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¿Estaba la URSS preparada para la guerra?

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El siguiente texto es un extracto del libro “El Estado Mayor General en los años de la Guerra” de Sergei Matveevich Shtemenko(1). El libro está compuesto por dos volúmenes, el cual tuvo dos ediciones, en 1968 y 1975. En este libro, Shtemenko reúne sus recuerdos de aquella época. La presente traducción procede de la segunda edición, revisada y corregida por el autor, reeditada por la editorial “Voenizdat” en 1981 y 1989. También se consultó la primera edición de su traducción francesa, publicada por “Ediciones du Progrès“, Moscú, 1971. (N. Ed.)

 

 

Hoy, cuando nos separan décadas de aquella fatídica noche, se hacen numerosas y diversas apreciaciones sobre el estado en el que se encontraba en aquel entonces nuestras Fuerzas Armadas.

Unos afirman que no estábamos ni mínimamente preparados para rechazar el ataque del enemigo, que nuestro ejército fue instruido para conseguir una fácil victoria. Y este tipo de declaraciones provienen, por regla general, de personas sin formación militar. A su alrededor se levanta una impenetrable barrera de sabia terminología especializada. Se afirma, por ejemplo, que debido a una comprensión, supuestamente equivocada, de carácter y contenido del período inicial de la guerra, nuestras tropas fueron mal entrenadas para operaciones militares precisamente en ese periodo.

Esta afirmación tiene tanto de osadía como de ignorancia. Esto se debe a que la idea del “período inicial de la guerra” es una categoría operativa y estratégica que nunca tuvo una influencia sustancial en la instrucción de los soldados, de las compañías, de los regimientos o incluso de las divisiones. Los soldados, las compañías, los regimientos y las divisiones, en general, operan de la misma manera en cualquier período de la guerra. Deben atacar con determinación, defenderse con firmeza y maniobrar hábilmente en todos los casos, independientemente del momento en el que transcurre el combate, ya sea al principio o al final de la guerra. Nunca ha habido en los reglamentos ninguna demarcación a este respecto. Ni siquiera hoy en día hay.

Son muy frecuentes las opiniones de que supuestamente se subestimó el peligro de una guerra con Alemania. En defensa de esta errónea idea se hacen alegaciones completamente ridículas sobre el movimiento, sin éxito, de tropas a las regiones militares a las que correspondía cubrir y defender las fronteras occidentales. ¿Sin éxito por qué? Como se sabe, las enormes fuerzas que integraron el efectivo de las regiones fronterizas no fueron colocadas en la frontera, sino más lejos de ella. Está ya muy demostrado, tanto en la práctica como en la teoría, que en cualquier tipo de operaciones militares, las fuerzas principales deben escalonarse obligatoriamente en profundidad. ¿Dónde debe haber más fuerzas y en qué profundidad deben ser escalonadas? Esta es una cuestión muy compleja. Todo depende de las circunstancias y del plan del comandante militar.
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Los falsificadores de la historia (Nota soviética publicada en febrero de 1948)

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Nada más acabar la terrorífica II Guerra Mundial, los imperialistas siguieron acosando a la URSS y para ello desplegaron toda una batería de calumnias y manipulaciones equiparándola al III Reich. A fin de desenmascarar las mentiras, la diplomacia soviética emitió en 1948 esta nota.

 

A finales de febrero de 1948, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, en colaboración con los Ministerios de Asuntos Exteriores de Inglaterra y Francia, publicó una recopilación de informes y de diferentes extractos de las notas de los funcionarios hitlerianos y dio a esta recopilación el titulo de Relaciones soviético-nazis durante los años 1939-1941.

Tal y como se destaca en el Prefacio de esta recopilación, en el verano de 1946, los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia se pusieron de acuerdo para publicar los documentos de los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania, correspondientes a los años comprendidos entre 1918 y 1945, incautados en Alemania por las autoridades americanas e inglesas. Debemos mencionar que en la recopilación publicada sólo se han incorporado los materiales de los años 1939 a 1941, mientras que el Departamento de Estado no ha incluido en dicha recopilación los materiales de los años precedentes y, en particular, los correspondientes al periodo de Munich, con lo que permanecen ocultos a la opinión pública mundial. Este hecho, sin duda alguna, no es casual, responde a objetivos que no tienen nada en común con una concepción objetiva y concienzuda de la verdad histórica.

Para justificar ante los ojos de la opinión pública la publicación unilateral de esta recopilación de notas de funcionarios hitlerianos no verificadas o falsificadas a placer, la prensa anglo-americana dio una explicación inventada totalmente; según ésta los rusos habrían rechazado la proposición de Occidente de publicar conjuntamente un informe completo sobre la diplomacia nazi.

Esta declaración de círculos anglo-americanos NO SE CORRESPONDE CON LA REALIDAD.

 

 

El gesto unilateral de los anglosajones

 

De hecho, las cosas sucedieron de la siguiente manera: dadas las noticias aparecidas en la prensa extranjera en el verano de 1945 sobre la relación en Inglaterra de la publicación de documentos incautados en Alemania, el Gobierno soviético se dirigió al gobierno de Gran Bretaña insistiendo para que los expertos soviéticos tomaran parte en el examen conjunto de los materiales alemanes incautados por las tropas anglo-americanas. El Gobierno soviético consideraba inadmisible que se publicaran tales documentos sin un acuerdo previo y, al mismo tiempo, no podía asumir la responsabilidad de la publicación de estos documentos sin una objetiva y minuciosa verificación ya que, sin esas elementales condiciones, la publicación de los materiales en cuestión sólo podía generar una agravación de las relaciones entre los Estados miembros de la coalición anti-hitleriana. Ahora bien, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Inglaterra DECLINÓ LA PROPOSICIÓN SOVIÉTICA, alegando que era prematura la cuestión planteada por el Gobierno soviético en relación con un intercambio de las copias incautadas de documentos hitlerianos.

Se sabe también que, el 6 de septiembre de 1945, la delegación americana junto a la Dirección Política del Consejo de Control en Alemania presentó su proyecto de instrucciones sobre la forma de proceder con los archivos y documentos alemanes. Este proyecto preveía el establecimiento de un único procedimiento para toda Alemania para la conservación y colección de los archivos, así como para el derecho a acceder a ellas por parte de los representantes de los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas. Estaba igualmente prevista la posibilidad de hacer copias de los documentos y publicarlos. La Dirección Política examinó esta propuesta durante cuatro sesiones. Pero, a petición de los ingleses y americanos, la decisión se aplazó con el pretexto de que no tenían instrucciones; después, tras la declaración del representante americano que decía que el Gobierno de los Estados Unidos preparaba una nueva propuesta y rogaba que se declarara nulo el proyecto presentado, esta cuestión se retiró del orden del día de la Dirección Política.

Así, la declaración según la cual el Gobierno soviético se habría negado a tomar parte en la preparación de la publicación de los materiales de los archivos alemanes es FALSA.
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Zhukov describe la batalla de Berlín

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Sellado el destino de la capital germanica a orillas del Oder

 

El Mariscal Zhukov declaró que la batalla de Berlín fue en realidad ganada en el rio Oder:

Como sabíamos que esta sería la batalla decisiva de la guerra, hicimos grandes preparativos. Trajimos hombres y material suficientes para garantizar su resultado. Concentramos tantos equipos técnicos que podríamos romper las defensas alemanas de Berlín en el menor tiempo posible y tomar la ciudad. Hicimos preparativos muy detallados, poniendo especial atención a la coordinación de todas las armas.

Los alemanes estaban esperando un golpe duro, esto lo sabíamos, así que tuvimos que introducir algún elemento sorpresa. Para garantizarlo, yo, como comandante del ataque, ordené la ofensiva a lo largo de todo el frente, por la noche. Los alemanes no contaban con esto. Esperaban un ataque nocturno, pero no esperaban que todo el peso de la ofensiva viniese después del ocaso.

Llevamos a cabo el ataque en la noche del 15 al 16 de abril, después de la brutal preparación de artillería y morteros. Enviamos 4.000 tanques contra las líneas alemanas, 22.000 cañones y morteros y de 4.000 a 5.000 aviones. Nuestros aviones hicieron 15.000 salidas en un periodo de 24 horas. Como esperábamos, la brusquedad de nuestro golpe fue abrumadora. Rompimos rápidamente la resistencia enemiga y nos pusimos en movimiento. Viendo que las defensas exteriores de Berlín se derrumbaban, los alemanes enviaron todo tipo de reservas contra nosotros. Esas reservas eran derrotadas tan rápidamente como llegaban, tanto con tanques como con aviones, de manera que, cuando alcanzamos Berlín, su defensas estaban liquidadas. Su posiciones anti-aéreas habían recibido golpes terribles y, a causa de esto, podíamos volar bajo.

Más de medio millón de alemanes participaron en esta batalla de Berlín.

Hicimos 300.000 prisioneros, 150.000 perdieron la vida y el resto huyó.
Aprendimos una importante lección con la batalla de Berlín, particularmente sobre las operaciones nocturnas“.
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La lírica socialista

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En este artículo, escrito en 1897, Franz Mehring nos da a conocer la poesía revolucionaria alemana de mediados del siglo pasado, revela la influencia que esta ejerció sobre Marx y Engels y el apego que los inmortales maestros del proletariado tenían por este hermoso género de la literatura y del arte.

 

Entre los brotes generados por el socialismo alemán en la década de 1840 del siglo pasado, la poesía socialista no era de los más débiles. Todavía estaba viva en la literatura la fuerte tradición de la época clásica de la burguesía alemana, y la súplica del proletariado por ayuda encontraba un sonoro eco. Este eco era débil en la Alemania Oriental y poderoso en la Alemania Occidental, pero particularmente potente especialmente entre los emigrantes alemanes, entre los poetas que, en palabras de uno de ellos “ihrer Lieder Schwert westwarts getrieben hat” (“la espada de sus canciones los juzgó en Occidente”).

Las poesías de Karl Beck (1), Meissner (2) y Lenau (3), estaban repletas de una revuelta contenida y llenas de vaga esperanza por su liberación. En las canciones sobre los pobres, Beck lanza contra la familia de los Rothschild -ese rey de reyes- un conjunto de pesadas acusaciones, y amenaza a este dominador de esclavos con el juicio de los libres. Meissner veía los rostros anémicos de los niños allí donde “las altas chimeneas de las fábricas vomitaban humo y donde las ruedas de hierro, en medio de un gran ardor, marcaban el ritmo de una danza pesada”; expresó su repulsa contra el Mesías que había prometido a los niños el reino de los cielos. Lenau sentía más profundamente que ellos la pesada agonía de la muerte en la semi-oscuridad antes del amanecer, con deseos ardientes, con enormes sufrimientos; comprendía más claramente que ellos que habían entrado en una nueva era, como antes habían entrado su albigenses (4). Su tumultuosa sensación de libertad la expresó en la maravillosa Visión, la que Marx, en apoyo de su verdad enteramente filosófica, repitió incluso cuando el sol de la ciencia derramó en su obra rayos de luz.

La luz del sol no elude el camino
Como no se oculta el nacer del sol con
mantos rojos o con sotanas negras.
Después de los albigenses vienen los husitas (5) y
reciben el pago sangriento por los
sufrimientos de los antepasados.
Inmediatamente después de Huss y Ziska (6) viene Lutero (7)
Hutten (8),
La guerra de los 30 años, los combatientes
de Zevenn (9),
los destructores de la Bastilla y otros.
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¿Cuál fue, realmente, la ayuda material angloamericana prestada a la URSS en la II Guerra Mundial?

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El escritor y militar soviético, Sergei Kurnakoff, publicó en la prensa soviética un interesante trabajo sobre el coste de la guerra a la URSS, del que transcribimos algunos datos.

 

 

Gastos, préstamos y arrendamientos

 

La cantidad total de materiales enviados a la URSS, bajo préstamos y arrendamientos, por los EE.UU. hasta 1945, es la siguiente:

-Artillería y municiones (poca artillería), 793.343.000$;

-Aviones y repuestos, 1.495.986.000$;

-Tanques y respuestos, 460,059,000$;

-Vehículos a motor y piezas de repuesto, 1.157.064.000$;

-Embarcaciones y material bélico, 240.591.000$.

También fueron enviados:

-Productos petrolíferos 84.878.000$;

-Productos y materiales industriales, 2.700.223.000$;

-Productos agrícolas, 1.473.000.000$.

En conjunto fueron, por lo tanto, 3.409.695.000$. Si a esto le sumamos el material recibido a través de Inglaterra, de ella misma o cedido por ella, tendremos un total general de unos 10 billones de dólares.
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Banqueros anglosajones organizaron la Segunda Guerra Mundial

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En ocasión del 70º aniversario de la Victoria sobre el nazismo publicamos un estudio de Valentín Katasonov sobre el financiamiento del partido nazi y el rearme del III Reich. El autor se basa en documentos publicados en 2012 que confirman que banqueros estadounidenses y británicos organizaron la Segunda Guerra Mundial, con la complicidad del presidente de Estados Unidos Franklin Roosevelt y del primer ministro británico Neville Chamberlain y con la esperanza de acabar con la Unión Soviética. Este estudio sugiere una serie de interrogantes que serán objeto de un próximo artículo.

 

 

La Segunda Guerra Mundial no fue provocada por un rabioso Fuhrer que se había apoderado de Alemania. La Segunda Guerra Mundial es obra de una oligarquía mundial, o más exactamente de los plutócratas anglo-estadounidenses.

Utilizando instrumentos como la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco de Inglaterra, esos elementos comenzaron a preparar el siguiente conflicto de envergadura planetaria inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial. Su blanco era la Unión Soviética.

Los planes Dawes y Young, la creación del Banco de Pagos Internacionales (BPI) [1], la suspensión del pago por parte de Alemania de las reparaciones de guerra previstas en el Tratado de Versalles y la aceptación de aquella decisión por los ex aliados de Rusia, las masivas inversiones extranjeras en la economía del III Reich, la militarización de la economía alemana y las violaciones del Tratado de Versalles son etapas en el camino que conduce a la guerra.

Detrás de aquel complot se hallaban personajes claves: los Rockefeller, los Morgan, Lord Montagu Norman (gobernador del Banco de Inglaterra) y Hjalmar Schacht (presidente del Reichsbank y ministro de Economía del gobierno de Hitler). El programa estratégico de los Rockefeller y los Morgan era sojuzgar Europa económicamente, saturar Alemania de inversiones y créditos extranjeros y empujarla a asestar un golpe mortal a la Rusia soviética para que esta última volviese al capitalismo, en calidad de colonia.
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El gran vencedor

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El 8 de mayo de 1945, hace 70 años, numerosos contingentes del Ejército Rojo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) tomaron la capital del Tercer Reich, Berlín, terminando prácticamente el gran conflicto mundial, uno de los episodios más sangrientos de la historia de la humanidad que dejó un rastro de destrucción y muerte sin precedentes. Derrotando definitivamente al nazismo, hasta entonces la cara más reaccionaria del poder imperialista, las fuerzas populares y antifascistas de todo el mundo, lideradas por la URSS, habían alcanzado una extraordinaria victoria. Se dieron pasos firmes y enérgicos hacia la construcción de un mundo nuevo.

Sin embargo, el verdadero gestor de los terribles conflictos que debastaron el planeta, el vientre que había producido el monstruo nazi, no fue definitivamente extirpado. El imperialismo se mantuvo vivo y con prontitud, el horror de las guerras mundiales por repartirse el mundo y la rapiña continuó desarrollándose, volviéndose más agresivo y sanguinario.

La Segunda Guerra Mundial fue, hasta hoy, el más brutal conflicto armado de la historia. En ella perdieron la vida cerca de 47 millones de personas, además de haber sido arrasadas ciudades enteras, principalmente en Europa y Asia. Iniciada oficialmente el 1 de septiembre de 1939, con la invasión de Polonia por parte del ejército nazi, este nuevo enfrentamiento había sido preparado por las potencias imperialistas desde el fin de la Primera Guerra Mundial, a mediados de 1918.

En su análisis sobre el imperialismo, Lenin, el gran jefe de la Revolución Soviética, se expresó así en relación a las guerras en la etapa imperialista: “Los acuerdos firmados al final de una guerra son el punto de partida de un próximo conflicto“. La historia confirmó la veracidad de estas palabras más rapidamente de lo que muchos imaginaban. Europa, 21 años después devastada, volvió a ser escena de otra sangrienta disputa interimperialista que, sin embargo, no se limitaba a un solo continente.
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Stalin sobre la crisis de 1929

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Al analizar la crisis, saltan a la vista, ante todo, los hechos siguientes:

1. La crisis económica actual es una crisis de superproducción. Ello significa que se han producido más mercancías de las que puede absorber el mercado. Significa que se han producido más telas, combustible, artículos manufacturados y víveres de los que pueden comprar, con el dinero de que disponen, los consumidores fundamentales, es decir, las masas populares, cuyos ingresos permanecen a un bajo nivel. Y como la capacidad adquisitiva de las masas populares bajo el capitalismo continúa siendo ínfima, los capitalistas amontonan las mercancías “sobrantes” -las telas, los cereales, etc.- en los almacenes o incluso las destruyen, a fin de mantener precios elevados; reducen la producción, despiden a los obreros, y las masas populares se ven condenadas a vivir miserablemente porque se han producido demasiadas mercancías.

2. La presente crisis es la primera crisis económica mundial que se registra después de la guerra. Es mundial, no sólo porque afecta a todos o casi todos los países industriales del mundo, con la particularidad de que hasta Francia, que va inyectando sistemáticamente en su organismo los miles de millones de marcos de las reparaciones alemanas, no ha podido evitar cierta depresión, que, según todos los síntomas, ha de convertirse en crisis. La crisis es mundial, además, en el sentido de que la crisis industrial ha coincidido con una crisis agraria que afecta a la producción de toda clase de materias primas y de víveres en los principales países agrarios del mundo.

3. La presente crisis mundial se desarrolla desigualmente, a pesar de su carácter general, afectando a tales o cuales países en distinto tiempo y con fuerza distinta. La crisis industrial comenzó primero en Polonia, en Rumania, en los Balcanes, desarrollándose allí en el transcurso de todo el año pasado. A fines de 1928 existían ya síntomas palmarios del comienzo de una crisis agraria en el Canadá, en los Estados Unidos, en la Argentina, en el Brasil y en Australia. Durante todo ese período, la industria de Estados Unidos va en ascenso. A mediados de 1929, la producción industrial en ese país alcanza una altura casi record. Sólo a partir de la segunda mitad de 1929 se inicia un viraje, y después se desarrolla ya una crisis vertiginosa de la producción industrial, que ha retrotraído Norteamérica al nivel de 1927. Sigue la crisis industrial en el Canadá, en el Japón. Después vemos una racha de quiebras y la crisis en China y en las colonias, donde se ahonda todavía más debido a la baja de los precios de la plata, donde la crisis de superproducción va unida al desmoronamiento de la economía campesina, llevada al agotamiento completo por la explotación de los señores feudales y los impuestos agobiadores. En cuanto a la Europa Occidental, la crisis empieza a manifestarse de un modo sensible únicamente a principios de este año, y no en todas partes con la misma intensidad; en Francia, la producción industrial incluso sigue aumentando en este período.
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¿Por qué se derrumbó la RDA?

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Aporte, hasta ahora inédito, para el homenaje del 65 aniversario de Dieter Frielinghaus el 14 de noviembre de 1993. [In: K. Gossweiler, contra el revisionismo, Verlag der zur Förderung wissenschaftlichen Weltanschauung, Munich. 2ª ed. 2004, p.387-398. (N.T.)]

El 7 de octubre de este año la RDA habría hecho 44 años.

El 3 de octubre de este año (1993), los actuales vencedores de la historia celebraron el 3º aniversario de la exitosa anexión de la RDA, llamada ‘adhesión’.

Por esta razón hubo, en los medios de comunicación, comentarios de los vencedores y de los vencidos sobre la caída de la RDA.

No obstante, los comentarios que más me irritaron no fueron los de los ganadores, sino los de los miembros de mi partido, el SPD, como el siguiente:

Reiner Oschmann: “El socialismo oxidado, apoyado por nosotros, ni era defendible, ni valía la pena defenderlo“. (1)

Para recomponerne de este tipo de declaraciones acordes con la derrota, desenterré un viejo artículo escrito por Clodomiro Almeyda, presidente del Partido Socialista de Chile, que buscó y encontró asilo en la RDA, huyendo del fascismo de Pinochet, sobre el día de la introducción del DM(2), el 2 de julio de 1990, en la entonces todavía existente RDA:

En la noche del 1 al 2 de julio murió de facto de la República Democrática Alemana. (…) Para nosotros, los chilenos, que vivimos muchos años en la RDA, donde fuimos recibidos con generosa y solidaria hospitalidad, desapareció en esta noche nuestra segunda patria, nos fue arrebatado algo que amábamos y que era parte de nosotros. Desapareció una sociedad que -a pesar de sus deformidades, deficiencias y debilidades, que conocíamos y lamentábamos- en su esencia era una sociedad democrática y que aspiraba a la igualdad“.(3)

Definido el tema –¿Por qué se derrumbó la RDA?-, quiero plantear la cuestión desde el principio: ¿Está el final de la RDA, en verdad, caracterizado correctamente con el término “colapso”?

Hanfried Müller, teólogo marxista cultísimo y editor de la revista Weißenseer Blätter, conocida mucho más allá de Berlín-Brandeburgo y tal vez hasta famosa, publicó aquí hace algún tiempo un artículo titulado: “Colapso, ¿contrarrevolución o ambos?“, el cual también fue publicado en Neues Deutschland, en una versión reducida.(4)

Dice: “La palabra ‘colapso’ despierta, en primer lugar, el pensamiento sobre razones internas: el colapso de algo inválido o la implosión de un edificio cayendo sobre sí mismo. Si alguien fuese asesinado, no se hablaría de un ‘colapso’.

A diferencia de la palabra “colapso”, la palabra “contrarrevolución” contiene la idea de la lucha del enemigo, sí, de la lucha de clases y enemigo de clase(…)

Si alguien es derrotado en una contrarrevolución, no solamente encuentra la culpa en el hecho de haber ejercido el poder, sino en el de haberlo perdido“.

E.H.M. responde así a la pregunta del título: “Se trata manifiestamente de ambos: el socialismo sucumbió en una contrarrevolución“.
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75 años del pacto Mólotov-Ribbentrop

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Como es sabido, Hitler empezó la guerra casi en el mismo día en el que lo había hecho Napoleón. Fue el día más largo del año, el día del solsticio. Hasta el presente, este día, los estudiantes de Rusia festejan el fin de bachillerato con fuegos artificiales, bailando y paseando toda la noche por la ciudad (lo pueden ver en la película “Cuando pasan las cigüeñas”).

Con respecto a la guerra y a su inicio en los últimos años han habido tantas mentiras y mitos, que no es de extrañar, que los expertos “todólogos” nos hablen por la televisión de tales cosas como que mientras los vagones con petróleo soviético iban a Alemania, los nazis ya ocuparon una buena parte del país, que Stalin estaba muy asustado y perplejo y se escondió bajo la cama, donde no lo pudieron encontrar durante un año. O a veces llegan a decir que Stalin mismo desató la guerra y el pobre Hitler se vio obligado a defender los “valores europeos”, etc. Ufff… Ya estoy cansado de leer en los foros extranjeros los “testimonios” tipo:

…the Soviets even salute Nazi Germany, under Nazi flag, with a Nazi salute. I highly recommend you watch “The Soviet Story“.

Y claro, que después de ver tantas películas como “The Soviet Story”, guiadas por los alumnos del doctor Goebbels, se puede sacar conclusiones muy fuertes:

When the Soviets occupied northern Europe they killed everyone who was not Russian and that meant Jewish too, many Jewish” (Robert Camara, Medellin).

History Channel & Co. hacen su trabajo. Y yo en mi turno, poco a poco, voy a presentar aquí nuestra versión de los hechos en esta nueva guerra mundial de sentidos y conceptos.

Creo, que sería lógico empezar desde la “bomba” de las interpretaciones trastocadas del Pacto Ribbentrop-Mólotov (hay que advertir, que en ruso el pacto se llama el pacto Mólotov-Ribbentrop, incluso esta manera de presentar el pacto en Occidente al revés ya es muy elocuente). La “bomba” del Mólotov-Ribbentrop según mis observaciones, ya ha destrozado bastantes cerebros.
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¿La Unión Soviética invadió Polonia con los nazis en 1939?

ImagenEste mapa de “Worldology” refleja la versión más divulgada sobre los hechos de la época

Es común encontrar en los libros de historia la versión de que “los nazis y los comunistas compartían Polonia” a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. El autor de este artículo, que estudió en una escuela brasileña y tuvo acceso a libros de historia polacos, decidió investigar esta versión que es parte de la creencia según la cual “el comunismo y el nazismo son gemelos”, versión esta que ignora varios hechos e intenta reescribir la historia. A continuación se muestra una lista de 10 puntos con datos que refutan por completo este mito, aunque sólo uno de ellos ya es suficiente para acabar con todo un castillo de naipes de mentiras. Esto usted no lo verá en ninguna superproducción cinematográfica polaca:

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