacto de Unidad, que se dice suscrito en Miami por el Movimiento 26 de julio y esas organizaciones a la que me dirijo. Coincidió la llegada de estos papeles – tal vez por una ironía más del destino, cuando lo que necesitamos son armas- con la más intensa ofensiva que ha lanzado la tiranía contra nosotros. En las condiciones nuestras de lucha las comunicaciones son difíciles. A pesar de todo, ha sido preciso reunir en plena campaña a los líderes de nuestra organización para atender este asunto, donde no sólo el prestigio sino, incluso la razón histórica del 26 de julio se han puesto en juego.

Para quienes están luchando contra un enemigo incomparablemente superior en número y armas y que no han tenido, durante un año entero, otro sostén que la dignidad con que se debe combatir por una causa a la que se ama con sinceridad y la convicción de que vale la pena morir por ella, en el amargo olvido de otros compatriotas que, habiendo tenido todos los medios para hacerlo, le han negado sistemáticamente, por no decir criminalmente, toda ayuda; y han visto tan de cerca el sacrificio diario en su forma más pura y desinteresada y han sentido tantas veces el dolor de ver caer a los mejores compañeros, cuando no se sabe cuál de los que están a nuestro lado van a caer en nuevos e inevitables holocaustos, sin ver siquiera el día del triunfo que son tesón están labrando, sin otra aspiración ni consuelo que la esperanza de sus sacrificios no serán en vano; forzoso es comprender que la noticia de un pacto, amplia e intencionalmente divulgado, que compromete la conducta futura del Movimiento, sin que se haya tenido siquiera la delicadeza, si no ya la obligación elemental, de consultar a sus dirigentes y combatientes, tiene que resultar altamente hiriente e indignante para todos nosotros.

Proceder de manera incorrecta trae siempre las peores consecuencias. Y esto es algo que debieran tener muy presente quienes se consideren aptos para empresa tan ardua como derrocar una tiranía y, lo que es más difícil aún, lograr el reordenamiento del país después de un
proceso revolucionario.

El Movimiento 26 de Julio no designó ni autorizó ninguna delegación para discutir dichas negociaciones. Empero, no habría tenido inconveniente en designarla si se le consulta sobre dicha iniciativa y se habría preocupado de darle instrucciones muy concretas a sus representantes por tratarse de algo tan serio para las actividades presentes y futuras de nuestra organización.

Por el contrario, las noticias que poseíamos acerca de las relaciones con algunos de esos sectores se concretaban a un informe del señor Léster Rodríguez para delegado de asuntos bélicos en el extranjero, con facultades limitadas a esos efectos exclusivamente y que decía lo siguiente: “Con respecto a Prío y al Directorio, te diré que sostuve una serie de entrevistas con ellos para coordinar planes de tipo militar, única y exclusivamente, hasta lograr la formación de un Gobierno Provisional, garantizado y respetado por los tres sectores. Como es lógico, mi proposición fue que se aceptara la carta de la Sierra en la que se exponía que ese gobierno debía formase de acuerdo con la voluntad de las fuerzas cívicas del país. Esto trajo la primera dificultad. Cuando se produjo la conmoción de la huelga general, realizamos una reunión de urgencia. Propuse que se utilizaran todos los efectivos que se tenían de una manera inmediata y que intentáramos decidir el problema de Cuba de una vez. Prío contestó que el no tenía los suficientes efectivos como para realizar una cosa que resultara victoriosa y que aceptar mi planteamiento era una locura.

A todo esto le contesté que cuando él considerara que lo tenía todo listo para zarpar me avisara, para entonces poder hablar de posibles pactos, pero que mientras tanto me hiciera el favor de dejarme trabajar a mí y por tanto a lo que yo represento dentro del Movimiento 26 de Julio con entera independencia. En definitiva, que no existe ningún compromiso con esos señores y creo que en el futuro tampoco es recomendable tenerlo, puesto que en el momento que más falta le hacía a Cuba negaron que poseían el material, que en estos días les han ocupado, y que es de una cuantía tal que mueve a indignación…”

Este informe, que habla por sí solo, confirmaba nuestra sospecha, que de afuera no podíamos esperar los rebeldes ayuda alguna.

Si las organizaciones que ustedes representan hubiesen considerado conveniente discutir bases de unidad con algunos miembros de nuestro Movimiento, dichas bases, tanto mas cuanto que alteraban en lo fundamental los planteamientos suscritos por nosotros en el Manifiesto de la Sierra Maestra , no se podían dar a la publicidad, por ningún concepto, como acuerdos concluidos, sin el conocimiento y la aprobación de la Dirección Nacional del Movimiento. Obrar de otra forma es pactar para la publicidad e invocar fraudulentamente el nombre de nuestra Organización.

Se ha dado el caso insólito de que cuando la Dirección Nacional , que radica clandestinamente en un lugar de Cuba, se disponía, apenas recibidas, a rechazar las bases públicas y privadas que se proponían como fundamentos del pacto, tuvo conocimiento por hojas clandestinas y por la prensa extranjera que habían sido dadas a la publicidad como acuerdo concertado, viéndose ante un hecho consumado en la opinión nacional extranjera y en la alternativa de tener que desmentirlo con la secuela de confusionismo nocivo que ello implicaría o aceptarlo sin haber expuesto siquiera sus puntos de vista.

Y, como es lógico suponer, cuando las bases llegaron a nosotros, en la Sierra, el documento tenía ya muchos días de publicado.

En esta encrucijada, la Dirección Nacional , antes de proceder a desmentir públicamente dichos acuerdos, les planteó a ustedes la necesidad de que fueran desarrollados por la Junta una serie de puntos que recogían los planteamientos del Manifiesto de la Sierra Maestra , mientras convocaba a una reunión en territorio rebelde en la que ha sido valorado el pensamiento de todos sus miembros y adoptado acuerdo unánime al respecto, cuyo contenido inspira este documento.

Naturalmente, que todo acuerdo de unidad tenía que ser forzosamente bien acogido por la opinión pública nacional e internacional; entre otras razones, porque en el, extranjero se ignora la situación real de las fuerzas políticas y revolucionarias que se oponen a Batista, y en Cuba, porque la palabra unidad cobró mucho prestigio en días que, por cierto, la correlación de fuerzas era muy distinta de lo que es hoy y en fin de cuentas porque siempre es positivo aunar todos los esfuerzos, desde los más entusiastas hasta los más tibios.

Pero lo importante para la Revolución no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen.

Concertar dicha unidad sobre bases que no hemos discutido siquiera, suscribirlas con personas que no estaban facultadas para ello y darla a la publicidad sin otro trámite, desde una cómoda ciudad extranjera, colocando al Movimiento en la situación de afrontar la opinión engañada por un pacto fraudulento, es una zancadilla de la peor especie en que no se puede hacer caer a una organización verdaderamente revolucionaria, es un engaño al país, es un engaño al mundo.

Y eso sólo es posible por el simple hecho de que mientras los dirigentes de las demás organizaciones que suscriben ese pacto se encuentran en el extranjero haciendo una revolución imaginaria, los dirigentes del Movimiento 26 de Julio están en Cuba, haciendo una revolución real. Estas líneas, sin embargo, estarían de más; no las habría escrito por muy amargo y humillante que fuese el procedimiento mediante el cual se hay querido mancomunar el Movimiento a dicho pacto, ya que las discrepancias de formas no deben privar nunca sobre lo esencial. Lo habríamos aceptado a pesar de todo por lo que se positivo tiene la unidad, por lo que de útil tienen ciertos proyectos concebidos por la Junta , por la ayuda que se nos ofrece y que realmente necesitamos, si no estuviéramos sencillamente en desacuerdo con algunos puntos esenciales de las bases.

Por muy desesperada que fuese nuestra situación, por muchos miles de soldados que la dictadura, en el esfuerzo que realiza por aniquilarnos, logre movilizar sobre nosotros, y talo vez con más ahínco por todo ello, ya que nunca humilla más una condición onerosa que cuando las circunstancias son apremiantes, jamás aceptaremos el sacrificio de ciertos principios que son cardinales y nuestro modo de concebir la Revolución Cubana.

Y esos principios están contenidos en el Manifiesto de la Sierra Maestra.

Suprimir en el documento de unidad la declaración expresa de que se rechace todo tipo de intervención extranjera en los asuntos internos de Cuba es de una evidente tibieza patriótica y una cobardía que se denuncia por sí sola.

Declarar que somos contrarios a la intervención no es sólo pedir que no se haga a favor de la revolución, porque ello iría en menoscabo de nuestra soberanía e incluso en menoscabo de un principio que afecta a todos los pueblos de América: es pedir también que no se intervenga a favor de la dictadura enviándole aviones, bombas, tanques y armas modernas con las cuales se sostiene en el poder, y que nadie como nosotros, y sobre todo la población campesina de La Sierra ha sufrido en sus propias carnes. En fin, porque lograr que no se intervenga es ya derrocar a la tiranía. ¿Es que vamos a ser tan cobardes que no vayamos a demandar siquiera la no intervención a favor de Batista? ¿O tan insinceros que la estemos solicitando bajo cuerda para que nos saquen las castañas del fuego? ¿O tan mediocres que no nos atrevamos a pronunciar una palabra a ese respecto? ¿Cómo, entonces, titularnos revolucionarios y suscribir un documento de unidad con ínfulas de acontecimiento histórico? En el documento de unidad se suprime la declaración expresa de que se rechaza todo tipo de Junta Militar para gobernar provisionalmente la República.

Lo más nefasto que pudiera sobrevenir a la nación en estos instantes, por cuanto estaría acompañada de la ilusión engañosa de que el problema de Cuba se ha resuelto con la ausencia del dictador, es la sustitución de Batista por una Junta Militar. Y algunos civiles de la peor ralea, cómplices, incluso, del 10 de Marzo y hoy divorciados de él, tal vez, si por más tanquistas y ambiciosos todavía, están pensando en esas soluciones que sólo verían con agrado los enemigos del progreso del país.

Si la experiencia ha demostrado en América que todas las Juntas Militares derivan de nuevo hacia la autocracia; si el peor de los males que han azotado este continente es el enraizamiento de las castas militares en países con menos guerras que Suiza y más generales que Prusia; si una de las legítimas aspiraciones de nuestro pueblo en esta hora crucial, en que se salva o se hunde por muchos años su destino democrático y republicano, es guardar, como el legado más precioso de sus libertadores, la tradición civilista que se inició en la misma gesta emancipadora y se rompería el mismo día que una junta de uniforme presidiera la República , (lo que no intentaron jamás ni los más gloriosos generales de nuestra independencia en la guerra ni en la paz). ¿Hasta qué punto vamos a renunciar a todo, que por miedo a herir susceptibilidades, más imaginarias que reales en los militares honestos que puedan secundarnos vayamos a suprimir tan importante declaración de principios? ¿Es que no se comprende que una definición oportuna podría conjurar a tiempo el peligro de una junta militar que no serviría más que para perpetuar la guerra civil? Pues bien: no vacilamos en declarar que si una Junta Militar sustituye a Batista, el Movimiento 26 de Julio seguirá resueltamente su campaña de liberación. Preferible es luchar más hoy a caer mañana en nuevos e infranqueables abismos. Ni junta militar, ni gobierno títere juguete de militares. “Los civiles a gobernar con decencia, honradez; los soldados a sus cuarteles. Y cada cual a cumplir con su deber!”

¿O es que estamos esperando por los generales del 10 de marzo a quienes Batista gustosamente cedería el poder cuando lo considere insostenible como el modo más viable de garantizar el tránsito con el menor daño a sus intereses y a los de su camarilla? ¿Hasta qué punto la imprevisión, la ausencia de elevadas proyecciones, la falta de verdaderos deseos de lucha, puede cegar a los políticos cubanos?

Si no hay fe en el pueblo, si no se confía en sus grandes reservas de energía y de lucha, no hay derecho a poner las manos sobre su destino para torcerlo y desviarlo, en los instantes más heroicos y prometedores de su vida republicana. Que no se inmiscuyan los procedimientos de la mano política en el proceso revolucionario, ni sus ambiciones pueriles, ni sus afanes de encubrimiento personal, ni su reparto previo del botín, que en Cuba están cayendo los hombres por algo mejor. ¡Háganse revolucionarios los políticos, si así lo desean; pero no conviertan la Revolución en política bastarda, que es mucha la sangre y muy grandes los sacrificios de nuestro pueblo en esta hora para merecer tan ingrata frustración futura!.

Aparte de estos dos principios fundamentales omitidos en el documento de Unidad, estamos totalmente en desacuerdo con otros aspectos del mismo.

Aún aceptando el inciso B, de la base secreta número 2, relativa a las facultades de la Junta de Liberación, que dice: “Nombrar el Presidente de la República que deberá ejercer el cargo en el gobierno provisional”, no podemos aceptar el inciso C, de esa misma base, que incluye entre dichas facultades: “aprobar o desaprobar, en forma global, el gabinete que nombre el Presidente de la República , así como los cambios en el mismo en casos de crisis total o parcial”.

¿Cómo se concibe que la atribución del Presidente para designar y sustituir a sus colaboradores quede sujeta a la aprobación o no de un organismo extraño a los poderes del Estado? No es claro que integrada dicha junta por representantes de sectores y partidos distintos, y por tanto de distintos intereses, la designación de los miembros del gabinete se convertiría en un reparto de posiciones como único medio de llegar a acuerdo en cada caso. ¿Es posible la aceptación de una base que implique el establecimiento de dos ejecutivos dentro del Estado? La única garantía que todos los sectores del país deben exigir del Gobierno Provisional es el ajuste de su misión a un programa mínimo determinado e imparcialidad política como moderador en la etapa de tránsito a la completa normalidad constitucional.

Pretender inmiscuirse en la designación de cada ministro lleva implícita la aspiración al control de la Administración Pública para ponerla al servicio de los intereses políticos, explicable en partidos u organizaciones que por carecer de respaldo de masas dentro de los cánones de la política tradicional, pero que está reñida con los altos fines revolucionarios y políticos que persigue para la República el Movimiento 26 de Julio.

La sola presencia de bases secretas que no se refieran a cuestiones de organización para la lucha o planes de acción y si a cuestiones que tanto interesan a la nación como es la estructuración del futuro gobierno y deben por tanto proclamarse públicamente, es de por si inaceptable. Martí dijo, que en la Revolución, los métodos son secretos, pero los fines deben ser siempre públicos.

Otro punto que resulta igualmente inadmisible para el Movimiento 26 de Julio, es la base secreta número 8, que dice textualmente: “Las fuerzas revolucionarias se incorporaran a los institutos armados regulares de la República, con sus armas”.

En primer término, ¿qué se entiende por fuerza revolucionaria? ¿Es que pude dársele carné de policía, marino o soldado, a cuantos se presenten a última hora con un arma en la mano? ¿Es que puede dársele uniforme e investir agentes de autoridad a los que tienen hoy las armas escondidas para sacarlas a relucir el día del triunfo y se cruzan de brazos mientras un puñado de compatriotas se bate contra todas las fuerzas de la tiranía? ¿Es que vamos a darle cabida en un documento revolucionario al germen mismo del gangsterismo y la anarquía que fueron escarnio de la República en días no muy lejanos?

La experiencia, en el territorio dominado por nuestras fuerzas nos ha enseñado que el mantenimiento del orden público es cuestión capital para el país. Los hechos nos han demostrado que tan pronto se suprime el orden existente, una serie de trabas se desatan y la delincuencia, si no es frenada a tiempo, germina por doquier. La aplicación oportuna de medidas severas, con pleno beneplácito público, puso fin al brote de bandolerismo. Los vecinos, acostumbrados antes, a ver en el agente de la autoridad un enemigo del pueblo apañaban con sentido hospitalario, al perseguido o prófugo de la justicia. Hoy, que ve en nuestros soldados los defensores de sus intereses, reina el orden más completo y sus mejores guardianes son los propios ciudadanos.

La anarquía es el peor enemigo de un proceso revolucionario. Combatirla desde ahora es una necesidad fundamental. Quien no quiera comprenderlo es porque no le preocupa el destino de la Revolución, y es lógico que no le preocupe a los que no se han sacrificado por ella.

El país debe saber que habrá justicia, pero del más estricto orden y que el crimen será castigado, venga de donde viniese.

El Movimiento 26 de Julio, reclama para sí la función de mantener el orden público y reorganizar los Institutos Armados de la República.

1ro. Porque es la única organización que posee milicias organizadas disciplinadamente en todo el país y un ejército en campaña con veinte victorias sobre el enemigo.

2do. Porque nuestros combatientes han demostrado un espíritu de caballerosidad ausente de todo odio contra los militares, respetando invariablemente la vida de los prisioneros, curando a sus heridos en combates, no torturando jamás un adversario ni aun sabiéndolo en posesión de informes importantes y han mantenido esta conducta de guerra con una ecuanimidad que no tiene precedentes.

3ro. Porque a los Institutos Armados hay que impregnarlo de ese espíritu de justicia e hidalguía que el Movimiento 26 de Julio ha sembrado en sus propios soldados.

4to. Porque la serenidad con que hemos actuado en esta lucha es la mejor garantía de que los militares honorables nada tienen que temer de la Revolución , ni habrán de pagar las culpas de los que con sus hechos y crímenes han cubierto de oprobio el uniforme militar. Hay todavía algunos aspectos difíciles de comprender en el Documento de Unidad. ¿Cómo es posible llegarse a un acuerdo sin una estrategia definida de lucha? ¿Continúan los Auténticos pensando en el “pustch” en la Capital ? ¿Continuarán acumulando armas y más armas que, tarde o temprano caen en manos de la policía, antes que entregarlas a los que están combatiendo? ¿Han aceptado, al fin, la tesis de huelga general sostenida por el Movimiento 26 de Julio?

Ha habido además, a nuestro entender, una lamentable subestimación de la importancia que desde el punto de vista militar tiene la lucha de Oriente. En la Sierra Maestra no se libra en estos instantes una guerra de guerrillas, sino una guerra de columnas. Nuestras fuerzas, inferiores en número y equipo, aprovechan hasta el máximo las ventajas del terreno, la vigilancia permanente sobre el enemigo y la mayor rapidez en los movimientos. De más está decir que el factor moral cobra en esta lucha una singular importancia. Los resultados han sido asombrosos y algún día se conocerán en todos sus detalles.

La población entera está sublevada. Si hubiesen armas, nuestros destacamentos no tendrían que cuidar ninguna zona. Los campesinos no permitirían pasar un solo enemigo. Las derrotas de la tiranía que se obstina en mandar numerosas fuerzas, podrían ser desastrosas. Todo cuanto les diga de cómo se ha despertado el valor en este pueblo sería poco. La dictadura toma represalias bárbaras. Los asesinatos en masa de campesinos no tienen nada que envidiar a las matanzas que perpetraban los nazis en cualquier país de Europa. Cada derrota se la cobran a la población indefensa. Los partes del Estado Mayor anunciando bajas rebeldes son precedidos siempre de alguna masacre. Eso ha llevado al pueblo a un estado de rebeldía absoluto. Lo que ha dolido, lo que ha hecho sangrar el alma muchas veces, es pensar que nadie le ha enviado a ese pueblo un solo fusil, que mientras aquí los campesinos ven incendiadas sus casas y asesinadas sus familias, implorando fusiles desesperadamente, hay en Cuba armas escondidas que no se empleen ni para tirar a un miserable esbirro y esperan a que la policía la recoja, o la tiranía caiga, o los rebeldes sean exterminados.

No puede haber sido más innoble el proceder de muchos compatriotas. Aún hoy es tiempo de rectificar y ayudar a los que luchan. Para nosotros, desde el punto de vista personal, carece de importancia. Nadie se moleste en pensar que habla el interés o el orgullo. Nuestro destino está sellado y ninguna incertidumbre nos angustia: o morimos aquí hasta el último rebelde y perecerá en las ciudades toda la generación joven, o triunfamos contra los más increíbles obstáculos. Para nosotros no hay derrota posible. El año de sacrificios y heroísmo que han resistido nuestros hombres ya no lo puede borrar nada; nuestras victorias están ahí y tampoco podrán borrarse fácilmente. Nuestros hombres, más firmes que nunca, sabrán combatir hasta la última gota de sangre.

La derrota será para los que nos han negado toda ayuda; para los que, comprometidos en su juicio con nosotros, nos dejaron solos; para los que, faltos de fe en loa dignidad y el ideal, gastaron su tiempo y su prestigio en tratos vergonzosos con el despotismo trujillista; para los que teniendo armas las escondieron cobardemente en la hora de la lucha. Los engañados son ellos y no nosotros.

Una cosa podemos afirmar con seguridad: si hubiéramos visto a otros cubanos combatiendo por la libertad, perseguidos y a punto de ser exterminados; si los hubiéramos visto día a día sin rendirse ni cejar en el empeño, no habríamos vacilado un minuto en acudir y morir si fuera preciso junto a ellos. Porque somos cubanos y los cubanos no permanecen impasibles ni cuando se lucha por la libertad en cualquier otro país de América.

¿Qué los dominicanos se reúnen en un islote para liberar su pueblo? Por cada dominicano llegan diez cubanos. ¿Qué los secuaces de Somoza invaden Costa Rica? Allá corren los cubanos a luchar. ¿Cómo ahora, que en su propia patria se está librando por la libertad la más recia batalla, hay cubanos en el exilio, expulsados de su patria por la tiranía, que le niegan su ayuda a los cubanos que combaten?

¿O es que para ayudarnos nos exigen condiciones leoninas? ¿Es que para ayudarnos tenemos que ofrecer la República convertida en Botín? La dirección de la lucha contra la tiranía está y seguirá estando en Cuba y en manos de los combatientes revolucionarios. Quienes quieran en el presente y en el futuro que se les considere Jefes de la Revolución deben estar en el país afrontando directamente las responsabilidades, riesgos y sacrificios que demanda el minuto cubano.

El exilio debe cooperar a esa lucha, pero resulta absurdo que se nos pretenda decir desde afuera qué pico debemos tomar, qué caña podemos quemar, qué sabotaje hemos de realizar o en qué momento, circunstancia y forma podemos desencadenar la huelga general. Ello, además de absurdo, resulta ridículo. Ayúdese desde el extranjero recogiendo dinero entre los exiliados y emigrados cubanos, haciendo campaña por la causa de Cuba en la prensa y a la opinión pública; denúnciense desde allá los crímenes que aquí estamos sufriendo, pero no se pretenda dirigir desde Miami una Revolución que se está haciendo, en todas las ciudades y campos de la isla, en medio del combate, la agitación, el sabotaje, la huelga y las mil formas más de acción revolucionaria que ha precisado la estrategia de lucha del Movimiento 26 de Julio.

La Dirección Nacional está dispuesta, y así lo ha precisado más de una vez, a hablar en Cuba con los dirigentes de cualquier organización oposicionista para coordinar planes específicos y producir hechos concretos que se estimen útiles al derrocamiento de la tiranía.

La huelga general se llevará a cabo por loa efectiva coordinación de los esfuerzos del Movimiento de Resistencia Cívica, el Frente Obrero Nacional y de cualquier sector equidistante del partidarismo político y en íntimo contacto con el Movimiento 26 de Julio, por ser hasta el momento la única organización oposicionista que combate en todo el país.

La Sección Obrera del 26 de Julio está yendo a la organización de los comités de huelga en cada centro de trabajo y sector de industria, con los elementos oposicionista de todas las militancias que en los mismos estén dispuestos al paro y ofrezcan garantía moral de que lo van a llevar a cabo. La organización de estos comités de huelga integrará el Frente Obrero Nacional, que será la única representación del proletariado que el 26 de Julio reconocerá como legítima.

El derrocamiento del dictador lleva en sí el desplazamiento del Congreso espurio, de los dirigentes de la CTC y de todos los alcaldes, gobernadores y demás funcionarios que, directa o indirectamente se hayan apoyado para escalar el cargo en las supuestas elecciones del primero de noviembre de 1954 o en el golpe militar del 10 de marzo de 1952. Lleva en sí también la inmediata libertad de los presos y detenidos políticos, civiles y militares, así como el encauzamiento de todos los que tengan complicidad con el crimen, la arbitrariedad y la misma tiranía.

El nuevo gobierno se regirá por la Constitución de 1940 y asegurará todos los derechos que ella reconoce y será equidistante de todo partidarismo político.

El Ejecutivo asumirá las funciones legislativas que la Constitución atribuye al Congreso de la república, y tendrá por principal deber conducir Al país a elecciones generales, de acuerdo con el Código electoral de 1943 y la Constitución de 1940, y desarrollar el programa mínimo de diez puntos expuestos en el manifiesto de la Sierra Maestra.

Se declara disuelto el actual Tribunal Supremo por haber sido impotente para resolver la situación anti-jurídica creada por el golpe de Estado, sin prejuicio de que posteriormente se designen algunos de sus actuales miembros, siempre que hayan defendido los principios constitucionales o mantenidos una firme actitud frente al crimen, la arbitrariedad y el abuso de estos años de tiranía.

El Presidente de la República decidirá sobre la forma de constituir el nuevo Tribunal Supremo, y éste a su vez, procederá a reorganizar todos los tribunales y las instituciones autónomas, separando de sus funciones a todos aquellos que considere haya tenido manifiesta complicidad con la tiranía, sin perjuicios de remitirlos a los tribunales en los casos a que proceda. La designación de los nuevos funcionarios se hará de acuerdo con lo que en cada caso determine la ley.

Los partidos políticos sólo tendrán un derecho en la provisionalidad: la libertad para defender ante el pueblo su programa, para movilizar y organizar a la ciudadanía dentro del amplio marco de la Constitución y para concurrir a loas elecciones generales que se convoquen.

En el Manifiesto de la Sierra Maestra se planteó desde entonces la necesidad de designar la persona llamada a ocupar la Presidencia de la república, exponiendo nuestro Movimiento su criterio de que la misma debía de ser seleccionada por el Conjunto de Instituciones Cívicas. Como quiera que a pesar de haber transcurrido cinco meses ese trámite no se ha cubierto todavía y es más urgente que nunca darle al país la respuesta a la pregunta de quién sucederá al dictador, y no es posible esperar un día más sin dar satisfacción a esta interrogante nacional, el Movimiento 26 de Julio se la contesta y la presenta ante el pueblo como loa única fórmula posible para garantizar loa legalidad y el desarrollo de las anteriores bases de la unidad y del propio Gobierno provisional. Esta figura debe ser el digno Magistrado de la Audiencia de Oriente, doctor Manuel Urrutia Lleó. No somos nosotros, sino su propia conducta, quien lo indica y esperamos que no le niegue este servicio a la República.

Las razones que lo señalan por sí solas son las siguientes:

1. Ha sido el funcionario judicial que más alto ha puesto el nombre de la Constitución cuando declaró en los estrados del tribunal en la causa por los expedicionarios del Granma, que organizar una fuerza armada contra el régimen no era delito, sino perfectamente lícito de acuerdo con el espíritu y la letra de la Constitución y la Ley , gesto sin precedente en un magistrado, en la historia de nuestras luchas por la libertad.

2. Su vida consagrada a la recta administración de justicia es garantía de que tiene la suficiente preparación y carácter para servir de equilibrio a todos los intereses legítimos en los momentos que la tiranía sea derrocada por la acción del pueblo.

3. Porque nadie como el Dr. Manuel Urrutia para ser equidistante de partidarismo, ya que no pertenece a ninguna agrupación política, precisamente por su condición de funcionario judicial. Y no hay otro ciudadano de su prestigio que fuera de toda militancia se haya identificado tanto con la causa revolucionaria.

Además por su condición de magistrado, es la fórmula que más se acerca a la Constitucionalidad.

Si se rechazan nuestras condiciones, las condiciones desinteresadas de una organización a la que ninguna otra aventaja en sacrificios, a la que no se consultó siquiera para invocar su nombre en un manifiesto de unidad que no suscribió, seguiremos solos la lucha como hasta hoy, sin más armas que las que arrebatamos al enemigo en cada combate, sin más ayuda que la del pueblo sufrido, sin más sostén que nuestros ideales.

Porque en definitiva: ha sido sólo el Movimiento 26 de Julio quien ha estado y está realizando acciones en todo el país; han sido sólo los militantes del 26 de Julio quienes trasladaron la rebeldía de las agrestes montañas de Oriente a las provincias occidentales del país; son únicamente los militantes del 26 de Julio quienes llevaron a cabo el sabotaje, ajusticiamiento de esbirros, quemas de caña y demás acciones revolucionarias; ha sido el Movimiento 26 de Julio quien pudo organizar revolucionariamente a los obreros en toda la nación; es sólo también el 26 de Julio el único sector que cooperó a la organización del Movimiento de Resistencia Cívica, donde hoy se aglutinan los sectores cívicos de casi todas las localidades de Cuba.

Decir todo esto habrá quien lo entienda una arrogancia, pero es que además ha sido sólo el Movimiento 26 de Julio quien ha declarado que no quiere participación en el Gobierno Provisional y que pone toda su fuerza moral y material a disposición del ciudadano idóneo para presidir la provisionalidad necesaria.

Entiéndase bien que nosotros hemos renunciado a posiciones burocráticas o participación en el Gobierno; pero sépase de una vez por todas que la militancia del 26 de Julio no renuncia ni renunciará jamás a orientar y dirigir al pueblo desde la clandestinidad; desde la Sierra Maestra o desde las tumbas donde están mandando nuestros muertos.

Y no renunciamos porque no somos nosotros, sino toda una generación que tiene el compromiso moral con el pueblo de Cuba de resolver sustancialmente sus grandes problemas.

Y solos sabemos vencer o morir. Que nunca será la lucha más dura que cuando éramos solamente doce hombres, cuando no teníamos un pueblo organizado y aguerrido en toda la Sierra , cuando no teníamos como hoy una organización poderosa y disciplinada en todo el país, cuando no contábamos con el formidable respaldo de masas evidenciado con la muerte de nuestro inolvidable Frank País.

Que para caer con dignidad no hace falta compañía.

Fidel Castro Ruz,
Sierra Maestra, Dic. 14 de 1957.

 

 

Pino del Agua II

 

Al iniciarse el año 1958 se había producido cierta tregua entre nuestras fuerzas y las tropas batistianas. Se sucedían, sin embargo, los partes del ejército en los cuales se hablaba un día de 8, otro de 23 bajas rebeldes; por supuesto, sin sufrir ellos ninguna; esta era precisamente la técnica que dominaba, sobre todo en la zona en que operaba mi columna, donde Sánchez Mosquera se dedicaba a imaginarias batallas contra las fuerzas rebeldes, asesinando campesinos con cuyos cadáveres nutría su hoja de servicios.

En los últimos días de enero se levantaba la censura y los periódicos, por última vez hasta que acabó la guerra, publicaban algunas noticias. El ambiente gubernamental respiraba aires de tregua. Ramírez León, legislador batistiano, hacía un viaje más o menos espontáneo acompañado de un concejal de Manzanillo, Lalo Roca, y de un periodista español del París Match, Meneses, que hiciera una serie de entrevistas en la Sierra.

Se publicaban en Estados Unidos extensas declaraciones sobre la denuncia del pacto de Miami hecho por el Comité del 26 de Julio en el exilio que tenía como presidente a Mario Llerena, y como tesorero a Raúl Chibás. (Estos comisionados encontraron tan saludable su trabajo en aquella zona del mundo que, aparentemente, la han fijado como residencia habitual en los momentos actuales y, quizás, tengan profesiones similares a las de la época de la guerra de liberación, cuando parecían personas honestas).

Las entrevistas con Meneses, que se publicaron en la revista Bohemia, tuvieron su repercusión también en el mundo entero, pero internamente fue interesante la polémica sostenida entre Masferrer y Ramírez León, en esos fugaces días en que la prensa habanera publicaba algunas noticias.

La censura se había levantado en cinco de las seis provincias. Oriente seguía con las garantías constitucionales suprimidas y con censura.

A mediados de enero era presentado ante los periodistas un grupo de militantes del 26 de Julio que había sido tomado prisionero al bajar de la Sierra; Armando Hart, Javier Pazos, Luis Buch y el guía llamado Eulalio Vallejo. Tiene algún interés esta noticia, a pesar de que todos los días caían compañeros presos y muchas veces eran asesinados, porque es un índice de la polémica que ya existía más o menos abierta entre las dos partes del 26 de Julio. Frente a una carta, bastante idiota, que yo le había enviado al compañero René Ramos Latour, este me contestó, pero además circuló una copia de mi hoja; Ármando Hart me escribió una nota polémica y pensaba mandármela desde la Sierra, donde fue a ver a Fidel, pero este razonó que esa carta provocaría una nueva contestación, la que a su vez, provocaría otra, hasta que en un momento dado podía caer alguna en manos del enemigo, lo que no nos haría ningún favor. Armandito, disciplinadamente, cumplió la orden, pero olvidó la nota en uno de sus bolsillos y, cuando fuera apresado, la tenía encima.

La vida de Armando Hart y de sus compañeros estuvo pendiente de un hilo durante el curso de los días en que estuvieron presos e incomunicados. La embajada yanki se movilizó para averiguar el origen de esta controversia. A través de toda una serie de términos que se expresaban en las argumentaciones respectivas, el enemigo intuyó algo y paró la oreja.

Independientemente del incidente anotado, Fidel consideró que era importante dar un golpe de resonancia, aprovechando el levantamiento de la censura y nos preparábamos para ello.

El punto elegido era nuevamente Pino del Agua. Una vez lo habíamos atacado con buen éxito y desde ese momento, Pino del Agua estaba ocupado por el enemigo. Aun cuando las tropas no se movían mucho, su particular posición en la cresta de la Maestra hacía que hubiera que dar largos rodeos y que siempre fuera peligroso el tráfico cerca de la zona, de manera que la supresión de Pino del Agua como punto avanzado del ejército podría ser de mucha importancia estratégica y, dadas las condiciones de la prensa en el país, de resonancia nacional.

Desde los primeros días de febrero, empezaron los preparativos febriles y las investigaciones de la zona, en las cuales tomaron parte fundamental por ser vecinos de allí, Roberto Ruiz y Félix Tamayo, ambos oficiales de nuestro ejército en la actualidad. Además, incrementábamos los preparativos de nuestra última arma, a la que atribuimos una importancia excepcional, el M-26, también llamado Sputnik, una pequeña bombita de hojalata que primeramente se arrojaba mediante un complicado aparato, una especie de catapulta confeccionada con ligas de un fusil de pesca submarina. Más tarde fue perfeccionado hasta lograr impulsarlo por un disparo de fusil, con bala de salva, que hacía ir más lejos el artefacto.

Estas bombitas hacían mucho ruido, realmente asustaban, pero, dado que solamente tenían una coraza de hojalata, su poder mortífero era exiguo y solo inferían pequeñas heridas cuando explotaban cerca de algún soldado enemigo; sin contar con que era muy difícil hacer coincidir perfectamente, desde el momento en que se encendía la mecha, la trayectoria en el aire y su explosión al caer. Por efecto del impacto al ser despedida solía desprenderse la mecha y la bombita no explotaba, cayendo intacta en poder del enemigo. Cuando este conoció su funcionamiento le perdió el miedo; en ese primer combate tuvo su efecto sicológico.

Con bastante minuciosidad se prepararon las cosas, el ataque tuvo lugar el día 16 de febrero, el parte de nuestro ejército que saliera en El Cubano Libre y que aquí reproducimos es una síntesis bastante exacta de lo que sucedió.

El plan estratégico era muy simple: Fidel, sabiendo que había una compañía entera en el aserrío, no tenía confianza en que nuestras tropas pudieran tomarlo; lo que se pretendía era atacarlo, liquidar sus postas, cercarlo y esperar a los refuerzos, pues ya sabíamos bien que las tropas que van en camino son mucho más hábiles que las que están acantonadas. Se establecieron las distintas emboscadas de las cuales esperábamos tener resultados grandes. En cada una pusimos el número de hombres equivalente a la probabilidad de que por allí viniera el enemigo.

El ataque fue dirigido personalmente por Fidel, cuyo Estado Mayor estaba directamente a la vista del aserrío, en una loma situada al norte y de la que se dominaba perfectamente el objetivo. En el mapa No. 2 se puede apreciar el plan de acción; Camilo debía avanzar por el camino que viene de Uvero pasando por la Bayamesa; sus tropas, que constituían el pelotón de vanguardia de la columna 4, debían tomar las postas, avanzar hasta donde lo permitiera el terreno y ahí mantenerse. La huida de los guardias era impedida por el pelotón del capitán Raúl Castro Mercader, situado a la vera del camino que conduce a Bayamo y, en el caso de que trataran de ganar el río Peladero, el capitán Guillermo García con unos 25 hombres los esperaba.

Al iniciarse el fuego entraría en función nuestro mortero, que tenía exactamente seis granadas y estaba manejado por Quiala; luego comenzaría el asedio. Había una emboscada dirigida por el teniente Vilo Acuña, en la loma de la Virgen, destinada a interceptar las tropas que vinieran de Uvero y, más alejado hacia el norte, esperando las tropas que vinieran de Yao por Vega de los Jobos, estaba Lalo Sardiñas con algunos escopeteros.

En esta emboscada se probó por primera vez un tipo especial de mina, cuyo resultado no fue nada halagüeño. El compañero Antonio Estévez (muerto más tarde durante un ataque a Bayamo), había ideado el sistema de hacer explotar una bomba de aviación íntegra, usando un escopetazo como detonador, e instalamos el artefacto previendo que el ejército avanzara por esa zona en la que teníamos tan poca fuerza. Hubo una lamentable equivocación; el compañero encargado de anunciar la llegada del enemigo, muy inexperto y muy nervioso, dio el aviso en el momento en que subía un camión civil; la mina funcionó y su conductor resultó la víctima inocente de esta nueva arma de destrucción que, después de desarrollada, sería tan eficaz.

En la madrugada del día 16, Camilo avanzó para tomar las postas, pero nuestros guías no habían previsto que los guardias se retiraban durante la noche hasta muy cerca del campamento, de manera que tardaron bastante en empezar el ataque; creían haberse equivocado de lugar y cada paso lo iban dando con mucho cuidado, sin percatarse de cuál había sido la maniobra. Caminar los 500 metros existentes entre ambos emplazamientos le demoró a Camilo no menos de una hora, avanzando con sus 20 hombres en fila india.

Al final llegaron al caserío; los guardias habían instalado un sistema elemental de alarma consistente en unos hilos a ras del suelo que tenían amarradas unas latas, las que sonaban al pisarlas o tocar el hilo pero, al mismo tiempo, habían dejado algunos caballos pastando, de manera que cuando la vanguardia de la columna tropezara con la alarma, se confundiera con el ruido de los caballos. Así Camilo pudo llegar prácticamente hasta donde estaban los soldados.

Del otro lado, nuestra vigilia era angustiada por las horas que pasaban sin comenzar el tan esperado ataque; por fin se oyó el primer disparo que marcaba el inicio del combate, empezando nuestro bombardeo con los 6 morteros, el que muy pronto finalizaba sin pena ni gloria.

Los guardias habían visto u oído a los primeros atacantes empezar el ataque; y con la ráfaga que inició el combate hirieron al compañero Guevara, muerto después en nuestros hospitales. En pocos minutos las fuerzas de Camilo habían arrasado con la resistencia, tomando 11 armas, entre ellas dos fusiles ametralladoras y tres guardias prisioneros, además de hacer 7 u 8 muertos, pero inmediatamente se organizó la resistencia en el cuartel y fueron detenidos nuestros ataques.

En sucesión, los tenientes Noda y Capote, y el combatiente Raimundo Lien, morían en el intento de seguir avanzando, Camilo era herido en un muslo y Virelles, que era el encargado de manejar la ametralladora, tuvo que retirarse, dejándola abandonada. A pesar de su herida, Camilo volvió a tirarse para tratar de salvar el arma, ya en las primeras luces de la madrugada y en medio de un fuego infernal; volvió a ser herido, con tan buena suerte que la bala le penetró en el abdomen saliendo por el costado sin interesar ningún órgano vital. Mientras salvaron a Camilo, perdiéndose la ametralladora, otro compañero, de nombre Luis Macías, era herido y se arrastraba entre las matas hacia el lugar opuesto a la retirada de sus compañeros, encontrando allí la muerte. Algunos combatientes aislados, desde posiciones cercanas al cuartel, lo bombardeaban con los sputniks o M-26, sembrando la confusión entre los soldados; Guillermo García no pudo intervenir para nada en este combate, ya que nunca los guardias hicieron tentativas de salir de su refugio y, como se preveía, inmediatamente hicieron un llamado de auxilio por radio.

Ya a media mañana la situación era de calma en toda la zona, pero desde nuestras posiciones, en el Estado Mayor, oíamos unos gritos que nos llenaban de angustia y que decían más o menos: “Ahí va la ametralladora de Camilo”, mientras tiraban una ráfaga; junto con la ametralladora trípode perdida, Camilo había dejado su gorra que tenía el nombre inscrito en la parte trasera y los guardias se mofaban de nosotros en esa forma. Intuíamos que algo había pasado, pero no se pudo hacer contacto durante todo el día con las tropas instaladas al otro lado, mientras Camilo, atendido por Sergio del Valle, se negaba a retirarse y quedaban allí a la expectativa.

Las predicciones de Fidel se cumplían: desde el Oro de Guisa, la compañía mandada por el capitán Sierra, enviaba su punta de vanguardia para que llegara a explorar lo que sucedía en Pino del Agua; la estaba esperando el pelotón completo de Paco Cabrera, unos 30 o 35 hombres apostados en la forma en que se ve en el mapa 3, al lado del camino, en la loma llamada del Cable, precisamente porque hay un cable, con el cual se ayuda a subir a los vehículos la difícil altura. Estaban instaladas nuestras escuadras al mando de los tenientes Suñol, Álamo, Reyes y William Rodríguez; Paco Cabrera, estaba allí también como jefe del pelotón, pero quienes estaban encargados de detener a la punta de vanguardia eran Paz y Duque, de frente al camino. La pequeña fuerza enemiga avanzó y fue destruida totalmente; 11 muertos, 5 prisioneros heridos, que se curaron en una casa y se dejaron allí, el 2do. teniente Laferté, hoy con nosotros, fue tomado prisionero; se ocuparon 12 fusiles, entre ellos dos M-1 y un fusil ametralladora, además de un Jonhson.

Uno o dos soldados que pudieron huir llegaron con la noticia al Oro de Guisa. Al recibir esta nueva, la gente de Oro de Guisa debe haber pedido auxilio, pero entre Guisa y el Oro de Guisa estaba, precisamente, apostado Raúl Castro con todas sus fuerzas, pues era el punto donde presumíamos que más posibilidades ofrecía de que llegaran los guardias en auxilio de los atacados en Pino del Agua. Raúl dispuso sus fuerzas de tal manera que Félix Pena cerraría con la vanguardia el camino de los refuerzos e inmediatamente, su escuadra, con la de Ciro Frías y la que estaba directamente al mando de Raúl, atacaría al enemigo, mientras que Efigenio cerraría el cerco por la retaguardia.

Un detalle pasó inadvertido en ese momento: dos campesinos inofensivos y aturdidos, que cruzaron por todas las posiciones con sus gallos bajo el brazo, resultaron ser soldados del ejército de Oro de Guisa que habían sido mandados precisamente para explorar el camino. Pudieron observar la disposición de nuestras tropas y avisaron a sus compañeros de Guisa, por lo que Raúl se vio obligado a resistir la ofensiva que el ejército, conociendo sus posiciones, le hacía desde una altura que había tomado y tuvo que hacer una larga retirada, en el transcurso de la cual perdió un hombre, Florentino Quesada, y tuvo un herido. El camino que viene de Bayamo, pasando por el Oro de Guisa fue la única vía por la que el ejército intentó avanzar. Si bien Raúl se vio obligado a retroceder, dada su posición inferior, las tropas enemigas avanzaron con mucha lentitud por el camino y no se presentaron en todo ese día. El mapa 4 muestra la maniobra aproximada. Ese día sufrimos el ataque constante de los B-26 del ejército que ametrallaron las lomas sin más resultado que el de incomodarnos y obligarnos a mantener ciertas precauciones. Fidel estaba eufórico por el combate y, al mismo tiempo, preocupado por la suerte de los compañeros y se arriesgó varias veces más de lo debido; eso provocó que días después un grupo de oficiales le enviáramos el documento que insertamos, pidiéndole, en nombre de la Revolución que no arriesgara su vida inútilmente. Este documento, un tanto infantil, que hiciéramos impulsados por los deseos más altruistas, creemos que no mereció ni una leída de su parte y, demás está decirlo, no le hizo el más mínimo caso.

Por la noche, insistí en que era posible un ataque del tipo del que Camilo realizara y dominar a los guardias que estaban apostados en Pino del Agua. Fidel no era partidario de la idea, pero en definitiva accedió a hacer la prueba, enviando una fuerza bajo el mando de Escalona, que constaba de los pelotones de Ignacio Pérez y Raúl Castro Mercader; los compañeros se acercaron e hicieron todo lo posible por llegar hasta el cuartel pero eran repelidos por el fuego violento de los soldados y se retiraron sin intentar nuevamente el ataque. Pedí que se me diera el mando de la fuerza, cosa que Fidel aceptó a regañadientes. Mi idea era acercarme lo más posible y, con cocteles Molotov hechos con la gasolina que había en el propio aserrío, incendiar las casas que eran todas de madera y obligarlos a rendirse o a salir a la desbandada, cazándolos, entonces, con nuestro fuego. Cuando estábamos llegando al lugar del combate, aprestándonos a tomar posiciones, recibí este pequeño manuscrito de Fidel:

16 de febrero de 1958. Che: Si todo depende del ataque por este lado, sin apoyo de Camilo y Guillermo, no creo que deba hacerse nada suicida porque se corre el riesgo de tener muchas bajas y no lograr el objetivo.

Te recomiendo, muy seriamente, que tengas cuidado. Por orden terminante, no asumas posición de combatiente. Encárgate de dirigir bien a la gente que es lo indispensable en este momento. (f) Fidel.

Además, me decía verbalmente Almeida, portador del mensaje, que bajo mi responsabilidad podía atacar en los términos de la carta, pero que él (Fidel) no estaba de acuerdo. Pesaba sobre mí la orden terminante de no entrar en combate, la posibilidad cierta, casi segura, de la muerte de varios combatientes y la no seguridad de la toma del cuartel, sin saber la disposición de las fuerzas de Guillermo y Camilo, que estaban aislados y con toda la responsabilidad sobre mis hombros; fue demasiado para mí y, cabizbajo, tomé el mismo camino de mi antecesor, Escalona.

Al día siguiente por la mañana, en medio de las continuas incursiones de los aviones, se dio la orden de retirada general y, después de hacer con la mirilla telescópica algunos disparos sobre los soldados que ya empezaban a salir de sus refugios, nos fuimos retirando por el firme de la Maestra.

Como se puede apreciar en el parte oficial que en aquel momento dimos, el enemigo sufrió de 18 a 25 muertos y las armas ocupadas fueron 33 fusiles, 5 ametralladoras y parque abundante. A la lista de bajas señaladas, hay que agregar la del compañero Luis Macías, cuya suerte no se conocía en ese momento, y algunos compañeros, como Luis Olazábal y Quiroga, heridos en distintas acciones del prolongado combate. En el periódico El Mundo del 19 de febrero aparecía la siguiente información:

“El Mundo, miércoles 19 de febrero de 1958. Reportan la baja de 16 insurgentes y 5 soldados. Ignoran si hirieron a Guevara. El Estado Mayor del ejército expidió un comunicado, a las cinco de la tarde de ayer, negando que haya tenido lugar una importante batalla con los rebeldes de Pino de Agua, al sur de Bayamo. Admítase asimismo en el parte oficial que ‘ha ocurrido alguna que otra escaramuza entre patrullas de reconocimiento del ejército y grupos de alzados’, añadiendo que en el momento de emitir ese propio parte ‘Las bajas rebeldes ascienden a 16, teniendo el ejército como resultado de dichas escaramuzas, cinco bajas’. ‘En cuanto a que haya sido herido el conocido comunista argentino Che Guevara añade el comunicado, hasta ahora no se ha podido confirmar. Sobre la presencia del cabecilla insurreccional en estos encuentros, nada se ha podido confirmar y sí que permanece escondido en las intrincadas cuevas de la Sierra Maestra’”.

Poco después, o quizás ya en ese momento, habían provocado la masacre del Oro de Guisa realizada por Sosa Blanco el asesino que, en los primeros días de enero de 1959, moría ante un pelotón de fusilamiento.

Mientras la dictadura solo podía confirmar que Fidel permanecía “escondido en las intrincadas cuevas de la Sierra Maestra”, las tropas bajo su dirección personal le pedían que no arriesgara inútilmente la vida y el ejército enemigo no subía hasta nuestras bases. Tiempo más tarde, Pino del Agua era desalojado y completábamos la liberación de la zona occidental de la Maestra.

A los pocos días de este combate se produce uno de los hechos más importantes de la contienda; la columna 3, bajo el mando del comandante Almeida, parte a la región de Santiago y la columna 6, Frank País, bajo el mando del comandante Raúl Castro Ruz, cruza los llanos orientales, se interna en los Mangos de Baraguá, pasa a Pinares de Mayarí y luego forma el Segundo Frente Oriental Frank País.

[Verde Olivo. 19 de febrero, de 1964]

 

 

Pino del Agua III

 

Pino del Agua es un batey instalado en la cima de la Maestra a un lado del pico la Bayamesa. Estaba defendido por la compañía del capitán Guerra, muy bien atrincherada y fortificada. Es el punto más avanzado sobre la Sierra Maestra. El objetivo del ataque no era tomar el aserrío, sino establecer un cerco que obligara el ejército a mandar tropas en su ayuda. La situación de las tropas más cercanas era la siguiente: en San Pablo de Yao, la compañía de Sánchez Mosquera, a unos doce kilómetros del aserrío; en Oro, la compañía del capitán Sierra, a unos seis kilómetros; a veinticinco kilómetros está Uvero con una guarnición de la Marina; los otros lugares de donde se esperaban refuerzos eran Guisa y Bayamo. Interceptando cada uno de los caminos que iban de estos puntos a Pino del Agua había fuerzas nuestras.

A las cinco y treinta de la mañana del día 16 de febrero iniciaron el ataque fuerzas de la cuarta columna, al mando del capitán Camilo Cienfuegos. El ataque fue llevado en forma tan violenta que se tomaron las postas sin ninguna dificultad ocasionando al enemigo ocho muertos, cuatro prisioneros y varios heridos. A partir de ese momento se intensifica la resistencia enemiga muriendo de nuestra parte, los tenientes Gilberto Capote y Enrique Noda y el compañero Raimundo Lien; el compañero Angel Guevara resultó tan mal herido que murió varios días después en nuestros hospitales de campaña.

El cerco continuó durante todo el día moviéndose fuerzas del Oro, en número de diecisiete hombres, para un reconocimiento en dirección de Pino del Agua. Estas fuerzas fueron sorprendidas y totalmente aniquiladas; se hicieron tres prisioneros heridos, los que fueron dejados por la imposibilidad del transporte en casas de campesinos. El jefe de la columna, segundo teniente Evelio Laferté, está prisionero. Sólo dos hombres, aparentemente heridos, pudieron escapar, el resto murió en la acción.

Las fuerzas que defendían los caminos de Yao y Uvero debieron permanecer inactivas debido a que estas tropas no se movieron de sus emplazamientos. La columna del comandante Raúl Castro Ruz debió librar combate en situación muy crítica, pues sus hombres no podían disparar sobre el enemigo, debido a que éste avanzó precedido por una muralla de mujeres y niños campesinos. En esta acción murió el compañero Florentino Quesada. Desconociéndose las bajas sufridas por el ejército.

Horas después de retirarse la columna del comandante Raúl Castro, el ejército avanzó sobre las posiciones nuestras en las que quedaba un grupo de campesinos atemorizados e indefensos que se habían refugiado en unos bohíos para escapar a la batalla. Se ordenó entonces salir a todos los refugiados ametrallándose sin compasión, y matando a trece individuos, la mayoría mujeres y niños. Los heridos hechos en esa «victoriosa» acción del ejército fueron atendidos en Bayamo, y son los citados por los primeros partes no oficiales sobre la batalla.

A pesar del día brumoso, durante todo el tiempo de combate los aviones estuvieron ametrallando las posiciones ocupadas por nuestras fuerzas, que no sufrieron daño. A mediodía del día 17, se retiraron nuestras fuerzas de Pino del Agua, cerrándose la acción con un nuevo ataque sobre el Oro, por parte de elementos de la sexta columna. No se conocen los resultados de este encuentro por parte del enemigo, nuestras fuerzas sin novedad.

El saldo final es el siguiente: El enemigo perdió de 18 a 25 muertos, un número equivalente de heridos, cinco prisioneros: Evelio Laferté, segundo teniente; Erasmo Yera, Francisco Travieso Camacho, Ceferino Adrián Trujillo y Bernardo San Bartolomé Martínez Carral, soldados (este último herido), 33 fusiles, 5 ametralladoras y gran cantidad de parque. Nuestras tropas sufrieron las bajas nombradas, más 3 heridos, uno de ellos el capitán Camilo Cienfuegos, todos leves.

No se realizó en Pino del Agua el total del ambicioso plan concebido por el Estado Mayor de nuestro ejército, pero se obtuvo una victoria completa sobre el ejército, destruyendo aún más su ya claudicante moral de combate, y demostrando a la nación entera la fuerza creciente de la Revolución y de nuestro ejército revolucionario, que se apresta a bajar al llano a continuar su serie de victorias.

[El Cubano Libre, Sierra Maestra, febrero de 1958.]

Sierra. Maestra, 19 de febrero de 1958.

Sr. Comandante.

Dr. Fidel Castro Compañero:

Debido a la urgente necesidad y presionado por las circunstancias que imperan, la oficialidad así como todo el personal responsable que milita en nuestras filas, quiere hacer llegar a usted el sentido de apreciación que tiene la tropa respecto a su concurrencia al área de combate.

Rogamos deponga esa actitud siempre asumida por usted, que inconscientemente pone en peligro el éxito bueno de nuestra lucha armada y más que nada llevar a su meta la verdadera Revolución.

Sepa usted, compañero, que esto está muy lejos de ser una movilización sectaria, que pretende demostrar fuerza de ninguna especie. Sólo nos mueve sin que falte en ningún momento el afecto y aprecio que se merece, el amor a la Patria, a nuestras causas, a nuestras ideas.

Usted sin egolatría de ninguna especie había de comprender la responsabilidad que sobre usted descansa y las ilusiones y esperanzas que sobre usted tienen cifradas las generaciones de ayer, de hoy y de mañana. Consciente de todo esto ha de aceptar este ruego de carácter imperativo, algo atrevido y exigente quizás. Pero por Cuba se hace, y por Cuba le pedimos un sacrificio más.

Sus hermanos de lucha e ideales.

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