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Cómo funcionaba la democracia soviética en los años 30

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Este texto fue transcrito por George Gruenthal del manuscrito de las “Memorias” de Sam Darcy(1), capítulo XX, pp. 25-31, Biblioteca Tamiment, Nueva York.

 

(…) En diciembre de 1936, el Partido Comunista debía celebrar las elecciones anuales de sus dirigentes. Hasta entonces, las candidaturas y elecciones para cargos del partido habían sido siempre hechas abiertamente. Pero debido a esta práctica, había miembros que se sentían a menudo limitados para expresar su oposición a ciertas figuras poderosas de los comités ejecutivos, por temor a represalias. El Comité Central decidió, entonces, someter a toda la dirección a una prueba para saber si sus miembros tenían realmente la aceptación de las bases. Aquellos que realizaban un servicio público útil serían, probablemente, reelegidos, mientras que aquellos que estaban aferrados a una sinecura y a un lugar de poder, dificilmente mantendrían sus cargos. Con este fin se introdujo el voto secreto.

Los resultados fueron sorprendentes. En algunas organizaciones distritales del partido, direcciones enteras fueron eliminadas de sus funciones. En otras hubo una sanción severa contra la dirección a través de un fuerte voto de oposición, sin embargo, en su conjunto, la dirección nacional del partido recibió un rotundo apoyo. El partido se sintió fuertemente reforzado por los nuevos cuadros elegidos y por la eliminación de aquellos que se habían convertido en burócratas empedernidos y ya no eran bien vistos en cargos de la dirección.

Desde la implantación del poder soviético, la lucha contra la burocracia constituía una de las principales tareas llevadas a cabo por los dirigentes más responsables. El nepotismo, el favoritismo y las prácticas de los grupos fraccionistas habían creado una situación insana: cuando alguien llegaba a un puesto de responsabilidad, en la industria o al servicio del Estado destacaba inmediatamente como adjuntos a todas las personas que, por una razón u otra, las favorecía y las colocaba en los mejores puestos bajo su competencia.

Con frecuencia, estas personas no estaban cualificadas, e incluso cuando lo estaban, la sensación de que tenían un protector las llevaba a convertirse en personas perezosas y burocráticas. Además de eso, estos dirigentes tendían a aumentar el personal por encima de las necesidades de la empresa, ya fuese porque querían “cuidar” de todos sus amigos, o fuese porque sentían que cuantas más personas estuviesen bajo su control mayor sería su influencia.
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“Sobre los sucesos de España”, Noviembre de 1936. (Noticiario U.R.S.S.)

 

10ª entrega de “K SOBITIYAM V ISPANII” (“Sobre los sucesos de España“), noticiario soviético que informaba de la situación que vivía el pueblo español durante la guerra civil.

 

Sinopsis:
Gran panorámica de Madrid, visto desde lo alto del edificio de Telefónica, en la Gran Vía. Imágenes de la Gran Vía. La Puerta del Sol con un gran hundimiento producido por la explosión que perforó el túnel de la línea 2 del metro. El bombardeo que sufre la ciudad se muestra a través de un largo montaje de imágenes de aviones, personas corriendo, entrando en el metro y en los refugios, edificios dañados, fuego en las calles y en los edificios, ruinas, enseres y mercancías amontonadas, bomberos, ambulancias, personas llorando y cadáveres de niños en el suelo. (5’39”)
El General Miaja, con Manuel Matallana y el comandante Flores, en el Comité de Defensa. Carteles para la defensa de Madrid. Empleados municipales y niños levantando el adoquinado para construir barricadas. Pancarta “No pasarán” en la calle Toledo. Imágenes de soldados en la gran trinchera del sur y en otros puntos de la periferia. “La ciudad está rodeada de una línea de trincheras y barricadas”. (8’23”)

El juicio de Zinoniev

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El juicio de Zinoniev(1)

 D.N. Pritt, 1936
(extractos)(2)

En las críticas que fueron hechas al juicio, la que destaca con más frecuencia y significado es el hecho de que probablemente sea inverosímil que las personas se hayan reconocido como culpables, tan abiertamente y sin reservas, de crímenes tan graves como los que se refiere. Querían hacernos creer que aquellas confesiones habían sido obtenidas “por terceras vías” o por otros métodos incorrectos (…) Está claro que la demostración de las pruebas fue muy evidente, que los acusados, una vez enfrentados a estas pruebas, decidieron declararse  culpables a pesar de tener la oportunidad de refutarlas. Eran personas experimentadas, inteligentes e instruidas que se declararon culpables; a partir de ese momento, el proceso había acabado. Sin embargo, para muchos críticos, el proceso empezaba ahora, ya que las confesiones, como ellos entendían, podrían haber sido extraidas mediante la brutalidad, las amenazas y las promesas(…) Pero ¿dónde está el más mínimo indicio de que eventos similares se llevaron a cabo en este proceso?  (…) Para mí está claro, por varias razones, que es imposible hablar de confesiones obtenidas mediante la fuerza.

En lo que concierne a la mayor parte de los más acusados, hay que recordar que se trata de gente dura y, más particularmente, de revolucionarios experimentados, de hombres que, dadas sus fuentes de conocimiento, la experiencia personal de cada uno, conocían todo tipo de detenciones y procedimientos de investigación, conocían perfectamente la mentalidad y la posición de las autoridades que tenían en sus manos los expedientes. Si el Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos, que recibió el personal y las funciones del GPU (3), obtuviese confesiones a través de falsas promesas de juicios indulgentes, seguramente nadie estaría en mejores condiciones de comprender el carácter inútil de tales promesas en las circunstancias de un caso como éste, que los revolucionarios experimentados que vi sentados en el banquillo en Moscú. Por otra parte, si fuese habitual que el Comisariado del Pueblo obtuviera confesiones por la violencia, nadie estaría en mejores condiciones que estos hombres para resistir la violencia y para revelar luego al mundo entero como habían sido tratados, con la esperanza de desacreditar de esta forma a sus enemigos y ganarse la simpatía para sí mismos. Si hubiera habido manipulaciónes o negligencias para obligar a estos hombres a confesar, seguramente estarían en mejores condiciones que cualquier otro en este mundo para descubrir y neutralizar el “complot”.
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