Curso Básico de Marxismo-Leninismo-Maoísmo (Capítulo 31: La Gran Revolución Cultural Proletaria)

Capítulo 31

 

El siguiente documento ha sido redactado por el Partido Comunista de la India (Maoísta) y es utilizado como guía de estudio por sus cuadros. El blog “Cultura Proletaria” ha decidido, por su gran importancia y por el interés que suscita, traducir el documento al español.

 

 

Capítulo 31: La Gran Revolución Cultural Proletaria

 

La Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP) fue la respuesta del Marxismo a los obstáculos y al sabotaje del proceso de construcción socialista creado por los kruschevistas y los seguidores de la vía capitalista. Después del ascenso del revisionismo en la Unión Soviética, particularmente, Mao se dio cuenta de que uno de los mayores peligros de restauración del capitalismo venía desde dentro del propio Partido. A lo largo del Gran Debate, Mao, mientras luchaba contra el revisionismo, trató de encontrar la respuesta a la cuestión de cómo prevenir la restauración del capitalismo. Al mismo tiempo, estaba profundamente involucrado en la lucha contra los kruschevistas chinos como Liu Shao-chi y Deng Xiao-ping. Así, concluyendo el Gran Debate en el último documento del PCCh, que fue llamado “Acerca del falso comunismo de Kruschev y sus lecciones históricas para el mundo“, Mao hizo incapié en algunos puntos sobre la cuestión de la prevención de la restauración del capitalismo.

Mao señaló, en primer lugar, el reconocimiento de la necesidad de continuar con la lucha de clases durante todo el período de la sociedad socialista, hasta el final. Explicó que el cambio en la propiedad de los medios de producción, es decir, la revolución socialista en el frente económico, no es suficiente por sí mismo. Insistió en que tenemos que hacer una revolución socialista profunda en los frentes políticos e ideológicos, con el fin de consolidar la revolución. Y esta revolución debe continuarse bajo la dictadura del proletariado.

Otro punto que Mao subrayó en repetidas ocasiones fue que, para llevar a cabo esta revolución, era necesario perforar la línea de masas, despertar audazmente a las masas y desplegar los movimientos de masas a gran escala. Para ello, el partido tendría que confiar, conquistar y unirse a las masas del pueblo, que constituyen el 95% de la población, en una lucha común contra los enemigos del socialismo. Mao también hizo hincapié en la necesidad de “llevar a cabo amplios movimientos de educación socialista repetidamente en las ciudades y en el campo“. En estos movimientos continuos para educar a la población, Mao volvió a insistir en la necesidad de organizar las fuerzas de clase revolucionarias, y de “librar una aguda lucha contra el anti-socialismo, el capitalismo y las fuerzas feudales“. De esta forma, Mao vio claramente que la amplia participación de las masas era un requisito previo esencial para prevenir la restauración del capitalismo. Esto surgió de la experiencia de Mao de que eran los revisionistas de dentro de la dirección del propio Partido los principales elementos que traían la restauración del capitalismo.

Sin embargo, dentro del propio PCCh hubo una fuerte resistencia en los niveles más altos, liderada por Liu Shao-chi, contra la aplicación de estas teorías y del programa concreto que estaba proponiendo Mao. De esta forma, aunque la “revolución cultural socialista” fue aceptada oficialmente en la X Reunión Plenaria del VIII Comité Central en 1962, su ejecución fue hecha a medias y en una dirección opuesta a la línea dada por Mao. De hecho, la burocracia del Partido, bajo el control de Liu, comenzó a criticar a Mao por las acciones que estaba tratando de llevar a cabo y se opusieron al tratamiento dado a los seguidores de la vía capitalista, como Peng Dehuai. Esta crítica se realizó a través de artículos en la prensa, obras de teatro y otros foros culturales que estaban bajo su total control. Su control era tal, que Mao no conseguía ni siquiera publicar un artículo defendiéndose a sí mismo en la prensa en Pekín. Tal artículo defendiendo a Mao y sus políticas, fue finalmente publicado en noviembre de 1965 en la prensa de Shanghai, que era un centro mucho más radical que el de Pekín. Esto fue lo que Mao llamo, más tarde, la “señal” para la Gran Revolución Cultural Proletaria, que comenzó un flujo de crítica a la burocracia del Partido y de soporte a la línea de Mao en los medios y en el ámbito cultural. También surgieron demandas de autocrítica por parte de los principales culpables. La burocracia del Partido, sin embargo, hizo todo lo posible para impedir este movimiento de asumir un carácter de masas. El Grupo de la Revolución Cultural, que debía iniciar y dirigir la Gran Revolución Cultural Proletaria, acabó intentado controlar la disidencia y canalizarla a través de líneas académicas.

Finalmente, el Comité Central, bajo la dirección de Mao, emitió una circular el 16 de mayo de 1966, disolvió el “Grupo de los Cinco”, bajo cuya responsabilidad la Revolución Cultural estaba siendo saboteada, y creó un nuevo “Grupo de la Revolución Cultural” directamente bajo las órdenes del Comité Permanente del Politburó. Esta circular del 16 de mayo llamó a criticar y a romper la resistencia de los seguidores de la vía capitalista, especialmente aquellos dentro del Partido. Esta acción llevó al inicio real de la Gran Revolución Cultural Proletaria y la convirtió en un fenómeno de masas que involucró a millones de personas.

El 25 de mayo, el primer mural con grandes letras (Dazibao) fue colocado en la Universidad de Pekín, criticando a su rector y el sistema educativo. Este fue sólo el primero de miles de grandes carteles colocados por los estudiantes y por las masas en todo el país, en los que expresaban su opinión y criticaban lo que consideraban que estaba mal en la sociedad. Se llevaron a cabo manifestaciones y críticas por parte de las masas criticando a maestros, burócratas del Partido y otros, por sus equivocadas políticas. Pronto hubo una demanda de una sección de estudiantes para la abolición de los exámenes de ingreso. El Comité Central, en junio, ordenó la suspensión de nuevas admisiones a los colegios y universidades durante seis meses, para que los estudiantes y los jóvenes pudiesen participar más plenamente en la Gran Revolución Cultural Proletaria. Sin embargo, el período de seis meses resultó ser demasiado corto, y las universidades sólo se abrieron de nuevo después de cuatro años.

Mao también comenzó a participar personalmente en la GRCP. El 17 de julio participó, junto a otros diez mil nadadores, en un cruce a nado de una milla a través del río Yangtsé. Este fue su acto simbólico para indicar que estaba participando en la corriente de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Nuevamente, el 5 de agosto, durante la XI Reunión Plenaria del PCCh, Mao dio una señal mucho más simple. Mostró su propio dazibao. Su lema principal era “¡cañonear el cuartel general!“. Fue una clara llamada a atacar el cuartel general capitalista de los seguidores del capitalismo en el Partido, liderados por Liu Shao-chi. La llamada de Mao dio un nuevo impulso a las acciones y a la militancia del movimiento.

El 18 de agosto, Mao estaba presente en la primera reunión de los Guardias Rojos en Pekín, en la que había un millón de personas. Los Guardias Rojos eran miembros de miles de organizaciones de masas que habían surgido en todo el país para participar en la GRCP. Las primeras organizaciones de masas estaban compuestas principalmente de estudiantes y de jóvenes, pero como el movimiento creció, estas organizaciones crecieron entre los obreros, campesinos y empleados de oficina. La reunión del 18 de agosto fue la primera, de muchas, de este tipo de manifestaciones. Algunas veces había más de dos millones de Guardias Rojos de todo el país reunidos en la capital.

El XI Pleno definió la GRCP como “una nueva etapa, aún más profunda y más amplia, en el desarrollo de la revolución socialista de nuestro país“. Mao, en su discurso de clausura del Pleno dijo, “La Gran Revolución Cultural Proletaria es, en esencia, una gran revolución política bajo condiciones socialistas del proletariado contra la burguesía y todas las demás clases explotadoras. Es la continuación de la larga lucha contra los reaccionarios del Kuomintang librada por el PCCh y las grandes masas revolucionarias bajo su dirección. Es la continuación de la lucha entre el proletariado y la burguesía“.

El XI Pleno adoptó lo que llegó a ser conocido como el documento de los Dieciséis Puntos de la Revolución Cultural. Se repetía lo que se había dicho en la circular del 16 de mayo, de que la actual revolución debía tocar el alma de la gente, cambiar al hombre. Las viejas ideas, la cultura, la costumbres y los hábitos de las clases explotadoras todavía moldeaban la opinión pública, proporcionando un terreno fértil para la restauración del pasado. La perspectiva mental debía ser transformada y debían crearse nuevos valores.

Identificaron el objetivo principal como “aquellos que están dentro del partido que ocupan puestos dirigentes y que siguen la vía capitalista“. Identificaron las principales fuerzas de la revolución como “las masas obreras, los campesinos, los soldados, los intelectuales revolucionarios y los cuadros revolucionarios“.

El objetivo de la revolución era “aplastar, mediante la lucha, a los que ocupan puestos dirigentes y siguen el camino capitalista, criticar y repudiar a las “autoridades” reaccionarias burguesas en el campo académico, criticar y repudiar la ideología de la burguesía y demás clases explotadoras, y transformar la educación, la literatura y el arte y los demás dominios de la superestructura que no corresponden a la base económica del socialismo, a fin de facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista“. El objetivo de la revolución era incitar a las masas, en sus cientos de millones, a expresar sus opiniones libremente, escribir dazibaos, y mantener grandes debates de manera que los seguidores de la vía capitalista en el poder fuesen expuestos y sus planes para restaurar el capitalismo pudieran ser aplastados.

El aspecto esencial de la Revolución Cultural fue el avance y la aplicación práctica de la línea de masas de Mao. El objetivo no sólo era eliminar los elementos hostiles al socialismo, sino permitir que la clase trabajadora “ejerciese el liderazgo en todo”, para “poner la política al cargo de la administración” y para asegurar que todos sirven como funcionarios públicos, deberían “seguir siendo personas comunes”. Con el fin de alcanzar estos objetivos, fue necesario lanzar una ofensiva total contra la ideología burguesa, de tal forma que las masas estuviesen activamente implicadas.

De este modo, la resolución del XI Pleno instruyó:

En la Gran Revolución Cultural Proletaria sólo se puede adoptar el método de dejar que las masas se liberen a sí mismas y no el de manejar los asuntos en su nombre“.

Hay que confiar en las masas, apoyarse en ellas y respetar su iniciativa. Hay que desechar el temor. (…) No se debe temer que se den casos de desorden. Hay que dejar que las masas se eduquen a sí mismas en este gran movimiento revolucionario y aprender a distinguir entre lo justo y lo erróneo, entre la forma correcta de proceder y la incorrecta“.

A medida que las masas entraron con toda su fuerza en la revolución, crearon incluso una nueva forma de organización: el comité revolucionario. Se basa en la combinación “tres-en-uno”, es decir, sus miembros, que fueron elegidos, sujetos a la revocación, y directamente responsables ante el pueblo, fueron retirados del Partido, del Ejército de Liberación Popular y de las organizaciones de las masas (la Guardia Roja, cuyos miembros alcanzaron los treinta millones). Surgieron en todos los niveles, desde la fábrica o la Comuna a los organismos del gobierno provincial y regional, y su función era proporcionar la conexión a través de la cual las masas podían participar directamente en la administración del país.

Este órgano de tres-en-uno de poder permitió que el poder político del proletariado lograse raíces profundas en las masas. La participación directa de las masas revolucionarias en el funcionamiento del país y la ejecución de la supervisión revolucionaria desde abajo sobre los órganos del poder político en distintos niveles, desempeñó un papel muy importante en el sentido de asegurar que los principales grupos de todos los niveles se adheriesen a la línea de masas. De este modo, este refuerzo de la dictadura del proletariado también fue el más extenso y profundo ejercicio de democracia proletaria conseguido hasta hoy en el mundo.

Bajo el barrido inicial de la Revolución Cultural, en 1966-67, la sede burguesa dentro del Partido fue eficazmente aplastada, y la mayoría de los principales seguidores de la vía capitalista como Liu Shao-chi, Deng Xiao-ping y sus seguidores, fueron retirados de sus puestos en el Partido y obligados a hacer autocrítica ante las masas. Fue una gran victoria que no sólo inspiró a las masas chinas, sino que también creó una ola de entusiasmo revolucionario entre los revolucionarios comunistas de todo el mundo.

Durante el Gran Debate, muchas fuerzas revolucionarias se reunieron en torno a la línea revolucionaria del PCCh dirigido por Mao, pero fue principalmente durante la Revolución Cultural que estas fuerzas, en todo el mundo, llegaron a aceptar que el Maoísmo podría proporcionar las respuestas a los problemas de la Revolución Proletaria Mundial. La Gran Revolución Cultural Proletaria demostró que el Marxismo tenía una respuesta a los enemigos de la restauración capitalista. Este avance en el Marxismo llevó a la consolidación de numerosos grupos revolucionarios y partidos basados en el Marxismo-Leninismo-Maoísmo en todo el mundo, y al lanzamiento de luchas revolucionarias bajo su liderazgo.

Sin embargo, Mao advirtió: “La presente gran revolución cultural es sólo la primera, y en el futuro habrá sin duda muchas otras. En la revolución , el problema de quién vencerá a quién sólo será resuelto en un largo período histórico. Si no se resuelven adecuadamente las cosas, en cualquier momento habrá posibilidad para una restauración capitalista“.

Además de eso, recordó al IX Congreso del Partido en 1969: “Hemos ganado una gran batalla. Pero la clase derrotada seguirá luchando. Sus miembros todavía están próximos y se mantienen vigentes, por lo que no podemos hablar de victoria final, no por décadas. No debemos perder nuestra vigilancia. Desde el punto de vista leninista, la victoria final en un país socialista no sólo requiere los esfuerzos del proletariado y de las amplias masas en casa, sino que también depende de la victoria de la revolución mundial y de la abolición del sistema de explotación del hombre por el hombre en la tierra, para que toda la humanidad sea emancipado. En consecuencia, no es correcto hablar de la victoria final de la revolución en nuestro país con indiferencia; es contrario al leninismo y no se corresponde con los hechos“.

Las palabras de Mao resultaron ser ciertas en un corto período de tiempo. Primero, en 1971, Lin Piao, entonces vicepresidente, que en el IX Congreso del PCCh había sido nombrado sucesor de Mao, conspiró para tomar el poder a través del asesinato de Mao y de la organización de un golpe militar. Este fue frustrado gracias al estado de alerta de los revolucionarios en el Partido.

Después de esto, sin embargo, revisionistas como Deng fueron rehabilitados de nuevo en altas posiciones dentro del aparato del Partido y del Estado. Durante el último período de la Revolución Cultural, hubo de nuevo una lucha contra estos seguidores de la vía capitalista y contra Deng, que fue nuevamente criticado y expulsado de todos sus cargos algunos meses antes de la muerte de Mao, el 9 de septiembre de 1976. Sin embargo, tenía muchos agentes en las posiciones de poder. Fueron estos renegados los que diseñaron el golpe para asumir el control del Partido y llevarlo por la vía de la restauración capitalista, poco después de la muerte de Mao. Fueron ellos los que sabotearon la Revolución Cultural y luego anunciaron formalmente su fin en 1976.

Este golpe y la restauración capitalista, sin embargo, no pudieron repudiar la validez de la verdad de la Revolución Cultural. En vez de esto, en cierta forma, confirma las enseñanzas de Mao sobre la naturaleza de la sociedad socialista y la necesidad de continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado. La Revolución Cultural es una herramienta científica desarrollada en la lucha contra la restauración capitalista y en la lucha teórica para desarrollar el Marxismo-Leninismo-Maoísmo. Su validez científica fue establecida en la prueba de la práctica de la Revolución China. Su eficacia como arma para movilizar a las grandes masas en la lucha contra el peligro de la restauración capitalista en un país socialista, también fue probada. Sin embargo, como el propio Mao subrayó, ningún arma puede proporcionar una garantía de victoria final. Por lo tanto, el hecho de que los seguidores de la vía capitalista lograran una victoria temporal, no disminuye en modo alguno la verdad objetiva de la necesidad y de la eficacia de esta arma en la lucha por la construcción del socialismo y de la defensa el socialismo.

La Gran Revolución Cultural Proletaria es una de las contribuciones más importantes del Marxismo-Leninismo-Maoísmo para el arsenal del proletariado internacional. Representa la aplicación en la práctica de la mayor contribución de Mao al Marxismo; la teoría de continuar la revolución bajo la dictadura del proletariado para consolidar el socialismo, luchar contra el revisionismo moderno y prevenir la restauración del capitalismo. Su importancia para el proletariado internacional es incalculable en el mundo actual, donde todas las bases socialistas se perdieron debido a los esquemas de manipulación de la burguesía dentro del propio Partido Comunista. Por eso ha llegado la hora de revisar la definición de Lenin de un Marxista.

Lenin, definiendo lo que es ser marxista, dijo que no era suficiente con aceptar la lucha de clases para llamarse marxista. Dijo que sólo aquellos que reconocen tanto la lucha de clases como la dictadura del proletariado pueden ser llamados marxistas. Hoy en día no basta con reconocer la lucha de clases y la dictadura del proletariado para ser marxista. Un marxista debe aceptar la comprensión básica de la Gran Revolución Cultural Proletaria. Por lo tanto, sólo es un marxista aquel que hace extensivo el reconocimiento de la lucha clases y de la dictadura del proletariado al reconocimiento de la revolución contínua de la superestructura con el objetivo de la realización de la revolución mundial y de la construcción de la sociedad comunista tan pronto como sea posible.

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