Stalin y los empresarios

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El siguiente texto es de la autoría de Aleksandr Konstantínovitch Trubítsine (1946). Licenciado en electrónica, trabajó en la construcción de ordenadores de a bordo para misiles y satélites. También escribió en los periodicos “Soviétskaia Rossía“, “Patriot” y “Pravda“.

 

Si hace cinco o seis años hubiese visto un título semejante pensaría, probablemente, que el artículo hablaría de la liquidación de los empresarios como clase, de su reeducación en la construcción del Canal Mar Blanco-Mar Báltico, de su castigo en los “gulags” y de otras pesadillas para el pequeño negocio. Y no podía ser de otra manera, ya que Stalin fue la construcción del socialismo, el fin de la NEP, la economía planificada. ¿Qué lugar podría haber aquí para la iniciativa privada? Sin embargo, se constata que podía y que, en la época del camarada Stalin, este sector de la economía nacional se desarrolló con gran fuerza, hasta ser cercado y liquidado, en 1956, por Jruschov, junto con la eliminación de las huertas familiares (las que, por cierto, durante la época de Stalin, podrían tener hasta una hectárea de tierra).

Me interesé por primera vez en el tema de la iniciativa privada, en la época de Stalin, cuando examinaba la edición en varios tomos de los documentos de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), del período de la Gran Guerra Patria.

Fue entonces que me encontré con un informe de un importante jefe de la NKVD (había esa patente) sobre la situación en una fábrica que producía munición de artillería. El informe es puramente estadístico: tantos miles de municiones en los almacenes, tanos miles en producción, las cantidades de materias primas disponibles, los ritmos de producción. Era una información rutinaria, pero de repente vi algo inesperado, la producción había sido entregada a una empresa cooperativa. Se trataba de la fabricación de decenas de miles de municiones, es decir, ¡de una producción a gran escala!

Pasé la infancia con Jruschov. En esa época había una actitud despectiva en relación con las cooperativas. Eran vistas como “bagatelas”. Las empresas estatales, sí, ¡eso era algo serio! Muchos años después, al leer aquel informe, empecé a interesarme y a tratar de comprender lo que representaba en la realidad la producción cooperativa soviética en la época de Stalin.

De la lectura de las memorias de armeros y constructores supe que, en el Leningrado sitiado, por ejemplo, las famosas ametralladoras “Sudaev” eran hechas en empresas cooperativas. Esto significa que estas empresas disponían de un importante parque de máquinas: máquinas-herramientas, prensas, equipos de soldadura y alta tecnología.

Después comencé a buscar información sobre las empresas cooperativas y descubrí cosas sorprendentes. Verifiqué que en la época de Stalin, la iniciativa privada (en forma de cooperativas industriales y de sindicatos de artesanos) era incentivada de todo tipo de formas y por todos los medios. En el primer plan quinquenal se planificó el crecimiento del número de miembros de las cooperativas en 2,6 veces. A principios de 1941, el Consejo de Comisarios del Pueblo y el CC del PCUS(b), en una resolución especial, “tiraron de las orejas” a los celosos responsables que se entrometían en la actividad de las cooperativas; subrayaron el carácter obligatorio de la elección de las direcciones de las cooperativas industriales a diferentes niveles; y las exoneraron durante dos años de la mayoría de los impuestos y del control estatal sobre la formación de los precios al por menor. La única condición obligatoria era que los precios al por menor no debían ser mayores que lo precios estatales en más del 10-13% para la misma producción (las empresas estatales no se beneficiaban de exenciones y por eso tenían menos condiciones favorables).

Y para que los burócratas no tuviesen la tentación de “acorralar” a los cooperativistas, el Estado también estableció los precios de las materias primas que se proporcionaban a las cooperativas industriales, de los equipos, de los espacios de almacenamiento, del transporte y de la red comercial. La corrupción, en principio, se hacía imposible. Incluso en los años de guerra se mantuvo la mitad de los beneficios fiscales a las cooperativas, las cuales se incrementaron inmediatamente después de la guerra, superando los niveles de 1941, en particular a las cooperativas formadas entonces en gran número por antiguos combatientes mutilados.

En los difíciles años de la posguerra, el desarrollo de las cooperativas era visto como un importantísimo objetivo del Estado.

Un pariente mío describió en sus memorias cómo su padre, comunista, combatiente en el frente de batalla, se convirtió en dirigente de una gran y exitosa cooperativa. Le encargaron organizar una empresa en la pequeña aldea donde vivía. Fue al centro regional y en un día resolvió todos los trámites, volviendo a casa con varias páginas de documentos y el sello de la cooperativa recién creada. Era así, de forma expedita y sin obstáculos burocráticos, que en la época de Stalin se resolvían las cuestiones relacionadas con la creación de empresas. Después empezó a reunir amigos y conocidos y decidieron qué hacer y cómo hacerlo. Uno de ellos, que tenía un carro y un caballo, se convirtió en el “jefe de la sección de transporte”. Otro había encontrado bajo las ruinas una máquina de gasificar agua, y él mismo la reparó. Un tercero cedió las instalaciones para la cooperativa en el patio de su casa. Y fue así que, con lo poco que tenía cada uno, comenzaron a producir limonada.

Discutieron y acordaron la forma de organizar y garantizar la producción, la participación de cada uno en la cooperativa (de acuerdo con lo aportado para la creación de la empresa y las respectivas calificaciones) y se lanzaron a trabajar. Y la cosa funcionó bien. Después de algún tiempo comenzaron a hacer piruletas, después salchichas, hasta que aprendieron a hacer conservas. La cooperativa creció y se desarrolló. Algunos años más tarde, su presidente fue condecorado por el trabajo realizado y su retrato fue incluido en el cuadro de honor del distrito. Esto demuestra que en la época de Stalin no se diferenciaba a quien trabajaba en las empresas del Estado del que estaba en empresas privadas, todo el trabajo era honorable, y en la legislación laboral, en la cuenta de los años de servicio o en otros formularios constaba siempre la opción posible “…o miembro de la cooperativa industrial…“.

 

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¿Y cuál fue el legado que el camarada Stalin dejó al país en relación al sector empresarial cooperativo de la economía? El número de tiendas y empresas en las más diversas actividades (de la industria alimentaria a la metalúrgica, de la joyería a la industria química) alcanzó las 114.000. En ellas trabajaban cerca de dos millones de personas que producían el 6% de la producción industrial bruta de la URSS, y los sindicatos de artesanos y las cooperativas industriales producían el 40% del mobiliario, el 70% de los utensilios de cocina y mesas de metal, más de un tercio de las mallas textiles y casi la totalidad de los juegos y juguetes para los niños. En el sector industrial cooperativo trabajaban cerca de una centena de oficinas de diseño, 22 laboratorios experimentales y hasta dos institutos de investigación. Además, el sector tenía un sistema propio de pensiones, ¡no estatal! Hay que añadir también que las cooperativas concedían a sus miembros préstamos para la compra de ganado, herramientas y equipos para la construcción de viviendas.

Como hemos visto, su producción era variada. En los años de posguerra, en las zonas rurales de la URSS, las cooperativas fabricaban alrededor del 40% de los objetos domésticos (vajilla, muebles e incluso calzado). Los primeros receptores de radio a válvulas (1930), los primeros radios tocadiscos (1935) y los primeros televisores con cinescopio (1939), fueron producidos por la cooperativa “Progress-Radio“, en Leningrado.

Así se desarrolló la iniciativa privada en la época de Stalin. Un verdadero sector empresarial productivo y no especulativo. Un sector con gente brillante y trabajadora, que abría todo el campo a la iniciativa individual y a la creatividad de cada uno y que hizo la economía más fuerte, en beneficio del país y del pueblo. Un sector que era tutelado y protegido por el Estado.

En la época de Stalin nadie conoció esos fenómenos de la “democracia” como la extorsión, la “protección” (mediante pago) o la corrupción. En estas condiciones, la iniciativa privada creció y se consolidó.

La cooperativa “Stoliar-Stroitel“, en Leningrado, que comenzó a fabricar trineos, ruedas, abrazaderas y urnas funerarias en 1923, pasó a llamarse “Radist” en 1955, disponiendo de una gran producción de mobiliario y aparatos de radio. La cooperativa “Metalist“, creada en 1941 en Iakutsk, a mediados de los años 50 ya tenía una gran base industrial. En esa época, la cooperativa “Krasni Partisan“, en Vologda, que había comenzado a producir resinas en 1934, también era una gran unidad con una producción de 3.500 toneladas. La cooperativa “Júpiter“, en Gatchina, que desde 1924 producía ferretería de uso personal, en 1944, inmediatamente después de la liberación de la ciudad, pasó a producir clavos, cerraduras, linternas y palas, de las que había gran necesidad para la reconstrucción, y a comienzos de los años 50 empezó a producir lavavajillas de aluminio, lavadoras, equipos de perforación y prensas. Hay miles de ejemplos exitosos.

Stalin y su equipo intervinieron con firmeza contra los intentos de nacionalización del sector cooperativo empresarial. En el debate nacional sobre la economía, en 1951, D. T. Shepilov(1) y A. N. Kosyguin(2) defendieron el mantenimiento de las huertas familiares de los miembros de los koljoses y la libertad del emprendimiento cooperativista. Stalin escribió sobre el asunto en su última obra, “Problemas económicos del socialismo en la URSS“.

Pero Stalin murió y el tramposo y astuto Jruschov trepó al más alto cargo del Estado. Lanzó montañas de basura sobre Stalin, guardó rencor a Shepilov por las intervenciones que hizo contra sus ridículas ideas (los más viejos recuerdan aquello de “y Shepilov, que se unió a ellos“)(3) y en cinco años arruinó, deshizo y destruyó lo que Stalin había hecho crecer cuidadosamente, con sabiduría y de forma consistente durante décadas. En 1956 decretó la transferencia total al Estado, hasta el año 1960, de todas las empresas cooperativas. Las únicas excepciones fueron las pequeñas cooperativas de servicios domésticos, los ateliers de artistas y las cooperativas formadas por inválidos de guerra, aunque a éstas se les prohibió vender directamente su producción. La eliminación del sector empresarial cooperativo fue cruel e injusto. La cooperativa anteriormente mencionada, “Radist“, se convirtió en una fábrica del Estado, la cooperativa “Mettalist“, en un taller de reparaciones mecánicas, la cooperativa “Krasni Partisan” en una fábrica de colofonia, y la cooperativa “Júpiter“, en la fábrica estatal “Burevestnik“.

Las cooperativas fueron expropiadas sin indemnización. Los socios perdieron sus contribuciones, excepto aquellas que debían ser reembolsadas según los resultados de 1956. Los créditos concedidos a los miembros de las cooperativas fueron inscritos en los ingresos del Estado. Los establecimientos comerciales y de restauración en las ciudades fueron expropiados sin indemnización. En las localidades rurales el pago fue simbólico.

La justicia de la nacionalización llevada a cabo después de la revolución no levanta dudas. Todo lo que había sido construido durante siglos por un pueblo expoliado y explotado, a través de un sistema vil e injusto de distribución de la riqueza, tenía claramente que ser entregado a los que por derecho les correspondía: el pueblo trabajador. Todo lo que había sido acumulado a través de la especulación, de la usura, del fraude, de la extorsión, bajo coacción financiera o policial, debía ser devuelto y usado en beneficio de todo el pueblo.

Sin embargo, la propiedad de las cooperativas, creada y aumentada durante la era soviética, en total conformidad con leyes justas, una propiedad material, construída por el trabajo, y no valores de bolsa y acciones u otros valores que constituyen medios e instrumentos de fraude y apropiación, una propiedad bajo la forma de máquinas-herramienta, vehículos e instalaciones, a menudo construidas por los propios miembros de las cooperativas, es una propiedad honesta. Es una propiedad que no sirve a la explotación del hombre por el hombre, sino a la creación de bienes para todo el mundo. No tenía que haber sido abolida, como si hizo Jruschov.

Y ahora, cuando las máquinas de propaganda lavan los cerebros de los pequeños empresarios con la amenaza de que “vienen los malvados stalinistas y os llevan todo“, es necesario recordar que fue precisamente Stalin el que creó y desarrolló un magnífico sistema de empresariado honesto, productivo, no especulativo o usurero. Lo defendió con firmeza tanto de la malversación y de la corrupción de los funcionarios, como de la usura que vive de los intereses y de la rapiña del capital. Pero no pudo defenderlo del estúpido y malvado Jruschov, ese reformista de medio pelo, precursor del actual régimen corrupto, que debería haber sido enviado en la época al tal Gulag.

 

Notas:
(1) Dmitry Trofímovich Shepilov (1905-1995), miembro del PCUS desde 1926, del CC (1952- 57), secretario del CC (1955-1956 y 1957), candidato al presidium del CC (1956-1957) y ministro de Asuntos Exteriores (1956-57). En el pleno del CC, en junio de 1957, fue expulsado de la dirección del Partido por trabajo fraccionario, después de haber apoyado la dimisión de Jruschov del cargo de secretario general. Director y Vice-director de la Academia de las Ciencias de Kirguistán (1957-1960), acabó siendo colocado en los archivos centrales del Consejo de Ministros. En febrero de 1962 es expulsado del Partido, siendo rehabilitado en 1976. Como economista, integró el colectivo que preparó el primer “Manual de Economía Política del Socialismo“. (N. Ed.)

(2) Aleksei Nikolaievich Kosygin (1904-1980), miembro del Partido desde 1927, del CC desde 1939 y del Politburó (1948-1952 y 1960-1980). Comisario del Pueblo para la Industria Textil (1939-1940), Ministro de Hacienda de la URSS (1948), Ministro de la Industria Ligera (1949-1953), Presidente del Gosplan (1959-1960), se convirtió en Vicepresidente (1960) y Presidente (1964-1980) del Consejo de Ministros de la URSS. (N. Ed.)

(3) Referencia a los miembros del Politburó que legítimamente votaron por la destitución de Jruschov en 1957, y que después fueron denominados como “grupo antipartido”: Molotov, Kaganovich, Malenkov, Voroshilov, Bulganin, Pervukhin, Saburov y “Shepilov, que se unió a ellos“. (N. Ed.)

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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