Mitchurin, biólogo soviético

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El nombre de Ivan Vladimirovitch Mitchurin, célebre biólogo ruso, es conocido en el mundo entero. Fue un audaz innovador en el campo de la ciencia, investigador incansable y gran reformador de la naturaleza. Es conocido y debidamente apreciado en el país de los Soviets, país del socialismo victorioso, que ofrece todas las posibilidades para el desarrollo de la ciencia y en el que el gran sabio pudo mostrar todo el poder de su talento.

Mitchurin, fundó una nueva ciencia biológica, materialista, que desarrolla y dirige la naturaleza viva. La teoría general del desarrollo de la naturaleza viva y de su variación dirigida, constituye la base de la biología materialista. La doctrina mitchurinista encierra todos los elementos esenciales de esta ciencia: los principios y métodos de investigaciones a través de la vía dialéctica-materialista, en el proceso de evolución del mundo vegetal y animal. Es por esta razón que la doctrina mitchurinista no tiene un alcance biológico limitado, pero en general, abarca todas las áreas de la ciencia biológica: cultivos, ganadería, medicina, fisiología, ecología, etc.

Los principios teóricos de Mitchurin son irrefutables; son justos, no se basan en especulaciones o razonamientos abstractos (como los genetistas formales), sino que se basan en numerosos hechos observados en vivo y tomados de la ética práctica. Son el fruto de un largo trabajo, de una lucha obstinada para obtener el conocimiento de las leyes de la naturaleza viva. Paso a paso, con el conocimiento de un auténtico sabio y la sagacidad de un brillante naturalista, Mitchurin penetró en los profundos misterios de la naturaleza.

En sus investigaciones científicas, Mitchurin siempre tuvo en mente las palabras de F. Engels, de que para la dialéctica “no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve lo que tiene de perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior“.

Citando esta indicación eminentemente importante de Engels, Mitchurin escribe: “Siempre tuve en cuenta estos principios en mi trabajo, y me han inspirado en todas las numerosas experiencias que emprendí tanto para mejorar las variedades existentes como para obtener nuevas variedades de plantas, frutas y bayas“.

Numerosos sabios, que nada positivo han aportado ni a la teoría ni a la práctica, han afirmado, escribió Mitchurin, que “los organismos vegetales existentes sobre la tierra no se modifican, nada puede crear mejor que la naturaleza“. Yo afirmo que toda la variedad de formas vegetales, nacieron gracias a los cambios que se producen constantemente en la naturaleza, partiendo de una cantidad muy limitada de plantas, y está demostrado por numerosos hechos que el hombre puede y debe hacerlo mejor que la naturaleza.

La doctrina de Mitchurin parte del principio fundamental de que las nuevas propiedades adquiridas por los vegetales y los animales, bajo la influencia de las condiciones externas de la vida, pueden ser heredadas. Esto significa que el cambio cualitativo de la naturaleza de los organismos vegetales y animales, dependen de las condiciones de vida.

Por lo tanto, lo esencial en la doctrina de Mitchurin, no es el cruce ni la hibridación, como afirman de una manera notoriamente incorrecta y falsa los representantes de la genética formal burguesa. Lo esencial en la doctrina de Mitchurin es el papel del medio externo, la educación adecuada y orientada de los híbridos.

La hibridación es considerada por Mitchurin como una fuente de variación de las próximas formas correctamente escogidas, con el fin de obtener en los híbridos propiedades nuevas, propiedades deseadas.

Mitchurin afirmó varias veces que con la obtención de semillas híbridas, el selector no hace más que comenzar su trabajo. El organismo joven, obtenido por el cruce de dos progenitores, se distingue por una herencia “agitada” y, por lo tanto, posee una gran plasticidad. En un organismo similar, aplicando los diversos métodos de la educación mitchuriniana, su crecimiento puede ser dirigido por el selector.

Cuando el modo de educación es inadecuado, incluso con el mejor híbrido, los resultados son pobres, y en el caso contrario, con una planta híbrida dotada de cualidades indeseables, si aplicamos correctamente los métodos de educación, podemos obtener una buena y nueva variedad.

Se confirma que, a fin de cuentas -dice Mitchurin-, ue la estructura del híbrido depende del 1/10 de los productores y del 9/10 de la influencia del medio externo“.

Darwin descubrió la ley del desarrollo del mundo orgánico y estableció la concepción exacta de la evolución de los organismos vivos. No consiguió, sin embargo, mostrar cómo es necesario dirigir la evolución para crear metódicamente nuevas formas de plantas en interés del hombre. Esta tarea debía recaer sobre Mitchurin.

Después de desarrollar los aspectos positivos de la doctrina de Darwin, Mitchurin llevó la biología materialista a un grado superior, creando los fundamentos del darwinismo creador soviético.

Ya en el inicio de su actividad, Mitchurin refutó totalmente, a través de numerosas experiencias, la falsa teoría de Grell, conocido arboricultor, sobre la posibilidad de aclimatar viejas plantas, algunas veces frutales y que pertenecen a las variedades meridionales, en las regiones del norte.

Mitchurin demostró experimentalmente que la aclimatación de la plantas es realmente posible, a través de la siembra. Ninguna variedad, si no posee en su país de origen la capacidad de resistir bajas temperaturas, iguales a la temperatura mínima de la región a la que va a ser trasplantada, no se aclimata, por el simple transporte de las propias plantas o de sus injertos.

Mitchurin anuncia aquí, por primera vez, la teoría según la cual la naturaleza de la variedad se forma a partir de la primeros días de desarrollo de la semilla, y que durante este tiempo, puede ser más fácilmente modificada en la dirección deseada por las condiciones de educación.

Las largas y pacientes investigaciones de Mitchurin para encontrar los mejores métodos susceptibles de ampliar las culturas frutales en el norte, lo convencieron de practicar la hibridación de formas de plantas geográficamente distantes, combinada con la educación dirigida. Cuanto más lejos de su lugar de origen estuviesen las plantas utilizadas en la hibridación, más se combinaban con los híbridos las cualidades positivas de sus antepasados y más facilmente se adaptaban estos híbridos a las duras condiciones de la zona central de Rusia, donde vivía y trabajaba Mitchurin.

Uno de los mayores descubrimientos de Mitchurin, cosa perfectamente demostrada, es que la variación de los organismos obtenidos, tanto por vía sexual como por vía vegetal o asexual, está dirigida por las mismas leyes; y que no existe diferencia de principio entre las células sexuales y somáticas. Este principio, muy esencial, fue demostrado por Mitchurin en numerosas experiencias e investigaciones en el campo de la híbridación vegetativa de las plantas.

Las células sexuales, como demostró Mitchurin, se forman, a fin de cuentas, en una determinada fase de desarrollo del organismo, a partir de las propias células somáticas que componen todo el cuerpo del organismo.

A través de la hibridación vegetativa, Mitchurin creó variedades de culturas frutales de excelentes cualidades. Los híbridos vegetativos constituyen un material irrefutable que permite comprender esta propiedad, fuerza importante de los organismos: la herencia.

Dirigiendo las condiciones del medio externo se puede orientar, perfeccionar, crear nuevas variedades poseyendo la herencia que nos es necesaria.

Mitchurin elaboró su teoría del desarrollo sobre la base de las relaciones entre el pasado histórico del organismo y su herencia. El organismo está en vínculo indisoluble con el medio externo, formando una unidad con este medio. Mitchurin considera como un factor decisivo en la formación de los organismos el papel desempeñado por las condiciones externas.

Como se ve -escribe Mitchurin-, hay los que pretenden ser sabios conocedores de las leyes del reino vegetal, que consideran ingenua y dudosa mi afirmación respecto a la influencia ejercida por el medio externo en el proceso de constitución de nuevas formas y especies, las que, según ellos, no fueron aún probadas por la ciencia.

Sería interesante saber, antes de nada, si estos señores piensan verdaderamente que las 300.000 especies diferentes de plantas fueron creadas (fuera de toda influencia del medio externo) únicamente por la transmisión hereditaria de las cualidades de sus productores. Semejante solución habría sido absurda. No se puede suponer que los primeros individuos de organismos vegetales vivos, pueden dar, por fecundación cruzada, gradualmente, durante decenas de millones de años todo el reino vegetal actualmente existente sobre el globo, sin sufrir la influencia del medio externo, una vez que las condiciones durante los siglos y los milenios pasados, fueron tan frecuentes y fuertemente modificadas…“.

La doctrina Mitchurin, que no se limita a profundizar y a desarrollar el darwinismo, ha desempeñado y continúa desempeñado un papel considerable en la denuncia del carácter anticientífico de las diferentes teorías idealistas reaccionarias de los adversarios de la biología materialista.

La tendencia reaccionaria idealista, el weismanismo (mendelismo-morganismo), ha reinado durante muchos años en la ciencia biológica. Esta corriente anticientífica fue combatida por la escuela materialista de Mitchurin.

La lucha violentamente agravada, que dividía a los biólogos en dos bandos irreconciliables, se desarrolla alrededor de la vieja cuestión fundamental: los organismos vegetales y animales pueden heredar los caracteres y las propiedades que adquieren durante toda la vida. En otras palabras, el cambio cualitativo de la naturaleza de los organismos vegetales y animales dependen de tales y cuales condiciones de vida, es decir, del medio ambiente que actúa sobre el organismo. La tendencia materialista dialéctica de Mitchurin en biología afirma esta dependencia debido a numerosos hechos. La tendencia idealista metafísica weismaniana (mendelista-morganista) refuta esta dependencia sin pruebas, gratuitamente.

En agosto de 1948, se instaló en Moscú la Sesión de la Academia Lenin de Ciencia Agrícola de la URSS, dedicada al examen de la situación en la ciencia biológica. En esta sesión, la tendencia weismaniana (mendelista-morganista) fue denunciada y derrotada en el terreno ideológico como una tendencia anticientífica, reaccionaria, idealista-metafísica, separada de la vida y prácticamente estéril, en oposición a la mitchurinista, que marca el desarrollo creador de la doctrina darwinista en una nueva etapa superior de la biología materialista.

Esta discusión se desarrolló bajo el famoso lema de Mitchurin: No podemos esperar que la naturaleza nos otorgue sus favores, debemos arrancárselos, ese es nuestro objetivo. Esta enseñanza mitchuraniana está, se podría decir, llena de espíritu bolchevique y exhorta no solamente a los trabajadores de la ciencia, sino también a los millones de prácticos de la agricultura, a una actividad viva, creadora, para el bien y para la gloria de nuestro pueblo“. (V. Molotov.)

La doctrina de Mitchurin, la única ciencia biológica avanzada del mundo, se desarrolló y se fortaleció en la URSS, país del socialismo victorioso. Y esto no es una casualidad.

La doctrina mitchuriniana -dice el académico Lysenko-, es inseparable de la práctica de los koljoses y sovjoses. Es la forma más perfecta de la unidad de la teoría y de la práctica en la ciencia agrícola“.

Mitchurin escribió que sin el régimen soviético, habría sido un ermitaño desconocido en la Rusia zarista. Recordando los tiempos prerrevolucionarios, Mitchurin escribió: “Todo el camino que recorrí antes de la Revolución estaba sembrado de burlas, de desprecio y de olvido. Antes de la Revolución, escuchaba constantemente el juicio de los ignorantes sobre la inutilidad de mis trabajos, que calificaban como extravagancias y equivocaciones. Los empleados del Ministerio gritaban: “¡Cómo te atreves! Los sabios oficiales denunciaban mis híbridos como “ilegítimos”. Los nobles (sacerdotes) me amenazaban: ¡No hagas ese sacrilegio, no transformes el buen jardín de Dios en casa de tolerancia!. Así es como ellos llamaban a la hibridación“.

Sin embargo, Mitchurin persistía en la realización de sus intentos. Como un efusivo patriota, un entusiasta innovador, se dedica por completo a los intereses de su pueblo.

Privado de medios pecuniarios, desconocido, -escribió Mitchurin-, totalmente aislado de la sociedad, luchando constantemente con la necesidad y llevando una existencia miserable con las fuentes exiguas, las cuales un trabajo científico minucioso podría rendir en la época, comencé a trabajar en una oficina del ferrocarril e, incluso trabajando en el campo de la mecánica, continuaba, sin embargo, presiguiendo el final que me había propuesto“.

El Departamento de Agricultura de los EE.UU., conociendo las eminentes obras de Mitchurin y su penosa situación material, le ofreció entre 1911 y 1913, más de una vez, un hogar en EE.UU., o, al menos, la compra de toda su colección de variedades de las formas de origen y de los híbridos. Aunque sus propuestas eran, naturalmente, condiciones muy ventajosas para Mitchurin, siempre las rehusó. No quería que su investigaciones y colecciones se convirtieran, en las manos de los capitalistas, en un medio de aumentar sus beneficios en lugar de servir al interés del pueblo.

Lenin fue el primero en prestar atención a los trabajos de Mitchurin. A pesar de la guerra civil y la ruina económica del país, el gobierno soviético, desde los primeros meses de su existencia, proporcionó una ayuda eficaz a Mitchurin. M. Kalinin, entonces presidente del Comité Ejecutivo Central de los Soviets de la URSS, visitó dos veces la “siembra” de Mitchurin en Kozlov (actualmente Mitchurinsk). Más tarde (en 1928), se montaron laboratorios notablemente equipados en el lugar.

Por los eminentes servicios prestados en la creación de nuevas formas de plantas, el gobierno soviético concedió a Mitchurin la Orden de Lenin y de la Bandera Roja del Trabajo. En 1932, por decisión del Presidium del Comité Ejecutivo Central de la URSS, la ciudad de Kozlov, donde vivía y trabajaba Mitchurin, fue llamada Mitchurinsk. Desde entonces, la ciudad de Mitchurin se convirtió en un importante centro de investigaciones científicas para la transformación de la naturaleza viva, para la difusión de las ideas de Mitchurin en el campo de la biología general y la formación de una ciencia agrobiológica soviética avanzada. Recordando con amargura el período oscuro de su dolorosa vida bajo el régimen zarista, Mitchurin dijo: “sólo bajo el poder soviético fui reconocido en mi país. El primero que habló de mis trabajos fue Vladimir Ilitch Lenin. Ahora, rodeado de cuidados y atenciones del Partido, bajo la dirección del camarada Stalin, tengo la posibilidad de trabajar de manera más eficaz para la gran obra de renovación de la tierra“.

A los 60 años de su actividad científica, Mitchurin envía al camarada Stalin una carta en la que hace el balance de la ayuda que le ha proporcionado el Partido y el Gobierno. En esta carta, Mitchurin escribe:

El poder soviético ha transformado la pequeña siembra en la que comencé hace 60 años en un vasto centro de culturas, fructíferas industriales con irradación para toda la URSS, contando miles de hectáreas de jardines, magníficos laboratorios, donde trabajan decenas de colaboradores científicos altamente calificados.

El poder soviético y el Partido que lo dirige también hicieron de mi un investigador solitario que la ciencia oficial y los funcionarios del Departamento de Agricultura zarista no reconocían y ridiculizaban, un líder, un organizador de experiencias sobre cientos de miles de plantas. El Partido Comunista y la clase obrera me dieron todo lo que necesitaba, todo lo que un experimentador puede desear para tu trabajo“.

Michurin quedó particularmente conmovido por el cariñoso telegrama que recibió de Stalin en el 60º aniversario de su actividad científica. El telegrama dice:

Te felicito de todo corazón, Ivan Vladimirovitch, por tus 60 años de actividad fructífera para el bien de nuestra gran patria. Te deseo buena salud y nuevos éxitos en la renovación de la arboricultura frutal. Un buen apretón de manos“. J. STALIN

La doctrina de Mitchurin trajo abundantes frutos. Al principio creó cerca de 300 nuevas variedades de plantas frutales y bacíferas. Esto no es todo. Gracias a él, las famosas zonas de Humboldt fueron establecidas en el norte. Hizo crecer plantas frutales en lugares donde, en el pasado reciente, el hombre jamás había soñado ver árboles doblando sus ramas bajo el peso de su fruta. Las Uvas (pasas) en Chelyabinsk, los albaricoques en Siberia, las peras en Altai. Como un mágico cuento de hadas, Mitchurin adornó vastas extensiones de la Unión Soviética con verdes jardines frutales, con variedades desconocidas hasta el momento. Pero esto no es todo. Un enorme ejército de millones de seguidores, los mitchurinistas, son el capital más valioso creado por el gran transformador de la naturaleza.

La sesión de la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de la URSS, inaugurada en el mes de agosto de 1948, señaló en la resolución la actividad intensa y fructífera del académico Lysenko, su presidente. Este asumió la dirección de la lucha para denunciar y vencer en el terreno ideológico el mendelismo-morganismo, tomando en sus propias manos la bandera de la biología materialista mitchurianiana. Estimula de manera efectiva los progresos de la doctrina de Mitchurin. El academico Lysenko estudia las problemas teóricos más profundos de la biología moderna. Al mismo tiempo resuelve brillantemente los problemas prácticos que se presentan en la agricultura. Así, habiendo creado la teoría del desarrollo de las plantas por etapas, Lysenko elaboró sobre esa base un proceso agroténico precioso, conocido bajo el nombre de printanización, y que se practica actualmente en la agricultura, en millones de hectáreas. Los trabajos teóricos de Lysenko han hecho progresar los procesos agrotenicos tales como las siembras de trigo de invierno en Siberia, las plantaciones de manzanos en el verano, en el sur, las plantaciones en pockets kok saghyz y de zonas forestales, las siembras de maíz (pequeño) en filas espaciadas, la poda de algodón, etc.

El futuro pertenece a Mitchurin“, declaraba Lysenko terminando su informe en la sesión de la Academia Lenin de de Ciencias Agrícolas de la URSS. Lenin y Stalin descubrieron a Mitchurin y colocaron su doctrina al servicio del pueblo soviético. El Partido y el gobierno, y personalmente Stalin, tienen una precaución constante con el desarrollo posterior de la doctrina de Mitchurin. Para nosotros, los biólogos soviéticos, el objetivo más honorable es ayudar con nuestro trabajo creador al progreso de la doctrina de Mitchurin y adoptar para toda nuestra actividad el estilo mitchuriano de investigación sobre el desarrollo de la naturaleza viva.

 

 

Por P.Iakovlev (Academia de las Ciencia de la URSS)

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” del periódico “Fundamentos”, nº16, Julio de 1950

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