El papel de la colectividad en la educación

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Cuando hablamos de colectividad, tratando las ideas educativas de Makarenko, debemos considerar el término en mayor y menor medida. Tendremos en el primer caso el propio Estado Soviético y en el segundo, el grupo particular dentro del cual el niño es criado.

Como los métodos educativos son función de las exigencias del sistema social, la propia existencia del Estado Soviético determinará los patrones generales recesarios para la formación del ciudadano socialista.

De cualquier manera, en las grandes y en las pequeñas cosas, es la necesidad de todos la que debe determinar la conducta de cada uno y el individuo podrá pertenecer al grupo sólo cuando satisfaga las exigencias de esta.

Así, el ciudadano soviético ha puesto su vida por la constitución estalinista, que representa a las necesidades colectivas contra el individuo y determina sus derechos.

Así también el niño, miembro de una determinada colectividad, debe estar subordinado a las leyes, normas y exigencias de esta. Tales leyes, normas y exigencias no son dogmas morales preestablecidos y derivan de la necesidad de autoconservación existente en cualquier colectividad.

Las normas morales no preceden, pues, a la creación de la colectividad, igual que la constitución stalinista no precedió a la creación del Estado soviético.

Al comienzo de su actividad en la Colonia Gorki, Makarenko y un grupo de colonos colaboraban en la custodia de un bosque próximo a la Colonia y que era visitada por ladrones. Cierto día cogieron en flagrante delito a un “kulak” cercano derribando un árbol. Comentando el caso y descubriendo el entusiasmo con que los colonos juzgaron y condenaron al criminal con la confiscación de la sierra con la que “trabajaba”, Makarenko dice: “No es tanto las convicciones morales o la indignación ante lo que sucedía, como el propio proceso de esta interesante y activa lucha que dio origen a las primeras manifestaciones de tono colectivo“.

La observación del gusto que los niños revelaban por estas audaces aventuras llenas de acción, llevó a Makarenko a lanzarse de todo corazón a los ejercicios militares, siguiendo, posiblemente, como él mismo dice, un desconocido “instinto pedagógico”.

La “militarización” de los estudiantes fue una de las primeras tradiciones de la colectividad, tanto en la “Colonia Gorki” como en la “Comuna Dzerzhinsky”.

Evidentemente, esta tradición no dejó de ser vigilada por la ira de los educadores del “sotsvos”: “Makarenko quiere transformar su colonia en un cuartel” -decían ellos. Sin embargo, Makarenko nunca se cansó de alabar el papel desempeñado por la organización de tipo militar en la formación de los bellos caracteres producidos por las instituciones que dirigió.

Al niño le gusta la disciplina“. Esta afirmación puede parecer una herejía para muchos, especialmente para los adeptos de la Nueva Escuela, pero corresponde a la verdad.

Los niños indisciplinados, los chicos con los que “nada se puede hacer”, y que los psicólogos llaman niños-problema, son generalmente aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de conocer la verdadera disciplina y lo que es aún “mejor”, la disciplina impuesta por una colectividad de niños en la que cada uno tendrá la oportunidad de ser el comandante y el comandado. Era exactamente esto lo que ocurría en las comunidades dirigidas por Makarenko.

No existen los “niños-problema” en las colectividades saludables.

Según Makarenko, los requisitos necesarios y la constitución de tales colectividades son: la disciplina, el estilo o el “tono”, la tradición y la noción de perspectiva.

 

 

El problema de la disciplina

 

Makarenko declara textualmente: “No sé educar sin castigar” (cabe señalar que tales castigos, bajo ninguna circunstancia, son corporales), “todavía necesito aprender ese arte“. (“Poema Pedagógico“)

En su informe sobre la disciplina, presentado en un Congreso de educadores, dice: “Me permito hacer ciertas afirmaciones, para mí indudables, que acentúan lo siguiente: mientras que aún no se creen la colectividad y los órganos de esta colectividad, mientras que aún no existan tradiciones y no se formen los hábitos de la vida y de trabajo más primarios, el educador tiene el derecho e incluso el deber de no rechazar ejercer la imposición“.

Una vez constituida, la colectividad sabrá ejercer sus funciones e imponer sanciones mejor que cualquier autoridad individual de alto rango.

Debemos señalar que “toda medida de castigo surte efecto sólo cuando expulsa de las filas generales al culpable y es sostenida por la condena rotunda de la opinión pública“. (“Poema Pedagógico“)

Planteado el problema de esta manera, podemos concluir inmediatamente que la primera tarea del educador, al que se le entrega un grupo de niños, consiste en organizar una comunidad activa y esta será, entonces, el órgano de responsabilidad mediante, imponiendo obligaciones y sanciones en defensa de su intereses de auto-conservación. Entonces nacerá el código de la moral de la comunidad.

La base teórica de las ideas de Makarenko sobre la disciplina se encuentra en la fórmula de Lenin de la “disciplina consciente”, que consiste en afirmar que la disciplina debe ir acompañada de la comprensión de su necesidad, obligación y de su sentido de clase para la preservación de determinados valores.

Defendiéndose contra todas las manifestaciones del egoísmo individual, la comunidad defiende a cada individuo y le garantiza las condiciones más favorables de desarrollo. Las exigencias de la comunidad son particularmente educativas en relación a aquellos que participan de la exigencia. En este caso no es sólo el objeto de la influencia pedagógica y si el individuo aparece en una nueva posición dentro de la educación su portador, el sujeto. Pero se convierte en sujeto dentro del proceso, sólo al exprimir los intereses de toda la colectividad“. (“Los pedagogos se encogen de hombros“).

Evidentemente, este papel activo del individuo dentro del proceso educacional sólo es posible dentro de una colectividad ya organizada, con sus reglas y tradiciones.

 

 

El estilo y el “tono”

 

Makarenko considera estos dos elementos como los más importantes y vitales para el proceso educativo. Pero estos son ignorados o pasados por alto por las teorías pedagógicas burguesas.

El estilo es la cosa más elicada, la que antes se echa a perder. Hay que cuidar de él, observarlo cotidianamente; el stilo exige el mismo insistente desvelo que un macizo de flores. El estilo se crea muy entamente, porque es inconcebible sin una acumulación de tradiciones, esto es, de principios y de hábitos, aceptados no ya por la conciencia pura, sino por el respeto consciente de la experiencia de las generaciones adultas; del gran prestigio de una colectividad íntegra, existente en el tiempo“. (“Poema Pedagógico“)

Todo maestro que tiene el trabajo de observar a los niños, ya sean sus propios hijos o sus alumnos, sabe cuando aman las tradiciones, incluso las frecuentemente horribles tradiciones de las escuelas burguesas. La inclinación de éste, así como su amor natural a la disciplina, deben ser aprovechados en un buen sentido, a pesar de las divagaciones teóricas de los educadores que aún puedan estar enamorados del “hombre natural”.

Para el que conoce la vida soviética, es muy familiar este apego a las tradiciones de la colectividad. Los miembros de un mismo grupo -trabajadores de una fábrica, niños de una escuela, miembros de un koljós- están conectados por una serie de hechos del pasado de esta fábrica, escuela o koljós, hechos estos que constituyen un incentivo para nuevas conquistas, los nuevos logros.

La chica que estudia en la escuela de Zoia Kosmodemianskaia es consciente de la necesidad de mantener bien alto el nombre la escuela, ya que esta formó a una heroína. Cada trabajador de la fábrica Kirov se siente responsable de la fábrica en su conjunto. Lo mismo sucede con los miembros de cualquier grupo, a pesar de que aún no haya adquirido una gran evidencia.

Esta responsabilidad del individuo por el colectivo sólo es posible cuando al colectivo se le atribuye un valor que tiene raíces en el pasado y en la necesidad de persistir en el futuro.

Las tradiciones en la sociedad soviética, son dadas a los niños y a los jóvenes principalmente por las organizaciones de pioneros y por el Komsomol y son llevadas por sus miembros a otros grupos a los que pertenecen: escuelas, laboratorios, talleres, creando el estilo y el “tono” que caracterizan a la juventud soviética: la fé ardiente en el futuro, el respeto a los verdaderos valores del pasado, el heroísmo, la fuerza de la voluntad, la disciplina y la alegría de vivir.

 

 

El problema de la perspectiva

 

Llegamos, así, al problema de la perspectiva. “El verdadero estímulo para la vida son las alegrías del mañana“. (“Poema Pedagógico“). Lenin decía que el verdadero marxista no debe negarse a soñar con los ojos abiertos, ya que tales sueños, cuando son condimentados correctamente con persistencia y voluntad de trabajo, conducen a grandes descubrimientos y a la mejoría del dia de mañana. Precisamente por eso el socialismo ha sido siempre el sueño de la humanidad, hoy real.

Dentro del proceso educativo, esta “alegría del mañana” tiene una gran importancia. “Primeramente, hay que organizar la propia felicidad, engendraría y establecerla como una realidad tan tangible. En segundo lugar, es preciso transformar insistentemente las formas más simples de felicidad en formas más complejas y considerables desde el punto de vista humano. Por aquí pasa una línea interesante: desde la primitiva satisfacción de comer una rosquilla cualquiera hasta el profundísimo sentimiento del deber“. (“Poema Pedagógico“).

El problema de la relaciones entre el deber y el premio por el deber cumplido encontró en la sociedad soviética una solución ampliamente conocida. ¿Quién ignora la existencia de títulos, condecoraciones, premios en especie, inscripciones en cuadros de honor, que en la vida soviética están destinadas a servir de recompensa a aquellos que cumplen su deber tanto en el campo de batalla como en el campo del trabajo pacífico?

El concepto de deber, considerado por los educadores del “sotsvos” como una “categoría burguesa”, tiene su origen en las tradiciones. La noción del deber, al igual que todas las demás normas morales, surgen porque, no de la palabrería de predicadores de ideales sino de las exigencias de la vida real.

Tomemos un ejemplo dado por Makarenko: Un novato, recién llegado a la comuna, declara que no quiere hacer un determinado trabajo, que este trabajo no es interesante.

Este “niño” recibe una respuesta severa (de los compañeros): ¿Quieres que invitemos a la orquesta? ¿Estás de humor para escuchar música?

¿Dónde estabas cuando construimos los talleres y trabajamos en lo pesado? ¿Piensas que esto fue muy interesante?

¿Puede ser que no encuentres interesante limpiar los dormitorios? En este punto la nueva comuna empieza a darse cuenta de lo que pasa“. (“Poema Pedagógico“).

La colectividad requiere del individuo una cierta contribución para el cofre colectivo de la vida de trabajo“. (“Poema Pedagógico“).

Los comuneros tienen en relación al deber, una actitud sencilla y decidida: es la posición natural del proletario en relación a su clase“. (“Los pedagogos se encogen de hombros“).

Por último, “educar a un hombre significa educar en él vías de perspectiva, por las que se distribuye su felicidad de mañana“. (“Poema Pedagógico“). Naturalmente, tal caracterización de la educación sólo tiene sentido dentro de la sociedad socialista.

Es evidente, por otra parte, que el hombre, en cualquier sociedad, tendrá un valor diferente de acuerdo a las perspectivas que haya que satisfacer. Cuanto menos extensas y más personales sean, menor será el valor del individuo para la colectividad, como más extensas y menos egoístas, mayor será el valor del individuo.

Cuanto más amplia es la colectividad cuyas perspectivas son para el hombre perspectivas personales, más elevado y más bello será el hombre“. (“Poema Pedagógico“).

A un grupo de niños, víctimas de la educación “sotsvosiana”, que fueron entregados a los cuidados de Makarenko, le son leídas, por los veteranos, las cartas que Gorki dirigió a la Colonia y que allí son guardadas como reliquias. La lectura de estas cartas, que demuestran la confianza del gran escritor en la colectividad gorkoviana, constituye un hito decisivo en el proceso de reeducación de los novatos. “Ellos sentían -en expresión de uno de ellos- que deberían “trabajar, trabajar de manera diferente…”. Y Makarenko dijo: “Habían visto ante sí la más radiante de las perspectivas: el valor de la personalidad humana“. (“Poema Pedagógico“).

 

 

Traducido por “Cultura Proletaria” de la revista “Fundamentos”, nº31, enero de 1953.

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