De Bernstein a Liu Shao-chi (1969) (Documentos sobre la GRCP)

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La “teoría de las fuerzas productivas” es una tendencia ideológica del revisionismo internacional. Según esta “teoría”, la revolución socialista es absolutamente imposible en un país donde el capitalismo no esté muy desarrollado, donde las fuerzas productivas no hayan alcanzado un alto nivel y la economía rural esté dispersa y atrasada. Según esta teoría, el socialismo se llevará a cabo de forma natural cuando el capitalismo se desarrolle plenamente y cuando las fuerzas productivas se desarrollen enormemente.

Por más de medio siglo, de Bernstein, Kautsky, Trotsky a Chen Tu-siu y Liu Shao-chi, este puñado de renegados del proletariado quisieron hacer pasar esta teoría absurda por materialismo histórico, usándola como argumento teórico para oponerse a la revolución proletaria.

No fue casualidad que la “teoría de las fuerzas productivas” haya surgido a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. El capitalismo mundial se había desarrollado hasta su etapa agónica, es decir, la etapa del imperialismo, en la cual la revolución proletaria estaba a la orden del día. Para satisfacer las necesidades de los imperialistas, los revisionistas de viejo tipo de la II Internacional -Bernstein, Kautsky y Cía.- difundieron esta falacia con la intención de oponerse y estrangular la revolución proletaria desde dentro del movimiento obrero.

Bernstein fue el primero en presentar esta falacia en 1899 en su libro “Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia“. Sostuvo que el capitalismo podía llegar pacificamente al socialismo a medida que las fuerzas productivas sociales se desarrollasen altamente. Por lo tanto, dijo, la revolución por la fuerza armada se convertiría en pura fraseología. Declaró arbitrariamente que la victoria del socialismo sólo podía depender del progreso general de la sociedad, en especial del aumento de las riquezas sociales o del crecimiento de las fuerzas productivas sociales, acompañadas de la madurez de la clase obrera en términos de conocimientos y moralidad. Llegó a la conclusión de que el sistema capitalista no debe ser destruido, sino que hay que fomentar su desarrollo.

El renegado Kautsky tampoco ahorró esfuerzos en defender la reaccionaria “teoría de las fuerzas productivas”. En su libro “El camino al poder“, escrito en 1909, afirmó que sólo cuando el modo capitalista de producción estuviese muy desarrollado, existía la posibilidad de transformar, a través del poder estatal, la propiedad capitalista de los medios de producción en propiedad pública.

Lenin emprendió repetidas y enérgicas luchas contra la reaccionaria “teoría de las fuerzas productivas” antes y después de la Revolución Socialista de Octubre. Hizo hincapié en que la victoria de la revolución socialista sería conquistada primero en Rusia, el eslabón débil del mundo capitalista. El triunfo de la Revolución de Octubre confirmó plenamente la certeza de la brillante conclusión de Lenin.

Después de la victoria de la Revolución de Octubre, Kautsky continuó esgrimiendo la desgastada arma de la “teoría de las fuerzas productivas”. Se volvió aún más desenfrenado en su oposición a la Revolución de Octubre y a que el pueblo soviético siguiese el camino socialista. Cerrando los ojos a la realidad, Kautsky afirmó en 1930 que la revolución que había tenido lugar en Rusia sólo podía servir para abrir el camino al pleno desarrollo del capitalismo, y que, sólo cuando el capitalismo estuviese muy desarrollado, sería posible establecer una sociedad socialista.

Por lo tanto, dijo, los países industrializados de Europa Occidental precederán, inevitablemente, a los países de la europeo-orientales en su marcha al socialismo. También dijo que sin un nivel educativo relativamente alto ni una industria altamente desarrollada no era posible, en absoluto, lograr y mantener un producción agrícola masiva y, por consiguiente, la colectivización agrícola en la Unión Soviética no era más que un experimento fuera de lugar, que sería sin duda un fracaso. Esto quería decir que debido al atraso de las fuerzas productivas, el proletariado ruso no podía mantener en sus manos el poder que había tomado, teniendo que dejar a la burguesía dominarlo.

Heredando la “teoría de las fuerzas productivas” pregonada por Bernstein y Kautsky, Trotsky también atacó furiosamente la teoría de Lenin de que la victoria del socialismo era posible primero en un país, y atacó la Revolución de Octubre. En 1922, en su epílogo al Programa de paz, Trotsky deliró, diciendo que Rusia no había alcanzado, ni siquiera se había aproximado, a la etapa de establecer una sociedad socialista…, y que el socialismo sería posible sólo cuando existiese una base de fuerzas productivas desarrolladas y prósperas.

Además, declaró que un aumento real de la economía socialista en Rusia sólo sería posible después de que el proletariado triunfase en varios países europeos importantes. Esto significaba que la Unión Soviética, que estaba económicamente atrasada, no estaba cualificada para construir el socialismo. Tal falacia estaba destinada, en esencia, a crear una opinión pública contrarrevolucionaria para una restauración capitalista en la Unión Soviética.

El gran maestro Lenin condenó vehementemente estos peregrinos argumentos. Subrayó repetidas veces el enorme papel que la revolución desempeñaba en el desarrollo de la producción y que la toma del poder y el cambio de las relaciones de producción desempeñaban en la promoción del desarrollo de las fuerzas productivas. Señaló incisivamente que, con el Partido Bolchevique, con su consolidada alianza obrero-campesina y bajo el liderazgo de dicho Partido, era perfectamente posible convertir Rusia en un poderoso país socialista después de la revolución. Dijo: “¿Por qué, entonces, para implantar el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque nadie puede decir cuál es este determinado “nivel cultural”), no podemos comenzar por la conquista, por la vía revolucionaria, de las premisas necesarias para obtener ese determinado nivel y, despues, en base al poder obrero y campesino y al régimen soviético, emprender la tarea de alcanzar a los demás países?“. Además de eso, criticando fuertemente a los partidarios de la” teoría de las fuerzas productivas”, dijo: “Lo entienden (el marxismo) de una manera pedante. No entienden lo principal: precisamente su dialéctica revolucionaria“.

La renegada camarilla revisionista soviética traicionó completamente el marxismo-leninismo y restauró el capitalismo en todos los aspectos en la Unión Soviética. Por sus necesidades contrarrevolucionarias afirmaron que, bajo condiciones socialistas, la economía es más importante que la política y que la cuestión de la producción se debía colocar en primer lugar, debía ocupar el centro de todas las actividades de la organización del Partido y debía preceder a todos los trabajos de organización del Partido. Tal disparate no es más que una reproducción de la “teoría de las fuerzas productivas” propuesta por los revisionistas de viejo tipo.

La “teoría de las fuerzas productivas” en China fue defendida por primera vez por el renegado Chen Tu-hsiu. En 1923, en su obra “La revolución nacional china y todas las clases“, subrayó de manera unilateral que en China, “la industria está en su infancia y la cultura atrasada” y que “incluso la burguesía todavía es muy infantil“. Se opuso enérgicamente a que el proletariado dirigiese la revolución y tomase el poder. Dijo: “Bajo circunstancias normales, el poder estará, naturalmente, en las manos de la burguesía poco después del éxito de la revolución nacional“. Incluso en 1938, se jactó de que “todavía había bastante espacio para el desarrollo del capitalismo en China“. Diciendo esto, esperaba en vano liquidar, en lo fundamental, la revolución.

Tomando el legado de los renegados Bernstein, Kautsky, Trotsky y Chen Tu-hsiu, el renegado, agente del enemigo y vende obreros Liu Shao-chi pregonó constantemente la reaccionaria “teoría de las fuerzas productivas”. Combatió la revolución proletaria y la dictadura del proletariado y cometió crímenes monstruosos.

El gran líder Presidente Mao nos enseñó: “El sistema socialista terminará por reemplazar al sistema capitalista: ésta es una ley objetiva, independiente de la voluntad del hombre“. Aquellos que tratan de impedir el avance de la historia no tendrán un buen final. Al igual que sus sucesores Bernstein, Kautsky y Chen Tu-hsiu, Liu Shao-chi fue ahogado por el poderoso torrente histórico.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria”

 

 

Editorial de “Pekin Informa”, Septiembre de 1969.

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