Frente y Retaguardia en las futuras guerras

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Artículo escrito por M. V. Frunze en la revista “Na novykh putiakh“, en 1925. Fue reimpreso en el libro “Izbrannye proizvedeniia” (Obras seleccionadas de M. V. Frunze, 1940).

 

La conclusión más importante y básica derivada de la experiencia de la pasada guerra imperialista de 1914-1918 es la reevaluación del la cuestión del papel y la importancia de la retaguardia en el curso general de las operaciones militares.

La posición de que “el resultado de la guerra se decidirá no sólo directamente en el frente de batalla, sino también en aquellas líneas en las está la fuerza civil de un país“, se ha convertido ahora en un axioma común. La experiencia de la guerra demostró que alcanzar los objetivos de la guerra en las condiciones actuales se ha convertido en un asunto más complicado que antes. Los ejércitos actuales tienen una resistencia colosal [zhivuchest]. Esta resistencia está completamente unida al estado general del país. Incluso la completa derrota de un ejército enemigo, alcanzada en un momento determinado, no traerá la derrota final, mientras que las unidades derrotadas tengan detrás de si una fuerte retaguardia moral y económica. Teniendo en cuenta el tiempo y el espacio necesarios para la nueva movilización de recursos humanos y materiales para la restauración de la preparación para el combate, un ejército derrotado puede recrear fácilmente el frente, desarrollar una lucha con esperanza de éxito.

Por otro lado, la dificultad de preparar la movilización de un ejército creció a niveles nunca vistos. Las medidas necesarias para esto no se miden en millones, sino en miles de millones de rublos. Ningún presupuesto, como es comprensible, es capaz de hacer de lidiar con estos números, incluso en el país más rico.

Finalmente, el rápido progreso de la tecnología militar actual actúa del mismo modo. Lo que hoy es reconocido como lo más avanzado, mañana estará obsoleto y será incapaz de traer la victoria. De esto se deduce la imprudencia y el peligro de los gastos financieros colosales en la preparación de almacenamientos para la movilización. El centro de gravedad se trasladó para la correspondiente organización de la industria y para la gestión general del país.

A partir de esto, podemos concluir que la necesidad de revisar los principios de la estrategia, en un choque de adversarios de primera clase, que la decisión no puede ser alcanzada con el primer golpe. La guerra pasará a tener el carácter de un largo y arduo concurso, poniendo a prueba todos los recursos políticos y económicos de las partes en guerra. Expresado en lenguaje de estrategia, esto significa un cambio de una estrategia de golpes relámpago, decisivos, a una estrategia de desgaste.

Esta conclusión, aunque básicamente correcta, debe ser complementada con la correción venida del carácter de clase de la guerra futura.

La esencia de esta corrección se encuentra bajo una profunda intensificación de las contradicciones de clase, la estabilidad moral de cada una de las partes combatientes que se pueden revelar demasiado débiles y no pueden resistir la dinámica del primer golpe militar serio. Especialmente característico de esto es la posición de las partes combatientes, de las estructuras de clase opuestas. Por ejemplo, el choque de cualquier estado burgués con nuestra Unión Soviética. Es obvio que, como consecuencia de un fuerte golpe militar por nuestra parte, un movimiento espontáneo de la clase obrera en el lado opuesto se podría encontrar las manos libres, pudiendo hacer posible que la clase trabajadora tome el poder, lo que podría significar el fin inmediato de la guerra.

No hay duda de que este tipo de análisis puede ser aplicable a nosotros, en la medida en que los enemigos internos del poder obrero y campesino puede levantar la cabeza. Esto se explica por el hecho de que los restos de los guardias blancos (wrangelitas) y otros, continúan aún hoy en día gozando de un buen y conocido patrocinio por parte del gobierno de los países burgueses.

Por lo tanto, de la cuestión anterior, no es necesario llegar a la conclusión de que necesitamos rechazar una estrategia de ataques preventivos (esta estrategia, por cierto, tampoco es rechazada por los estados burgueses). Por el contrario, cuanto más fuertes sean las contradicciones de clase en los estados enemigos, mayores son las posibilidades y bases para el éxito y la ventaja de esta estrategia. A pesar de todo esto, la necesidad de prepararnos para una larga y difícil guerra sigue siendo obligatorio para nosotros. Dado que estamos hablando del choque de dos mundos diferentes, esto significa que la lucha será hasta la muerte. La república de obreros y campesinos tiene muchos enemigos, donde la lucha va a ser bajo cualquier condición, larga.

La conexión del frente con la retaguardia hoy en día tiene que ser más próxima, más directa y más decisiva. La vida y el trabajo del frente son determinados en todos los momentos por el trabajo y por el estado de la retaguardia. Y en este sentido, el centro de gravedad de la conducción de la guerra se mueve del frente a la retaguardia.

Hay otro punto en esta dirección, conectado con el desarrollo de la tecnología militar y el perfeccionamiento de las fuerzas destructivas. La transformación de la aviación en un campo decisivo, las mejoras en las armas químicas, la posible utilización de agentes infecciosos, etc, transforman de forma esencial los principales conceptos de “frente” y “retaguardia” en los significados antiguos de estos términos.

“Frente” en el sentido de región directamente abarcada en las acciones militares, perdió su carácter anterior como una barrera humana que bloquea el acceso del enemigo a la “retaguardia”. Si no completamente, entonces en cualquier caso, al menos en parte, (dependiendo principalmente de la grandeza del territorio de un determinado país) la retaguardia se ha mezclado con el frente. De aquí debe haber nuevas misiones y nuevos métodos para preparar la defensa de un país y, en particular, un nuevo papel para la retaguardia, como un participante directo en la lucha. Si el peso directo de conducir la guerra recae sobre la nación entera, todo el país, si la retaguardia adquiere tal importancia para el transcurso general de las operaciones militares, entonces, naturalmente, la tarea de prepararlas de una manera global y sistemática, en tiempo de paz, tiene una importancia prioritaria.

Esta preparación debe tener como objetivo primordial el fortalecimiento ininterrumpido del frente, de todo lo que es necesario para la condución de operaciones militares; en segundo lugar, el suministro de la retaguardia, de todo lo que es necesario para mantener la energía de funcionamiento y estabilidad moral en el nivel requerido. La tarea es entendida de la misma manera en todas las potencias mundiales contemporáneas, esforzándose en darle una expresión práctica.

Para nosotros, este problema -el de la organización del Estado soviético en caso de guerra- tiene una importancia excepcional. La dimensión de nuestro territorio, la relativa baja densidad de la población, la red ferroviaria insuficiente, el atraso tecnológico general, y así sucesivamente, todo esto nos coloca en una posición muy desventajosa en términos de preparación de movilización frente a potenciales enemigos.

Nuestro ejército permanente debe ser el medio para arreglar la condución planeada de la movilización del país. Pero nadie en nuestra Unión puede tener ilusiones con este resultado. Fuimos hasta los extremos en nuestros esfuerzos por reducir la carga militar en la población. En 1924 redujimos en el ejército unas 50.000 tropas, y en lugar de los 610.000 soldados anteriores, tenemos sólo 560.000. Y una vez que, un número significativo está en la retaguardia, parte de efectivos de combate en el ejército se mantiene en un número mucho menor. En esta situación, es evidente que no tenemos un ejército permanente en el verdadero sentido de la palabra: una fuerza armada suficiente para estar lista para resistir los golpes del enemigo. Tenemos sólo el cuadro, sólo el esqueleto del futuro ejército, e incluso así no es lo suficientemente fuerte.

De ahí, nuestra ardiente, urgente tarea inmediata: fortalecer los esfuerzos generales para la preparación del país para la defensa; organizar el país en tiempo de paz, para que pueda moverse de forma sencilla, rápida y en pistas militares. El camino a esto es tener en tiempos de guerra el curso estable para la militarización de las funciones de todo nuestro aparato civil. Lo que esto significa, es lo que vamos a ver.

 

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La tarea de preparar el país para la defensa en las condiciones actuales están más allá de las capacidades actuales del ejército y de la burocracia militar. La tarea debe convertirse en la preocupación de todo el país, de todo el aparato soviético. Parece imposible a primera vista, pero es un error. Las dificultades aquí, es verdad, son grandes, pero en realidad el carácter de nuestro poder de estado hará superarlas más fácilmente que a todos los demás.

Aquí hay algunos ejemplos para indicar la dirección en la que debe seguir nuestro trabajo.

Preparación del oficial del cuerpo (comandante). Hasta el momento ha sido responsabilidad exclusiva de los militares. Toda una red de instituciones militares-educativas de todas las especialidades y patentes que ya existen para este fin. ¿Este sistema es satisfactorio? Difícilmente. En primer lugar, es extremadamente caro. En segundo lugar, siendo estos preparados para las necesidades de la guerra (la reserva de oficiales del cuerpo) son sin embargo insuficientes.

¿Puede esta tarea se manejada de manera diferente? Sin lugar a dudas, puede. Un ejemplo vivo de esto se puede encontrar en los EE.UU.. La preparación de la reserva de oficiales es la responsabilidad del camarada Lunacharski (Comisario del Pueblo para la Instrucción y Educación Pública). Podemos leer una descripción del periódico “Guerra y Paz” (Libro Blanco de los emigrantes).

El método de producción de reserva de oficiales desde el interior de las instituciones de la juventud de educación superior alcanzó un alto grado de desarrollo en los Estados Unidos como resultado de la naturaleza del sistema democrático y de los bajos costos“.

En la actualidad, 123 instituciones de educación superior en los EE.UU. llevan a cabo entrenamiento militar de estudiantes voluntarios, que constituyen el “cuerpo de estudiantes de reserva” de oficiales que ascienden a 60.000 personas.

El entrenamiento militar en la propia universidad trae a los estudiantes los siguientes beneficios: relajación, entrenamiento deportivo y físico llamando al espíritu de competición y de interés. Como resultado, hacer un curso militar es visto como una recompensa especial y está acompañado de beneficios claros (bonos, asistencia material, etc). Finalmente, el estudio de la ciencia militar se monta en un modelo y de una forma interesante. La distribución entre las especialidades se lleva a cabo en correspondencia con la especialización de la universidad o departamento: por ejemplo, los estudiantes del departamento de ingeniería mecánica están preparados para servir en la artillería y así sucesivamente. Cada universidad u otro instituto de tipo superior es colocado en un número determinado de grupos por ramas de servicio o especialidad en correspondencia con la especialidad del departamento y con el número de sus estudiantes. Todos los grupos juntos completan el “departamento militar” de una institución educativa. Un oficial encabeza el departamento como profesor de ciencia militar, teniendo bajo su mando profesores de ciencia militar, así como oficiales del frente y oficiales de menor rango.

El rector de la universidad dedica un cierto número de horas a la semana para el estudio de un curso en la ciencia militar y proporciona las estructuras necesarias para los elementos materiales del curso (piezas de artillería, tractores, armas, etc.), pertenecientes al departamento militar“.

Todas las actividades generales de la Comisión para la Instrucción y Educación Nacional deben ser estructuradas de manera que puedan servir a las necesidades de la defensa. Su militarización es necesaria a todos los niveles y ramas.

Es posible que alguna parte del personal de los centros de enseñanza puedan estar “asustados” con este “militarismo”. Sólo demuestra la presencia de estados de ánimo sentimentales, pequeño-burgueses y una completa falta de comprensión de la esencia y del carácter de las tareas con las que se enfrenta nuestra república de obreros y campesinos. La contradicción profunda y de principio existente entre la naturaleza de la Unión Soviética y del resto del mundo burgués-capitalista, deben tarde o temprano, adoptar la forma de una lucha abierta y decisiva. Los hechos de la vida internacional actual son una manifestación aguda de esto. No podemos decir con seguridad si el resultado del nuevo bloque anti-soviético, ahora organizado por Inglaterra, se convertirá en una nueva intervención en un futuro próximo. Pero podemos y debemos con cualquier decisión hacer hincapié en que a largo plazo el choque es inevitable. La iniciativa para atacar no será nuestra. En lo que respecta a nosotros, podemos esperar con calma los resultados de nuestros éxitos económicos y culturales. Tarde o temprano, esto conducirá inevitablemente al florecimiento de los ideales socialistas en otros países también. Pero nuestros enemigos difícilmente nos permitirán el desarrollo socialista pacífico, que amenaza la propia existencia del capitalismo. De ahí nuestra tarea: preparar firmamente, de forma metódica y resolutamente nuestra lucha, para preparar las condiciones de nuestra victoria.

Organizar y dirigir a los miembros de la Comisión de Instrucción y Educación Nacional de la unión de las repúblicas está entre los más importantes de este tipo de condiciones. Como resultado de este trabajo, el ejército debe recibir ciudadanos-soldados, cultural, literaria y políticamente educados. Cuando esto se logra, decidirá en un 90% el resultado de cualquier choque mortal. Cada éxito en dirección al presente beneficia infinitamente nuestro trabajo en tiempos de guerra. Liquidar el analfabetismo en el próximo proyecto conjunto debe ser la tarea concreta del próximo año. Hasta ahora, el ejército tuvo que lidiar con este asunto, que hizo un gran daño a otras prioridades. Debe ser y será tratado por el Comisionado de Instrucción y de Educación Nacional antes del momento de la convocación militar.

Una tarea inmediata debe ser la de incluir en programas de enseñanza secundaria y primaria un curso de entrenamiento y conocimientos militares. Esto es especialmente importante en las zonas rurales, ya que proporciona la inmensa mayoría de las fuerzas armadas. En la actualidad, gracias al bajo nivel cultural y algunas veces al simple analfabetismo, este contingente no es el mejor material para las condiciones de la batalla moderna. Estas deficiencias deben ser abordadas con los cambios correspondientes en la educación, comenzando en el banco de la escuela. El papel de nuestros maestros es inconmensurable. Con una pequeña adición de pequeños recursos, pueden proporcionar enormes servicios para la defensa del país.

Otro ejemplo, el transporte (Oboz). La exigencia de transporte en un ejército movilizado será enorme. Pensar en la preparación de la movilización de almacenamientos sólo en el presupuesto militar es la más pura de las ilusiones, pues sus recursos son insuficientes para satisfacer las necesidades diarias. Y el sistema de acumulación de estas reservas de movilización es muy poco práctico en vista a sus costes. Pero las necesidades de movilización pueden ser completamente satisfechas si nuestros órganos económicos estuvieran, en lugar de la imposible tarea de crear este tipo de reservas, ocupándose ellos mismos del desarrollo y distribución entre los campesinos de los vehículos de tal naturaleza, que puedan, tanto satisfacer completamente las demandas económicas del pueblo y al mismo tiempo ser aptas para servir a las necesidades militares. La introducción de un sistema de medidas de apoyo y una amplia retaguardia para esto, sería asegurar el éxito.

Otro ejemplo. Empezamos a desarrollar la industria del tractor. Como es bien sabido, el tractor jugará un papel importante en los futuros campos de batalla. Para sumar al obvio papel de los tanques, el tractor de oruga tiene una amplia aplicación en otros ámbitos de los asuntos militares: por ejemplo, en una serie de países, la transición de la artillería tirada por caballos para tirar con el tractor está en comienzo. Dada nuestra pobreza, pensar en la acumulación de la tecnología, en tiempos de paz, exclusivamente para las necesidades del ejército sería una cosa de tontos. Asegurar que los tipos de tractores utilizados en tiempos de paz deben también cumplir con un mínimo de determinados requisitos militares, es una medida completamente necesaria y factible.

Los medios de comunicación y de transporte desempeñarán un papel especialmente importante en el transcurso de las actividades militares. En esencia, todo el trabajo preparatorio de la movilización se encuentra fuera del ámbito militar. Proporcionar al ejército en tiempos de guerra reservas de movilización, equipos de transporte y de comunicación a costa del presupuesto civil es utópico y perjudicial. Todo esto debe ser preparado en el proceso normal, trabajo de tiempo de paz, correspondiente a los comisionados del pueblo. Este trabajo ha recibido la atención necesaria. Ahora podemos ver algunos resultados, sobre todo en la comunicación. En toda un serie de formas de producción, nos hemos liberado de la dependencia extranjera. Tenemos que avanzar aún más fuerte y ampliamente en este camino. Necesitamos establecer organizativamente y fortalecer aún más los lazos entre los comisionados populares pertinentes y las secciones correspondientes y los directorios de los militares. Esta última debe convertir en algo personal la movilización y la instrucción de las primeras.

 

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Tal “militarización” es muy fácil de lograr, pero sólo bajo dos condiciones: en primer lugar, con la clara conciencia, desde la retaguardia, y especialmente por el aparatos civil, de su papel en la futura guerra y la necesidad de una preparación para eso. En segundo lugar, mediante el establecimiento de una relación vital, directa entre los aparatos militares y civiles. Esta relación debe ser fortalecida organizativamente a través de la introducción de representantes del ejército en los órganos e instituciones civiles relevantes para sus especialidades.

Nuestros gestores económicos tienen un papel importante. Deben recordar que la guerra requiere de la movilización de todos los recursos económicos agrícolas, industriales y financieros. Estos deben ser organizados, coordinados y dirigidos por la misma estrategia que dirige la operación de las fuerzas armadas.

Los líderes de sus “trusts” y conglomerados (kombinaty), los directores de nuestras centrales y fábricas en todas las actividades en tiempo de paz deben comenzar desde estos puntos de vista. Con cada nueva conquista -económica, cultural o de otro tipo- debemos siempre plantearnos: ¿cuál es la relación entre este proyecto y la necesidad de proporcionar la defensa del país? ¿Esto no es posible sin el daño de los requisitos de tiempo de paz, para hacer cosas que posibilitan alcanzar ciertos objetivos militares?

Por otro lado, nuestros gestores militares deben revisar los tipos de elementos proporcionados tanto para los tiempos de paz como para los tiempos de guerra a los ejércitos. Debemos empeñarnos al máximo en el uso de aquellos modelos que son objeto de amplio consumo en tiempos de paz, si es posible, en los que ya está establecida la producción en masa. Aquí, todos los detalles no esenciales deben ser ignorados. La posibilidad de suministrar en masa en tiempos de guerra sin ningún esfuerzo ni gasto adicional, dispensa cualquier defecto secundario.

Comprensiblemente, no podemos exigir de nuestros gestores tal preparación, tal conocimiento de los asuntos militares, que de forma automática producirían la aplicación de estos requisitos. Ayudarles es la primera tarea de los militares. El militar está obligado, con la ayuda de ciertas formas de organización de trabajo del aparato estatal, y también del organismo de diversas organizaciones sociales (Sociedad de Amigos de la Flota Aérea, Dobrokhim, VNO, y otras) para influir en la naturaleza y la dirección del trabajo de los órganos económicos.

Finalmente, la cuestión de la movilización de la industria y en general en la economía del país. La experiencia de la guerra imperialista nos da un material muy rico en este punto de vista. Nuestra guerra civil, por su parte, dio una gran cantidad de información valiosa, propia del modo particular de nuestro estado. He de decir que nuestra experiencia ha sido poco estudiada en la correspondiente literatura de posguerra. El trabajo de nuestros órganos de suministro Chusosnabarm y Oprodkomarms ha tenido un gran interés práctico junto con su gran significado histórico.

La particular importancia de investigación y preparación sistemática, planificada y dolosa de la cuestión de la movilización industrial es clara para nosotros. Sin embargo, debemos reconocer que hemos hecho muy poco en esto. Este es un trabajo que debe ser montado como es en los estados mayores que se ocupan de cuestiones puramente militares. El mismo plan operativo que diseñamos para las tropas, debe organizarse para el desarrollo de nuestra economía nacional en tiempos de guerra. Este plan debe tener en cuenta todas nuestras demandas y todos nuestros recursos. El suministro ininterrumpido y adecuado del frente y de la retaguardia debe estar garantizado. Este trabajo es increiblemente complejo, pero es necesario y posible. Vale la pena señalar que llevar esto a cabo es mucho más fácil para nosotros, gracias al carácter del Estado, de las ramas básicas de nuestra industria. Esta es nuestra gran superioridad sobre los estados burgueses y sería imperdonable no saber cómo utilizar esta ventaja a su manera.

No hay trabajos académicos que arrojen luz sobre el desarrollo de estas importantes cuestiones, pero esto no puede continuar. Vale la pena querer que la investigación en estas cuestiones deban ocupar un lugar adecuado en nuestra prensa civil y militar. Es decir, sobre todo, el deber de nuestros oficiales de los suministros. Me gustaría recordarles una y otra vez que hay que abandonar rápida y radicalmente los restos de las visiones que se han hundido en el olvido. La tarea de nuestros oficiales de suministros no es meramente la de distribuir producción entre las distintas unidades: sería mucho más simple si sólo se tratara de distribución. El centro de gravedad de su trabajo se encuentra en los órdenes estatales de adquisición (zagatovka). Las órdenes del Estado han sido localizadas en las manos de órganos civiles y del Estado. Sacarlas de sus manos y simplemente colocarlas directamente en manos militares es una utopía. Es necesario un enfoque de algún modo diferente, pero no sólo ver cómo se hacen las cosas “allá” (¿en el sector civil?), sino también para influir en el carácter de la propia producción, derivada de las necesidades de la defensa. Ante esto, los suministros deben no sólo basarse únicamente en responder a las necesidades actuales del ejército, pero no en menor medida con las existencias de movilización. Sin embargo, con el fin de hacer esto, debemos tener en cuenta también la verdad, que el centro de nuestra atención debe ser transferido a la organización de los sectores pertinentes de la industria. Nuestras directores de suministros deben tener como tarea principal el aprovisionamiento para una conexión original mutua con el mundo industrial de nuestro país y también con el mundo científico-técnico. Esta conexión no debe estar limitada a los órganos centrales, debe tener lugar también a un nivel más inferior. Debe haber, por lo tanto, un papel importante en nuestras unidades territoriales (milicias). Deben, por encima de todo, no esperar la incitación desde arriba, sino unirse ellos miismos al aparato local, persiguiendo tercamente la línea indicada anteriormente.

Cualquier trabajo productivo sólo es concebible en la presencia de una correspondiente organización, hábito, habilidad y método. Trabajar a una escala tan grande, un esquema sistemático del cual hablé antes, requiere un grado aún mayor. Somos especialmente ricos en buenas organizadores. Toda la práctica de nuestro trabajo se ve amenazada por decenas de miles de cortocircuitos. Muchos de ellos vienes no sólo de la incomprensión, sino del simple desorden y la falta de un enfoque sistemático. El programa esbozado anteriormente se hace mucho más fácil por el carácter del Estado, de los elementos fundamentales de nuestra economía. Sería escandaloso si, dada esta ventaja, no fuesemos capaces de elevar la defensa de la Unión Soviética a las alturas necesarias. Sólo tenemos buena voluntad por parte de los civiles y los militares, y luego un trabajo planificado, sistemático y persistente.

Sólo con este tipo de enfoque la movilización del país para las necesidades de la defensa se establecerá como debe ser.

El significado de la retaguardia, es decir, la preparación de todo el aparato económico y del estado presenta un serio desafío al personal y a las instituciones civiles -en el sentido de ser responsables de las exigencias de la futura guerra y la armonización de la producción con sus necesidades- y para el personal militar en el establecimiento de vínculos más estrechos con las instituciones civiles pertinentes. Junto con esto, el papel excepcionalmente importante de la retaguardia no ha disminuido, todo lo contrario, en muchos sentidos aumentan los requerimientos y preocupaciones de los cuadros del ejército permanente.

El problema del adoctrinamiento y la educación de millones de reservas con dificultades ininterrumpidas en los asuntos militares y un período relativamente corto del servicio militar, el problema de la mejor organización de las tropas bajo condiciones tecnológicas actuales y nuestras posibilidades tecnológicas reales; la tarea de verificación y decidida mejora de los asuntos militares básicos desde el punto de vista de la futura guerra de masas; por último, el establecimiento en el Ejército Rojo de un tono firme de trabajo sistemático e ilimitado hasta el tornillo más pequeño, todas estas tareas debe ser llevadas a cabo por nada menos que todo el Ejército Rojo, de modo que la movilización en el futuro dará una posibilidad de proporcionar un mínimo de esfuerzo de energía para la creación de un fuerte y organizado ejército de guerra.

Es por ello que el personal permanente del Ejército Rojo, por encima de todo, por supuesto, los órganos políticos y administrativos gestores, soportan una gran responsabilidad. Cada unidad del Ejército Rojo que existe, tiene un efecto multiplicador significativo que, cuando se pone en acción, crece varias veces sus fortalezas y debilidades. La dirección del Ejército Rojo debe tener en cuenta el trabajo, con honestidad, trabajar de forma creativa, ya que depende en un grado grande, muy importante, nuestra victoria, la victoria del proletariado internacional en el inminente conflicto con el capital.

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria”

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