El hombre nuevo

fsln

 

El siguiente texto ha sido extraído del libro “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde” de Omar Cabezas, ex-comandante del FSLN.

 

No recuerdo si ya conté lo que nos dijo Tello la primera vez sobre el hombre nuevo: una vez, después de una práctica cuando ya terminó el curso, fuimos a buscar maíz a dos días del campamento, a una milpa abandonada. Lo que uno se comía le costaba. No sabíamos lo que era agenciarse, prepararse, buscarse la comida de todos los días. Nosotros estábamos acostumbrados a comer caliente en la casa, pero no a buscar la comida para sobrevivir. Esa es una cuestión de instinto. Además que nunca había sentido hambre, lo que uno siente en la ciudad es apetito, como dice René Vivas.., en la montaña se siente hambre. Así que después de terminado el entrenamiento, primero a buscar comida… y estábamos más fuertes físicamente pero Tello siempre era bayunco, siempre quería que estuviéramos dando más, dando más y más. A Tello llegó un momento en que no lo queríamos porque lo mirábamos como guardia. Lo queríamos, pero nos arrechaba su forma de ser, su carácter y yo se lo decía cuando platicábamos en confianza, porque ya dije que nos hicimos muy amigos, incluso, algunos compañeros como a los tres años que nos volvimos a encontrar, me decían que yo tenía algunos ademanes de Tello.

Es posible eso porque uno copia a los compañeros. Entonces salimos esa vez en caminata, vamos sin carga, con confianza en nosotros, estábamos entrenados, con armas de guerra, con carabinas M-1, con ganas de chocar con el enemigo, ya sabemos cómo poner las hamacas, cómo borrar las huellas. Tello nos había explicado un montón de cosas en el entrenamiento, cosas que habíamos vivido y aprendido. Entonces fuimos a buscar la comida y llegamos bien. Todo mundo pijudo… ¡Quiero ver a la vuelta! Llegamos donde estaba el maíz. Ya sabíamos cómo desgranar maíz… Comimos maíz tostado, comimos maíz cocido, asamos elotes.., hicimos café de maíz. En la montaña cuando se acaba el café, se hace café de maíz. El maíz se pone a tostar hasta que se quema, luego se muele y ése es el café. Pasamos meses, años, bebiendo café de maíz, sin azúcar… y eso es lo más amargo del mundo, pero con el tiempo lo empezás a sentir riquísimo y más si te lo comés con un guineo asado, pegás un mordisco de guineo asado con ceniza, medio tierroso y tu sorbo de café, es manjar, pues. Ahí se desarrolla el hambre… yo me comía, por ejemplo, tres docenas de guineos y era de los que comía menos, habían salvajes que se comían seis docenas de plátanos. Entonces, a la vuelta de ese viaje que te estoy contando, teníamos que llevar maíz para la comida de la gente del campamento y porque también iba a llegar Rodrigo, que había salido a ajusticiar a unos jueces de mesta.

Arrancamos más o menos con una carga cada uno de entre 75 y 85 libras. Yo recuerdo que cuando me quise echar la carga no me la aguanté. Tenía dos meses de estar en la montaña. Cómo seria de pesada que yo solito no me la pude echar, con todo el esfuerzo que le puse. Yo miraba que Tello para echarse la carga le hacía güevo, arrugaba la cara y hacia el impulso y tas, que se la ponía en la espalda, luego pasaba las manos por entre los bambadores y se la acomodaba. Cuando vimos el peso de la carga, nos pareció que no era correcto, que era una exageración. Es cierto que nos sentíamos más macizos pero era humanamente imposible; sin embargo, la cosa era en serio y había que llevar la carga y lelo nos dijo algo que nos dolió a todos… “¡Hijueputas, aprendan a cargar la comida que se hartan…!” Nos había herido y ofendido… tal vez lo hizo adrede, pero lo haya hecho o no, fue una cosa dura para nosotros. Me acuerdo que le dije a un compa: “compa, ayúdeme a echarme esta mierda…” Entonces con la ayuda del compa lo logré… Y así entre todos nos ayudamos con la carga. Los campesinos lo hicieron ellos solos, aunque no recuerdo muy bien, pero también a ellos les ayudaron y empezamos a caminar…

Claro, vos sentías cómo te hundías en la tierra, aunque no había lodo, pero la tierra es suavecíta de tanta agua, es tierra barrosa, cuando te deslizas, sentís que abrís una zanja en el piso. Cada 50 ó100 metros nos parábamos… Una cuestecita de 200 metros, a los 150 estábamos parados. No podíamos con la carga, se nos iba para atrás pero nosotros le hacíamos güevo, porque ya veníamos con rabia, ya nos sentíamos medio fuertecitos también. Llega un momento en que no podemos y nos sentamos. Tello se arrecha y se vuelve… “¿Qué quieren? ¿que botemos el maíz? El que no carga no come”, dice Tello. “Aquí el que quiera comer, va a tener que cargar la comida…” “son unas mujercitas… son unos maricas, estudiantitos de mierda que para nada sirven…” Nosotros veníamos de mandar en la universidad… que te hablen así… hay que ser humilde, además que te sentís impotente frente a la carga… En alguna medida tiene razón en lo que te está diciendo, entonces te sentís un impotente, un gualdrapa, pero también sabemos que hemos avanzado un poco en nuestro desarrollo.., que nos hace falta, pero no sabemos si es que Tello quiere seguir chocando para que sigamos avanzando, o es que es un jodido que no entiende.

Hubo una situación violenta con Tello porque nos paramos en 30 y dijimos, no. No teníamos el tiempo que tiene él de estar en la montaña, más de un año. Los ocho compañeros que tenían más de estar en la montaña eran Filemón Rivera, Modesto, Víctor Tirado, Valdivia, Tello, René Vivas, Rodrigo y Manuel, eran ocho y Juan José Quezada y Johnatán González que estaban muertos. Ocho compañeros que tenían un año o año y medio de estar antes que nosotros en la montaña. Nos encachimbamos… Eso no es un método de formación, no es un método para hacernos más hombres… Hemos venido demostrando que nos venimos superando, en todo caso la culpa la tuvieron ellos porque nos mandaron de romplón a la montaña, pero nosotros hemos demostrado convicciones ahí, firmeza política, aunque físicamente éramos una mierda… después fuimos pateros, cargueros, pero la adaptación fue un período duro para nosotros.

Entonces llega un momento en que Tello se da cuenta que por ahí no vamos nosotros, que estamos encachimbados, que estamos armados y no está tratando con niños; además, se da una cuestión bastante tirante porque estábamos hablando con argumentos de fondo, estamos cuestionándolo a él… y él está furioso pero no aceptamos ese tipo de cosas. Se aparta un momento.., creo que ahí lloró Tello, no recuerdo bien. Se apartó solo, andaba René Vivas con él, que igual que nosotros se venia cayendo con el peso del maíz. Allá al rato vuelve con nosotros y nos dice, con un tono suave, persuasivo que adoptaba a veces, cuando él quería: “Compañeros”, dice, “ustedes han oído hablar del hombre nuevo”, nosotros nos quedamos viendo… “¿Y ustedes saben dónde está el hombre nuevo…? El hombre nuevo está en el futuro, pues es el que queremos formar con la nueva sociedad, cuando triunfe la revolución…” Y nos quedó viendo… “no hermanos”, dice: “¿Saben adónde está…? Está allá en el borde, en la punta del cerro que estarnos subiendo… está allá, agárrenlo, encuéntrenlo, búsquenlo, consíganlo. El hombre nuevo está más allá de donde está el hombre normal. El hombre nuevo está más allá del cansancio de las piernas… El hombre nuevo está mas allá del cansancio de los pulmones.

El hombre nuevo está más allá del hambre, más allá de la lluvia, más allá de los zancudos, más allá de la soledad. El hombre nuevo está ahí, en el plusesfuerzo. Está ahí donde el hombre normal empieza a dar más que el hombre normal. Donde el hombre empieza a dar más que el común de los hombres. Cuando el hombre empieza a olvidarse de su cansancio, a olvidarse de él, cuando se empieza a negar a él mismo… Ahí está el hombre nuevo. Entonces, si están cansados, si están rendidos, olvídense de eso, suban el cerro y cuando lleguen allí ustedes van a tener un pedacito del hombre nuevo. El hombre nuevo lo vamos a comenzar a formar aquí. Aquí se empieza a formar el hombre nuevo, porque el Frente tiene que ser una organización de hombres nuevos que cuando triunfen puedan generar una sociedad de hombres nuevos… Así que si no son teorías y en realidad quieren ser hombres nuevos, alcáncenlo…”

¡Hijueputa! y nos quedamos viendo toditos… Nos quedamos viendo ¡a la gran puta!, ése es el hombre nuevo. Estamos de acuerdo con esa identificación y todos nos identificamos con ese concepto nada más que se nos pasó por la mente que para ser el hombre nuevo nosotros tenemos que pasar un montón de penalidades, para matar al hombre viejo y que vaya naciendo el hombre nuevo. Entonces yo sólo me acordé del Che, del hombre nuevo del Che, y hasta entonces comprendí la magnitud de lo que el Che quería decir cuando hablaba del hombre nuevo: el hombre que da más a los hombres que lo que el hombre normal puede dar a los hombres, pero a costa de sacrificios, a costa de la destrucción de sus taras, de sus vicios; nos quedamos viendo, convencidos de que Tello tenía razón. Nos entró por el lado flaco el jodido. Porque todos nosotros queríamos ser como el Che, o como Julio Buitrago, como Rigoberto. Entonces nos ponemos las mochilas, nos arrecostamos a las mochilas, nos pasamos los bambadores por los hombros, nos quedamos viendo y nos dijimos: ese hijueputa hombre nuevo nosotros lo agarramos a yerga hoy. Y empezamos a subir.

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