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¿Hubo hambre en la URSS en 1931-32?

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El siguiente documento ha sido extraído y traducido por “Cultura Proletaria” del libro “Soviet Communism: A new civilization?” (1936), de Beatrice Webb y Sidney Webb.

 

 

De un extremo a otro de la URSS, tenemos que imaginar a los Departamentos de Agricultura de las provincias y de los distritos, con los Soviets de pueblo y las estaciones de máquinas y tractores, supervisando y ayudando a las doscientas mil granjas colectivas y toda esa organización guiada y dirigida por las 3.000 Secciones de Ejecución de Normas inspiradas e impulsadas por la actividad incesante de Kaganóvich, al frente del Departamento de Agricultura del Comité Central del Partido Comunista. ¿Cuáles fueron los resultados de este intento de enfrentarse, por una parte, a las dificultades climáticas, y por el otro, a la inercia, la ignorancia y la desconfianza del campesinado de la inmensa extensión de tierras que había que trabajar? ¿Hubo o no hubo hambre en la URSS en los años 1931 y 1932?

Aquellos que creen que es fácil responder a esta pregunta ya tienen probablemente el espíritu preparado, de acuerdo a casi todas las declaraciones de las personas hostiles al comunismo soviético, a decir que efectivamente hubo hambre en la URSS y no dudan en decir el número de muertos causados por esta -ignorados por cualquier estadista-, que van de 3 millones a 6 millones y hasta 10 millones de víctimas (1). Por otro lado, un alto funcionario ya retirado del Gobierno de la India que hablaba ruso y se identificaba con la Rusia zarista, y que además administraba personalmente las zonas dominadas por el hambre en India, visitó en 1932 algunos de los lugares de la URSS, cuyas condiciones eran las peores, tal como se sabe y consta. Informó a los autores de este libro, que en aquella ocasión no había visto prueba alguna de existir o haber existido nada parecido a lo que los funcionarios de la India habían descrito como hambre.

Sin esperar convencer a esos espíritus preconcebidos, presentamos la conclusión a la que ahora nos llevan nuestras visitas de 1932 y 1934 y el posterior examen de las pruebas disponibles. Que en cada uno de los años 1931 y 1932 hubo un fracaso parcial de las cosechas en distintas partes de la vasta extensión de la Unión Soviética, es algo que, sin duda, es cierto. Como también es cierto que esto sucedió en la India inglesa y en los Estados Unidos. Ocurrió lo mismo en la URSS y en todos los países de un tamaño que merezcan una comparación con ella, en cada año sucesivo del presente siglo. En países con un área tan grande, con todo tipo de climas, siempre hay un fracaso parcial de la cosechas en alguna parte. Es imposible comprobar con seguridad la extensión y la gravedad del fracaso parcial de las cosechas en la URSS en 1931 y 1932. Por un lado, personas que raras veces tuvieron la oportunidad de visitar las zonas afectadas, afirmaron que, en toda la extensión de enormes provincias, había una completa carencia de alimentos, de manera que (como en 1891 y 1921) murieron de inanición varios millones de personas. Por otro lado, los funcionarios locales de los Soviets, de distrito en distrito, informaron a los autores de este trabajo que, si bien ha habido escasez y hambre, nunca ha habido, en ningún momento, falta alguna de pan, aunque la calidad de este se viese afectada por el uso de otros ingredientes además de la harina de trigo, y que cualquier aumento de la tasa de mortalidad resultante de las enfermedades que acompañaban la nutrición deficiente, ocurrieron sólo en un número relativamente pequeño de aldeas. Lo que puede ser más valioso que un testimonio oficial son las declaraciones de varios periodistas ingleses y norteamericanos, residentes en el país, y que viajaron en 1933 y 1934, por los distritos en que se decía que había sido más intenso el sufrimiento. Ellos declararon a los autores de este libro que no habían encontrado razones para suponer que la perturbación había sido más grave de lo que se informara oficialmente. Nuestra impresión personal, después de estudiar todas las pruebas disponibles, fue que el fracaso parcial de las cosechas se extendió, sin duda, sólo a una fracción de la URSS, posiblemente no superior a una décima parte del área geográfica. Creemos, de forma muy clara, que este fracaso parcial, por si solo, no fue lo suficientemente grave como para causar inanición, con la posible excepción de los distritos que más sufrieron, y que son relativamente pequeños. Nos parece increíblemente excesiva cualquier estimación del número total de muertes por encima de la media normal, basada en una población total de 60 millones (lo que significaría la mitad de la población rural entre el Báltico y el Pacífico), según temerariamente afirman algunos, no nos parece servir de base ni el 1/10 de tal población.

Por otro lado, parece probado que, tanto en la primavera de 1932 como en la de 1933, numerosas familias campesinas estaban desprovistas de suficiente suministro de cereales y sensiblemente necesitadas de grasa. A estos casos volveremos más adelante. Inmediatamente recordamos, sin embargo, que en países como la India, la URSS, China y hasta los EE.UU., (en los que no existe un sistema ubicuo de asistencia a la pobreza), mueren todos los años un determinado número de personas (llegando a miles en esas grandes poblaciones) de inanición o de enfermedades que, como consecuencia de esta, se vuelven endémicas; sin duda, el número crece considerablemente cada vez que hay un fracaso de las cosechas, incluso parcial. No se puede suponer, por lo tanto, que no haya sucedido en partes del sur de Ucrania, en el distrito de Kuban y Daghestan, en los inviernos de 1931 y 1932.
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En busca del holocausto soviético, una hambruna de 55 años que alimenta a la derecha

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Este artículo expone la mentira sobre la hambruna supuestamente provocada por los bolcheviques en Ucrania en 1932. Es una excelente refutación de las distorsiones de la historia y de las mentiras propagandísticas occidentales -inmerecidamente respetadas- de Robert Conquest, así como una visión ilustrativa de la naturaleza de la propaganda antisoviética en los años 1980. [Nota del Editor: los lectores también deberían considerar lo que las fuentes occidentales siempre se olvidan de mencionar: en torno al año 1932 no sólo hubo problemas masivos de cosecha en la URSS, sino también en la India y en los EE.UU., donde la crisis de la “Fuente de Polvo” obligó a mucha gente a abandonar las tierras de labranza y a emigrar en masa hacia el Oeste].

Siempre perdurará algo de la mentira más escandalosa…. El tamaño de la mentira es el factor definitivo para que sea creída” (Adolf Hitler, Mein Kampf).

La muchacha se muere. Aparenta unos cinco años pero sabemos que puede ser mayor, disminuida como está por el hambre. Se apoya fatigosamente en una puerta. Sus largos cabellos caen sobre sus hombros desnudos. Su cabeza descansa sobre uno de sus brazos. Su cuello está doblado, como un tallo en la tierra yerma. Sus ojos son lo más estremecedor de todo, grandes y oscuros, de mirada ausente pero todavía melancólicos. La niña se muere lentamente de inanición, y nos sentimos culpables por ser testigos de su última agonía…

Los exiliados ucranianos que hicieron Harvest of Despair [La Cosecha de la Desesperación] reconocían una imagen impactante cuando la veían. La foto en blanco y negro, acompañada musicalmente por un desgarrado coro in crescendo, fue elegida para cerrar el documental canadiense sobre la hambruna ucraniana de 1932-33. La misma fotografía se utilizó para promocionar la película, simbolizando una célebre causa largo tiempo inactiva: la hambruna “artificial”, “deliberadamente planeada” por Stalin para aplastar al nacionalismo ucraniano e intimidar a un campesinado obstinadamente contrario a la colectivización permanente. Siete millones de ucranianos murieron, nos dice el narrador, mientras “una nación del tamaño de Francia era estrangulada por el hambre“.

El resultado, afirma William F. Buckley, cuya compañía Firing Line distribuyó la película en noviembre pasado, fue “quizás el mayor holocausto del siglo“.
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La acción individual

Este es un artículo que escribió Anton Pannekoek en Marzo de 1933

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Incendio del Reichstag

El incendio del Reichstag por parte de Van Der Lubbe revela las más divergentes posiciones. En los órganos de la izquierda comunista (Spartacus, De Radencommunist ), el incendio fue aprobado como la acción de un revolucionario comunista.  Aprobar y aplaudir tal acto significa abogar por su repetición. Por lo tanto, se vuelve necesario apreciar plenamente su utilidad.

Tal vez el significado del incendio podría afectar o debilitar a la clase dominante, la burguesía. En esto no puede haber dudas. La burguesía no fue ni un poco afectada por el incendio del Reichstag, de forma alguna su dominación fue debilitado. Por el contrario, para el gobierno, fue una oportunidad para fortalecer considerablemente su terror contra el movimiento obrero. No obstante, las consecuencias indirectas deben ser enfatizadas. Sigue leyendo