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Fascismo en EE.UU.

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A continuación publicamos un extracto del libro “High Treason” del escritor norteamericano Albert E. Kahn, relativo a los acontecimientos que sucedieron en agosto de 1949 en Peekskill, USA., que revelan un aspecto poco divulgado de los EE.UU.

 

Diez años antes del proceso de los líderes comunistas estadounidenses, Eugen Hadamovsky, jefe de la radio nazi y ayudante de Goebbels, escribía: “La propaganda y la fuerza nunca han sido antítesis absolutas; el uso de la fuerza puede ser parte de la propaganda. Entre ellas hay un escalón de rangos para ejercer la influencia: de la persuasión gentil a la propaganda salvaje de masas, de la organización de reclutas a la organización de instituciones estatales y paraestatales, del terror individual al terror en masa…

En el verano de 1949, cuando la propaganda anticomunista en EE.UU. llegaba al borde del delirio, ocurrió un acontecimiento que sacudiría el mundo y que parece ejemplificar la tesis de Eugen Hadamovsky.

Mientras que los doce líderes comunistas estaban siendo juzgados en el Tribunal Supremo de Nueva York por presunta propaganda a favor de la fuerza y de la violencia contra el Gobierno, los verdaderos exponentes de la fuerza y de la violencia en EE.UU. entraban en acción a poco menos de 50 millas de distancia.

Fue anunciado un concierto de Paul Robeson para la noche del sábado 27 de agosto de 1949 en el parque Lakeland Acres, cerca de la ciudad de Peekskill, N.Y. La recaudación del concierto debería ir a la sección de Harlem del “Congreso de los Derechos Civiles”, organización dedicada a la defensa de las libertades constitucionales, que fue citada en la lista “subversiva” del Fiscal General Clark.

Cuatro días antes del concierto, el “Evening Star” de Peekskill titulaba: “El concierto de Robeson ayuda al bloque subversivo“. Y el artículo decía: “El tiempo del silencio tolerante que significa aprobación se está acabando…“.

El presidente de la Cámara de Comercio local y otros patrioteros del lugar, tacharon el concierto de “anti-estadounidense”, al tiempo que las organizaciones de veteranos decidían promover manifestaciones y una marcha de protesta.

El concierto nunca se realizó.
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Primero de Octubre, Nicolás Guillén

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El 1 de octubre de 1949 se proclamaba en Pekin la República Popular China, un triunfo no solo de los trabajadores y campesinos chinos, sino para toda la clase obrera mundial frente al capitalismo y la explotación.

En Primero de octubre, el poeta cubano Nicolás Guillén homenajea este glorioso triunfo revolucionario, la victoria de los oprimidos contra la dominación extranjera y la explotación del incipiente capitalismo local y la del imperialismo internacional.  El poeta comunista nos muestra en sus versos la transición de una China “endémica”, colonial, “en un mastil de sangre la bandera extranjera“, a una China fuerte (“gran serpiente”, “mariposa de acero“).

En un mínimo de versos el autor transmite la transformación de China, tras la proclamación por Mao Tse Tung el 1 de octubre de 1949 de la República Popular, en un país donde son los trabajadores y campesinos chinos revolucionarios los que construyen su propio futuro: “Enciende el pueblo ahora, su lámpara y su aurora“:
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Chiang Ching, vive como ella

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El 14 de mayo, los oprimidos del mundo perdieron a una gran líder. La noticia de la muerte de Chiang Ching entristeció e hizo sentir una profunda pérdida a revolucionarios de todo el mundo que aprendieron de Mao y la Revolución Cultural. Pero los de arriba han callado el significado de la vida y muerte de Chiang Ching y muchos no saben sobre ella más que las mentiras y calumnias que ven en la prensa burguesa. Está claro que la clase dominante odia todo lo que representa Chiang Ching. Pero eso debe despertar la curiosidad de los oprimidos. El pueblo necesita saber sobre porque ella fue una de los líderes revolucionarios más grandes de nuestros tiempos. Y deja un legado y espíritu de rebelión al que debemos aspirar todos los que soñamos con un mundo libre de explotación y opresión.

Chiang Ching dedicó toda la vida a los del fondo de la sociedad: las masas oprimidas de obreros y campesinos que rompieron las cadenas de la tradición, que se atrevieron no solo a tomar el Poder en China, sino a seguir revolucionando toda la sociedad, de arriba abajo.

Mao dijo: “Ser resuelto, no temer a ningún sacrificio y superar todas las dificultades para conquistar la victoria“. Y esa fue exactamente la clase de vida que vivió Chiang Ching desde el momento que empezó a ser revolucionaria hasta el día que murió. Como mujer, luchaba contra el peso de la tradición y arrastró enormes obstáculos toda la vida. Fue un verdadero ejemplo de lo que significa “desencadenar la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución“.

Chiang Ching nació en la provincia oriental de Chantun en 1914 y se unió al Partido Comunista en 1933, a los 19 años. El partido la mandó a Shanghai, donde se hizo artista de cine y teatro, trabajó con la compañía de Trabajo y Estudio de Shanghai y enseñó en una escuela nocturna para trabajadores. Pero Chiang quería crear obras culturales que se relacionaran más con la lucha revolucionaria. Así que, después de unos pocos años, pidió que la mandaran a Yenán, la base de apoyo revolucionario establecida bajo la dirección de Mao Tse-tung. Llegó a Yenán en 1937 para trabajar con la Unidad de Filmación de Documentales, y conoció a Mao. Durante 40 años serían íntimos camaradas, unidos por el odio al enemigo y el amor al pueblo.
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Si dices que el comunismo es una bonita idea pero que no funciona, contesta estas preguntas y verás.

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1. Durante los años de Mao, de 1949 a 1975, la esperanza de vida:

A) bajó de 58 a 52 años.

B) se duplicó de 32 a 65 años.

C) se mantuvo en el mismo nivel de 58 años.

D) No hay datos.

 
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La otra cara del Tíbet

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La guerra colonialista francesa en Indochina, costó de 1946 a 1955 un millón doscientos mil muertos. Hemos visto cientos de películas sobre la vida colonial en aquellos años y anteriores en superproducciones maquilladas de Hollywood.

La misma represión colonial en Madagascar, Túnez y lo que denominaban el África negra, en 1949, se llevó otras 70.000 vidas. Y la ONU, fundada cuatro años antes, empleó verborrea para criticarlas.

También ese año se vivía en masacre entre indios y pakistanís tras la artificial partición –y podemos consultar información en cualquier enciclopedia-, pero muy pocas personas parecen recordar cómo se vivía en el Tíbet lamaísta un año antes de la entrada china.

En 1998, Hollywood estrenó una superproducción importante sobre el Tíbet. Siete Años en el Tíbet, estaba basada en el libro escrito por un nazi austriaco, Heinrich Harrer, quien estuvo involucrado en algunos de los crímenes más brutales de los fascistas en Austria. Harrer llegó al Tíbet durante la Segunda Guerra Mundial en una misión secreta para el imperialismo alemán, que trataba de competir con el imperialismo británico en Asia. Fue aceptado en el círculo de la corte entre la más alta nobleza tibetana. Con este tipo de juncos tenemos que tejer el mapa de la historia real tibetana.
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Logros sociales y económicos de Mao

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Constantemente nos bombardean con el mensaje de que “el comunismo ha muerto”, que no funcionó y no puede funcionar, y que las revoluciones que conquistan el poder llevan a la tiranía. Un elemento de esta cruzada ideológica es tergiversar sistemáticamente las experiencias revolucionarias de la Unión Soviética y China, sobre todo la Gran Revolución Cultural Proletaria. Muchas veces, a esas mentiras y calumnias les ponen un barniz de objetividad.

La revolución socialista de China de 1949-76 generó enormes mejoras en la vida del pueblo chino. De 1949 a 1975 la esperanza de vida se duplicó: de 32 a 65 años. ¡A comienzos de los años 1970, Shanghai tenía una tasa de mortalidad infantil menor que Nueva York!(1) Estos datos manifiestan una gran reducción de violencia en la vida cotidiana. En una generación, la tasa de alfabetización subió de 15% en 1949 a 80-90% a mediados de los años 1970(2).

Analicemos un poco los profundos cambios que el socialismo llevó a cabo en beneficio de la mayoría de la población. Antes de la liberación de China en 1949, las potencias imperialistas la dominaban. Según todo índice disponible, la economía estaba en el último peldaño de la escala de desarrollo mundial. Reinaban brutales condiciones para los campesinos. China tenía la inflación más galopante de la historia contemporánea, un vasto submundo de gángsteres y sociedades secretas y casi 90 millones de adictos al opio. La vida de las mujeres era un infierno: con los pies vendados, matrimonios de niñas arreglados y prostitución generalizada en las ciudades.

La revolución eliminó estos males y los extremos de riqueza que existían antes de 1949, y la conquista del poder estatal por el proletariado creó un orden social y económico justo que desencadenó y benefició a las masas.
Solamente una revolución podía arrancar de raíz el sistema económico feudal en el campo, y lo logró. La reforma agraria y la cancelación de las deudas de los campesinos llevadas a cabo con la dirección del Partido Comunista a fines de los años 1940 y comienzos de los 1950 son la mayor expropiación y redistribución de riqueza de ricos a pobres en la historia(3).
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65 años de la proclamación de la República Popular China


El 1° de octubre de 1949 era proclamada la República Popular China, tras la prolongada lucha revolucionaria de su pueblo dirigida por el Partido Comunista de China encabezado por Mao Tsetung.

Finalizada la segunda guerra mundial (1945), Estados Unidos y su aliado menor, Gran Bretaña, habían desatado la así llamada “guerra fría”, una especie de gran cruzada anticomunista, que se combinaba con atroces matanzas contra los pueblos que luchaban por su independencia, con la restauración reaccionaria como el caso de Grecia, con la recuperación de los restos del fascismo en el camino de fortalecer un mundo que se proclamaba occidental y cristiano, con el permanente chantaje de una bomba atómica monopolizada por el imperialismo yanqui, con la expansión aparentemente sin límite de los monopolios de Estados Unidos. Era la preparación de una tercera guerra mundial. Por otra parte, tanto la Unión Soviética como las democracias populares de Europa oriental tenían gran parte de sus fuerzas destinadas a restaurar sus economías devastadas por la contienda.

Los comunistas chinos, a la cabeza de su pueblo, habían llevado el peso principal de la lucha antijaponesa y la derrota del imperialismo nipón. Luego, el gobierno nacionalista de Chiang Kaishek, con el apoyo del imperialismo yanqui, lanzó una feroz campaña anticomunista, destinada a la destrucción y exterminio de las fuerzas populares. Más de tres años duró esta guerra, en la que las tropas del Ejército Popular de Liberación tuvieron que ceder la iniciativa más de una vez, y en la que pareció a muchos observadores que la partida había sido ganada por los imperialistas, terratenientes y grandes burgueses intermediarios representados en el Kuomintang, partido de Chiang Kai-shek.

Como consta en una nota de la edición china de las Obras escogidas de Mao Tsetung: “para ayudar a Chiang Kai-shek a iniciar una guerra civil contra el pueblo, el imperialismo norteamericano proporcionó a su gobierno una inmensa ayuda. Hasta fines de junio de 1946, los Estados Unidos habían pertrechado 45 divisiones del Kuomintang. Habían adiestrado un personal militar de 150.000 hombres del Kuomintang, fuerzas terrestres, navales y aéreas; agentes secretos; policía de comunicaciones; oficiales de estado mayor; médicos militares; personal de intendencia; etc. Buques de guerra y aviones norteamericanos trasportaban al frente, para atacar a las regiones liberadas, 14 cuerpos de ejército del Kuomintang (41 divisiones) y 8 brigadas de la policía de comunicaciones, o sea más de 540.000 hombres en total. El gobierno de los Estados Unidos desembarcó en China 90.000 hombres de su infantería de marina. (…) En el Libro blanco de los Estados Unidos se admite que la ayuda norteamericana equivalente a ‘más del 50 por ciento de los gastos monetarios’ del gobierno de Chiang Kaishek (…)”. En esas condiciones, Mao Tsetung afirmó a la periodista norteamericana Louise Strong que “todos los reaccionarios son tigres de papel. Parecen temibles, pero en realidad no son tan poderosos. Visto en perspectiva, no son los reaccionarios sino el pueblo quien es realmente poderoso”.
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El despertar de la nueva China

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Dejando de lado las consideraciones de carácter estrictamente político, tenemos el deber de mostrar las principales transformaciones que se dieron en las condiciones de vida del pueblo chino, después de la caída del Kuomintang y la implantación, en 1949, de la nueva República Popular China.
 
El cambio de la estructura económica consiguiente a las profundas alteraciones producidas en equilibrio de las fuerzas sociales por el advenimiento del nuevo régimen político, provocaron una rápida transformación de la situación de miseria, de hambre y estancamiento, retratadas en las páginas precedentes de este trabajo. El primer efecto inmediato de la liquidación del Kuomintang, fue la pacificación de China. Las guerrillas que reinaban endémicas en el país, provocadas desde siglos por los barones de la guerra, acabaron en 1949. Y con ellas, cesó una de las causas de las sangrías periódicas de la población china.

El segundo efecto inmediato fue la abolición de los trabajos semi-coloniales que las potencias occidentales habían impuesto sucesivamente a los gobiernos anteriores, comenzando por el Tratado de Nankín, de 1842(1). Fueron múltiples las consecuencias de la revocación de estos tratados: su primera consecuencia fue la abolición de las concesiones extraterritoriales, que servían a las compañías comerciales extranjeras para conducir en forma imperialista el comercio exterior de China entre las que había prosperado entre otros, el infame tráfico del opio. A acabado así, en sus orígenes, el pernicioso vicio, causa junto con el hambre y las enfermedades de la tradicional apatía de los chinos, en seguida pudo ser erradicado con la acción local a través de la supresión de las casas de vicio, la reeducación de los elementos recuperables, y el aislamiento de los incorregibles. La segunda consecuencia de la revocación de los tratados, fue el no reconocimiento de las deudas externas contraídas por los gobiernos precedentes.

Este hecho, si por un lado provocó violentos resentimientos, por parte de ios acreedores extranjeros, especialmente los norteamericanos, por otro lado tuvo una repercusión extremadamente favorable sobre la economía del «acuario chino», permitiendo la disminución de los impuestos sobre el comercio local y sobre las actividades agrícolas. En lugar de los viejos tratados semicoloniales, China pudo firmar en pie de igualdad, nuevos tratados con la Unión Soviética, Corea, Inglaterra, India, etc. En virtud de esos tratados China se encuentra, por primera vez, en condiciones de promover grandes trueques comerciales con naciones industrialmente bien desarrolladas, y se vale de esta facultad para proceder a grandes inversiones en maquinarias e implementos esenciales a la industrialización del país. Como consecuencia de este hecho, se amplía el horizonte de trabajo para la mano de obra industrial en las ciudades, y mejora el equilibrio económico del campo.

El tercer efecto de la caída del Kuomintang fue el cambio de las relaciones de propiedad, concretada en el campo con la abolición del latifundio y la distribución de tierras a los campesinos pobres, y en las ciudades con la creación de la gran industria del Estado, y el apoyo al cooperativismo y al municipalismo en los sectores de la industria media y del comercio. Puede verse claramente el significado global de esos efectos confrontando datos de la vieja China, presentados en las páginas precedentes, con las actuales. La mortalidad infantil que en 1935 se había estabilizado en el nivel de 99%, alcanzando durante la invasión japonesa la alarmante cifra de 190%, en 1950 desciende al 77%, en 1951 al 74%, en 1952 a 53%. La mortalidad por parto, que era del 15% durante esos años de guerra, bajó a menos del 1% en 1953. El espectacular resultado se obtuvo gracias a la difusión en gran escala de cursos de higiene y asepsia, a través de los cuales casi fue eliminado uno de los más terribles flagelos de China. Según datos estadísticos oficiales, en el período 1949-1952, fueron aplicadas 214.000.000 de vacunas contra la peste, el cólera, la fiebre tifoidea y la difteria. En consecuencia, fue enormemente reducida la incidencia de esas enfermedades en China.

Basta verificar que en el caso de la peste, en que cerca de 3.000 casos eran declarados por año, en 1952 apenas surgieron algunos casos esporádicos, y en 1953 desapareció por completo este flagelo del territorio de la República Popular China. En lo que respecta a la viruela, en 1952 fueron hechas más de 500.000.000 de vacunas, lo que traduce el hecho de que, por primera vez en el país fue vacunada contra la viruela toda su población. En cuanto a las enfermedades contagiosas, pudieron ser combatidas casi exclusivamente por la aplicación, en gran escala, de conocidas medidas sanitarias; más complejo es el problema de las infecciones, entre las que se destacan las de origen fecal que, como vimos, siempre acarrearon enorme desgaste humano al país. En este caso, se hacía necesaria una mudanza radical de los hábitos de vida, capaz de alterar el ciclo evolutivo de los agentes infecciosos. Este complejo programa de una campaña sanitaria integral fue llevado a efecto con ayuda de una organización voluntaria -el Movimiento Patriótico de Higiene- que prácticamente movilizó a toda la población para medidas de profilaxis. Fueron divulgados entre los campesinos los métodos adecuados para el empleo de las heces de origen humano, después de una autodepuración biológica que elimina los agentes infecciosos, y se enseñó cómo evitar el contacto directo de la tierra con las manos y otras partes descubiertas del cuerpo, por las que se producía la contaminación de ancilostomosis. Fueron perforados y reconstruidos 1.400.000 pozos; drenados 57.000 pantanos y eliminadas 74.000.000 de toneladas de basura, que se amontonaban en torno a las comunidades. La producción local de DDT y otros insecticidas, mucho contribuyó al exterminio de los agentes transmisores de innumera-bles enfermedades endémicas en China.

Junto a estas medidas directas y urgentes de saneamiento, el Estado inició el combate sistemático en sus bases contra las causas del hambre y la desnutrición; llevado a cabo, principalmente, en el terreno de la economía. El incremento de la producción industrial ha sido enorme: mientras en 1949 representaba apenas el 17% de la producción total, en 1952 alcanzaba el 73%. Por otra parte, el área de tierras cultivadas aumentó en 12% en los últimos años, logrando un total de 122 millones de hectáreas dedicadas a cultivos alimentarios y 12 millones a cultivos industriales. Este aumento fue posible gracias a la utilización de los trabajos técnicos de recupe-ración integral de las tierras abandonadas. En 1952 fueron irrigadas 3.270.000 hectáreas de tierra, con el aprovechamiento de las aguas del río Huai, del curso medio del Yang tse-Kiang, y del río Ham, del medio y bajo curso del río Amarillo y del río de las Perlas. Los trabajos de reforestación levantaron cortinas arbóreas protectoras en una superficie de 280,000 hectáreas. Todas esas medidas vienen, necesariamente, repercutiendo favorablemente sobre la producción alimentaria del país.
 
El gran resorte psicológico de esta actividad febril, que ve cada día crecer y multiplicarse las iniciativas y medidas por todas partes, fue la reforma agraria. La abolición de los latifundios y la distribución de tierras a quienes las trabajan representaron para el campesino chino, tan hambriento de tierras, lo mismo que en la antigüedad para el campesino árabe la conquista y la ocupación de las tierras fértiles de África del Norte y de España durante la expansión del Imperio Islámico. Representaron en los dos casos el aumento inmediato de las raciones alimentarias, la disminución del hambre crónica y el alejamiento del espectro del hambre aguda. Por esta razón los campesinos musulmanes aceptaron, entonces, de buen grado, la muerte en los campos de batalla, como los campesinos chinos aceptan ahora cualquier sacrificio para obtener idénticos resultados. La producción de cereales en China alcanzó en 1952, un nivel 45% más elevado que en 1949. Tomando como índice el año 1949 igual a 100, la producción de alimentos en el país alcanzó 117 en 1950, 128 en 1951 y 145 en 1952. Los reflejos de este gigantesco avance social de 500.000.000 de personas sobre los índices de natalidad y de fecundidad de este pueblo no son aún conocidos. Como en todos los fenómenos estadísticos, es necesario esperar un cierto número de años para poder juzgar objetivamente. Estos datos serán, indudablemente, de la mayor importancia dada la extensión de la zona interesada, su variedad de climas y condiciones sociales, para la comprobación o la crítica a nuestra teoría de la superpoblación como consecuencia del hambre, el estancamiento social y la depresión económica. No se puede, empero, dejar de destacar el hecho de que la República Popular China, para combatir las plagas -el hambre, las enfermedades y la miseria- que afligían al país hace milenios, se orientó principalmente hacia una política de utilización racional de los recursos naturales y la justa distribución de la riqueza, capaces de promover el bienestar social de todos los habitantes a través de la evolución de sus patrones de vida y la progresiva eliminación del hambre y la desnutrición.

 

Notas:
(1) Tratado de Nankin. – Fue el 29 de agosto de 1842. En él se estipulaba una demanda por parte principalmente de los ingleses, sobre el opio sustraído y quemado por el propio pueblo al bloquar éste el distrito urbano en donde se habían establecido los comerciantes británicos y norteamericanos. Esta exigencia en el Tratado constituía un seguro de protección a los futuros traficantes de opio.
También en dicho Tratado se hacía la entrega de la ciudad de Hong Kong a los ingleses; desde esa fecha, Inglaterra hizo de Hong Kong la base militar, política y económica de su penetración en China. (N. de la E.).

 

Extraído del libro de Josué de Castro “Geopolítica del hambre: ensayo sobre los problemas alimentarios y demográficos del mundo”. Buenos Aires, Solar / Hachette, 1970.

La mujer china

ImagenLa lucha contra la opresión de la mujer constituía una gran parte de la Revolución Cultural de 1966 a 1976: una lucha política de masas sin precedentes dirigida por Mao Tse-tung y otros revolucionarios, para hacer retroceder las actividades de los “seguidores del camino capitalista” empecinados en restaurar el capitalismo, y para llevar a cabo mayores transformaciones de la sociedad en su conjunto. Las mujeres se pusieron al frente como líderes en todos los niveles y al hacerlo, contaron con apoyos. Arriba: Unas mujeres cuelgan cartelones de grandes caracteres para impulsar el debate político y elevar la conciencia.

 

 

En la China previa a la revolución, el estatus de la mayoría de las mujeres era poco mejor que el de los esclavos. Las desesperadas y hambrientas familias vendían a sus muy pequeñas hijas como “esposas” a los hombres de privilegio. A millones de mujeres, de las clases altas a las prostitutas, les aplastaron los huesos de los pies (“el vendaje de los pies”) para crear una apariencia supuestamente sexualmente atractiva y más “refinada”. Las mujeres gozaron de pocos o ningún derecho. Con el ascenso al poder de la revolución en China en 1949, se dio la movilización de las masas populares para cambiar todo eso.

Las nuevas leyes prohibieron los matrimonios infantiles y concertados. Se despenalizó el divorcio y se dispuso para todos. Se puso fin al vendaje de los pies. Se eliminó la humillación de aquellos que anteriormente fueron obligados a prostituirse y se les ofreció una nueva vida productiva. En poco tiempo, desapareció la prostitución como fenómeno social.

Echaron abajo las barreras económicas y sociales que impedían la plena participación de la mujer en la transformación del mundo. Mao Tse-tung, el presidente del Partido Comunista de China que dirigió la revolución, popularizó la consigna, “las mujeres sostienen la mitad del cielo”, un llamamiento a luchar por la liberación de la mujer como un elemento crucial de emancipar a toda la humanidad.

Si bien de inmediato se dieron grandes cambios en el rol de la mujer a la toma revolucionaria del poder en China, hacían faltan cambios aún más radicales. La lucha contra la opresión de la mujer constituía una gran parte de la Revolución Cultural de 1966 a 1976: una lucha política de masas sin precedentes dirigida por Mao Tse-tung y otros revolucionarios, para hacer retroceder las actividades de los “seguidores del camino capitalista” empecinados en restaurar el capitalismo, y para llevar a cabo mayores transformaciones de la sociedad en su conjunto. Al detectar los rezagos de las ideas opresivas tradicionales y la necesidad de desarraigarlas, Mao dijo que “si el Ministerio de Cultura rehúsa transformarse, tiene que cambiar su nombre por el de Ministerio de emperadores y reyes, generales y cortesanos, de letrados y beldades, o de extranjeros de museo”. En marcado contraste con la forma en que la cultura actual exhibe a las mujeres en el mundo (subordinadas a los hombres en la sociedad y en las relaciones), las nuevas obras de arte y teatro presentaron a unas mujeres fuertes, audaces y en las líneas del frente del cambio revolucionario. Millones de mujeres y hombres participaron en amplias campañas de crítica a las ideas feudales y capitalistas que defendían las divisiones explotadoras de opresión y desigualdad en la sociedad y las formas de relaciones entre las personas. Una participante en la Revolución Cultural describió que, de joven, libró una revolución cultural en su familia contra los valores y reglas patriarcales.

Extraído de revcom.us/

Tres importantes luchas en el frente filosófico de China (1949-1964)

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1976. Ediciones de Lenguas Extranjeras.

Escritos por el Grupo Redactor de Artículos para la Crítica Masiva Revolucionaria de la Escuela del Partido subordinada al Comité Central del Partido Comunista de China, salieron por primera vez por separado en Renmin Ribao (Diario del Pueblo), Hongqi (Bandera Roja) y Guangming Ribao (Diario de Kwangming). Basamos la traducción en las versiones en español del primero, tercero y cuarto artículos de Pekín Informa: “La lucha en filosofía y la lucha de clases” (No. 5, 3 de febrero de 1971); “Seria lucha en torno a la cuestión de la identidad entre el pensar y el ser” (No. 16, 21 de abril de 1971) y “La teoría de `integrar dos en uno’ es una filosofía reaccionaria para restaurar el capitalismo” (No. 19, 12 de mayo de 1971), respectivamente.

La filosofía del Partido Comunista es la filosofía de lucha”. “El marxismo sólo puede desarrollarse en la lucha; esto es cierto no sólo para el pasado y el presente, también es necesariamente cierto para el futuro“.

Entre 1949 y 1964, se libraron tres importantes luchas de principios en el frente filosófico de nuestro país, a saber: la lucha en torno a la cuestión de la base económica y la superestructura, la lucha en torno a la cuestión de si existe identidad entre el pensar y el ser, y la lucha en torno a la cuestión de que “uno se divide en dos” y “dos se integran en uno”. Las tres luchas fueron provocadas, una tras otra, por Yang Sien-chen, agente del renegado, traidor oculto y vendeobreros Liu Shao-chi en los círculos filosóficos, en coyunturas cruciales de la lucha entre las dos clases (el proletariado y la burguesía), los dos caminos (el socialismo y el capitalismo) y las dos líneas (la marxista y la revisionista). Se trataba de recias batallas entre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, por una parte, y el idealismo y la metafísica, por la otra. Fueron un reflejo, en el frente filosófico, de la aguda lucha de clases nacional e internacional.

I

Con la fundación de la República Popular China en 1949, se terminó en lo fundamental la etapa de la revolución de nueva democracia de nuestro país y se inició la etapa de la revolución socialista. En su informe ante la II Sesión Plenaria del VII Comité Central del Partido Comunista de China, celebrada en marzo de 1949, el gran líder el Presidente Mao señaló que, después de conquistada la victoria de la revolución en todo el país, la contradicción principal en la sociedad china era la “contradicción entre la clase obrera y la burguesía“, y llamó al pueblo a continuar haciendo la revolución, fortalecer la dictadura democrática popular, es decir, la dictadura del proletariado y “construir un gran Estado socialista“. A fines de 1952, el Presidente Mao dio un paso más formulando la línea general para el período de transición: llevar a cabo gradualmente la industrialización socialista y efectuar gradualmente la transformación socialista de la agricultura, la artesanía, y la industria y comercio capitalistas.
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Mao Tse-Tung y Acheson sobre la sobrepoblación

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El 5 de agosto de 1949, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicaba una carta que había sido remitida por el secretario de Estado, Acheson, al presidente norteamericano, Harry S. Truman. En esta carta escribía Acheson:

La población de China se ha duplicado durante los siglos XVIII y XIX, por lo que la nación está sometida a una insoportable presión demográfica. El verdadero problema con que cada régimen chino ha tenido que enfrentarse ha sido el de la alimentación de los habitantes del campo. Hasta hoy no se ha llegado, en tal sentido, a solución alguna“.

Mao Tse-Tung toma posición y critica el “Libro blanco” y la carta de Acheson. El 16 de septiembre de 1949, discutiendo la relación entre sobrepoblación y revolución, escribe:

Acheson proclama que no existe solución alguna. Un pueblo con 475 millones de seres supone una enorme presión con revolución o sin ella. Parece ser que no hay salida para el problema, y Acheson funda en ello grandes esperanzas. Aunque no lo ha expresado de forma directa, se ha guiado por las declaraciones de diversos periodistas norteamericanos que han afirmado que el Partido Comunista Chino no será capaz de solucionar los problemas económicos, que China permanecerá en continuo caos, y que su único camino es pasar a depender de Norteamérica, lo que no significa otra cosa sino nuestra transformación en una colonia norteamericana“.
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